Nota importante: en éste capítulo hay un spoiler gigante del número 105 del manga y tiene que ver con los shinigamis…

Capítulo 14. Confesiones y una sonrisa.

Pasaban de las 12 d la noche y Susanna estaba en la terraza de su habitación. Estaba sola y desde la tarde dio la orden de no ser molestada por nadie. Sebastian todavía no regresaba de sus investigaciones alrededor de Londres y quizás regresaría hasta el día siguiente con el reporte de lo que encontró.

La chica había pasado casi todo el día investigando sobre la lanza, pero se topó con una serie de rituales e invocaciones cuyos propósitos eran desconocidos; sería mejor consultarlo después con el mayordomo o alguien que supiera del tema. Estaba cerca de averiguar lo que estaban haciendo ese grupo de hombres, lo sabía.

Pero además de pasar la tarde investigando, no había sido un buen día para ella. Pasaba por uno de esos episodios depresivos que de vez en cuando tenía; ahora sabía la razón y se sentía impotente al respecto. Todos los días se repetía que debía luchar para terminar con todas aquellas cosa que marcaron su condenada vida. No sólo debía hacerlo; quería hacerlo, pero en ocasiones todo era demasiado abrumador para ella, y deseaba tener un día de encierro con ella misma, acompañada de su mp3, la oscuridad de su cuarto y en ocasiones una botella de whiskey o ron; pasar la tarde llorando, golpeando almohadas y paredes para desahogarse, cosa que nunca conseguiría llevarla a ningún lado, pero la reconfortaba. Sin embargo no era momento para ello. Debía darse prisa antes de que otra cosa sucediera. La sensación de que algo se aproximaba estaba a flor de piel y entre más rápido pudiera comprender a qué se enfrentaba, mejor.

Susanna era ahora, más que nunca consciente de que había perdido a su familia en condiciones inusuales, trágicas y violentas, aún antes de conocerlos, su vida cambió por completo y al menos dos veces había escapado "milagrosamente" de una muerte segura ocasionada por un pasado desconocido que la perseguía, eso sin mencionar que renunció a su alma sin pensarlo con detenimiento. Conseguiría venganza a cambio de su salvación; a cambio de una vida después de la muerte que ya no era suya y esa era una carga en extremo pesada para ella. Estaba atrapada en un callejón al lado de un demonio.

No podía cambiar nada, pero al menos la botella de whiskey la haría olvidar por un rato. Estaba parcialmente recostada en un sillón de la terraza, escuchando un melancólico disco mientras bebía del vaso en su mano derecha, observando las estrellas, como si no importara otra cosa en el mundo y de pronto escuchó una voz masculina desde el barandal de la terraza.

-Honestamente… creo que está demás el mencionar que no deberías consumir tanto alcohol.

-¿Podría morir por eso? -Susanna contestó con sarcasmo después de reconocer la voz que le hablaba.

-No, por ahora no. Pero dudo que encuentres placentera esa sensación que los humanos llaman resaca –dijo como si la estuviese regañando

-Créeme, hay sensaciones mucho más placenteras… –le dedicó una sonrisa coqueta y bebió de su vaso, ignorando la reacción de desconcierto William. Después de una pausa continuó- es horrible. ¿Y sabes algo? A veces creo que el infierno es un estado de perpetua resaca, sin haber ido a una fiesta, corriendo debajo del sol, sin zapatos y sobre arena hirviendo.

-Qué idea tan infantil –William puso un gesto de desaprobación y hartazgo mientras se acomodaba los lentes

-Y supongo que eres muy maduro al querer discutir con una persona en estado de ebriedad.

-He vivido lo suficiente como para saber que aún tienes plena conciencia de tus actos… -la miró directo a los ojos y notó una sonrisa inusual- está bien, quizás no plena consciencia pero sabes lo que haces.

-Es verdad. No estoy ebria, sólo más social que de costumbre así que, toma asiento y cuéntame ¿cómo va tu herida en el brazo?

-Mejor, muchas gracias –se sentó en un sillón frente a ella. La noche era fresca y agradable, así que se sintió cómodo.

-Me alegro… estaba preocupada por ti, pero algo me decía que no debía estarlo. No tenía manera de contactarte así que… -tomó otro sorbo de su vaso

-Agradezco tu preocupación –William aclaró su garganta para desaparecer esa sensación extraña en sus labios, un extraño impulso por mover la comisura… ¿una sonrisa?– no puedo decir que el proceso de curación haya sido agradable, pero todo está bien ahora ¿y tú… cómo te encuentras?

-He estado mejor… -lo miró a los ojos, topándose con esa mirada inquisidora que estudiaba sus movimientos- no ha sido un día bueno. Esto es demasiado y… -Susanna rio para sí- y ahora me encuentro a punto de contarle mis problemas a un shinigami. ¿A dónde vamos a parar?

-Sí, es evidente que no te encuentras bien y basándome en lo que sé de ti, creo que tienes razón para estar así. No pretendo alegar que te conozco o comprendo las razones de tus actos. A fin de cuentas no soy un humano –recordó esa discusión que tuvieron hacía tiempo.

-Supongo que en tus expedientes está toda mi información. No te preocupes, eso sólo te hace un stalker –rio y se acercó un poco a la mesa entre los dos- me siento alagada –tomó otro sorbo de su vaso y le sonrió al shinigami.

-Para ser honesto contigo… siento una enorme curiosidad por ti y quisiera saber algo –hizo una pausa y la volvió a mirar a los ojos, intentando encontrar la palabras correctas sin sonar muy frío- hay algo que no me queda claro… ¿por qué? –volvió a arreglarse los lentes- ¿por qué vendiste tu alma a un demonio?

-Y tienes que preguntarme eso el día de hoy… –lo vio con un poco de enojo, pero en cuanto vio la expresión seria y sincera de William, cambió su actitud y guardó silencio por un momento, ordenando sus ideas y mirando hacia el piso- creí que no tenía otra opción. No quería morir, no quería pasar por… lo que estaba a punto de suceder. Tampoco quise que las cosas se quedaran así… -miró hacia el suelo- no es una justificación, pero tenía miedo, asco y repulsión por lo que sucedía y… estaba a punto de ser violada, asesinada y todo por un legado familiar del que yo no tenía idea -su voz se cortó y de pronto sintió la mano de William sobre su hombro. El shinigami ahora estaba sentado junto a ella, mirándola con esos ojos verdes e intensos.

-Nunca podré justificarlo –su voz no tenía emoción ni sentimientos, sin embargo su mirada decía algo distinto- pero ahora comprendo un poco más la razón por la que los humanos hacen esos contratos. La desesperación orilla a tomar medidas extremas –se quedó en silencio junto a Susanna y ella no entendió por qué lo hizo, pero la verdad es que, para ser él ese gesto era más que un indicativo de simpatía y amabilidad- … hubiera sido mejor conocerte sin que tu alma estuviese condenada.

-Tal vez si no lo estuviera, jamás nos habríamos conocido. Por algo pasan las cosas –el asintió y se relajó un poco en el asiento, recargándose en el respaldo; algo extraño en él- ¿me acompañarías con un whiskey?

-Un trago suena muy bien en estos momentos –su mirada se suavizó mientras Susanna entraba a su cuarto para tomar un vaso y después regresó con él, agregando dos hielos y sirviendo el líquido ambarino para después ofrecérselo al shinigami- muchas gracias, Susanna –dijo su nombre de una manera especial y ella disfrutó el sonido de su voz mientras lo pronunciaba. Era la primera vez que lo hacía de esa manera, sin formalidad y mientras conversaban, así que ella le dedicó una sonrisa que rayaba entre la simpatía y la coquetería, tal vez inducida por el alcohol o quizás por la atracción que sentía por él.

-Y bien ¿qué te trae por aquí? Dudo que el Sr. William T Spears haya venido sólo a reprocharme por mis hábitos de bebida o a preguntarme sobre el contrato que tengo con un demonio.

-No, no he venido por eso y agradecería que no hablaras de esa alimaña en este momento… estos últimos días han sido de lo peor para el despacho, y para colmo estamos bajos de personal, así que vine a recoger un alma. De uno de tus vecinos, claro… la señora Anderson.

-Oh, qué lástima. Era una persona muy amable… -dijo con un poco de melancolía, no porque sintiera un cariño especial por su vecina, sino por lo que significaba la muerte de cualquier persona.

-Es verdad, y su alma está en buenas manos. Está en un lugar mejor -¿por qué la consolaba? ¿por qué le daba explicaciones sobre su trabajo?

-No lo dudo, pero incluso escuchándolo de ti, me temo que eso no será consuelo suficiente para su familia –Susanna miró su vaso con melancolía y se terminó el contenido- ha de ser muy práctico e incluso cómodo no sentir nada respecto a la muerte… o ser inmune a las pérdidas… -miró a la distancia, donde la ciudad se perdía entre luces artificiales, estrellas y resplandores.

-Los shinigamis no somos insensibles, sólo hacemos nuestro trabajo llevándonos las almas, pero sentimos… -miró hacia el jardín y apretó un puño- y lo hacemos con gran intensidad… incluso si es lo menos apropiado…

-Los sentimientos nunca son apropiados y siempre son demasiado intensos -ambos se quedaron en silencio por un momento, intercambiando miradas hasta que ella se animó a preguntar algo– hace un momento, dijiste que la desesperación orilla a tomar medidas extremas, pero… sonó como si te hubiese pasado a ti –antes de contestar, el shinigami le dio un trago a su vaso y suspiró profundamente.

-Susanna, sabes que tu situación te hace diferente a los demás. Estás en contacto con fuerzas que un humano normal sólo podría imaginarse por cuentos de fantasía y todo eso lleva un precio –ella asintió- lo que te voy a decir ampliará tu visión sobre los shinigamis, y aunque no es un secreto, pocas personas hablan sobre ello. Dudo que ese bicho rastrero te haya mencionado algo al respecto, así que…

-¿De qué hablas? –parecía consternada.

-Los shinigamis somos creados cuando una persona se suicida. Es el castigo para aquellas almas que renuncian a la oportunidad de salvación; a la oportunidad de vivir y deciden terminar con todo aquello, orillados por diferentes cuestiones.

-Will… yo no tenía idea –ella se sorprendió muchísimo y sus ojos se abrieron mucho más, quedándose sin palabras.

Susanna nunca imaginó que William hubiese cometido suicidio. Se veía tan serio, centrado y seguro de sí que era difícil pensar que hubiese hecho algo así, entonces sintió de inmediato una enorme necesidad de reconfortar al hombre junto a ella. ¿Qué lo habría orillado a hacer tal cosa?... y qué castigo tan cruel debía sobrellevar por quién sabe cuántos años, o siglos. Quizás por eso era que la idea de que alguien vendiese su alma le resultaba tan repulsiva y reprochable.

Desde luego, renunciar a la salvación era un pecado tan grave que sólo el castigo que implicaba era suficiente para redimirlo. Por una fracción de segundo, ella pensó que tal vez no eran tan diferentes como pensaba, pero la idea fue interrumpida por la voz William.

-Eso ya fue hace mucho tiempo, ya ni siquiera recuerdo lo que es ser un humano –miró el líquido dentro de su vaso, intentando recordar cómo era su vida antes de ser un shinigami- …han sido más de 200 años…

-Dos siglos es demasiado tiempo –ella observó su rostro pensativo, fijando su atención en su casi perfecta nariz, a penas respingada en la punta y lo formal que su corte de cabello lo hacía verse. Siendo mortal no debía pasar de los 32 años. Se preguntó si sus ojos serían verdes cuando estaba vivo, y si sería igual de serio- ¿cuándo fue la última vez que sonreíste?

En seguida William la miró desconcertado por la pregunta; de todos los cuestionamientos que habría podido hacerle, una sonrisa era lo primero que se le ocurría ¿qué rayos pasaba por la cabeza de Susanna?

-¿Lo preguntas en serio?

-Sí. Parece algo difícil de concebir, pero cuando te miro, no puedo evitar pensar que no has sonreído en esos últimos doscientos años.

-Quizás tengas razón, pero no creo que haya pasado tanto tiempo… -pensó por un momento- o tal vez sí…

-En ese caso, espero que algún día el señor Supervisor me deleite con una de sus sonrisas, aunque sea por mi cumpleaños –lo miró a los ojos y el shinigami alzó una ceja, esbozando lo que parecía ser una diminuta sonrisa, misma que ella notó de inmediato- ¡ahí está! sabía que te verías bien sonriendo –casi de inmediato pensó que tal vez su comentario había ido demasiado lejos. No quería importunarlo ni ser demasiado obvia al tratar de decirle que le agradaba, aunque a fin de cuentas, de eso se trataba y la respuesta de William la dejo casi sin palabras.

-Si mal no recuerdo, señorita Serafer, usted suponía que me vería… ¿cómo era? –frunció el ceño y miró hacia el cielo- ¿guapísimo?... creo que ese fue el término que utilizó.

-¿Y hasta ahora pretendes echármelo en cara? –ella se sonrojó y una gran sonrisa se dibujó en su rostro, gesto que él respondió igual, sólo que con una sonrisa más pequeña- retomando sus palabras, señor Spears, honestamente… no creí que tuviera sentido del humor.

-Debo admitir que es un poco oscuro –dijo con tranquilidad y volvió a beber de su vaso.

Hubo un silencio entre los dos; ninguno quiso decir algo al respecto o arruinar el momento; se sentían cómodos y no era necesario entablar una conversación para que disfrutasen de la noche estrellada de luna nueva. William la miró por unos segundos y poco a poco su gesto se volvió más serio.

-No tienes idea de lo peligroso que esto a lo que te enfrentas.

-Tienes razón, no lo sé. Pero acabas de decir que no soy como las demás personas.

-Así es, estás trazando tu propio destino con base en ello. Me pregunto qué seguirá.

-Sea lo que sea, no será fácil –ella miró hacia su regazo con algo de tristeza y después de un silencio dijo- pero creo que nos seguiremos encontrando.

-Ten eso por seguro –sus ojos verdes le sonrieron y permaneció conversando con ella un rato más, hasta que tuvo que irse.

Las once y media de la mañana aparecieron en el reloj cuando Sebastian se dispuso a entrar al cuarto de Susanna para despertarla. Llevaba consigo un vaso de jugo, una taza de café, un ligero desayuno y un par de aspirinas, todo puesto sobre una pequeña mesa con rueditas.

Entró al cuarto y una sonrisa malévola apareció en su rostro mientras observaba a la chica que estaba profundamente dormida. Susanna había despertado algunas horas antes para "sufrir los efectos del alcohol" y después de pasar un buen rato en el baño, logró conciliar el sueño otra vez, al menos hasta que Sebastian abrió la cortina para asegurarse de que despertara por completo, y no precisamente de la manera más adecuada.

-¡Ah! Carajo, Sebastian, cuantas veces te he dicho que odio que hagan eso… maldita sea…. Cierra la condenada cortina- se tapó la cara con las cobijas.

-Mil disculpas, señorita, pero es mi deber asegurarme de que despierte por completo… ¿la pasó bien ayer? Me imagino que sí, sobre todo después de la "distinguida" visita que tuvo a media noche… -dijo tratando de hacerle entender que esa manera de despertarla era algún tipo de represalia por haber permitido que William estuviera con ella- le traje unas aspirinas para el dolor de cabeza y café –le acercó la mesa y le pasó las pastillas. Ella las aceptó a regañadientes.

-Gracias… creo que me enfermaré del estómago.

-No me sorprende… –dijo tomando la botella de whiskey vacía que estaba tirada en el piso- al menos estuvo bien acompañada ayer por la noche… -dijo con insistencia.

-Con quien hablo o paso tiempo no te incumbe… a menos claro que estés celoso –intentó bromear.

-Por supuesto que no, señorita… a fin de cuentas, usted también debe cumplir con el contrato –su sonrisa era seductora- con quien decida pasar el tiempo no me incumbe, siempre y cuando ese alguien no pretenda quedarse con lo que es mío…

-Eso está por verse… -dijo mientras se metía al baño para darse una ducha.

Más tarde, el mayordomo y Susanna charlaban en el estudio; Sebastian le proporcionó toda la información que pudo recopilar el día anterior, lo que encontró en las oficinas y le mostró las fotos de los tres individuos que faltaban por eliminar, sin embargo parecía que habían desaparecido sin dejar huella.

-Como le mencioné, todos esos papeles mencionaban lugares reales. Varios eran fachadas para lavado de dinero, otros eran pequeños negocios dedicados al trámite de papeles migratorios, importadoras y armerías.

-¿Algo relacionado con lo que hemos visto? ¿lo que sea?... – recargó su cabeza en una de sus manos, hacienda un gesto de confusión.

-Sólo eso, pero algo interesante fueron esas oficinas de papeleo. Encontré una gran variedad de pasaportes falsos e identidades inventadas –el mayordomo puso sobre el escritorio unos pasaportes de diferentes nacionalidades. Algunos con fotografía y otros listos para agregarle una identidad nueva- pueden tener algo que con esas personas en la caja que el sr. Schneider voló.

-¿Inmigrantes ilegales?... –la chica pensó un instante y su rostro se iluminó de repente- ¡ya sé! – tomo el mapa doblado de su cajón y lo desplegó en el piso para mostrárselo a Sebastian- ¿ves estos puntos? ¡Esas personas provenían de aquellos países! Por supuesto… indocumentados. Tráfico de drogas, personas… ¡armas! tenemos en la lista países con conflictos armados y guerrillas. Bonitos negocios tienen estos desgraciados…

-Debo admitir que es astuto… -dijo con una pequeñísima sonrisa en el rostro, mirando el mapa otra vez, mientras Susanna tenía un gesto de indignación.

-Casi olvido que eres un maldito demonio…

-Mil disculpas, señorita… sepa que mientras tengamos nuestro contrato, sólo haré lo que usted me ordene –puso su mano en el pecho- además deje de hacer fechorías como esa hace más de un siglo.

-No sé si quiero enterarme… -evitó la mirada del demonio y volvió a estudiar el mapa, tratando de no pensar la naturaleza de su mayordomo… - por cierto, quería preguntarte algo. Estuve investigando sobre la lanza de Gungnir y pude averiguar varias cosas… hay una runa especial para esa lanza.

-Gar… -su mirada se volvió sombría.

-Exacto ¿ya lo sabías? –no hubo respuesta y con un tono irritado ella dijo- te ordeno que me digas todo lo que sabes sobre esa lanza. Es imprescindible que…

-Es la lanza de Odín, marcada con la runa Gar. La runa en blanco, innombrable y que representa una advertencia para cualquier tipo de creatura. Debió desaparecer hace años, o eso es lo que la leyenda decía.

-Es lo que encontré ayer… pero la descripción de esa marca parecía más una advertencia.

-Las leyendas hablan poco de la lanza, pero cualquier demonio sabe que no todo fue cierto. En realidad no fue destruida, tan sólo fue enviada a otra dimensión; a otro plano, fuera del alcance de los demás -guardó silencio y después miró a Susanna directo a los ojos, con una mirada seria y penetrante que la hizo estremecer, como si estuviera desnudando su alma, sabiendo lo frágil que era- lo alarmante no es la lanza, sino que la hayan podido recuperar. Se requieren una serie de rituales, invocaciones y elíxires para lograrlo.

-¿Los conoces?

-No todos. Es información perdida en el tiempo y,.. –miró cómo la chica sacaba un libro del cajón

-Tal vez sean estos… -Sebastian tomó el libro y comenzó a ojearlo.

-Son algunos de ellos –leyó las páginas en arameo antiguo y sus ojos se tornaron rojo brillante, sus ojos de demonio no podían significar algo bueno- ninguno de estos busca invocar la lanza, sólo la nombra –siguió leyendo y de repente su voz se volvió más grave y profunda- Señorita… ¿leyó alguna de estas páginas?

-No… -ella dijo de modo frío. Sabía que estaba ante algo peligroso.

-Bien… puede ser arriesgado. Lo que está escrito aquí son rituales tan antiguos como el mismo tiempo. Varios de ellos fueron usados en la antigüedad para crear y atraer entes destructivos. Otros son para crear puertas hacia otros lugares, físicos o espirituales. Estoy seguro de que usaron esto para conseguir la lanza. Será mejor tener en un lugar seguro, donde no lo encuentren.

-Sebastian… debes decirme todo lo que sabes. Nada de esto es coincidencia.

El mayordomo guardo silencio y comenzó a explicarle muchas cosas sobre su abuelo, quien en alguna ocasión le había comentado que guardaba algo muy importante en el sótano, pero hasta ese momento creyó que eran otros documentos. Encontrarse con un diario lleno de rituales parecía ser lo último que podía estar en aquel lugar. Ahora era más que evidente el por qué iban tras la familia Serafer: tenían la pieza final para conseguir el enlace. Un acontecimiento que podría traer de vuelta al ángel caído; esta vez de manera definitiva. La explicación de Sebastian fue detallada, sin omitir detalles de la vida de su abuelo.

Las cosas estaban más calmadas en la oficina de la división de Gestión y envío de los shinigamis, sin embargo dos empleados parecía estar más alerta y ocupados que de costumbre. Toda la mañana habían estado revisando cinematic records en busca de algo que les ayudase en su investigación respecto al desbalance de almas que tanto les había afectado en las últimas semanas. Ronald tenía oscuras ojeras asomándose por sus anteojos, la corbata más desajustada que de costumbre y su cabello era un desastre. Su día de descanso se había pospuesto dadas las circunstancias y no parecía tan enérgico como siempre. Por su parte, aunque William se veía cansado, su semblante no era tan malo como el del otro shinigami; tenía una expresión seria y concentrada en su trabajo, era diligente como siempre, pero Ronald podía jurar que había algo diferente en él. Al menos eso era lo que el rubio pensaba mientras miraba a su jefe sirviéndose su cuarta taza de café del día.

-Señor, quizás sea el cansancio, pero juraría que se ve más relajado que de costumbre –dijo por fin el chico al ver lo que creyó tal vez era una pequeñísima chispa de buen humor o algo que lo hacía verse diferente- ¿durmió bien ayer?

-No sé de qué hablas –agregó un poco de azúcar y leche a su café- pero si te interesa saberlo, sí. Dormí bien, aunque sólo por 5 horas.

-¿5 horas? –Ronald se sorprendió- pero si ayer no tuvo más trabajo después de recolectar el alma de la señora Anderson –y de repente se le ocurrió algo- ¿será que… después del trabajo se fue de fiesta? ¿al cine, tal vez? ¿por un trago? -sonrió con un poco de picardía.

-Honestamente, Señor Knox, no debería entrometerse en lo que no le importa. Y si tanto le interesa mi vida personal, sepa que estuve trabajando hasta tarde –técnicamente era cierto, si platicar con Susanna contaba como vigilarla... Después caminó hacia el escritorio y se sentó, retomado los papeles que estaba leyendo.

-No tiene nada de malo salir a divertirse –el muchacho sonrió.

-Me temo que tenemos un concepto muy diferente de lo que es diversión.

-¡Claro, no me queda duda de eso! -dijo aliviado, ganándose una mirada amenazadora por parte de su jefe- eh… lo que quiero decir es que es conveniente despejar la mente de vez en cuando –comenzó a explicar y su tono sonaba serio, pero amigable- sé que de alguna forma esta es nuestra penitencia por… aquello que hicimos –bajó la mirada- pero eso no significa que no podamos pensar en otras cosas. Si tenemos la posibilidad, deberíamos aprovecharlo. A fin de cuentas, el castigo es recolectar almas, no vivir siglos de amargura en soledad –el supervisor se quedó pensativo por un instante- …al menos es como yo lo veo.

-Continuemos con nuestro trabajo –dijo después de una pausa. Las palabra de Ronald lo hicieron reflexionar por unos instantes, pero su actitud responsable no lo dejó reparar en ello por mucho tiempo- de acuerdo a la información que tenemos, Richard Serafer nació el 9 de febrero de 1939 en Londres, Inglaterra. Era hijo de Svante y Roxanne Serafer. Estudió antropología y se casó con Eleanor Serafer en 1963. Juntos tuvieron un hijo dos años después: Uriel, quien huyó de Inglaterra cuando cumplió 18 años –William leía el informe en voz alta- de acuerdo al cinematic record de su esposa, eso fue una grave golpe para ambos y meses después, justo después de viajar por Europa, un mayordomo vestido de negro apareció en la mansión Serafer –hizo una pausa y el cambio en su tono de voz fue radical- ahí fue cuando hizo el contrato con esa rata inmunda. Después de eso, el señor Richard se dedicó a investigar lo que asumo fue el pasado de su familia y alguna forma de evitar que siguieran persiguiéndolos. Parece que no se separaba mucho de su mayordomo. La señora Eleanor no tuvo mucho contacto con él, incluso parecía que no le agradaba para nada esa sabandija, pero los mantenía a salvo de aquellos que buscaban matarlos. Ella sabía lo que era y por desgracia murió sin comprender las razones por las que su esposo se relacionaba con un individuo así y un día tratando de averiguarlo, murió asesinada por órdenes de Demian Janssens-Guillot, quien seguía los pasos de su padre y la tradición familiar de brujería. No hay muchos datos sobre la investigación que hizo Richard Serafer y todo aquello que sabía, se perdió cuando esa bestia consumió su alma.

-¿Quiere decir que cumplió su contrato con Sebastian Michaelis? ¿qué tipo de contrato tenían?

-No lo sé y es casi imposible el saberlo; por obvias razones no tenemos su cinematic record y toda esta información fue recopilada con ayuda de otros departamentos, así como informes que envié a los altos mandos.

-Hay algo que no encaja… -Ronald se rascaba la cabeza a modo de confusión- si hizo un pacto con un demonio ¿por qué no sólo pidió que esas persona dejasen a su familia en paz? Así no hubiera perdido a su hijo ni a su esposa.

-Es lo mismo que he estado pensando. Su hijo, Uriel Serafer murió a los 22 años, casi justo después de que Susanna naciera. El y su esposa hicieron lo posible para esconderla y… ese demonio no la encontró hasta hace algunos meses, ya que su abuelo estaba muerto ¿por qué? No tenía razón para hacerlo.

-¿Tal vez era parte del contrato? –Ronald se rascó la cabeza.

-Hay demasiadas incógnitas, y no nos ayuda mucho el hecho de que esas personas tengan cinematic records corruptos…

-Tiene razón. No podemos saber todos los detalles así y… -Ronald fue interrumpido por la puerta de la oficina de William que se abrió de sopetón- ¡Sutcliff Sempai!

-¡Se irán de viaje! –dijo el pelirrojo recuperando el aliento. Había pasado casi toda la mañana vigilando a Susanna y a Sebastian, y al parecer había corrido para informar a su jefe sobre sus planes.

-¿Qué dices? – el Supervisor parecía no comprender la situación.

-Sebas chan y la chica se van a Suecia. Van a buscar algo, parece que es la otra mitad del diario de Richard Serafer, que contiene rituales de invocación, entre ellos los que pueden llamar a la lanza de Gungnir –los shinigamis que estaban sentados en la oficina se sorprendieron mucho, al grado de tener expresión de angustia- pero no piensan usarlos. Parece que es para impedir que el ángel caído reaparezca

-¿Estás seguro de que no lo van a usar? –la voz del jefe sonó inquisidora.

-Nada de su conversación me indicó que tuvieran intensiones de hacer esos rituales. En realidad, Sebas chan parecía más preocupado por lo que pudiera suceder… ¡que envidia! Quisiera que él me cuidara así…

-Tiene razón, esos rituales son prácticamente mortales para un ser humano... ¿a qué parte de Suecia van? –William volvió tranquilizarse.

-Djürgarden.

-Muy bien –y entonces el shinigami de cabello oscuro volteó a ver al rubio- Ronald, prepara tus maletas. Irás a Suecia para vigilarlos.

-¡¿Qué?! –Grell reclamó de inmediato mientras Ronald lanzaba un gesto de alegría- yo estoy a cargo de la vigilancia de Susanna y Sebas chan… además ¿qué tal si sucede algo ent…?

-Grell Sutcliff… honestamente ¿has olvidado cuál es nuestro trabajo aquí?... debemos analizar la situación y presentar un informa al respecto. No debemos intervenir por ninguna razón. No sin la autorización de los altos manos ¿entendido? -Grell continuó quejándose- Ronald, ve en cuanto antes a Djurgarden. Ahí te brindará apoyo la rama de Suecia.

-¡Ala orden! –dijo el muchacho con entusiasmo y se levantó de la silla, dispuesto a ir por sus maletas.

-Y una cosa más… -dijo William con una voz seria y grave, mirando al otro shinigami con mucha atención- quiero un reporte detallado al final de cada día. Cualquier cosa sospechosa deberás hacérmela saber.

-¡Entendido! –el joven shinigami hizo un saludo como si fuera militar y salió corriendo de la oficina de su jefe, muy entusiasmado por el viaje, pero ignorando cuán peligroso sería.

Notas de la autora.

¡Hola!

Nuevamente, gracias por leer este capítulo y continuar siguiendo la historia. Espero les hay gustado y … para los que no sabían lo de lo shinigamis… lo sé, yo me traumé cuando lo vi en el manga. Además pobre Will, quién sabe qué le habrá pasado en su vida humana.

Cualquier duda, comentario, crítica o sugerencia, es bienvenida no duden en mándame mensaje o dejar un comentario.

Nos leemos en dos semanas… y por cierto, les comento que octubre me encanta, en especial este año porque el fin de semana pasado fui al concierto de Vamps (sigo sin palabras) y el 14 iré a ver a Nightwish!... jejeje lo siento, es que estoy muy emocionada y le ando diciendo a todo el mundo.

Teddy Bear Moony: ¡que bueno que te guste la historia! Sí, me encargué de que tuviese mucho misterio y cosas ocultas… de hecho en los próximos capítulos habrá algo muy emocionante y que será fundamental para entender lo del enlace. También me encanta la actitud de Sebastian, poco a poco va a mostrar sus verdaderas intenciones que… quizás no sean tan malas xD. Gracias por seguir la historia y dejar un comentario, me emociona mucho recibir esos mensajes.

¡Saludos!