Hola chicos, gusto en verlos de nuevo. Agradezco su paciencia y gracias por seguir la historia.

Este es el último capítulo de lado de Asami hasta la 2da parte de la historia. Como siempre, les haré unas aclaraciones:

La canción que aparecerá en este capítulo es Love Defined de Heffron drive.

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Solo borren los espacios y eso.

Mi tumblr es alexandralabhont

Tengo una foto de Bucky genderbender, por si no lo sabían. También uno un hasta de #Y todo comenzó en parís para cualquier anuncio de fanfic y ustedes también pueden usarlo para comentarlo en Tumblr si quieren.

Ahora a responder reviews

Oscura: Oww, muchas gracias. Me alegra que te gustara. Espero también te guste este. Cuidate.

Guest: Bueno, no esperes más. Aquí está.

AdriSato: Calma, la acción viene pronto… Bueno, eso espero XD Espero también que te guste este cap

Crsdv: No te preocupes, lo entiendo, hahaha me gustaría ver cómo eres en persona XD Ya ni modo.

Ichi: Gracias, espero también te guste este, me alegra que te gustara el fanfic.

BrG: Wow, ¿La volviste a leer? Genial :3 Aquí está el siguente capitulo, gracias por leer. Espero y me digas qué tal.

Alondra: Gracias, me esfuerzo para que puedan leerlo bien y que no sea una molestia. Gracias por seguir la historia y fue un gusto hablar contigo la vez pasada, me alegra que te este gustando y espero te guste este capitulo

NathalyHL: Continuado, espero te guste.

ZH: Hahahahaha te gustan las mayores XD Ok no. Bueno, puedo vivir con la duda. Gracias por tus palabras y sí, ayudan los idiomas más de lo que crees. Gracias por leer

Espero les guste la historia.

Los personajes no me pertenecen, la historia sí.

XxxxxxxxxxxxX

El camino a la parrillada fue un poco más largo de lo que Asami creyó, ni siquiera tenía idea de que debían tomar un ferri para llegar al destino, claro que definitivamente no le importó. La vista que consiguió de Ciudad República desde ese vehículo no la había visto más que en postales, y se quedaban cortas. No iba a olvidarla nunca.

Así como tampoco podría olvidar la primera vez que vio la isla a la que Korra quería llevarla. Era preciosa, repleta de verde, flores y animales; todos eran amables con ella a pesar de ser una desconocida, sus ropas eran peculiares al igual que algunas cabezas rapadas con flechas tatuadas. Asami los conocía, había leído sobre ellos, eran acólitos del aire: monjes con un estilo de vida peculiar que se dedicaban a la meditación, entre muchas otras cosas. Cualquier alma en desgracia podría recurrir a ellos. Sin duda, Korra había caído en buenas manos.

Poco a poco, comenzaron a subir por un camino de madera empinado hasta llegar a una hermosa casa de apariencia hogareña.

— Es aquí. — Dijo Korra en cuanto llegaron al pórtico. — Todos te van a adorar.

— ¿Lo crees? — Aún sentía un poco de inseguridad sobre el tema.

— ¡Por supuesto! ¡Ya lo verás! — Y sin esperar más, dio dos fuertes golpes en la puerta.

Asami podía escuchar la música procedente del interior, no era la que esperas escuchar en una isla con semejantes características, pero tampoco desentonaba. Era perfecta para una celebración familiar como la que se estaba llevando a cabo.

No pasó mucho tiempo para que la puerta se abriera y un joven se dejase ver. El chico era bastante peculiar, era atractivo y no podía pasar más de los treinta años, sus ojos grandes y grises tenían una mirada cálida y aniñada; como varios en la isla, portaba una flecha en su cabeza calva y una barba ligera adornaba su rostro. El hombre abrió la boca para decir algo, pero antes de poder hacerlo, Naga dio un ladrido y de inmediato se abalanzó al chico, logrando derribarlo, y comenzó a lamerle el rostro con alegría.

Las risas que se escucharon tanto por parte de Korra como de aquel joven eran alegres, e incluso Asami llegó a reír un poco tras su mano por lo contagiosas que resultaban ser.

— Korra, detén a tu perro. — Pidió el chico entre risas.

Sólo le bastó a Korra dar un silbido para que la gran y alegre Naga se sentará obediente pero aún mostrando signos de agitación, como la lengua de fuera y su respiración agitada. Una vez libre del peso que Naga imponía sobre él, el joven de gris mirar se levantó del suelo y sacudió sus ropas antes de darle un caluroso abrazo a la morena.

— Hey, Korra. Me alegra que vinieras. — Le dijo.

— Sabes que no me pierdo las parrilladas por nada. Además, traje a alguien. — Se separó del abrazo para señalar con la mirada a Asami, quien puso la mejor de sus sonrisas.

— Asami Sato, mucho gusto. — Y estiró la mano para saludar, pero no pudo pasar por alto el ligero sonrojo que se originó en las mejillas del chico, haciendo que luciera adorable.

— Aang Wyght. — Respondió estrechando su mano. — Es un honor tenerla aquí en la isla.

— El honor es todo mío. — Replicó Asami. — Korra me ha dicho lo importante que es para ella y lo mucho que ha hecho para ayudarla. Es usted una persona espectacular.

— No fue nada, le he dicho a Korra muchas veces que sólo hice lo correcto. — Añadió con una mano en su nuca. Ahora entendía Asami de dónde la chica a su lado había tomado el gesto. — Y no me hable de usted, por favor. Sólo tengo veintisiete años. — Añadió riendo.

— Muy bien, pero sólo lo haré si tú tampoco me hablas tan formal.

— Tenemos un trato. — Respondió alegre.

Conocer a Aang definitivamente no había representado ninguna desilusión, el chico era justo como se lo había imaginado, y estaba sumamente complacida por la bondad que él emanaba, así como el buen humor y amabilidad que hacía gala de poseer. De verdad quería llegar a conocer al maravilloso ser que se encargó de Korra en sus más bajos momentos y aun así lograr terminar sus estudios.

Justo eso estaba pensando cuando de la nada un curioso niño no más grande de cinco años comenzó a trepar con habilidad y rapidez el cuerpo de Aang, quien ni se inmutaba, hasta llegar a sentarse en sus hombros y, para sorpresa de la francesa, comenzar a mordisquear su calva cabeza.

— Hola, tú. — Lo saludó Korra, llamando la atención del niño. En cuanto el pequeño vio a Asami, su rostro se tornó más rojo de lo que había estado.

— Wow, qué agilidad. — Dijo Asami. — ¿Cómo te llamas, pequeño?

Si de por sí la mujer de ojos esmeralda estaba sorprendida, lo estuvo aún más al ver al pequeño dar una voltereta para aterrizar perfectamente en el suelo, justo frente a ella.

— ¡Yo soy el gran Meelo! — Exclamó con una seguridad increíble. — Bienvenida a mis dominios, hermosa mujer. — Y dio una exagerada reverencia que hizo reír a Asami de ternura.

— ¡Tío Aaaaaaang! — Se escuchó a lo lejos junto con unos pasos que se acercaban rápidamente. Al poco rato, una simpática niña con coletas peculiares salió detrás de Aang y lo tomó del pantalón. — Tío Aang, ¿Podría servirme papas fritas en un tazón aparte?

— Por supuesto que puedes. — Le respondió palmeando su cabeza con cariño. — ¿Pero qué te parece si primero saludas a las recién llegadas?

La pequeña giró para ver de quién hablaban y cuando su mirada se topó con Asami no pudo evitar dar un gritito emocionado y luego un par de saltitos que provocaron que la francesa de cabellos negros riera un poco más.

— ¡No puedo creerlo! ¡Eres Asami Sato! Yo soy Ikki, ¿Qué haces aquí? ¿Vienes con Korra?, ¿Vas a quedarte?, ¿Quieres papas fritas? ¿Sabías que Korra no deja de hablar de ti...?

— Ikki, cállate. — La interrumpió Korra con un sonrojo en sus mejillas. Lucía bastante incómoda, pero a Asami no le molestó, al contrario, se sentía feliz al saber que la morena había estado hablando de ella.

— Pasen, por favor. — Aang se hizo a un lado para que las dos chicas entrarán al lugar. — Korra, ¿Por qué no le presentas a Asami a todos para que se sienta como en casa?

— En seguida. — Hizo una graciosa pose de militar. — Vamos, 'Sami.

La morena tomó a la actriz de la mano para conducirla hacia el patio, sin embargo, cuando ambas manos se unieron, la mujer de ojos verdes sintió una descarga eléctrica justo en esa parte, que lejos de molestar daba el efecto contrario, ¿Qué tan enamorada podía estar de Korra como para que un simple toque le hiciera sentir tantas cosas?

Uno por uno, Korra comenzó a presentarle a toda la gente que había reunida ahí, los cuales no eran pocos. Asami tuvo el placer de conocer a Tenzin y a Pema, padres de los dos pequeños niños que no dejaban de seguirla preguntando cosas, así como a Jinora, la hermana mayor de los mismos. También estaba el abuelo Gyatso, un agradable y adorable hombre mayor cuya sabiduría se permitía ver en sus ojos. Conoció a los BeiFong, familia adoptiva de Kuvira; mientras que Lin era bastante seria y muy militar, Toph era bastante desinhibida y tenía un humor ácido, Asami creyó que era realmente remarcable lo mucho que había logrado a pesar de su discapacidad.

Por otro lado, Suyin era bastante más alegre y femenina que las otras dos, una mujer madura que parecía haber vivido su adolescencia al máximo al igual que Opal, su hija. Conoció a Kya, hermana de Katara y novia de Lin, una mujer realmente peculiar que contrastaba bastante con su pareja, pero que se llevaba sorprendentemente bien con ella. Los chicos de la banda también estaba ahí, por lo que saludaron a Asami calurosamente.

Cuando tocó el turno de la familia de Zuko fue cuando se dio cuenta que había gente de las cuatro grandes naciones reunidas aquí. Aunque su familia era corta, pudo notar que era bastante unida. Consistía del famoso tío Iroh del cual Korra también había hablado, un hombre tan bonachón y alegre como sabio e inteligente; su hermana, Azula, le pareció bastante peculiar, teniendo un carácter fuerte y sarcástico que bien podía ser encantador, según decía su novia TyLee.

— Hola a todos. — Se escuchó una voz a sus espaldas mientras hablaban animadamente con Iroh.

El dueño de aquella voz se acercó hacia donde estaban y comenzó a saludar a sus conocidos.

Debía admitirlo, el hombre era realmente apuesto. Tenía unos ojos ámbar de mirada intrínseca, una sonrisa realmente encantadora y llena de aperlados dientes. Su peinado era perfecto y Asami podía calcular que tenía, cuanto mucho, cuarenta años.

— ¡Pero si ya llegó mi sobrino favorito! — Exclamó Iroh antes de darle un cálido abrazo al hombre de ojos ámbar.

— Todos somos tus sobrinos favoritos, tío Iroh. — Replicó Azula, cruzándose de brazos.

— Es que no puedo evitarlo, los quiero muchísimo a todos. — Dijo antes de soltar una risotada. — Asami, él es mi sobrino mayor. Su nombre es Iroh II.

— Un placer, Asami Sato. — Y al igual que con Aang, le tendió la mano como saludo. Cuánta fue su sorpresa cuando Iroh II la tomó con delicadeza para plantar un pequeño beso en ella.

— El placer es todo mío. — Respondió regalandole una mirada y una sonrisa que hizo sonrojar levemente a Asami.

Un carraspeo molesto se escuchó a su lado. Korra miraba con las cejas fruncidas la escena, irritada porque no la hayan saludado... Al menos, eso creyó Asami.

— Korra, qué gusto verte. — Iroh II se acercó a saludar a la morena con un fuerte apretón de manos que Korra correspondió. ¿Era imaginación de Asami o la rockera lo había recibido con más fuerza de la debida?

— Hey. — Aquel saludo salió tan seco que bien pudo volver un desierto a la selva Lacandona.

— Bueno, ¿Y de qué hablaban? — Quiso saber Iroh II poniéndose en medio de Asami e Iroh.

— Le contaba a Asami sobre cuando estuve en Ba Sing Se por segunda vez. — Respondió el hombre de barba graciosa. — El té de ese lugar no era nada bueno... ¡Parecía más jugo de hojas caliente! Y un buen día, decidí que ya era tiempo de que la gente supiera lo que una buena taza de té podría lograr, así que decidí abrir mi propia tienda de té El Dragón de Jazmín.

— ¿Usted es el dueño de El Dragón de Jazmín? — La actriz sí que estaba sorprendida, cada que iba a Ba Sing Se era obligatorio pasar por aquella tienda por un buen té.

— Sí, mi tío es el dueño. Yo mismo solía trabajar ahí antes de enlistarme al ejército. — Añadió Iroh II.

Durante un rato, los tres siguieron conversando bastante animados sobre diversas cosas; libros, música, pai sho, cultura en general... La plática estaba siendo amena y enriquecedora para Asami, sin embargo, no podía evitar notar que Korra no participaba mucho. Estaba bastante callada y, por más que alguno de ellos tratara de meterla en el tema, simplemente contestaba algo breve y seco para luego seguir en silencio. La francesa estaba tan al pendiente que fue la única que notó como, de un segundo a otro, Korra se tensó mientras miraba a un punto fijo.

Decidió voltear a ver qué tenía a su amiga así, y cuando lo hizo comprendió todo.

Aang venía sonríente de la mano de Katara, quien sin demora comenzó a saludar a todos. La cosa es que no sólo venían ellos dos tomados de la mano. Sólo la había visto una vez en el celular de Korra y otra en una fotografía en el cuarto de la misma, pero esas dos veces fueron las suficientes para reconocerla. Yue había llegado y no sola, venía con su prometido.

El chico no era feo, tenía un corte de cabello algo extraño, pero que le quedaba bastante bien. Sin embargo, no entendía cómo pudo dejar a Korra por él... Debía amarlo demasiado o tener una excelente personalidad.

Poco a poco, el cuarteto se fue acercando a donde ellos estaban. Yue y su prometido veían realmente asombrados a Asami, como si estuvieran viendo algo genial. Miró de reojo a Korra, lucia tan incómoda y nerviosa que le dieron ganas de tomar su mano para mostrarle apoyo, pero no pudo hacerlo, pues la pareja causante de todo ya había llegado.

— Hola, Korra. — Saludó tímidamente Yue, dirigiéndole una sonrisa apenada y dulce a la vez.

— Hey, Yue... Sokka... — El muchacho hizo una mueca graciosa.

— Hola.

— Chicos, quisiera presentarles a Asami Sato. — Korra señaló con la cabeza a la francesa, quien les sonrió lo mejor que pudo.

— Mucho gusto.

— Oh, créeme, sé perfectamente quién es usted. — La declaración de Yue sorprendió a la actriz.

— ¿En serio?

— ¡Sí! Soy una gran admiradora del cine francés, en especial de sus películas. Se podría decir que soy su fan. — Aceptó nerviosa. Vaya ironía.

— Me alegra que te gusten...

Usualmente solía ser más sociable con sus fans, pero tenía enfrente a la misma Yue, aquella que lastimó a Korra, y por la cual la vocalista moría. Seguramente no lo había hecho a propósito, pero la tensión se podía sentir claramente en el ambiente.

— ¿Entonces viene con Korra? — Preguntó sin ninguna doble intención aparente.

— Sí, viene conmigo. — Habló Korra acercándose más la francesa.

— ¿Cómo se conocieron? — Sokka había decidido ser partícipe de la conversación con aquella pregunta. La mirada azul y la verde se encontraron con complicidad para posteriormente sonreír.

— Bon, esa es una interesante historia...

Así fue como Asami comenzó relatando aquella ocasión en la que Korra la salvó de una muerte segura, continuó con un debate sobre lo que la frase salvar la vida significaba entre ella y la morena de ojos claros y terminó extrañamente en anécdotas contadas por Yue sobre Korra que hacían que la mencionada se sonrojara de vergüenza y que los tres restantes rieran divertidos.

—... Y entonces se asustó tanto que arrojó el bote de las palomitas, el cual le cayó al señor de atrás. — Nuevamente las risas de Yue, Sokka y Asami se escucharon.

— ¡Yue! ¡Eso nadie lo sabía! — Le recriminó una muy mosqueada Korra mientras hacia un puchero gracioso.

— Oh, mon chèri, debiste verte adorable.

— Es comprensible, fue su primer película de terror después de todo... — Yue iba a continuar hablando, pero fue interrumpida por Pema, quien parecía buscar a alguien.

— Disculpen, chicas... ¿No han visto a Iroh II? — Les preguntó.

— Estaba aquí hace unos momentos. — Señaló Korra. — Debió irse sin que lo notaramos. ¿Para qué lo necesitabas?

— Sucede que se acabó el jugo de uva y quería que me ayudara a traer el jarro que está en la bodega, ya que está grande y pesado, pero...

— Oh, yo puedo ir por él. — De inmediato se ofreció la rockera.

— ¿Estás segura, Korra? Puedo decirle a cualquiera de los chicos.

— Ay, vamos, Pema. Sabes que puedo con ello. — Se cruzó de brazos con una sonrisa socarrona en el rostro.

— Bien, ya sabes dónde es. — Aceptó luego de un rato.

— Te acompaño. — Asami se extrañó de que la morena de blancos cabellos decidiera acompañar a Korra, pero no dijo nada.

— Vale... — Y no fue la única, por lo visto, a Korra también le sorprendió. — Ya vuelvo, 'Sami.

— Claro.

Las dos chicas de ojos azules comenzaron a alejarse ante la atenta mirada de Sokka y Asami, la cual no podía evitar sentirse intranquila.

— Momentos como éstos hacen que me sienta inseguro. — Habló Sokka sorprendiendo a la francesa.

Pardon?

— ¡Oh! Lo siento. — Dijo como si se hubiera dado cuenta de su error. — Es solo que yo... Bueno, no creo que cause algún daño si te lo cuento a ti. — Se encogió de hombros antes de continuar. — No sé si lo sepas, pero esas dos son ex-pareja.

— ¿Ah, sí? — Oh, por supuesto que lo sabía.

— Sí. Fueron realmente muy unidas hasta que un día inexplicablemente terminaron. — Torció la boca. — Yue estaba devastada, yo mismo sequé sus lágrimas todas las noches. — Aquello comenzaba a interesarle a Asami.

— ¿Les dijeron por qué terminaron? — Sokka negó con la cabeza.

— Nunca quisieron hablar de ello. Al final, Yue y yo comenzamos a salir, e incluso aceptó casarse conmigo... Eso quiere decir que me ama, ¿No? — Miró a la mujer de piel de porcelana como si esperara una respuesta sincera.

— Por supuesto. — Le dijo no tan segura y él pareció notarlo.

— Sin embargo — Continuó. —, hay veces donde Yue muestra que, tal vez, no la ha olvidado del todo. A veces la sorprendo mirando viejos álbumes de fotos y, cuando se da cuenta que llegué, los cierra de inmediato. — Agachó la cabeza con pesar. — Otras veces mira a Korra de una forma especial y sonríe sin razón, o pequeñas cosas así... Tal vez todo sea mi imaginación, pero igual no me puedo estar tranquilo.

— ¿Has hablado con Yue sobre esto?

— Sí, pero ella siempre me asegura que veo cosas en donde no las hay. Dice que a veces la mira así porque está orgullosa de lo mucho que ha avanzado desde que la conoció… ¿Sí sabes que Korra...?

— Sí, estoy al tanto. — Cerró los ojos para tratar de suprimir el recuerdo de las cicatrices de la chica.

— Pues ella dice que es por eso y yo quiero creerle.

Después de esa declaración, ambos quedaron en silencio. Asami ya no sabía qué más decir y, al igual que Sokka, trataba de creer con todas sus fuerzas la excusa anterior, ya que en el momento en que comenzaba a dudar un dolor opresor se instalaba en su pecho. No quería ni imaginar la posibilidad de que Korra y Yue volvieran a estar juntas. Por suerte para ambos, Aang llegó al poco rato con su sonrisa amable y un delantal blanco con un dibujo muy tierno de un lemur para romper la tensión.

— Sokka, Asami, la carne ya está lista, por si quieren pasar a comer. — Anunció. — También hay verduras asadas que yo mismo hice, por si no comes carne. — Eso iba más dirigido a Asami que a Sokka.

Merci beaucoup, Aang.

— No, gracias. Me quedo con más carne. — Y sin otra palabra por decir, Sokka se apresuró a la zona donde Zuko se encargaba de cocinar las hamburguesas y demás.

— ¿No tienes hambre? — Preguntó el joven de ojos grises.

— Oh, voy a esperar a que venga Korra. — Dijo la actriz mientras miraba el camino por el que se había ido la mencionada justo a tiempo para ver a la nombrada y a Yue llegar con el enorme jarrón con jugo y ponerlo en la mesa, posteriormente se unieron a ellos.

— ¿Te hice esperar mucho? — Le preguntó Korra a Asami en cuanto estuvo frente a ella.

— No, para nada. — Aquello pareció relajar a la vocalista.

— Disculpen, ¿A dónde fue Sokka? — Yue comenzó a buscarlo con la mirada.

— Está por allá babeando sobre la carne. — Señaló Aang con un ligero movimiento de cabeza hacia la dirección donde Sokka, literalmente, hacia lo que el joven había dicho.

— Ya lo vi... — Dijo Yue ligeramente apenada. — Bueno, fue un honor conocerla, Asami.

— Igualmente, Yue.

— Si me disculpan... — Dijo esto y comenzó a caminar en dirección a su prometido.

— ¿Tú ya comiste, 'Sami?

— No, te estaba esperando para comenzar.

— Bueno, pues ya estoy aquí. — Hizo una mueca graciosa que hizo sonreír a la francesa. — Vamos a la mesa.

Caminaron hacia el lugar donde estaban las mesas con comida, que era casi a lado de donde Zuko cocinaba la carne. Asami se decidió por hacerle caso a Aang y servir un poco de verduras en su plato antes de elegir la carne. Se sorprendió de la variedad que había ahí, tanta que podía decir que incluso Korra había puesto carne de su propia reserva, la cual guardaba en el refrigerador, hasta reconoció un buen pedazo de top sirlon que definitivamente tenía que ser suyo.

— Me encanta el top sirlon — Le comentó a Korra. —, y más si viene acompañado con una salsa bordelesa.

— Me alegra que alguien piense lo mismo que yo. — Al levantar la mirada reconoció a Iron II, el hombre maniobraba bastante bien sobre su mano derecha una enorme bandeja cuyo contenido no tardó en poner sobre la mesa. Pronto, cinco cuencos de diferentes salsas reposaban a lado de los alimentos. — Me tomé el tiempo de hacer varias salsas — Explicó. —, tenemos la Chermoula, chimichurri, romesco, puttanesca y, por supuesto, la salsa bordelesa.

— Increíble, Iroh II. — Lo halagó Asami claramente impresionada. — ¿Dónde aprendiste a hacerlas?

— Fue durante mis primeros años de servicio en el ejército. — Comenzó a decir. — Un asunto nos tuvo viajando por toda Europa, así que aproveché y comencé a aprender cosas diferentes en mis tiempos libres.

— ¿En qué parte de Europa estuviste?

— Bueno...

— Iroh II. — Lo interrumpió Pema saliendo prácticamente de la nada. — Disculpa que te moleste de nuevo, ¿Pero podrías ayudar a los chicos a traer la demás comida, por favor?

— No se preocupe, Pema. — Respondió caballeroso. — Si me disculpan. — Y dicho esto, se dirigió a la cocina para ayudar.

— No se hubiera molestado. — Refunfuñó Korra una vez Iroh II estuvo fuera de su vista.— La salsa clasica en cualquier parrillada es la bbq, y así debió quedarse. — La francesa parpadeó confundida, Korra parecía verdaderamente molesta.

— Vamos, chèri, deberías darle una oportunidad a las demás salsas. — Insistió, no queriendo preguntar qué la tenía tan enfadada.

— No. Nunca. — Y con un puchero y el ceño fruncido, tomó una costilla y comenzó a bañarla en salsa bbq. Antes de que pudiese metersela a la boca, Asami decidió intentar algo.

— ¿No la probarías ni por mí? — La cara de sorpresa que se dibujó en el rostro moreno rápidamente fue sustituida por una de claro conflicto mental. Pero, para sorpresa de la actriz, Korra decidió hacerle caso, prueba de ello fue que abriera la boca era en dirección a Asami.

Korra quería que fuese Asami quien le diera de comer.

Tal gesto no hizo más que sonrojar a la actriz y que una sonrisa de ternura se dibujara en sus rojos labios. Con paciencia, cortó un pedazo de carne de su plato y lo cubrió con la dichosa salsa para, posteriormente, dirigirlo a la boca de Korra, poniendo la mano abajo para evitar que la salsa ensuciara otra cosa.

La cara de completa indiferencia que tenía Korra mientras degustaba la carne le hizo pensar que, tal vez, la morena no se sorprendía fácil; pero eso cambió rápido, ya que en cuestión de segundos, Korra abrió los ojos tan grandes como pudo, mientras que estos brillaban graciosamente, cosa que le sacó una limpia risa a la francesa. Le había gustado y mucho. Pero la rockera de ojos zafiro era muy orgullosa cuando quería, así que se obligó a contener ese gesto y con indiferencia, añadió.

— Prefiero mil veces la bbq.

Terminó de decir eso y, de la nada, comenzó a comer... Mejor dicho, comenzó a devorar su costilla con prisa. Aquella acción no hizo más que agrandar la risa de Asami.

— Ya te ensuciaste toda la cara, Korra. — Señaló mientras tomaba una servilleta. Las manos morenas de la chica también estaban llenas de salsa, así que Asami decidió limpiar aquel rostro con libertad. Korra se sonrojó un poco por el acto y luego sonrió, dejándose atender.

Durante un muy buen rato, ambas gozaron de la compañía de la otra; mientras comían, aprovecharon y comenzaron a hablar de todo un poco, riendo mucho de tonterías que Korra decía y, a veces, conociendo a gente nueva para Asami que iba llegando, como el Sr. Bumi o el adorable y encantador Rohan. Todo estaba resultando espectacular, la francesa se estaba divirtiendo demasiado y, aunque no lo admitiría, tener la completa atención de Korra era mejor de lo que creía. Por supuesto, eso no iba a durar mucho. Todo tenía que ser arruinado por nada más y nada menos que Yue.

— ¡Korra!, ¡Korra! — La chica de cabellos de Luna llegó bastante animada. — Aang dice que el karaoke ya está instalado y todos quieren que seas tú quien lo inicie.

— Eh... Yo... — Korra miró a Asami como si no quisiera irse, pero Yue no le dejó opción.

— Rápido, Ko. — Tomó la mano de la morena y comenzó a correr rumbo a una plataforma en medio del jardín, llevándose a Korra con ella.

Sin embargo, hay veces donde Yue muestra que, tal vez, no la ha olvidado del todo...

Esas palabras retumbaron en su cabeza desde el momento en que Yue había tomado la mano de su... Amiga, las cuales de inmediato la hicieron sentir de una forma bastante extraña. Más pronto que tarde se dio cuenta que ese sentimiento se traducía a molestia. Ella misma había visto como Korra sufría por Yue, no era justo lo que la chica estaba haciendo ni para Korra ni para Sokka, si tanto la ama, ¿Por qué se comprometió entonces?

Por obligación.

Sí, eso había dicho Korra aquella vez en el auto cuando la recogió del parque... Asombroso, eso la hizo sentir peor. Decidió sacudirse esos pensamientos y caminar hacia donde estaban Aang y Katara, sentandos a una distancia prudente de la plataforma.

— Hola. — La saludaron cuando llegó a su lado.

— Hola.

— Hey, probando, probando. ¿Me escuchan? — La voz de Korra salió de los altoparlantes, llamando la atención de todos. — Ok, tomaré eso como un sí. Bien, como saben, una vez al año Tenzin nos deja hacer una pequeña parrilla para convivir entre todos. Es una tradición que nos ha unido y que nos ha permitido hacer algo de escándalo en la isla. Entre esas tradicionales cosas que hacemos, está el karaoke... Así que, esta vez, me toca iniciarlo yo... ¡Dale!

Varios aplausos y gritos de apoyo y demás cosas se dejaron oír mientras la música comenzaba, la verde mirada de Asami estaba completamente puesta en Korra, quien lucía diferente ahora. No sabía por qué, pero la morena se transformaba en su totalidad cuando estaba en un escenario tras un micrófono. Era asombro.

Clouds that fill my mind

Spill and tumble,

Intertwined with flashes of your fire eyes

That heat the core of my insides

Comenzó a cantar Korra. Su voz estaba siendo asombrosa como siempre, cada vez que la francesa la escuchaba cantar, su corazón palpitaba diferente... No podría explicarlo, porque jamás le había pasado antes.

That I get sent from you,

It stings me like a new tattoo... Uh uuh

Tell me, tell me, I'm not crazy

Cause my vision's blurry

Eyes are hazy

Is this real or not?

Take a shot...

— Ah, Heffron Drive. — Habló de pronto Aang.

Pardon?

— La canción que está cantando es de una banda llamada Heffron Drive. — Explicó. — Buena música, comenzó a gustarme por culpa de Korra y Yue. Esas dos escuchaban esa banda todo el tiempo cada vez que estaban juntas. Se podría decir que esas canciones son el soundtrack de sus aventuras.

Genial. Lo que le faltaba. ¿Qué seguía ahora? ¿Le iban a enseñar las fotos de ellas dos en una pantalla plana gigante salida de la nada?...

Ok, estaba exagerado, lo sabía, pero todo el asunto comenzaba a molestarla y a lastimarla también. Sentía dolor por el hecho de que Korra seguía queriendo a Yue, que no podía olvidarla... Estaba pensando mucho en eso, tanto que no pudo evitar dar un pequeño brinco cuando sintió una mano posarse en su hombro.

— Korra es una chica realmente talentosa, ¿Verdad? — No tuvo que voltear para saber que era Iroh II. La francesa asintió, sin despegar su mirada de Korra.

— Sí, estoy orgulloso de lo que ha logrado. — Dijo Aang.

— Y todo gracias a ti, amor. — Añadió Katara, besando la mejilla del joven.

— Fue gracias a todos, nosotros pudimos ayudarla un poco en los momentos que nos necesitaba...

— Sí, tienes razón. — Y comenzaron a besarse... Bastante, a decir verdad. Tanto, que comenzaron a incomodar a Asami... Bueno, tal vez sea porque lo de Korra no la tenía de ánimos, de todas formas la incómodo.

— Disculpa, Asami... ¿Querrías acompáñame a dar un paseo? — Y, al parecer, no fue a la única.

¿Debería ir a pasear con él?... No lo pensó mucho, no se iba a quedar ahí sintiendo como cada estrofa cantada por Korra le hacía una grieta en su corazón. Así que le dio una última mirada a la rockera y se levantó de su silla.

— Vamos.