Capítulo 12. Heridas tentadoras.

William cayó al piso y por unos instantes todos lo perdieron de vista, como si hubiera sucedido en cámara lenta y un zumbido invadiera el lugar, pero de repente, una sombra salió por uno de los costados de la bodega. Era él saltando y después de mandar una mirada fulminante a sendos demonios, el shinigami utilizó su dead schyte para brincar y cortar una de las piernas del demonio más cercano, pero era evidente que estaba herido.

Era increíble lo rápido que era el supervisor del despacho de shinigamis y con cuanta facilidad esquivaba los golpes de uno de los demonios mientras lo atravesaba con su arma, al tiempo que Grell intentaba detener los ataques del otro y Ronald se recuperaba de un golpe que le habían propinado hacía unos minutos. Por su parte Sebastian le indicó a Susanna que se escondiera detrás de un montón de cajas que aún no estaban dañadas.

-Va a tener que salir de aquí lo más pronto posible. Quédese aquí mientras planeo una ruta de salida.

-Está bien –la chica se quedó quieta por un momento, frustrada por no poder hacer algo al respecto. Algo dentro de ella le decía que también debía luchar, pero sabía que no tenía oportunidad frente a los dos demonios grises.

Sebastian se unió a la lucha, que se ponía cada vez más difícil. La lanza que poseían los demonios no era un arma cualquiera; ya había podido atravesar el brazo de William, así que ninguno de los presentes estaba exento de un ataque letal.

Con una gran bola de fuego, Sebastian pudo hacer retroceder a los demonios. Conocía bien sus debilidades; era uno de ellos, aunque este par era de lo más agresivo en su especie. Por suerte, pudo hacer algo de tiempo, sin embargo no sería posible salir victorioso de una batalla así sin comprometer el bienestar de Susanna, en especial por la nitroglicerina almacenada, así que desde uno de los andamios del techo le gritó a William, que estaba cerca de la chica, intentando parar el sangrado de su brazo.

-¡Saca a Susanna de aquí! –el rostro de Sebastian mostraba genuina preocupación; por primera vez en varios siglos no se sentía con el control de la situación, mucho menos con la lanza de Gungnir que podía herir de muerte a demonios y shinigamis por igual, pero algo dentro de él le decía que si Susanna estaba con William, estaría bien; si él no podía protegerla de la muerte segura, al menos el shinigami sería capaz de sacarla de ahí.

El primer instinto de William fue contradecir al demonio; ¿cómo podría él cooperar con tal abominación? mucho menos acceder a una petición suya, pero por otro lado, estaba consciente de que la vida de la chica corría peligro, además el demonio se había referido a ella con su primer nombre, cosa que evidenciaba lo peligroso de la situación. En ese momento, el shinigami pensó que no era sólo el hecho de que la existencia de Susanna pudiese ayudar a la humanidad; a esas alturas había algo más profundo que le hacía preocuparse por su bienestar y ese algo era una contradicción a sus doctrinas y creencias, sin embargo ahí estaba. Se quedó mudo por unos instantes y justo entonces apareció Ronald con su característica energía y la podadora.

-¡Señor! Nosotros nos encargaremos. Usted está herido y no puede pelear… el demonio, Grell y yo nos desharemos de esos dos monstruo… vaya, nunca creí decir eso –dijo lo último para sí mientras esquivaba una viga que caía del techo. William los observó por un momento y asintió con la cabeza.

-Más vale que terminen con ellos. No quiero trabajar horas extra esta semana.

El salir con la chica era la mejor opción, dado que los dos estaban heridos y sólo estorbarían en la pelea; antes que nada, sabía juzgar el grado de peligrosidad de la situación, así que se acercó a Susanna, que estaba en un rincón del almacén, tosiendo y respirado con dificultad a causa del humo, la ayudó a incorporarse y la tomó por la cintura con el brazo que tenía intacto.

-¿Qué haces?

-Salvando tu vida por segunda vez… sostente bien –al decir esto, ella lo rodeó con los brazo y él se ayudó de su dead sythe para romper una de las ventanas y salir.

Justo antes de que William y Susanna abandonaran el edificio Sebastian los vio saltar por la ventana y hubo un cambio momentáneo en la expresión de sus ojos, pero eso se acabó rápido al hacerse consciente de lo que estaba sucediendo y ahora que su ama no estaba cerca, no tenía razón para contenerse al momento de luchar, así que una sombra negra comenzó a aparecer a su alrededor mientras los ojos de los otros dos shinigamis brillaron en una tono verde más llamativo que de costumbre…

En cuanto William y Susana estuvieron afuera de la bodega, se encontraron a Fer que estaba impaciente porque salieran y tan pronto los vio les indicó dónde estaba el auto esperándolos, así que se dirigieron hacia allí. El shinigami seguía sosteniéndola, cuidando que no se lastimara más la pierna. Mientras avanzaban, escuchaban fuertes y ruidosos golpes provenientes de la bodega, acompañados de alaridos que seguramente eran de esos demonios tipo D.

En cuanto llegaron al auto, Abby los ayudó a subir y Thomas encendió motores.

-Señorita ¿está usted bien? ¿dónde está Sebastian? –la otra chica preguntó alarmada

-Pues aún estamos vivos…. Sebastian nos alcanzará en la casa. Necesito el botiquín –hizo una mueca de dolor- Fer ¿me escuchas? –tocó el audífono en su oreja.

-Fuerte y claro señorita ¿cuáles son sus instrucciones? –la voz del muchacho sonaba desde el auricular.

-Escóndete y espera a que Sebastian salga. En cuanto lo haga, ver por él. Estará acompañado de dos individuos de lentes. Llévalos a la casa y ten el equipo médico a la mano por cualquier cosa- la adrenalina fluía por sus venas y se notaba en su rostro preocupado.

-A la orden.

-Aquí está –Abby le dio el botiquín.

-Por cierto, este es el señor Spears –dijo señalando a William y tomando la pequeña maleta

-Mucho gusto, señor Spears. Gracias por traer a la señorita hacia el auto.

-No… no es nada –dijo de manera seria y viendo como la bodega en llamas se veía cada vez más lejos.

Desde hacía tiempo que el auto contaba con un botiquín para emergencias, mismo que estaba bien equipado para cualquier tipo de situación. En cuanto recobró el aliento, Susanna tomó una jeringa y un frasco del botiquín. Rápido preparó una inyección de morfina para el dolor de la bala en la pierna mientras William la observaba con un gesto de reproche.

-No es una dosis tan alta –ella explicó antes de que el shinigami la sermoneara.

-Honestamente… debes tener suerte al haber salido de ahí con tan solo una herida de bala… -dijo mientras se desabrochaba la corbata y se la daba para que hiciera un torniquete.

-Gracias –la tomó y la ató a su pierna, apretando fuerte para detener el sangrado mientras hacía una mueca de intenso dolor- yo…- por fin se recargó se recargó en el asiento- no habría salido viva de ahí si no fuera por ti…

-… Me alegro de que estés bien…

Hubo silencio el resto del trayecto. Todos estaban o impresionados por lo que pasó o sumergidos en sus pensamientos, intentando tener una explicación coherente para lo que acababa de suceder; una explicación que nunca llegaría y que sólo Sebastian, los shinigamis y Susanna comprenderían.

En cuanto llegaron a la residencia, estacionaron el auto en la entrada y Abby, Susanna y William entraron a toda velocidad.

Susanna fue a buscar el botiquín para emergencias que guardaban en la cocina, el cual estaba muy bien equipado para todo tipo de eventualidades.

-Ven conmigo –Susana le dijo a William mientras entraba al estudio de la planta baja y cerraba las puertas corredizas. Por su parte, Abby se preguntaba qué era lo que había pasado mientras caminaba hacia la cocina.

Una vez en el estudio, William se sentó en uno de los sillones, recuperando el aliento y organizando sus pensamientos después de lo que acababa de presenciar. Además, le gustara aceptarlo o no, la lanza le había hecho mucho daño en el brazo y el dolor era intenso, casi imposible de ocultar.

-¿Estás bien? –ella jaló una silla para sentarse en frente de él.

-Sí… es sólo un rasguño y… -el comenzó a decir pero se detuvo en seco cuando Susanna se acercó a su hombro derecho. Había algo en la cercanía de la chica que lo ponía intranquilo de una manera que parecía disfrutar.

-Tienes una gran mancha de sangre. No creo que esto sea sólo un rasguño. Déjame ver, quiero revisar la herida –dijo volteando para abrir la caja con materiales curativos y algunos minutos después Susanna terminó de preparar el material para atender al shinigami.

-¿Cómo pretendes curarme cuando tienes una herida de bala en la pierna?... honestamente, ustedes humanos no son para nada prácticos.

-Deja de renegar. Con el torniquete y esa inyección de morfina que me puse en el auto es suficiente por ahora. Más tarde me ocuparé de eso, ahora necesitamos revisarte. No quiero que el "Supervisor en jefe del despacho de la muerte" falte a sus deberes por negligencia mía.

-El título correcto es "Supervisor de la División de Gestión y Envío" y… esto es difícilmente causa tuya, además… ¿qué haces? –respingó en cuanto sintió el contacto de la chica en su pecho.

-¿Cómo esperas que desinfecte la herida sobre el saco?... William, ayúdame a ayudarte ¿quieres? –lo vio con un gesto de hartazgo pero con mucha amabilidad en sus ojos. De verdad estaba preocupada por él y no sólo por esa atracción que sentía hacia él. Después de todo, él la había ayudado a salir de esa crisis que tuvo en la bodega.

-Honestamente… -se quitó el saco de manera lenta; cualquier movimiento que hiciera parecía intensificar el dolor con el paso de los minutos.

-A ver –lo ayudó a removerse el saco mientras observaba por primera vez las manos desnudas del shinigami. Siempre lo había visto usar guantes y en muchas ocasiones se preguntó si tendría las uñas negras como Sebastian, pero no era así. Sus dedos eran largos, su piel parecía ser muy tersa y suave al contacto.

-¡Todavía la tienes! –dijo en cuanto vio la pulsera morada en la mano de William, misma que le regaló cuando se conocieron.

-Fue un regalo… no podría deshacerme de ella –miró hacia otro lado, pretendiendo ver las pinturas del lugar.

Susanna resistió las ganas de tomar la mano de William, distrayéndose con los botones de la camisa, los cuales iba desabrochando con lentitud mientras él la observaba con una expresión serena y deleitándose por la suavidad del contacto sobre su ropa. Entonces recordó ese "casual" comentario que ella había hecho el día del concierto, tal vez a causa del alcohol pero ¿en verdad lo consideraba atractivo?... de inmediato volvió a mirar a los cuadros del estudio, que de repente le resultaron interesantísimos.

Cuando por fin se quedó con tan solo la camiseta sobre su torso, Susanna tomó un paño con agua para limpiar el exceso de sangre en el hombro de William. Mientras limpiaba la herida, aguantaba la tentación de distraerse con la piel del shinigami, que parecía invitarla a tocarlo; se veía tan suave al contacto y el hecho de que la camiseta no lo cubriera por completo, echó a volar su imaginación mientras el olor de su loción hacía las cosas todavía más difíciles.

Ambos se mantuvieron en silencio, aparentando estar muy concentrados en la tarea de curación y después ella tomó un algodón con alcohol.

-Esto puede doler un poco…

-Nosotros los shinigamis no… ¡ah! –fue obvio que no esperaba sentir ardor cuando el alcohol tocara la herida.

-Pues lo siento mucho, señor shinigami, pero esa lanza tenía algo que le está haciendo sentir como si fuera mortal… descuide, no creo que dure mucho –ella rio con algo de malicia mientras pasaba el algodón alrededor de la herida con la mano izquierda y con la otra lo sostenía del antebrazo.

La piel de William estaba fría, quizá varios grados por debajo del promedio de un humano y hacía contraste con la piel de la chica, que se sentía muy cálida en ese momento. Estaba relajado a pesar del dolor. La presencia de Susanna lo calmaba y por más que intentara negarlo, el roce de sus manos le gustaba. Lo disfrutaba más de lo que era sensato hacerlo considerando las circunstancias. Por un momento sintió la necesidad de decir algo. Tal vez un comentario para romper el silencio, aunque éste no parecía incomodarle, sólo quería escuchar su voz y ver los diferentes gestos que hacía mientras gesticulaba, entonces pensó que tal vez sería buena idea preguntarle algo coloquial y con lo que se sintiera cómoda, pero antes de que pudiera hacerlo ella comentó.

-Por cierto… disculpa lo del concierto con Ronald -dijo con timidez y evitando su mirada- en ese momento pareció buena idea escaparse de la fiesta e irme de concierto con él.

-Fue muy inconsciente -se escuchaba la severidad en su voz- me refiero al señor Knox y considerando el estado etílico en el que estabas…

-¡Rayos! –dijo riendo mientras se acordaba de todo lo que había dicho- en verdad estaba muy ebria -hizo una pausa- perdón si te hice sentir incómodo… no… es decir, yo no… bueno, lo que quiero decir es… -comenzó a ponerse nerviosa y el algodón con alcohol se le cayó.

-Descuida, ya pasó… aunque debo admitir que me sorprendió que esa… alimaña no te encontrara antes. No es tan listo como él cree –dijo con un toque victorioso en su voz mientras ella tomaba otro trozo de algodón.

-William… -ella hizo una pausa y lo miró a los ojos por un instante, sólo para comprobar si él también la estaba mirando y después volvió la mirada hacia la herida- lamento que hoy me hayas visto en ese estado. No sé cómo lo hiciste pero… me sacaste de ahí, de ese rincón tétrico en mi mente… muchas gracias –siguió limpiando la herida y William miró su rostro de concentración, viendo cómo apretaba los labios mientras pasaba el algodón por la herida, intentando que no le doliera.

-No tienes nada que agradecer, es sólo que… -pero antes de que pudiera decir algo más, se escuchó un portazo en la entrada y un conjunto de pasos apresurados.

-¡Señor! ¿está…? ups… perdón, no queríamos interrumpir –Ronald fue el primero en entrar y se sorprendió al ver la escena y malinterpretarla por completo; el ángulo desde la puerta no dejaba ver el material de curación.

-¡Wil! ¿qué le estás haciendo a mi Will? –la voz indignada de Grell se escuchó en todo el lugar.

-¿De qué hablan? Sólo le estoy curando la herida…- ella volteó para mirarlos y se levantó de la silla- y veo que ustedes también necesitan algo de ayuda –tanto Ronald como Grell estaban heridos por la pelea con esos demonios. Ninguno de los dos había sido alcanzado por la lanza, pero sus rostros se veían golpeados y sus ropas con algunas quemaduras.

-Sí, al parecer esa lanza era especial –Ronald se sentó en el sillón junto a William y se relajó- es la lanza de Gungnir. La leyenda dice que era el arma de Odín ¿se imaginan? El arma del mismo Odín en manos de un demonio… ¡pero no se preocupe jefe! Nos encargamos de confiscarla –dijo mirando a William con una gran sonrisa- un arma así en las manos incorrectas sería un caos. Puede hacerle daño a cualquier tipo de criatura, incluso es más poderosa que un death schythe. Eso explica por qué terminamos así –miró el gran corte en el brazo de William.

-La lanza de Odín… ¡¿Dónde está Sebastian? ¿está bien? ¿le pasó algo? –de repente Susanna se levantó de la silla, alarmada y preocupada por su mayordomo.

-Está herido, pero dudo que sea algo serio. En cuanto entramos a la casa fue en busca del botiquín para atenderte –Grell estaba limándose las uñas, recargado en una pared.

-Y cuando me encontré con Abby, me informó que usted ya tenía el botiquín y estaba ayudando al señor Spears –Sebastian entró al cuarto. Tenía la camisa rasgada y varios cortes en el brazo, pero lo más impresionante era una gran mancha de sangre en un costado de su abdomen. Parecía mantenerse en pie con dificultad, lo cual era ya mucho decir considerando que era un demonio, pero en ningún momento se quejó.

-¡Sebastian! ¿estás bien? –Susanna se acercó a él y trato de inspeccionar la herida- tenemos que atenderte rápido.

-¡Oh que maravilla! Al fin tengo una excusa para ver sin camisa a Sebastian y a William… ¿a quién debería atender primero? Tal vez a Sebastian mientras tú continúas con William… o quizás prefieras atenderlo tú mientras yo me encargo de William –Grell gritaba por todo el cuarto, muy indeciso por escoger a quién debería comenzar a cuidar, mientras Susanna ayudó a Sebastian a sentarse en uno de los sillones del lugar. De verdad le costaba caminar y se apoyó en la chica para hacerlo. Mientras tanto, Ronald observaba la escena muy divertido, pero advirtió que William parecía molesto, cosa que lo entretuvo más aún cuando se dio cuenta de la razón –¡Creo que es el destino, William! Seré yo quien se encargue de tus heridas de guerra.

-Lo dudo mucho, Grell Sutcliff…será mejor que nos retiremos a la dimensión de los shinigamis… -tomó su camisa y se puso el saco con algunos problemas, pero no hizo gesto alguno que indicara dolor, a pesar de sentir un intenso ardor en el hombro- ahí nos podrán atender propiamente. Además tenemos que informar de todo a los altos mandos. Vámonos… esta será una noche muy larga -se acercó a la puerta y espero a que sus subordinados salieran del lugar, después miró a Susanna y Sebastian, que estaban sentados en el sillón, para después fijar la mirada en la chica- agradezco mucho tus cuidados, Susanna. Hasta luego –se inclinó un poco en forma de reverencia y cerró la puerta después de salir del lugar.

-Hasta luego, William –lo siguió con la mirada mientras salía. La preocupación se asomaba por sus ojos y cuando volteó a ver a Sebastian, su expresión no cambio mucho.

El demonio estaba parcialmente recostado, tenía los ojos cerrados y se notaba que le costaba trabajo respirar. La herida era dolorosa y cualquier movimiento le causaba molestias. Por primera vez, Sebastian parecía ser vulnerable, aunque su aura permanecía igual de amenazadora y peligrosa que siempre.

-¿Sebastian? –Susanna preguntó con suavidad y muy despacio, el demonio abrió los ojos, intentando incorporarse en cuanto la vio.

-Señorita… ¿cómo está su pierna? Tenemos que… -ella puso su mano en el hombro derecho, impidiendo que se levantara.

-Enseguida regreso. No intentes levantarte –salió del estudio para lavarse las manos y cuando regresó, Sebastian seguía recostado, obediente a las órdenes de ella- parece que te han dado una buena paliza… tienes muchas heridas en el brazo y la que me preocupa es la de tu costado.

-Discúlpeme, no creí que fuesen a aparecer dos demonios, mucho menos que tuvieran la lanza de Gungnir.

-Al menos pude terminar con Schneider… ok, necesito quitarte la camisa –dijo tomando un bote que tenía algodones con alcohol.

-Por supuesto, usted puede quitarme la camisa cuando quiera… -sonrió con debilidad.

-Al menos esa lanza no te quitó el sentido del humor – le costó un poco de trabajo desamarrar el nudo de la corbata negra, gracias a la mirada de Sebastian, que estaba fija en ella. Él sonreía con picardía y tenía una ceja alzada, como si estuviera listo para atacar.

No miraba sus manos sino su rostro, consciente del efecto que tenía en ella y a pesar de estar herido, disfrutó en exceso al ver el sonrojo de Susanna cuando comenzó a desabotonarle la camisa manchada de sangre, dejando ver su marcado pecho. Ella intentó con todas sus fuerzas no tocarlo e ignorar los pliegues que se formaban en su piel justo sobre los torneados músculos del mayordomo. Era como sacado de una película y el hecho de que además fuera un demonio, lo hacía todavía más surreal. Habían sido demasiadas tentaciones sobrenaturales por una noche… o tal vez por toda una vida.

Sebastian estuvo a punto de hacer un comentario al respecto, pero el rostro de la chica cambió en cuanto miró la herida en su costado.

Las heridas del brazo no eran muy profundas, eran cortes superficiales causados por esa lanza y que en una situación normal necesitaría puntos. Corría sangre por todo su brazo y aunque no era una imagen grata, no se comparaba con el costado, donde la lanza habría dado de lleno y tenía un profundo agujero debajo de las costillas. No fue un corte limpio, parecía que la lanza había sido clavada y luego rasgado parte de la piel.

En cuanto lo vio, el rostro de Susanna cambió por completo, se puso pálida y la preocupación en sus ojos era latente.

-Perdón pero… la verdad es que no sé qué tan rápido se curen los demonios o cómo lo hagan, tampoco sé qué consecuencias tengan las heridas de esa lanza. Con William parecía ser como un humano normal, pero contigo… no sé qué hacer… -dijo con mucha preocupación e incluso sus ojos parecían brillosos, como si estuviese conteniendo un par de lágrimas.

-Señorita, no desperdicie esas palabras tan amables conmigo, no soy… -dijo con toda la discreción de un mayordomo pero ella lo interrumpió enseguida.

-¡Deja a un lado el rol de mayordomo por un momento, estoy hablando en serio contigo!–hubo silencio durante un instante y Sebastian estudió con cuidado la expresión de la chica.

Esta vez ella lo tomó por sorpresa, no sólo porque estuviese preocupada por él, sino porque era una preocupación genuina y además evidenciaba que era consciente de que el rol de mayordomo era sólo eso, un papel que jugaba para conseguir sus fines, e incluso a pesar de saberlo ella se preocupaba por él; por un demonio que sin duda se llevaría su alma y le arrebataría toda posibilidad de salvación, que apenas unos minutos atrás había disfrutado al hacerla sentir incómoda y nerviosa, un ente que por naturaleza no era bien intencionado y estaba condicionado por un contrato que, hasta ese momento creyó tener bajo control… ¿qué clase de persona era Susanna en realidad?

Notas de la autora:

¡Hola a todos!

Antes que nada, una disculpa por no actualizar. El servidor de FFnet estuvo caído por varios días y después me tuvieron que hacerme una cirugía un poco urgente y bastante dolorosa. Aún sigo convaleciendo y seguiré así como por un mes, pero las actualizaciones continuarán como siempre a partir de la próxima semana.

¡Qué tensión entre William y Susanna! Me emocionan ese tipo de escenas ¿a ustedes no? Me encanta escribirlo a los dos juntos. Es como si se escribieran solos. Y qué decir de Sebastian, que aprovecha cualquier cosa para tomar ventaja.

Por cierto, cuando escribí la parte donde Susanna le quita la camisa a Sebastian, me acordé de la película "loco y estúpido amor" con Ryan Gosling y la escena del photoshop… está en youtube, por si la quieren ver. Es en verdad graciosa y estoy segura de que eso mismo es lo que pasó por la mente de esta chica. Aunque claro, Will no se queda muy atrás…

¡Saludos!