6.

Al separarse para respirar, se quedaron un buen rato mirándose.

—¿No me odias? —preguntó de forma tan pura, el pilar del agua.

Ella negó con la cabeza y luego osadamente ella acercó sus labios a la oreja del hombre.

—No te odio —musitó—. No te odio —repitió— .No te odio—volvió a decir, una y otra vez. Hasta que comprenda que no era odio lo que sentía, era algo más.

A él, le gustaba escuchar eso de ella. Porque interiormente lo que más le importaba era su opinión.

—¿Tú me odias, Tomioka_san? —preguntó ahora la mujer, sus labios tan cerca de sus labios.

—No te odio —expresó siendo cautivado por su aroma.

Ella rio medio adormecida. Y sonrió en sus labios.

Los pilares comían como si su memoria no llegaban alguna sensación o frases, pero ahí estaban volando por su mente, fluyendo como un mar de mariposas. Comenzaron ahogarse y no solo con la comida, cuando recordaron el beso. Giyuu pensó que estaba intoxicado, en confusión a las miles de mariposas que revoloteaban en su estómago. Como si eso era lo más grave teniendo en cuenta como se despertaron a la mañana. Se miraron de soslayo sin pronunciar palabra, decidiendo terminar su comida y simular que nada pasaba por sus cabezas.

No se odiaban, era otra cosa lo que sentían el uno por el otro. Sin expresarlo en palabras lo expresaron con el cuerpo.

Sus cuerpos pegajosos, sudorosos y juntos.

Los gritos de dos almas uniéndose.

Besos y mucha saliva.

La ropa retirada, esparcida por el suelo.

Sus ojos violetas conectadas con los azules.

—Pensé que eras más tranquilo, Tomioka_san —dijo con una sonrisa dibujada en esos labios que se encargó de juntar con el joven—. ¿No puedes controlar tus emociones conmigo? —preguntó ante las fuertes embestidas que provocaba con fuerza el muchacho.

Una y otra vez, su cadera es chocada con la suya. Una y otra vez de su boca se escapa el placer.

—No.

Y besándola ahoga a la mariposa.

El par ya no pudo comer, se detuvieron al unísono. Sus memorias habían reconstruido la escena al mismo tiempo y se miraron con los ojos dilatados.

Sus mejillas estaban sonrojadas y nada tenía que ver con la comida caliente que habían estado comiendo.