Capítulo 13. Cercanía

El rostro de Susanna lucía preocupado ante la herida de su mayordomo. No es que se asustara con la sangre, pero una herida así de profunda impresionaría a cualquiera y no quería ni imaginarse lo mucho que dolería.

-¿Cuánto tiempo tardaría esto en curarse en una situación normal? –la frente de Susanna se frunció y mientras apretaba los labios.

-Un par de horas –él respondió de manera fría; no quiso revelar su desconcierto y se preguntaba qué era lo que de verdad corría en la mente de la chica- en estas circunstancias tardará un par de días si concentro mi poder en ello; más rápido que un humano, pero la lanza es un instrumento poderoso...

-Bien, entonces… te pondré unas gazas y… concéntrate en curarte. Después hablaremos del asunto –su voz sonó muy seria y evitó la mirada del demonio mientras comenzaba a limpiar la sangre del brazo- me pregunto si algún tipo de analgésico tendría efecto en ti…

No hubo respuesta. Sebastian se quedó callado, observándola mientras lo curaba con esa determinación que mostraba ante cualquier cosa que de verdad tomase en serio. Se preguntó qué pensaría de él y cómo encajaba con sus planes, mismos que aunque consideraba a menudo, sólo lo hacía como un medio para quedarse con su alma; la agenda de Susanna era sólo un aspecto más a considerar en todo el esquema y nunca se detuvo a pensar que tal vez ella veía las cosas de forma diferente, que quizás lo consideraba como algo distinto a sus otros contratistas, quienes al estar conscientes de que era un demonio a su servicio, no dudaban en aprovecharse de ello, en cambio ella lo tomaba como una ventaja; un de tantas, pero no lo presionaba hasta los límites. Fue entonces que llegó a pensar que ella de verdad lo miraba como el demonio amenazador que en realidad era y lo respetaba.

En ese caso, tal vez la podría considerar de manera diferente, ganándose su reconocimiento y viéndola como un igual en el juego de estrategias; en definitiva, ella lo hacía y actuaba como tal.

-Esto puede doler un poco… o mucho, William se quejó por alcohol, así que… -tomó el algodón con alcohol y en cuanto éste tocó la piel de Sebastian, el demonio dio un respingo- duele ¿verdad? –ella sonrió un poco- ha de ser nuevo para ti el sentir como humano y déjame adivinar… una herida de esa lanza puede quitar un poco de inmortalidad ¿no es así?... es un tipo de herida especial.

El de nuevo la miró con recelo. Por un lado, el dolor era muy fuerte, distinto a lo que estaba acostumbrado y por otro, ella no se estaba ensañando con su sufrimiento, sino que intentaba que no le doliese tanto. Hasta cierto punto se sintió vulnerable y la sensación le causó repulsión.

Ella estaba segura de que Sebastian la miraba fijamente, con sus ojos de demonio brillantes clavados en ella y a la defensiva, así que hizo todo lo posible por evitar su mirada y concentrarse en su trabajo.

El ambiente era tenso entre los dos y ninguno dijo nada por un buen rato, hasta que estuvieron limpias las heridas y Susanna tiró lo algodones al a basura. Después tomó un par de gasas del botiquín.

-Será mejor que parchemos esas heridas. Siéntate derecho, por favor –tomó una de las gasas y una venda- ¿duele mucho? –Sebastian la miró y al fin sus ojos se cruzaron, aunque sólo por un instante y antes de que ella pudiera comenzar a poner la primera gasa, él la tomó de la mano con suavidad. Esa fue su primera respuesta después del incómodo silencio de hacía unos momentos.

-Gracias… -fue lo único que dijo y después la dejó continuar, pero la expresión que tenía cuando lo dijo no se borraría con facilidad de la mente de Susanna y mucho menos el verdadero significado.

Estaba a punto de terminar de poner la última venda cuando Fer abrió la puerta, llevando consigo un maletín muy parecido al de un doctor.

-¿Cómo están? Sebastian se veía muy mal, creí que se iba a desangrar pero… parece que no fue una hemorragia –se acercó a ellos.

-Fueron solo un par de cortadas, nada que no sane pronto –la actitud del demonio cambió de manera radical y había vuelto a ser el mayordomo de siempre.

-Supongo que sí, aunque me hubiera gustado ver la herida para dar mi veredicto –el chico le sonrió y volteó a ver su maletín- perdonen la tardanza. Señorita, su padre llamó hace unos momentos. Le dije que usted le devolvería la llamada después- por supuesto se refería a su padre adoptivo- no dije nada este asunto.

-Gracias… ¿Sabes hacer curaciones? –preguntó la chica recargándose en uno de los sillones.

-Tuve que aprender. Durante mis días en el MI6, corríamos muchos peligros y aprendí a curarme solo, así que… ¡¿qué tiene en la pierna?!- dijo al ver el pantalón ensangrentado de Susanna y la corbata amarrada en la pierna.

-Es una herida de bala- contestó Sebastian- No sería prudente llamar a la policía… ¿puedes hacer algo? me temo que en mi estado no podré realizar propiamente la curación –Sebastian dijo desde donde estaba sentado con una expresión de cansancio que no era propia de él.

-Desde luego… ¿es una bala entonces? –Fer sonrió y se acercó a Susanna- suerte que aún tengo todo lo necesario. Recuéstese, por favor. Voy a tener que cortar el pantalón.

-¿No le duele mucho?

-Me duele, pero no demasiado. Me he puesto morfina en el auto, así que… -sonrió con timidez y Sebastian volvió a ponerse serio. Hasta entonces no había sido consciente de que, incluso con la morfina, no era posible que estuviese tan tranquila. Quizás sería parte de la adrenalina que aún corría por sus venas, o un efecto secundario de la exposición con esos demonios y el señor Schneider…

-Parece que la morfina aún está haciendo efecto, pero será mejor poner más anestesia -y entonces Fer comenzó con el proceso de limpiar la herida y coserla. La bala no había entrado en la pierna; tan sólo fue una rozadura, pero fue lo más meticuloso que pudo y sabía con exactitud lo que hacía, no era la primera vez y su experiencia se notaba. El proceso duró alrededor de una hora, y ya en los últimos minutos ni la anestesia ni la adrenalina surtían efecto, y la chica callo los gritos de dolor mordiendo una toalla que Abby le había llevado unos minutos antes.

Esa noche había sido una victoria para Susanna, pero fue doloroso y agotador en todos los sentidos. Habían surgido más dudas y ahora veía todo el alcance que podía tener su venganza, así como las consecuencias de la misma. Un balazo y las heridas de su mayordomo le recordarían que en esa batalla no habría nadie exento. Incluso los shinigamis habían resultado heridos. En verdad se estaba metiendo en algo peligroso.

Días después, el episodio de Schneider había pasado; el sujeto había muerto y Susanna tenía en sus manos lo necesario para continuar con sus planes de eliminar a los que restaban. Sólo eran tres individuos más y sería cuestión de tiempo antes de que los encontrara, pero desde que regresó de la bodega en el puerto no había hecho nada para avanzar. Llevaba dos días encerrada en su cuarto y aunque al principio no parecía nada fuera de lo ordinario, dada la herida de bala que tenía en la pierna, Sebastian comenzó a sospechar que era otra cosa la que la mantenía encerrada.

-¿Señorita? –se escuchó una voz masculina del otro lado de la puerta- ¿está usted bien? ¿me permite pasar? –en los últimos días, su acercamiento había sido poco. La herida de Sebastian apenas había sanado y Abby fue la que se hizo cargo de la casa y quien que tuvo más contacto con Susanna durante esos dos días. Prácticamente era la primera vez que el mayordomo intentaba acercarse a ella después de lo de Schneider.

-Pasa –dijo Susanna con voz débil. Estaba acostada sobre su cama, acurrucada y dándole la espalda a la puerta, mirando hacia la ventana. Había estado llorando, pero sus lágrimas se secaron desde hacía tiempo. Lo único que quedaba era el cansancio de la tristeza que llevaba sobre su espalda; el saber qué tipo de destino le esperaba y ser más consciente que nunca sobre la vida que perdió; nostalgia, añoranza y vulnerabilidad. Eso sin mencionar las manchas de sangre en sus manos. Hasta el momento había matado a dos personas a sangre fría y los daños colaterales aumentaban muchísimo la cifra; sólo Dios sabe cuántas personas habría dentro del contenedor que explotó en el muelle.

-Lleva todo el día aquí. Sólo bajo a desayunar y llamar a su padre adoptivo ¿se siente enferma? –preguntó le mayordomo con amabilidad después de ver las botellas de tequila y ron tiradas en el piso.

-Sí, enferma de todo. Pero es por mi culpa que estoy así. Yo asumí la responsabilidad de acabar con ellos, vendí mi alma y dejé todo atrás. Ya nada será igual. Me siento sucia…- decía con gran amargura en su voz- y antes de que esto pasara podía hablar con mis amigos o con mi familia. Ahora no lo puedo hacer; nadie sabe lo que pasa conmigo y me siento inmensamente sola. Tengo que mentirle a mi padre cada vez que hablo con él, que piense que soy feliz y los recuerdos no me gritan en la cabeza todo el día –su voz se cortó y después de una pausa siguió diciendo- no los puedo silenciar. Necesito…

En eso, ella sintió un peso del otro lado de la cama e inesperadamente sintió como Sebastian se recostaba detrás de ella, abrazándola mientras su calidez la inundaba, al igual que su atractivo aroma rodeándola ¿era acaso un gesto de ternura? ¿de dónde había salido aquello?

-Un abrazo… -el demonio dijo en voz baja, como si estuviese completando la frase que ella había comenzado.

-Gracias –dijo a media voz, las lágrimas estaban a punto de salir de sus ojos otra vez. Después de unos minutos cerró los ojos como esperando a que todo desapareciera y no supo si estaba dormida o en un estado de duermevela, pero se sintió reconfortada por el abrazo de su mayordomo.

Pasaron los minutos y ella comenzó a ser más consciente de su alrededor, no porque quisiera hacerlo, sino porque la mano de Sebastian pasó de estar sobre su brazo a su torso y después a su cintura, haciendo pequeños círculos en la cadera y mandando sensuales vibraciones a todo su cuerpo. Así se mantuvo durante unos instantes, hasta que se detuvo y la volvió abrazar, rodeándola con el brazo sobre su abdomen. Al sentir esto ella lo tomó de la mano, apretándola con ternura. Pensó que tal vez olvidarse de que él era un demonio podría ayudarla a tener un poco de paz, y al menos ceder a sus caprichos internos por unos momentos.

Poco a poco la iluminación del cuarto se fue haciendo más tenue. El sol estaba a punto de ocultarse y todo parecía ser azul a su alrededor. No supo cuánto tiempo pasó antes de que pudiera decir algo y tampoco le importó.

-¿Cómo sigue tu herida? –su voz sonaba cansada.

-Hoy ha sanado por completo –el respondió de manera casual, pero de inmediato recordó todos esos pensamientos que tuvo con anterioridad y pensó que estaba pisando terrenos desconocidos para él, todavía sin saber si era bueno o malo para sus intereses; su naturaleza de demonio le hacía dejarse llevar por el momento- lamento haberle fallado como mayordomo en estos últimos días.

La suave voz de Sebastian retumbaba en los oídos de la chica, casi lo podía sentir susurrándole, erizando su piel mientras el aroma de su loción hacía que latiera más su corazón. Su inconsciente la hizo soltar un suspiro, pero al darse cuenta de ello, se tensó y el demonio pudo sentirlo.

-Esa lanza… te hizo sentir como mortal ¿no es así? –ella decidió hablar un poco para no sentir que la situación pudiese escaparse de su control. Hubo silencio ante la pregunta, mismo que fue respuesta suficiente- e incluso con eso, no creo que seas capaz de saber lo que en verdad sentimos.

-Soy un demonio, nunca podré hacerlo- ninguno de los dos dijo nada por unos instantes, ese sosiego fue como una briza de aire fresco que puso a la chica más alerta y un escalofrío por su espalda causado por las palabras de Sebastian sobre su oído, como un susurro, la hacían cada vez más consciente de la situación en la que estaba- pero como su mayordomo… -no terminó la frase porque ella lo interrumpió.

-Shh… guarda silencio -ella le quitó el guante blanco y apretó su mano, esta vez sintiendo su piel bajo la suya, haciendo el momento un poco más íntimo.

Y así permanecieron por más tiempo, hasta que ella se quedó dormida y unas horas después él se levantó, sin despertarla o importunarla de algún modo. No podía hacer nada más por el momento, ni por el estado en el que ella se encontraba ni por sus propios planes, que todavía no estaban trazados.

Cuando Susanna despertó, el demonio se había ido. Sólo se topó con la oscuridad de su habitación y las sombras de los muebles al contraste con la luz de la luna. Con pereza de levantó, entró al baño para enjuagarse la cara y después comenzó a hojear los papeles que tenía pendientes en la mesita de noche; los documentos que habían tomado de la bodega.

Leyó todo con cuidado, pero incluso con la nueva información y la posibilidad de planear una estrategia que la acercara a su meta, su cabeza no podía dejar de pensar en lo apegada que se estaba volviendo a Sebastian; el hecho de encariñarse con alguien la podría herir demasiado, pero no sólo eso. Los reflejos defensivos naturales que comenzaban a aparecer dentro de ella no se limitaban al aspecto emocional. A pesar de saber que, hasta cierto punto sus días estaban contados, era por completo consciente de que no debía estrechar lazos con su mayordomo, pues al fin y al cabo él es un demonio, una creatura vil y manipuladora que está dispuesta a hacer lo que se por lograr sus fines, de los cuales hasta ese momento Susanna sólo conocía uno: quedarse con su alma. No era poca cosa, pero ella estaba segura de que no era lo único. Una corazonada le decía que él no se detendría ahí y le aterraba darse cuenta de que comenzaba a caer en una red más complicada que cualquiera de sus planes.

El siguiente día parecía ser muy normal en la dimensión de los shinigamis, pero la tensión y estrés se sentía en el ambiente. Los trabajadores corrían por los pasillos con más efusividad que de costumbre. Aquellos asignados a la recolección de almas estaban a tope de trabajo porque varios de ellos habían sido solicitados por los altos mandos para hacer tareas administrativas, papeleo y auditorías. Incluso las secretarias, quienes solían tener el trabajo menos estresante de todos, parecían estar alteradas y preocupadas.

-Sempai ¿ya terminaste con esos cinematic records? –un muchacho rubio se asomó por la entrada del cubículo.

-Sólo me falta uno, pero necesito un descanso. Este ritmo de trabajo no me hará nada bien ¡mira! Ya me están saliendo ojeras y mi belleza se arruinará… -dijo Grell sacado un espejo de uno de sus cajones- ¿qué diría Sebas-chan si viera mi espantosa apariencia en estos momentos?

-No tengo la menor idea… -dijo mientras observaba con incredulidad a su compañero- por cierto, William nos mandó llamar. No sé para qué, después de esa espantosa auditoría con los altos manos, creo que no estoy de ánimos para otro interrogatorio… y esta semana llena de horas extras no me tiene muy contento –Ronald suspiró y se sentó en una silla que estaba atrás de Grell.

-Lo sé, incluso Will ha tenido que trabajar más de lo normal, que ya es demasiado –el pelirrojo dijo con seriedad pero cambió su actitud mientras su rostro se sonrojaba- el pobrecillo no ha ido a dormir a su casa en los último dos días. Tal vez le siente bien un masaje de hombros…

-No lo sé, no creo que sea del tipo a los que les gusten es… ¡ah! Señor… eh… vine a buscar a Sutcliff sempai y… estábamos de camino a su oficina -dijo el muchacho con preocupación en cuanto vio a William, con cara de pocos amigos, en la entrada de cubículo. Parecía estar tan serio como siempre, pero las ojeras en sus ojos y la palidez de su rostro delataban lo cansado que estaba.

-Señor Knox, creí haberle dicho que era urgente que vinieran ustedes dos a mi oficina –su tono sonaba molesto- honestamente… estamos cortos de personal y este par de idiotas resultan ser mis únicas opciones… -dijo para sí- vengan conmigo –se dirigió hacia su oficina y los otros dos shinigamis lo siguieron, sin hacer comentario alguno en el trayecto, sólo se limitaron a ver la locura que era el despacho en esos momentos.

Una vez dentro de la oficina de William, notaron el peculiar olor a café que la inundaba. Era cierto lo que había dicho Grell: el Supervisor no había dormido en casi dos días y su lugar de trabajo, siempre ordenado e impecable, estaba ahora lleno de documentos, cinematic records, papeleo pendiente e incluso libros de consulta.

-Tomen asiento –William se sentó en la silla de su escritorio y se acomodó los lentes- como ya saben, el desbalance en el número de almas de ha venido incrementando poco a poco en los últimos años. Hasta hora, la información que teníamos era que Kraig Schneider era el responsable, pero no es así. No del todo.

-¿No lo es? – Ronald interrumpió. Parecía sorprendido ante la noticia- ¿cómo…?

-Si me permite, señor Knox… -dijo con irritación e impaciencia- Kraig Schneider tuvo que ver con esas almas perdidas, pero no sólo él. Desde hace un par de semanas, los altos mandos me pusieron a cargo de la investigación sobre estos incidentes con las almas. Al principio creímos que se trataba de demonios alimentándose, pero después de una extenuante investigación hemos podido desmentir eso.

-¿Quieres decir que…? –Grell adoptó una actitud seria y alarmada, casi amenazadora ante tales noticias- no es posible que un alma desaparezca así como así, mucho menos cientos de ellas, a menos que…

-Así es –William hizo una pequeña pausa y se quitó los anteojos en un gesto de evidente cansancio mientras masajeaba el puente de su nariz- parece que aquello que era en "teoría" posible, ha comenzado a realizarse. No son demonios los que están desapareciendo esas almas, al parecer es alguien más quien se las está enviando y las razones son aún desconocidas para nosotros.

-¿Un humano enviando almas a los demonios? –Ronald estaba en verdad sorprendido por la información que el jefe les acababa de compartir.

-Tenemos información sobre otros sujetos involucrados en esto –puso un par de fotografías y expedientes sobre el escritorio- Kraig Schneider, cuya alma ha sido recolectada hace unos días. Ricardo Soler, Aidan Crawford, Demian Janssens-Guillot e Ivan Reznik.

-¡Ivan Reznik! Recolecté su alma hace un mes –Ronald dijo reconociendo el expediente

-Así es, aquel hombre asesinado por Susanna Serafer, quien convenientemente es descendiente de Marco Serafer, uno de los implicados en este… "contrabando" de almas a principios de siglo.

-Pero… ¿ella está implicada? –Ronald se veía confundido.

-Lo está, pero no sabría decir si sus acciones nos beneficiarán o afectarán. Ella mató a Reznik después de todo, y va tras los demás –hubo una pequeña pausa y después el Supervisor continuo diciendo, con un tono solemne- como encargado de esta investigación, los nombraré a ustedes como parte de la misma. Requiero de shinigamis que estén al tanto de todo este asunto y familiarizados con los implicados, por eso los he elegido a ustedes. Es menester que observemos a Susanna y a ese…desecho de la vida que tiene como mayordomo.

-¡Sebas chan! –gritó el pelirrojo con gran emoción.

-Grell Sutcliff… si por alguna razón descubro que no estás cumpliendo con tu trabajo, o haciendo acercamientos innecesarios, serás penalizado.

-¡Entendido!

-Y señor Knox, procure no inducir a la señorita Serafer al estado etílico de la vez pasada. Necesitamos que coopere de manera voluntaria.

-Creo que usted podría lograr eso con facilidad… -dijo de manera casual, implicando un par de cosas.

-¿Qué has dicho? –William se molestó.

-Nada, nada… es sólo que… parece llevarse bien con ella y… -de inmediato se arrepintió de decirlo y se encogió de hombros- está bien, seré tan discreto como pueda.

-Muy bien. Comencemos con los planes –dijo después de mirarlo con recelo y comenzó a explicar los detalles de sus anotaciones en su libreta, con detalles precisos de lo que debían hacer, las personas a las que debían vigilar y conexiones entre éstas.

Mientras tanto, en la residencia de los Serafer, Susanna caminaba con determinación hacia la cocina, ayudándose de un bastón para que no le doliera tanto la herida. Sabía que el mayordomo estaba rondando en algún lugar de la casa, pero en el camino se topó con Fer.

-Señorita ¿se siente mejor?

-Hola Fer. Mejor, muchas gracias. Menos mal que tienes experiencia con este tipo de heridas.

-Opino lo mismo, en un par de días estará como nueva –el muchacho sonrió y después su rostro se puso pensativo- aunque pareciera que Sebastian está mejor que nunca, no parece tener molestia alguna.

-Oh… si… -pensó en alguna excusa que inventar, pero detrás de ella apareció el mayordomo con una amable sonrisa.

-Verás Fer, ¿qué tipo de mayordomo sería si evidenciara el dolor de mis heridas o me quejara? Eso no va para nada de acuerdo a la estética.

-Tal vez tengas razón, pero no te presiones demasiado. No eres inmortal –Fer sonrió a modo de broma. Ignoraba por completo la verdadera identidad de Sebastian, quien dijo en un tomo muy peculiar.

-Desde luego, tan sólo soy un simple mayordomo -Fer rio y se salió al jardín

-Ya lo creo… -ella cruzó los brazos y se recargó en uno de los sillones, descansando un poco su pierna.

-¿Señorita? –ladeó la cabeza, esperando las siguientes palabras de la chica.

-Tenemos que hablar… en privado –le lanzó una mirada seria después de asegurarse de que no había nadie cerca.

-Después de usted… -Sebastian caminó hacia las escaleras e hizo un ademán con la mano.

Susanna caminó hacia las escaleras y después a su estudio. Lo hacía de manera lenta para evitar que le doliera la pierna, deseando poder hacerlo más rápido y escabullirse de la persistente mirada de su mayordomo, quien la seguía de cerca. Tal vez demasiado…

Una vez dentro del estudio se sentó en la silla del escritorio, por fin descansando y tomó de su cajón una par de pastillas para el dolor, mismas que se tomó con un vaso de whiskey.

-Si me permite decirlo, esa no es una buena combinación, señorita –el mayordomo intentó persuadirla, pero era demasiado tarde. Había un gesto de desaprobación en su rostro.

-Lo sé, pero mientras tengamos el contrato no puedo morir ¿no es así? –su voz era más bien monótona; no era un buen día para ella y el vaso con alcohol en su mano lo delataba.

-Es correcto, pero eso no le garantiza una vida sin dolor o complicaciones, como de seguro ya lo notó –él se acercó a la silla y señaló la pierna herida de la chica, inclinándose un poco hacia ella.

-¿Y si te lo ordeno? –su actitud era provocadora en todos los sentidos, a lo que Sebastian contestó poniendo sus dos manos sobre el respaldo de la silla, acorralándola.

-Sus deseos son órdenes… -la voz del demonio era cautivadora y suave mientras se deslizaba por los oídos de Susanna, quien tenía los ojos fijos en los de él, retándolo- …pero me parece que esas conductas autodestructivas son parte de algo más –se alejó de ella y miró hacia la ventana mientras jugueteaba con un pisapapeles que tomó del escritorio.

-¿Ah sí? –había cierta ironía en su voz.

-Hay un patrón y usted lo sabe. Cada vez que mata a alguno de esos individuos sucede lo mismo. Durante un par de días cae en depresión y después intenta combatirla con "distractores". Desde aquella primera vez que reaccionó cuando escuchó las palabras en latín, supe que había algo extraño. Fer lo confirmó después, así que, me puse a estudiar. Es mi deber como mayordomo. Su bienestar es mi prioridad.

-¿Y me vas a analizar psicológicamente? –rio con incredulidad.

-Por supuesto que no, eso ya lo he hecho con anterioridad –la miró sobre su hombro y continuó hablando antes de que ella pudiese objetar- descuide, como le dije hace tiempo, de cualquier manera usted es exquisita y atractiva para mí. Ese pequeño análisis sólo alentó más mi… -la miró con sus ojos de demonio, brillantes y amenazadores- mis deseos… –volvió a juguetear con el pisapapeles, apartando sus ojos de ella al haber alcanzado su cometido: demostrar quién tenía el control de las cosas.

-¿Entonces qué buscabas? –su tono fue frío.

-Supongo que ha escuchado hablar del estrés postraumático –ella asintió con la cabeza- eso es precisamente lo que tiene usted. Todo comenzó con su secuestro y aquellas palabras en latín son lo que desencadenan ese estado de frenesí violento. De hecho, no es difícil que suceda. Cualquier olor, imagen, sonido, palabras...

-Lo desencadenan….

-Así es. Pero descuide, en los humanos eso es algo común tras una experiencia traumática, y debo admitir que según los que he leído, usted ha sido capaz de sobrellevarlo bastante bien. Podría ser peor, considerando las circunstancias –él hizo una pequeña pausa y el sello del contrato se sintió tibio en el cuello de Susanna- en realidad, me sorprende que se limite a beber. Teniendo las posibilidades que usted tiene, podría caer en otro tipo de actividades –el mayordomo sonrió con amplitud, sin mostrar sus dientes, poniendo un rostro tan amable que hasta parecía burlón.

-¿Me estás justificando o me quieres hacer caer en la tentación?

-Ninguna de las dos, por el momento. Sólo quiero que sea en plenitud consciente de lo que está haciendo y que si algún día tengo que llevarla al hospital para que le laven el estómago porque ingirió demasiados analgésicos y alcohol, lo haré sin ningún remordimiento, con todas las consecuencias que eso conlleva.

-Trato hecho… pero te ordeno que nunca uses esas palabras en contra de mí… -su rostro se volvió sombrío, ahora sabía que su montaña rusa de sentimientos era, hasta cierto punto, normal después de una experiencia traumática y sin embargo, se sintió nostálgica, con necesidad de buscar un consuelo, pero Sebastian la sacó de sus pensamientos.

-Entendido –hizo una pequeña reverencia- y cambiado de tema, confío en que ha leído los documentos que obtuvimos del almacén en el muelle.

-Así es. Mapas, itinerarios, locaciones. Muchas cosas están en nombres clave y hasta ahora el único que entiendo es el de nitroglicerina. Pero menciona a Ricardo Soler y Aidan Crawford, así que vamos por buen camino.

-Si mal no recuerdo, los embarques provienen de diferentes países ¿no es así?

-Así es… China, Rusia, México, Marruecos, El Congo, Nigeria… y hay muchísimos envíos a Afgnistán, Areglia, Sudán… ¿tráfico de drogas?

-Es posible, pero eso no se relaciona con usted o el ángel caído.

-Tampoco con la lanza de Gungnir –ambos se quedaron pensativos- ¿qué carajos hacían esos demonios con la lanza de Odín?... ¡Odín, el dios nórdico! Esto es muy confuso, ¿qué sigue después? Dragones voladores, zombies… ¿Thor?... si es Thor el del a película, no tendría inconveniente alguno, aunque en lo personal prefiero a Loki…. –el mayordomo arqueó una ceja y cruzó los brazos mientras ella continuaba pensando en voz alta- pero sería divertido montar un Pegaso, aunque no me gustan mucho las alturas, aun así es una buena oportunidad. Por otro lado, encontrarse con Medusa o un minotauro sería…

-Tanto la mitología como las leyendas tienen algo de verdad… aunque dudo mucho que el pony volador, la arpía escultora o esos fallidos intentos cinematográficos de "dioses" se aproximen a lo que en verdad fueron, si es que existieron alguna vez –dijo con hartazgo.

-Si algo he aprendido es que todo es posible… ¿la historia de Fausto te recuerda algo? –tomó un trago de su vaso de whiskey.

-Me temo que eso es un poco diferente… -él trató de explicar- nosotros…

-¿O los shinigamis?... sea lo que sea, esa lanza los pudo haber matado y, por más poderosa que sea, es tan sólo un arma –Sebastian se quedó muy serio de repente- no me quiero ni imaginar cómo sería pelear contra el ángel caído. Debemos terminar con los tres idiotas que nos faltan y evitar que… lo vuelvan a traer o hagan el dichoso enlace.

-Esa es la parte del trato que debo cumplir –el demonio dijo con solemnidad, poniendo su mano derecha en el pecho- y así será –ella sonrió, pero no había felicidad detrás, sólo un breve sentimiento de amargura y enojo.

-¿Es cierto que la lanza está en manos de nuestros amigos de ojitos verdes?

-Es correcto, aunque yo no los llamaría amigos –hizo una pausa- después de… -recordó las sombrías imágenes de cuando se deshicieron de los demonios y la expresión en el rostro de Ronald cuando miró sus verdadera forma demoniaca- terminar con los dos demonios tipo D, los dos shinigamis la confiscaron.

-Bien, entonces no debemos preocuparnos por eso. Está en buenas manos y ahora que lo pienso, tal vez ellos podrían darnos un poco de información y…

-Dudo mucho que cooperen con nosotros. Será mejor investigar por nuestra cuenta. Además yo soy capaz de encontrar el paradero del señor Soler y el señor Crawford.

-Sebastian, tenemos locaciones regadas por todo el mundo, no creo que rondar cada una de ellas sea lo más práctico.

-Pienso lo mismo, pero hay algunas direcciones aquí en Londres. Oficinas en su mayoría. Podría echar un vistazo e interrogar a las personas nombradas en los papeles...

-Quiero una foto de Ricardo Soler, Aidan Crawford y ese Janssens-Guillot, cuyo nombre no sabemos… lo esconden demasiado bien. En todos los informes, aparecen iniciales "DJG"

-Tal vez Fer pueda ayudarnos a conseguir esas fotos y el nombre completo de Janssens-Guillot.

-Bien, que así sea y tú encárgate de visitar esas oficinas. Observa si hay alguna cosa sospechosa o fuera de lugar, pero no hagas nada precipitado. No sabemos con exactitud qué es lo que quieren y esto será cada vez más más peligroso. Será mejor estar preparados –Susanna permaneció seria por unos momentos, pensando en lo que sucedía y preocupándose por lo que había detrás de ello, pero de repente se distrajo al notar que Sebastian seguí ahí, de pie junto a su escritorio.

-¿No ibas a visitar esas locaciones? –el mayordomo volvió a mostrarle esa sonrisa burlona, todavía sin moverse.

-Me temo que ha olvidado cómo pedir las cosas…

-Sebastian… ¡es una maldita orden! No sé a qué estás jugando, pero comienzo a cansarme. Creo que al menos tienes un poco de sentido común ¿no es así?

-Prefiero escuchar las palabras de su boca, señorita. Eso hace las cosas más… claras –hizo una pequeña reverencia y salió por la puerta, dejando a la chica un poco disgustada.

Ella se quedó en el estudio, ojeando los papeles que tenía Kraig Schneider. Itinerarios y una lista de cosas que no tenían mucho sentido. Nitroglicerina era una de las cosas que contrabandeaban esos tipos, pero estaba segura de que había algo más. El tráfico de drogas podría servirles como fuente de ingresos constantes y altos, pero no era posible que se dedicasen de lleno a eso. Además estaba el asunto de esas personas dentro de aquel contenedor de carga.

Las imágenes de aquella noche regresaron a su cabeza. Eran crudas y reales, e incluso la imagen de aquellos demonios luchando contra los shinigamis y su mayordomo eran tan vívidas como el dolor tan penetrante que sintió en la pierna cuando la bala la alcanzó.

Pensó por un momento y luego tomó un mapamundi que estaba doblado dentro de uno de los cajones de escritorio y lo desplegó en el piso, dándole una vista general de cómo se veía la geografía internacional. Después tomó los documentos y con plumones de diferentes colores marcó las locaciones que aparecían allí.

Estaban dispersos por todo el mudo y no parecían tener un patrón en común. El simbolismo era parte importante de todo aquello, pero no había formas peculiares o siluetas que se pudiesen formar al unir los puntos marcados. A excepción de unos cuantos, los países tampoco eran especialmente relevantes en la mitología o historia del o antiguo, de todas aquellas cosas que había comenzado a estudiar. No logró llegar a ninguna conclusión, así que optó por cambiar de tema de análisis y se enfocó en la lanza de Gungnir.

Bajó al sótano donde muchos de los libros de sus antepasados estaban almacenados. Era un lugar oscuro y frío, uno de esos sitios en donde las películas de terror encontrarían la oportunidad perfecta para asesinarla o mostrarle un horrible monstruo, pero esas cosas ya no le daban miedo. Había visto todo tipo de cosas extrañas y a pesar de que muchas sombras negras parecían seguirla en su trayecto, sabía que eran inofensivas; si su vida corriese peligro, Sebastian correría en su auxilio. De eso estaba por completo segura.

El sótano estaba repleto de documentos viejos y libros en nórdico antiguo, así que la chica no tenía mucha esperanza de comprenderlo bien, pero muchos diarios estaban en inglés, así que comenzó a leerlos de uno a uno, buscando la palabra "Gungnir". Después de un rato encontró algo interesante. En unas páginas escritas por su bisabuelo, había algo acerca de esta lanza:

"La lanza de Gungnir, aquella arma de Odín y que le fue entregada por Loki después de cometer una fechoría. Según las leyendas, cualquiera que la posea tendría la bendición del mismo Odín en sus batallas"

Gran parte del texto era ilegible. Al parecer la humedad había hecho de las suyas con ese diario, pero Susanna continuó ojeándolo y le llamó la atención un símbolo en particular, mismo que se repetía a lo largo del libro. Era una especie de X con cuadrados en sus vértices centrales. Tomó un lápiz y lo trazó en un papel que había cerca. Después continuó leyendo otros libros que había ahí.

Eran muchísimos escritos sobre hechicería, embrujos, simbolismos y hasta runas. Dio una ojeada a la tabla con runas y encontró que la X que había escrito antes estaba ahí. Era la runa "Gar" y justo debajo de ella, aparecía una leyenda.

"Gar, con sonido mudo. La runa en blanco es asociada con Odín y está marcada sobre la lanza de Gungnir. Es la runa del misterio. Cualquier cosa asociada con esta runa no debe ser sabida. En ocasiones se refiere al destino y a no dudar sobre las decisiones"

De inmediato Susanna tuvo un escalofrío y su piel se erizó. Eso no indicaba nada bueno. La lanza era un instrumento peligroso y al que debía temerse. De ahí la reacción de los shinigamis y Sebastian al momento de verla. El sentimiento de impotencia la invadió y por primera vez pensó que no tenía opción, que era parte de un esquema más grande. Estaba consciente de que tenía un destino, pero decidió huir de él y, aunque su alma estaba condenada desde el principio, ella había decidido cómo debía irse. Sebastian sería el que se quedaría con ella, pero… ¿y si no era así?... ¿qué pasaría si todo hubiese estado planeado desde el comienzo? ¿Estaría destinada a terminar con las pretensiones de aquellos hombres; a interrumpir el enlace, o por el contrario, sería una facilitadora más para que sucediera?

¿Qué era el enlace con exactitud? ¿Qué es lo que se supone que debía enlazar?... con un Dios muerto, asesinado por los hombres, un destino que quizás fuese inevitable y un ángel caído que parecía ser la maldad encarnada, incluso peor que Sebastian, el panorama no era de lo más alentador.

Quizás la respuesta estaría en otro lugar. Los escritos tenían información vacía que le daban una pequeña guía, y en muchos sitios se hacía mención sombre un lugar llamado Djürgarden, el lugar natal de la familia Serafer. Tal vez sería buena idea investigar más de aquella locación.

Pero con todo aquello que descubrió, surgían más dudas ¿cómo había sido posible encontrar la lanza de Odín, si de acuerdo a la mitología había sido destruida? Evidentemente no había sido así, y en algún momento cayó en manos de aquellos demonios, que alguna relación debían tener con Kraig Schneider. No era un contrato, ya que su alma había sido recolectada por William. Ella lo vio con sus propios ojos. A lo mejor tendría algo que ver con ese líquido morado y pestilente que arrojó al piso.

Consultó un libro lleno de escritos en arameo antiguo y otros idiomas que no comprendía y algo le decía que era mejor no leerlos; había invocaciones y embrujos por todos lados. Ya tenía suficiente con un demonio como para querer traer a otro, sobre todo si se trataba de uno de esos seres encapuchados… demonios tipo D.

Un par de horas después decidió subir a cenar algo y relajarse un poco. Era demasiada la información que debía digerir y todo ello la había dejado con una sensación poco placentera, un mal presentimiento que le causaba escalofríos y hacía que sus manos estuvieran sudorosas. Era mejor esperar a que Sebastian volviera con más detalles.

Notas de la autora:

Hola a todos.

De ahora en adelante haré las actualizaciones del fanfic cada dos semanas. Esto es principalmente porque tengo una sorpresa muy especial para todos ustedes, y necesito tiempo para escribirla y traducirla (la versión en inglés va la par de ésta), así que no se preocupen. La historia continuará, de hecho ya la tengo casi terminada, sólo que los últimos capítulos será un poco más laboriosos, y en su momento verán por qué.

Por el momento, disfruten el capítulo. Saludos.