Capítulo 7. Atentado.

Era mitad de la semana, anochecía en Londres y el clima comenzaba a enfriar, pero lo que de verdad congeló la sangre en las venas de Susanna fue la llamada de emergencia que recibió. Algo había sucedido en las oficinas centrales de AstraZeneca y se dirigía al lugar junto con Sebastian, quien manejaba el auto a toda velocidad. Parecía que se trataba de un gran problema, aunque se alegró de que hubiese sido en las oficinas, no en los laboratorios, donde todas las investigaciones y químicos estaban almacenados.

En cuanto recibió la llamada, tomó una chamarra y le indicó a su mayordomo que debían ir al lugar. Sin duda era una represalia por lo de Reznik. El camino hacia las oficinas tomaba unos cuarenta minutos, pero Sebastian logró llegar en veinte. Unas calles antes se encontraron con un sin fin de ambulancias, patrullas y coches de bomberos que abarrotaban las calles, impidiendo el paso y luchando por apagar el fuego que se veía en el horizonte.

La llamada que recibió Susanna por la tarde le informó que alguien había detonado una bomba en el edificio central, misma que causó un incendio y la muerte de muchas personas. Conforme los minutos pasaban el fuego parecía controlarse, pero todo estaba lejos de terminar.

Con gran habilidad, Sebastian estacionó el auto en uno de los callejones a unas calles del lugar de los hechos y con una expresión seria miró a la consternada chica.

-Si en este momento nos acercamos a la policía y los detectives, no la dejarán sola por el resto de la noche con todas las declaraciones, papeleo e interrogaciones –estaba de pie junto a la puerta, abriendo la puerta para que Susanna saliera del auto.

-Será mejor ir por otro lado. Es posible que el que lo causó esté cerca –se bajó y miró a su alrededor. La calle estaba plagada de edificios y a poco metros, a la vuelta del callejón, la gente se reunía para ver lo ocurrido.

-Hay un edificio alto junto a las oficinas, desde ahí podríamos ver mejor… ¿me permite? –haciendo un gesto con la mano, como pidiendo permiso y ella lo miró con curiosidad porque no entendió su pregunta- la última vez que subimos aun tejado su reacción no fue…

-¡Ah! –recordó lo ocurrido en el Cherry Blossom- y tu parecías disfrutarlo demasiado…

-No puedo negarlo –dijo con una sonrisita.

-Está bien, no es como si tuviéramos otra opción –ella refunfuñó y dejó que Sebastian la cargara, rodeando su cuello con los brazos como aquella vez mientras brincaba a uno de los edificios con gran facilidad y gracia- pero será mejor que no te hagas ideas extrañas.

-Demasiado tarde –dijo en voz baja y seductora, pero cuando la escuchó quejándose y sintió una serie de patadas en las costillas, continuó- sólo bromeo.

Cuando llegaron a la cima del edificio, Susanna se acercó a la orilla con mucha precaución. Intentó encontrar algo anormal en el lugar, pero todo parecía ser un caos. Había bomberos y paramédicos corriendo en las afueras del edificio. El olor a humo y el sonido de las ambulancias, aunque lejano, parecía hipnótico. A pesar de que hacía frío, el calor que emanaba por el incendio calentaba el ambiente. Parecía haber muchos heridos y ella no quería ni imaginarse cuántos muertos habrían de aparecer también.

Dentro de todo el caos, nada parecía estar fuera de lugar. Era una sensación extraña la que invadió a Susanna y no pudo evitar sentirse culpable. Con un incendio así no habría ninguna pista que les diera información sobre quién había planeado el ataque y todas las personas que observaban la escena estaban igual de consternadas. Ninguno parecía fuera de lo normal o sospechoso.

Por su parte, Sebastian observaba todo con sus ojos de demonio. Su expresión seria denotaba que algo parecía no encajar, pero no dijo palabra alguna.

-Como lo pensamos, esto es en contra de mí. Ya se dieron cuenta de que los estoy cazado.

-Así es –dijo con frialdad, como si no le estuviese prestando atención y entonces ella lo miró con curiosidad.

-¿Ves algo? –una actitud así en el sólo podía significar que había visto algo que no le gustaba.

-No, pero… hay algo usual en el clima.

-¿A qué te refieres?

-Comenzaba a hacer frío y ahora parece que el aire que sopla es cálido. Me atrevería a decir que, muy conveniente para que las llamas no se apaguen con facilidad. Además, cuando salimos de la casa, la lluvia estaba a punto de comenzar. Ahora no hay nada de humedad.

-¿Crees que tenga que ver con la bomba?

-Aún no lo sé… quisiera observar más de cerca –volteó a mirarla como pidiendo permiso y ella asintió con la cabeza, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta, tratando de mantenerlas quietas ante los nervios que comenzaron a invadirla y casi de inmediato Sebastian saltó hacia el vacío en busca de sólo Dios sabía qué.

Susanna se quedó casi inmóvil ante la escena del edificio en llamas. Era una imagen increíble para ella, como si todo hubiera salido de una película y no fuera su vida real. Meditó sobre cuántas cosas habían cambiado y algo hipnótico en el fuego la adentró más en sus pensamientos, pero detrás del humo negro que salía y las cenizas volando, pudo ver sombras moviéndose como si fueran pequeños hilos que danzaban sin un patrón exacto y junto a ellas otras siluetas humanoides que la hicieron empalidecer, sin embargo antes de impresionarse más con todo eso sintió a alguien moviéndose detrás de ella.

Era una presencia que no sabía cómo describir, pero que le era conocida. Pensó que el adjetivo más adecuado era "frío", pero quien estaba detrás de ella, por disparatado que sonara, no le parecía ser frío del todo.

-¿Trabajando? –preguntó con un tono serio pero casual, intentando borrar la incomodidad de su cabeza.

-Supervisando –él contestó de manera seca.

-Claro… ¿Y decidiste pasar a saludar, William?

-Quería disculparme –su tono fue firme y no coincidía con el mensaje detrás de sus palabras, pero así era su personalidad; su carácter lo hacía presentarse de tal manera, aunque al mismo tiempo era todo un caballero inglés, capaz de reconocer sus errores y representando toda rectitud- la última vez que charlamos…

-¿Fuiste todo un patán? –William sintió la tensión invadiendo sus hombros tras escucharla.

-No consideré… los factores que… impulsaron tus actos, por decirlo de alguna manera. Así que…

-¿Y ahora los consideras? –volteó para encararlo y caminó hacia él.

-Digamos que ahora tengo un panorama más amplio –acomodó sus gafas compulsivamente, ya que no deseaba entrar en detalles.

-Disculpa aceptada –rió para sí misma- no creí que fueras del tipo de persona que se disculpara.

-Era lo correcto –hubo una pausa y William se relajó un poco, parecía que ella no tocaría más el tema.

-¿Y qué es lo supervisas?

-A cierto shinigami… -su tono sonó irritado- presiento que no realizará bien su trabajo dadas las… circunstancias.

-¿La explosión? –ella no se imaginaba qué tipo de errores podía cometer un shinigami.

-No precisamente… -la miró por unos segundos y después volvió la mirada hacia el edificio en llamas.

-Imagino que tendrás mucho trabajo después de esto… -otra vez pensó en aquellas personas que habían muerto en el incendio, aún sin saber cuántas eran.

-Espero que no sea así. Honestamente… detestaría trabajar horas extras porque algo saliera mal en estos momentos –dijo mientras observaba de manera inquisidora hacia un punto en particular.

-Sebastian está investigando la causa de la explosión y no.…

-Por descabellado que suene, no es esa alimaña la que me preocupa.

-¿Entonces son esas sombras a lo lejos? –señaló una llamarada que salía por una de las ventanas hecha pedazos y por un segundo la expresión del shinigami reflejó asombro tras escuchar el comentario. No era común, o mejor dicho, era rarísimo que un humano pudiese ver los cinematic records al momento de la muerte de alguna persona, sin embargo decidió explicarle lo que eran.

-Eso, Susanna… son cinematic records –tomó con firmeza el death scythe que acababa de aparecer en su mano y comenzó a explicar con un tono de voz que parecía tener una pizca de orgullo y entusiasmo- son todas las memorias de la vida de una persona; todo lo que vivió está documentado ahí. Nosotros los shinigamis nos encargamos de recolectar las almas y cortar la película en el momento preciso de la muerte. Es de gran importancia el revisar esas memorias para determinar si la persona debe morir o no.

-Pero si ustedes aparecen es porque debe morir alguien ¿no?

-Así es, pero hay casos excepcionales en los que la persona puede aportar algo para la humanidad, y sólo entonces los dejamos vivir.

-¡Cuánta responsabilidad! –por primera vez pensó que su trabajo no debía ser nada bonito.

-Así es, y aunado a eso está el hecho de que los demonios buscan alimentarse y es nuestro deber evitarlo a toda costa. Tenemos que recolectar el alma de manera adecuada, ya que si las cifras no cuadran, el balance se perdería, sin mencionar las horas extras que implica el presentar un reporte por tal eventualidad.

-Suena… demasiado casual como para tratarse de almas.

-A estas alturas ya deberías estar hecha a la idea de que en realidad, las cosas son muy diferentes a las creencias populares, mismas que suelen ser demasiado… románticas –eso último lo dijo un toque de desagrado.

-Touché… -sonrió un poco y observó el death scythe de William- ¿qué eso?

-Se llama death scythe. Es el arma propia de un shinigami y nuestra principal herramienta. Con esto cortamos los cinematic records y son capaces de cortar cualquier cosa.

-Pero William… son unas pinzas de jardinería…

-Te aseguro que son mucho más letales que eso –dijo con indignación, pero antes de que Susanna pudiera decir algo, se escuchó un grito a lo lejos. Era una voz que no pertenecía a ninguno de los heridos del lugar, bomberos o paramédicos.

Y desde lo lejos, justo en el lugar donde se escuchó el grito, apareció una sombra negra que brincó hacia el tejado donde Susanna y William estaban hablando. Era Sebastian, quien se acercó a toda velocidad para buscar a su contratista y quizás también para huir del autor del grito con voz chillona.

-¡Sebas chan! –se volvió a escuchar la voz y una silueta roja apareció de entre las llamas.

-Honestamente… esto era lo que me temía… -dijo William con voz irritada mientras contemplaba la escena detrás de Susanna, haciendo todo lo posible por no ser visto.

-¡Sebas chan! ¿dónde habías estado? ¡No sabes cuánto te extrañe todos estos años!

-Me temo que el sentimiento no es recíproco… Grell Sutcliff –Sebastian estaba serio, con los brazos cruzados.

-¿Se conocen?... –la chica se veía confundida. Nunca antes había visto a ese sujeto, aunque era evidente que conocía a su mayordomo de tiempo atrás, y a juzgar por la actitud del shinigami, no quería ni imaginarse las circunstancias; un escalofrío la invadió.

-¿Qué si nos conocemos? –dijo Grell con voz chillona- ¡hemos pasado tantas cosas juntos! ¿no es así, Sebas-chan? Todas esas noches de pasión desenfrenada… -el pelirrojo se abrazaba a sí mimo.

-Me parece que recordamos las cosas de manera muy diferente –el demonio parecía un poco irritado mientras una de sus cejas se arqueaban.

-Pero si estás aquí, debe ser porque… –la voz de Grell se volvió seria y fijó la mirada en Susanna, quien lo miró con curiosidad- así que tú eres la nueva contratista… que interesante –la miró con detenimiento, buscando algo- me pregunto sí…- extendió la mano y se acercó más a Susanna para tocar su rostro, pero ella dio un paso hacia atrás y justo antes de que Sebastian pudiera interponerse entre los dos, el death scythe de William golpeó a Grell en la cabeza- ¡ah!

Mientras el pelirrojo se sobaba la herida de las pinzas, tanto el mayordomo como la chica voltearon a ver a William. Ella sorprendida por la reacción del shinigami de cabello negro y Sebastian con cierto disgusto.

-¿Acaso no tenías un trabajo que hacer aquí?... ¡Grell Sutcliff! –se acercó con paso lento, pero con actitud amenazadora- y en vez de eso estás holgazaneando, corriendo detrás de… –miró a Sebastian- este espectro del infierno… toda una vergüenza para los shinigamis.

-¡Will! – miró a su jefe con ojos de gran ilusión, ignorando la mitad de lo que le acababa de decir- ¿viniste a buscarme porque estabas celoso, querido?

-Deja de decir tonterías. Tienes un trabajo que hacer –miró hacia el edificio en llamas.

-Y hablando de trabajos, el "espectro del infierno" ha terminado de hacer el suyo –dijo Sebastian con cierta ironía- señorita, creo que es tiempo de ir con el jefe de la policía para hacer las declaraciones pertinentes.

-Vayamos, pues –caminó hacia el otro lado del tejado, seguida por su mayordomo- hasta luego.

-Buenas noches –William se despidió formalmente con un pequeño gesto de su cabeza y luego miró como Sebastian la cargó para brincar desde el tejado del edificio. Sus ojos permanecieron en ese lugar por unos instantes hasta que volteó a ver al pelirrojo que estaba de pie junto a él- tal vez no fui claro al mencionar que tienes un trabajo que hacer…

-Descuida, he terminado. Deberías estar orgulloso de mí.

-Entonces deberías estar haciendo el reporte. Lo necesito en mi escritorio en dos horas.

-Que duro eres, Will… tal como me gusta –Grell abrazó el brazo de William, quien comenzó a caminar en el tejado, dispuesto a regresar a la dimensión de los shinigamis- algo está pasando ¿no es así? –el supervisor se detuvo al escuchar su pregunta- todas esas muertes, Sebas-chan y la chica Serafer no pueden ser una buena mezcla.

-Sólo podemos limitarnos a hacer nuestro trabajo –dicho eso, brincó desde lo alto del edificio y desapareció, seguido de Grell, quien dio un último vistazo al edificio y al demonio, quien caminaba junto a la chica.

La noche fue muy larga para Susanna Serafer. Desde el momento en que pretendió acercarse al oficial de policía encargado del siniestro, un grupo de reporteros y periodistas se acercaron para hacerle preguntas acerca de la empresa. Cuando tomó posesión de la misma, muchos habían querido entrevistarla o investigar algo sobre ella, después de todo, aunque un cambio en la industria farmacéutica no daba mucho de qué hablar, sí lo hacían las reestructuraciones que había hecho, así como las actividades de beneficencia que comenzó la compañía, en especial si después de todo eso una bomba volaba el edificio de las oficinas de AstraZeneca. Una portada sensacionalista para el periódico.

Gracias a Sebastian, siempre había logrado escabullirse de los ojos entrometidos de aquellos reporteros, quienes en repetidas ocasiones habían tratado de colarse en su casa o emboscarla saliendo de la oficina, pero en ese momento fue muy difícil y el mayordomo se limitó a escoltarla hacia donde estaba la barricada de policías.

Ese pequeño tramo, de apenas unos 30 metros le resultó eterno a la chica. No tenía idea de qué decir al respecto, así que se mantuvo en silencio mientras Sebastian abría paso y repetía "sin comentarios" cada 15 segundos, adoptando una actitud protectora, sin embargo algo en su actitud delataba que estaba disfrutando la situación, que de seguro le traería unos cuantos minutos de fama.

Las investigaciones siguieron su curso normal y como era de esperarse, no fue hasta las cuatro de la mañana que Susanna pudo regresar a la casa, no sin antes hacer al menos unas diez declaraciones, hablar con los abogados, aseguradoras y arreglar que se hiciera un servicio funerario para las víctimas del ataque. Aunado a eso, el ver el recuento de daños y fallecimientos por la bomba le causaron una gran impresión a la chica, que hasta ese momento no había calculado la magnitud de lo daños colaterales que su búsqueda había traído.

Al llegar a la casa lo único que ella quería era dormir y los esfuerzos de Sebastian para que cenara o comiera algo fueron inútiles.

-Estoy agotada. Por favor, cancela las clases de…

-Ya lo hice, señorita. Desde hace unas horas contacté a los instructores para cancelar las clases de los siguientes dos días –dijo de manera formal- ¿desea que la despierte al medio día para asistir al funeral?

-Sí, gracias… pero ¿cómo…?

-¿Qué tipo de mayordomo sería si no supiera las necesidades de mi señorita? Además, es un placer –le sonrió con mucha amabilidad mientras la seguía con la mirada, subiendo las escaleras.

El día siguiente fue casi igual de agotador que el día del bombazo. Las ceremonias fúnebres nunca fueron del agrado de Susanna y no podía evitar sentirse culpable por esas personas. La tristeza se reflejaba en su rostro. Había algo en toda esa atmósfera que rodea a tales eventos que la hacían sentir incómoda, además de traerle recuerdos tristes. La ceremonia terminó a eso de las 5 de la tarde y de inmediato le pidió al Sr. Haggard que la llevara de regreso a casa. Durante todo el trayecto Sebastian permaneció muy callado. Todavía no le había informado a la chica lo que había logrado averiguar en el lugar de los hechos, aunque a decir verdad, ni el mismo estaba seguro de haber encontrado algo que les pudiese haber servido.

La miraba de reojo cada cierto tiempo, intentando leer algo en su expresión y leguaje corporal, pero ella sólo parecía estar ausente, como si estuviera haciendo las cosas de manera mecánica y con una gran tristeza en sus ojos.

Al llegar a la casa, Susanna se encerró en su despacho para revisar los papeles que habían sacado recientemente de la oficina del abuelo. Había sido una suerte que lo hubieran hecho antes de que el edificio fuera destruido; estaba segura de que alguna pista debía haber en esas fotos y escritos. La pregunta era: ¿qué estaban buscando destruir?

Se sirvió un trago de whiskey y llevó consigo la botella hasta su escritorio para continuar leyendo los papeles una y otra vez sin encontrar algo relevante, pero antes de comenzar a desesperarse, alguien tocó la puerta del despacho.

-Señorita ¿me permite pasar?

-Adelante, Sebastian.

-Me acaban de informar que dos de los sobrevivientes del ataque ya han sido estabilizados. Uno de ellos era el señor Lampard, encargado en turno de las cámaras de seguridad y al parecer fue quien alertó al equipo de seguridad que había actividades sospechosas.

-Bien, entonces mañana iremos a primera hora –no volteó para mirarlo y el asintió, acercándose al escritorio, donde ella estaba de pie. Hubo silencio por unos instantes y Sebastian miró la botella que tenía junto de ella, así como la expresión fría que había en su rostro. Al parecer ella se dio cuenta de que estaba siendo observada y preguntó- ¿qué pudiste encontrar en el edificio?

-Como le comentaba ese día, había algo extraño en el ambiente. Lo siento mucho, pero no fui capaz de reunir pruebas tangibles, sólo una especie de rastro –se llevó la mano a la barbilla y pensó- como si fuera un rastro de magia, pero eso no fue lo que causó la explosión.

-Según los informes utilizaron una variante especial de nitroglicerina y eso levantó muchas sospechas pero…. –de inmediato su actitud cambió- ¿qué dijiste? ¿Rastro de magia?

-Así es, pero se perdió a unas cuadras del lugar. Después de eso no lo pude seguir, pero si es lo que estoy pensando, es un tipo de magia muy fuerte- su rostro se tornó sombrío y se veía amenazador.

-Es obvio que el ataque fue hecho por uno de esos sujetos, y estoy segura de que si encontramos la fuente de esa nitroglicerina podremos dar con él. Sebastian…

-A la orden –caminó hacia la puerta, aún con actitud seria y antes de salir ella lo detuvo.

-¿Qué crees que sea? Me refiero a la magia.

-Hacía siglos que no me topaba con algo así, e incluso es capaz de modificar las condiciones climáticas por un periodo corto de tiempo.

-Lo suficiente para que no lloviera y fuese más difícil apagar el incendio… ¡había algo en el edificio!

-Es lo más probable.

-Tiene que ser esto que sacamos… -señaló los papeles y fotografías- apresúrate a investigar la nitroglicerina. Tengo que encontrar algo aquí –la chica se sentó y tomó una lupa para inspeccionar los documentos.

Aquellos sujetos estaban al tanto de que los estaba cazado y sin duda sabían dónde encontrarla. El hecho de que atacaran las oficinas de AstraZeneca no sólo fue para destruir la información que había allí; era un mensaje. Sabían en dónde estaba y por alguna razón, ésta vez ella no había sido el blanco de su ira.

¡Hola!

Muchas gracias por leer este capítulo, lleno de fuego, bombas e intrigas. Espero haya sido de su agrado. ¿Hasta ahora qué opinan de los personajes? La verdad es que me divierto mucho escribiendo a Will. Creí que iba a ser complicado, pero el muy desgraciado se escribe solo, como si él solito estuviera creando sus líneas. Tal vez me estoy volviendo esquizofrénica…

Y respondiendo al cuestionamiento de la semana pasada, creo que Sebastian usaría blue jeans de Versace… es una loción que no es excesivamente dulce, pero es suave y varonil. Fresca y con Un toque juvenil. Si tienen oportunidad, chéquenla.

Ya saben, toda pregunta, comentario, crítica o review es bienvenido.

Nuevamente, un agradecimiento especial a mi beta reader, OneHellOfWritter quien me ha ayudado mucho con que los personajes sean congruentes.

¡Que tengan bonito fin de semana!