¡Hola, chicuelones, sensualones, nalgones y todo lo que termine en "ones"! Aquí estoy con un nuevo capítulo del fanfic.

Vamos por las reviews:

NatyHL: Hahahaha muchas gracias, significa muchísimo que te guste de esa forma. Gracias por tu review.

Liz: Sí, así es Xd Pues vamos a ver qué hace Asami cuando Korra la invite :3

Guest: Hahahaha calma, calma… El beso ya casi viene, aguanta un poco más xD

Maria: Hahahaha me alegra tanto que apreciaras ese momento XD Me gustó mucho escribirlo, sinceramente. Es que Korra quiere muchísimo a Azumi y viceversa, ya lo verán :3 Y sí, sí llegó XD Aunque muchas gracias por asegurarte de que me llegara, fue muy lindo detalle de tu parte.

Karen: Oww, muchas gracias. Me alegra que te guste cómo va quedando, y no, gracias a ti por leer y dejar review.

Himari: Me alegra mucho que te haya gustado, leí tus tres comentarios XD por eso decidí responder los tuyos casi al último XD Gracias por tomarte el tiempo y la molestia de hacerlo, comentar y leer la historia. Espero no decepcionarte en el futuro, a propósito, tengo una amiga con el mismo apodo… Bueno, mi esposa en clase de Salud [Larga historia XD] Gracias de nuevo, en serio.

Sin más, aquí el capítulo.

Los personajes no me pertenecen, la historia sí.

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El viernes había llegado, y con él, la posibilidad de iniciar una nueva faceta en su vida. Y Korra lo sabía. Se levantó con unas ganas de cumplir su meta que sólo la canción Eye of the tiger podría producir en un fan de Rocky. Tomó sus pastillas y se las tragó sin necesidad de beber agua, procediendo a encaminar sus pasos a la ducha. Debía lucir bien, oler bien, y más ese día en especial. Como casi todos los días anteriores, Korra iba a visitar a Asami, pero esta vez era diferente. Esta vez iba a pedirle una cita.

Desayunó ligero junto con Naga, quien recibió su ración matutina de croquetas; después de vivir casi una semana completa con la francesa, Korra sentía algo bastante raro en el pecho, se había acostumbrado a desayunar en su compañía, con aquel acento ligeramente marcado y esas sonrisas encantadoras que le dedicaba. Suspiró, ni siquiera sus cereales favoritos se comparaban en nada con un desayuno preparado por esas blancas y finas manos. La extrañaba bastante, ahora podía entender un poco más porque la actriz dijo que una casa podría ser muy grande para una persona, en su caso, el departamento.

Se lavó los dientes y le colocó la correa a Naga, había elegido uno de sus mejores conjuntos para la empresa y preparado todo un plan, sólo le faltaba armarse de valor y realizarlo. Sabía mejor que nadie que todos los viernes, Asami pedía salir temprano para poder pasar tiempo con sus hijos, y era una actriz tan famosa que se lo concedían, la hermosa mujer sólo iba a afinar detalles o grabar un par de escenas en su defecto y podía retirarse. Ya eran las 14:00 hrs y la morena no pudo evitar dar por sentado que Asami ya se encontraba libre, tomó a Naga de la correa y salió de su casa, dispuesta a darle a la familia francesa un día espectacular, y conseguir una cita con la mujer que quería. Claro que no pensaba llegar con las manos vacías. Ni tarda ni perezosa, su primera parada fue una florería más que especial para ella, Aang y la morena solían ir allá por consejos de jardinería para su propio lugar especial, la adorable mujer que la atendía les tenía mucho cariño, y no había ocasión en la que la rockera comprara flores que no fuera en ese establecimiento, salvo por esa vez en Francia, pero ¿qué se suponía que hiciera? ¿Ordenarlas por correo? Compró entonces dos ramos hermosos de flores: Uno pequeño de rosas blancas, y uno notablemente más grande con rosas rojas; con ambos regalos en mano, por fin estaba lista para iniciar el día. Había prometido llegar a Azumi a volar una cometa y no iba a fallarle, no después de que casi le costó un escándalo público el que la pequeña le perdonara, cosa que logró sin siquiera saber qué había hecho mal.

No pudo evitar caminar mientras soñaba despierta, ¿Qué haría si Asami le decía que sí? Tal vez la llevaría a cenar a un lugar privado, o la invitaría a ver una película… ¿Pero y si decía que no? Las manos le comenzaron a sudar y los nervios apoderarse de ella, nuevamente esa inseguridad de que Asami la viera simplemente como otra adolescente a su cargo le llenó la mente, ¿Por qué todo tenía que ser así de complicado?

Para cuando se dio cuenta, ya se encontraba frente a aquella reja negra, la que protegía la casa de los Moulian-Sato. Respiró hondo y tocó el timbre como siempre lo hacía, dándose ánimos mentales para llevar adelante el plan. ─ "Vamos, Korra… No es tan difícil." ─ Se dijo. ─ "Sólo es un ´¿Quieres salir conmigo?´ ¡¿Quieres salir conmigo?! ─ Pero pronto fue sacada de sus pensamientos por la reja, que se abría electrónicamente. Dio unos pasos para entrar y dejó suelta a su fiel amiga, después de asegurarse de que la salida y entrada estuviera cerrada, claro. El enorme animal corrió entonces feliz y alegre, con la lengua de fuera y dando saltos de un lado a otro, mientras, su dueña encaminaba sus pasos a la puerta principal.

Llamó a la puerta poco tiempo después, llevando los ramos de flores tras su espalda. No podía evitar sentir un ligero temblor en su cuerpo, sabía que lo que venía frente a ella era algo importante y realmente pensaba dar todo de sí para no echarlo a perder. No tardó mucho en recibir respuesta, la puerta se abrió y, tras ella, la hermosa figura de Asami la recibió con una sonrisa amplia y elegante, había dejado su negro cabello suelto, enmarcando su rostro de una forma tal, que se veía mucho más joven. Sus ojos verdes se posaron en los azules antes de hablar.

Bonne après-midi, Korra. ─ Le saludó antes de darle los acostumbrados besos en las mejillas, colocando a ambos lados del moreno rostro sus manos para atraerla más cerca mientras lo hacía.

─ Hola, Asami. ─dijo la morena en respuesta.

─ Pasa, por favor. ─ La francesa se hizo a un lado para cederle el paso, y Korra obedeció después de darle las gracias. Los ojos de la rockera vagaron por el lugar rápidamente antes de tratar de regresarlos a la dueña de la casa, mas aquella intensión se quedó en eso, una intensión, cuando un grito alegre y animado se escuchó desde las escaleras.

Koggaaaaaaaaa! ─ La mencionada viró de forma rápida el rostro sólo para toparse con la misma pequeña francesita que la recibía de aquel intrínseco modo una y otra vez.

La linda Azumi iba a comenzar a bajar las escaleras como si la estuvieran persiguiendo, pero la mirada autoritaria de su madre sobre ella le hizo cambiar de opinión, tomándose el tiempo justo y necesario para descender escalón por escalón, hasta tocar el suelo, para posteriormente correr directo a esos fuertes brazos que siempre la atrapaban en el aire. Sin embargo, contrario a la costumbre, esta vez la rubia se dirigió directo a los pies de Korra, abrazándola de las piernas, pues su estatura no le permitía darle un abrazo apropiado. Korra, al sentir los delgados y pequeños brazos rodearle los muslos, sonrió con felicidad. Adoraba a esa niña.

─ Hola, princesa ─saludó la vocalista antes de alzar las cejas, como si fuera anunciar un acontecimiento. ─. Traje regalos para dos hermosas damas. ─ Señaló, mirando la reacción tanto de la niña, quien lucía entusiasmada, y la de la madre, quien había alzado la ceja, confundida. Sin más que esperar, mostró al fin los dos ramos de rosas que había comprado y le entregó el blanco a Azumi, con una sonrisa que mostraba sus dientes y escondía sus ojos, ─ Aquí tienes.

Azumi miro a Korra con los ojos verdes similares a los de su madre muy abiertos, paseándolos una y otra vez entre la morena y las flores, sorprendida, con su angelical carita comenzando a tomar color en las mejillas- Lentamente tomó el ramo que le estaban ofreciendo y, de inmediato utilizó las rosas para cubrirse el rostro de la azul mirada de la rockera, lanzándole una linda y tímida mirada antes de susurrar.

Merci… ─ Ni siquiera le dio tiempo a alguno de los presentes de corregirla, pues de inmediato subió las escaleras para llevar el regalo a su cuarto, sonrojada. Mientras tanto, Korra miró todo, sintiendo su corazón retorcerse y hacerse pasita, ¡Eso había sido sumamente adorable! Tanto que la misma morena se encontró pensando en lo mucho que comenzaba a querer a esa pequeña. Por otro lado, era el turno de la más grande.

En esta ocasión, Korra entregó las rosas rojas, sintiendo su corazón palpitar a mil por hora. Sabía que no era la gran cosa, después de todo, el arreglo que recibió de parte de Iroh II había sido hermoso, por más que le desagradara admitirlo. Sin embargo, la mirada en los ojos de la mayor era diferente, brillaban más, y, a su vez, la forma en que recibió el regalo tenía más significado detrás que la vez anterior. Por supuesto, Korra no era capaz de notar eso, ¿Cómo podría hacerlo alguien de 19 años tan nerviosa que se podía oír su corazón desde el otro lado del mundo?

Oh, chéri… ─murmuró despacio. ─. Muchas gracias. ─Ambas se miraron, perdiéndose en los ojos de la otra sin que se dieran cuenta, Korra avanzó unos pasos, aunque no sabía exactamente para qué, simplemente quería acortar la distancia entre ella y Asami, así que decidió hacerles caso a sus instintos y dejarse llevar. Empero, pronto se dio cuenta de que eso no iba a pasar.

─ ¿Para mí no hay regalo? ─ La voz de un muchacho se dejó escuchar justamente tras de ella, Korra sintió escalofríos por la abrupta aparición. Gu en se había hecho presente en el recibidor, del cual no se habían movido, y miraba la escena con ojos sospechosamente curiosos.

─ No sabía que te considerabas una hermosa dama. ─ Resolvió decir la morena, causando que el chico se sonrojara y su madre riera. Con eso, Korra pudo volver a componerse y sonreír ampliamente, mucho más relajada de lo que estaba al llegar.

─ ¿Qué haces por acá? ─ El chico parecía estar de vuelta, con el buen humor que siempre tenía para recibir a Korra, entusiasmado.

─ Planeaba llevarlos de vuelta al parque, Azumi se quedó con ganas de volar una cometa y no pienso dejarla así. ─aclaró Korra. ─. Incluso he traído a Naga.

─ Es una idea magnifica. ─consintió la actriz. ─ Si me permiten, iré a preparar a Azumi. ─ Asami miró a ambos pares de ojos azules y comenzó a subir las escaleras con una combinación entre rapidez y elegancia que le hizo imposible a Korra mirar a otro lado por el tiempo en que la francesa estuvo a la vista.

No fue sino hasta que volvió a prestar atención a su alrededor cuando se dio cuenta de dos cosas: La primera, había estado mirando a Asami frente a su hijo. La segunda, el mencionado se había dado cuenta. Gu en la observaba sin decir ni una sola palabra, en silencio, como si la estuviera analizando; aquello era tan obvio como decir que el joven de lentes nunca se quedaba sin tema que tocar con Korra, ya sea música, conciertos o cualquier otra cosa que les interesara a ambos, lo que era bastante. Esta vez él no habló en un buen rato, o, al menos, no de lo usual.

─ Así que flores, ¿Eh? ─ Oficialmente, Korra estaba nerviosa de nuevo.

─ Eh… Sí, ¿Supongo? ─ Oh, cielos. Oh, cielos.

De pronto, la expresión seria del joven cambió. A la vocalista de cabellos cafés le pareció verlo sonreír por unos milisegundos y su rostro ser iluminado de pronto. Estaba segura de que le iba a decir algo, como si dentro de su cabeza todo hubiera encajado al fin, mas cuando estuvo a nada de decirlo, Asami bajó con Azumi en brazos.

─ Estamos listas. ─ Habló la mayor de las francesas, llamando la atención de ambos hacia ellas.

Azumi traía puesta una pequeña blusa color azul cielo, pescadores blancos y zapatitos a juego, al igual que su madre, su hermoso y ondulado cabello estaba impecablemente recogido en una coleta alta que la hacía lucir hermosa y adorable a la vez. Por otro lado, Asami lucía un pantalón rojo ceñido a su figura, un cinturón negro delgado y blusa blanca con botones. La rockera sonrió al verlas, pues pese a las diferencias, se veían tan iguales que nadie dudaría que eran madre e hija.

─ ¿Quién de ustedes quiere montarse en mis hombros? ─exclamó, sabiendo que sólo habría una respuesta. La niña esperó a que su madre hubo bajado las escaleras por completo antes de bajar de sus brazos, correr hacia Korra y lanzarse de un brinco a ella. Con algo de dificultad, Korra logró atraparla y colocarla en el lugar que le había prometido, sosteniéndole las manitas para que no se cayera antes de comenzar a salir.

Claro que el gusto le duró a la vocalista el tiempo en que Azumi tardó en ver a Naga, En cuanto sus ojos verdes se posaron en la masa gigante de pelo blanco que correteaba por todo el patio, no dudó en pedirle que la bajara para poder ir a jugar con ella. Azumi no tardó en ir a acariciar a Naga como si de dos buenas amigas se tratara y, segundos después, ya estaban jugando a perseguirse mutuamente. Korra las miraba atenta, riendo con la cara de frustración de la francesita al no poder atrapar a su compañera canina.

Cuando por fin Asami y Gu en salieron, toda la familia, junto con Korra y Naga, subieron a la camioneta y se dirigieron al enorme parque del que Ciudad República era dueña, dispuestos a pasar un gran día y encontrar al hombre de los cometas para poder iniciar, estuvieron recorriendo el parque hasta que dieron con él. Azumi no tardó en elegir la enorme mariposa de colores que había visto la vez anterior, dando saltitos de emoción al tenerla por fin, claro que sus intentos se veían frustrados cuando notaron que la mariposa era mucho más grande que la niña.

─ Fue una gran elección, princesa. ─ Le dijo Korra, tratando de borrar el puchero que la otra había hecho. ─ ¿Tú quieres una, Gu en?

─ No, merci.

─ Pode… Podemos compagtig. ─ Rápidamente señaló su hermanita con dificultad, sonriéndole con la carita iluminada cuando por fin logró terminar la oración. Gu en la miró a los ojos y sonrió, jalándole la mejilla de forma dulce a su hermanita.

Los cuatro y Naga comenzaron a adentrarse en el parque, buscando un lugar donde poder volarla con comodidad. Debía admitir que le estaba costando un poco lograr que su fiel amiga no se echara a correr rumbo la primer pelota, ave o ardilla que viera, pero Korra se las estaba arreglando bastante bien para controlar a Naga y explicarle a Azumi cómo volar la cometa, pese a lo extraño que le resultaba el hecho de que no sabía cómo hacerlo. Recordaba que su padre la llevaba a volar una cada domingo antes del accidente. La pequeña francesita escuchaba con detalle cada palabra que Korra decía, entendiendo perfectamente después de un par de explicaciones más.

─ ¿Estás lista, princesa? ─ Azumi asintió con un brillo de emoción en sus ojos y su sonrisa. ─ Entonces toma. ─ Korra le tendió el carrete de hilo y le dio en la mano contraria el palo de la cometa, mas nuevamente el problema del tamaño se dejaba ver. ─ Uhm… ─ El ceño de la morena se frunció, buscando una solución ante la atenta mirada de todos, hasta que la idea llegó, pero no de su parte. Antes de que lo notara, y ante las miradas sorprendidas y alarmadas de su madre y hermano, la pequeña se montó sobre Naga, soltó la cometa y con el carrete en mano, se sostuvo fuerte de la correa del animal y le dio una pequeña patadita en el trasero para que empezara a correr, cosa que hizo.

─ ¡Azumi! ─ Exclamaron los franceses antes de comenzar a seguirla.

─ Sabía que no debí dejarla con Meelo. ─ Pese a la alarma de los demás, Korra sonreía de lado. Sabía que Naga era muy cuidadosa con esas cosas, por lo que no había problemas en que pasara un accidente, empero, comenzó a seguirlos, observado sorprendida lo alto que volaba la cometa de mariposa en el cielo, con los colores brillantes y variados viajando en el viento. Negó con la cabeza, esa niña era muy inteligente. Cuando por fin alcanzó a ambos, Korra colocó sus manos en cada hombro y los detuvo. ─ Hey, hey, tranquilos. Naga sabe lo que hace. ─ Y como si quisiera darle la razón a su dueña, Naga comenzó a reducir la velocidad para que la rubiecita se acomodaba mejor y, de esa forma, no cayera. Ambos franceses observaron la escena con los ojos abiertos.

─ Yo seguiré tras de ellos. ─ Gu en dijo, mirando a su madre para darle un poco de tranquilidad al asunto. Pero nuevamente la vocalista se perdió de la mirada intencional que aquellos ojos azules tras los lentes le dirigieron antes de echarse a correr tras su kamikaze hermana.

Pese a confiar en su hijo, Asami seguía con la mirada puesta en su hija, quien cabalgaba a Naga como si lo hubiese hecho una y mil veces, con la expresión que sólo una madre preocupada podía tener, cosa que a Korra le dio risa, era la misma expresión que tenía Pema las primeras veces que su hijo montó a su amiga.

─ ¿Sabes? Pema también se preocupaba al inicio ─ Comenzó a contar, llamando levemente la atención de la actriz. ─, pero ahora hasta Rohan se sube con él y nunca ha pasado nada.

─ Pero…

─ Hey ─la interrumpió, colocándose frente a ella para obligarla a que la mirara. ─, confía en mí. ─ Pidió, pudiendo ver la lucha interna en la mujer de negros cabellos. Korra entendería si no quisiera hacerlo, después de todo, una madre preocupada no se calma con nada.

─ De acuerdo. ─dijo, para sorpresa de la morena. ─ Lo intentaré, bon?

Bon. ─ Tan alegre por ello que no le importó repetirlo en francés. Así que siguieron paseando, y pese a que Asami lucía más relajada, seguía con los ojos puestos en Azumi, quien parecía estar divirtiéndose mucho, incluso Gu en se había emocionado y comenzaba a reír con ella, viendo lo alto que se podía elevar con la velocidad de Naga. Incluso la vocalista se la estaba pasando bien con solo verlos, debía admitir que adoraba a esos niños bastante, eran nobles y bien portados, siendo traviesos como cualquiera de vez en cuando. Miró de reojo a la actriz, quien portaba ahora una pequeña sonrisa en sus labios. Ese era el momento que había estado esperando: Estaban solas y con los niños a una distancia prudente, era ahora o nunca. ─ O-oye, ´Sami…

─ ¿Sí?

─ Bueno, eh… ─ Se sobó la nuca y miró el piso. ─. Me preguntaba s-si tú… ─ Ante tal tartamudeo, la mencionada posó su mirar esmeralda en Korra, curiosa. Maldita sea, era mejor cuando no le prestaba atención. ─ Me preguntaba si tenías planes para el viernes en la noche. ─ Se esforzó demasiado porque eso sonara claro y conciso, pues no quería tener que repetirlo de nuevo o los colores faltantes subirían a su rostro. Sin embargo, la cara que puso Asami no se la esperaba, como si se lamentara o algo similar. Vio sus labios rojos abrirse y cerrarse por unos pocos segundos antes de que respondiera.

─ Yo… yo sí, sí tengo planes. ─ Y como si eso hubiera sido poco, añadió: ─ Iroh me… Él me invitó a salir. ─ Ninguna de las dos dijo ni una palabra después de eso, Korra podía sentir su cara hacer una expresión de sorpresa visible, mas a pesar del vacío que comenzó a sentir en su pecho y estómago, la rockera se obligó a instalar una sonrisa en sus labios, sabiendo que Asami estaba atenta a sus expresiones.

─ Wow, eso está… ¡Eso está muy bien! Felicidades. ─ Exclamó con un entusiasmo exagerado. Mientras, por dentro, sentía que eso ya era más que solo el colmo, estaba alterada y debía admitir que dolida también, la noticia le había caído como un golpe del mismo Mjolnir directo en el estómago.

Se esforzó en mostrar una buena expresión alegre en su rostro, pero la mirada de Asami le decía que no lo estaba logrando como se supone que debería. Pero ¿cómo alguien tan transparente podría aparentar cuando gritaba por dentro? Maldita expresividad facial. En su mente ya había aniquilado al general de varias formas horribles y también a sí misma, culpándose por no haber preguntado antes. Con razón le había mandado un arreglo de flores, y ahora entendía perfectamente las palabras en la tarjeta. No supo cuánto tiempo se sumergió en sus pensamientos, en su desquite mental, pero fue Asami quien la hizo reaccionar.

─ ¡Korra! ─ Fue su voz elevada la que la hizo regresar al mundo. Miró a la francesa y la encontró con una expresión levemente afligida, como si tuviera que pedirle disculpas por algo. ─ ¿Estás bien? Estás roja de la cara.

─ ¿Yo? ¡Yo estoy de maravilla! Nada puede salir mal en mi vida. ─ Ironizó, ya no le importaba quedar como una niña pequeña, a decir verdad. ─ Voy con… ─ Y sin terminar la frase, echó a correr tras Naga y Azumi, uniéndose a Gu en con las risas animadas, dejando completamente sola a la actriz.

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A pesar de que la noticia hacía que su corazón se sintiera como una fría y hueca roca pesada, no dejó que su tarde con los niños se viera afectada. Los pequeños le importaban en serio y ni planeaba dejar que su roto y colérico ser los afectara a ellos, fue por esa razón que se la pasó jugando, bromeando y riendo con ellos como si nada hubiese pasado. Les compró unos deliciosos hotdogs con papas y un helado poco después, pese a que Asami estuviera en completo desacuerdo con que comieran comida chatarra, pero era obvio que no le importó en lo más mínimo a la rockera, quien planeaba consentirlos al menos la primera semana. Empero, aunque con los niños se mostraba como la genial y divertida Korra, su actitud con la francesa no pudo evitar cambiar drásticamente por mucho que la vocalista se esforzara en disimularlo: Le contestaba en monosílabos y a veces ni la miraba. No supo cómo, pero pudo sacar adelante la tarde sin que los niños se dieran cuenta de lo que estaba pasando, incluso se había salvado de quedarse a platicar, pues cuando se despidió de los tres franceses, se fue inmediatamente. Tenía que agradecer a los patos a que los pequeños no se alejaron de la puerta hasta que Korra se hubo ido, de esa manera Asami no había tenido tiempo de retenerla, así que la vocalista de ojos zafiro se había ahorrado las preguntas que seguro le hubiese formulado.

Cuando Korra llegó a su departamento, aventó las llaves directo a la mesa de la cocina y se mantuvo lo suficientemente en calma hasta terminar de servirle agua a Naga en su tazón y arrojarle una galleta para perro, se lo había ganado. Empero, ni siquiera esperó a que su amiga se pusiera cómoda, simplemente comenzó a caminar mientras se iba quitando la ropa y la tiraba en el piso. La chaqueta, su playera, pantalón, todo eso quedó regado en su camino hacia su gimnasio personal, incluso las pulseras terminaron tiradas. Siguió su camino hasta que se topó con el saco de box, colgado de un tubo gracias a una cadena gruesa, esperándola solo a ella. Se vendó las manos de forma apresurada y sin mucho cuidado en lo que estaba realizando, se colocó sus guantes en las manos y, mirando fijamente aquella superficie, comenzó a imaginar el rostro del grandísimo General Iroh II, con esa estúpida sonrisa idiota que tenía en el rostro cuando conoció a Asami. Ni siquiera se dio cuenta del rugido gutural que salió de sus cuerdas vocales, lo único que asimilaba era la retahíla de golpes verdaderamente fuertes, tanto, que incluso sonaban en la habitación con potencia. Estaba en verdad molesta, tanto que no le importó el ligero y en aumento ardor en sus manos y nariz, principalmente en esta última, comenzando a sentir mareos también debido a las pastillas, ella siguió golpeando y golpeando con más fuerza cada vez. Ni siquiera el cansancio y mareo la detenían, y hubiera continuado hasta desmayarse de no ser porque su celular comenzó a sonar en una parte de la casa que no lograba identificar sólo con el audio.

Gruñó de molestia y, quitándose los guantes, comenzó a volver en sus pasos hasta dar con el pantalón donde, efectivamente, estaba el aparato, sonando, vibrando y brillando. Con su mano izquierda levantó del piso la prenda, y buscó el celular con su mano libre, viendo la pantalla para descubrir que, la llamada, era de Bolin.

─ ¿Qué? ─ Ni siquiera se molestó en modular su voz para que sonara menos molesta, o al menos, no tan cansada.

Hey, Korra. ¿Tienes algo que hacer en este momento? ─ Preguntó el chico animado, como si hubiese decidido ignorar aquel tono mordaz.

─ No.

Entonces arréglate. Pasamos por ti para ir a lo de Bumi en media hor…

─ Bolin ─ Lo interrumpió. ─, no quiero pizza ahora.

¿Quién habló de pizza? Vamos al pub. ─ Levantó la ceja. Sabía que el pobre chico confiaba en que, al estar en tratamiento, Korra no podría beber y hacer cosas random como solía, pero en ese momento no quería ni iba a ser prudente.

─ Estoy lista en veinte. ─dijo y colgó, corriendo a su bañó para darse otra ducha rápida; una noche en el pub de Bumi era justo lo que necesitaba en ese momento.

No fue sino hasta que se estaba bañando que se dio cuenta de que se había lastimado. De nuevo. Sin embargo, esta vez no había sido graves, las heridas estaban sanando mejor de lo pensado. Se limpió la mano y se arregló, despeinando su cabello y poniéndose una camisa de cuadros azules con negro, una camiseta negra y shorts de mezclilla rasgados, estando lista dos minutos antes del tiempo acordado, pero tampoco es como si tuviera que esperar mucho antes de que su banda llegara a recogerla

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La música que se escuchaba en el lugar era intensa y bailable, tan fuerte que podías sentir los golpes de las bocinas en el pecho, se sentía el calor humano acumularse en el lugar, el cual tenía diversas luces que ponían el ambiente. No fue sorpresa que llamaran la atención en cuanto todos entraron juntos, pero ignoraron las miradas y comenzaron a caminar entre la gente que bailaba para llegar a la barra, todos querían saludar a sus amigas antes de ir a su puesto en el V.I.P. La bartender Azula trabajaba ahí desde hace ya tiempo, fue en ese mismo lugar donde había conocido a TyLee, quien hacía de mesera para atender a las mesas que estaban más lejos de la barra. Sin embargo, el momento que todos gozaron fue ver al Gran príncipe Zuko sonrojado por primera vez tras conocer a la chica nueva: Mai, una joven atractiva de aspecto oscuro y una forma de hablar algo peculiar.

─ Chicos, hay que ir a sentarnos. ─ Katara tuvo que alzar la voz para ser escuchada por todos.

─ Adelántense ─ Gritó Korra. ─, los alcanzo en un rato. ─ Los chicos asintieron y tanto Katara y Kuvira, así como los hermanos y Zuko, continuaron su camino a la zona especial para ellos, mientras su vocalista y amiga se sentaba en uno de los bancos, justo frente la mirada atenta de Azula. ─ Hey, deja de mirarme así y dame un trago de lo que se te antoje. ─ La chica tras la barra negó con la cabeza, mientras hacía chasqueaba su lengua.

─ Ni lo sueñes, Ko. Zuko me dijo que estabas en tratamiento médico por lo de tu nariz. ─ Otro gruñido se escapó de la rockera, ¿Por qué carajo le pasaba eso a ella en ese momento? Iba a matar a Zuko cuando lo viera. La joven de mirada ámbar se recargó sobre la barra y miró a Korra, quien tenía una evidente expresión de rabia en el rostro. ─ Bien, suelta la sopa.

─ No sé de qué hablas.

─ ¿Qué sucede contigo?

─ Nada. ─ Azula rió por lo bajo.

─ Korra ─ Empezó a decir. ─, tú nunca me pedirías un trago de lo que se me antoje ─ Hizo comillas con sus dedos. ─ si no pasara algo. Sabes bien que una elección mía te dejaría en el piso inmediatamente. No por nada soy la Princesa del fuego. ─ Ante el silencio de la morena, Azula bufó. ─ Tienes otra oportunidad: ¿Qué pasó? ─ Ambas miradas se encontraron, en una lucha de voluntades para ver cuál de las dos cedía primero. No tardó mucho en ser Korra la perdedora. Resignándose a no obtener su bebida, la rockera suspiró.

─ Odio a tu primo. ─ Masculló entre dientes, mirando a cualquier lado que no fuera la chica de negros cabellos. ─ El idiota invitó a salir a una persona que me gusta… ─ No planeaba decir que era más que una atracción, parte de ella seguía guardándose cosas sólo para sí misma.

─ ¡Carajo! ─ Exclamó de repente, sorprendiendo a la rockera. ─ Le debo quinientos yuanes a TyLee.

─ ¿Qué? ¿De qué hablas? ─ Azula sacó aire por su nariz y comenzó a explicarse.

─Ty Lee me dijo que tú sentías algo por Asami aquella vez en la parrillada. ─ Movió la mano como si no fuera la gran cosa, ignorando el enorme sonrojo y la expresión alarmada de la chica de ojos zafiro. ─ La verdad no le creí nada, mucho menos después de que cantaras una canción de Heffron Drive, porque, vamos, todo mundo sabe lo que esa banda significa. Así que hicimos una apuesta.

─ Oh, por todos los patos… ¡¿Soy así de obvia?! ─ Exclamó, llevándose las manos a la cabeza.

─ Mmh… No, no tanto. ─ Le respondió, para tranquilidad de Korra, quien suspiró aliviada. ─ Pero a leguas se notaba las ganas que tenías de asesinar a Iroh II cada vez que él hablaba con Asami.

─ Pues ahora se van a notar más, Asami aceptó la cita. ─dijo con amargura. La bartender se acercó más a Korra, siendo dura y confidencial al mismo tiempo con su acción.

─ Te diré qué: No puedes rendirte. ─ Hizo un énfasis tan marcado en cada palabra, que la rockera la miró con los ojos azules muy abiertos. ─ Escucha, no debería decirte esto, pero Ty Lee también apostó que esa francesa gusta de ti. ─ Korra chasqueó la lengua, desacreditando sus palabras. ─ Oye, si de verdad te gusta Asami, tienes que luchar por ella. ─ Al ver que Korra parecía mandar sus palabras al basurero, decidió intentar otra técnica. ─ Me pasó algo similar con Ty… ─ Sí, eso sí le llamó la atención a la vocalista. ─ Un teto de su clase de baile trató de quitarme mi oportunidad, pero no me rendí y ahora cada que la voy a dejar a su escuela, le meto la lengua a la garganta si el perdedor está cerca. ─ Finalizó, luciendo más satisfecha de lo que debería.

─ Eh… ¿Vale? ─ Lo que menos quería era escuchar esa clase de detalles, pero, pensándolo bien, tenía bastante sentido. Probablemente el general había ganado la pelea, pero definitivamente no la guerra. Y se lo iba a demostrar. ─ ¿Pero sabes? Tienes razón. ─ Le dijo más animada. ─ ¡No me voy a rendir! ─ Sentenció, con ese fuego en la mirada que pocas veces se ve en la gente.

─ Esa es la actitud. ─ Exclamó Azula orgullosa, chocando puños con la morena. ─ Ahora ve a divertirte un poco, los demás deben estar esperándote.

─ Muchas gracias, Azula. Eres increíble. ─ Y sin dar espacio a una respuesta, comenzó a caminar en dirección al V.I.P., dispuesta a pasar un rato bastante relajada y divertirse, tenía que contraatacar y no pensaba hacerlo estando toda tensa. Empero, lo primero que vio cuando llegó, fue a toda su banda bastante atenta a lo que un hombre decía: Bumi estaba sentado con ellos. Eso le pareció raro a Korra, pues el hombre casi no se presentaba en el pub, dejando a cargo casi siempre a Azula, quien hacía un gran trabajo, a decir verdad, pues la popularidad del lugar se debía a ella. En cuando los ojos del hombre se posaron en ella, una sonrisa bonachona y enorme se instaló en sus labios.

─ ¡Hey, Korra! ─ Saludó él. ─ Justo quería hablar de negocios contigo.

─ ¿En qué te puedo ayudar, Bumi? ─respondió Korra, el mencionado era un gran amigo suyo y de su familia. No planeaba decepcionarlo.

─ Bueno, primero me gustaría saber si están libres mañana, claro. ─les aclaró.

─ Creo que ninguno tiene planes mañana… ─ Se aventuró a decir Mako, mirando a los de la banda uno a uno, para ver si estaba equivocado. No lo estaba.

─ ¡Perfecto! ─ Bumi aplaudió. ─ Quería pedirles si podían tocar mañana en mi restaurante. Voy a recibir la visita del crítico del periódico de Ciudad República, y quisiera que tuviera un buen ambiente.

─ ¿Qué te preocupa, Bumi? ─habló Zuko, cruzándose de brazos. ─ Tu restaurante es el mejor en Ciudad República y la comida es de primera.

─ Lo sé, lo sé… ─ Restó importancia el hombre de barba puntiaguda. ─, pero me gustaría agregar ese extra con ustedes.

─ Entonces cuenta con ello. ─afirmó Korra con seguridad.

─ Pero tendría que ser música tranquila… ¿Cómo le dicen ustedes los jóvenes? Classy. ─ Comentó, acariciándose su parte calva de la cabeza. ─ ¿Podrían con ello? ─ Ante su pregunta, todos se miraron entre sí, como si hubiera dicho una tontería para nada graciosa.

─ ¿Con cuál de nuestros premios al Grupo más multifacético quieres que te golpeemos? ─ Preguntó Korra con la ceja alzada.

─ Con el del 2015, pesa más. ─ Sugirió Kuvira de inmediato.

─ Está bien, está bien… ─ Bumi aceptó, moviendo las manos para evitar que ese golpe se diera. ─ Lo entiendo, no hace falta llegar a la violencia… ¿Entonces aceptan? Podría hablar con Roku para acordar el precio de…

─ Oh, no. ─ Lo interrumpió Bolin. ─ No es necesario. Con que nos des comida, bebida y botana gratis nos es suficiente. ─ El hombre de cabello gris soltó una gran carcajada, golpeando el brazo del chico momentos después.

─ ¡Entonces tenemos un trato!

─ ¿Por qué todos me golpean? ─ Se quejó Bolin, causando la risa de los presentes.

Después de aquello, Bumi no tardó en irse para dejar a los chicos de la banda tener una gran noche, cosa que hicieron. Todo había sido tan divertido a pesar de no poder tomar alcohol, que Korra se encontró a sí misma olvidándose del asunto de la cita entre Asami y Iroh con más facilidad de lo que creía, pues mientras Bolin y Mako hacían competencias de beber cerveza, Zuko coqueteaba con Mai de forma tonta y obvia, las chicas se adueñaron de la pista de baile, moviendo sus cuerpos al ritmo de la música, liberándose un poco de sus responsabilidades y obligando a los hermanos a unírseles poco tiempo después. Entre chistes, risas y bromas entre todos, resultó en una noche inolvidable que logró motivar a Korra aún más de lo que Azula lo había hecho. Y no, no planeaba rendirse.