Impostor de la promesa incumplida
Capítulo II
La nueva vida de ¿Arthur Kirkland?
— Te agradezco que me hayas mostrado todo esto, pero por ahora no pretendo unirme a ningún club.
— Um…bueno, pero si llegas a interesarte en alguno no dudes en decírmelo ¿sí?
Una vez había terminado de ver todos los clubs y estancias de la escuela, se despidió de la chica que lo acompañaba y dejo el establecimiento. Decidió aprovechar de conocer bien la ciudad y de paso encontrar algún lugar en el que conseguir trabajo. Se dirigió a Alaskan Way, que era muy conocida por sus puertos y con varios negocios, ideal para turistas, así como también podría serlo para conseguir trabajo.
Caminando paso junto a la rueda de la fortuna y unos cuantos negocios de comida y de regalos. Pregunto en cada uno si es que había trabajo para él, pero los dueños siempre decían que estaban copados.
Bueno, raro seria que encontrara trabajo en el primer día, ¿no?
Algo desanimado continúo su camino y encontró con una tienda de curiosidades, entro. Era bastante llamativa aunque un tanto desordenada, se podían apreciar decenas de repisas atiborradas de artículos de regalo de turismo y en el fondo había un mostrador en el que en ese momento parecía no haber nadie. Esa era la primera sección. La otra que se encontraba en otra habitación, se trataba de un café-bar. Se podía apreciar la humilde barra y además un pequeño escenario. Tras la barra que al parecer conectaba con el mostrador de la tienda de regalos, se podía apreciar a una persona, por su apariencia de dudoso sexo. Lucia muy joven, no era muy alto tenía sus ojos castaños al igual que su cabello el cual iba atado en con una coleta y llevaba puesta una camisa junto a un pantalón negro.
— Bienvenido— Saludo el joven con su voz un tanto aguda aunque a pesar de ella pudo decir que definitivamente se trataba de un hombre— Disculpa, pero en este momento el café está cerrado, puedes volver dentro de una hora.
— Disculpa, la verdad es que vengo llegando recién a la ciudad y estaba conociendo.
— ¡Oh! ¿De dónde eres jovencito?— Pregunto amablemente el asiático, aunque se quedó extrañado en cuanto le llamo "jovencito" siendo lo joven que lucía.
— Londres— Respondió con algo de timidez.
— ¡¿De Inglaterra?! ¡Genial! ¿Estabas buscando algún recuerdo en especial? Ven, vamos a la tienda y te recomendare algo para que lleves a tu familia— Dijo animado corriendo hacia el otro salón
— ¡Espere!— El joven asiático se detuvo extrañado— La verdad es que soy estudiante de intercambio, y quería ver si podría conseguir un trabajo de medio tiempo…— El asiático se quedó observándole por un rato dudoso, apreciando su cabello rubio y desordenado, así como sus grandes cejas y ojos verdes— ¿Cuál es tu nombre jovencito?
— Arthur Kirkland— Respondió el joven ingles intentando de comprender la mirada que le dirigía el otro que estaba pensativo.
— Lo siento, pero por ahora no necesitamos a nadie— Respondió el joven asiático un tanto cortante, ante lo cual el británico no pudo evitar demostrar su decepción.
— Que lastima, este parecía ser un buen lugar…
— Lo es— Volvió a responder cortante extrañando más al joven de apellido Kirkland—Te voy a pedir que te retires, tengo mucho por hacer.
Decepcionado y a la vez confundido, abandono la tienda dirigiendo su mirada al cielo azulado y despejado de aquel nuevo país para él. Aunque no entendía la actitud del asiático, intento animarse pensando en que tendría que quizás buscar trabajo un poco más lejos. Ya vería, no podía pensar que iba a salir todo mal otra vez. Tenía fe en que podría cumplir sus objetivos allí y no tendría que seguir huyendo.
Pensó en el día que había tenido en la escuela como su primer día y mordió su labio inferior. Inevitablemente volvió a preguntarse si en la escuela aquel chico que jugaba basquetbol lo había visto. Aunque era imposible…pues estaba muy lejos creyó ver en su mirada cierto terror lo cual le preocupaba al igual que cuando lo había visto en el pasillo. Sonrió un poco recordando cuando lo vio jugar ‹‹Al menos no ha cambiado››. Soltó un suspiro divisando algo que llamo su atención. Un mirador o muelle podría ser también, estaba nada más salir de la tienda. No tenía certeza de lo que era pues había una zona que era cubierta por una caseta y un vehículo. Curioso quiso averiguar de qué trataba, pasó junto a la camioneta con un poco de dificultad y confirmando sus sospechas, se trataba de un muelle, y al parecer estaba abandonado pues en ese sector no se veía ninguna embarcación…
La vista era magnifica, imaginaba como un lugar perfecto para llegar con su guitarra y tocar relajadamente. Quiso ir a sentarse a la orilla del muelle cuando diviso una figura. No pudo evitar dejar salir un suspiro de la sorpresa. Un chico, quizás de su edad, aunque vendría siendo más alto que él. No podía distinguir bien el color de su cabello, pues el sol estaba poniéndose, pero podía distinguir aquel mechón sobresaliente. El chico tenía su mirada fija en el agua y parecía murmurar algo.
¿De verdad seria él? ¿Qué había pasado con sus "guardaespaldas"?
¿Cómo debía acercarse? Tenía miedo de asustarlo como había ocurrido en ese pasillo o incluso cuando lo vio en su partido de basquetbol, aunque no estaba seguro aún de que lo había visto…Sintió un poco de miedo cuando vino a su mente de lo que podrían haberle finalmente contado sus padres de la familia Kirkland, pero por otro lado debía aprovechar la oportunidad de que no estaban sus amigos cerca. Mientras se debatía en el sí acercarse o no, miraba fijamente al chico que contemplaba su reflejo en el mar quien de pronto pareció inclinarse de una forma peligrosa… como si estuviese a punto de lanzarse al mar.
— ¡Alfred!— Por un momento la imagen de Alfred cayendo y desapareciendo en el mar vino a su mente, por lo que grito en acto reflejo. El chico volteo lentamente, entonces sus ojos se encontraron con los suyos. Todo ocurrió en cámara lenta, los de Alfred se abrieron con sorpresa, ni siquiera alcanzo a asimilar a la persona que tenía en frente, cuando en un lento acto reflejo dio un paso hacia atrás pisando el borde del muelle para horror del inglés. Dejo caer su bolso y corrió hasta el final del muelle alcanzando a tirar de su brazo justo en el momento que caía. Tiro con fuerza hasta que el chico llamado Alfred se reincorporo, abriendo nuevamente sus ojos— Vaya que eres torpe, ¿estás bien?— Le miraba preocupado y un tanto agitado, nuevamente el chico tenía en su mirada una mezcla de sorpresa y terror. Quizás sí, sus padres le habían contado de la familia Kirkland…
— ¿Quién eres?— Fueron las palabras que salieron de sus labios, ante lo cual sus ojos verdes se abrieron con sorpresa. Al parecer Alfred no había logrado reconocer a Arthur Kirkland como creía, sonrió con tristeza a la vez que soltaba su brazo.
— Bueno ha pasado mucho tiempo, así que supongo que es normal que no me reconozcas— Hizo un intento de sonreír tenuemente a la vez que rascaba su barbilla un tanto incomodo— Soy Arthur Kirkland— Nuevamente Alfred parecía sorprenderse más, por lo que ya no sabía que más hacer…— ¿Me recuerdas?— Nuevamente la mirada de Alfred lucia sorprendida, de hecho no parecía cambiar mucho de expresión a pesar que lo observaba detenidamente, era como si no supiese reaccionar. — ¿Alfred?
— De nuevo te pregunto, ¿Quién diablos eres?— El chico que se hacía llamar Arthur se sorprendió de nuevo dando un paso hacia atrás un tanto temeroso, ahora su mirada no era de miedo, sino de furia, una a la cual no le encontraba motivo ni forma de describir. Hizo el esfuerzo de mirarle, a la vez que intentaba de responder temeroso.
— ¿Cómo que quien soy, Alfred…? Te estoy diciendo que soy Art…—Sin esperárselo le tomaron del cuello de la camisa.
— ¡Respóndeme! — Alfred estaba furioso, era como si cada vez que dijera el nombre "Arthur" le hiciese enfurecer más y más. Era tanto que el chico que decía apedillarse Kirkland sintió miedo de que llegase a matarlo.
— ¿Alfred que pasa contigo…?
— ¡Responde!— Grito esta vez golpeando con fuerza su rostro, el inglés dejo salir un grito ahogado mas no se defendió ni opuso resistencia, solo miraba al chico americano con una expresión dolida como si estuviera preguntándole ‹‹ ¿Por qué?››. Volvió a recibir otro golpe, solo que esta vez fue en su estómago, fue cuando cerró los ojos del dolor y a la vez cayó de rodillas al suelo. Adolorido y con una mano sobre su vientre abrió sus ojos encontrándose con el amigo albino de Alfred a quien sostenía de ambos brazos por la espalda, ¿Gilbert se llamaba? Increíblemente después de la no tan agradable conversación que habían tenido horas atrás, ahí estaba defendiéndole, o eso parecía al menos.
— ¡Alfred detente! — Por su parte, el americano utilizaba todas sus fuerzas para soltarse y abalanzarse para seguir golpeando a Arthur, quien no tenía idea de que hacer, ni cómo lograr calmarlo. El chico americano seguía mirándole con furia, comenzó a gritar e intentar de soltarse de Gilbert, fue entonces cuando el albino le dirigió su mirada. — ¡Oye tú! ¡No te quedes ahí y vete!— El chico de ojos verdes le vio sorprendido, pero a la vez algo dudoso, ¿de verdad la mejor opción era irse?— ¡Vete!
— ¡Espera! ¡Aún no he terminado!— Nuevamente miro los ojos perdidos de Alfred, aquellos ojos que le miraban como si él le hubiera arrebatado algo importante para él, pero a la vez no lo reconocían seria acaso que ¿Alfred no recordaba a Arthur Kirkland? Aquella idea le hizo desviar la mirada por un momento y levantarse para luego darle la espalda a ambos. Volteo viendo como Alfred seguía con aquella mirada llena de furia, mordió su labio y se acercó a recoger su bolso para luego abandonar rápidamente el muelle ante la atenta mirada del joven asiático que los observaba desde la tienda de curiosidades.
No fue hasta cuando aquel Arthur se hubo retirado del lugar que logro soltarse finalmente de golpe.— ¿Qué se supone que haces?— El albino permaneció en silencio, sabía perfectamente con quien se había encontrado su amigo, por lo mismo había querido alejarlo de allí, Alfred le miraba enfurecido, casi igual que hacía unos momentos, solo que ahora si parecía que iría a quebrarse.— ¿Por qué lo dejaste ir?— Gilbert no decía nada, mientras Alfred se dejaba caer de rodillas al suelo y daba un golpe a este.— Lo habría molido a golpes…—Ambos permanecieron en silencio un momento, cuando Alfred golpeo nuevamente el suelo, hasta hacer su mano sangrar. Gilbert lo dejo. Era un asunto muy delicado y sabía que solo así, su amigo conseguiría calmarse—.si tan solo fuese el verdadero…—Dijo en apenas un susurro, pero lo suficientemente fuerte para que el albino lo escuchara.
Gilbert le miro sorprendido, o más bien le sorprendía escuchar aquello tan pronto ¿entonces…Alfred lo sabía? Alfred volvió a mirarle, sabiendo que era lo que pensaba, luego dirigió su mirada nuevamente en el mar— No soy tonto. Tengo claro que Arthur esta…— ¿Por qué le costaba tanto decirlo? Si esa era la realidad—Ese día lo supe, incluso días después lo comprobamos juntos, ¿lo recuerdas?
— Por supuesto que lo recuerdo…— Recordaba perfectamente ese día, ¿Cómo iba a olvidarlo? Era miércoles 4 de Julio 2007. El día del cumpleaños número 14 de Alfred. El día en que Alfred Jones había intentado suicidarse. Por eso lo seguía siempre al muelle e incluso se lo llevaba con pequeñas excusas de ahí. Temía que Alfred llegase a hacer lo mismo otra vez. Y eso que ignoraba que hacia tan solo unos minutos atrás, casi lograba su cometido.
— ¿Cómo puede alguien llegar a ser tan bastardo como para hacerse pasar por Arthur? Alguien que está…— Gilbert no lo veía, pero sabía que estaba intentando de contener sus lágrimas. Estaba casi igual a cuando Alfred se enteró de la muerte de Arthur Kirkland. — Si es ese mismo bastardo…— Susurro Alfred— Juro que lo mato.
— ¿No sería mejor que lo ignoraras?—Se hizo escuchar una voz femenina, ante lo cual ambos voltearon y se encontraron con Elizabeth que los miraba preocupada, pero siempre manteniendo su tono adquirido de señorita. Molesto por aquel tono, Gilbert le dirigió una mirada frustrada para luego dirigir su mirada al suelo. — Estarías cayendo en su juego, además, si ese…—Iba a decir "bastardo de mierda" pero eso no haría nada más que hacerle salir de imagen— despreciable impostor…está haciéndose pasar por alguien que sabe que apreciabas mucho, probablemente quiere hacer algo con la familia Jones.
— Suponiendo que no se trata de quien piensas— Acoto Gilbert. Alfred no decía nada de nada había vuelto su mirada al mar, mientras intentaba de no derramar sus lágrimas.
— Te guste o no, perteneces a una familia de alto prestigio, Alfred.
— Saben que a mí me importa una mierda pertenecer a esa familia…
— Creo que es mejor que no…
— ¡¿Y qué mierda quieres que haga?!
— Déjanoslo a nosotros…
— ¿¡Quieres que te lo deje a ti que andas haciéndote la damita que no mata a ni una mosca!?—Gilbert quien desde la llegada de la chica se había quedado junto a Alfred con la vista pegada al mar, volteo a verla preocupado. Estaba en shock, por segunda vez en un mismo día alguien se había atrevido a restregarle en la cara la falsa persona en la que se había convertido.
— Alfred, yo…—Elizabeth por todos los medios intentaba no quebrarse, y menos aún salirse de su papel. Alfred la ignoro sintiéndose algo culpable de lo que acababa de decir a su amiga, él no era así…Tomo una bocanada de aire intentando calmarse, estaba muy alterado.
— Lo siento…—Susurró—Además…cualquier asunto que tenga que ver con Arthur tengo que resolverlo yo…
— Pero…
— ¡Ustedes ni lo conocieron!
— ¿Y tu familia…?
— Estas exagerando Lizz, la cosa es conmigo, no con los Jones
— ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?— Pregunto Gilbert sin quitar su mirada preocupada hacia la chica, mientras intentaba de idear alguna forma de disuadirlo de que dejara esta estupidez.
— No es difícil saber quién está detrás de esto…aun así debo desenmascararlo, si no lo hago ¿Cómo Arthur va a descansar en paz?— Gilbert quien aún lucia preocupado ya no sabía que decir, menos Elizabeth que en esos momentos sentía que por tercera vez ese día su papel de señorita iba a terminar rompiéndose, estaba frustrada, con ganas de llorar, gritar y golpear a todo el mundo. Incluso tenía ganas de gritarle a Alfred que se olvidara de una vez del puto muerto.
No era fácil el alejar a Alfred del supuesto Arthur, menos sabiendo la fuerte amistad que sentía Alfred por el fallecido.
¿Ahora qué haría? No entendía que le ocurría al chico y tampoco veía ahora la forma en la que pudiese acercarse de nuevo y si no lo lograba…habría perdido su principal razón de ir a ese país, esa ciudad. Su misión era encontrar a Alfred Jones. Lo había encontrado, pero debía acercarse a él… ¿Cómo hacerlo si no parecía reconocer Arthur Kirkland y odiarlo a él?
Una vez se hubo alejado de aquel muelle pregunto dónde podía tomar un bus que le acercase a su departamento, el cual no estaba muy lejos, en el barrio Queen Anne. Era un edificio de ladrillos viejo, llamado Del Roy de unos cuatro pisos, él vivía en este último. No estaba tan mal para ser un edificio sin ascensor.
No era la gran maravilla, era de un solo ambiente. Las paredes estaban descascaradas por el tiempo y humedad. Justo al entrar a un pequeño pasillo, se podía encontrar a la derecha una puerta que llevaba a un cuarto de baño pequeño. Caminando un poco más se encontraba, también a la derecha una pequeña cocina equipada con refrigerador, microondas y un horno. El mesón en donde se debían guardar los utensilios básicos se conectaba con el living que podía verse directamente desde la cocina. Al otro lado del mesón habían un par de sillas sin respaldo plegables para sentarse a comer allí. El living consistía en un sofá (colocado a la derecha) con una mesita de centro frente a él. A continuación a la izquierda había un separador de ambientes, y tras él una cama de dos plazas cerca de la ventana del balcón que conectaba también el living, junto a ella había un pequeño escritorio sobre el cual se apoyaba un estuche de guitarra, y era acompañado de una silla. Por supuesto también había un armario junto a él que estaba rodeado de tres cajas y un bolso con algunas de sus pertenencias.
Todo se veía muy viejo y sucio, aun así el joven Kirkland sonrió, pues durante su corta vida había vivido en peores condiciones que aquella, sabía bien que llegaría el día en el que podría surgir por su cuenta en ese nuevo país para él.
Pronto su sonrisa se esfumo al sentir nuevamente el dolor acudir a su rostro y estómago. Se dirigió a la cocina y abrió el refrigerador. Por lo menos tenía algo de hielo, como no tenía toalla ni nada parecido tomo la camiseta con la que había viajado el día anterior que estaba sobre la silla del escritorio y con ella envolvió el hielo para luego colocarlo sobre su mejilla hinchada. Luego de quejarse del dolor se dirigió al baño para verse al espejo. No estaba tan terrible pero de seguro al día siguiente se le notaria de todas formas. Debía buscar alguna forma de cubrir el moretón. No podía en su segundo día de clases llegar con signos de haber tenido una pelea en su primer día.
No quería meterse en problemas. Aunque…vaya primer día…
Había llegado a Seattle el día anterior con ilusión de poder comenzar una nueva vida en aquel país, encontrar a aquel que buscaba, aunque nunca pensó que lo encontraría tan rápido…pero una vez más como siempre había sido durante su vida, aquel primer día había sido un desastre. Ya no solo su objetivo no lo reconocía y lo odiaba, sino que también ya tenía a un grupo de enemigos.
¿Cuándo comenzó a ir todo mal?
Había caído rendido poco después de llegar al que sería su nuevo hogar, había programado el despertador a las 7:00 de la mañana por lo que no tuvo problemas de levantarse aquella mañana. Tomo una ducha de diez minutos y coloco su uniforme para luego sentarse a tomar desayuno que consistía en una taza de té y un sándwich que le había regalado el chofer del camión que lo había llevado desde Nueva Jersey.
Eran las ocho de la mañana. Tomaba cerca de veinte minutos el camino hacia su escuela en bus. Las clases empezaban a las ocho y treinta. Tomo su mochila y se aseguró de llevar un par de lápices y un cuaderno al interior, hizo una nota mental de comprar más cuadernos en la tarde, junto con las cosas del mercado, la cerro y colgó al hombro antes de salir del departamento y cerrar con llave. Una vez fuera, bajo las escaleras desde el cuarto piso y guiándose con una foto de un mapa en su celular se dirigió a tomar el bus que lo llevaría a la escuela.
Al bajar del bus se perdió un poco en el camino, puesto que no conocía nada en los alrededores, eso hasta que comenzó a ver a alumnos con su mismo uniforme. Entonces de lejos comenzó a seguirlos. En el camino se fijó en todo lo que pudiese servir de referencia para después volver a casa. Finalmente al llegar se encontró con un gran edificio que representaba la entrada de la prestigiosa escuela privada de Seattle.
Se quedó contemplándolo por unos momentos antes de atravesarlo. El patio de entrada estaba rodeado de hermosos jardines, en los cuales pudo ver a muchos grupos de estudiantes conversando, riendo y haciéndose bromas. Sonrió para sí, esperaba poder encajar esta vez. Continuo su camino cruzándose con un grupo de chicos, no les presto mucha atención, pero aparentemente molestaban a uno porque una chica estaba tras él.
— Oye, oye Honda, ¿porque ahuyentaste a Woods? ¿No ves que era la oportunidad perfecta?— Se escuchó bromear a uno de los chicos con acento francés.
— ¿La oportunidad perfecta, para qué? Si saben que no me gusta — Se escuchó el reclamo del otro chico— Ante lo cual un tercero rio estruendosamente
— Pero ella está loca por ti ¿que no lo ves?
— ¡Es por eso que me apesta! Además…— No pudo seguir escuchando más, suponía que ya se había alejado lo suficiente como para seguir oyendo la conversación o simplemente las voces aquellas se habían mezclado con las de otros estudiantes. Miro su reloj rápidamente, para darse cuenta que estaba con el tiempo justo. Debía presentarse ante el rector antes de las clases. Rápidamente se acercó a un estudiante a preguntarle donde se encontraba la oficina del rector, una vez recibió la información se dirigió a donde le habían indicado.
El cuarto piso del establecimiento, en donde se encontraban las oficinas de los profesores y los directivos. Una vez llego, la secretaria le invito a sentarse a esperar, aunque no paso mucho tiempo, puesto que la puerta se abrió y una chica de estatura baja apareció tras ella. Tenía su cabello corto y rizado color castaño al igual que sus ojos. Era bastante guapa, pronto se dio cuenta que le miraba fijamente. Arthur incomodo, intento sonreírle. Aparentemente sorprendida por la sonrisa se ruborizo. Considerando que llevaba el uniforme femenino, se trataba de una alumna de la escuela.
— ¿Arthur Kirkland?— Pregunto la chica con tono suave, para luego invitarle a pasar quedando ella afuera. Entro un tanto tímido encontrándose ante un escritorio con un hombre de alrededor de 50 años con inicios de calvicie, tenía un rostro amable adornado de una barba de tres días y sus ojos castaños.
— Buenos días, señor Kirkland, por favor tome asiento— El joven obedeció para luego ofrecer su mano. — Tú debes ser entonces el nuevo estudiante de Londres, ¿no es cierto? Soy Richard Woods, encantado de conocerlo. — Arthur asintió con la cabeza. Pronto el director le pidió que firmara unos papeles, los cuales correspondían a los compromisos escolares que debía tener para recibir y mantener la beca, entre esas que debía mantener sus altas notas y un comportamiento impecable.
El hombre sonrío amablemente, entonces la puerta del despacho se abrió de golpe, Arthur se dio vuelta un poco molesto, pensando en quien podría ser tan irrespetuoso como para llegar y entrar al despacho del director sin pedir permiso. Una vez volteo se encontró con la chica baja— Michelle, ¿hasta cuándo entraras sin llamar?
— P-perdón, papá- digo director— Dijo mirando al suelo con un sonrojo en las mejillas.
— Ya da igual— Dijo el señor Woods mirándola con severidad, luego volvió a lucir tan amable como antes al dirigirse al nuevo alumno— Disculpe, la impertinencia de mi hija, su nombre es Michelle Woods, tendrá su primera clase con ella, será la encargada de guiarlo en el campus. Por favor cualquier pregunta que tenga puede hacérsela a ella o a los chicos del consejo estudiantil, estoy seguro de que estarán felices de ayudarle— Dio una mirada a su reloj pulsera— Ya casi va a sonar la campana para entrar a clases, así que les pediré que se retiren a su salón.
— Muchas gracias, nuevamente un gusto conocerle, Señor Woods.
Ambos salieron del despacho, y se dirigieron al salón de clases bajando hasta el segundo piso, Arthur vio el horario que le había entregado el director, tenía Ingles a esa hora. Miro a su acompañante mientras caminaban y la sorprendió con la mirada fija en él, una vez se vio descubierta volteo su mirada al suelo.
—E-este tu nombre era…Arthur Kirkland, ¿cierto?
— Sí… ¿pasa algo?
— Tenía curiosidad… ¿Alguna vez viniste antes? Digo, al llegar a la ciudad
— No, la verdad es que llegue anoche recién a mi departamento.
— ¿De verdad? ¿Entonces porque viniste hoy? Nadie te habría reprochado si te hubieras tomado un día para descansar. —El inglés la observo con el ceño fruncido.
— ¿Y perder más clases? Por favor, ya voy bastante atrasado.
— Si, es verdad, pero al menos habría prestado mis apuntes o no se…—El joven continuaba mirándole con cierta molestia, ante lo cual la chica volvió a cambiar el tema— ¿Te gusta algún deporte? En la escuela tenemos distintas…
— En lo absoluto…
— Entonces tendrás otro hobbie, ¿cierto?
— Toco guitarra— Murmuro esta vez irritado, tan solo quería que se callara un rato...
— ¡G-genial! ¿Y que música te gusta?
— Rock y metal…—Arthur la miro intentando no lucir tan irritado— ¿Falta mucho para llegar al salón?
— ¿Eh?— Ella lucio un tanto confundida por un momento, cuando se escucharon unas risitas detrás a lo que cambio su expresión a una de tristeza— A-ah, si…es justo esa de ahí, — Se apresuró a mostrar la puerta del salón que estaba cerca— hablare con la profesora para que te presente, tu espera aquí…
Arthur una vez la vio irse suspiro aliviado, como odiaba a las chicas así…en general las evitaba a toda costa, no era tonto como otros chicos de su edad como para no darse cuenta que era lo que querían con él, y por su parte no estaba interesado en nada de eso.
Claramente, para bien y para mal era bastante popular en el camino varios estudiantes la observaban con malos ojos, otros varios las saludaban a lo lejos, incluso mientras entraba al salón. Suponía que eran en parte las consecuencias de ser la hija del director de la escuela. Mientras esperaba se dedicó a observar los alrededores, el lado contrario al que se encontraban los salones, estaban los balcones tras las ventanas, donde los estudiantes podían observar los bellos jardines de la escuela.
Pronto comenzó a sentirse un tanto observado. Como no, si era una novedad en la escuela. Suspiro intentando de ignorar las miradas, cuando escucho una voz masculina dirigiéndose a él.
— Es normal que llames la atención, es muy raro que llegue alguien nuevo a dos semanas de comenzar las clases—Volteo a ver a un joven un tanto más alto que él de cabello castaño que le llegaba casi a la altura de los hombros con ojos verdes.
— ¿Disculpa tu eres…?— No muy acostumbrado a esas situaciones no tenía mucha idea de que hacer, de forma inconsciente se aferró un tanto a su bolso.
— Oh, disculpa, soy Toris de segundo año.
— ¿También?—Pregunto sorprendido, pero a la vez animado— Mucho gusto, soy…
— Ya hable con la profesora, quiere hablar contigo. — Se hizo escuchar la voz de Michelle a lo cual volteo a verla. Se veía seria, muy distinta a como se había mostrado hacia minutos atrás.
— Hola Michelle ¿Cómo estás?— Saludo amistosamente el compañero de pelo castaño, más la chica lo miro con cara de pocos amigos. Toris dejo salir una risita incomoda soltando un pequeño susurro—Parece que hoy no tampoco…— El inglés le miro un tanto extrañado, más que nada por el cambio de actitud de la chica. Como si fuera otra persona. — Bien mi clase esta por allá—dijo señalando con su dedo al fondo del pasillo— ¡Nos vemos!—Arthur también se despidió siendo molestado por la chica que continuaba llamándolo.
— Está bien—dijo con desgano entrando al salón justo cuando la campana comenzaba a sonar, mientras hablaba con la profesora, pudo ver como el resto de los estudiantes entraban y tomaban sus asientos. Habían unos pocos que llevaban sentados desde antes de que sonase la campana, un par conversaba mientras otro que se sentaba junto a la ventana, parecía muy enfrascado haciendo algo en su cuaderno. Tenía el cabello negro, corto muy ordenado y ojos castaños, claramente asiático. Pronto se dio cuenta de que había quedado un puesto junto a él.
— Muy bien chicos, les presento a un nuevo estudiante. Él es Arthur Kirkland, quien nos visita desde Londres— Una vez la profesora hubo mencionado su nombre, pudo notar como el joven asiático dejaba de mirar su cuaderno para mirarlo a él.
—Gusto en conocerlos…
— Muy bien, puedes tomar asiento donde gustes— Agradecido, busco con la mirada donde sentarse, lo primero que vio fue a Michelle casi saltando de su asiento en un intento de mostrarle que tenía asiento reservado para él, intento de no poner una cara de desagrado, pues no quería por nada del mundo sentarse con ella, sobre todo si iba a seguir haciéndole preguntas tontas y él quería prestar atención en clases. Miro hacia otro lado y el único asiento vacío que encontró estaba junto al joven asiático que seguía sin quitarle la mirada de encima. A pesar de que no tenía la certeza de si no era un rostro de pocos amigos se sentó junto a él.
La clase comenzó, Arthur de inmediato saco de su mochila su cuaderno y lápiz, y comenzó a tomar notas como el buen estudiante que era, aunque en todo momento sentía la mirada del joven a su lado. No entendía que pasaba, tampoco era que intentase de hacerlo, pero una vez la profesora detuvo su explicación para atender dudas de un alumno, le devolvió la mirada, el otro ni se inmuto, por lo que estuvo a punto de decirle algo al respecto cuando vio que en su cuaderno junto a sus apuntes tenia dibujos.
— Veo que dibujas— El joven se descoloco un poco, luego miro su cuaderno y sonrió.
— Si…—Dijo simplemente, para luego soltar un suspiro y volver a mirarle— Mi nombre es Kiku Honda, Kirkland-san mucho gusto— Dijo haciendo un pequeño gesto de estar haciendo una reverencia, mas no ofreció su mano.
— Ah…si...—Incomodo por la actitud del joven Honda, como también el "san", suponiendo que era alguna costumbre extraña de Japón, volvió a mirar el pizarrón y a tomar apuntes, a la vez que volvía a sentir la mirada de su compañero japonés a su lado. Mientras escribía le observo de reojo con el ceño fruncido, podía observar que su compañero escribía a una velocidad impresionante siendo que se pasaba observándole. Aún no entendía que era lo que tenía su nuevo compañero en contra de él siendo que apenas lo había conocido— ¿Hay algo que te moleste?
— No…—Le sorprendió que su respuesta fuera tan rápida, como si se hubiese estado esperando que le preguntase— Solo me recuerdas a alguien no muy agradable…—El inglés frunció el ceño extrañado, en ese momento sonó la campana anunciando el fin de la clase, de inmediato, el japonés se levantó saliendo rápido del salón mientras marcaba un numero con su teléfono.
Arthur observo perplejo su situación—‹‹Bien, Arthur no sé qué hiciste pero ya te ganaste un posible enemigo.››— En ese momento se acercó Michelle, quien de nuevo estaba con actitud infantil y alegre, tomo de su brazo forzándole a salir del salón para conocer el resto de los alrededores de la escuela. El inglés salió un tanto desganado pidiendo internamente que alguien le quitase aquella chica de encima, al menos al estar junto a ella se enteró que en su siguiente clase, ciencias ella no estaría presente, solo esperaba que aquel chico japonés tampoco estuviese en ella.
Comenzó a desear que en aquella clase pudiese encontrarse con la persona que buscaba. Aun así era algo muy difícil. Pensó incluso en preguntarle a Woods por esa persona, pero simplemente no se veía como una chica confiable, por lo que lo descarto inmediatamente. Mientras pensaba en eso escuchaba a los demás estudiantes conversando y riendo, recordó su anterior deseo de querer encajar y tener amigos en la escuela, y entonces se le vino a la cabeza el asiático que parecía odiarle sin motivo y se desanimó. Quizás sería definitivamente algo imposible para él…
— ¡Alfred!— Al escuchar aquel nombre volteo de inmediato, y se encontró con un grupo de estudiantes que intentaban al parecer tener la atención de uno de ellos. Sin quererlo los observo detenidamente. Distinguió a un chico de cabello gris y ojos rojizos, también estaba un chico moreno y el otro rubio de cabello largo. Al parecer estaban regañando al chico que en ese momento le daba la espalda, pero ese chico fue el que hizo que se quedara observándolos. Podía distinguir dos elementos, el cabello rubio y aquel mechón que sobresalía de su flequillo. No tenía certeza de que se tratase de él, pero aun así…— Vamos, tienes inglés, ¿no?— Escucho la voz del chico albino, que por un segundo pareció que lo miraba con desagrado. Lo ignoro, mientras veía como sus amigos lo arrastraban a su siguiente clase. Decepcionado se quedó varado observando sus espaldas, puesto que no había podido saber si aquel chico realmente se trataba de Alfred Jones. Aunque sería tener bastante suerte el encontrarlo tan rápido en esa gran escuela, así que lo más probable es que no era él.
Tenía que ser paciente, y mantenerse tranquilo. Alfred Jones no era el único motivo por lo que había dejado Inglaterra, al menos eso pensaba cuando repentinamente el chico volteo, entonces sonrió.
Aquellos ojos azules, adornados por unos lentes cuadrados, le miraban con sorpresa, miedo y confusión. Probablemente se asustó de que estuviesen observándole, quizás lo había reconocido pero no estaba seguro de que fuese él…o en el peor de los casos: que su padre le hubiese hablado de él y su familia.
Sintió miedo él también, aun así pensó en acercarse y saludarle, pero una voz lo detuvo— Alfred-san…—Observo como el chico desviaba la mirada al chico asiático que había estado con él en la clase anterior. — Te estaba preguntando cuando me ibas a devolver los juegos que te preste…— En ese instante, en el que el americano levanto un poco la mirada en señal de estar recordando, el japonés le fulmino con la mirada. Fue entonces que comprendió que lo mejor era no acercarse por el momento, por lo que volteo y continuo por el pasillo hasta alcanzar a Michelle a la vez que escuchaba la voz de Alfred decir: "Ah…Disculpa, lo olvide…mándame un mensaje y te los traigo mañana, ¿ok?"
Ella ni cuenta se había dado de que el británico había quedado atrás. Al parecer ella estaba contándole de la historia de la escuela, pero ya poco y nada le importaba, solo podía pensar en lo que acababa de ocurrir. En la mirada que le había lanzado el asiático y en como Alfred le había mirado en ese entonces. Esa mirada llena de miedo…claramente su padre había terminado contándole sobre su familia.
¿Sería entonces que por eso Alfred Jones dejo de enviar las cartas a Arthur Kirkland de forma tan abrupta?
La idea le aterraba, significaba que no tendría como acercarse a él y menos cumplir el motivo de su viaje. ¿Sería que el chico Kiku Honda sabía también? ¿Pero porque?
— ¿Kirkland? ¡Oye, Arthur Kirkland!— Una voz femenina le saco rápidamente de sus pensamientos, cuando se dio cuenta de que Michelle Woods lo observaba algo molesta— Llevo un buen rato hablándote y no me estas escuchando— Kirkland rio con nerviosismo y se disculpó— ¿Qué te ocurrió?
—D-debo estar aún cansado por el viaje, eso es todo— Se rasco la cabeza, cuando comenzó a escuchar voces de algunas chicas.
— ¿Viste eso? El pobre esta recién llegado y ya quiere meterse con él…
— ¡Y está bien guapo!
— Supongo que esos son los beneficios de ser la hija del rector.
— Y yo que pensaba que estaba atrás de Jones...
— ¡Quizás está detrás de los dos!— Arthur dirigió su mirada a las chicas que hablaban de Michelle y estas se callaron, para luego salir corriendo. Luego volvió a dirigir la mirada a Michelle, quien tenía su mirada en el suelo.
— ¿Siempre es así? — Pregunto en un susurro Arthur, ante lo cual la chica pareció resaltarse un poco, para luego levantar su mirada y sonreír.
— No sé de qué hablas…— El joven que se hacía llamar Arthur la miro con lastima, lo que acababa de escuchar le había recordado a la época de sus primeros años de primaria, cuando él se quedaba incluso en los descansos en el último asiento junto a la ventana del salón o en la azotea escuchando siempre conversaciones referentes a él.
‹‹— Hey, ¿ese chico acaso no está siempre solo?››
‹‹— No te acerques a él››
‹‹— Si haces algo que le moleste podrías terminar muerto…››
Era algo que escuchaba a diario, en ese tiempo pasaba solo. Por eso en cierto modo pensaba que entendía a la chica sin embargo no entendía como ella podía sonreír sin más. — Ya estamos por llegar al salón, Kirkland— El aludido continuo su camino siguiendo a la chica quien no abrió la boca por el resto del trayecto hasta que llegaron al salón, se despidieron y Michelle se dirigió a su clase.
Arthur se quedó observándola hasta perderla de vista, una vez allí entro, todavía no llegaba nadie así que se ubicó un asiento junto a la ventana en la quinta fila. Quito su mochila y la dejo sobre la silla para luego contemplar el paisaje de los jardines mientras sus pensamientos volvían al chico rubio de lentes.
Elizabeth estaba sentada al borde del muelle junto a Alfred y Gilbert, el primer chico ya estaba un poco más calmado, pero aún estaba enojado con el hecho de saber que había alguien que se estaba haciendo pasar por su amigo fallecido. Lo increíble era que en un principio habían dudado de su juicio en cuanto a creer que aquel tipo era Arthur. Pensaban, ya que el rubio tenía una amistad tan fuerte con él como para seguir sin superar la muerte de Arthur, que Alfred simplemente creería en la posibilidad de que él estuviese vivo, y probablemente los Kirkland conseguirían su objetivo más fácilmente.
Afortunadamente para ellos estaban equivocados, ahora solamente había que convencerle y hacerle abandonar una quizás futura obsesión por saber quién era aquel impostor. Debían de intentar de mantener a Alfred tranquilo, pues sabían perfectamente a quien iría a buscar primero para averiguarlo, y no, no era "Arthur Kirkland", sino que un chico lo suficientemente sádico como para hacer una broma de este tipo. Aunque la verdad es que si se trataba de solamente eso, sería un alivio para todos, pues el problema habría terminado. Pero si no tenía nada que ver, la situación entonces sería grave. Significaba que los Jones se encontraban metidos en un problema mucho más grande y peligroso.
Los tres estaban en silencio, ya estaba a punto de hacerse de noche, pero poco y nada le importaba. No era una chica que necesitara protección de un hombre, por mucha imagen que intentara de dar al resto, imagen que por cierto estuvo a punto de romperse por completo tres veces ese día, dos de ellas había tenido la culpa aquel británico de identidad desconocida.
Luego de haberse reunido con Gilbert, Ludwig, los Vargas y Kiku para decidir lo que debían hacer con el encuentro de Alfred con alguien que se parecía mucho al fallecido Kirkland, cada uno se dirigió a su clase, en su caso Elizabeth debía ir a su clase de Literatura. Una vez llego al salón entro y rápidamente busco a su novio con la mirada, quien estaba sentado en un pupitre, dejando uno libre para ella al lado izquierdo que daba hacía la ventana, curiosamente la otra persona a su lado era un chico que nunca había visto en su vida, a excepción de una foto que le mostro Alfred hacía dos años después de saber la muerte de su amigo. Tenía los cabellos rubios y desordenados, unas enormes cejas y ojos verdes.
De inmediato supo que se trataba de aquel impostor de Arthur Kirkland.
Sonriente se sentó junto a su novio Roderich, y miro de reojo a su nuevo compañero de clase que en ese momento miraba por la ventana pensativo hasta que arribo el profesor al salón, inmediatamente todos los alumnos callaron y comenzaron a sacar sus cuadernos. Vio que el chico rubio sacaba también su cuaderno y lápiz, a la vez que el profesor comenzaba a escribir en la pizarra. El supuesto británico comenzó a escribir de inmediato lo que ponía en la clase. Disimuladamente, mientras tomaba apuntes al igual que Roderich se dedicó a observarlo en búsqueda de alguna señal que le indicara que hubiese algo extraño en su comportamiento.
Algo que le indicase que se trataba de una persona peligrosa.
Pasaban los minutos, quince minutos, treinta minutos, tres cuartos de hora…y no ocurría nada. El estudiante transferido no dejaba de tomar apuntes y menos de prestar atención en clases. La húngara continuaba buscando algo sospechoso y lo había encontrado. Y eso era que no encontraba nada. Parecía un estudiante común y corriente. Nadie podría decir que estaba escondiendo algo.
¿Por qué si aquel impostor estaba buscando a Alfred con malos fines estaría tan metido en las clases? Además lo más natural era que se diera cuenta de que estaba siendo observado, ¿no es así? Las personas que ocultaban algo solían estar más en alerta que el resto de las personas. No lo entendía ¿Acaso era solo un farol?
Además... ¿Por qué no coincidía con las clases de Alfred?
Alfred el año anterior había tomado el programa científico matemático, ella estaba en el humanista artístico, coincidía en algunas clases con Alfred, por lo que si aquel impostor estaba en este curso…estaba en el mismo programa que ella. Pero, ¿con que motivo?
Llego el momento en que un alumno hizo una pregunta al profesor, fue entonces cuando el chico soltó el lápiz y su expresión concentrada cambio a una de tristeza. Le vio soltar un suspiro, fue entonces cuando el chico le dirigió finalmente la mirada, ante lo cual Elizabeth desvió la suya.
— ¿Pasa algo?— Era la voz de Roderich, como siempre tan calmada, aunque su mirada decía todo lo contrario. Elizabeth enrojeció, de seguro pensaba que le había gustado el chico nuevo.
— Después te explico…—Susurró la húngara. Así continuo la clase sin muchos cambios, solo que ahora el chico británico no estuvo ni un poco más pendiente de ella ni siquiera después de notar que había estado siendo observado. Probablemente pensó que solo lo observaba por su buen parecido.
Siguió notando aquel semblante de tristeza, a pesar de lo concentrado que estaba en tomar notas. Definitivamente no entendía lo que ocurría con aquel tipo. Sonó la campana anunciando el final de la clase, y los estudiantes guardaron sus cuadernos en sus mochilas a la vez que comenzaban a levantarse de sus asientos.
Fue entonces que la húngara aprovecho la oportunidad — Tu eres Arthur Kirkland, ¿verdad? — El joven llamado Arthur hizo una leve mueca de sorpresa y tomo con fuerza de su bolso, antes de mirarla con seriedad. Pronto la chica escucho la voz de su novio.
— ¿Qué? ¿Te refieres a ese Arthur Kirkland?— Ella volteo a ver a Roderich, quien parecía desconcertado, pero a la vez parecía ahora comprender un poco el comportamiento de su novia durante la clase— ¿Eli, no deberías….?
— No…— Susurro en un tono suave y serio para que el chico rubio que continuaba viéndole sin cambiar ni un poco su expresión no les escuchase— Aún no estoy segura si es él…Lo voy a llevar con los Bielchsmith y los Vargas, además de Kiku ve a la clase y si demoró anda a almorzar con los demás y no le comentes a Alfred ni a los otros nada de esto.
— ¿Estarás bien?— Pregunto con preocupación, para luego mirar al rubio con una mirada de advertencia. — Voy contigo— La chica lo miro dudosa, no porque fuese una chica que necesitara que la protegiesen, ni tenía miedo de aquel británico, sin embargo su personaje estaba en juego tanto como si aceptaba o no. Para Roderich ella era la representación perfecta de una chica femenina, culta, de buenas costumbres, de buen gusto por la música clásica y sobretodo delicada. El mostrarse ante él como una mujer fuerte solo destruiría aquella imagen. También no solo querría acompañarla hasta ahí e irse, conociéndolo querría quedarse a acompañarla en aquella situación tan delicada. Si bien Roderich no era muy amigo de Alfred (Por no decir que le era indiferente), sabía bien que Elizabeth estaba preocupada por su amigo y su estúpida obsesión por aquel amigo muerto. De alguna forma al joven no le daba buena espina que alguien que compartiera el mismo nombre que aquel muerto estuviera en la escuela.
Pero definitivamente. Roderich no podía presenciar eso. No por su imagen solamente, sino porque Roderich podría llegar a enterarse de cosas que no debe saber de ella y los demás. Podría terminar su relación, lo cual le aterraba, pero lo que más le importaba era la seguridad de su novio, la cual se vería en peligro.
— Está bien— Acepto finalmente un poco nerviosa, para luego dirigir su mirada al que supuestamente estaba muerto— Te voy a pedir que nos acompañes. — Nuevamente el chico lucia serio, sin embargo si lo observaba bien su rostro se había tornado pálido y su mano derecha agarraba con fuerza de su mochila, siendo quien más se extrañaba de la reacción era Roderich, puesto que si fuera o no realmente aquel sujeto no tendría por qué estar tan asustado, ¿verdad? Más bien debería de estar desconcertado ¿Cómo era que no preguntaba quiénes eran ni como conocían su nombre?
Sin que nadie respondiese sus preguntas, Elizabeth camino fuera del salón y el chico de intercambio la siguió, seguido del novio quien se encargaba de vigilar que aquel tipo no buscase escapar o hacerle algo a su amada Eli. Llegaron hasta las escaleras del final del pasillo izquierdo del patio central y subieron hasta el último piso el cual daba a la azotea. Allí estaban su amigo de infancia Gilbert, su hermano Ludwig, los gemelos Lovino y Feliciano, y por último el japonés Kiku, quien tenía su laptop en sus manos. La húngara le hizo una seña al inglés para que saliera, una vez lo hizo miro a su novio.
— Rode, ve a clase mientras.— Le dijo seria, a la vez que se oía la campana que anunciaba la hora de inicio de una nueva clase, para luego darle un beso en la mejilla, Roderich la observaba extrañado, pues la chica siempre quería que estuviera a su lado.
— Eli, ¿Por qué quieres que me vaya?— Ahí estaba la pregunta que podría condenar todo para Elizabeth, ante lo cual respiro hondo, para así luego depositar un beso en sus labios.
— Si no te diste cuenta, esta Bielchsmit. Este es un tema serio, no quiero que se pongan a pelear entre ustedes ahora…
— ¿Y porque tienes que ir tu entonces?
— Justamente porque soy una chica, estando yo si las cosas se ponen feas los puedo calmar. Si estás tú y más encima Bielchsmit se pone a pelear contigo, puede ser un desastre, ¿entiendes?
Su novio la miro no muy conforme, aunque le encontraba razón. Por alguna razón el albino amigo de Elizabeth tenía algo en su contra. Nunca supo qué, pero este no era el momento para averiguarlo, sabía que este asunto era delicado. Sabía que el que existiera alguien que por lo que había visto en fotos, se le parecía bastante y que además llevase el mismo nombre que el amigo de Jones, era algo a lo que debía prestársele atención y ser cuidadoso con el tema. Con eso en mente acepto asintiendo con la cabeza, sin embargo no podía dejar de estar preocupado— Tranquilo— Dijo la húngara— Si pasa algo, ten por seguro que te llamare.
La chica salió a la azotea, cerrando la puerta, confiando en que su novio iría al salón de su siguiente clase. Se encontró con los demás chicos que rodeaban al británico, al cual hasta el momento no había oído hablar. Sin embargo, el chico aparentemente lucia tranquilo, aunque juzgando la expresión que había hecho cuando menciono su nombre, debía de estar asustado.
Y sí que lo estaba, esa chica que no había visto nunca, sabía su nombre y de la nada, le pidió que fuera a la azotea con otros tipos, entre ellos estaba el japonés con el que había compartido su anterior clase y quien no había sido muy agradable, ahora lo miraba un tanto amenazante. Los otros chicos también lo miraban con cara de pocos amigos, así también lo hacia la chica que acababa de entrar. Al parecer había dejado a su novio afuera, pensó que se quedaría, pues parecía una chica muy fina como para involucrarse en peleas, aunque el novio tampoco dejaba mucho que desear…Ella había estado viéndole durante toda la clase, por un momento creyó solamente que se trataba de una chica estúpida, al menos, hasta que pronuncio el nombre de Arthur Kirkland. En esa clase nadie lo presento, solo se presentó al profesor quien ni siquiera paso la lista.
Volvió a mirar al japonés que lo veía desafiante, sentado en el suelo con una laptop sobre sus piernas, miro al resto de sus amigos, reconociendo a uno de ellos, el albino amigo de Alfred Jones que había visto en el pasillo ese mismo día. Sus ojos rojizos lo taladraban con la mirada. El otro que estaba a su lado era un hombre alto rubio de ojos azules con facciones muy características del típico estereotipo alemán. Por otro lado estaban otros dos pelirrojos, al parecer eran gemelos, solo que ni necesitaba conocerlos para saber lo distintos que eran. Uno de ellos lo miraba desafiante, mientras el otro lo hacía con miedo.
— ¿Y bien? ¿A que me trajiste?— Dijo volteando a encontrarse con la chica quien se acomodaba su cabello tras su oreja— Dejaste a tu novio fuera… ¿tan debilucho es como para dejar a su novia pelear?
— Rod no tiene nada que ver en esto— Respondió la húngara furiosa sin elevar su tono de voz, ante lo cual el joven de cabellos desordenados sonrió satisfecho de haberla mosqueado que sea un poco.
— Quiero ir a mi siguiente clase, así que díganme que quieren de mí— Dijo esta vez dirigiendo su mirada al chico japonés— Honda…ustedes parecen conocerme, ¿no?
— No lo sé— Fue la respuesta del japonés— ¿Eres Arthur Kirkland, o no?
— ¿Y que si lo soy?— Pregunto el inglés enarcando una ceja— Arthur y Kirkland son nombre y apellido común después de todo, ¿no?
— Pero…suponiendo que realmente lo fueras, no serias cualquier Kirkland, ¿verdad?—Esta vez volteo la laptop y dejo ver la imagen de una familia, todos ubicados uno junto al otro. En la foto aparecían un hombre de alrededor de 50 años de cabello corto, pelirrojo y ordenado de ojos castaños. A su lado estaba un joven de unos veinte años pelirrojo y desordenado, solo que su cabello iba atado con una coleta. Junto al joven estaba una chica adolecente de unos quince años llevaba atado su largo cabello rubio con dos largas coletas y unos lentes rojos que adornaba sus ojos y finalmente podía verse a un niño de alrededor de diez años, de cabello rubio, desordenado y ojos verdes al igual que los otros dos jóvenes— Supongo que conoces el nombre Robert Kirkland, el principal líder de la mafia inglesa, ¿no es así?
Ante la foto y más aún al oír aquel nombre, el joven británico palideció— ¿Quiénes son?— Escuchar aquel nombre de alguna forma le aterraba, cosa que le extraño en cierta forma al grupo, sobretodo Elizabeth quien decidió responder al asustado chico a quien entrego otra foto y mostro una credencial, al igual que hacían los demás.
— Nosotros cinco somos ex agentes juveniles del FBI, Kiku era agente juvenil de la CIA. Todos fuimos contratados por Robert Jones hace tres años para cuidar de que sus hijos no llegasen a encontrarse con ningún Kirkland…
— ¿FBI? ¿CIA?— El chico que lucia pálido, poco a poco podía verse como los colores volvían a su cara, sobre todo al ver aquella foto en la cual aparecían Alfred y Arthur Kirkland cuando eran pequeños. Sonrió, si ellos tenían acceso a esa foto era porque Alfred se las había mostrado, la había conservado a pesar de los años. — ¿Solo eso?— Suspiro para luego soltar una risita nerviosa— Vaya…creí que…— No le dejaron terminar su frase, puesto que alguien agarro bruscamente del cuello de la camisa y lo acorralo en la pared de la caseta.
— ¡¿Se puede saber de qué diablos te ríes, pedazo de mierda?!— Le grito sorprendentemente Elizabeth, aturdido, el chico la miro con sorpresa, mientras escuchaba al albino celebrar la actitud de la húngara. — ¡¿Te has dado cuenta de la posición que estas?!
El chico continuaba viéndola un tanto confundido, para luego sonreír— Así que esta eres tú en realidad, ¿ah?— Pregunto en un tono un poco más burlón, ante lo cual los otros parecieron alarmarse—Me pregunto qué pensaría tu novio si supiera que esta con una marima…—Calló, y mejor que lo hiciera, pues la chica había colocado un arma, un revolver sobre su cuello.
—Di algo más y disparo— Susurro con frialdad a la vez que presionaba más contra el cuello de aquel sujeto para ella tan molesto.
— ¡Hey, Lizz déjalo! — Comenzó a gritar el más temeroso de los gemelos, por otro lado el albino se acercó también a detenerla al igual que el rubio con peinado gominado, la apartaban del chico y obligaban a bajar el arma.
— ¿Están seguros que quieren hacer eso? Ahora mismo podría escapar— Declaro desafiante el estudiante de intercambio mientras arreglaba su corbata a pesar de lo aún asustado que estaba por dentro.
—Sabemos que no lo harás— Hablo por primera vez el rubio engominado desafiante— Si estas estudiando en esta escuela no va a ser difícil encontrarte. —El inglés sonrió nuevamente.
— Cierto, pero…aún no me han dicho para que querían que viniese.
Todos los presentes se miraron, a excepción de Elizabeth quien todavía la sostenía el albino de sus brazos, miraba el suelo.
— Las preguntas las hacemos nosotros— El de pelo engominado esta vez hizo notar su acento alemán confirmando sus sospechas de su nacionalidad.
— Debo admitir que estoy sorprendido— Hablo por primera vez el otro gemelo, que parecía más serio que su otro hermano.
— Es cierto— Admitió también el chico de ojos rojizos— Normalmente nadie vería tan a la ligera a la CIA o al FBI…
— Y menos se ríe…— Hablo el chico apedillado Honda.
— Je…— "Arthur" sonrió y metió una mano a su bolsillo derecho, fue cuando el grupo se alarmo y todos los presentes apuntaron sus armas hacia él, incluyendo el gemelo que lucía más cobarde, lo hacía temblorosamente— Oye, oye ¿ahora ni siquiera puedo fumar?— Protesto el inglés sacando de su bolsillo una cajetilla de cigarrillos junto a un encendedor. Una vez el grupo lo vio bajaron las armas, mientras se llevaba un cigarrillo a sus labios y lo encendía dando una calada para luego dejar salir el humo de su boca tranquilamente— Eso se debe, a que ustedes no conocen a Robert Kirkland…— Ninguno decía nada, tampoco le apuntaban con sus armas, pero si la sostenían con fuerza en caso de ser necesarias— ¿FBI? ¿CIA? No me hagan reír, ninguno de ustedes querría encontrarse a ese hombre…— Nuevamente dio otra larga calada a su cigarrillo para luego exhalar nuevamente a la vez que con sus dedos hacia un leve movimiento para que la ceniza cayese al suelo—. En eso me incluyo…
Silencio. Nadie decía nada en un intento de procesar sus palabras, a la vez que el misterioso inglés continuaba dando caladas a su cigarrillo, hasta que finalmente lo dejo caer al suelo, para apagarlo con su zapato. Acto seguido volteo para dirigirse hacia la puerta que le permitiría dejar la azotea, cuando se hizo escuchar un carraspeo.
— Aún no has respondido todas nuestras preguntas…— Se hizo escuchar nuevamente la voz de la chica, quien había vuelto a apuntarle con su revólver, aunque con más calma y elegancia, que había hecho la primera vez. Nuevamente la chica se había colocado su máscara. El chico de intercambio suspiro viéndola sobre su hombro instándole a hacerlo— Aún no nos dices la razón por la que viniste a este país, a esta ciudad y escuela…— El chico la miro un tanto harto de todo este asunto, jugando con su derecha prendiendo el encendedor una y otra vez. Tenía ganas de fumarse otro cigarrillo, pero él quería salir pronto de allí y en el interior de la escuela no tenía como fumar sin que nadie se diese cuenta.
— Encontrar un amigo de mi infancia…— Jugo una vez más con su encendedor— ¿Te satisface esa respuesta?
— Entonces… ¿Por qué no tomaste tus clases con él?
— Oye, oye señorita— la llamo esta vez con tono despectivo— Dije que quiero encontrarme con un amigo, no conseguirme un novio y estar pegado a él las veinticuatro horas al día fingiendo que me gustan cosas que al final odio y ser un maldito infeliz— Esta vez volteo completamente a verlos a todos, notando que la chica estaba completamente descompuesta, tanto que los demás habían dejado de prestarle atención a él. No había sido su intención, pero al parecer había descrito completamente a la chica— Vaya, parece que alguien se sintió identificado…
— ¡Cállate!— Inesperadamente había salido a defenderla el albino quien caminaba hacia él con intención de golpearle.
— Oye, oye yo no tenía idea, simplemente dije lo primero que se me vino a la cabeza— Alcanzaron a tomarle del cuello de la camisa cuando la fuerte voz del rubio engominado entro en escena.
— Déjalo en paz, hermano— ¿Qué? ¿Esos dos eran hermanos? — Ya respondió todas nuestras preguntas, así que ya se puede ir— Daba igual si lo eran o no, pero aquella orden le obligo a que le bajaran dando un paso atrás. El inglés les dio la espalda y nuevamente se dirigió hacia la puerta de la azotea, deteniéndose frente a ella.
— ¿Saben que encuentro lamentable?—Comenzó a decir sin voltear a ver a ninguno de los presentes— Alfred de niño odiaba que se le acercara gente o amigos falsos por su dinero. Cuando lo vi rodeados de amigos me había sentido aliviado de que hubiera tantos amigos que cuidaron de él en estos años…pero por lo que veo, es tan solo una vil mentira…que lastima.—En ese momento sonó la campana para salir a almorzar—Ah…que lastima perdí matemáticas—Luego volteo a verlos a todos una vez más— Sé que tenemos deporte todos, no se preocupen, no tengo el uniforme aún así que no me encontrare con él…Todavía—Los autodenominados ex agentes le miraron desafiante, ante lo cual se despidió con la mano susurrando— Nos estamos viendo "falsos amigos"
Tras decir esto, abrió la puerta de la azotea y volvió a entrar al edificio. Quedando el grupo de afuera un tanto perturbados y un montón de preguntas que sabían bien que el estudiante de intercambio no les respondería, y de hacerlo quizás tampoco le creerían.
No podían creer nada de nada a ese extraño…un posible impostor.
— ¡Que cruel! ¡Cómo puede decir eso!— Lloriqueo Feliciano— ¡Alfred es nuestro amigo!
— No le prestes atención, estúpido Feliciano— Le regaño su gemelo dándole un ligero golpe en su cabeza, ante lo cual el menor emitió un ligero quejido.
— Bueno, igual independiente quien sea, no culpo su juicio— Hablo esta vez Ludwig guardando su revolver en el bolsillo interior de su chaqueta— Sabiendo que somos ex agentes contratados es para pensar que somos sus amigos por dinero…Así que no te lo tomes a mal, Feli— Le consoló el alemán colocando una mano sobre su cabeza para tranquilizarlo, lo cual consiguió además de una mirada con mezcla de timidez y cierta incomodidad del italiano.
— ¡Oye, cabeza de patata! ¡Para ya de coquetear con mi hermano!— Se quejó el mayor de los italianos alejando a su hermano menor.
— ¿C-coquetear?— Las mejillas del rubio se tornaron de un ligero rosa, para luego comenzar una discusión sin sentido con el otro italiano. Por su parte, Feliciano aun un tanto incomodo se alejó de la discusión, acercándose a Kiku quien miraba su laptop un tanto preocupado.
— ¿De verdad crees que es buena idea que lo hayamos dejado ir, Kiku?— Pregunto el italiano menor de repente, ante lo cual el japonés levanto la mirada de su laptop para dirigirla hacia él.
— No habríamos sacado nada más. Claro podríamos haber seguido haciendo preguntas, pero ¿que sacamos si ni siquiera estamos seguros de las respuestas que nos dio? Podría ser un impostor o no y no tendríamos como enterarnos. — Volvió a escribir unas cosas en su computadora— Claro quizás si lo torturáramos podríamos sacarle algo, pero no tenemos donde hacerlo sin parecer sospechosos. Recuerda que debemos mantener el perfil bajo.
— Entonces el único que podría saber si realmente se trata de Kirkland o no, es Alfred…
— Eso me temo…
Feliciano y Lovino llegaron a su lujoso departamento poco antes de que Alfred se encontrase con "Arthur Kirkland" en el muelle. Se habían enterado de lo sucedido en la clase de deportes por Kiku y le dijeron que Gilbert se encargaría de evitar que se encontraran o al menos de evitar cualquier tipo de estupidez por parte de su amigo americano.
Entraron en silencio dejando tiradas sus mochilas en la entrada. El mayor de los gemelos se dejó caer en el sofá, normalmente habría encendido la televisión, mas no lo hizo. Era de esperarse, había mucho que pensar. La situación podía tornarse peligrosa para todos de un momento a otro.
Feliciano por su parte, no sin antes ver con algo de preocupación a su hermano, se dirigió a la cocina a preparar algo para la merienda y ver que prepararía para la cena. Si bien tenían la condición de poder pagar a alguien que les hiciera las comidas, era algo que le encantaba hacer a Feliciano. Le gustaba experimentar a veces platos nuevos o decorarlos, era algo que le relajaba, aunque esta vez no conseguía relajarse del todo. Al igual que su hermano estaba nervioso, de ponerse las cosas peligrosas quien más miedo tenía en el grupo era él. Y más que por morir él, temía que le pasara algo a alguno de sus amigos. Bueno, por algo había pasado entrenando duro en los últimos cinco años. Sobre todo desde que había llegado Ludwig a su vida, entrenaba más duro pensando en que así podría expiar sus pecados. Aún así no podía evitar sentirse incomodo a veces, por cada vez que lo miraba sentía que se parecía más a él…
Luego de lograr que Alfred se calmara se dirigieron a la calle principal, fue ahí donde Gilbert y Alfred se fueron por su lado a comer algo. Por su parte Elizabeth prefirió ir a su casa. — ¿Estas segura que no quieres venir?— Le había preguntado Alfred, quien lucía un tanto animado, pero que sin embargo sonaba un tanto culpable, ella había volteado a ver al americano y al alemán. Miro bien a sus ojos, nuevamente Alfred fingía estar bien, se notaba demasiado aquella sonrisa falsa que siempre solía poner, obviamente le dolía tener que volver enfrentar cualquier cosa relacionada con Arthur Kirkland. Noto que el alemán estaba un tanto más adelante dándole la espalda, No tenía ganas de hablar con él, de hecho no se habían hablado desde lo ocurrido en la azotea al enfrentar a Arthur Kirkland.
— No, estoy bien. Pásenlo bien— Le dijo sonriente para luego dirigirse a tomar el bus. Pensó en llamar a Roderich para verle, pero estaba cansada. Necesitaba llegar a su casa pronto para poder quitar su máscara y olvidarse del personaje de la señorita Elizabeth por un rato. No solo había que tenido que interpretar su personaje el día entero, sino que también estuvo expuesta dos veces ese día y tenía que forzarse a volver a ponerse la máscara y hacer como si nada hubiese pasado.
Volvió a pensar en Gilbert que no se había volteado a verle para despedirse. Bueno, no era de extrañarse que estuviese enojado.
Cualquiera se enojaría si un amigo de casi toda la vida le apuntase con un arma.
—Oye, Lizz tranquilízate— Se hizo escuchar la voz de Gilbert, ante lo cual todos callaron y dirigieron su mirada al albino y a Elizabeth quien miraba el suelo temblorosa. Claramente le había afectado de alguna manera lo dicho por el británico, mientras el mayor de los alemanes intentaba de animarla— No le tomes atención, además ¡estuviste genial cuando lo acorralaste! Y cuando sacaste tú…
— Si vuelves a decir algo más, — Se escuchó un "click" ante lo cual Gilbert no solo callo, sino que se alejó un poco. Todos miraban atenta a la húngara, que en cualquier momento parecía que volvería a ser la que era hasta casi un año y medio atrás, pero quizás de una forma un tanto más violenta de lo que se imaginaban. Elizabeth continuaba temblorosa mirando al suelo y respirando agitada mientras apuntaba a quien era su amigo de infancia desde los cuatro años, los demás estaban preparados para lanzarse sobre ella de ser necesario sin tener que dañar a su compañera.
Todos la miraban nerviosos, cuando de pronto la chica dejo de temblar y rápidamente volvió a colocar el seguro de su arma para luego guardarlo en el estuche porta armas escondido bajo la larga falda del jumper, para luego levantar la mirada sonriente a sus compañeros y arreglar su cabello colocando un mechón tras su oreja.
— Quien iba a pensar que ese tipo iba a ser tan maleducado —Los demás la observaron sorprendidos, por su parte el albino más que sorprendido lucia frustrado. Mordió su labio inferior en un intento de aguantarse de salir corriendo a golpear a Eldestein— Estoy cansada, debería comer algo antes de que termine la hora de almuerzo— Dicho esto dio media vuelta con sus ojos brillosos para luego abandonar la azotea y correr al baño.
Gilbert llego a su casa agotado después de dejar a su amigo en casa. Con Alfred habían ido al café-bar de la tienda de curiosidades con el fin de distraerlo un poco de lo que acababa de pasar. Por suerte Elizabeth no había ido con ellos, estaba demasiado molesto con ella. Aprovecho de conversar con Alfred para distraerse del tema él también. — ¿Paso algo contigo y Lizz?— Pregunto Alfred de pronto sorprendiendo al albino, pues su amigo no era muy bueno dándose cuenta con lo que pasaba a su alrededor.
— ¿Por qué preguntas?— Pregunto de vuelta haciéndose el desentendido.
— Pues cuando se encontraron conmigo no se hablaron y también estaban distantes. Y bueno en el partido también estabas muy enojado— El alemán dejo salir un suspiro derrotado.
— Pensar que ahora te vienes a dar cuenta de lo que pasa a tu alrededor…— Se metió en la conversación el asiático dueño, ante lo cual Alfred le miro un tanto molesto.
— ¿A qué viene eso, Yao?
— Nada, nada…—Gilbert volvió a soltar un suspiro para seguir comiendo de sus papas fritas— Hoy día Lizz estuvo a punto de volver a ser ella…
— ¡¿En serio?! ¿Y qué paso?
— Nada…simplemente después de hacerla enojar, incluso casi hacerla estallar volvió a sonreír falsamente y actuar como "Lady"— Tomo un gran sorbo de su bebida hasta acabarla, para luego dejarla su vaso con fuerza sobre el mesón— Estuve a punto de correr donde Eldestein y volarle la cara.
— Bueno, tú siempre que lo ves quieres hacerlo. — se escuchó bromear al dueño asiático.
— En todo caso—Acoto Alfred
— Pero hoy más que nunca…— Alfred y el joven dueño le miraron con curiosidad— Esa tonta sufre por querer lucir como la chica ideal para Eldestein…Hoy día se notaba que no daba más… ¡Y ese imbécil no se da cuenta de nada!
— Igual quieras o no, Roderich no le obligo a nada…Ella se hizo esto sola. —Le respondió Yao viendo al joven albino con preocupación
— No…yo tengo la culpa de que acabara así…
Se recostó en su cama mirando el techo, intentando de quitarse a Elizabeth de su cabeza. Fue cuando tocaron la puerta de su habitación.
— Abre— Aviso Gilbert, entonces la puerta se abrió dejando pasar a Ludwig su hermano menor— Ah, Ludwig ¿Cómo te fue con Emily?
— Bien, parece que hasta el momento no se entera de nada— Anuncio el menor de los Bielchsmith— ¿Todo bien con Alfred?
— Se encontró con él…pero parece que es lo que pensábamos, es un impostor. Al menos es lo que dice Alfred…— Contó con su mirada aún en el techo.
— No sé si es bueno o malo…
—La verdad es que tampoco sé si es mejor o peor…— Fue cuando le dirigió la mirada a su hermano— Ahora Alfred quiere averiguar quién es en realidad, aunque sospecha de alguien…imagino que sabrás de quien…
— Si…puedo imaginarlo…
— Si Alfred estuviera en lo cierto, todo se solucionaría rápido, pero de no serlo…
— Esperemos que Alfred tenga razón entonces…
— Si…
— Iré a ver que hay para la cena…—Anuncio haciendo el ademan de salir.
— Ludwig…—El menor volvió a dirigirle la mirada, para encontrarlo nuevamente con sus ojos sobre el techo— ¿Sabes? Creo que hubiera preferido que Lizz me hubiera disparado…
— ¡¿Qué estás diciendo…?!
— Pienso que si lo hubiera hecho quizás habría vuelto a ser la misma Lizz de antes…— Su hermano lo observo triste, sabía bien lo que pasaba su hermano. Al principio cuando comenzó Elizabeth a cambiar su personalidad, no le habían tomado mucha importancia a excepción de su hermano mayor, pensaban que solo duraría un tiempo y pronto se cansaría…pero pasaron los días, semanas y meses. Y no decaía ni un poco, a lo más lo hacía cuando Gilbert la molestaba y estaban a solas sin Roderich. Solo ese día aquel chico, el impostor de Arthur Kirkland había logrado casi hacerla explotar, y sin quererlo le habían dicho (de una forma más brusca) todo lo que sus amigos habían querido decirle.
— Yo creo que es cuestión de tiempo para que vuelva…
— Ya no quiero esperar más tiempo…
— El impostor de Kirkland ha sido el primero además de ti en lograr hacerle sacar parte de su verdadera personalidad. Podríamos sacar ventajas de él…
La misteriosa inglés llego a su casa nuevamente agotado. Como había arribado a la ciudad tan tarde la noche anterior, además de que buscaba distraerse con todo lo ocurrido en el día, salió a comprar cosas necesarias para su nuevo hogar. Paso por una tienda de "todo a 1 dólar" y aprovecho de comprar juegos de vasos, platos y servicios de cocina, así como también instrumentos de aseo tanto para la casa como para el aseo personal. Paso después a un supermercado a comprar platillos preparados para la semana, puesto que no era muy bueno en la cocina, además de hojas de té, y con algo de curiosidad compro té helado. ‹‹Las cosas extrañas que inventan los yankes›› había pensado para sí. Aprovecho de también comprar algunos útiles escolares, como cuadernos y lápices.
Una vez llego a su departamento se dispuso a limpiar, a ordenar el departamento con las cosas que había comprado, además de la ropa, guitarra y otras cajas con cosas que había traido de Inglaterra. Una vez acabo con eso solo le quedaban sus útiles para la escuela. Soltó un suspiro, pensó en dejarlo para después y se sentó en el sofá dirigiendo su mirada a la mesa de centro donde se encontraba la bolsa con sus materiales nuevos…
Nuevamente vino a su mente el encuentro con Alfred Jones, además de volver a preguntarse por qué el chico no parecía reconocer a Arthur Kirkland, ¿lo habría olvidado? Pero entonces, ¿Cómo? Si le escribía cartas seguido.
Intrigado fue a su habitación y de su armario saco y dejo sobre su cama una caja de cartón mediana y la abrió. En ella estaban cientos de sobres apilados y amarrados con un lazo ordenados por año y fecha. Los que lucían más viejos venían desde Nueva York, mientras que los más nuevos de la ciudad en la que estaba ahora, Seattle. — En verdad es extraño…no culparía a un niño de olvidarse de un amigo si son…bueno niños.— Eso sería si nunca hubiera llegado a escribir a Arthur Kirkland, o si al menos Alfred se hubiera aburrido a las tres cartas sin respuesta. Pero no era así. Jones escribió sin cansancio hasta hace poco más de dos años. No se sabía el motivo.
Lo otro que le intrigaba era una de las cartas, la primera de Seattle alrededor de seis meses antes de que estas se detuvieran…
Arthur:
Por favor perdóname. Primera vez que recibo una respuesta tuya, y fui tan estúpido como para dejar que el idiota de mi papá la viera! La rompió antes de que pudiera abrirla! De verdad lo odio! Perdon! De verdad que la próxima vez no dejare que la vea! Ademas el idiota de mi papá al dia siguiente hizo que nos fueramos a vivir a otra ciudad! Lejos de Nueva York, ni siquiera pude despedirme de mis amigos de alla…Ahora estoy viviendo en Seattle, en el sobre esta la dirección. De verdad perdón. Estaba feliz de que al fin habias recibido una carta mía, porque no te has olvidado de mi, ¿verdad? Sigo juntando dinero para ir a buscarte pero es muy difícil, porque siempre aumenta el precio. Por favor ten paciencia se que te lo he pedido muchas veces pero solo falta un poco más.
Estare esperando tu respuesta. Intenta de mandarme un mail en la dirección que te deje abajo.
Solo espera un poco más amigo.
Tu amigo Alfred
Las siguientes a esas también contenían disculpas de parte de Alfred por no haber podido leer y responder la carta que supuestamente Arthur Kirkland envió…pero lo cierto era es que no había forma de que la enviase en ese entonces…Entonces ¿Por qué, cómo y quién?
Comenzó a sentir una sensación de ansiedad, acompañada de angustia. Sabía que leer esas cartas no le hacía bien. De alguna forma imaginar cómo ese niño frustrado y angustiado había vivido por tres años escribiendo desesperadamente por saber de Arthur Kirkland y nunca haber tenido respuesta, le provocaba una angustia enorme.
Volvió a guardar las cartas en la caja en el mismo orden que las tenía y se dirigió a su pequeño living, a la mesa de centro donde yacía aún su bolsa con cuadernos y demás cosas para la escuela. Rápidamente saco los cuadernos, y los lápices, pero no lo encontró. Dio vuelta la bolsa pero no estaba. Tembloroso se dejó caer sobre el sofá respirando con algo de dificultad…era cierto…
Había olvidado que había pasado unos diez minutos planteándose si comprarse un cutter o no…finalmente no lo había hecho, no quería volver a tener ese habito de nuevo. Pensó en los nuevos cuchillos que había comprado, que yacían guardados en el cajón de la cocina. No…eran demasiado peligrosos. Sentía una presión al interior de su garganta, ganas de llorar, pero las lágrimas no salieron. Desesperado busco en sus bolsillos su cajetilla de cigarros y otra con unas pastillas, rápidamente saco una píldora y la trago sin ayudarse con siquiera agua, a continuación saco un cigarrillo a la vez que tomaba el encendedor y lo encendía luego de llevárselo a la boca. Aspiro un largo rato, dejando pronto salir el humo.
Luego de aspirar y expirar unas tres veces más pareció tranquilizarse. No quería depender tanto del cigarro y las pastillas, pero si lo ponía al lado de las otras cosas que alguna vez había considerado tranquilizantes, era lo más sano que tenía en ese momento. Si había venido a aquel país con la idea de cambiar su vida ese era un comienzo, pero…no sabía cuánto podría resistir estando solo. Menos si Alfred no creía que él era Arthur Kirkland. Debía de buscar una forma de convencerle…
— ¿Entonces se encontró con él?— Kiku por su parte tipeaba en su laptop sin parar mientras hablaba por su móvil— Mira es mejor que crea que es un impostor a que ciegamente crea que se trata del mismo Kirkland—Abría y cerraba ventanas sin parar además de introducir distintos códigos que se sabía de memoria.— Sí, claro investigare bien. Nos vemos en la escuela mañana, Elizabeth-san.
En el momento en el que corto la comunicación, presiono la tecla "enter" y entonces distintas ventanas se abrieron con información de Arthur Kirkland. Kiku lo observo horrorizado, intentando de entender por qué y cómo podría haber pasado eso…
Por lo menos por la información de Alfred, estaba claro que aquel Kirkland era falso, pero debía comprobarse, pues esta información era bastante rara.
Se echó atrás en su asiento y se dedicó a observar en silencio el techo intentando ordenar sus pensamientos, inevitablemente se puso a pensar en su amiga Elizabeth y en lo mucho que había cambiado el último tiempo y en como obviamente le amargaba a Gilbert aquella situación. Había querido preguntarle cómo se encontraba después del encuentro con Kirkland, pero después de ver lo descompuesta que había quedado no se atrevió…
Volvió a pensar en Kirkland y en sus actitudes, tan extrañas ya fueran para ser el original como el impostor, en cómo no le daba miedo ni el FBI ni la CIA, aunque estuvieran hablando de ex agentes, cualquiera tendría un poco de miedo… ¿o no?
No solo eso, la información que había encontrado…
Un sonido se hizo escuchar en su laptop, ante lo cual dirigió rápidamente la mirada a la pantalla, y una ventana hizo aparición luego de una pequeña notificación que decía "EcilaVixen te ha enviado un mensaje". Sonriente se acomodó en su asiento y abrió el chat.
EcilaVixen: Hi hi! n0n
Mochi-san: Buenas noches, Ecila-san.
Mochi-san: n0n
EcilaVixen: Ya es de noche alla?
EcilaVixen: Que es eso? eso no es muy tu mr. Mochi
Mochi-san: Por supuesto, aqui ya son las 11!
Mochi-san: y tu me dijiste que usara más emoticon! -_-
EcilaVixen: Cierto aquí son las seis…
EcilaVixen: Que es eso?! hahahaha
Mochi-san: Eres muy madrugadora, no Vixen-san?
EcilaVixen: Buenoo
EcilaVixen: Si no
EcilaVixen: No tendria oportunidad de hablar contigo, no?
El japonés inevitablemente se sonrojo, luego dejo soltar una pequeña risa. Esa chica, aunque todavía no supiera siquiera quien era, le había tomado cariño hacia unos seis años. Aunque les costaba hablar entre ellos por la diferencias de horario, habían entablado una linda amistad.
La había conocido cuando tenía apenas diez años, a esa edad su conocimiento era amplio en los ordenadores, ya había hackeado varios sitios tan solo por diversión o le gustaba detectar errores en algunos programas y páginas web. Así había sido contratado por la CIA, hacia cinco años. Un día, leyendo en un foro de hackers le llamo la atención el avatar de un usuario. Era un dibujo de un ser fantástico que desconocía, pequeño, verde y con alas. Claramente él era dibujo infantil. Pensó que por fin había encontrado un hacker de su edad. De inmediato le escribió.
Mochi-kun: Hola, ¿te puedo preguntar que es tu avatar?
Lady EcilaVixen: Hola! La verdad no se que es exactamente, según mi hermanito que lo dibujo es una especie de criatura magica.
Lady EcilaVixen: Lo encontré muy lindo asi que se lo pedi para ponerlo como avatar
Mochi-kun: Ya veo…
Mochi-kun: Pensaba que quizás tenias mi edad, pero me equivoque…
Lady EcilaVixen: En serio?
Lady EcilaVixen: Entonces que edad tienes?
Mochi-kun: 10
Lady EcilaVixen: Mentira!
Lady EcilaVixen: Tan pequeño!
Lady EcilaVixen: Igual no tenemos tanta diferencia de edad
Lady EcilaVixen: Yo tengo 13
Lady EcilaVixen: y por cierto, soy una chica
A pesar de que ya lo sabía a juzgar por el nombre de usuario, le impresionaba que existiese alguien cercano a su edad y más encima que fuese una chica también fuera hacker. Fue así como poco a poco se hicieron cercanos. Jugaron videojuegos en línea y se escribían a diario, también competían entre sí para hackear ciertos programas o se ayudaban entre si cuando algo no salía bien. Incluso luego de oír que la CIA estaba contratando hackers, se habían prometido aceptar para conocerse allí, por eso acepto. Sin embargo no se lo podía decir a ella. Porque de no pertenecer a la CIA podría correr un grave peligro…Es por eso que cada vez que conocía a alguna chica en la institución, le mostraba el avatar de la chica, ya que era la única persona que lo reconocería. Sin embargo nunca apareció.
Estuvo esperando encontrársela durante un año, mismo año en el que arribo a estados unidos. Este cambio en su estilo de vida hizo que se distanciara un poco de EcilaVixen. Esto hasta que luego de cierto incidente decidió renunciar junto a sus compañeros del FBI.
Mochi-san: Que estas diciendo Vixen-san?
Mochi-san: Si siempre me interrumpes cuando estoy en la escuela
EcilaVixen: Cierto n0n
EcilaVixen: Y? que tal tu dia en la escuela?
EcilaVixen: Paso algo nuevo?
Kiku se detuvo un instante, pensativo. No sería mala idea pedirle una pequeña opinión sin entrar en mucho detalle.
Mochi-san: recuerdas el amigo del que te hable?
Mochi-san: el que perdió un amigo hace dos años…
La chica esta vez se tomó algo más de tiempo para responder. Obviamente sabía que era un tema delicado.
EcilaVixen: si
EcilaVixen: lo recuerdo
Mochi-san: hoy llego un chico nuevo de londres
Mochi-san: y tiene el mismo nombre y cara del chico que murió…
EcilaVixen: es en serio?!
EcilaVixen: Como?! O0O
Mochi-san: no lo se
Mochi-san: pero segun mi amigo no es el
Mochi-san: pero segun este chico lo conoce
Mochi-san: y lo que nos preocupa es que con esto mi amigo vuelva a caer en depresión de nuevo…
Al parecer "EcilaVixen" no tenía ni idea de que responder, era de imaginar pues era una situación delicada y extraña. Iba a escribir un "es raro verdad? No te preocupes" cuando vio que la chica comenzaba a escribir por su lado.
EcilaVixen: pero como están tan seguros de que esta muerto?
EcilaVixen: él no lo vio o si?
Mochi-san: no
Mochi-san: su amigo vivía en londres…se entero por una carta de su muerte
EcilaVixen: pero por dios!
EcilaVixen: MR. MOCHI!
EcilaVixen: tu eres hacker como yo deberías poder investigarlo!
Mochi-san: ese es el problema
Mochi-san: encontré información muy confusa de eso…
EcilaVixen: como es eso? 0o0
Mochi-san: Veras…
Alfred se levantó temprano a la mañana siguiente. No había podido dormir casi nada. La incertidumbre de quien era el impostor le persiguió incluso en sueños. La idea de que alguien estaba haciéndose pasar por Arthur le molestaba de sobremanera. Como todas las mañanas abrió su cajón y vio la foto de él y su amigo de cuando eran pequeños. ¿Cómo era que se le parecía tanto?
— Alfred, te levantaste temprano…— Se hizo escuchar la voz de su hermana preocupada, quien aún estaba en pijama— ¿Paso algo?
— No…
— De nuevo estas viendo esa foto…— Le regaño Emily, pero al ver que este no trataba de esconderla como siempre hacia cuando lo atrapaba hizo que le observara más preocupada que antes. — ¿Estas bien?— Su hermano no le devolvió la mirada siquiera, por lo que esta vez se acercó y coloco una mano sobre su hombro haciendo que reaccionara— Alfred… ¿Qué ocurre?
— No, nada— respondió sin mirarla a la vez que guardaba la foto nuevamente en el cajón y tomaba su mochila.
— Pero Alfred…
—Diles a papá y mamá que me fui a entrenar…no, mejor diles que estoy estudiando, ya sabes cómo se ponen con el tema. Adiós.
Sin darle la oportunidad a su hermana de decir nada más salió rápidamente de su casa. Eran las siete de la mañana. Tenía mucho tiempo, normalmente habría ido al muelle, pero ahora tenía mucho que hacer, por lo que rápidamente se dirigió a la escuela.
Se demoró solo veinte minutos entre llegar a la parada del bus y llegar a su destino. Por suerte el bus le dejaba en la entrada de la escuela, la cual a juzgar por la hora estaba desierta. No le tomo importancia, sino que se dirigió a la entrada del edificio donde habían un par de escalones en los cuales se sentó.
De esta manera, no había forma de que no lo pillase. Definitivamente tenía que darle una lección.
— ¡Gilbert!—La puerta de la habitación del mayor de los Bielchsmith se abrió repentinamente asomándose aun en pijama y un muy despeinado Ludwig, quien rápidamente quito las frazadas a su hermano.
— Es muy temprano, Lud…—Se quejó aun sin abrir sus ojos.
— ¡Emily me escribió un mensaje, dice que Alfred se levantó temprano y ya salió de casa…!
— ¡¿Que?!— Rápidamente el albino se levantó y se dirigió al baño para ducharse con rapidez. — ¿Hace cuánto salió?
— Según Emily hace un par de minutos.
— ¡Averíguame los horarios del bus que toma Alfred!— Grito secándose el cabello con una toalla para luego colocarse sus lentillas rojas con rapidez — Y avisa a los demás. Yo iré a buscarlo al muelle.
El británico se levantó con pesar, era ridículo pensando en que tan solo era su segundo día de clases. Le había costado un montón recuperarse de su ataque de angustia en la noche pasada, y al hacerlo termino tan cansado que se fue a dormir tan solo en ropa interior y sin comer nada. Solo había querido dejar la mente en blanco, pero viejos sueños comenzaron a perseguirle en la noche, por lo que su descanso fue casi nulo. Miro su teléfono celular que estaba sobre la mesita de noche. Lo tomo para darse cuenta de que estaba apagado. No lo había encendido ni cuando llego a su departamento.
Suspiro recostándose otra vez sobre su cama, viendo como la luz se encendía y como pronto varias notificaciones aparecían en la pantalla acompañado de un sonido y vibración del aparato.
Eran llamadas perdidas, varias. Devolvería el llamado, pero no era buena idea, además…le habían pedido que no utilizara el teléfono para llamar, solo para recibir llamadas. Vio la hora, las siete de la mañana, tenía tiempo aún.
Desganado se levantó al baño y se miró al espejo. Lucia horrible, claramente no había dormido bien. Tenía unas muy marcadas ojeras bajo sus ojos. Concentro su mirada en sus grandes y pobladas cejas. Como las odiaba, lo único que hacían eran hacer sus ojeras más notorias. No entendía como un ser humano podía tener las cejas tan grandes y no ser capaz de hacer algo por ello. Maldijo su suerte. Ahora fijo la vista en el moretón ya casi inexistente en su mejilla…podía excusarlo como un golpe accidental mientras arreglaba las cosas en su departamento.
Humedeció su rostro en un intento de mejorar su aspecto, pero claramente no conseguiría nada, así que fastidiado luego de desnudarse abrió el agua de la ducha y dejo que el agua que corría por su rostro despejase su mente, que fuera un poco.
De desayuno tomo un té negro y unos scones de microondas, una vez listo dio una mirada a su mesa de centro, donde yacían aun sus útiles escolares. Inevitablemente recordó el episodio de la noche anterior, debía mantener la calma y no dejar que ello le dominara. Recogió los cuadernos y los guardo en su bolso, al igual que su estuche no sin antes llenarlo con lápices.
Una vez estuvo listo salió de su casa cerrando con llave y se dirigió a la parada de bus, que paso pronto. Esta vez al menos ya sabía dónde tenía que bajar, por lo que se fue más tranquilo observando sus alrededores, fijándose también en posibles lugares en los cuales podría conseguir trabajo después de clases
Descendió del bus y comenzó a caminar hacia su escuela, inevitablemente paso cerca del muelle, fue cuando se le vino a la cabeza Alfred. No sabía que haría con el chico, aunque tampoco fuera como si entendiera que era lo que le pasaba…no era que no recordara quien era Arthur Kirkland, ¿verdad?
Viendo que aún estaba a tiempo decidió asomarse encontrando el lugar vacío. Había pensado en la posibilidad de que podría ver a Jones y quizás aclarar lo que había pasado el día anterior. Rápidamente dejo el lugar otra vez y se dirigió a la escuela.
— ¡Kirkland!— Escucho que le gritaban, por lo que volteo encontrándose con el chico albino que corría hacia él— ¡¿Has visto a Alfred?!— Le grito a pesar de haberlo alcanzado y de estar apenas con aire— ¡¿No estaba en el muelle verdad?!— El inglés le observo confundido, más que nada por la desesperación que lucía el otro tanto como para querer consultarle algo a él.
— No, no estaba…—Vio como los ojos del alemán se abrían más.
— ¡¿No estaban ni su bolso ni sus zapatos, nada verdad?!
— No, nada… ¿puedes explicarme que está pasando?
— ¡No es el momento! ¿Vas a la escuela cierto?— Saco un papel de su bolsillo y empezó a anotar algo— Si lo ves llámame— Acto seguido le entrego el papel y volvió a correr hacia el muelle. El joven ingles se quedó viéndole preocupado para luego comenzar a caminar un tanto más rápido hacia la escuela.
Finalmente llego a la escuela, parece que había llegado muy temprano, pues habían muchos menos alumnos que el día anterior. Casi todos caminaban hacia el interior del edificio a excepción de una persona que estaba sentado en las escaleras de la entrada. Se sintió un tanto aliviado al verlo, luego del escándalo que había hecho el albino se había preocupado un poco, aunque no tenía claro por qué debía preocuparse. Noto que tenía varias ojeras como él acompañado de una cara de pocos amigos. No tenía ganas de acercársele a que le volvieran a golpear, pero al menos le debía decir que su amigo lo buscaba y lo llamara. Una vez le vio acercarse Alfred se levantó, seguía viéndole con enojo. No tenía idea del porqué.
— Alf…Jones— Se corrigió, con esa mirada de odio no pensaba que era buena idea de que lo tratara por su nombre de pila—Tu amigo, el de pelo blanco está buscándote, así que llámalo. Con intención de retirarse e intentar de hablar con él más tarde siguió caminando al interior del edificio, pero lo detuvieron agarrándole del hombro.
— ¿Cómo puedes ser tan descarado?
— ¿Alfred?
— ¿No me vas a decir tu nombre real?— No tenía idea de qué diablos estaba hablando. Solo lo miro confuso esperando que le explicase de qué se trataba todo esto, junto al trato del día anterior. — Vamos respóndeme, cobarde— Esta vez volvió a agarrarle del cuello de la camisa.
— ¡¿Cómo quieres que te responda si no me explicas?!
— ¡Ya para de hacerte el tonto!
¿Por qué no le creía? Quería entenderlo, pero al ver el rostro de confusión en su rostro, Alfred parecía enojarse cada vez más. El inglés no sabía qué hacer, ni cómo salir de la situación.
— No sé de qué estás hablando…soy Arthur Kirk…
— ¡No te atrevas a volver a llamarte por ese nombre porque juro que te mato!
— Alfred…
— ¡Ya cállate, T…!
— ¿¡Alfred!?— Se hizo escuchar una voz femenina, ante lo cual ambos chicos voltearon a encontrarse con una chica de ojos azules cabello corto ondulado y del mismo tono que el color de Alfred adornado de un broche de cabello en forma de estrella. Arthur la observo con una mezcla de confusión y sorpresa. Alfred por su parte la observo un tanto preocupado, pero a la vez más calmado pues aflojo el agarre de la camisa del otro.
— Emily…—Susurro el mayor de los Jones, ante lo cual el que se hacía apedillar Kirkland primero volvió a mirar a Alfred antes de volver a mirar a la chica.
— ¿Emily…?— Inevitablemente, a pesar de la situación sus ojos reflejaron cierta alegría, lo cual confundió a ambos presentes— ¿De verdad eres tú?— Sin mucha dificultad logro soltarse del de lentes y se acercó a la chica quien lo observaba desafiante— ¡Como has cambiado!
— ¡Oye…!—Alfred lo llamo, intentando de detenerle más el chico prefirió ignorarle.
— Tú sí que me crees, ¿cierto? — A pesar de la mirada que le lanzaba la chica le tomo de los hombros amistosamente, se veía que aún tenía esperanzas de que le creyeran— Soy Arthur, Arthur Kirkland…imagino que me recuerdas, ¿verdad?— La chica endureció su mirada y mordió su labio furiosa a la vez que sujetaba su bolso con más fuerza.
— Por supuesto que me acuerdo…—Susurro la chica con dureza, ante lo cual el inglés la miro extrañado— ¿Cómo voy a olvidar al tipo que hizo sufrir tanto a mi hermano?— ¿De qué estaba hablando? Arthur ante la nueva información y de la sorpresa soltó a la chica— Debo reconocer que has mejorado en tu actuación, pero ¿podrías dejarnos en paz de una maldita vez? ¿En serio no te das cuenta del daño que haces?
Recién comenzaban a llegar alumnos a la escuela, pero nadie noto el conflicto que estaba ocurriendo en plena entrada. Arthur se hizo a un lado mientras veía como la chica comenzó a caminar desafiante pasando de él para luego tomar a su hermano de la muñeca y llevárselo de ahí. Alfred por su parte un tanto aturdido, era arrastrado por su hermana mas no pudo evitar quedarse observando la espalda de aquel impostor quien se quedó observando el suelo mientras presionaba sus manos en señal de impotencia. Sin poder evitarlo se le vino a la mente la imagen de Arthur con apenas diez años en la primaria cuando se encontraba en el patio con su mochila en el suelo y sus cuadernos y lápices esparcidos. Siempre hacia el mismo gesto cuando intentaba de mantenerse fuerte y no llorar. Por un momento dudo y quiso correr hacia él, mas negó con la cabeza para sí mismo y siguió a su hermana que aún no le soltaba. No debía dejarse engañar, cualquiera podía usar ese gesto.
Aquel Arthur Kirkland era falso y punto.
Fin capítulo II
Notas autora:
—Aparece bajo una roca— ¡Hola a todos! No estaba muerta :D
Otra vez mil disculpas por demorarme en la actualización. La verdad es que en este año han pasado hartas cosas.
Bueno les cuento, en el capítulo pasado les había dicho que daría mi examen en enero, pero…pues pasaron muchas cosas y termine entregando mi tesis en marzo. Lo tragicómico de esto es que cuando pedí plazo me dijeron que daría mi examen en marzo, que si bien piensan marzo dura 31 días cierto? :D Bueno resulta que la linda profe encargada del título me aviso el 27 de febrero que tenía que entregar el 1 de marzo y dar examen el 15 de ese mismo mes :D.
Lindo ¿verdad? Tuve que ir a alegarle pues no me había dicho la fecha con anticipación siendo que además hay que imprimir 3 copias y empastar a un lugar específico pues como es una tesis de diseño no podía ser con esas tapas negras feas simplemente. Finalmente me dio solo una semana para entregar quedando el examen para el mismo día, me pasó de todo pues un prototipo nunca salió, lo cual hizo que no pudiese probar un punto de mi tesis. En fin tragedias.
Logre entregar a duras penas y defender. Y bueno pase, me quede un poco disconforme no mas ya que por ese prototipo fallido (que fue la razón por la que pedí prorroga) tuve la misma nota que quizás me habría sacado en enero. Pero en fin por algo ocurren las cosas. Al menos ya soy oficialmente una Diseñadora Industrial Cesante :D.
Reconozco que en parte me demore en actualizar por pereza. Digamos que termine con todo y quise tomarme tiempo para mí. Ver series, ponerme al día con One Piece (me vi 15 caps diarios xD), ver temas de salud (nada grave, simplemente cosas que tenía que ver que podrían traerme consecuencias a futuro), sumemosle locura por Yuri On Ice! y bueno también me paso que el capítulo lo modifique varias veces. Siempre que abría el archivo encontraba elementos que agregar, de hecho hubieron temas que tuve que cambiar en el capítulo I (Nada muy grande solo unas descripciones más detalladas como el muelle y agregue una hora de clase más), además de cambiar levemente el Summary (no sé si lo habrán notado). Pero en fin me quedo conforme en como quedo el capítulo, al menos yo creo que valió la pena la espera.
Para terminar me gustaría pedirles si pueden dejar reviews y ver qué es lo que piensan ¿Es el verdadero Arthur o no? :D ¿y porque?
En fin espero poder escribir prontamente la siguiente actualización. Lo cual dudo pues he cambiado muchos elementos en la historia xD
Espero que hayan tenido una feliz navidad y un próspero año nuevo.
Nos leemos!
