Capítulo 10. Consecuencias.
Un escalofrío recorrió la espalda de Susanna y la marca del contrato se sintió tan caliente en su cuello que comenzó a arderle, entonces escuchó una voz familiar susurrando en su oreja.
-Veo que se divierte.
-¡Sebastian! –aunque sabía que eventualmente la iba a encontrar, estaba sorprendida.
-Creí que me esperaría en la fiesta –dijo sin soltarla y con una mirada muy intensa que Susanna no supo diferenciar entre disgusto e ironía.
-Hubo un pequeño cambio de planes… -dijo tratando de que su voz se escuchara con el escándalo de la música.
-Me doy cuenta, y me entristece mucho que no haya querido que yo la acompañase… –Sebastian pasó su mano por el brazo de la chica, todavía sin soltarla de la cintura- …creo que es hora de irnos.
-¿Tan pronto? –lo volteó a ver y sus rostros estuvieron muy cerca, tanto que sus respiraciones chocaban.
-Si me permite decirlo, usted está bastante alcoholizada y me temo que si permanecemos más tiempo aquí podríamos ocasionar una escena, así que sería mejor regresar.
-Está bien… -dijo después de intentar chantajear al demonio con ojos de borrego a medio morir, sin resultado alguno más que la ligera sensación de que el mayordomo podría tomar ventaja de su estado.
Ambos caminaron hacia la salida, pero no antes de que Susanna les lanzara una mirada y una sonrisa coqueta al grupo de chicos que estaban delante de ella, y sin que se diera cuenta, Sebastian hizo lo mismo, pero con una mirada amenazadora para que no se acercaran.
Una vez fuera de la multitud, Sebastian iba caminando con Susanna, sosteniéndola de la cintura para que caminara en línea recta, pero en cuanto salieron del lugar, escucharon que alguien los llamaba.
-¡Susanna! –dijo una voz preocupada
-¿Ronald?
-Te estaba buscando, creí que… -el chico que corría hacia ellos se detuvo en cuanto reconoció a Sebastian, adoptado una actitud defensiva.
-¿Debo suponer que fuiste tú el que la embriagó? –los ojos del mayordomo brillaron de color rosado; ojos de demonio mientras se posaban sobre a Ronald- ¿con qué intensión?
-¿Qué? yo no… -el muchacho sostuvo con fuerza su death scythe y la atmosfera se tensó- sólo estábamos divirtiéndonos.
-Sebastian… -Susanna trató de sonar persuasiva, pero en ese punto su voz sonaba poco creíble.
-¿Tenías planeado aprovecharte de la ocasión? –la voz de Sebastian sonó amenazadora
-¡Hey! ¿Qué insinúas, demonio? Yo nunca… -el chico fue interrumpido por un par de pinzas que lo golpearon en la cabeza- ups… -sin duda reconoció a quién pertenecían.
-¡Ronald Knox! ¿Querrías explicarme lo que está sucediendo? –todos voltearon a ver a William, aunque sus expresiones no coincidían; por una lado Ronald lo miró con preocupación mientras que Sebastian parecía enojado y Susanna lo recibió con una gran sonrisa; estaba de muy buen humor.
-¡Señor!... yo… acabo de terminar con el trabajo y…
-Ya demasiados problemas tenemos con Sutcliff que se dedicó a corretear esa espantosa alimaña y causar problemas en vez de vigilarlo y ahora esto… y además quiero suponer que ese olor a alcohol no proviene de ti… -dijo mientras caminaba hacia él.
-Puede que sea yo… -dijo Susanna entre risas, aunque Sebastian no dejo que se acercara a los shinigamis. Por su parte, William la miró con seriedad por un instante y ella reaccionó de inmediato- ¿sabes qué? Sonreír de vez en cuando te podría hacer ver aún mejor, es más, creo que te verías guapísimo… aunque esa seriedad no te queda para nada mal y… -dejó de hablar en cuanto vio la mirada de reproche y sorpresa de los tres sujetos- ok, mejor me callo…
-Honestamente…– William acomodó sus gafas de manera compulsiva, evitando mostrar algún tipo de emoción ante el comentario alcoholizado de Susanna y después miró a Ronald- tendrás que trabajar horas extras por esto que acabas de hacer. Aunque hayas recolectado las almas a tiempo, lo hiciste bajo la influencia del alcohol, eso sin mencionar que revelaste la causa de muerte de esas personas a alguien externo a la asociación de shinigamis… y no quiero ni mencionar las demás faltas administrativas que eso conlleva –la severidad de se notaba en el tono de voz, y Ronald sólo pudo poner un gesto de regaño ante su jefe- además, hay un demonio aquí ¿sabes el riesgo que eso significa?
-Sebastian acaba de llegar hace unos minutos y ya nos íbamos –la chica dijo en defensa del joven shinigami, por lo que William la miró, estudiándola un momento, pero su actitud parecía fría.
-Bien, vámonos Ronald. Tienes muchos reportes que llenar y también deberás presentarte con los altos mandos para explicar esto –se alejó caminando con Ronald.
-Para la próxima, mantén más vigilados a tus empleados –Sebastian tenía toda la intención de hacer enojar a William
-Lo que me faltaba, que una hiena del infierno me diga cómo hacer mi trabajo… en especial cuando él ni siquiera es capaz de tener vigilada y cuidar a su contratista… -y entonces desaparecieron, dejando a Sebastian bastante molesto con el comentario.
-Huy… creo que ese comentario te dolió –dijo Susanna antes de reírse.
-Será mejor que nos vayamos, señorita… -su voz sonó irritada.
Al otro día, Sebastian entró a la recámara de Susanna más temprano que de costumbre y con una sonrisa triunfal en el rostro.
-Señorita… -dijo abriendo las cortinas de par en par- es hora de levantarse.
-¡Ah! Sebastian… cierra la maldita cortina –dijo al ver la luz y al sentir un horrible dolor de cabeza. Miró el reloj en la mesita de noche- ¡Pero qué carajos! Son las 6:30 y es domingo.
-Oh, tal vez olvidé mencionarlo, pero tiene usted un evento de la empresa al que asistir hoy. Se trata de una carrera de 10km a favor de los hospitales de beneficencia que ha abierto recientemente.
-Me estoy muriendo –algo extraño sonaba en su voz e instantes después corrió lo más rápido que pudo al baño.
Con una sonrisa demasiado traviesa, aprovechando que Susanna no lo veía, Sebastian la siguió hasta la puerta del baño, desde donde escuchó un inconfundible sonido de vómito. En definitiva iba a sufrir mucho esa mañana, y él lo iba a disfrutar.
-Señorita, no me diga que tiene resaca… -dijo con una voz muy inocente y en cuanto salió del baño lo miró con un gran odio en sus ojos.
-Me siento… muy mal… -y corrió otra vez al baño mientras Sebastian buscaba un atuendo propio para la carrera. No había manera de que se apiadara de ella; no ese día.
-Me apena mucho decirle que es imprescindible que asista a la carrera, pero puede correr 5km en vez de 10. He dejado unos shorts, unos tenis y la camiseta del evento sobre la cama ¿desea que le ayude a vestirse?
-¡Ni en sueños! –se escuchó desde el baño- dame diez minutos -y entonces él salió del cuarto, esperando a que la chica saliera del cuarto, lista para ir al a carrera. Pasaron quince minutos y ella no salía, así que el mayordomo decidió entrar a buscarla.
-Señorita… -dijo poniendo una mueca de decepción al ver que se había vuelto a dormir con la ropa deportiva- lo siento mucho, pero debemos irnos –se acercó a la cama y la cargó para llevarla al auto y emprender el viaje, que de seguro sería muy tortuoso, hasta el sitio donde sería la carrera.
-¡No, no quiero! –dijo con voz llorosa.
-Vea el lado positivo de las cosas –Sebastian bajaba las escaleras con la chica en brazos- para cuando termine la carrera, la resaca se habrá ido –y después sonrió con cinismo.
Una vez en el auto, la chica se acostó en el asiento trasero esperando poder dormir, cosa que fue imposible debido a que, por casualidad, la carretera estaba cerrada y tuvieron que ir por un camino de terracería. Esto aumentó el malestar de la chica y en cuanto llegaron al lugar de la dichosa carrera y Sebastian le abrió la puerta, lo miró con los ojos más amenazadores que pudo hacer y dijo.
-Lo estás haciendo a propósito… -su rostro tenía un tono pálido casi verdoso.
-Oh no, señorita. No me atrevería a hacer tal cosa –dijo con indignación pero de inmediato su voz cambió- no sin una buena razón…
-…Te odio… -dijo bajando del auto y dirigiéndose a la línea de salida.
Ahí, varios trabajadores y directivos del a empresa la saludaron con comentarios como "creímos que no vendría" o "qué bueno que se haya animado a venir". En ese punto, no sabía que era peor: la venganza de su mayordomo por haberse escapado el día anterior o la tremenda resaca que ni siquiera la dejaba pensar claro.
Cuando Susanna terminó la carrera se sintió aliviada. La agonía había terminado, o al menos parte de ella. No sabía si había corrido o caminado, pero de alguna manera logró terminar los 5 km de carrera y cruzando la meta Sebastian la esperaba con electrolitos y jugo de naranja.
-Felicitaciones, señorita. Terminó y logró cruzar la línea en un excelente tiempo de… -sacó su reloj de bolsillo-…45 minutos… –y sonrió de modo angelical; de una manera tan adorable que era cínica y descarada.
-Nos vamos a casa, ahora –caminó hacia el auto.
-Pero aún falta la ceremonia de premiación –se escuchaba cierta decepción en su voz, pero en cuanto vio la ira el rostro de Susanna lo cambió; tal vez había sido suficiente castigo por el día- como usted ordene.
Ya de regreso en la casa, la chica entró directo a la cocina, llevando puestas unas gafas de sol y muriendo de sed. Al menos las náuseas se habían ido, pero el dolor de cabeza y sudor frío continuaban. Sacó del refrigerador una botella de agua y un suero para rehidratarse y se sentó en la silla del desayunador.
-Buenos días, señorita –dijo Abby con una gran sonrisa que rápido desapareció y se convirtió en una expresión de preocupación- ¿se siente bien?
-No…
-Me temo que la señorita Susanna bebió demasiado anoche –dijo Sebastian en voz baja.
-Oh, entiendo. ¿Quiere algo de desayunar?
-No por ahora… estaré en mi cuarto… -se levantó de la silla y subió como pudo, viendo con gran fastidio la sonrisa burlona de su mayordomo- esto no se va a quedar así…
Más tarde, ese mismo día y ya que Susanna había dormido un poco y recuperado sus fuerzas, fue hacia su estudio para tratar de descifrar el mensaje de las cartas. Sebastian había dejado l traducción sobre su escritorio, asegurándose de que la frase que le causaba conflicto no estuviese. Congregati septem, adducebunt illum. Dum Deus sit mortus, tantum gladius et diabolus praebalebunt adversus eum; los siete reunidos lo traerán. Mientras dios esté muerto, sólo la espada y el diablo podrán contra él.
No se le venía nada a la cabeza respecto al significado. Sabía que los siete de los que hablaba era cada uno de los integrantes de la asociación, pero no sabía qué significaba la "espada". Podía ser algún tipo de poder o metáfora, pero ¿de qué?
Miró a través de la ventana y toda su atención pareció haber escapado con los pájaros que volaban en el horizonte. Recordó la fiesta y el concierto de la noche anterior. Se había divertido mucho e incluso la resaca había valido la pena, aunque Sebastian supo aprovecharse bien de la situación y dejarle claro que no debía escaparse así.
Por un lado era su forma de protegerla, pero no debía olvidar que era un demonio y la tortura de esa mañana era prueba de ello. Después pensó en Ronald y el regaño que de seguro recibió por parte de William. Parecía un muchacho muy divertido y despreocupado, nada que ver con los otros dos shinigamis que conocía. Grell era extravagante y parecía que le gustaba llamar la atención y en el otro extremo estaba William: serio, estricto, frío y con modales impecables, apuesto…
¿Apuesto? ¿De verdad había pensado eso? …. Y ahora que recordaba ¿le había dicho que estaba guapo la noche anterior? Susanna sacudió la cabeza para sacarse la idea de la mente y sonrió para sí misma. Poco después alguien llamó a la puerta.
-¿Se siente mejor, señorita?
-Mucho mejor… pero si vuelves a hacer lo de esta mañana…
-¿Sí? –Sebastian dijo intentando averiguar qué es lo que ella haría. Su actitud era retadora, pero la sonrisa en su rostro lo hacía verse más atractivo.
-Nos desharemos de esos gatos que tienes escondidos en el sótano –el rostro del mayordomo cambió de matiz en seguida. Al principio se sorprendió; creía haber escondido muy bien a esos adorables gatitos. Después mostro una preocupación un tanto infantil- ¿crees que no me había dado cuenta? Se escuchan sus maullidos desde el jardín. Y después de deshacernos de ellos, podríamos conseguir dos perros. Siempre he querido tener un perro guardián, de esos que son grandes e intimidantes. Y con tanto jardín, serían felices.
-No creo que eso sea necesario, señorita –adoptó su actitud amable y servicial.
-Espero que no…
-Además –caminó hacia el escritorio con los ojos fijos en la chica- ¿para qué quiere dos perros guardianes? Conmigo a su lado es suficiente, además yo no ladro.
-No, pero tus jugarretas podrían considerarse como mordidas.
-Pero si me permite decirlo –se acercó a ella y susurró- hay mordidas que pueden causar mucho placer… -Susanna luchó por que su rostro no mostrase emoción alguna mientras un sinfín de ideas y pensamientos cruzaron su cabeza, y lo logró. El único inconveniente fue el tono rojizo que adoptaron sus mejillas.
-¿Averiguaste algo ayer? –dijo después de un momento y una tos fingida.
-Qué bueno que pregunta. Ayer por la noche encontré aproximadamente 10 lugares en común entre uno de los ministros y Alphonse Turner. Descarté restaurantes y clubes sociales, pero encontré algunas bodegas, oficinas y dos puertos que podrían ser de interés. En una de las oficinas encontré esto –tomó un papel de adentro de su saco y lo puso en frente de Susanna, sobre el escritorio.
-Es un itinerario –después de estudiarlo un poco- parece que llegará un cargamento de zapatos, muñecas, licor… parece bastante normal ¿qué te hace pensar que sea sospechoso?
-Schitterend, la compañía de la que vienen no se dedica a vender o exportar esos productos. Se especializa en materiales y químicos de limpieza. Eso significa que tiene acceso a laboratorios y sustancias químicas. Fíjese en el nombre del licor que transportan.
-N. Glasse, cosecha 1925… ¡es la nitroglicerina que usaron para volar las oficinas! –dijo alarmada
-Y por si fuera poco, 19.253 es la cantidad de gramos del compuesto en su estado natural.
-Ese cargamento debe traer algo más. Tal vez drogas o… -miró a Sebastian- Viene desde Holanda, Schenider tiene que estar ahí cuando llegue el contenedor. Él es de origen holandés.
-En efecto. Y si me lo permite, me gustaría vigilar el muelle para estudiar los movimientos y el grado de seguridad del lugar.
-Claro… hay que estar preparados.
-¿A menos que desee algo más antes de que me marche? –Sebastian sonrió amigablemente, con un poco de picardía detrás, como si esperara que Susanna le pidiera quedarse un momento más por cualquier razón. Sus ojos se toparon con los de ella por un segundo y después ella dijo.
-No, ya vete- intentó ignorarlo mientras leía otra ver el itinerario, evitando la mirada del demonio.
-Entendido. Hasta luego.
Sebastian salió brincando por la ventana a espaldas de Susanna, quien sólo pudo escuchar un aleteo después del salto.
Con la misma gracia de una auténtica ave, voló con su forma de cuervo por los cielos de Londres, desde donde la mancha urbana se podía apreciar con mayor facilidad. Recordó aquellos tiempos, a finales del siglo XIX, cuando recorrer la ciudad completa no llevaba más de una hora y las noches eran oscuras, alumbradas sólo por un puñado de edificios que tenían luz eléctrica o cuyas velas de apagaban a altas horas de la noche.
Era impresionante el cambio que había tenido Londres desde que su contrato con Ciel Phantomhive había concluido, hasta los primeros años del siglo XXI y los humanos, aunque fascinantes en diferentes aspectos, seguían cometiendo los mismos errores, teniendo los mismos anhelos y flaquezas, pero de vez en cuando aparecía alguien interesante, y la astucia de Sebastian siempre lo llevaba a ellos para ofrecerles un contrato, incluso si él mismo debía procurar las circunstancias para que se vieran orillados a tal acción. Sin duda, William T. Spears tenía razón en cuanto a las dobles intensiones de los demonios. Una sonrisa apareció en su mente.
Al establecer el contrato con Susanna tenía algunas expectativas fijas, pero éstas fueron cambiando cuando la conoció más, cuando logró percibir el potencial y el sabor de su alma; el reto que le significaba manipularla, la distracción y entretenimiento que ella le brindaba le resultó cautivador, inclusive a pesar de haberlo negado al principio, hasta que llegó el momento en el que dejó de verla como algo de lo cual alimentarse, y en cambio se volvió algo que se podía corromper y moldear tan sólo por el placer de llevarla hacia el lado oscuro.
Placer era la palabra indicada y con todos los significados que eso implicaba, incluyendo las necesidades carnales del demonio, mismas a las que no había sucumbido desde hacía mucho tiempo. Otra sonrisa apareció en la mente de Sebastian cuando pensó en sus planes.
La agujas del reloj indicaban las ocho de la mañana cuando Sebastian entró al cuarto de Susanna, dispuesto a despertarla como lo hacía todos los días, pero en cuanto abrió la puerta se dio cuenta de que la chica ya estaba despierta y tomado un baño, cosa que lo intrigó bastante.
Minutos después la puerta del baño y del vestidor se abrieron y Susanna, vistiendo unos jeans y una blusa muy casuales, dio unos pasos en el cuarto antes de notar la presencia del mayordomo, quien la observaba con atención, sin perderse un solo movimiento de ella. Podía sentir su mirada alrededor de ella, tan intensa e intimidante como el primer día que lo conoció y sin embargo algo había cambiado.
-Regresaste temprano –ella se acercó a la ventana para asomarse al jardín.
-Así es, Milady. He recopilado toda la información necesaria para que usted pueda –seleccionó las palabras más sutiles que pudo- tener una pequeña plática con Kraig Schneider.
-Muy bien. Entonces…
-He dejado un par de documentos sobre su escritorio en el estudio, le ruego me acompañe para que los estudiemos –Sebastian caminó hacia la puerta y se paró junto a ella, haciendo un gesto para que Susanna saliera del cuarto. Una vez en el estudio siguieron conversando.
-Son cartas, mapas e inventarios –se sentó en la silla, tomó los papeles y los miró con detenimiento, asombrándose de toda la información crucial que venía en ellos. Era todo lo que necesitaba para conectar a Schneider con autoridades portuarias e incluso acusarlo de contrabando, pero ese no era su objetivo.
Continuó leyendo las cartas y entre ellas se encontró con correspondencia de Ricardo Soler, Aidan Crawford y otro sujeto con iniciales D.S.G. podría ser Janssens-Guillot ¡lo que necesitaba! Por desgracia, no había una dirección que le diera pista de su paradero. Eran tan sólo sobres en blanco y sellados como las cartas antiguas, con cera y un logo que le parecía conocido. Al parecer los cuatro individuos habían intercambiado información respecto al reciente asesinato de Iván Reznik y sus extrañas circunstancias. También hablaban sobre las sospechas que tenían sobre Susanna Serafer en todo ello y cómo habían fallado en desaparecerla hacía unos meses, pero no estaban por completo seguros de que hubiese sido ella la que mató a Reznik. Además, muchas de las palabras parecían estar en código; algunos términos no eran precisamente comunes ni adecuados para el contexto, haciendo todo más sospechoso aún.
Susanna se quedó pensativa después de leer los papeles, trató de asimilar lo que acababa de leer y sentía la necesidad de correr en ese momento tras ellos, terminar de una vez con todo ese asunto; la idea de abandonarlo todo se había perdido hacía mucho y sólo le quedaba afrontar lo que vendría.
-Sebastian, necesitamos ser muy cuidadosos esta vez. Algo me dice que será más complicado que el Crimson Cherry –miró otra vez los detallados itinerarios y guardias de la bodega que el mayordomo había preparado. Ahí tenía la información necesaria para organizar el ataque- tal vez necesitemos la ayuda de alguien más. Es un puerto del que estamos hablando y habrá muchos contenedores donde los guardias de Schneider se pueden esconder.
-Estoy de acuerdo señorita. Convendría llevar a alguien que maneje el auto y que conozca la ciudad, como plan de escape. Tal vez necesitemos dos autos –Sebastian mientras caminaba alrededor del estudio con un dedo en su barbilla, concentrado en lo que decía- además necesitaremos a alguien muy capaz en combate cuerpo a cuerpo y alguien que nos proporcione la localización de los guardias.
-Sería lo ideal y no creo que puedas dividirte en cuatro... –ella anotaba un par de ideas en uno de los papeles del escritorio- consigue a un par de mercenarios que…
-¿Qué tipo de mayordomo seria si no me hubiese ya encargado de eso? –sonrió con amplitud y ensoberbecimiento.
-¿Ah si? Y dónde… -siguió al mayordomo con la mirada y ladeó la cabeza en forma de duda cuando vio que abría la puerta del estudio…
Notas de la autora:
Hola chicos. Espero que les haya gustado el capítulo. Me divertí muchísimo escribiéndolo y estoy ansiosa por publicar lo que sigue. Viene una escena de acción muy emocionante y además varias sorpresas, así que estén al pendiente. Por cierto ¿han notado algo sobre los insultos de Will?
Masha Rue: Ya seeeee, ni me digas del undertaker u.u Sí, es bien divertido escribir a Ronald y se lleva muy bien con Susanna, así que aparecerá mucho. Sí fue Sebastian el que llegó, pero la verdad es que muero de risa cada vez que me imagino las caras que pusieron cuando ella dijo que William está guapo. Creo que la competencia va a estar reñida…
¡Saludos!
