Hola chicos, gracias por comentar. Me alegra saber que les gustó mucho el capítulo de la vez pasada.
Comenzaré diciéndoles que espero les guste este capítulo, ya que últimamente tengo esa inseguridad de autor muy frecuente en los fanfickers y demás xD
Mi Tumblr es: Alexandralabhont, ahí pondré avisos sobre el fanfic que están leyendo, futuros proyectos, respuestas a preguntas, datos curiosos, cosas que se me olvidaron mencionar, blah, blah, blah... Por si quieren seguirme ahí, los seguiré de vuelta.
Por cierto, me gustaría mucho saber de dónde me leen, digo, sólo el país, sería genial ver que tan variandos son mis lectores, eso si quieren ponerlo, claro.
Ahora voy a responder reviews:
AdriSato: Pues sí me tardé un poco, pero aquí está el capítulo.
Guest: No eres la(el) unic que espera el beso, tranquilos, ya casi xD
Liz: Gracias por el doble review XD aquí está la conti
Guest : No entendí mucho el review xD pero lo tomaré como que te gustó. Gracias por leer.
AdriSato: Aquí vengo a quitarte la ansiedad xD ojalá te guste este capítulo también
Zakuro Hatsune: Gracias por los consejos y decirme los errores, me haces mejorar y mucho.
Nuria: ¿Con Yue? Hahaha Pues… veremos qué pasa después, ¿Vale?
Guest: Lo continue Lo continue Lo continue Lo continue Lo continue Lo continue Lo continue Lo continue Xd
Sin más, aquí el capítulo.
Los personajes no me pertenecen, la historia sí.
XxxxxxxX
Habían pasado tres días desde aquel baile y, durante esos días no había visto a Asami para nada, principalmente por el simple hecho de que éstas tomas no incluían a la francesa, sino que eran aquellas escenas en las que la historia giraba en torno al antiguo amor. Pero eso no importaba ahora, lo importante para Korra era que finalmente había salido de otra insufrible sesión con el psicólogo.
Korra realmente odiaba asistir a ese despacho de colores cafés y verdes con olor a aromatizante de flores, el Dr. Hébet era un hombrecillo inglés de no más de cuarenta años que la ponía realmente incómoda. Por si eso fuera poco, le molestaba que intentara constantemente meterse en su cabeza. Lo sabía, era un profesional en eso, pero no le daba derecho de querer saber cosas, cosas que sólo Iroh sabía, ni siquiera Aang y mucho menos Yue o las chicas. Tal vez, si fuera tan amable como Asami, pudiera decirle algo más que sólo respuestas vagas... Sacudió su cabeza con fuerza tratando de alejar esos pensamientos de su cabeza.
Y no es que fuera algo desagradable ni molesto, es que era algo que de inmediato la conducía a otra duda, la cual fue causada por la reacción de Asami después de ese baile en la mascarada...
Korra recordaba haber sentido una paz que no había podido gozar desde que sus padres murieron estando bailando con Asami como lo había hecho esa noche, fue un momento tan especial y único para ella que si alguien más lo hubiese interrumpido ya habría recibido un golpe tan fuerte como la vocalista misma fuera capaz de proporcionarlo. Sin embargo, jamás golpearía a la oji verde, quien de repente se separó de ella, como si se hubiera dado cuenta de que algo iba mal y, tras una vaga despedida acompañada de una pobre excusa, salió del lugar más rápido que una llama quemando un listón.
Así que ahí estaba ella, esperando dentro de la horrible recepción ya que el clima estaba del asco (Y debía aguardar ahí hasta ver al honda azul) mientras repasaba mentalmente todo lo que había pasado en ese baile, preguntándose qué había hecho mal, no obstante, el hacerlo no sólo la dejaba más confundida, sino que también la molestaba enormemente; la oji azul comenzaba a sentir un inexplicable deseo de ir y preguntar y/o, en su defecto, disculparse.
Su mente estaba en constante batalla desde hace tres días entre la necesidad de ir a la casa de la actriz y, al mismo tiempo, no querer hacerlo. El tiempo que estuvo con Madame Boucher la convirtió en una chica cerrada, que desviaba todo tema que tuviera que ver con su vida privada en una conversación y que no confiaba en nadie tan rápido, así como tampoco se encariñaba con la gente, le tomó a Aang más de un par de años para ser lo que es para ella ahora y a Yue y a sus amigos varios meses más como para que llegue Asami Sato y en menos de un mes se posicionara en un lugar de tan alta estima para ella. Contándole a Aang su situación, él le había recordado que, en aquellos tiempos, acababa de vivir algo muy horrible y era lógico que fuera tan reservada, pero de todas maneras esto le era muy extraño a la peli café. Es por eso que cuando el honda azul por fin llegó, salió por aquellas dos grandes puertas de cristal, bajó rápidamente las escaleras, atravesó la lluvia corriendo y entró en el auto, sabiendo que el hombre que conducía tenía las órdenes precisas de llevarla a la bodega y no diciendo nada sobre cambiar el rumbo hacia la casa de la peli negra.
Al llegar a su destino, Korra no perdió tiempo después de despedirse del hombre para entrar lo más rápido que pudo a la bodega; una vez hubo atravesado la puerta, se dirigió tranquila hacia el escenario donde estaban los instrumentos y los dueños de estos, sin embargo, antes de siquiera poder irlos a saludar como era debido, se detuvo en seco al reconocer la figura de una ondulada cabellera negra dándole la espalda agachada hablando con Gu en sobre algo que no alcanzaba a escuchar. En cuanto los ojos azules del aún pre-adolescente la enfocaron, su blanca mano se alzó alegremente en un saludo animado. Korra le dirigió una sonrisa amigable, sin embargo, pudo ver como la madre del chico se tensaba sin atreverse a voltear a verla hasta que la misma morena se posicionó a su lado.
—Hola. — Saludo a ambos franceses por igual.
—Bonjour. — La saludaron ambos, siendo la voz del joven más animada que la de su madre.
—Hey, Gu en, ¿Listo para comenzar?— Le preguntó la rockera con aquella típica sonrisa traviesa y algo boba que tenía que ofrecer.
—Nací listo. — Fue la respuesta que recibió de parte del mayor de los hermanos Moulian-Sato, acompañada por un pulgar en alto.
—Perfecto. — Dijo animada la oji zafiro mientras despeinaba el cabello negro de Gu en más de lo que ya estaba en un gesto de cariño. De reojo, pudo ver como Zuko le hacía señas de que se iba a practicar y otras más que, debido al tiempo juntos, Korra entendió a la perfección. — Me parece que ya te dijeron que tendrás que sustituir a Zuko por un rato en un ensayo oficial antes de iniciar con los covers. — Al ver la expresión de felicidad en la cara del peli negro, la morena no pudo hacer más que reír. Un ensayo oficial era un término que los Black Tears in the Heart usaban para llamar a los ensayos que trataban únicamente sobre la gira, lo que quería decir que Gu en sería el primero de todos sus fans en saber la lista de canciones que iban a tocar así como si iban a agregar alguna canción sorpresa o dúo inesperado. Para cualquier fan de la banda, eso era oro puro, ya que ellos suelen ser muchas cosas, pero nunca predecibles. Nunca sabías qué iban a tocar exactamente.
— ¡¿Es en serio?!— Exclamó cerrando los puños emocionado.
—Muy en serio. — Dijo la morena oji azul, disfrutando de la reacción del Moulian-Sato.—Los solos de Zuko es este próximo disco van a ser casi imposibles, pero no podemos dejar de practicar, ¿O sí?
— ¡Claro que no!— Replicó rápidamente.
—Exacto. — Le dijo satisfecha por tal respuesta, pero ansiosa a la vez por darle la buena noticia a uno de sus mayores fans. —Por cierto, dice Zuko que puedes ocupar aquella.— Mejor sabor de boca no le pudo dar el señalar una guitarra negra con acabados en llamas plateadas y demás detalles de los que Zuko sabe mucho más y de los que, a veces, no paraba de hablar. Detalles que, de seguro (A juzgar por su cara al verla), Gu en sabía.
—Bon Dieu! ¡Es la Flama Negra!— Sí, los conocía. Korra ni siquiera sabía que esa guitarra tenía nombre. De hecho, sólo sabía una cosa de ella.
—S-sí, la utilizó en...
— ¡En su primer video musical!— Exclamó clavando sus ojos azul hielo en los zafiro de Korra extasiado. —¡Esto es jodidamente asombroso!
—¡Gu en!, ¡Esa boca!— Fue la primera intervención de Asami, quien sólo observaba todo antes de aquello.
—Désolé, mère.— Se disculpó apenado por el hecho de que su madre lo regañara frente a sus ídolos.
—Bueno, ve a conectarla.— Le indicó Korra, entendiendo lo que podría sentir el pre-adolescente. Al recordar el tema de la guitarra, el semblante de Gu en cambió nuevamente a la sonrisa entusiasmada de antes.
—¡Claro!— Fue lo último que salió de los labios del pequeño francés antes de salir corriendo rumbo al instrumento, dejando solas a Korra y Asami.
La rockera tenía ganas de hablarle, pero su reacción anterior cuando ella entró también la confundió bastante y ahora no sabía realmente cómo actuar, era por eso que el silencio entre ambas era casi total.
—Espero no causarles muchos problemas.— Fue lo primero que se dijo entre ambas, Korra agradeció que haya sido la misma Asami quien comenzó.
—¡Oh, no! Al contrario— Se apresuró a decir la oji azul.— , no sé qué haríamos sin Gu en echándonos la mano...— Después de ese comentario, ambas contemplaron al mencionado, quien tocaba notas varias y precisas formando un muy buen solo que llamó la atención de todos ahí.—¿Cómo has estado?— Se animó a preguntarle.
—Bon...— Parecía que el silencio iba a ser el mal tercio ese día.— Me sorprendió no verte aquí desde un inicio.— La mirada verde de la actriz se posó en la peli café, como si esperara una respuesta. Korra se rascó la nuca y evitó mirarla a los ojos.
—Eh... Sí, es sólo que...— Le daba vergüenza decirlo y aún más a la francesa, pero sabía que, de todas formas, Asami lograría saber la verdad de una forma u otra.— Debo tomar terapia y eso...— Quiso restarle importancia con una risita nerviosa.
—¿Terapia?— Nuevo intento de Asami por conectar su mirada, nuevo intento frustrado por Korra.
—Sí, nada importante.— O, al menos, no para ella, quien seguía sin ver muchas esperanzas en esto.
—Ya veo...— Aquello sonó para la rockera como un suspiro de rendición.— Bon... Será mejor que me vaya.
—Sí, sí, claro... Cuídate.
—Au revoir, Korra.— Un fugaz beso en la mejilla de la vocalista y Asami partió no sin antes despedirse también de los demás.
Por cada paso que la actriz de negros cabellos daba hacia la salida, más la ansiedad de Korra crecía. Nuevamente el debate interno comenzó entre dejarla ir o evitar que cruzara aquella puerta antes de tener la conversación que aclararía sus dudas. Suerte para ella que ésta ocasión fue de esas raras veces donde el cuerpo es mucho más rápido que la razón, por lo que, antes de darse cuenta, ya estaba corriendo tras Asami.
—¡Hey!— La llamó, dándole alcance en el pasillo que conducía a la puerta de la calle.
—Korra, ¿Sucede algo?— Le preguntó con sus cejas fruncidas en confusión.
—Sí... No... ¡No lo sé!... Es lo que quisiera saber.— Balbuceó Korra.
—Pardon?
—Hace tres días.— Le dijo la vocalista, acortando la distancia entre ellas con pasos lentos.
—No entiendo.
—Hace tres días, te fuiste... Estábamos bailando y-y te fuiste...— La miró a los ojos preocupada.— ¿Qué hice?
—Korra...— Susurró Asami, mezclando ternura y sorpresa en su tono de voz.
—¿Dije algo malo o tal vez hice algo que te ofendió? Sea lo que sea... Lo lamento, no fue mi intención.— Habló mientras gesticulaba con las manos nerviosamente, pero siendo totalmente honesta con lo que decía.
—¿Por qué estás asumiendo que tienes la culpa?— Decir que aquella pregunta que le hizo la oji verde no la confundió sería erróneo. Parpadeó sorprendida.
—No lo sé — Confesó.— , siento que fue mi culpa.
—No lo fue.— Asami aseguró mientras colocaba una mano en el brazo de la vocalista para confirmarlo.
—¿Ah, no?— Se rascó la mejilla confundida.
—No.— Le respondió con una dulce sonrisa.
—¿Entonces por qué te fuiste así?— No lo iba a olvidar tan fácilmente.
—Es que yo... Bueno...— Esa indecisión y nerviosismo no era nada propio de la francesa, lo que hizo pensar a Korra que, sea lo que sea, no era algo de lo que la mayor gustara de hablar.
—Está bien, si quieres no me digas. Sólo quiero saber que estamos bien.
—Lo estamos. — Le aseguró.
—Uff...— Exclamó mientras se limpiaba gotas de sudor inexistentes de la frente, haciendo reír a Asami. —Es un alivio.
—Si tú lo dices.— Cedió la oji verde entre risas.—Debo marcharme ahora.—Dijo mientras doblaba el brazo para ver su reloj de pulsera.
—¿No te quedas al ensayo? — Quiso saber la rockera.
—Me encantaría, pero no puedo. Tengo una entrevista en 3 horas, pero debo llegar dos horas antes para arreglar vestuario y maquillaje.— Le dijo, pintando una mueca de resignación en su rostro.
—Ya veo...— Korra hizo su mejor esfuerzo por evitar sonar decepcionada.— Me hubiera gustado que te quedaras... ¡Debes ver a Gu en sobre el escenario, es fantástico!— Se apresuró a agregar, sintiéndose inusualmente nerviosa por la pequeña confesión que se le escapó.
—Apuesto que lo es.— Por el tono que usó, la morena supo que Asami de verdad quería quedarse a ver a su hijo en un ensayo.— Espero poder la próxima vez.
—De acuerdo.— Suspiró Korra.—Suerte en la entrevista.— Le deseó mientras le dedicaba una sonrisa sincera.
—Merci. Au revoir, Korra.— Esta vez, Asami se tomó su tiempo para darle un sentido y cálido beso en ambas mejillas sonrosadas de Korra, quien sonrió como boba sin darse cuenta siquiera de ello.
—Bye...— Fue lo que alcanzó a decir volviendo a verla alejarse, pero esta vez estando mil veces más relajada por haber aclarado las cosas. Con ánimo renovado, regresó a la bodega con ganas de lucirse en este ensayo junto con todos sus amigos, entre ellos, Gu en.
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Aunque el ensayo que tuvieron no fue espectacular como solían serlo, definitivamente había un cambio positivo en el desempeño de Korra en comparación a cómo habían estado siendo desde que estaban en París, cosa que no pasó desapercibido para ninguno de los presentes salvo por Gu en. El oji azul había estado sustituyendo a Zuko (Quien ya había dominado la mitad de los solos) por el espacio de poco más dos horas antes de por fin terminar.
Después de haberse dedicado bastante tiempo en la música, decidieron ir a comer hamburguesas a un local que Gu en recomendaba con adhesión; para pasar desapercibidos, decidieron ir disfrazados de personas random y así tener un almuerzo tranquilo como los que últimamente sólo gozaban cuando pedían comida a domicilio.
Aunque Korra podía oír claramente como sus amigos y compañeros de banda reían y hablaban animadamente, ella no aportaba nada ni se unía a aquella conversación, ella no disfrutaba su hamburguesa con papas, ella no estaba tranquila, ¿La razón? Estaba muy ocupada vigilando todas las entradas del local así como cada persona que las atravesaba; ese miedo la dominaba por completo y le impedía siquiera darle un sorbo a su bebida. Suerte para ella que Kuvira y Katara se dieron cuenta, por lo que mientras la primera los apresuraba poniendo como excusa las grabaciones del video, la otra se acercaba a Korra y trataba de relajarla.
—Todo está bien, Korra.— Le susurraba la tecladista al oído.— Cierra los ojos, piensa en un lugar que te traiga paz, donde te sientas segura.— Aún temblado ligeramente y con la respiración agitada, la morena del cabello corto decidió obedecer a su amiga, aferrándose a ella cual hombre al agua a un salvavidas.—Respira: Uno... Dos... Uno... Dos...
Mientras trataba de regular la respiración como Katara le indicaba, la mente de la oji azul trataba de recordar un lugar en el que se sentía segura o en calma... De inmediato, la imagen mental del hermoso jardín de la casa de Aang se hizo presente. Con su hermoso pasto verde, sus flores violetas y de otros colores, su pequeño y claro estanque con peces blancos y negros. Sus árboles de fruta, en los que solía treparse y observar el paisaje junto con Yue mientras comían de ellos... Recordó cuando Aang y ella se daban el tiempo de cuidar aquel jardín, siendo algo que, para su alma atemorizada, era el momento favorito de su día...
Sin embargo, para sorpresa de ella misma, esa imagen tan maravillosa fue rápidamente remplazada por aquel balcón iluminado por la Luna, la música de Bread y Asami Sato entre sus brazos, mientras se mecían dulcemente al compás de aquella hermosa melodía. Abrió los ojos de golpe, extrañada por semejante visión tan clara que le dio su mismo cerebro.
—¿Todo bien, Korra?— Le preguntó Katara, siendo consciente de la reacción de su amiga.
—Sí, sí... Ya estoy mejor, muchas gracias.— Anunció separándose del abrazo que compartían y dándole una sonrisa que aunque sincera, hizo dudar un poco a la de cabellos largos y cafés.
—De acuerdo...— Se rindió, aunque mostrando con su voz que no estaba del todo convencida.
—Es hora de irnos.— Anunció Kuvira con seriedad, mientras juntaba la basura que los envoltorios de las hamburguesas y las papas de todos dejaron, salvo los de Korra, que seguían intactos.— Recuerden que debemos dejar a Gu en a su casa.— Y con esto, todos comenzaron a levantarse y cargar las bandejas de comida para llevarlas a los contenedores, aunque claro, lo hicieron sin dejar de lado su amena platica de hace unos momentos.
Todos subieron a la furgoneta negra de siempre e hicieron su camino rumbo a la casa de Gu en mientras se iban quitando los bigotes falsos, pelucas y demás cosas que usaron para no ser reconocidos. En menos de una hora, llegaron a su destino, bajando todos para despedir al chico.
—Te luciste en el ensayo de hoy.— Halagó Zuko cruzándose de brazos y con una sonrisa de lado.— Creo que tienes mucho potencial.
—¡Merci, significa mucho!— Le respondió Gu en con las mejillas color rosa.
—Muchas gracias por la ayuda, Gu en.— La mano de Katara se posó en el hombro del chico antes de darle un pequeño beso en la mejilla al ahora colorado muchacho.
—Sí, te debemos una.— Añadió Bolin con su pulgar en alto.
—Creo que les tomaré la palabra.— Habló Gu en un tanto más seguro que hace unos segundos.— Hay un proyecto musical que he querido hacer desde hace un tiempo y me gustaría mucho que pudieran ser parte de él.
—Cuenta con ello.— Dijo Mako, acomodándose su tan característica bufanda roja.
—¿En serio?
—Sí, ya oíste a Bo. Te debemos una.— Korra le dio un golpecito en el hombro al oji azul... Bueno, golpecito para ella, porque al mayor de los Moulian-Sato sí le dolió.
—Auch...— Exclamó mientras se sobaba el área antes de soltarse a reír junto con los demás.
Después de eso y sin perder más tiempo, se despidieron del chico y subieron de vuelta al vehículo que los llevarían a Montparnasse, el lugar a donde irían a grabar esta vez.
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Era sábado. 36 días desde que anunciaron que se iban a quedar un mes en aquella reunión en la que descubrió que 'Sami era nada más y nada menos que Asami Sato, un ícono contemporáneo en la actuación francesa; sin embargo, eso no era lo relevante...
Lo relevante es que Korra, después de todo ese tiempo, se sentía al borde de la locura.
Las sesiones con el Dr. Hébet, tal y como lo sospechaba desde un inicio, no ayudaban en nada. El hombre sólo se limitaba a decirle que debía hablar sobre su pasado y, en caso de negarse, siempre saltaba a conclusiones raras que sólo su mente de psicólogo chiflado podía entender.
Ya ni siquiera podía dormir, tenía suerte si llegaba a hacerlo dos o tres horas como máximo, eso hacía que las ojeras fueran más difíciles de ocultar y que las grabaciones, ya en las rectas finales ahí en París, fueran una tortura tanto por cansancio como por su problema de paranoia. Korra maldecía todos los eventos sociales a los que se veía obligada a asistir y el maldito clima de mierda, ya que ambos los retrasaban bastante.
Los ensayos de música ya se hacían sin ella, ya que preferían que descansara, pero eso obviamente no era posible. Si no se había vuelto loca ya, era porque tenía a sus amigos con ella, porque Aang la llamaba constantemente y, sobre todo, porque Asami estaba a su lado.
La francesa era completamente consciente de lo que le sucedía, aun sin saber por qué; tampoco hacía preguntas, sólo se limitaba a estar ahí cada vez que tenían tomas para detener las grabaciones y darle a Korra un respiro o un abrazo, si es que eso era lo que se requería. Y es que la vocalista se había dado cuenta de que había algo en Asami que la relajaba, el olor a jazmín de su cabello, la forma en que introducía sus blancos dedos entre sus cabellos mientras su cabeza reposaba en ese cálido y suave pecho que subía y bajaban con la respiración de la actriz, aquella canción que tarareaba para calmarla... Todo eso relajaría a cualquiera, tanto así que Korra quedó dormida en más de una ocasión entre los brazos de la Sato. Incluso fuera del set de grabación o cuando estaban separadas, aquella hermosa mujer de labios carmín la llamaba seguido para ver cómo se encontraba y platicar un rato con la oji azul de diferentes cosas para distraerla. Poco a poco, Asami Sato se estaba convirtiendo en alguien necesario para Korra Wyght, pero ésta siempre prefería llamarla de último recurso o no hacerlo, no quería molestarla con sus traumas patéticos.
Ese día, Korra había salido de otra horrenda y desastrosa sesión, ni siquiera terminó la hora, simplemente estaba tan cansada de esa mierda que salió de ahí, dejando al hombre diciéndole sus teorías a la pared. Si hubiera tenido la energía, en ese momento estuviera resoplando y golpeando tantas cosas como pudiera del puro enojo, pero no lo hizo. Se sentía asustada, molesta, incomprendida incluso, arrastraba los pies rumbo a la sala de espera con porte lánguido, pero alerta. Sus sentidos advirtieron el sonido de alguien saliendo por una puerta, rápidamente, giró para ver de dónde había venido aquel ruido con los ojos abiertos con expectación y temor, el cual se disipó al ver que era la recepcionista del Dr. Hébet saliendo del baño. No tenía las ganas de quedarse por más tiempo, tomó su chaqueta gruesa que el propio Bolin le había regalado, se puso la bufanda negra que traía y, sin esperar al honda azul, salió del edifico sin importarle que estuviera casi diluviando afuera.
Korra agradeció a todos los patos el horrible clima al que se estaba enfrentando. Llovía a mares, el viento amenazaba con llevarte volando si te atrevías a caminar con paraguas y los truenos que sonaban asustaban a cualquiera, pero no a la vocalista, quien sólo estaba consciente de algo: Las calles parisinas estaban completamente vacías...
Bueno, había autos pasando de vez en vez, levantando con ellos una enorme ola de agua que mojaba más a la rockera en cada oportunidad, los establecimientos estaban abiertos y había bastante gente dentro de ellos, pero no en la calle. Madame Boucher nunca se atrevería a tocarla con un clima así estado ella afuera, enfrentándolo. En las noticias se había advertido de esto, se había aconsejado que no saliera a menos que fuera necesario y, que si lo hacía, debería hacerlo en auto y con sumo cuidado, es por eso que todos miraban impresionados a Korra, quien parecía ser la única demente para salir en un clima así sin mucha protección más que la ya dicha a caminar y más aún si lo hacía sin rumbo fijo como la morena creía que estaba haciendo.
La excusa de estaba tan pensativa que no me di cuenta era una total tontería para la oji azul, pero esta vez fue así como pasó. Estaba por completo hecha una sopa, tenía un frío de los mil demonios que calaba hasta en los huesos, el aire y la lluvia le impedía ver bien su rumbo y estaba realmente hecha un lío mental. Fue por eso que no supo cómo ni cuándo fue que había conseguido llegar a aquella familiar reja de metal negro que daba entrada a la mini mansión Moulian-Sato.
Le tomó varios momentos parada justo afuera de ella el darse cuenta en dónde estaba y se sorprendió aún más al comprender que los guardias de seguridad le habían dejado pasar sin trabas. Fuera como fuera, estar ahí era un error.
—¡¿Qué rayos haces aquí, idiota?!— Rugió molesta con su persona.— ¡Eres una tonta!, ¡Tienes suerte de que 'Sami no se haya dado cuenta!, ¡Lárgate de aquí antes de que te vea!— Cumpliendo dicha orden suya, se dio media vuelta para regresar por donde vino e ir al hotel mientras murmuraba improperios para ella cuando una voz fuerte surgió entre tanto trueno y golpeteo de lluvia.
—¡¿Korra?!— Sí, ya la había visto.
—Mierda...— Masculló para sí misma antes de enfrentar a aquella hermosa francesa que la observaba con el ceño fruncido por la incredulidad.—Hola, 'Sami.— Saludó elevando su voz para hacerse escuchar.
—Oh, mon Dieu, chéri!, ¡¿Qué haces afuera?!
—¿La verdad? No tengo idea...— Se encogió de hombros.— Ya me iba de todos modos.— Hizo en intento por irse, pero Asami la detuvo.
—N'y pense même pas!— Exclamó casi con indignación.— ¡Ven aquí ahora!— Ordenó autoritaria con una de sus manos sobre su cintura y con la otra apuntando el suelo donde estaba parada. Ni Asami se salvaba de la típica pose de madre enojada.
—No, de verdad. Mejor me voy.— Volvió a hacer el intento, mientras señalaba con su dedo pulgar sobre su hombro.
—¡Korra Wyght Monreal!, ¡Ven aquí en este mismo instante y no me obligues a ir por ti!— No supo que fue lo que la hizo obedecer, si fue la idea de que Asami se empapara o la forma tan firme y atemorizante en que dijo su nombre completo, lo que sí sabía, era que estaba a punto de recibir un regaño.
—¡Ok, ok..! Cielos...— Levantó las manos en señal de rendición antes de bajarlas para abrir la rendija y caminar hacia una seria actriz, que no despegaba sus verdes ojos de ella, con la cabeza gacha.
Escurriendo agua de pies a cabeza, esa era la traza de Korra al entrar a la limpia casa de Asami. En cuanto ésta cerró la puerta, lo que pensó la vocalista que pasaría, pasó.
—¡¿En qué demonios estabas pensando al salir en un clima así a la calle?!, ¡¿Eh?!— La mirada oji azul permaneció pegada al piso, sin mirar ni una sola vez a la enojada francesa. No se sentía muy estoica en ese momento.—¡¿Qué pasaría si te enfermas, Korra?!, ¡Recuerda que tú eres la voz principal de tu grupo!
—Eso lo sé.— Murmuró.
—¿Y entonces?— Al menos ya no le gritó, pero su voz aún era fuerte.
—No lo sé, no pienso en mucho luego de salir de terapia.— Lo que sea que iba a decir Asami, murió en su garganta. La morena temblorosa no supo si era porque comprendía el desasosiego que sentía o porque se dio cuenta de que no valía la pena discutir con ella, pero nuevamente la voz de Asami volvió a ser dulce.
—Ve al baño y espérame ahí, ¿De acuerdo?— La tomó de la barbilla y levantó su moreno rostro, aun a pesar de que Korra le esquivó la mirada.
—No, voy a mojar tu cas...— Replicó, o al menos lo intentó, ya que la mirada severa de aquellos ojos verdes la hizo guardar silencio de golpe, tragar saliva y caminar directo al baño.
Era un baño que ya conocía: sencillo, con un toilet, un lavamanos y una ducha, en azulejos color negro con blanco. La regadera estaba ahí sin ninguna clase de cortina o algo; estaba pensando en la vergüenza que sería para ella bañarse en una así cuando alguien tocó la puerta.
—¿Korra?— La voz con acento francés no tan marcado se escuchaba dudosa, como si la rockera no hubiera dejado un rastro de agua que indicara que, efectivamente, estaba ahí.
—Dime.— Respondió la oji azul.
—Abre la puerta, por favor.— En cuanto lo hizo, el brazo blanco de la actriz se asomó con la mano sujetando una toalla blanca y ropa limpia que Korra tomó.— Toma un baño antes de vestirte, iré a preparar algunas cosas.
—Pero, 'Sami...— Las mejillas de Korra se incendiaron mientras su mirada se posaba en aquella ducha, pero la peli negra no la dejó continuar.
—Vas a pescar un resfrío si no te bañas, así que más vale que lo hagas. Si no lo haces, lo sabré y tendré que bañarte yo misma.— Si de por sí ya estaba roja, Korra se volvió la envidia de los tomates maduros ante aquella amenaza. Pudo escuchar los pasos alejarse y fue hasta entonces cuando dejó la ropa en la tapa del toilet y, sintiéndose insegura, se quitó la ropa para iniciar a bañarse.
Diez minutos después, Asami regresó para llevarse la ropa mojada que Korra misma le dio antes de volver a irse. Comenzó secandose el cuerpo y luego se puso el pantalón de franela negra, la playera de tirantes blanca y agradeció que la oji jade le hubiera puesto una sudadera roja ya que, de otro modo, se le vería la espalda y no quería eso. Cuando salió, encontró los objetos que llevaba con ella (Tarjeta de la habitación del hotel, cartera, celular y audífonos) milagrosamente secos, cosa que agradeció bastante.
—¡¿'Sami?!— Llamó Korra recogiendo sus cosas y poniéndolas en las bolsas de la sudadera.
—¡Voy en un minuto!— Respondió ésta desde algún lugar de la casa.—¡Ponte cómoda!— La oji azul afirmó con la cabeza aun a pesar de saber que la actriz no la estaba viendo y se dirigió a la sala donde siempre toman té las veces que podía quedarse a cenar. Cuando estuvo ahí, tomó su celular y comenzó a revisar Twitter, eso quería decir que comenzó a responder tweets a sus fans. Uno en particular le llamó la atención, ya que tenía un video que le pedían que viera. Sin nada que perder, le dio tap al link del video, el cual la mando a Youtube.
Cuando comenzó a verlo, una sonrisa se dibujó en su rostro. Era un video homenaje a ella, en el que usaban videos de entrevistas, conciertos, videos musicales y demás con una canción en el fondo de Lady Gaga. Cuando acabó, no dudo en escribirle un comentario diciendo lo mucho que le gustó y que parece que de verdad ese fan era su paparazzi. Presionó el botón y sonrió satisfecha, fue en ese momento en que se percató que, en videos sugeridos, había uno que le llamaba la atención. No sólo por el título, sino porque su imagen eran los ojos verdes de Asami con una mirada que irradiaba sensualidad. Así que, mirando que nadie viniera, le dio play al video Rouge/ Escena del baile - Juliette Rouge - Asami Sato.
El video comenzó con un pequeño escenario de madera, casi al ras del suelo, estaba levemente iluminado, contribuyendo a un ambiente misterioso y exótico. Había una tela transparente actuando como telón y, tras él, la figura de una mujer, imponiéndose como una sombra.
Frente al escenario había lo que parecía ser un hombre sacado de "Las Mil y una noches", era bastante atractivo y tenía los bigotes típicos de su nación, bebía vino cómodamente recostado en un montón de cojines de seda con colores varios; mientras acariciaba su barba, no despegaba los ojos de la silueta frente a él, bastante interesado en lo que iba a acontecer.
La música comienza a sonar, con un ritmo lento y misterioso, con un cántico en árabe de una mujer; la figura de la bailarina comienza a moverse en tanto la tela que mantiene en anonimato todo de ella comienza a subir.
Lo primero que enfocan de aquella mujer son sus blancas y sensuales piernas, luego aquellas caderas que se movían hipnóticas al ritmo de la melodía, cubiertas, empero, con una falda pequeña del color del rubí, siguió subiendo hasta dar con un fajín dorado como entrada a un fabuloso y delineado vientre, que bailaba también al ritmo que las caderas marcaban. Siguieron subiendo hasta dar con un par de redondos y agraciados pechos cubiertos por un sexy sujetador, finalizando con subir hasta mostrar el rostro de Asami Sato cubierto por una fina tela roja que le tapaba media cara, pero que dejaba ver esa embrujante mirada.
El sujeto había detenido todo movimiento, claramente atrapado por la tentadora visión frente a él, habiendo caído en el hechizo de aquella belleza de largos y ondulados cabellos negros, mirando atento cualquier movimiento que aquella mujer realizaba.
Su baile comenzó siendo inocente, no pasando de ser movimientos atrapantes de caderas y brazos, pero poco a poco la intensidad de aquella danza comenzaba a subir, llegando a ser uno de los bailes más sensuales jamás registrados en la pantalla grande...
Durante toda la duración del video, Korra estaba cada vez más atrapada, sus ojos azules se habían abierto tan grandes como eran y, aunque no tan notable a simple vista, se habían oscurecido, dilatados como nunca lo habían estado. Su respiración era entrecortada, era un milagro que no se haya olvidado de hacerlo. Sus mejillas brillaban de un color carmín sorprendente para ser morena. Su corazón bombeaba sangre a mil por hora, sin descanso alguno en ningún momento. Por si fuera poco, la temperatura de su cuerpo aumentaba, si no se quitaba la sudadera era porque seguía embelesada en aquellos mágicos movimientos de su amiga, estaba incluso sudando ligeramente, aunque bien podrían ser también gotas de su cabello mojado.
En el exacto momento en que el video terminó, Asami hizo su acto de aparición con una playera de tirantes pegada a su cuerpo y un modesto short rojo de licra, llamando la atención de su joven invitada, quien seguía en un estado de limerencia completamente nuevo para ella.
Si Korra hubiera estado en sus cabales, tal vez se hubiera puesto en el lugar de Asami. Tal vez hubiera sabido que su amiga podría estar viéndola como una chica que acaba de estar bajo una tormenta, la cual parecía sudar, con la cara completamente roja, la respiración agitada, mirada perdida y expresión idiotizada; conclusión: Se está enfermando.
Lo que la vocalista sí supo, fue que la francesa comenzó a caminar hacia ella, se inclinó para quedar cara a cara y acariciar suavemente el rostro de la vocalista.
—Estás que ardes.— Fue lo primero que salió de aquellos rojizos labios.
—No tanto como tú.— Respondió aún idiotizada la rockera.
— ¿Qué?— El susurro confundido de Asami fue lo que trajo de vuelta de su letargo a Korra, quien al procesar lo sucedido y lo que había dicho, quería que la tierra la tragase.
— ¿Qué?— Quiso hacerse la desentendida. La actriz la observó extrañada unos momentos antes de contestar.
—Decía que creo que tienes temperatura. — Idiota.
— ¡Oh!... Y-yo...— Desvió su mirada verdaderamente apenada mientras se rascaba el cuello nerviosa. —No-no lo creo...— Comenzó de pronto a querer salir de aquel cuarto y poder aclarar sus ideas, por lo que una excusa rápida (y en parte cierta) le llegó a su mente.— Disculpa, 'Sami... ¿Podría tener un vaso con agua?
—Claro, sólo déjame...— Hizo en ademán de ir a la cocina, pero Korra la detuvo.
—¿Podría ir yo por él?— Pidió.
—Oh, claro... Puedo aprovechar y llamar a Monsieur Roku y así avisarle que estás aquí, porque puedo apostar que no le dijiste, ¿O me equivoco?— La sonrisa enorme que mostraba los dientes de Korra evidenció que lo dicho por Asami era cierto.— Nunca cambias...— Se lamentó.— Ya sabes dónde está.— La morena asintió antes de comenzar a alejarse hacia la cocina.
—"No debí ver ese video..."— Se reprendía la rockera.— "¿Ahora cómo veré a 'Sami a la cara sin recordar cómo se movía? ¡Rayos! Sí que sabe usar sus caderas..."— Sacudió la cabeza con fuerza.—"¡Aggghh!, ¡Deja de pensar en ello!"
No tardó demasiado en llegar a la puerta que daba a la cocina, la cual atravesó sin ninguna clase de dificultad, empero, no la encontró vacía.
Ahí estaba la pequeña Azumi, con un vestidito color azul, sus ondulados cabellos rubios cayéndole sobre sus hombros y espalda mientras daba tiernos saltitos para alcanzar una jarra de vidrio con galletas con chispas de chocolate. Aquella vista era la cosa más tierna que jamás se topó.
—¿Qué haces, Azumi?— Preguntó llamando la atención de la pequeña rubia, quien la miró por unos segundos antes de sonreírle.—¿Necesitas algo?— Mientras Korra se acercaba, Azumi la miraba con sus ojitos verdes, grandes y tiernos mientras se mordía el pulgar. En cuanto la vocalista de tez morena se paró a su lado, la pequeña frunció el ceño pensativa, mientras movía su boquita, preparándose para decir algo.
—Ga... Galleta...— Le dijo al fin, con un acento francés muy marcado y con pronunciación graciosa. La rockera comenzó a reír por la ternura.
—¿Quieres una galleta?— Preguntó de todos modos mientras señalaba el jarrón. Azumi afirmó con la cabeza levemente mientras le mostraba una sonrisa. A Korra nada le costó el hacerse con el recipiente, abrirlo y tomar una de las más grandes galletas y entregársela a la pequeña, quien miró el postre con una sonrisa satisfecha antes de clavar esos ojitos verdes tan parecidos a los de Asami en la morena y comenzar a hacerle señas con su manita de que se agachara.—¿Necesitas algo más?— Quiso saber mientras se inclinaba sobre una rodilla para quedar más o menos a la altura de la más pequeña de los hermanos. De pronto, aquellos pálidos y pequeños bracitos abrazaron su cuello y un pequeño besito fue plantado en sus dos mejillas antes de que la niña se fuera muy feliz dando saltitos con su galleta en la mano. Si de por sí ya quería a la niña, se acababa de robar su corazón.
Después de un rato, tomó un vaso del estante en donde Asami los guardaba y comenzó a servirse agua, pensando en una y mil cosas diferentes pero teniendo el mismo tema en común: Asami.
Porque por más que quisiera, por más que se reprendiera, por más que eso fuera incorrecto, simplemente había quedado imposibilitada de alejar de su mente a esa francesa y lo peor es que no sabía el por qué. No encontraba ninguna respuesta coherente además del hecho de que aquella actriz se había vuelto uno de sus más pilares más necesarios al menos aquí en París. Tal vez en Ciudad República sea distinto... Sí... Tal vez dejaría de sentir toda esta confusión cuando estén ambas en su adorada ciudad...
Pensando en esto se encontraba cuando se escuchó la voz de su pre-adolescente amigo afuera de la cocina.
—Mère, pourquoi avez-vous donné deux biscuits à Azumi?!— La puerta de la cocina se abrió casi de forma abrupta para dar paso al enojado hijo mayor de su amiga, quien cambió su gesto cuando se dio cuenta de que era ella y no Asami.—Oh, Korra.— Saludó él alegre.
—Hey, Gu en.— Hizo un leve movimiento de cabeza para devolver el saludo.
—¿Qué haces aquí? — Preguntó el oji azul mientras tomaba asiento sobre la isleta con un salto.
—Pues ya sabes... El viento me trajo.— Quiso bromear, aunque no estando segura si aquello catalogaba como mentira, después de todo parecía realmente que fue el viento quien la condujo hasta aquí. —A propósito, no nos contaste bien sobre tu proyecto.— Señaló dando el primer sorbo a su vaso.
—¡Oh! Es bastante simple.— Comenzó. — Planeaba hacer una especie de Mash-up pero con diferentes covers de canciones de antaño.
—¿Como cuáles?— Quiso saber la película café.
—Ahorita sólo tengo contempladas tres: Owner of a lonely heart de Yes, Paint it black y una de mis favoritas: Wicked Game HIM version. — Terminó el chico.
—¿Y ya sabes cómo mezclarlas?— Volvió a preguntar Korra, quien comenzaba a interesarse en el proyecto.
—Oui, ya tengo todo planeado. Sólo me faltaría que me ayudaran a grabarlas, ¿Qué dices?— La cara de Gu en era en mucho parecida a la de un niño pidiéndole a ese Santa del supermercado algún juguete que ha deseado desde que lo vio en televisión o en algún escaparate. La oji zafiro simplemente no pudo negarse y menos aun sabiendo que desde hace tiempo que ella misma quería grabar esas canciones y no encontraba una excusa.
—Suena interesante. — Admitió.—Vale, cuenta conmigo. Se lo haré saber a los chicos mañana por la mañana.
—Merci beaucoup, Korra!— Exclamó con emoción en la voz y en los ojos Gu en, estado a punto de lanzarse a abrazar a una de sus ídolos, sólo detenido por el mensaje entre líneas de la morena.—Aguarda, ¿Mañana por la mañana?— Miró la lluvia azotando ferozmente contra la ventana y lo comprendió mejor. —¿Te quedarás a dormir?
—Eso supongo.— Dijo Korra encogiéndose de hombros.
—¡Eso es fantástico! Podremos comenzar hoy con los ensayos... ¡Podría enseñarte el equipo que usaría para la mezcla!— Se llevó las manos a su cabeza en una expresión de alegría.— ¡Podriamos comenzar a trabajar en acordes y adaptaciones!, ¡Incluso podemos...!
—Ponerse la pijama e irse a lavar los dientes.— En cuanto la voz de la matriarca de la casa se escuchó y su imagen atravesó la puerta, su hijo mayor dio un salto apresurado por bajarse de la isleta.— Ahora, sí nos disculpas, Korra y yo tenemos una conversación pendiente.— Todo esto fue dicho con una mezcla de voz entre autoritaria y dulce, viniendo en conjunto perfecto con una ligera sonrisa que le dedicó al oji hielo.
—D'accord, mére.— Gu en caminó hacia Korra para luego chocar los puños con ella.— Buenas noches.
—Buenas noches, Gu en.— Se despidió ella para luego ver como el mismo chico de trece años que aparentaba ser rudo frente a ella y los de la banda le daba un beso en la mejilla de su madre con cariño antes de retirarse. Aquello sólo confirmó sus sospechas: Ambos Moulian-Sato tenían una de las mejores madres del mundo. Una vez se quedaron solas, Korra se bebió su agua de golpe antes de hablar.
—¿De qué es esa charla pendiente, 'Sami?— El semblante que la actriz proyectaba cambió de serenidad a preocupación en sólo un parpadeo.
—Es sobre ti.— Le respondió después de lanzar un suspiro.— Quiero hablar de lo que sientes, de la razón por la que has estado en estas condiciones durante todo el tiempo que tienes aquí.— Decir que no se lo veía venir sería una mentira. De hecho, se había sorprendido de que todo este tiempo, Asami no haya preguntado nada, no haya indagado con nadie y aún así haya seguido prestando su apoyo para con ella.
De alguna manera se lo merecía, se había ganado el preguntar y recibir una respuesta. No como el idiota Dr. Hébet, al cual ya jamás va a volver a ver.
—De acuerdo.— Accedió.— Hablaremos sobre eso.— Asami asintió con seguridad.
—En ese caso, dejame preparar algo de té, para amenizar esto.— Aunque Korra no lo hubiera dicho, agradeció bastante aquella idea.
—Si no es mucha molestia... Sólo me dejan tomar té endulzado con miel últimamente. — La respuesta que obtuvo de Asami fue un pequeño guiño de ojo que sonrojó a la chica que, de por sí, continuaba pensando en el vídeo.
—No te preocupes por ello.— Le dijo la francesa.— Puedes adelantarte a la sala Este. Ponte cómoda ahí mientras me esperas, ¿De acuerdo?— La morena asintió con la cabeza y de inmediato comenzó a hacer su camino a la dichosa sala con la otra chimenea.
La famosa Sala Este era, como que había ya dicho, la otra sala que tenía la mini-mansión de Asami, sin embargo, esta era la primera vez que Korra iba allá, usualmente estaban en la cocina o en la sala contraria y eso si se le permitía quedarse una hora extra, de todos modos, no fue difícil para ella dar con el lugar.
A diferencia de la anterior sala, ésta era de color café oscuro, con sillones color caqui y muebles entintados. Sobre la chimenea, la oji zafiro apreció varios marcos de madera con detalles realmente exquisitos que alojaban varias fotografías de la familia Moulian-Sato completa; incluyendo a Daniel... Darien... Darren... Cómo se llame.
Sin embargo, lo que llamó más su atención, fue el cuadro pintado de una muy hermosa peli negra con mirada amable, cabello recogido y dos rebeldes mechones ondulados cayendo a ambos lados de su cara. Tal vez sea el hecho de que aquella mujer se parecía horrores a Asami, pero tenía ese vago sentimiento de familiaridad que llega cuando crees haber visto a alguien en algún lugar completamente diferente en algún momento dado de tu vida.
—Es mi madre.— Pese a haber escuchado la voz de la hermosa francesa de labios carmín tras ella, no apartó la mirada de aquella pintura en ningún momento, aun tratando de descifrar en donde la había visto.— Se llamaba Yasuko Sato.
—¿Se llamaba?— Giró la cabeza hacia su amiga de verde mirar, pero los ojos de la morena seguían en el retrato.
—Ella falleció hace cinco años.— Le explicó con nostalgia mientras miraba también el cuadro. La morena rockera se volteó para darle su más sentido pésame. Ella sabía lo que era perder a una madre.
—Lo la...— Pero lo que iba a decir quedó a medio salir en el momento en que su mirada se topó con la bandeja de plata con un juego de té hecho de porcelana con hermosos y finos detalles en azul marino.
Mierda. Todo menos porcelana.
Cualquier abuso, cualquier castigo y cualquier maltrato venían siempre anticipados por un juego de té de porcelana; Madame Boucher tenía una colección importante de ese tipo de cosas, cada vez que Korra tenía contacto con alguna de ellas, recibía un escarmiento por sus modales de troglodita inepta, es por esa razón que tuvo un importante miedo a tocar siquiera alguna taza de esa categoría.
Y, tal parecía, que ese miedo no se había ido jamás.
Observó atenta cómo la peli negra de verde mirar caminaba hacia la pequeña mesita cerca de los sillones y colocó cuidadosamente la bandeja sobre ella, para posteriormente sentarse e invitar a la menor a hacer lo mismo.
—Ven. Toma asiento.— Pidió palmeando ligeramente el sillón a lado de ella.
—Uh... Uh-Huh.— Con sumo cuidado, rodeó la mesa sin despegar la vista de aquel juego y se sentó en el lugar que Asami le había indicado. Clavó su mirada azul en el rostro de la francesa para tratar de restarle importancia a los objetos que yacían cómodos sobre aquella bandeja que reflejaba sus figuras, pero no podía; su mirada bailaba constantemente entre ellas y Asami.
—Korra, sé que esto puede ser dificil...— Comenzó a decir la mujer de labios carmín, llamando así la atención de Korra.— Pero me gustaría que pudieras confiar más en mí.— La tomó de la mano con dulzura.— No te voy a juzgar, créeme. Seré muy comprensiva y apreciaré todo lo que quieras compartir conmigo, sea poco o mucho... ¿Lo entiendes?— Korra asintió en completo silencio mirándola a los ojos. La morena lo sabía, podía confiar plenamente en Asami, es por eso que se animó a hablar en primer lugar.—¿Puedes contarme qué es lo que te tiene así?— Pidió, casi suplicó.
—Yo...— Suspiró, nerviosa por lo que iba a hacer.—¿Recuerdas cuando te dije que no quería llamar a Catherine porque no creía que practicar baile fuera lo que haríamos?— El ceño de Asami se frunció, tal vez sin entender qué tenía que ver eso con lo otro. De todas formas, asintió.—Bueno, es porque es cierto. Creo que Catherine a solas sería una mujer algo...— Se removió en su asiento incómoda al rememorar el beso que la peli roja le dio.— Atrevida, rayando en lo incómodo, pero... Hay otra razón.
—¿Cuál es?— Preguntó Asami con dulzura y apretando levemente la mano de Korra en señal de apoyo al ver que se quedaba callada. La vocalista carraspeó antes de continuar.
—Hace tiempo, yo vivía aquí, en París. Tuve malas experiencias con la mujer encargada de mí, tan malas que son el principal evento de mis pesadillas.— Explicó mirándola a sus verdes ojos para buscar lo que sea que pudiera calmarla. Gracias al cielo, Asami la miraba con compresión, queriendo hacerla sentir segura para continuar, cosa que funcionó.— Gracias a todo lo que pasó, desarrollé un mal sentimiento por París, por Francia, por todos los franceses. Sé que está mal esto que siento, pero no puedo evitarlo. Catherine... Bueno...— Se encogió de hombros.— ella es francesa y me da escalofríos pensar en ir a su casa.
—Korra...— Su nombre escapó de aquellos labios rojos con ternura y algo más que no supo descifrar.
—Por otro lado — Quiso seguir.— , tú eres la excepción a la regla.
—¿Yo?— Korra afirmó con su cabeza.
—He estado prestándole atención a tu forma de ser. He visto cómo tratas a los niños, cómo ellos son felices, como sus ojos brillan... Como sus blancas pieles no tienen ninguna marca...
—¿Marca?, ¿A qué te refieres con ello?— Se maldijo mentalmente por haber hablado de más. Sin embargo, sólo necesito una mirada para que Asami supiera que no quería hablar de ello.
—Tú tienes ese no-sé-qué especial... Emanas... Algo qué...— Le costaba trabajo explicarse y sus movimientos de manos lo mostraban.— No puedo explicar... — Se rindió al fin.— Pero, pero me hace confiar en ti, ¿Sabes?... Tal vez tú seas la persona que cambie mi concepto de todo país.— Confesó su pequeña ilusión.— Nuevamente, sé que está mal pero...— Se tomó la cabeza con ambas manos antes de volver a ver esos ojos verdes.— Entiende que ya no sé qué más hacer.
—Korra... Yo... — Lo que Asami no pudo decir por medio de palabras, lo expresó con un largo y sentido abrazo, el cual la oji zafiro correspondió inmediatamente. Se sentía tan bien entre los brazos de la actriz, siempre que se encontraba en ellos maldecía en su mente (y hasta a veces en voz alta) cuando era forzada a terminar los abrazos que Asami le daba. —Yo siempre estaré aquí para ti, ¿De acuerdo?— Susurró en su oído, mientras la vocalista la estrechaba con más fuerza contra sí.—Siempre.— Permanecieron en aquel abrazo por bastante tiempo, cosa que Korra agradeció, sin embargo, tampoco quería incomodar a la actriz, así que fue ella quien decidió darle fin.
—Entonces... ¿Lista para ir a Ciudad República?— El cambio radical de tema vino de la mano con el cambio de actitud de la morena. Korra pudo notar la confusión que se mostró en la cara de aquella hermosa mujer por un par de segundos antes de que ésta se decidiera a hablar.
—Sí, sólo falta empacar.— Le informó.— Aunque he de admitir que pasar dos semanas sin mis hijos no es algo que me emocione mucho.
—¿Dos semanas?, ¿Por qué?— Quiso saber.
—Por cuestiones de la escuela.—Explicó Asami.— Su año escolar no termina hasta entonces.— La rockera bufó.
—Vaya, habrá muchos planes que posponer entonces.— Comentó mientras se rascaba la nuca pensativa.
—¿Tenias planes para nosotros?— Preguntó la peli negra sorprendida.
—¡Pues claro que sí!— Exclamó.— Les dije que lo haría, quiero aprovechar todo el tiempo que estén ahí.
—Pues vas a tener mucho tiempo de sobra.— Asami sonrió y alzó la ceja al decir esto.— Nos vamos a quedar dos años enteros ahí debido al rodaje de la película.
—¡Eso es estupendo!— Respondió Korra con felicidad genuina.— Tendremos bastante tiempo antes de que me vaya a la gira... Que durará también un par de años.— Lo último lo masculló más para sí misma.
—Pardón?
—Oh, no, nada...— Se apresuró a decir, dedicándole otra de sus sospechosas sonrisas enormes, sin embargo, para su suerte, Asami decidió dejar las cosas sin preguntar.
Asami toma su taza con elegancia y le da un sorbo a su té, todo ante la atenta mirada azulina de Korra, quien se vuelve a poner nerviosa al recordar que aún seguían esas cosas en la misma habitación que ellas.
—Mhmm... Está delicioso.— Comentó, si la vocalista hubiera estado viéndola a ella y no a aquellos objetos de porcelana, hubiera notado que aquella mirada verde la observaba atenta.—Deberías beberlo antes de que se enfríe demasiado.
Ante tal sugerencia, Korra no pudo hacer mucho más que afirmar con la cabeza, empero, no movió ni un sólo músculo. Seguía observando la taza. ¿Qué iba a hacer ahora?, ¿Qué iba a pasar si por un descuido infortunado la rompía?, ¿Por qué demonios se le hacía muy conocido aquel juego de porcelana?
Tal vez estaba exagerando las cosas, nada malo iba a pasarle. No con Asami junto a ella. Debía superar esto.
—¿Te gustan?— Nuevamente, fue aquella francesa quien la sacó de sus pensamientos.— Fueron una herencia.
—¿Herencia?
—Así es.— Continuó.— Me lo heredó mi abuela materna antes de morir. Fue extraño, sin embargo...— Se tomó su barbilla, pensativa.— No recuerdo haber tenido contacto con ella nunca. Mi madre siempre decía que no era bueno tener tratos con ella. De hecho, no le conocí algo más que el nombre.
—Vaya...— Suspiró pesado y, armándose de valor, tomó con sumo cuidado la taza que estaba destinada a ella, sosteniéndola firme y delicadamente para evitar romperla.—¿Y cuál era el nombre de tu abuela?— Quiso saber, felicitándose a sí misma por haber sostenido aquella pieza.
—Se llamaba Amelia Boucher.
