¡Hola chicooooooos! Gracias por la espera. Me alegra saber que siguen leyendo y que les sigue gustando.

Como saben, mi Tumblr es Alexandralabhont, por si quieren seguirme o que les responda preguntas. Gracias por todo. Ahora procederé a responder reviews.

YOLO: Ya actualicé xD Gracias por la espera.

Alondra: Hahahaha gracias, me alegra que te guste. Espero que éste capitulo no sea la excepción.

Guest: Ya lo subí, espero te guste :3

Afrody24: Sí, así es. Sólo lo necesito para un rato, a mí tampoco me gusta el papel de Iroh II aquí, pero es necesario… Eso creo. Disfruta de este capi.

Liz: Ya, ya xD Aquí está la conti. Gracias por seguir el fanfic y leerlo :3

Keren: Gracias por tu review :3 Y el beso… no vas a leer EL beso en este capitulo, pero pronto lo harás. Gracias por leer.

Tc: Hahahahaha gracias, me alegra que te esté gustando. Espero que este capitulo te guste también y, sobre Iroh, me temo que aún no puedo sacarlo. En cuanto pueda, lo haré. Gracias de nuevo por tu review :3

Yo: :3

Sin más preámbulo, aquí el fanfic.

Los personajes no me pertenecen. La historia sí.

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Para cuando abrió los ojos de nuevo, se encontraba en una habitación bastante extraña. Todo se movía, y su cerebro no fue capaz de asimilarlo del todo bien; no conforme con eso, se sentía idiota. Miró hacia el piso, éste tenía ondas negras que se movían levemente sobre una superficie blanca. Lo que parecían ser ventanas y lo que veía más allá de cierto punto era nítido y borroso, pero lo peor de todo era su muy notorio problema para respirar por la nariz. Algo obstruia la entrada de aire, ¿Pero qué? Tenía que averiguar, y la mejor forma era tocando. Sin embargo no contó con un pequeño problema: Había olvidado dónde estaba su nariz.

Comenzó a tantear su cara, aunque no estaba del todo segura que lo fuera, pues no sentía nada. Estaba tan cerca de encontrarla cuando una melodiosa y preocupada voz llamó su atención.

— ¿En que rayos estaba pensando cuando decidió hacer semejante tontería? — Y en vista de que nadie estaba ahí más que ella, decidió contestar a eso.

— "Mierda, mierda, mierda..." ¡Pum! — Dijo en voz alta.

Cuando la persona con aquella voz escuchó la de Korra, se volteó de inmediato, de estar viendo a una de las ventanas a la vocalista. Y fue cuando Korra lo notó: Había un ángel en su cuarto.

Sus cabellos eran negros y ondulados, su mirada comparable con esmeraldas que brillaban de forma inimaginable, y un aura blanquecina la rodeaba. Era preciosa.

— Dime, ¿Estoy en el cielo? — El ángel pareció confundido.

— No... — Dijo, con cuidado.

— Entonces tú debes ser mi ángel guardián... ¡Eres hermosa!

— Y tú estás sedada. — Aquello hizo reír a Korra, de forma tonta e infantil. — ¿Qué es tan gracioso?

— "Sedada" es gracioso. Tiene una "S" y dos "d". — Sí. Era muy gracioso.

— Estás diciendo muchas incoherencias, Korra. — Le informó.

— Eres muy hermosa. — Volvió a decir, ignorando por completo lo dicho. El ángel se sentó a su lado, y con mucha paciencia comenzó a hablar.

— Durante tu... kamikaze bribonada, chocaste contra la parte superior de la rampa. Gracias al cielo, sólo te causó una lesión en la nariz. No es grave, sin embargo, hay un tratamiento que debes seguir...

Y si le preguntaras a Korra, te darías cuenta de que no escuchó nada de lo que aquellos labios rojos estaban diciendo, su atención, por otro lado, estaba más enfocada en otra cosa; por ejemplo, la textura de estos, los movimientos que realizaba para articular una palabra... Pero lo que más le intrigaba, era el sabor. ¿Fresa?, ¿Cereza?... Tenía que averiguarlo. Así que comenzó a maquinar un plan coherente y lógico para lograr besarla, sin embargo, el cerebro de una chica sedada era todo menos coherente y lógico...

— Disculpa... — La llamó, interrumpiendo su plática.

— ¿Sí?

— ¿Qué forma tienen tus párpados? — La cara que puso dicho ángel dio a entender que eso no tenia sentido para todos menos para la morena.

— ¿A qué te refieres con la forma de mis párpados? — Preguntó, tratando de hallar la razón oculta a tal pregunta.

— Quisiera ver la forma de tus párpados. Eso. — El ángel alzó una ceja.

Bon... Cerraré los ojos... — No muy convencida, hizo tal y como había dicho. Fue ahí donde Korra vio su oportunidad de oro y, tomándola del cuello, la jaló hacia sí y pegó sus labios con los de ella en un beso torpe y un tanto agresivo.

— ¡Auch...! — Exclamó la vocalista. Dicho beso había logrado que le lastimara la nariz. Dándose cuenta de esto, el ángel se levantó de su asiento cerca de la camilla.

— Iré por Aang. — Anunció antes de salir del cuarto.

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Korra despertó una segunda vez, empero, no era consciente de que ya había despertado una primera vez; de hecho, no recordaba haber hecho lo que hizo. Sólo sabía que sentía toda la cara adormecida, cosa que le parecía incómoda. Sentía que en cualquier momento su quijada se iba a abrir y escurrir saliva... Si no es que ya lo estaba haciendo.

Decidió, poco a poco, abrir los ojos. Al inicio, una luz la molestaba y la obligaba a cerrarlos, pero de pronto cesó, haciéndola retomar la tarea con seguridad sólo para toparse con la cara de Bolin, quien la miraba muy de cerca. Aquello hizo que la vocalista abriera los ojos de golpe y soltara un gritito extraño.

— ¡Koooorraaaaa! — Exclamó efusivo Bolin, sonriendo aliviado y ahogando a la mencionada en un abrazo.

— Ugh... Hola... Bolin. — Articuló con dificultad con una voz nasal. De repente, la expresión del de ojos verdes cambió.

— ¡No vuelvas a ser así de descuidada! — Añadió, ceñudo.

— Ya, Bo. Deberíamos dejarla descansar. — Habló Mako. Fue cuando Korra se dio cuenta que no estaba únicamente Bolin ahí.

Toda la banda estaba en el cuarto. Katara, Zuko, Kuvira, los hermanos, Asami y un molesto Aang.

Estaba en problemas.

— Nos alegra que estés bien, Ko. — Zuko dijo comprensivo.

— Gracias, Zuko. — Respondió ella.

— Hablaremos en otro momento. – Habló Katara, Korra no abrió la boca. Sí. Le iba a ir mal.

— ¡Hemos estado aquí un buen rato esperando a que despiertes! — Comentó Bolin.

— Y ahora que lo ha hecho, será mejor que nos vayamos. — Señaló Mako. – Se está haciendo tarde.

— Sí, tienes razón. — Kuvira miró la ventana, el cielo oscurecido secundaba la palabra del chico de ojos ámbar.

– ¿Entonces se van?

— Tenemos qué. — La chica del lunar se acercó a darle un beso en la sien. — Iremos a visitarte pronto.

— De acuerdo. Con cuidado, chicos. — La morena se levantó un poco de su camilla, y uno a uno comenzó a despedirse de sus amigos, hasta que sólo quedaron Aang, Asami y ella.

La habitación estaba en silencio, se podía sentir la tensión de tal modo, que Korra creía ser capaz de cortarla. Ninguno de los tres hacia un intento por romper aquello, y la vocalista se limitaba a mirar atentamente cómo sus manos doblaban el borde de su manta.

— Asami — La voz del muchacho llamó la atención de ambas. —, ¿Podrías tomar las llaves de Appa? Te será más fácil transportar a Korra en él. Yo llevaré a Naga,

— Por supuesto, ¿Dónde la has estacionado?

— Está en el mismo lugar que estacionó a Naga. Si fueras tan amable...

— Claro. — Y sin mirar hacia la camilla, se limitó a salir de la habitación, dejando a los primos solos.

— ¿En qué estabas pensando? — A pesar de que no estaba gritando, algo en su voz indicaba que era un regaño. — Me prometiste que no ibas a entrar al Estado Avatar.

El Estado Avatar. Una clave que ellos inventaron para cuando querían hacer piruetas o trucos muy osados en autos y hacer que una muy buena cantidad de adrenalina corriera por sus venas.

— ¿Por qué lo hiciste, Korra? Y quiero la verdad.

— ¿Cuándo te he mentido? — Esperó un momento, tratando de encontrar palabras adecuadas para empezar. Sin embargo, no las encontró. — Todo es por Iroh II. – La mirada de Aang dio entender que no sabia a qué se refería. — Siempre que íbamos a algún lado, estaba él ahí como un maldito acosador. ¡Toda esta semana! Y por si eso fuera poco, se acaparaba toda la atención de Asami sin esfuerzo alguno... — Bajó la voz. — Y cuando lo vi aquí, bueno... Simplemente quería su atención en mí.

— Acosa...— Ni siquiera termino la palabra. —Korra, ¡Él sólo estaba vacacionando! — Comenzó a aclarar. — Lo de los perros fue por ayudar a los habitantes de la isla a llevarlos al veterinario. Los pobres fue en sustitución al abuelo Gyatso, estaba muy cansado para ir él mismo. Y había recibido la invitación del dueño del restaurante desde que arribó.

— ¿Cómo lo...?

— Tiene una agenda planificada desde hace ya tiempo. Además, nos contó que se topó con ustedes todas las veces.

— ¿Y lo de aquí?

— Yo lo invité. — Korra iba a reclamar, pero Aang la interrumpió. — Sin embargo, eso no te da derecho a hacer lo que hiciste y no voy a olvidarlo tan fácil. Fue una tontería que lo hicieras simplemente para llamar la atención de Asami, ella pasó por un muy mal trago por tu causa.

— Eso creo. — De pronto se sentía bastante culpable.

— A la próxima, recuerda que hay mejores y menos inmaduros métodos. — Sabía que tenía razón, por eso fue lo último que se dijo del tema.

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.

.

Durante todo el camino al departamento de Korra, el silencio reinó. Por obvias razones, Asami iba tras el volante de Appa, mientras que Korra la miraba de vez en vez. La francesa lucía tensa, y seria. Probablemente estaría guardandose el regaño para cuando estuvieran en casa, pero Korra no podía aguantar más, su silencio, de alguna manera, le dolía mucho más que cualquier reprimenda que pudiera darle.

— Ya, dilo. — Se forzó a hablar.

— ¿Qué cosa? — Fue seca.

— Ya sabes... — Movió las manos, como si le ayudara a buscar las palabras adecuadas. — Regañarme por lo que hice.

— No tengo porqué. Ya estás grandecita, sabes lo que haces. — Decir que eso no le había dolido, sería mentir. Se sintió como un golpe seco en el corazón. Ninguna habló durante todo el camino; Asami conducía con una expresión dura y Korra miraba la ventana, sintiéndose mal.

Asami no durmió con Korra esa noche. La rockera no sabía si era porque estaba enojada con ella, o porque la excusa de "ir a preparar la casa para los niños" era cierta. Esperaba que fuera la última. A pesar de todo, la mujer de cabellos cual noche se aseguró de que tomara sus medicamentos para el dolor, se preparara para dormir y que se acomodara adecuadamente en la cama. Todo en completo silencio. Únicamente hablaba para preguntarle si la lastimaba al hacer ciertas cosas, o instrucciones necesarias.

Así que ahí estaba, con los brazos cruzados debajo de su mejilla, ya estaba acostada boca abajo. Se sentía atontada por las pastillas, cansada y, sin embargo, no pudo conseguir cerrar los ojos por más tiempo de lo que dura un parpadeo. Su mente no dejaba de reproducir lo sucedido con Asami.

No se iba a quedar con los brazos cruzados. Ella no era así. Decidió que al día siguiente iría a casa de la familia, no sólo a ver a los recién llegados, sino para hablar con Asami.

La mañana llegó. Lunes. Korra se sentía un tanto mejor, pero ahora entendía la importancia de los medicamentos. Para ser un golpe "nada grave", dolía horrores, por eso no dudó en tomarlos en cuanto despertó. La francesa se había molestado en dejarle el detalle de colocar un jarrón con agua y un vaso junto con sus medicinas en la mesita de noche.

Se levantó de la cama y, a pesar de sentirse ligeramente mareada, su determinación la hizo tomar una pequeña y muy cuidadosa ducha y se vistió lo mejor que pudo con una simple playera negra, jeans, una boina y tenis. Le sirvió comida y agua al tazón de Naga, desayunó algo rápido y salió a la calle, colocándose sus lentes de sol mientras lo hacía.

Decidió no conducir a Naga, la moto, a pesar de estar ya en su garage, debido a su estado y pensando que el aire fresco le vendría bien, decidió ir a pie.

Iba caminando por las calles de Ciudad República, sabía que estaba a casi nada de llegar a su destino pero, al girar la esquina, una persona que iba corriendo chocó contra ella, logrando tirarle la boina azul y los lentes de Sol que se había logrado poner con demasiada dificultad, y no sólo eso, ambos habían terminado en el piso.

El joven que la había arrollado, haciéndola marearse más de lo que ya estaba, se levantó y, entre disculpas, ayudó a la morena a levantarse del piso. Fue ahí que ambos se dieron cuenta de que, de hecho, se conocían entre sí. Era Gu en.

El pre-adolescente rápidamente ayudó a Korra con los lentes y la boina para colocarselos y pasar desapercibida. Posteriormente, siguió el saludo correspondiente.

— ¡Hola! — Exclamó la morena antes de que se dieran un abrazo.

Bonsoir! — La saludó de vuelta.

— ¿Qué tal el vuelo?

— Bastante bien, a decir verdad. Fueron muchas horas y, sin embargo, las señoritas nos trataron amablemente. Y la vista de Ciudad República es fantástica desde el cielo. — Le respondió con una sonrisa amplia.

— Pues me alegra que te haya... Espera, ¿Por qué te está saliendo sangre del labio? — Señaló con su dedo la herida. Gu en se puso levemente nervioso cuando lo hizo.

— ¿Has probado el Shawarma?

— Gu en...

— No puedo decirte. — Dijo derrotado. — Sé de tu política Cero mentiras, y como seguramente irás a ver a ma mère te va a preguntar y tú le dirás. — Wow, ¿Cómo lo supo? Al ver que Korra aún tenía dudas sobre aquello, decidió continuar. — Por favor, confía en mí. — La morena se mordió el labio, tal vez ésto le traería problemas.

— De acuerdo. No me digas nada.

— ¡Eres la mejor! — Exclamó feliz antes de empezar a caminar.

El camino restante fue definitivamente mucho mejor, Gu en se ofreció a llevarla hasta la casa, cosa que a Korra le vino bien.

— ¿Qué se supone que haces afuera, para empezar? — Korra alzó la ceja y lo miró con los ojos entrecerrados.

Ma mére de vez en cuando me deja recorrer el barrio en el que vivimos mientras estamos en una ciudad nueva. — Comenzó a explicar con naturalidad. — La única condición es que no me aleje de cierto perímetro.

— ¿Cómo es eso? — La vocalista de repente se sintió ofendida.— 'Sami me regañó varias veces por salir a pasear sola por París. — Y añadió un puchero a su reclamo. El chico de azules ojos se rió.

— Bueno, eso debe ser a que yo tengo un muy buen sentido de la orientación y me sé cuidar sólo. — Se encogió de hombros. — Siempre regreso. Tú te perdiste dos de las tres veces que lo hiciste.

— Cierra la boca. — Y dicho esto, lo empujó para luego reír los dos.

Caminando a la casa de los Moulian-Sato, Gu en le contó lo mucho que le está gustando Ciudad República hasta ese momento. Las calles, los ciudadanos, la arquitectura, todo esto eran cosas nuevas que al chico le gustaba ver. Además, discutieron ideas musicales para el proyecto que él les había dicho en París, muchas de ellas las había estado pensando durante las semanas que le faltaban para dejar Francia. Todo esto distraía de buena forma a Korra.

Otra cosa buena de ir con Gu en es que parecía que fuera su lazarillo. Después de contarle lo sucedido con su nariz, le informó que estaba medicada y, por lo tanto, de camino casi fue atropellada en múltiples ocasiones, por lo que Gu en se aseguraba de que pasara con seguridad las calles.

Al llegar a la puerta, el mayor de los hijos de Asami miró a Korra. Sabía lo nerviosa que estaba, así que se quitó los lentes y los limpió con un pañuelo que sacó de su bolsillo, mientras pacientemente esperaba a que la vocalista tomara un fuerte respiro antes de continuar. Los ojos azules de ambos se juntaron en una mirada, donde la rockera le mandaba el mensaje de estar lista y el francés lo recibía con claridad.

Metiendo la mano de vuelta en su bolsillo del pantalón, y guardando el pañuelo en el proceso, sacó su llave. Colocándose sus lentes, procedió a ingresar el objeto dentro de la cerradura y abrir la puerta.

Je suis arrive! — Gritó. — Regardez qui est venu!

La primera en responder al llamado fue una adornable pequeña de ojos verdes y cabello dorado, cuya hermosa carita se iluminó cuando salió de la cocina para toparse con una morena de corto cabello café.

Koggaaaaaaa!

Cómo extrañaba esa pronunciación de su nombre. La pequeña Azumi comenzó a correr lo que sus piernitas le permitían y se lanzó a los brazos aviesos de Korra, quien la atrapó con un poco más de dificultad de lo usual. Sus ojos jade se posaron, de pronto, en los vendajes blancos que cubrían la nariz de Korra y su ceño se frunció en un gracioso gesto de confusión.

— ¿Qué...? Nariz... — El intento de inglés de Azumi derritió el corazón de Korra, quien se rió por la ternura.

— ¿Quieres saber qué me pasó en la nariz? — Azumi asintió con el gesto aún dibujado en su cara. — Bueno, es una historia... — Lo que iba a decir quedó en el olvido al darse cuenta de que la puerta de la cocina volvía a abrirse y, tras ella, Asami hacia su aparición.

Korra miró a la actriz con la boca ligeramente abierta y sus ojos zafiro clavados en los esmeralda, Asami tenía una expresión seria que la rockera no sabía interpretar, pero que la hacía sentirse nerviosa.

— Hola... — Dijo Korra tímidamente.

— Hola. — Asami cambió su mirada de la vocalista a su hijo y, en cuanto lo hizo, sus ojos se abrieron cuan grandes eran al notar la sangre seca y la hinchazón en el labio de Gu en. — ¿Qué te sucedió? — Preguntó alarmada, encaminando sus rápidos pasos hacia el muchacho para ver la herida más de cerca.

— Me tropecé cuando salí de aquí y me golpeé el labio contra el asfalto. — Respondió. — No es nada realmente grave, mère. — La francesa regresó su mirada hacia la morena, pidiendo alguna clase de explicación o confirmación incluso. Korra se limitó a las encogerse de hombros. Realmente no lo sabía.

Asami torció la boca no muy convencida, y, sin dejar de examinar la herida, se dirigió a la vocalista.

— Korra, ¿Podrías quedarte con Azumi un momento, s'il vous plait?

— Claro. — Caminó hacia el sillón con Azumi aún en brazos y tomó asiento, acomodando a la niña sobre sus piernas. En tanto, Asami y Gu en desaparecían en el pasillo. — Te va a encantar Ciudad República, Azumi. — Comenzó a platicarle a la pequeña, quien le prestaba suma atención. — Hay muchas cosas que podemos hacer aquí. Podemos pasear en el parque, ir a un acuario, a la piscina, al cine... ¡Oh! Les voy a presentar a mi familia. — Continuó, observando la sonrisa alegre que Azumi le mostraba. — Estoy segura que se llevaran bien con los hijos de Tenzin... — La francesita lucia bastante más ilusionada y alegre por las palabras de Korra, quien seguía hablando. —... Además, la feria casi llega a la costa, así que seguro se van a divertir entre taaantos juegos y...

— Fe... Fe... — Frunció el ceño y movió su boquita, tratando de pronunciar la palabra.

— ¿Feria? — La pequeña asintió. — Trata de decirlo, Azumi. Feeeeeriaaaa.

— Feeeeggia... — Trató la niña.

— Feeeriiiaaa.

— Feeeggiiaaa. — Al ver cómo su pequeño rostro se deformaba de forma graciosa al tratar de pronunciar la palabra, Korra no pudo hacer más que reír.

— Bien, por ahora es suficiente. — Dijo con la risa aún en su voz. — ¿Sabes qué es feria?

— No. — Respondió.

— Feria es... Donde hay puestos y... Juegos, y... — Se rascó la nuca. — Algodón de azúcar. — Eso fue todo lo que la niña necesitó.

— Foire! — Exclamó aplaudiendo. — Sí, quiero... Quiero ir. Feggia

— Pues iremos, te lo prometo. — Respondió Korra con alegría.

Asami salió a la sala después de un rato. Gu en tenía ya el labio limpio y se le había disminuido un poco la inflamación.

— Mère... — Habló de nuevo la francesita. — j'ai faim. — Y acompañó sus palabras haciendo un puchero y tocándose la pancita.

— En francés no, Azumi. — Le recordó su hermano.

— Tengo... Yo tengo... Hambge... — Intentó, logrando decirlo al final.

— La comida está hecha. — Anunció Asami con ternura. — Korra, ¿Te quedas a comer?

— No veo porqué no. — Le respondió, veía en esa invitación su oportunidad de hablar con la actriz más tarde. — Gracias, 'Sami.

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Mientras estaban comiendo, los dos niños hablaban muy animados con Korra y Asami. Habían extrañando bastante a ambas, además, tenían bastante que contarles de las semanas que estuvieron separados. El ambiente en la mesa era agradable, tanto que incluso Asami se aventuró a hacer una pregunta a Korra.

— ¿Y cómo va esa nariz, Korra?

— Pues bien. Sólo duele cuando no tomo las pastillas... Aunque me dejan bastante atontada. — Añadió. Aquello fue un error decirlo.

— Hoy las tomaste. — Afirmó la actriz.

— Sí. — Habló. Tal vez debería agradecerle el gesto que le había dejado en la mañana.

— Y entonces viniste en ese estado caminando la mayor parte del camino. — La seriedad en su rostro hizo entender a la morena que había caído en una trampa.

— ¿S-sí? — Estaba nerviosa. Asami suspiró.

— Tú siempre corriendo riesgos innecesarios. — Por la dureza de su voz, Korra sabía que estaba hablando indirectamente del accidente de hace unos días. Quiso decir algo, pero decidió callarse por ahora.

En breve, la hora de comida había terminado. Después de ese comentario, todos se limitaron a acabarse lo que había servido en sus platos, excepto Azumi, quien decía el nombre de su comida en inglés antes de llevársela a la boca, para practicar. Todos comenzaron a levantarse, aprovechando eso, Korra tomó su plato y le sonrió a Asami.

— Permiteme levantar los platos. — Se ofreció.

— No, está bien. — Replicó la actriz de ojos verdes. — Esa tarea es de Gu en y Azumi. — Los mencionados tomaron sus platos dispuestos a hacer lo dicho, cuando Korra interrumpió.

— Déjame hacerlo. Después de todo acaban de llegar. Mejor que se vayan a desempacar o a descansar un poco.

— Korra, tú deberías estar reposando por tu nariz.

— Me voy a aburrir... Anda. — Volvió a intentar. — Prometo no romper nada.

— Como quieras. — Y se metió a la cocina. Los ojos azules buscaron a Gu en, quien torció la boca en una muda disculpa.

— Suerte. — Le dijo antes de irse. Él sabía que algo pasaba, y que su ídolo iba a necesitar de eso. Incluso Azumi lo sabía, dándole unas graciosas palmaditas de apoyo en la pierna antes de seguir a su hermano a sus habitaciones.

Korra tomó aire para darse valor, suspiró y comenzó a limpiar la mesa. Terminó con su tarea en breve, entrando una ultima vez a la cocina para dejar el trapo que había tomado para liberarla de pequeños residuos de comida, mientras, Asami lavaba los traste usando guantes especiales y los colocaba en el escurridor. Al ver que casi ya no tenía espacio, Korra habló.

— ¿Te ayudo a secarlos?

— Merci, pero para ser mi invitada ya has hecho más que suficiente.

Sin importar lo que había dicho la dueña de la casa, Korra buscó entre los cajones un secador limpio y comenzó a secar los platos y a acomodarlos. Ambas hacían lo suyo completamente calladas.

— Y... ¿Les gustaron sus cuartos? — Preguntó, tratando de romper el hielo.

— Sí, así parece.

— ¿El vuelo fue largo?

— De unas horas. — A pesar de responder aparentemente amable, había una frivolidad en su voz que lastimaba a Korra poco a poco. Harta, decidió hacer algo.

— Lo siento. — Aquello hizo que Asami detuviera todo lo que estaba haciendo y la mirara para que continúe. — Sé que lo que hice estuvo mal y tal vez los hice pasar por un mal rato, pero...

— ¿Mal rato? — La interrumpió con amargura. — Korra, vi tu auto volar por los aires y luego estrellarse.

— No me pasó nada. — Replicó por lo bajo, sintiéndose mal.

— ¡Pudiste haber muerto! — El ceño de Asami se frunció. Se quitó los guantes y los colocó visiblemente molesta sobre la tarja. — No tienes idea del miedo que me invadió en ese momento.

— Lo entiendo, pero...

— ¡No, no lo entiendes! Si lo entendieras nunca lo hubieras hecho en primer lugar. — Korra agachó la cabeza. Tenía razón. Se mordió el labio, aguardando por lo siguiente que Asami diría. — Maldita sea... No sé qué hubiera hecho si algo más grave te hubiera pasado. — Continuó, evidenciando con claridad que ese momento aún le dolía. — Cuando estaban sacándote del auto, te prometo que todo a mi alrededor se detuvo. Sólo quería saber si estabas bien, no me importaba nada más. — Al escuchar cómo se quebraba la voz de la actriz, Korra levantó la mirada.

— 'Sami... — Encontró a la mujer recargada con sus manos en el lavabo, mirando hacia abajo.

— Y cuando Aang dijo que todo estaba en orden salvo por el golpe en la nariz, mi alma regresó a mi cuerpo, pero hasta entonces fue una verdadera tortura. — Korra caminó despacio hasta ella, insegura sobre lo que podía hacer.

— Siento tanto haberte hecho sentir así, 'Sami. — Lo decía en serio. Se odiaba por ello, de hecho.

— Dime al menos porqué lo hiciste — La miró a los ojos, suplicante. —, ¿Qué clase de frenesí o sentimiento extraño te hizo actuar así? — Le debía la verdad, así que Korra no intentó esconderse.

— Celos. — Confesó.

— ¿Celos? — Asami la miró confundida. — ¿De qué...? — Ni siquiera logró terminar la pregunta, puesto que una pequeña niña entró a la cocina.

Con una carita que indicaba que había estado pensando en lo que tenía que decir, miró a su madre y, una vez lista, soltó la bomba.

— ¿Puedo teneg un poco de helado? — Asami le sonrió y asintió, comenzando a sacar de la alacena unos platos pequeños especiales para helado.

— Korra, ¿Te apetece...? — Otra nueva interrupción, pero esta vez de parte del celular de la morena.

— Oh, disculpen. — Y, alejándose unos pasos, contestó. — ¿Diga?

¿Korra?, soy Katara. ¿Cómo te sientes? — Aquello activó las alarmas de la vocalista.

— Bien, gracias... ¿Qué cuentas?

Nada, voy en camino a tu casa para verte, espero que no esté importunando. — Sí, mala señal. Katara la iba a matar si se enteraba que no estaba en casa.

— No, no. Para nada. Estaré esperando.

De acuerdo. Hasta en un rato.

— Hasta en un rato. — Y colgó. — Debo irme ya. — Anunció rápidamente.

— ¿En serio? — Asami levantó la ceja.

— Quedate, Kogga. — Pidió la pequeña. La mencionada se agachó para ver a Azumi a los ojos.

— Volveré mañana. — Le seguró.

Bon... — La pequeña le dio un beso de despedida en la mejilla. — Adiós, Ko.

— Adiós, Azumi. — Miró a la francesa mayor. — Nos vemos mañana.

— Hasta mañana. — Aceptó. — Te acompaño a la puerta. — Y ambas se dirigieron afuera.

La prisa de Korra por irse y llegar a su departamento a tiempo la orilló a tomar un taxi y pedirle que pisara el acelerador a fondo. Tenía que llegar antes que Katara, tan sólo imaginarse lo molesta que estaría la chica le hacía sudar frío.

Cuando llegó, le soltó un billete grande al taxista y, gritando que se quedara con el cambio, comenzó a trotar lo más rápido que se podía, puesto que no podía correr debido a su condición, eso era lo mejor que podía hacer.

Entró por la puerta del garage y subió rápidamente las escaleras para entrar a su casa y comprobar, con alivio, que su amiga no había llegado aún. Se apresuró a su cuarto y se lanzó a la cama, lamentando inmediatamente la acción por el mareo que le dio. Se quitó con dificultad el pantalón, los zapatos, calcetas y se sacó la chamarra y los lentes. La boina se había caído sola.

Justo cuando estaba arropándose, escuchó la voz de Katara, evidenciando que había entrado a la propiedad. Estaba hablando con alguien, puesto que una segunda voz se distinguía, sólo que ella misma no podía reconocer de quién se trataba.

— ¡Korraaaaa! — Gritó Katara, buscándola.

— ¡Aquí! — Respondió, tratando de controlar los escalofríos que los nervios le causaban.

Pronto, los pasos de ambas personas indicaban que iban camino a su habitación, abriendo la puerta en menos de un minuto.

Definitivamente ahí estaba Katara, y obviamente no estaba sola. Venía con Yue.

Korra se sorprendió bastante. De Katara lo esperaba, pero nunca imaginó que su ex vendría a verla. Ambas chicas saludaron a la vocalista, quien las invitó a pasar de inmediato.

— ¿Cómo te sientes, Korra? — Preguntó la tecladista, sentándose a lado de la mencionada.

— Algo mejor. — Le dijo. — Las medicinas hacen su trabajo, pero parece que alguien me dio un golpe en la sien cada que las tomo.

— Fui al hospital a verte. — Habló Yue por primera vez. — Tuve que irme por... — Se detuvo de pronto y agachó la mirada por unos segundos, extrañando a Korra. — Bueno, me hubiera gustado quedarme hasta que despertaras. — Se sinceró.

¿Por qué nadie le dijo que Yue había estado en el hospital? Era raro que ninguno de los chicos le hubiera avisado si es que lo que dijo fue cierto. Aunque tampoco es como si importara mucho.

— ¿Tomaste tus medicinas hoy? — Korra asintió.

— Sí. — Reafirmó.

— Está bien... Te hemos traído algo.

Por primera vez, Korra reparó del pequeño paquete en una bolsita que Katara había sacado de su mochila en el piso. Poco a poco lo destapó, dejando, después de un rato, un pastel de chocolate a la vista ahora brillosa de la morena en la cama.

— Ambas lo hemos hecho para ti. — Informó Yue. ¿Ambas?

— Iré por las cosas para comer. — Y dicho esto, la tecladista salió del cuarto, dejando a Yue y a Korra solas.

Ninguna dijo nada por los primeros minutos. Envueltas en ese silencio raro, Korra comenzó a tamborilear contra sus piernas y Yue permanecía sentada en la orilla de la cama de la rockera mirando a todos lados. Pensando que eso era algo innecesario, Korra abrió la boca para hablar.

— Y... ¿Qué tal todo?

— Bien. — Una ultima mirada al cuarto y la atención de esos ojos azules cielo se posó en Korra. — Todo sale como se supone que debe salir.

La morena conocía a aquella chica de cabello blanco como la palma de su mano, y aún así no supo reconocer la resignación en su voz.

— ¿Qué tal la boda? — Yue la miró sorprendida, y aún con esa sorpresa le respondió.

— Todo va bien.

— ¿Y Sokka? — Sonrió ampliamente. — El pobre debe estar nervioso. — Yue rió.

— Sí, bastante.

No pudieron continuar con su plática, pues en ese momento Katara entró con tres platos y un cuchillo para servir el pastel.

— ¿Puedo invitar a los chicos? Me acaban de llamar. Quieren verte.

— ¡Claro! — Aceptó feliz ante la sugerencia de Katara, mientras recibía su trozo de pastel.

Así fue como, después de una llamada de la tecladista, todos los chicos llegaron a casa de su líder de banda con refrescos y frituras, así como películas que vieron durante todo el día, acomodados en el sillón de Korra.

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Martes. Ese día Korra pasó nuevamente a la casa de la familia francesa. Como lo había hecho la vez pasada, había dejado a Naga estacionada en el garage y, en su lugar, eligió un taxi como medio de transporte. Ya había avisado que iría por ellos para salir – A pesar del rotundo No de Asami. –, cuando arribó los niños estaban más que listos para partir, al igual que su madre, quien seguía pensando que era una mala idea. Tratando de cambiar esa cara en la actriz, les dijo a los extranjeros que iban a conocer a su familia en la isla.

Rindiendose, Asami ofreció la camioneta que había rentado para moverse por Ciudad República cuando sus hijos llegaron, alegando que podrían ir cómodos.

No fue sino hasta que iban a mitad, y que había un semáforo en rojo en su camino, que Korra supo que se había descuidado un poco ocultando lo que no querían mostrar.

— Todavía están frescas... — Asami tomó una de las manos de la vocalista y observó las heridas que se había hecho esa noche. Algunas, por no decir casi todas, parecían no poder cicatrizar aún. — ¿Por qué? — Korra se sonrojó un poco.

— Se me volvieron a abrir hace poco. — Admitió.

— ¿Cuándo?

— Cuando decidí que era buena idea hacer barras. — Asami rodó los ojos y avanzó tras descubrir que el semáforo había cambiado de color.

— Ya no sé ni qué decirte, Korra. — Masculló.

Pronto llegaron al puerto. Estacionaron la negra camioneta y esperaron al ferry por unos minutos, puesto que llegaron justo cuando arribaba. Los niños estaban tan emocionados, sus caritas estaban tan iluminadas que juraría que emanaba luz con sólo su sonrisa; Korra lo entendía, había pasado por lo mismo la primera vez que llegó a Ciudad República. Recordaba claramente como Aang había comenzado a reír y le había revuelto su cabello maltratado.

No esperaron demasiado para subir al ferry, cosa que encantó aún más a los hijos de Asami por la vista de semejante panorama. De vez en vez, Korra les señalaba los edificios llamativos que se podían ver desde ahí, diciéndoles sus funciones.

Pero, cuando no lo hacía, su mirada estaba puesta por completo en Asami. Igual que la vez pasada, su cabello negro flotaba en el viento, una linda sonrisa y su mirada puesta en el horizonte. La rockera se sonrojó ante la vista, Asami lucia tan hermosa como una pintura. Sólo ella hacia que su corazón latiera de esa forma.

Cuando los ojos verdes se toparon de pronto con los azules de Korra, la última giró tan rápido la cabeza que un dolor agudo le llegó. Para disimular, siguió de inmediato con la actividad anterior de guía turística.

No después de mucho tiempo, y luego de caminar por el sendero que encantó a los pequeños, llegaron a casa de Aang. El abuelo Gyatso los recibió con la calidez que le caracterizaba, saludando a cada uno de ellos de forma alegre y cortés y presentándose a los niños con gran alegría, los cuales fueron muy respetuosos. El amable anciano los hizo pasar al jardín, pues ahí estaba el resto de la familia, prometiendo alcanzarlos después.

Las risas salían desde ahí, incluyendo también pequeños grititos emocionados de la que Korra reconoció como Ikki.

— ¡Ya dejen dormir al tío Aang! — Se escuchó la voz de Jinora. — Debe estar cansado por la guardia de anoche.

Sólo bastó salir para saber de qué hablaba la mayor de los hijos de Pema: Aang jugaba con Ikki y Meelo al caballito, o algo similar, pues ambos estaban sobre la espalda del médico, quien andaba a gatas.

— Está bien, Jinora. — Respondió el mencionado.— Yo quiero jugar con ellos.

— Sí, Jinora. — Lanzó envalentonada Ikki.

— ¡Tío Aang quiere jugar! — Y Meelo le mostró la lengua, haciendo bufar a la mayor.

Justo en ese momento, los cuatro se dan cuenta de la presencia de Korra y Asami, así como la de los dos pequeños desconocidos que las acompañaban.

— Korra, Asami. Qué gusto verlas. — Ikki y Meelo entendieron que debían bajarse y, cuando lo hicieron, el joven saludó apropiadamente a las mencionadas.

— Hey, primo.

Bonsoir, Aang. — La mirada gris del médico se posó en el muchacho de cabello negro y lentes, luego en la preciosa rubia con carita de ángel y ojos verdes.

— Así que estos son tus pequeños, ¿No, Asami? — Preguntó sonriendo.

— Sí, así es. — Respondió orgullosa.

— Oh, ya veo. — Se acercó y agachó a la altura del mayor. — Tú debes ser Gu en — El mencionado asintió. —, Korra me ha hablado mucho de ti. — El mencionado iba a añadir un Mucho gusto, pero aquello lo hizo sonreír emocionado.

— ¿En serio? — Su enorme sonrisa hizo reír a Aang.

— En serio. — Confirmó. — Muero por ver cómo mezclas esas canciones. — Aquello terminó por encantar a Gu en, quien asintió determinado. — Y tú debes ser la pequeña Azumi, ¿Correcto? — La francesita se sonrojó por tener la mirada cálida de Aang sobre ella.

Oui.

— Oye, Azumi... — Aang frunció el ceño y se fijó en su oreja. — Creo que tienes algo en el oído, permíteme quitártelo... — Y, dicho esto, acercó su mano a la ojera de la pequeña, quien con asombro observó cómo una flor iba saliendo de ella. No sabía que tenía una ahí. — ¡Wow! Una flor salió de otra flor. — Señaló Aang sorprendido, haciendo reír a la niña. Una vez hecho esto, se levantó y miró a sus sobrinos. — Niños, vengan a saludar.

— ¡Hola! — Exclamaron los menores al mismo tiempo.

— Buenas tardes. — Dijo en cambio Jinora.

— Déjenme presentarlos. — Aang se colocó a lado de sus sobrinos. — Empezando por Ikki.

— Yo soy Ikki, ¿También vienen de Francia? ¿Saben hablar inglés? ¿Son famosos como su mamá? — Iba a seguir hablando, pero Aang la interrumpió.

— El más pequeño es Meelo...

— ¡El gran Meelo! — Y sin más, el pequeño tomó la mano libre de Azumi y le dio un caballeroso beso. — A tus servicios, bella dama.

Lo dicho causó risas en los mayores, una cara de confusión en la pequeña rubia y un gruñido molesto de su hermano mayor.

— Y por último, la más grande: Jinora.

— Un gusto. — Y les ofreció la mano a los dos nuevos.

— Chicos, ellos son Azumi y Gu en Moulian. Los hijos de Asami. — Reafirmó, por si se lo habían perdido.

— ¿Entonces tú eres Gu en? — Jinora habló animada, con sus manos entrelazadas a la altura de su pecho. — ¡Oh! Muchas gracias por ayudar a Kai ayer. — Aquello llamó la atención de Korra y de Aang.

— ¿Ayudar a Kai?, ¿Con qué? — La morena sabía de lo que ayudar a Kai podría significar. Al notar las miradas de los grandes sobre él, Gu en se puso nervioso.

— Eh... Yo...

— A Kai le faltaba dinero para poder regresar a casa — Se adelantó a contar Jinora con naturalidad. —, Gu en le prestó... ¿Crees que podría acompañarme a ver el jardín? — Le preguntó a Asami. — Podría darle unas frutas como pago.— La francesa mayor alzó una ceja, pero la bajó de inmediato.

— Sí, adelante.

— No me tardaré, mére. — Fue lo último que dijo el chico antes de seguir a Jinora.

— Ikki, Meelo, ¿Por qué no van con Azumi a jugar. — Los dos pequeños se animaron por lo que dijo su tío.

— ¡Claro! — Ikki no tardó en tomar la mano de Azumi y jalarla lejos. — Ven, Azumi, ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres ver la isla? ¿Te gusta jugar con la pelota? ¿Has trepado un árbol?...

Fue así que sólo quedaron Aang, Korra y Asami, quienes comenzaron una plática acerca de los hijos de la última y sobre su adaptación en Ciudad República, con lo que Asami no creía tener demasiados problemas. Aang, a su vez, se ofreció a ayudarla en lo más que pudiera si en algún momento era necesario. Asami agradeció el detalle y, en ese momento, el tema cambió al trabajo del chico, lo relajado que había estado últimamente la labor en el hospital y demás. Estaban teniendo un momento bastante ameno, sentados en una de las bancas que abundaban en aquel jardín, charlando, hasta que una mujer salió a reunirse con ellos, jalándole las orejas al médico.

— ¿Qué haces despierto? — Inquirió ella con una sonrisa, cosa extraña teniendo en cuenta lo que estaba haciendo.

— ¡Auch! ¡Auch! Ya voy, ya voy... — Se quejaba el joven, queriendo con ganas que lo soltara, mientras que Asami y Korra veían la escena divertidas. — Iré a dormir.

— Despídete entonces. — Pema soltó a Aang, quien la obedeció sobándose la parte que le dolía.

— Bien, bien... — El médico se dirigió a las dos. — Como pueden ver, no me voy, me llevan. — Bromeó. — Nos vemos a la próxima.

— Hasta luego, Aang. — Se despidió la vocalista.

Doux rêves.

— A ti también. Cuídense. — Y se adentró a la casa.

— Disculpen por eso — Dijo Pema una vez se aseguró de escuchar la puerta del cuarto de Aang cerrarse. —, es que si no lo mando a dormir no descansa lo que debe. Y eso en su trabajo es muy importante.

— Lo entiendo perfectamente. — Le respondió Asami. — Yo habría hecho lo mismo. — Y Korra asintió, sabiendo que decía la verdad.

Pema tomó asiento en el lugar que había ocupado Aang antes de su llegada y la charla se restauró. La mujer estaba encantada de saber que los pequeños franceses estaban en la isla. No sólo porque sus pequeños necesitaban amigos nuevos, sino porque había escuchado maravillas de esos niños gracias a Korra y moría por conocerlos. En especial a la más pequeña.

— ¿Y cuánto tiempo se van a quedar, Asami?— Preguntó Pema, en tanto acomodaba su cabello.

— Dos años, más o menos. — Sabía que ese tiempo sólo era un aproximado. Hay veces en las que la grabación de la película se retrasa por una u otra causa. Un ejemplo de ello fue el mes extra que Korra se vio obligada a quedarse en París, volviéndola casi loca.— He estado buscando escuelas desde que llegué. La única que me convence casi por completo es el Instituto de Ciudad República, sin embargo, aún me falta visitarlo.

— Puedo asegurarte que es una escuela que vale mucho la pena... — En ese momento, Korra dejó de poner atención. Habían comenzado con las pláticas de madres y, a menos que tuviera un hijo, no se iba a interesar.

Por un momento, deseó haber ido con Ikki, Azumi y Meelo a jugar. De hecho, no era muy tarde para hacerlo. Y eso fue lo que pensó hacer. Les avisó a las dos mujeres y, una vez ellas asintieron, se echó a correr por el lugar en el cual habían desaparecido los niños. Los encontró tratando de hacer que la pequeña francesita escalara un árbol, dándole ánimos desde arriba de una rama; mientras, Azumi daba saltitos graciosos tratando de llegar hacia ellos.

Korra llegó por atrás y, subiéndola de repente a sus hombros mientras la rubia soltaba un gritito asustado y divertido, comenzó a correr mientras hacía un ruido con sus labios imitando un avión de guerra. Los tres niños mostraron entusiasmo de que la rockera estuviera ahí, y de un salto, los dos bajaron del árbol para ponerse el papel de aviones enemigos que le disparaban a la piloto Azumi y a su avión K-0RRA parlante.

Pasaron toda la tarde en la isla, Gu en hablando bastante animado con Jinora mientras comían fruta. Azumi, Ikki, Korra y Meelo jugando a las escondidas y Asami junto con Pema, así como el abuelo Gyatso, tenían una plática bastante interesante de temas variados.

Pero al notar que casi anochecía, la familia francesa y Korra creyeron que sería conveniente retirarse o no alcanzarían el último ferry. Durante todo el camino, Gu en no paraba de hablar lo mucho que tenía en común con la mayor de los tres hermanos, y lo bien que le había caído. Por otro lado, Azumi estaba tan cansada por las múltiples horas de juego, que terminó durmiendo en los brazos de Korra, la cual la cargaba sin dificultad alguna y con mucho cuidado de no importunar su sueño.

Asami dejó a Korra en su departamento antes de ir con sus hijos a su residencia. La morena saludó a Naga con una sonrisa grande; el día había estado lleno de satisfacciones, puesto que su plan había dado frutos. Sabía que los pequeños casi no gozaban de amigos en Francia, por lo que juntarlos con los niños más divertidos que conocía fue una medida para volverlos más sociales, cosa que logró.

Y fue con esa satisfacción que se acostó en su cama, portando una sonrisa satisfecha en la cara.