4.
Sin esperar que el tiempo la vuelva a su color de piel natural. Se fue rápidamente allí, sin despedirse, sin mirar atrás.
Quería alejarse, quería dejar de sentir como su corazón chocaba ruidosamente contra su pecho. Quería recordar que le había incitado a terminar acostada con Giyuu Tomioka. ¿Ella empezó? o ¿Fue él? No era que no lo había deseado, pero había deseado con más fervor ocultar los sentimientos que mantenía por el pilar del agua.
Sentimientos que se abrieron como el capullo de una oruga para convertirse en una mariposa. Consecuencia por el alcohol bebido que aumentaron sus sentimientos hasta hacerlos incontrolables. Esa noche fue una mariposa que se había acercado demasiado al agua. Las olas de Tomioka la empujaron demasiado, ella no pudo volar y se encontró atrapada en su marea.
—¿Por qué estás tan solo? —preguntó, sentándose enfrente de él—. Beber solo, te hace más antisocial—dijo y dio un sorbo a su bebida—.¿Sabías que estas sumando más puntos de odio hacia tu persona? —habló, estando un poco borracha—. ¿Por qué no te nos unes? —cuestionó—. Lo peor que te puede hacer es que te odien mucho más de lo que ya hacen, ¡No tienes nada que perder!
—Déjame en paz —espetó bruscamente.
Eso descoloco a la pilar de insecto, pero no tanto como cuando al dar dos pasos tambaleantes el pilar del agua, cayó inconsciente al suelo.
—Patético —pensó Shinobu, mirándolo desde arriba.
Entre los pilares, nadie se había percatado de la condición de Giyuu, en fin estaban mucho peor que él. Shinobu que en un principio decidió dejarlo ahí, inconsciente en el suelo. (¿Su alma bondadosa?) hizo que decidiera arrastrarlo hasta la salida. El viento no tardo en chocar en su cara y despabilarla un poco. A pesar de que el alcohol tenía un adormecedor en ella.
—Sí, que eres patético, Tomioka_san—espetó con su dorso apoyado sobre su barbilla viéndolo desde arriba—. ¿Tomaste un vaso y estas en este estado tan lamentable? —negó con la cabeza—. No tienes remedio —dijo pegándole suavemente con el pie para que despierte.
Él realizo un quejido.
—Vamos levántate, Tomioka_san —dijo—. Sí, no lo haces... te dejare aquí—E hizo pasos hacia delante. Unos pasos no demasiados derechos—. En fin tú dijiste que te dejara en paz, nada amable por cierto.
Ella sintió su mano en su tobillo, giro el cuello. Él, levantó la cara del suelo.
—Por favor, no me dejes…
Los ojos de Shinobu se abrieron, pasmada por lo oído. Parpadeó varias veces pensando que no era real.
—¿Acabaste de decir lo que creo dijiste? —cuestionó—. ¡Eso fue lindo! ¡Deberías beber más seguido Tomioka_san!—alentó viendo al joven que luchaba por ponerse en pie, en una tierra que para él se tambaleaba.
Luego de unos minutos de lucha interna, lo consiguió. Shinobu aplaudió. Casi enseguida, Giyuu fue a vomitar en un arbusto.
—Bueno, no tan seguido –La cara de la mujer, expresaba asco.
