Impostor de la promesa incumplida

Capítulo I

Perdido en el pasado…

Esa mañana de agosto, al igual que hacia todas las mañanas una mano se estiro perezosa de entre las sabanas para detener aquel ruido tan molesto de su despertador. Luego de dejar salir un sonoro bostezo el joven de dieciséis años y de segundo año de secundaria se sentó somnoliento en su cama. Alfred Jones restregó sus ojos con la manga de su pijama y con pereza se dirigió al baño, una vez allí abrió la llave de la ducha y dejo el agua corriendo mientras se desvestía, encontró su uniforme perfectamente planchado sobre el mueble del baño. Observo su cuerpo desnudo en el espejo, apreciando cuanto había crecido en aquellos cinco años…aún no podía creer que hubiese pasado tanto, aún no podía creer lo que había pasado, lo culpable que se sentía y sobretodo no podía creer que todavía le afectara tanto…

Habían pasado ya cinco años desde que se había visto obligado a dejar a la fuerza la mansión que ocupaba en Londres, cinco años desde la última vez que vio a su amigo inglés. No podía evitar recordar el día en que habían hecho la promesa de escribirse, de jamás dejar de saber del otro, de qué él le había prometido a su amigo ir a buscarle, de salvarle…pero ya habían pasado más de dos años de aquel cumpleaños en el que recibió la noticia de su amigo fallecido, el día en que supo que había fallado.

Una vez salió de la ducha, se vistió y salió nuevamente a su habitación con el uniforme de la escuela privada de Seattle, una camisa adornada con una corbata negra y un sweater color crema, sobre esta una chaqueta azul, le acompañaban unos pantalones pattern del mismo color.

Se encontró con su cama ya echa como era de costumbre, se sentó sobre ella con la idea de sacar sus lentes de la mesita de noche, pero inevitablemente como ocurría todos los días, encontraba también una foto. Y no cualquiera, sino que de él y Arthur con apenas once años, tampoco podía evitar el tomarla y observarla. Lo irónico de esa foto era que se la habían tomado unos tres días antes de su partida, ambos lucían con sus tiernos once años, Alfred abrazaba a Arthur feliz, mientras Arthur sonreía avergonzado, lo cual le hacía verse adorable. Pensar que ambos lucían tan felices, ni se imaginaban que de la nada a sus padres se les ocurriría en obligarles a destruir su amistad.

¿Cómo luciría ahora? ¿Seguiría usando el cabello desordenado? ¿Sería que todavía tendría esos gustos por las criaturas míticas y mágicas? ¿Habría aprendido finalmente a tocar guitarra? ¿Sería que seguía sin gustarle los deportes? ¿Seguiría tan fanático por los libros? ¿Seguiría cantando tan hermoso como en esos días? ¿Seguiría con ese mal genio que hacía que aumentaran sus ganas de molestarlo? ¿Seguiría con esos gestos sutiles que le demostraban cuanto le importaba? ¿Sería que habría logrado hacer amigos?

¿Cómo estaría ahora…si estuviera vivo…?

— ¡Alfred…!— Inevitablemente una voz femenina lo saco de sus pensamientos rutinarios, dirigió su mirada a la puerta de su habitación. Ahí estaba su hermana Emily, un año menor que él, vestía el uniforme femenino de la misma escuela, este consistía en un jumper con pattern rojo y una blusa adornada con una corbata negra. Era tan solo un poco más baja que su hermano, tenía el mismo color de ojos y cabello de él, este iba corto adornado con unos broches con formas de estrellas— De nuevo estas mirando eso, ¡ya déjalo! — Le regaño, al principio Alfred la miro sin entender, hasta que se dio cuenta de que había sido descubierto y rápidamente guardo la foto en el cajón, cerrándolo de golpe.

— No sé de qué hablas, Emily— Se excusó Alfred levantándose.

— Sabes perfectamente de que hablo— En su mirada tenía una mezcla de preocupación y enojo— Esa maldita foto, ¿Cómo es que todavía no te deshaces de ella?— Alfred soltó un suspiro intentando de ignorarla. Si tan solo supiera…la cantidad de veces que había intentado de deshacerse de esa fotografía, la cantidad de veces que había estado siempre a punto de tirarla a la basura o de romperla…todos los días, pero de alguna forma algo siempre terminaba impidiéndoselo, por lo que terminaba siempre volviendo a dejarla en el cajón intentando de convencerse en su mente: ‹‹Mañana…sí, mañana acabare con esto›› Siempre era lo mismo, todos los días se decía lo mismo, pero jamás llegaba a cumplirlo…

— Te repito, no sé de qué hablas…—Dijo Alfred con una sonrisa, la cual bien sabía Emily que era falsa.

— Sabes bien que quiero lo mejor para ti, ¿no?

— Ya, Emily ni que fueras mi madre— Se quejó saliendo de la habitación, dejando sola a su hermana quien miraba con tristeza el suelo.

Alfred rápidamente se dirigió al comedor como acostumbraba, ahí se encontraba tanto su padre como su madre, cada uno a un extremo de la mesa, ambos serios prestando atención a sus tabletas digitales, probablemente leyendo noticias o correo. En medio de ese incomodo silencio se sentó a un lado de su padre y comenzó a beber de su café. Pronto apareció su hermana y se sentó junto a él y comenzó a comer de sus tostadas en silencio mirando únicamente su plato. Algo completamente común en la rutina de la familia Jones, en la que la comunicación entre los miembros de la familia era nula…salvo ciertas ocasiones…

— ¿Cómo ha ido la escuela?— Pregunto de pronto Albert Jones sin siquiera dirigir la mirada a ninguno de sus hijos. Alfred arqueo una ceja sin quitar la mirada de su taza de café; si aquella era una de esas situaciones, cuando su padre decidía comenzar una conversación con sus hijos, sabía muy bien que nada bueno podía salir de eso…aunque al parecer su hermana menor aún no aprendía puesto que dejo salir una sonrisa entusiasta de sus labios, al ver que su padre mostraba algún "interés" en ellos…

—Bien— Respondió Emily— El próximo mes tendremos las competencias de porristas y Alfred…

— ¿Sigues haciendo esa estupidez?—Pregunto cortante su padre. Emily mordió su labio inferior y volvió a dirigir la mirada a la mesa— Deja ya eso y dedícate a estudiar— Alfred molesto se levantó dando un golpe en la mesa.

— ¡¿Es necesario que la trates así?! ¡Deja que haga lo que le gusta!

— ¿Te parece bien que tu hermana parezca una cualquiera?— Pregunto esta vez su madre, Claire Jones, al igual que su esposo seguía sin quitar su vista de la pantalla.

— ¡Mamá! ¡¿En qué estás pensando?! ¿Cómo Emily…?

—Lo mismo va para ti, Alfred— Siguió hablando la cabeza de la familia— Deberías dedicarte a estudiar y prepararte para entrar en la universidad en vez de pasarte tonteando y jugando al baloncesto…

—Hago lo que me dé la gana— Respondió Alfred dando otro golpe sobre la mesa para luego dejar la habitación.

¿Por qué no podía tener una familia normal? Una familia que conversara normalmente, que no toda palabra que se intercambie sea de crítica o razón de pelea, que cuando hablaran los mirara a los ojos y no a esas porquerías electrónicas. Que no tuviera como su único interés el dinero o la "imagen de la familia Jones".

Siempre ocurría lo mismo, la rutina de la familia Jones era la una o la otra. Simplemente la "familia" que únicamente se reunía en las mañanas para tomar desayuno, todos en silencio sin que los padres ni los hijos dijesen palabra alguna, el único sonido que podía oírse era de los teclados de las tabletas de las cabezas de la familia. Si se decía alguna palabra comenzaba el padre quien de alguna forma terminaba siempre criticándolos sobre cómo eran o lo que hacían, al final siempre estallaban las peleas.

¿Cuándo fue la última vez que había compartido de forma normal con su padre? ¿Cuándo fue la última vez que los cuatro habían tenido una vida feliz?

Probablemente, poco antes de que dejaran Londres, no podía olvidar aquella pelea en esa última noche, la primera vez que su padre le había golpeado…Nunca había logrado perdonarle, y no por el golpe, sino que por no permitirle salvar a Arthur cuando pudo…Su incapacidad de perdonarlo empeoro con los años, debido al gran crecimiento de la empresa de los Jones, tanto él como su madre se vieron cada vez más ocupados dejándolos tanto a Alfred como a Emily a un lado…,pero aquella incapacidad de perdonar se convirtió en odio el día en que destruyo la única carta que había recibido de Arthur…la única que había recibido desde que había dejado Londres…

Una vez llego a su habitación dio un fuerte golpe en el muro ahogando un grito de rabia. Emily quien lo había seguido, le observaba desde el pasillo con una preocupación y tristeza que iba solamente dirigida hacia su hermano, sabía perfectamente los pensamientos que rondaban por su cabeza, sabía que él (y ella también) querían que su familia fuese como antes de que volvieran a Estados Unidos, también sabía que estaba pensando en Arthur…

Era lo que más le preocupaba, pues ya habían pasado dos años de su muerte y todavía no lo veía capaz de salir adelante, sabía que aún se culpaba de no haber podido hacer nada por su amigo…

Tal era su preocupación que ya poco le importaba lo que decían sus padres sobre ella, incluso si pensaban que era una simple guarra por hacer lo que le gustaba, solo tenía pensamientos y preocupación para su hermano mayor.

Una vez Alfred se sintió un poco más tranquilo, se colocó su chaqueta de aviador, colgó su bolso en su hombro y salió de esa casa para ir a la escuela, mientras su hermana le observaba en silencio.

Una vez fuera de su casa, corrió con rapidez a tomar el bus cerca del puente Magnolia, pero no precisamente a la escuela, aún se sentía un tanto alterado gracias a sus padres y tenia tiempo de sobra, el pensar en el pasado no había ayudado en nada. Solo existía un solo lugar que podía calmarle, un pequeño muelle abandonado junto a una tienda de curiosidades y regalos en Alaskan way con la calle Spring st, afortunadamente estaba un tanto escondido pues existía una caseta y a un lado de esta estaba siempre estacionado un vehículo por lo que casi nadie conocía sobre ese muelle.

A pesar de que ni si quiera miraba directamente al mar pues el muelle miraba la bahía Elliot, que llegaba hacia el Pacifico interponiéndose antes el resto del estado de Washington. Y aunque mirase directamente el mar, ese lado no miraba hacia donde se encontraba Inglaterra, siendo separado, por Asia, África y el resto de Europa. A pesar de eso sentía que de alguna forma podía sentirse un poco más conectado con aquel país tan lejano para él… más conectado con Arthur… ¡Que tonterías pensaba! Arthur estaba muerto y no había nada que pudiese hacer por cambiar eso…Se golpeó ambas mejillas con sus palmas y negó con la cabeza, no podía seguir pensando en eso, lo sabía…Arthur no querría que pensase en eso, ni menos que se culpara de su muerte…

A pesar de que la última vez que lo vio tenía once años, estaba seguro de que Arthur le habría dicho algo como "Debes seguir viviendo por los dos…"

Pero era un hecho innegable, era su culpa…era el único que podría haberle rescatado y fallo…

Respiro hondo intentando de quitarse aquellos pensamientos de su cabeza, cuando una mano se posó sobre su hombro, rápidamente volteo y se encontró con un chico de cabello albino y desordenado, que con su mirada rojiza de las lentillas le sonreía amistoso, llevaba el mismo uniforme que Alfred, solo que llevaba rebeldemente un sweater rojo encima— Kesese, ya estás de nuevo aquí— Rio el albino, Alfred sonrío dándole un golpe amistoso en el hombro.

— ¿Cómo es que siempre que vengo aquí me encuentras, Gilbert?— Pregunto Alfred, era cierto…siempre lo pillaba cuando iba a aquel lugar, incluso el día que recibió la carta en la que se enteró de la muerte de Arthur, de hecho quizás si no fuera por su amigo albino, él…

— Casualidad, casualidad kesesese— Rio nuevamente— Venía camino a la escuela con mi hermano y los Vargas, cuando te vi venir hacia aquí. Ellos están esperando por allá así que vamos.

Sonrió entusiasmado, siguiendo a su amigo, no sin antes dar una última mirada al mar como si de Arthur se despidiese. Diviso pronto a sus otros compañeros. Uno de ellos, Ludwig, el hermano menor de Gilbert era el más alto de los Bielchsmith, tenía el cabello rubio bastante corto y peinado de forma ordenada, sus ojos azules eran adornados por unos lentes cuadrados. A diferencia de su hermano mayor, llevaba su uniforme de forma ordenada hasta obsesivamente pulcra.

Por otro lado estaban los gemelos Feliciano y Lovino, ambos tenían cabello castaño, al igual que sus ojos, además de un notorio rizo que sobresalía de sus cabezas, si no fuera por sus distintas personalidades y actitudes podrían ser considerados gemelos idénticos. Feliciano era un chico más tranquilo, despistado y hasta bastante alegre, por otro lado Lovino lucia malhumorado todo el tiempo, por lo que para los demás era bastante fácil hacerlo enojar.

Al verlo llegar Feliciano saludo alegremente, por su lado Ludwig fue un poco más cordial y Lovino saludo con un gesto molesto, los tres iban en primer año al igual que su hermana.

— Tardaste mucho, bastardo— Era aquella la forma de saludar del mayor de los italianos, por lo que ninguno de los presentes se molestó por el acto. Alfred devolvió sonriente el saludo para luego retomar su camino hacia la escuela privada de Seattle. Todos (a excepción de Ludwig) bromeando y dándose golpes amistosos en el hombro o haciendo rabiar a Lovino. Así llegaron al arco de la entrada de la escuela con el mayor de los gemelos persiguiendo a su hermano y a Gilbert, quedando atrás Alfred y Ludwig, quien observaba al otro un tanto preocupado.

— Oye, Alfred… ¿Peleaste con tus padres de nuevo?— Alfred le miro un tanto sorprendido— Digo…porque Emily no está contigo…y bueno…

—Ah…si…bueno…

— Solo me demore en arreglarme, así que Alfred salió primero—Ambos voltearon encontrándose con una Emily sonriente siendo acompañada de otra chica que la acompañaba venia igual de sonriente.

—S-sí, eso es…—Susurro rápido Alfred a lo que rápidamente saludo a la otra chica, vestía el mismo uniforme que su hermana, tenía el cabello castaño y rizado que era adornado con un broche de flores, además de unos hermosos ojos verdes— ¿Cómo estas Lizz?

— Bien, suerte que me encontré con tu hermana camino hacia aquí— Sonrió de forma quizás exageradamente femenina, para luego saludar a Ludwig— ¿Y tú estúpido hermano?— Pregunto de forma inocente a lo cual los tres presentes miraron entre incomodos y preocupados a Elizabeth Heldevary, hacia un año ya que había tenido este cambio a tener una imagen femenina, y a nadie le gustaba, pues notoriamente era forzado, al menos para quienes la conocían bien. Los tres tenían ganas de decirle a su amiga de su cambio de personalidad, sin embargo nadie se atrevía a dar el primer paso.

— No lo sé, estaba siendo perseguido por Lovino cuando nos separamos…— Elizabeth no borro su sonrisa y entro con ellos a la escuela junto al resto de los estudiantes que llegaban. Los cuatro iban hablando de cosas triviales y sin importancia, cuando se hizo escuchar una vocecilla chillona que se acercaba a ellos, Alfred, sabiendo de quien se trataba, intento de apurar a sus amigos para salir de allí, pero antes de que siquiera pudiese decir algo, una chica bajita de cabello corto y rizado igual de castaño que sus ojos, hizo aparición en medio del tumulto de gente y se aferró al brazo de Alfred.

— ¿Cómo estas, Alfred?— Alfred hizo un esfuerzo enorme para no soltar un suspiro ni lucir irritado por su presencia, aquella chica jamás iba a dejarle en paz, Michelle Woods que a pesar de ser tamaña estatura era del mismo año que Alfred, siempre que le veía se apegaba a él como si de chicle se tratase. Le desagradaba bastante, no solo porque se pegase, en general odiaba a las chicas que utilizaban demasiado maquillaje y que más encima fueran tan fáciles. Si lo pensaba bien, era por chicas como ella que sus padres tenían esa visión de las porristas y que por ello presionaran a Emily por dejarlo.

— Bien…—Sonrió Alfred con cierta falsedad mirando a su hermana y a los demás chicos en busca de ayuda, pero estos ya habían desaparecido.

— ¿Supiste que hoy llega alguien de intercambio?—Comento alegre sin soltarle, mientras Alfred buscaba las palabras o excusa adecuada para sacársela de encima, tampoco era como si simplemente pudiese decirle que lo dejara en paz sin más, pues era la hija del director. De pronto logro divisar a un chico de pelo negro a lo lejos con rasgos asiáticos.

— ¡Kiku! ¿Cómo estás? — Saludo Alfred haciendo un gesto de "por favor ayúdame" a lo cual el chico se acercó, saludando a ambos cordialmente.

— Michelle-san, ¿no debería de ir a recibir al nuevo estudiante? — Ante sus palabras la chica se alarmo de sobremanera, soltando a Alfred.

— E-es verdad, si no papá…el director me va a matar. Nos vemos después, Alfred—Rápidamente salió corriendo perdiéndose en la multitud. Alfred suspiro aliviado sonriendo agradecido al japonés.

— De verdad me salvaste, te debo una…

— No te preocupes, Jones-san

— ¿Cuántas veces te he dicho que dejes eso del "san"? ¡Y lo de Jones, también!

— D-disculpa es un viejo habito, Jones-s…Alfred-san…— El americano suspiro derrotado, para luego sonreír.

— Supongo que no puedo hacer nada con eso— Rio dándole una palmada amistosa en la espalda

— Lo siento…

Escucharon un par de voces detrás de ellos que los saludaban, al voltear se encontraron con un chico rubio de cabello largo y ojos azules, y otro chico de piel morena, cabello castaño y ojos verdes.

— Antonio, Francis, ¿cómo están?

— Oye, oye Honda, ¿porque ahuyentaste a Woods? ¿No ves que era la oportunidad perfecta?— Bromeo Francis con su acento francés.

— ¿La oportunidad perfecta, para qué? Si saben que no me gusta — Reclamo Alfred un tanto molesto— Ante lo cual el chico llamado Antonio rio estruendosamente.

— Pero ella está loca por ti ¿que no lo ves?

— ¡Es por eso que me apesta! Además…— Se le fue la voz por un momento una vez que noto a alguien pasar por su lado y se dirigía a la entrada del edificio, entre el tumulto de gente pudo distinguir la figura de una persona, un chico que le daba la espalda, una cabellera rubia y desordenada. Sintió una presión en su pecho, a la vez que la cabeza le daba vueltas, pues eso no era posible, ¿verdad? Sin pensarlo dos veces corrió al interior del edificio haciéndose paso entre los estudiantes que entorpecían su camino, sin tomar en cuenta a sus amigos que lo llamaban llego a uno de los pasillos que creyó ver al chico dirigirse...mas esta vez lo perdió de vista definitivamente…

Alfred se quedó varado unos momentos, mientras los demás estudiantes pasaban a su lado, chocándole en algunos casos, mas no le importo…solo pensaba en lo que acababa de ver…o más bien…lo que creyó ver…No había forma de que Arthur estuviese en la escuela…

— ‹‹Imposible…Arthur está muerto…››— Se repetía Alfred en su mente una y otra vez sin moverse de su lugar—‹‹Arthur no puede estar aquí…››

— ¡Alfred!— Francis, Antonio y Kiku lo habían alcanzado, sin embargo él no les tomo atención, miraba el final del pasillo preguntándose por qué había imaginado a Arthur, no era la primera vez claro…—Oye, deberíamos ir a clase ya…—Dijo de pronto Antonio. Ninguno de los tres quiso preguntar nada, pues sabían de su amigo fallecido y habían visto numerosas veces en las que Alfred había creído ver a Arthur…pero era la primera vez que había salido corriendo por eso…

De algún modo lograron hacerle caminar empujándole un poco, mientras en su cabeza continuaba repitiéndose que lo que vio fue solo su imaginación, al menos eso pensaba hasta que recibió un golpe en la cabeza— ¡Oye Alfred! ¿Estas escuchando?— Alfred levanto la vista encontrándose con su albino amigo Gilbert, quien le miro molesto. El americano adolorido llevo una mano a su cabeza y le agarró del cuello de la camisa.

— ¡¿Se puede saber a qué vino eso?!— Gilbert rio divertido intentando de soltarse, sin mucho éxito.

— ¡Llevamos un buen rato hablándote y no nos tomas atención!— Alfred le soltó a la vez que volteaba a ver a sus amigos además de Elizabeth que acababa de sumarse, que le miraban con preocupación.

— Lo siento…—Susurró dándose cuenta de pronto que se encontraban en la pileta del patio cercano a la biblioteca. Llevo ambas manos a su rostro y golpeo con fuerza sus mejillas— Debo estar volviéndome loco…

— ¿Qué paso?— Pregunto la chica con un tono que intentaba sonar maternal, normalmente los chicos se habrían reído de ella por su actuar, pero esta no era la situación idónea como para eso.

—No pasa nada, déjenme solo…—Susurro dirigiéndose rápidamente al salón de ciencias, entrando rápidamente antes de que alguien más le preguntase algo y se sentó en la última fila junto a la ventana como solía hacer siempre. No podía evitarlo, pero continuaba pensando en lo que acababa de ver, aunque tan solo lo había visto de espalda… ¿Tan desesperado estaba por volver a verle?

Estuvo desde los once años deseando volver a verle, pero ya era tarde…Todo el esfuerzo que había hecho no tenía sentido. Las miles de formas en las que se arreglaba para reunir dinero, la frustración que sentía por cada vez que los precios de los pasajes subían, las tardes que pasaba esperando al cartero o escribiendo las cartas que nunca tuvieron respuesta…aún así sentía que quería verle nuevamente y disculparse…disculparse por no haber podido salvarle…

Por no haberle dado la fuerza suficiente en sus cartas (aunque nunca fueron respondidas) que disuadiese la decisión que tomo. Llegaba a pensar que la carta que destruyo su padre era un grito de ayuda…si él tan solo hubiese podido responderla…si no hubiese sido tan estúpido como para mostrarle la carta a su padre…quizás Arthur…

Pero ya no había nada que hacer… ¿Verdad? Debía seguir lo que sus amigos le habían aconsejado y dar vuelta la página, pero no era tan simple tampoco…Con esta alucinación le hacía pensar en que el propio Arthur no quería que le olvidase…Quizás era algo tonto su pensamiento, pero era la primera vez que lo veía con la misma edad que él…Normalmente cuando creía haber visto a su amigo, veía al niño de once años que vio por última vez antes de su partida…claro sin los golpes que le había dado su padre, lo veía feliz…

A esa hora todos tenían clases distintas. Alfred tenía junto a Antonio, Francis y Gilbert clases de ciencias, Elizabeth tenía Filosofía, Kiku por su parte inglés y por último los gemelos y Ludwig, quienes estaban en primer año, tenían clase de matemáticas junto a la hermana de Alfred.

Sus amigos se sentaron a su lado sin decir nada, esperaron a que comenzara la aburrida clase. Pensar que tan solo llevaban dos semanas y ya las clases se volvían aburridas y estar en esta situación le desmotivaba más. No paso mucho tiempo para cuando recibió la primera bola de papel sobre su cabeza, rápidamente volteo a ver al responsable y vio a Gilbert junto a sus otros amigos sonriendo divertidos, les devolvió la sonrisa y con ello la misma bola de papel, comenzando así una pequeña guerra que intento ser silenciosa y desapercibida, hasta que al profesor le llego una bola de papel y los regaño. Los cuatro entonces se miraron cómplices y rieron simuladamente.

Alfred debía de reconocer, que aunque sentía la ausencia de Arthur en su vida, en esos años había ganado buenos amigos…aunque él ahora no les hubiera dicho nada, sabían perfectamente lo que había pasado, sin embargo en vez de atosigarlo con preguntas buscaban que se distrajera aunque eso les causara problemas.

Volvió a mirar por la ventana puesto que no tenía interés alguno en prestar atención a la clase, intentando de no pensar en Arthur, pensando en no querer preocupar más a sus amigos. Sabe que lo hacen todo el tiempo, Gilbert siempre lo hacía…por eso siempre que iba al muelle aparecía…como si tuviera miedo de que volviera a hacer aquella misma estupidez. No lo culpaba, si la situación fuese al revés, él también estaría preocupado.

Finalmente la clase termino, por lo que animadamente los cuatro salieron del salón conversando de cosas triviales, fue cuando dieron un paso fuera de la clase que algo llamo la atención del americano.

De nuevo esa cabellera rubia que le daba la espalda, estaba ahí alejándose por el pasillo por el lado contrario al que debía dirigirse él. Nuevamente aquel sentimiento de necesidad de saber si se trataba de Arthur o no le invadió, llevo una mano a su cabeza a la vez que cerraba sus ojos. Era obvio que no era, solo debía ser una ilusión otra vez…Lo sabía bien, sabía que una vez abriera sus ojos aquel Arthur falso desaparecería…Entonces, ¿Por qué temía tanto abrir sus ojos? Era como si temiera el hecho de que Arthur desapareciera…Si, está muerto, debía aceptarlo, demonios.

— ¡Alfred!— Sintió que alguien tiraba de su brazo haciendo que voltease, de forma inmediata abrió sus ojos y se encontró con Gilbert que le veía irritado, Francis y Antonio lucían preocupados, al igual que Kiku, que quien sabe cuando llego—Vamos, tenemos inglés ¿no?— ¿desde cuándo a Gilbert estaba tan interesado con asistir a las clases? El día se estaba poniendo cada vez más extraño. Mientras era arrastrado por sus amigos a la clase no pudo evitar ver hacia atrás, pensando en que la ilusión de la espalda de Arthur no estaría más.

Pero estaba equivocado, seguía ahí, y lo que era colmo había volteado…pudo distinguir sus ojos verdes, sus grandes cejas y su sonrisa…No podía ser, Arthur no…Sí, le estaba sonriendo a él…

—Alfred-san…—Volvió a voltear encontrándose con Kiku que lo miraba preocupado— Te estaba preguntando cuando me ibas a devolver los juegos que te preste…

—Ah…Disculpa, lo olvide…mándame un mensaje y te los traigo mañana, ¿ok?— Le sonrió al japonés para luego voltear nuevamente en busca de Arthur, pero esta vez sí había desaparecido. ¿Por qué? Había llegado a ilusionarse con la idea de que quizás Arthur estaba vivo y lo había ido a buscar… Definitivamente estaba volviéndose loco…nunca había tenido esas ilusiones tan reales…

— ¿Estás bien? Estás pálido, Alfred-san…—Volvió a preguntar el japonés, ante lo cual, el americano solo asintió. Arthur no tenía como estar ahí…Arthur estaba muerto, lo que le preocupaba es que cada vez que lo decía en su mente le sonaba cada vez menos convincente. Pero entonces, ¿para qué iba a mentirle Marie en su carta? Debía convencerse de eso, que era una triste realidad, Arthur no iba a aparecer y nada podía hacer por ello…si no se convencía estaba seguro de que terminaría por volverse loco.

Esa clase Alfred la tenía solo, lo cual era peor en ese momento, puesto que no tenía como distraerse. Se sentó como siempre en el último asiento junto a la ventana mientras la clase pasaba sin más, mientras su mente buscaba razones para que aquellas ilusiones aparecieran ahora, tan constantes y reales…como si Arthur hubiese ido a buscarle…

— ‹‹ ¿Y acaso no sería mejor ir con él…?››

La idea de pronto golpeo su mente, una idea que hacía dos años que no tocaba su puerta y la verdad es que no le parecía tan mala idea, hasta era atractiva…podría volver a ver a Arthur, preguntarle todo lo que había querido saber en todos esos años, pedirle perdón por no llegar a tiempo, por tardar tanto…

Se estremeció de pronto al darse cuenta de lo que acababa de pensar, no podía andar pensando ese tipo de cosas tan a la ligera. Alfred a diferencia de hace dos años atrás tenía muchos amigos, que sabía que se pondrían tristes si algo le pasara…lo harían… ¿verdad?

La clase finalmente termino, no se dio cuenta de ello hasta que todos sus compañeros comenzaron a levantarse…Salió lentamente del salón, miro a ambos lados del salón. Normalmente siempre alguno de sus amigos, cuando no tenían clase con él, llegaba a buscarle, este día no era el caso ¿Por qué? Bueno, tampoco era como si dependiese de ellos ¿o sí?

La verdad es que en su mente aún le atormentaban las ilusiones que había tenido de Arthur, así que no le tomo mucha atención y se dirigió a su siguiente clase Matemáticas, la cual tenía solo. Una vez acabo, nuevamente sus amigos no se aparecieron, simplemente no le dio importancia y se dirigió a la cafetería.

Se encontró con Francis y Antonio, quienes al verle le hicieron señas para que se sentara con ellos, ante lo cual sonrió y fue donde ellos luego de buscar su bandeja. Una vez se sentó miro a su alrededor sin divisar a ninguno de sus otros amigos.

— Oye Alfred, ¿Gilbert no fue a buscarte?— Ante la pregunta de Antonio, Alfred negó con la cabeza

— Tampoco aparecieron luego de Inglés…—Repuso Alfred.

— Que raro, parecía muy intranquilo en clases en matemáticas, se pasó mandando mensajes y apenas sonó la campana salió corriendo.

— ¿No habrá ido a buscar a Eli?— Pregunto Francis en voz baja sonriendo con picardía.

— No creo, si ella siempre se pasa con Rod…Oh…Hey Roderich!— El llamado de Antonio hizo que tanto Alfred y Francis voltearan a ver a quien llamaba, encontrándose con un chico de su misma edad de cabellos oscuros con un mechón que sobresalía de su frente y unos ojos violáceos adornados por unos lentes cuadrados que les miraba con cara de pocos amigos.

— Hey, Rod ¿Dónde está Lizz?— Pregunto Alfred curioso, puesto que siempre andaban juntos.

— Elizabeth dijo que tenía algo que hacer, que almorzara con ustedes…— No lucia muy contento con la idea en verdad, aunque siempre lucia así cuando estaban los amigos de la húngara alrededor, por lo que simplemente lo ignoraron— No veo al otro albino idiota, ni a Honda…

— No sabemos dónde están— Se quejó Francis— Mira, tu hermana también viene sola, Alfred…— El aludido volteo y vio a Emily que se acercó con su bandeja a la mesa de ellos completamente sola.

— Emily… ¿Qué paso con los Vargas y Ludwig?

— No tengo idea— Dijo Emily sentándose junto a su hermano— Dijeron que tenían algo que hacer…de hecho, no llegaron a ciencias.

— Ellos también…—Susurro Antonio— ¿No estaban raros hoy?

Si era verdad, Kiku también lo había estado, cuando había visto al salir de su primera clase a Arthur…o en fin a la ilusión de Arthur, Kiku estaba más hablador que nunca, era como si tratara de que le prestara toda su atención…Quizás…

— Alfred, estas pálido…—Emily lo miraba preocupada, al igual que los demás a excepción del novio de Elizabeth quien lucía completamente intranquilo a punto de levantarse, que comía sin prestar atención al resto.

— Estoy bien…— Volvió a repetir, a pesar de que era una mentira. Solo quería llegar a su casa y dormir, olvidarse de las cosas que había visto ese día…

— Siempre dices lo mismo…— Susurro la chica. Nadie más se atrevió a decir algo más y comieron en silencio, mientras la mente de Alfred seguía pensando en la imagen que había visto de Arthur, tratando de buscarle una explicación lógica y en que no debía decirle a nadie de esto, ya que creerían que estaba loco…

Ninguno de sus otros amigos se presentó al almuerzo hasta el momento en que toco entrar a clases, todos los de segundo tenían deporte. Alfred le intento de preguntar a Gilbert en donde había estado y solo recibió como respuesta en tono de broma: "¿Acaso me extrañaste, cariño?" Era una broma normal de Gilbert, sin embargo en ese momento le molesto, sentía que su amigo le ocultaba algo y eso le molestaba de sobremanera.

No pudo preguntarle a Elizabeth, puesto que como los separaban en grupos de hombres y mujeres, ella estaba en un distinto camerino, probablemente intentando de verse lo más femenina posible para Roderich. Lo encontraba estúpido, ninguna chica tiene porque verse y actuar femenina haciendo deporte, no era algo que se pudiera disimular. Sin embargo Lizz había logrado de pasar a tener una imagen de la chica ruda y deportista que tuvo hasta hace un año a una torpe chica que poco menos se le quebraban las uñas por tocar una pelota.

Quiso seguir insistiéndole al alemán, pero justo se vio salir a Elizabeth de los camerinos trotando, como se diría "como una chica" y el estado de humor de su amigo cambio radicalmente. Algo que Alfred tenía muy claro es que la actitud y personalidad nueva de su amiga Lizz a quien más le irritaba era al amigo de infancia de la chica. Por lo mismo prefirió ahorrarse las palabras.

Intento de preguntarle a Kiku una vez salió del camerino, sin embargo en ese momento apareció el profesor en la cancha y anuncio que ese día los chicos harían partidos de basquetbol, rugby y vóleibol, según lo que prefirieran, dándole la preferencia de escoger a los alumnos que estuviesen seleccionados en dichos deportes.

Al ser Alfred uno de ellos, al igual que sus amigos Francis, Gilbert y Antonio, armaron un equipo de basquetbol poniendo obligadamente a Roderich, que estaba intentando escaparse de la clase, puesto que no le gustaban los deportes…Siendo cuatro de la selección tenían ventaja en comparación al otro equipo.

Pronto el partido comenzó tomando Alfred el balón, otorgándole así la ventaja inmediata con su equipo, entre los cuatro amigos tenían buena estrategia. No era así para Roderich, que poco y nada sabía del deporte y lo único que podía hacer era correr penosamente de un lado a otro, mientras su novia Elizabeth le gritaba para animarle, aunque los gritos eran ahogados por el del resto de las chicas que animaban a los otros cuatro y más aún cuando alguno de ellos metía un punto.

Gilbert por su parte lucia molesto cada vez que escuchaba los gritos de Lizz hacia Rod, de alguna forma esa rabia lograba hacer que corriese más rápido al igual que sus tiros.

Antonio por su parte encontraba gracioso ese enojo de Gilbert cada vez que recibía el balón puesto que estaba más veloz que nunca, quizás debiesen llevar a los partidos a Elizabeth más seguido y hacerle gritar por Rod. Francis por su parte solo se preocupaba de lucirse tanto como quisiese ante las chicas sin descuidar el juego por supuesto.

Alfred, estaba concentrado en intentar no pensar en Arthur, dando todo de si por supuesto, pero inevitablemente en algún momento pensaba en el rostro que había visto aquella mañana cuando por accidente lanzo el balón hacia fuera de la cacha intentando de hacer un pase a Francis.

— ¡Oye Alfred! ¿Qué pasa, amigo? ¡Fíjate a donde lanzas!— Le había llamado la atención Antonio. Alfred se dio unos suaves golpes en las mejillas intentando despertar. El día de hoy definitivamente no era él. Un miembro del otro equipo se posiciono en los límites de la cancha para lanzar el balón perdido de Alfred. Todos se posicionaron delante de sus marcas, cuando lanzaron el balón. Rápidamente Antonio logro arrebatar el balón e hizo un pase a Alfred, quien de alguna forma había seguido en su mundo.

No podía seguir pensando en eso. Dio un pase a Gilbert, quien rápidamente paso a Antonio y así paso a Francis quien se acercó peligrosamente al arco, cuando un chico del equipo oponente se puso frente a él, por lo que devolvió el balón a Alfred, quien velozmente se acercó al arco dando un par de pasos antes saltar. Podía escuchar a las chicas gritando emocionadas, la voz de Lizz entre otras, junto a la del profesor que inútilmente intentaba de mandar a las chicas a jugar su propio partido. Debía concentrarse en encestar, solo eso…pero la imagen de Arthur volvía a él…tenía que lanzar.

Nunca supo que le llevo a hacer eso, pero mientras estaba en el aire, realizo el lanzamiento, a la vez que miraba hacia su izquierda...ahí estaba otra vez, ese Arthur. Estaba viéndole de reojo mientras se iba. Escucho al árbitro anunciar el punto y el termino del partido… ¿Seria que acaso le pedía que le siguiese? Cayó finalmente al suelo logrando apoyarse en ambos pies. Sus amigos se acercaron a felicitarle dándole palmadas amistosas y riendo.

Pero Alfred no decía nada…pues lo había visto otra vez. Pálido ignoró a las chicas, sus compañeros e incluso sus amigos y se dirigió rápidamente hacia donde había ido Arthur.

— ‹‹ Que ese no es Arthur, maldita sea ››

Llego a la zona de la pileta de la escuela cuando sintió que alguien lo detenía tomando de su hombro—… ¿Quién…? ¡Gilbert! ¡Déjame ir!— Alfred se soltó con brusquedad cuando vio que llegaban también, Antonio, Francis, Kiku y Elizabeth. Todos luciendo preocupados— ¿Qué les pasa? ¿No me pueden dejar en paz?— Tan solo quería correr tras esa imagen de Arthur…y asegurarse de que no era real…

— Nos tienes a todos preocupados...— Dijo entonces Kiku.

— Si, has estado extraño todo el día…— Concordó Francis.

— ¿No nos puedes decir que te pasa?— Continuo Elizabeth con exagerado tono femenino— Quizás te podamos ayudar…

— Van a creer que estoy loco, así que mejor no…

— ¡No digas idioteces, Alfred!— Contesto esta vez Antonio, el aludido les miro inseguro, para luego soltar un suspiro.

— Cuando digo que parece que me estoy volviendo loco, hablo en serio…—Susurro cubriendo sus ojos— Creí ver a Arthur de nuevo…— A pesar de que era algo a lo que estaban acostumbrados, pues era recurrente, tanto Gilbert, como Elizabeth y Kiku palidecieron.

— E-eso no es novedad…—Soltó el alemán nervioso, ante lo cual la chica húngara lo hizo callar con un femenino gesto al colocar su dedo índice sobre sus labios, haciendo que le dirigiera una mirada molesta.

—…fue distinto…las otras veces solo me pasaba que veía a alguien que por un segundo se le parecía, o si lo llegaba a imaginar era en la forma que lo vi por última vez…como un niño…— Alfred sonrió un tanto nostálgico—…pero ahora lo vi, al menos no he visto a nadie en la escuela que llevara el cabello tan desordenado como él y bueno…llevaba nuestro uniforme…

— ¿Estás seguro?— Pregunto en esta ocasión Kiku, Alfred asintió triste— Alfred-san, sabes que él esta…

— ¡Lo sé! ¡No tienes que decírmelo!— Casi grito— Ya lo sé muy bien…Arthur se suicidó…por mi cul…

— ¡Ya deja eso!— Antonio coloco una mano sobre su hombro— No fue tu culpa, nunca pensaste que lo haría…— Si, era su culpa…Arthur se lanzó al rio desde el puente de Londres porque de seguro ya no lo soportaba más…no soportaba más esperar que lo salvasen o que simplemente lo matasen…Le había fallado a su mejor amigo…— Ya no hay nada que puedas hacer, nos tienes a nosotros…— Si, tenía razón. Ahora tenía a sus amigos para salir adelante, la verdad es que gracias a ellos y la escuela habían servido como una distracción para su culpa…

Pero aun así…no sabía cuánto tiempo más aguantaría así… Intentando inútilmente ignorar que por su culpa Arthur había muerto…

— Lo siento…—Volvió a golpearse las mejillas con fuerza dejando sus manos marcadas en ellas— ¡Ahora sí, me encuentro mejor! Ya hay que volver a clases, ¿no?— Los demás chicos lo miraron confundidos por un momento, para luego soltar un suspiro aliviado.

— Si, vamos— Sonrió aliviada Elizabeth.

— Ustedes adelántense, pasare al baño un momento.

No estaba muy seguro porque, ya que la última vez que vio a Arthur tenían once años pero tenía la intuición de que Arthur le habría dicho "Debes seguir viviendo por los dos…" era algo triste, pero ya habían pasado dos años…debía de empezar a dar vuelta la página y terminar con todo esto. Dejar de sufrir de una vez… Si, era lo que debía hacer…

Y para eso debía ir por última vez a ese lugar y acabar con todo esto…

En vez de ir al baño fue al camerino por sus cosas y se cambió a su uniforme, para luego irse al patio trasero que funcionaba como el lugar para dejar la basura y para escapar de la escuela. Total ya quedaban una media hora para salir de clases, no quiso esperar la salida de clases, ya que además sabía que Gilbert no le dejaría ir solo.

Una vez salió de la escuela corrió en dirección al muelle, rogando encontrarse de nuevo con aquella imagen de Arthur…

Aunque fuese una creación de su mente…

Quería hablar con él…antes de seguirle…

Llego finalmente al puerto que lo conectaba con Arthur casi sin aliento. Estaba vacío…No había nadie. Se hinco apoyando sus manos sobre sus rodillas intentando de recuperarse para luego dejar su bolso en el suelo. Lentamente camino hacia el final del muelle y observo el mar.

— Vamos… ¿Por qué no apareces ahora…?— Soltó en apenas un susurro— te has aparecido todo el día y cuando de verdad quiero verte…— mordió su labio inferior aguantando las lágrimas que amenazaban con salir—…solo dime que debo hacer…

Recordó la vez que lo conoció, cuando logro hablar con él por primera vez, cuando se hicieron amigos, cuando iban juntos a la escuela y jugaban todo el día, el día en que se lo llevaron de la mansión Kirkland a la fuerza, el día en el que se despidieron, todo el tiempo que espero una respuesta a sus cartas, todo lo que hizo para juntar dinero…y el día que recibió la carta con la noticia de su muerte…

Poco a poco las palabras dichas aquel día volvían a él…

— ¿Arthie, tú me esperarías?

— ¿Qué cosa?

— ¡Juntare mi mesada y con eso lograre comprar un pasaje para sacarte de aquí!

— Sabes que es caro, ¿cierto?

— Por eso...espérame—El pequeño Alfred le miro serio para luego sonreír—, porque soy un héroe y te salvare — Esta vez fue el turno de Arthur de sonreír.

— Sera mucho tiempo, pero al menos no será un "nunca más"…— Entonces Alfred extendió su mano.

— Entonces… ¿Lo prometes?— Arthur observo aquella mano sorprendido, mas sonrió antes de estrecharla.

— ¡Prometido!

— Te sacare de aquí, Arthie…te lo prometo.

Le interrumpió el sonido de las olas rompiendo junto al muelle

— Y pensar…que creímos en ese entonces que nuestro adiós no iba a ser para siempre— Tenia la mirada perdida en su reflejo del mar, fue cuando este cambio a la figura de un Arthur, esta vez de once años. Sonrió al verlo. —Hay tanto que te quiero preguntar…—Con la manga de su camisa seco sus lágrimas— ¿Seguiste tocando guitarra? ¿Seguiste creyendo en las hadas y unicornios? ¿Te acordaste de mí? ¿Por qué… no respondías mis cartas?— El Arthur en el agua sonreía con tristeza, mas no decía nada de nada, mientras Alfred volvía a sentir un nudo en la garganta— ¿Me estuviste esperando?

Esta vez, la imagen de Arthur sonrió feliz mientras asentía para luego estirar su mano hacia él…Alfred volvió a sonreír con tristeza. Habría querido despedirse de sus amigos y hermana, pero…sabía muy bien que lo detendrían y no quería que lo detuviesen más…pues al fin vería a Arthur…

Fue entonces cuando dio un paso al frente.

— ¡Alfred!— El aludido volteo y pronto sus ojos se abrieron con sorpresa. Ahí estaba de nuevo la imagen de Arthur que llevaba persiguiéndole todo el día, nuevamente le sonreía. Tan impresionado estaba de poder ver y hablar una vez más con su amigo fallecido que resbalo y por poco cayó al mar, de no ser por que tomaron de su brazo con fuerza…

Alfred que había cerrado sus ojos al caer los volvió a abrir lentamente para encontrarse con que la imagen de Arthur le sujetaba y ayudaba a reincorporarse— Vaya que eres torpe, ¿estás bien?

Alfred no decía nada. Aquel Arthur le había tocado, le había tomado con fuerza cuando se suponía que estaba muerto, Marie así lo había dicho en la carta que había recibido dos años atrás. Si Arthur estaba muerto… ¿Quién era esa persona?

Pronto recordó decir a Michelle que hoy había llegado un estudiante de intercambio, ¿sería él? Pero…

— ¿Quién eres?— Pregunto al fin en un susurro Alfred intentando de procesar lo que veía, la presión que sentía en su brazo, asegurándose de que era real. Ante la pregunta, el chico frente a él levanto sus muy pobladas cejas de la sorpresa, para luego sonreír triste a la vez que le soltaba.

— Bueno ha pasado mucho tiempo, así que supongo que es normal que no me reconozcas…— Sonrió de nuevo alegremente rascando su barbilla— Soy Arthur Kirkland— Alfred no podía creer lo que escuchaba... — ¿Me recuerdas?— ¿Aquella persona era Arthur? Su mejor amigo, a quien no pudo ni cumplir su promesa de salvarle, por quien había llorado su muerte dos años… ¿estaba vivo?— No sabes cuánto me alegra verte, Alfred— Todo era igual a su antiguo amigo, sus ojos verdes, sus muy pobladas cejas y su cabello desordenado…todo era de él. Pero Arthur estaba muerto, lo había confirmado en los registros de personas fallecidas del periódico de Londres por internet… simplemente no podía ser él…A menos que…

Se tratara de un impostor…

Fin capítulo I

Notas Autora:

¡Hola a tod s! Tiempo sin leernos! Sé que probablemente quieran matarme por tanta espera, pero han pasado muchas cosas…

En primer lugar como les dije en el capítulo 0 termine haciendo muchos cambios en la historia, por lo que este capítulo (que ya tenía casi listo) tuve que cambiarlo casi por completo…Aun así espero que les haya gustado.

El otro problema que he tenido pues…mi tesis. Debo decir que me ha pasado de todo con eso ajajajaja. Incluso me paso en un momento que me entere un poco tarde que alguien de mi carrera (antigua malla) estaba haciendo además de mí mismo tema, el mismo producto que yo…por lo que tuve que cambiar casi todo mi proyecto…esta demás decir que me atrase bastante con eso por lo que las siguientes entregas (no sé porque lo pusieron como un ramo/materia) tenían unos resultados horribles…Además de que mi profe guía hacía varias cosas que nos perjudicaban, onda nos enteramos que habían adelantado el examen final porque el muy….se casa…Bien por él pero no nos puede joder a los demás.

Prácticamente estaba enferma de los nervios, y no solo yo, mis compañeras también, puesto que es la última materia que debíamos aprobar para egresar. Diría incluso que gracias a que soy muy llorona no me termine enfermando en serio. Por suerte la directora docente se dio cuenta del estado en el que estábamos y logro correr todas las fechas.

Debo decir que no escribir el fic fue terrible para mí, siendo tan depre el capítulo quería desahogarme, pero en los momentos libres que intentaba de escribir este capítulo, me bajaba el cargo de consciencia y no podía escribir nada.

Pensé incluso "publicar un capitulo" contándoles lo que estaba pasando, en parte para que no pensaran que no iba a continuar y también en parte para desahogarme…pero de ahí pensé en como detestaba que algunas autoras hicieran eso, ilusionando al ver el mail de la actualización para que fuese simplemente o una cadena, anuncio o lo que sea, por lo que me abstuve…

Pero bueno, lo peor ya paso, pues ayer me entregaron mi última nota y…APROBE, estoy egresada de Diseño Industrial :3 Ahora solo me falta el terminar mi tesis y dar mi examen de título por lo que estaría terminando con todo a fines de enero. Es increíble pensar que ya estoy terminando con la universidad…aunque podría decirse que ya termine, pero…como que no siento que vaya a terminar hasta que tenga el título en mis manos :3

Bueno perdón por darles la lata con mis cosas ajajajaj (siempre la doy), pero espero que me entiendan, intentare avanzar lo antes posible el fic.

Nos leemos!