3.

Color que se desvaneció en cuestión de un minuto.

—¡Que lastima! —exclamó Shinobu—. Quería verte más sonrojado —expresó—. ¿Debo hacerte algo para que vuelvas a tener ese color? —bromeó mientras se acercaba hacia él.

—¿Sabes lo que paso anoche? —cuestionó mirándola fijamente a sus ojos. Lucia serio como siempre.

Shinobu dejó de avanzar y lo miro detenidamente.

—Creo que deberías ser muy ingenuo. Si no sabes lo que ocurrió anoche.

Estaban desnudos. En la misma cama. Bebidos.

Giyuu volvió a sonrojarse y la pilar de insecto le gusto ponerlo en ese estado. Hasta que un razonamiento de parte del pilar del agua, le hizo detener el corazón a la mujer.

—No me odias.

De pronto de los labios de Tomioka, dejaron salir esas cuatro palabras. En una seguridad que paralizaron a Shinobu, ademas de sorpresa por que seguía pendiente de aquello que le dijo.

—¿Que dices? Todo el mundo te odia —refutó, en un intento que no detecte que en su presencia, ella siempre tenia mariposas en su estomago.

—Esta noche me demostraste que no.

—¿Umm? ¿Como es eso? ¿Por acostarme contigo te basas en que no te odio?

—Tú no me odias —espetó sin vacilación—. Me lo dijiste.

Shinobu abrió grande los ojos. Cuando las pronuncio no tenía duda, fue algo fugaz, pero podía sentir los labios de Kochou pegados en su oreja y susurrarle—: "No te odio" incontables de veces.

Recordaba al menos, un pedazo.

—No me odias —repitió mirándola a los ojos y Shinobu sintió que su mirada atravesaba más a su alma y ante sus ojos se encontraba más desnuda de lo que ya podía estar. Se abrazó a sí misma.

Ella desvió la mirada.

—Todo el mundo te od...

—Si hay un mundo en el que me odian —dijo—. Tú no estás en él.

Ella tuvo que mirarlo de frente, cuando un recuerdo apareció en su mente.

—¿De verdad te lo creíste? —cuestionó incrédula—. Nadie podría odiarte—espetó limpiando las lágrimas que derramaba el pilar de agua con su pañuelo.

Sin decir palabra alguna. Shinobu dandole la espalda, empezó a vestirse, sintiendo una electricidad viajar desde las puntas de sus dedos hasta la raíz de sus cabellos.

—Ya es tarde —espetó—. Sera mejor que te vayas de mi habitación —declaró sin dejar de vestirse—. Es suficiente abuso.

—Esta es mi habitación —declaró tranquilo como el agua.

Ella lo miro incrédula y luego sus ojos recorrieron la habitación, su cabeza no estaba en las más óptimas condiciones. Con mucha más razón, se vistió más velozmente.

—Al parecer yo fui el abusado —habló y la mujer al oír tal declaración, lo miró estupefacta.

Ahora, Shinobu Kochou fue quien tenía la cara completamente roja.