Capítulo 19. La reunión.
Al siguiente día, Sebastian estaba en su habitación esperando a que dieran las cinco de la tarde, hora en la que esos shinigamis llegarían. Las palabras de Susanna retumbaban en su cabeza "cooperaremos con ellos y ellos lo harán con nosotros. Tienen información que nos puede ser útil, y a cambio sólo debemos revelarles un par de cosas. A estas alturas, necesitamos toda la ayuda posible. No podremos enfrentarnos solos a ese ángel, si es que debemos hacerlo… podría ser fatal y no sólo para mí. No quisiera que te pase algo"
No era como que aborreciera la idea de trabajar junto a un shinigami; lo había hecho en el pasado. El problema estaba en que eso lo hacía consciente de que el asunto del enlace podía llegar a rebasarlo y tanto su orgullo como su ego se veían afectados, eso sin mencionar que la presencia de William significaba un obstáculo más en sus planes para Susanna.
Al menos ella se preocupaba por él, y no de manera utilitaria, es decir sólo porque fuese su mayordomo. Pero faltaba algo… ese último paso que debía dar, y su tarea sería propiciar las condiciones adecuadas para que ella lo diera. Ella debía ir a él por su propia voluntad, entregarle su alma de manera libre, no sólo condicionada por el contrato. Recordó aquella noche en el hotel de Suecia. El contacto con su piel bajo sus manos, apretando sus piernas y acariciándola como tantas veces había imaginado hacerlo. Regresaron a su mente las imágenes que en aquel momento se imaginó, donde no sólo se detenía con un masaje en las piernas, sino que sus manos traviesas subían un poco más, tocándola de manera seductora hasta que ella le pedía más; sus manos bajo su ropa, tocándola por primera vez, saboreándola y sus gemidos eran cada vez más frecuentes y después… después sacudió su cabeza para interrumpir el pensamiento. No era apropiado en esos momentos
Casi eran las cinco y todo debía estar listo para la llegada de esos sujetos, así que se levantó de su cama y caminó hacia la puerta, dando un vistazo al cuadro colgado en la pared. Era el que Susanna le había regalado esa vez en la oficina de su abuelo.
Un cuadro pintado de manera exquisita, y que siempre le había llamado la atención: el viejo barrio de Greenwich en una mañana clara, con la luna y Venus asomándose por el cielo. Ocho niños jugando con una espada de juguete mientras unos querubines los observan, pero desde las sombras, una criatura obscura los miraba. Sin duda un cuadro poco usual, de principios de siglo, pero pintado al óleo con gran detalle. Lo que llamaba la atención era la mirada de los querubines, quienes lejos de parecer bondadosos, parecían ver a los niños con recelo.
Sebastian miró su reloj y se apresuró hacia la cocina, dando las ultimas indicaciones a Abby para que tuviera todo listo al recibir a los invitados. Después caminó hacia la puerta del estudio, donde Susanna estaba esperando a que llegaran las "distinguidas visitas"
Eran las 4:45 de la tarde cuando Ronald corría en la dimensión de los shinigamis. Las palabras de su jefe el día anterior habían sido claras y severas, debía estar en su oficina exactamente al diez para las cinco para ir a hablar con Susanna Serafer. No quería enfrentar su ira, pero llegar a tiempo sería una gran hazaña, considerando el problema que tuvo con unos demonios de bajo rango que querían alimentarse de un alma que intentaba recolectar. No creyó que le tomara tanto tiempo, así que iba un par de minutos retrasado. Tal vez su última oportunidad sería brincar hacia un de las ventanas del octavo piso, donde la oficina de William estaba… pero eso no era lo más apropiado.
Continuó corriendo y saltando entre los arbustos afuera de la oficina hasta que llegó a la puerta principal y en ese mismo edificio, varios pisos más arriba, un shinigami de cabello oscuro se apresuraba a ordenar un par de folders sobre su escritorio. Después se pudo se pie, se acomodó el cuello de la camisa y ajustó su corbata. Su imagen era ahora más impecable, si es que eso era posible.
Tomó los folders y abrió la puerta de su oficina, esperando a que los otro dos sujetos llegaran. Miró el reloj en su muñeca. 4:48. No debían tardar. Cualquier shinigami que se hiciera respetar, era de lo más puntual, en especial si se trataba de cualquier rama de Inglaterra.
-¿Estás listo para nuestra cita, Will? Esperaba con ansias que diera la hora para salir contigo –Grell se acercó con esa actitud tan propia de él y una enorme sonrisa en el rostro.
-Estos son asuntos laborales, Grell Sutcliff. Espero que te comportes de acuerdo a ello –ajustó sus gafas mientras lo invitaba a pasar a su oficina- y eso incluye a ese… adefesio mal hecho –dijo con tono de asco.
-¡Sebas-chan! Una vez más, trabajaremos juntos… -se le iluminaron los ojos.
-¿Qué quieres decir con una vez más?... ¿has estado violando el protocolo? –William lo miró con severidad.
-¡No! No, quiero decir que… ¡Ronald! Qué bueno que llegas –dijo aliviado de ver llegar al otro shinigami.
-4:50 en punto –dijo recuperando el aire después de correr por todo el despacho.
-4:50 con 30 segundos… -el jefe miró su reloj- en marcha… - cerró la puerta de su oficina y enseguida los tres desaparecieron, llegando a la campiña de Londres, a unos cuantos metros de la residencia de los Serafer. William miraba con insistencia su reloj y se apresuraba a llegar a la entrada. Aún tenían tiempo de sobra.
-Will, querido ¿no te parece ilógico llegar por la puerta principal? Los tres hemos estado dentro de la casa con anterioridad. No creo que haya problema si tan sólo aparecemos en la sala –Grell caminaba con los brazos sobre su cabeza, con actitud despreocupada- además, no es como si no hubiéramos aparecido dentro de la casa para vigilarlos con anterioridad.
-Te recuerdo la seriedad de este asunto y como buenos negociadores, es natural que cumplamos con todas las formalidades requeridas –William caminó con paso firme hacia la reja de metal, tocando el timbre.
-En ese caso, hubiéramos traído un automóvil. Eso nos haría ver más imponentes –el muchacho caminaba con los brazos en los bolsillos.
-¡Un ferrari color rojo! –exclamo Grell- siempre he querido manejar no de esos.
-¿Es mucho pedirles un poco de seriedad?... –se quejó William mientras las puertas se abrían y caminaban en dirección a la casa.
-Alguien está más irritable que de costumbre… o ¿nervioso? –Ronald trató de bromear.
-Ahórrese sus comentarios, Señor Knox –William le lanzó una mirada de reproche.
Eran las cinco en punto y los shinigamis estaban justo afuera de la puerta de la casa, misma que Sebastian abrió con su mejor sonrisa fingida.
-Buenas tardes y bienvenidos la residencia Serafer. Milady Susanna los espera en… -no terminó de decir, cuando escuchó otra voz detrás de él
-No es necesaria tanta formalidad, Sebastian… -la chica se asomó y saludó a los invitados- buenas tardes. Pasen, por favor.
Los tres individuos entraron y Susanna los guio hacia el estudio del segundo piso, donde tenía todos los papeles y documentos listos. Mientras recorrían el lugar, Ronald observaba los cuadros colgados en las paredes, muy impresionado por el buen gusto de la decoración. No todos los días entraban a una casa así. Incluso William parecía estar disfrutando del lugar, a su manera.
-Adelante, tomen asiento –Susanna les indicó desde la puerta del estudio.
-Muchas gracias –dijo William y los tres shinigamis se sentaron en el sillón más grande del lugar, mientras ella se sentaba en uno adyacente, quedando casi junto al Supervisor.
Por su parte, Sebastian permaneció de pie, con sus mejores modales, pero mirando a los shinigamis con un poco de recelo. El plan no le había gustado para nada, pero no tenía otra opción, así que tuvo que continuar con el numerito.
-Por lo que tengo entendido, ustedes están dispuestos a compartir información con nosotros. Un intercambio, digámoslo así, para enfrentar mejor la situación que… -Susanna hizo una pausa- inevitablemente sucederá.
-Así es, Susanna. Como te comenté ayer… –William miró a Sebastian por un instante, poniendo a prueba su paciencia- …tenemos información de locaciones e incluso recuerdos que les podrían ser de utilidad. Ustedes ya saben lo del enlace y el ángel caído, pero me temo que eso no es todo. Todo ello tiene muchas implicaciones que podrían afectarnos a todos.
-Cuando estuvimos en Suecia pudimos ver el alcance de esos sujetos-Susanna recordó el diario y todo lo que pasó en la cueva- hasta ahora tenemos en claro que Ivan Reznik, Kraig Schneider, Ricardo Soler, Aidan Crawford y otro sujeto de apellido Janssens-Guillot están involucrados en el enlace. Como ya saben, yo misma me encargue de matar a Reznik y a Schneider, pero… -de repente fue interrumpida por Abby, quien tocó la puerta. Sebastian se acercó para abrirla y ayudarla con lo que traía en las manos- ¿quieren una taza de té? También tenemos pastelillos y galletas –sonrió amigablemente, cambiando el tono de la plática y haciendo el ambiente menos tenso.
-¡Excelente! –exclamó Ronald con una gran sonrisa, mientras William miraba a Susanna con una singular expresión.
-No te preocupes, todo fue preparado por Abby…- ella le susurró al oído, entendiendo el por qué la miraba así.
-Oh… bien, un poco de té no le hará daño a nadie -él se relajó mientras tomaba la taza que Abby le ofreció.
-El nombre del té es Garden Harvest, hecho con las más finas hierbas frescas, especias, flores y tés blancos.
-Oh, Sebas-chan, eres todo un conocedor –esperaron a que Abby saliera del estudio para continuar hablando.
-El nombre completo es Demian Janssens-Guillot –dijo William después de tomar un sorbo de té- descendiente de dos de los que comenzaron con todo esto del enlace. Arjen Janssens se casó con Elsa Guillot y tuvieron un hijo: Demian.
-Bien, eso explica algunas cosas… -dijo Sebastian- esa unión nos ahorró un asesinato más- sonrió con malevolencia.
-Y al mismo tiempo hizo otro aún más difícil –el tono de Grell era serio mientras enfocaba su mirada en el demonio- supongo que están al tanto de los poderes hereditarios ¿no es así? –hizo una pausa- al juntarse las dos familias, también lo hicieron sus poderes, haciendo a ese heredero más… letal, en este caso.
-Ok, dejemos todo en claro… -el tono serio de Susanna ocasionó que todos la miraran con atención mientras se levantaba de su asiento, dejando su taza de té sobre la mesita frente a ella.
Con lentitud, empezó a caminar por el estudio, sus manos haciendo ademanes mientras explicaba todo lo que sabía sobre el enlace y su familia. Los shinigamis estaban muy atentos a la información que les estaba dando y Ronald tomaba notas mientras comía de las galletas sobre la mesa. La mirada de William seguía cada movimiento de Susanna, fascinado por la fluidez con la que gesticulaba y la facilidad con la que explicaba todo; era obvio que había investigado mucho del tema y sabía de lo que hablaba. Era una vista placentera para él.
La explicación de la chica dejó en claro que originalmente eran siete los individuos que trajeron al ángel caído como parte del ritual para hacer el enlace. Siete familias, que ahora son seis; cinco, sin contar a los Serafer. Cada uno posee un don que le otorgó aquel ser, mismos que debían usar para traerlo de vuelta, esta vez de manera definitiva, ya que sólo él puede completar el ritual. Hasta ahora se habían topado con un telépata, alguien capaz de invocar demonios y objetos de otras dimensiones y en Suecia a un sujeto capaz de proyectar su figura en otros lugares.
En cuanto a la familia Serafer, de acuerdo al diario de su abuelo, tenían el don de la clarividencia y de ver a creaturas de otros planos diferentes al físico. Por eso Susanna podía ver y sentir a los shinigamis con facilidad. También tenían aquellas frases en latín, una conexión con las runas oscuras y los dos diarios con los rituales necesarios para traer al ángel caído, y mientras los tuvieran en sus manos, podrían impedir el regreso del ángel. Sin embargo, hasta el momento nada indicaba que estuviesen buscando esos documentos.
Por otro lado, el enlace era un ritual muy antiguo; de tiempos inmemoriales, envuelto en conocimientos prohibidos e ideado por una secta de hechiceros y nefilims, quienes pensaron que era una solución ante el conflicto que tuvieron con Dios, pero misteriosamente ellos abandonaron su ejecución y escondieron los registros del ritual, salvaguardándolos por miles de años. Y así permanecieron, escondidos hasta que uno de los antepasados de Susanna, junto con sus socios los encontraron y se obsesionaron con llevarlo a cabo, afirmando así que los seres humanos han prescindido de Dios, quien ahora es tan solo un espectador y no hará nada por evitarlo, ya sea sólo por orgullo propio o porque ni el mismo desobedecería sus reglas.
De ser así, aquellos quienes realizaron el ritual habrán derrotado por fin al "todopoderoso", probando que los humanos son superiores a las demás creaturas y ayudando a los ángeles caídos a vengarse de Él.
Todos se quedaron pensativos después de la explicación de la chica. La información era difícil de asimilar, y desde luego que era preocupante. El hecho de que todas las creaturas, físicas, espirituales o habitantes de otros planos estuviesen juntas, sólo podría significar destrucción y caos para todos; un inminente conflicto por la supremacía y el fin de los tiempos.
Parecía que el escenario era un poco más claro para los shinigamis, pero ninguno de los tres pudo ocultar su rostro de preocupación y el primero en romper el silencio fue Ronald.
-Si eso sujetos lograron traer al ángel ¿por qué no hicieron el enlace en aquel momento? Y… -su expresión era más seria que de costumbre, incluso su tono de voz había cambiado- si es un reto en contra de Dios –miró a Sebastian de manera acusadora y severa- ¿por qué estás de nuestro lado? ¿Que no se supone que los demonios son creaturas malévolas que lo antagonizan? Creo que saldrías ganando si este enlace se llevara a cabo.
Hubo silencio en el estudio y el ambiente se llenó de tensión. Susanna ya había pensado en ello, y por supuesto que una situación así habría sido razón suficiente para que Sebastian mandara a volar el contrato y ayudara a formar el enlace. Sin embargo no lo había hecho, pero sus razones no estaban claras. Ella lo miró con detenimiento por un instante y luego volteó a ver a los shinigamis, quienes parecían estar a punto de saltar y acribillarlo con sus death scythes.
Eso era un verdadero polvorín. Un movimiento en falso podría desatar la ira de cualquiera de los presentes, y Susanna se encontraba en notable desventaja. Sintió su corazón acelerándose dentro de su pecho conforme el silencio se prolongaba, pero antes de que las dudas comenzaran invadirla, un suspiro de Sebastian la distrajo y éste por fin comenzó a hablar.
-Ustedes los shinigamis presumen de saber todo acerca de los demonios, cuando sólo saben apenas un poco más que los demás seres –una sonrisa de soberbia apareció en su rostro y se relajó mientras William apretaba la mandíbula en señal de enojo- es verdad, somos creaturas egoístas, inclinadas al mal por naturaleza; nos alimentamos de almas humanas y disfrutamos de las cosas… digamos, moralmente incorrectas. Esa es nuestra naturaleza y nos gusta hacer lo que hacemos. El enlace limitaría nuestro campo de acción.
Sebastian guardó silencio por unos momentos y la tensión disminuyó. Todos parecían un poco más relajados, a excepción de William, quien analizaba cada palabra dicha por el demonio, juzgando y discerniendo sobre si era verdad o no.
-Incluso nosotros podemos ver lo que está en riesgo si este enlace sucede. Preferimos tener el control de las cosas, y esto nos dejaría en una situación desconocida. Por otro lado, nuestra rivalidad con dios va más allá del bien y el mal, que son, a fin de cuentas, dos puntos de vista diferentes. El paradigma de que él es sólo bondad está sobrevalorado. ¿Alguna vez se han puesto a pensar que es posible que no lo sea? El concepto de bondad de un demonio, dista mucho de lo que los humanos piensan… de lo que ustedes piensan –Sebastian miró a los tres shinigamis y hubo otro silencio- el que se lleve a cabo el enlace va en contra de mis intereses y de los demás demonios, así que haré lo necesario para impedirlo –rio con un poco de ironía mientras cruzaba los brazos- a pesar de ser un agente de caos, no estoy dispuesto a tolerar que alguien más sea el que logró darle una bofetada a dios. Prefiero hacerlo yo mismo y por otras razones –sus ojos de demonio se clavaron en los de William; tal vez sólo el sería capaz de comprender a lo que se refería.
Al menos estaba claro: las intenciones de Sebastian eran impedir el enlace a como diera lugar. Más allá de las motivaciones, lo que importaba era que estuviera de su lado. Todos permanecieron pensativos una vez más, sin saber con exactitud qué decir y de repente la voz de William interrumpió sus reflexiones.
-Creo que estás diciendo la verdad –tanto Ronald como Grell lo voltearon a ver con incredulidad. Sí, ellos también creían en las palabras del demonio, pero el hecho de que el mismo Supervisor de los shinigamis lo aceptara en voz alta era un hecho sin precedentes- si hubieses estado a favor del enlace –continuó diciendo- lo habrías hecho ya… Hasta donde tengo entendido, tienes acceso a los rituales completos y con tus poderes de demonio sería fácil lograrlo ¿no es así? Los dones otorgados por el ángel caído sería innecesarios para una creatura como tú –explicó el shinigami, quien parecía más tranquilo, pero su gesto permaneció inexpresivo, demasiado prudente.
-Veo que has hecho bien tus investigaciones, William -unas especie de sonrisa se asomó por la comisura de los labios de Sebastian- eso es verdad. Si hubiera querido hacer el enlace, yo mismo lo habría podido hacer –le dijo a Susanna, mientras ponía su mano derecha sobre su pecho con actitud solemne- le reitero que nuestro contrato es lo más importante para mí en estos momentos y sucede que va de acuerdo a mis intereses personales –lanzó la mirada más seductora que pudo, dejando a la chica sin palabras.
-En cuanto al enlace que no hicieron en aquel momento esos sujetos –interrumpió William y miró a Ronald, quien fue el que hizo la pregunta- estoy seguro de que algo les faltó…
-Un humano normal, que de repente adquiere ese tipo de poder, es incapaz de usarlo de la noche a la mañana. En especial si no nació con él- dijo Grell con la mirada ausente, como si recordara algo.
-¿Cómo…? –Ronald estuvo a punto de preguntar, sorprendido ante el comentario del pelirrojo.
-Los cinematic records de esos sujetos, esas tres o cuatro generaciones; todos ellos han sido modificados antes de morir –Grell mostraba su lado serio.
-¿Qué dices? –la chica estaba muy sorprendida, al igual que el mayordomo, sólo que él no lo demostró tanto- ¿eso es posible?
-Sospechamos que el ángel caído tuvo algo que ver en ello –William se recargó en el respaldo del sillón- lo mismo sucede con tu familia, Susanna. Los cinematic records que hemos archivado están modificados. Por eso no tenemos forma de saber qué es lo que les hace falta para completar el ritual y dudo mucho que sea sólo ese diario que tienen ustedes –de repente volteó a ver al pelirrojo- ¿cómo obtuviste esa información, Grell?
-Hace muchos años… incluso décadas… recolecté el alma de una persona que no tiene nada que ver con esto, pero era un aficionado a lo oculto, un estudioso de las habilidades psíquicas y pudo desarrollar la telequinesis, pero no logró perfeccionarla en sus años de vida. En cambio, su hijo lo hizo al heredar el don. Eso es lo que les impidió hacer el enlace en ese entonces.
-¿Y crees que ahora puedan hacerlo? –Ronald parecía confundido.
-Si ya son capaces de invocar demonios tipo D, la lanza de Odín y proyectarse a distancia, no sé qué otras mejoras podría hacer –el shinigami de cabello oscuro ajustó sus lentes y suspiró- eso, entre otras cosas más, me lleva a pensar que está punto de suceder. En todo el tiempo que he hecho este trabajo, jamás había visto algo así. Cinematic records que omiten información como arte de magia y tantas almas desaparecidas. El 6 de junio desaparecieron 200 almas que debían ser recolectadas.
-6 de junio… ¿no fue el día en que maté a Schneider? –la chica preguntó- el día en que aparecieron esos demonios.
-¿No querrás decir que…? –Sebastian parecía incrédulo mientras miraba al Supervisor, quien sólo asintió con la cabeza- ese tipo de invocaciones no se hacen desde hace miles de años. Casi no recuerdo la última vez que…
-¿De qué rayos hablan? –Susanna se desesperó, aunque más bien fue la angustia la que la llevó a gritar.
-Las 200 almas fueron sacrificios humanos. Murieron para que Kraig Schneider pudiese traer a esos dos demonios…
La postura de William era rígida mientras explicaba la situación. Se trataba de un asunto muy serio y el hecho de compartir información exclusiva del despacho de shinigamis no hacía las cosas más fáciles. Siempre había guardado con recelo los asuntos relacionados con su trabajo y tener que revelar datos confidenciales a un demonio no lo tenía de muy buen humor, sin embargo sabía que era necesario. Tanto Sebastian como Susanna tenían la información que a ellos les hacía falta, además de los medios para detener al ángel.
Después de una pausa comenzó a explicar que las almas desaparecidas no eran sólo en Londres. De acuerdo a sus investigaciones, lo mismo había sucedido en las oficinas de otros países; específicamente en China, Rusia, México, Marruecos, El Congo, Nigeria, Afganistán, Argelia, y Sudán. Los cuales, como ya habían averiguado Susanna y Sebastian, eran un excelente mercado para el tráfico de armas y no sólo eso. Los negocios de Schneider, Soler, Crawford y Janssens-Guillot no se limitaban a lo asuntos bélicos; la trata de personas era una de sus principales actividades, y por desgracia esas personas eran utilizadas como sacrificios.
Otra cosa que tenían en común, es que en el último año todos esos países habían sufrido desastres naturales que devastaban ciudades pequeñas. Eso no podía ser coincidencia, debido al ambiente de caos y desorden, bien aprovechado por ellos para secuestrar personas y promover conflictos armados.
-Vaya, esos tipos tienen todo planeado –dijo Ronald cabizbajo
-Los altos mandos nos han asignado para resolver esta situación, a como dé lugar -la expresión de William se tornó sombría
-Por eso se ven obligados a cooperar con nosotros… con un demonio –Sebastian estaba disfrutando como nunca de la situación. Le causaba una enorme satisfacción el saber que los shinigamis se hubiesen visto orillados a acudir a Susanna; a él, en pocas palabras.
-Así es. Sabemos que ustedes tienen la información de cómo harán el enlace y sospecho que de alguna forma, puedes impedirlo –miró a Susanna, quien seguía sentada en el sillón, muy callada y asimilando todo.
-¡Es verdad! –Ronald se movió hasta el borde del sillón, como si estuviera punto de ponerse de pie- aquel día en la cueva encontraste el diario con las invocaciones, pero había algo más… que no pude escuchar por completo. Tal vez eso sea la clave.
-Lo es –dijo la chica de manera fría, poniéndose de pie y caminando hacia su escritorio, donde guardaba el diario de su abuelo. Lo tomó y titubeó un poco antes de abrirlo en la página que había marcado con un separador, y comenzó a leer.
"20 de abril de 1987
Durante este viaje he logrado reunir más información sobre el enlace. Los pocos conocimientos que me heredó mi padre no fueron suficientes para comprender el alcance del ritual. Ahora sé que sólo un poder casi divino será capaz de completarlo. Para eso necesitan al ángel caído. Una vez que él esté presente, sólo una mujer podrá completar el ritual, o detenerlo. Ella debe ser descendiente de uno de nosotros. Es menester que tenga nuestra sangre, ya que es un vínculo primordial y además ésta debe reunir ciertas características; no cualquier sangre es adecuada y todo se complica más porque como consecuencia de haber recibido esos dones nos es difícil engendrar hijas. Los dones sólo fortalecen si son heredados a un varón. Hasta ahora el único que ha conseguido tener una hija fue Guillot. Gracias al cielo que ella no fue lo suficiente fuerte para soportar el ritual.
Hay días en los que ruego a dios para que mi hijo Uriel no engendre hijas; otros días deseo que sí lo haga, porque si esa heredera llega a ser parte de otra de las familias, sólo bastaría con cazar al último de los Serafer para que el ritual sea posible. Es un ritual muy complicado y que implica muchísimas circunstancias y poderes que no escribiré para evitar difundir ese conocimiento, pero para mi descendiente; aquel que está leyendo este diario, debe saber que esa mujer puede morir en el proceso. El derramamiento de sangre femenina y la fuerza creadora son lo que completarán todo."
Un silencio sepulcral inundó el estudio. Ninguno supo qué decir y tampoco se atrevieron a ver a la chica, a excepción de Sebastian, quien ya había escuchado el contenido del diario cuando estuvieron en Suecia y observaba la expresión en el rostro de Susanna. Por su parte, Grell y Ronald se miraron con cierto temor en los ojos mientras William parecía estar intranquilo, con cientos de ideas y pensamientos revoloteando por su mente.
-Bueno, al menos sabemos que si mi sangre es la adecuada, no querrán matarme… -intentó bromear para relajar las cosas.
-Vamos, querida. No digas eso –Grell se puso de pie y camino hacia ella- yo creo que tenemos un ventaja frente a ellos. Mientras estés de nuestro lado, tenemos la última pieza y de alguna forma, el control ¿no es así? –miró a los demás y le sonrió a Susanna- además no tienen forma de comprobar si tu sangre es adecuada. Eso también nos beneficia.
-Es verdad y como siempre, yo me encargaré de la seguridad de la señorita –aseguró Sebastian con solemnidad- pero será mejor apresurarnos a dar con Ricardo Soler. Parece que es el siguiente en la lista y es quien se nos apareció en Suecia.
-Así es, Sebas-chan. Tu siempre tan asertivo –el pelirrojo corrió a abrazar al mayordomo, quien de manera muy casual lo esquivó al hacerse a un lado y ocasionando que Gell chocara con uno de los libreros.
-¡Sempai! –el muchacho rubio atino a decir cuando vi que tres tomos de una enciclopedia le cayeron en la cabeza al shinigami.
-Grell Sutcliff… creí haberte dicho que te comportaras –William sonó irritado y después de una pausa continuó diciendo- ahora que tenemos en claro la situación, nosotros les ofrecemos ayuda para dar con esos sujetos. Podemos compartir información relacionada con ellos y, por supuesto, no interferiremos en su… "eliminación", siempre y cuando podamos recolectar sus almas –miró a Susanna de manera persuasiva, haciendo obvio que se refería a Sebastian con ese último comentario- además podríamos ofrecerte protección.
-Conmigo su lado, basta y sobra para cuidar de ella –de inmediato argumentó el mayordomo, mirando a William con actitud amenazadora, misma que fue contestada con una mirada igual.
-Me parece bien –ella se apresuró a romper con la tensión y le sonrió a los shinigamis- podríamos usar más ayuda… pero ¿qué esperan ustedes a cambio?
-Únicamente que nos mantengan informados y que… detengas el enlace a como dé lugar.
Ahora que estaban de acuerdo en cooperar, cualquier plan o acción que cualquiera de las dos partes hiciera, tendría que ser antes discutida por los demás; en otras palabras, todos debían estar al tanto de sus actividades.
Continuaron discutiendo y analizando la situación por una hora más, y después los shinigamis se marcharon. Tanto Susanna como Sebastian los acompañaron a la puerta de entrada, donde Ronald se distrajo con el Rolls Royce Phantom que Thomas estaba lavando y aprovechando el momento de distracción de los dos shinigamis y Sebastian, William tomó a Susanna por el brazo y le hizo un gesto para que lo siguiera.
Ambos caminaron unos cuantos metros de donde los demás estaban. La actitud del shinigami era solemne y sigilosa al mismo tiempo.
-Susanna, quiero que tengas esto –volteó a ver si alguno de los demás los veían, después tomó un pequeño objeto de su saco y después tomó la mano de la chica y lo puso sobre su palma.
-¿Es un silbato? –ella parecía estar confundida; ¿por qué razón William le daría algo así? Y además con tanto sigilo y ceremonia.
-La dimensión de los shinigamis no está directamente comunicada con la de los humanos y sólo hay unos pocos métodos para estar en contacto –comenzó a explicar mientras ella veía el delgado silbato plateado que se sentía muy frío al contacto con su piel- si necesitas hablar conmigo o con cualquiera de nosotros, sólo úsalo y un mensajero llegará.
-¿Mensajero? –los métodos de los shinigamis nunca dejaban de sorprenderla, pero en ese momento estaba más interesada en la dulce mirada que William le mostraba.
-Así es. Debes escribir una nota y dársela. Él se encargará del resto –no sonrió, pero su expresión facial seguía relajada.
-¿Y puede ser en cualquier momento? –sonrió para sí, como si se estuviera imaginando algo.
-Puedes usarlo a la hora que sea –hizo una pausa y se acercó un poco más a ella para susurrar, aunque todavía se mantenía a una distancia prudente- en especial si ese animal rastrero hace de las suyas –por un momento, Susanna pudo jurar que William sonreía mientras decía eso último.
-Entendido –rio un poco y antes de poder decir algo más, la voz de Ronald llamando a su jefe se escuchó.
-Por ahora debemos marcharnos. Muchas gracias por tu hospitalidad –él asintió con la cabeza, caminó hacia donde estaban los demás shinigamis y se dirigieron a la puerta principal, donde seguramente desaparecieron después de un zumbido que se escuchó en la distancia.
Mientras tanto, y sin que ella lo notara, Sebastian apareció detrás de Susanna. Al notarlo, dio un pequeño respingo; no esperaba encontrárselo tan cerca.
-¿Todo bien, señorita?
-No me asustes así. Creí que seguías con Thomas… -se quejó- y sí, todo en orden ¿por qué?
-Creí que tal vez el Sr. Spears la importunaba de alguna manera y es mi deber protegerla de cualquier…
-Tonterías... –entró a la casa con dirección al estudio y después de un momento le dijo- ¿sabes algo? creo que es hora de concretar la compra del edificio para las oficinas -y se encerró en el estudio, dejando a Sebastian en la sala, sin más remedio que asentir.
Notas de la autora.
¡Hola a todos!
Y antes que nada, disculpen por no subir la actualización antes. FFnet anduvo un poco caído y me salía error cada que entraba en la cuenta, así que aproveché para tomar unas breves vacaciones jejeje. Además, como estoy segura de que ya notaron, este capítulo fue un poco denso, así que me tomó un poco más de tiempo preparar la actualización; tenía que asegurarme de que hubiera congruencia con toda la información y datos… es como una bolita de nueve que va haciéndose más grande. Espero que les haya gracias por continuar leyendo esta historia, y que el 2016 sea un año repleto de cosas positivas para ustedes.
Koisshi Saotome Ackerman: Bienvenida al fic xD de verdad no puedo creer que hayas leído todo en dos días… ¡cuánta paciencia! *le manda galletas con chocolate* morí de risa con mi "obligación por dejarlos en suspenso"… pero es verdad, si no ¿cómo los voy a dejar picados?. La próxima actualización será la próxima semana, espero los niños no se pongan muy locos y el marido esté de buena onda XD. Saludines.
Aluqua: ¡Hola! No te preocupes, de verdad me dio mucho gusto ver tu comentario y que a estas alturas de la historia, aún hay gente interesada jejeje. ¡Wow! ¿de verdad estudias runas? Sí, de hecho las runas que puse son las runas oscuras y son diferentes a las normales (¿?) por lo que estuve investigando, éstas son de origen nórdico y por eso las escogí, ya que iban de acuerdo a la historia y sobre todo con la mitología de Odín. Lo sé… Sebastian es Sebastian… y aunque personalmente, y después de escribir este fic, me he enamorado perdidamente de Will, Sebas no tiene comparación… es como el meme ese del señor de los anillos "uno no simplemente puede ignorar a un tipo así"
Andrea Vieras: muchas gracias, me alegro de que te esté gustando la historia. Vamos por la mitad de la trama y te prometo que habrá cosas más emocionantes, misteriosas, románticas y hasta de terror. Para todos los gustos hehehe.
¡Saludos y nos leemos la próxima semana!
