Capítulo 20. Una caminata.

Un día después, muy temprano por la mañana Susanna se encargó de los trámites para el nuevo edificio. Era sólo cuestión de papeleo y entregar un par de cheques para comenzar con las transacciones. A eso del mediodía, terminó con todo eso y se dispuso a hacer una videoconferencia con su padre para contarle, en la medida de lo posible, las últimas novedades. Se sentía muy bien hablar con él, ya que le podía contar sus angustias, miedos y ansiedades y él siempre tenía una palabra de aliento para ella, aunque se sentía culpable al no poderle decirle todo.

Justo después de desconectar la videollamada, volteó la mirada su escritorio, donde habían unos cuantos papeles con fotografías, direcciones y la frase en latín que había encontrado en las cartas de su abuelo. Tan sólo de ver todo aquello la cabeza comenzó a dolerle y se recargo en la silla, suspirando y mirando hacia la ventana. Fue entonces que se le vino una idea a la mente.

No estaba segura de que fuese lo más adecuado, pero al menos podría cumplir uno de sus caprichos y de paso tener otro punto de vista respecto a las cosas…

Con mucho sigilo, se dirigió a la puerta del estudio para asomarse y ver si había alguien cerca. En concreto, no quería que Sebastian se acercara, pero para su fortuna, él estaba limpiando unos antiguos candelabros de plata, tarea que de seguro lo tendría entretenido por al menos una hora, así que cerró la puerta con seguro y abrió la ventana. Después sacó del bolsillo de sus jeans el silbato que William le dio y se dispuso a usarlo.

No pasó más de un minuto antes de que una paloma gris entrara al estudio y se posara sobre la mesa, con los ojos fijos en la chica.

-Un mensajero ¿eh?... debí imaginarlo. Muy bien, veamos –se sentó en la silla y escribió una pequeña nota. Después la ató a la patita de la paloma y ésta voló hasta perderse en el cielo.

Unos quince minutos más tarde, alguien tocó la puesta del estudio y ella se levantó para abrir.

-Señorita, hay dos shinigamis en la puerta… -la actitud del mayordomo le decía que esperaba una explicación al respecto.

-¿Tan rápido?... creí que iba a tomar más tiempo y… -Sebastian estaba desconcertado- eh… yo los llamé.

-Oh… -fue lo único que pudo decir mientras caminaba detrás de ella, dirigiéndose a la estancia principal, junto a la puerta, donde Grell y William esperaban.

-Susana –comenzó a decir el shinigami de cabello oscuro-vinimos en cuanto recibí tu mensaje ¿sucede algo? –estaba serio, pero a la vez un poco preocupado; podía tratarse de un asunto urgente, pero de repente, un ruido estrepitoso de metal cayendo en el piso los distrajo a todos.

-¡ay!... –se quejó Grell, quien había estado jugando con un platón ornamental que había en una de las mesitas de la estancia, mismo que yacía en el piso.

-Favor de no tocar –el mayordomo levantó el platón y se aseguró de que no le hubiese pasado nada. Por su parte, William le lanzó una mirada severa.

-No es nada urgente, es sólo que tenemos una lista de lugares donde podrían estar aquellos hombres y… -ella volteó a mirar al demonio- Sebastian ¿podrías ir con Grell a investigar esa lista que hicimos ayer? Necesitamos saber todo sobre ellos para hacer una ruta de acceso.

-¿Señorita? –el mayordomo parecía confundido.

-Ustedes podrán pasar desapercibidos al acercarse. No queremos perder el elemento sorpresa y yo sólo les estorbaría si voy con ustedes. Además quiero revisar algo del diario de mi abuelo y creo que William podría resolverme algunas dudas sobre lo que en verdad pasó… -el rostro de Sebastian se volvió serio y arqueó una ceja, mostrando su desacuerdo y ella se apresuró a decir- es una orden

-…entendido…

-A menos claro que William quiera ir personalmente a revisar esa lista –ella lo miró, tratando de persuadirlo con la mirada para que accediera a sus planes. Lo mismo hizo Grell, quien tenía una gran sonrisa y asentía con la cabeza.

-No veo ningún inconveniente en ello… -se ajustó sus gafas- el Sr. Sutcliff tiene cierto talento para tareas de campo. Además, yo fui el que revisó los cinematic records de tu familia –sin duda le agradaba la idea estar a solas con Susanna.

-Parece que seremos tú y yo, Sebas-chan… ¡como si fuera una cita!

El pelirrojo se acercó al mayordomo con una actitud coqueta, misma que fue respondida con un suspiro de resignación mientras caminaban hacia el garaje para dirigirse a Londres y justo antes de perderla de vista, Sebastian miró a la chica con esperanza de que cambiara de opinión, pero ella no lo vio, ya que charlaba con el shinigami de cabello oscuro, caminando hacia el jardín.

-¿De qué querías hablar? –él preguntó con curiosidad y actitud profesional.

-Es algo que encontré en las cartas de mi abuelo y supuse que tu sabrías más al respecto… ¿quieres té helado? –la manera casual en la que lo preguntó desconcertó un poco a William, así que de los labios de la chica salió una pequeña risita y aclaró- pensé que podríamos hablar en el jardín. Hay un bonito clima y hace calor. El té helado es refrescante y…

-Suena bien –la expresión en su rostro se suavizó y lo guio hacia el jardín.

-¿Me permites un momento?

William asintió y vio como ella caminó de vuelta a la casa para decirle a Abby que preparara las bebidas e ir por los papeles al estudio. No tardó mucho en regresar, y mientras tanto el shinigami se relajó en la silla del jardín, apreciando la bonita vista. Estaban en pleno verano y había flores en los arbustos, haciendo el escenario todavía más bonito. El estanque que estaba a unos cuantos metros de la mesa transmitía sensaciones de paz con el sonido del agua corriendo y el puentecillo que cruzaba en medio, parecía sacado de una leyenda druida.

De pronto, la voz del a chica lo sacó de su estado de contemplación y cuando volteó a verla, se acercaba con lo que parecía ser un libro y un folder en la mano. Abby iba detrás de ella con una jarra y dos vasos.

-Hay algo que quiero preguntarte… - ella comenzó a decir, una vez que el té estuvo servido y Abby los había dejado solos.

-Para eso ahuyentaste al demonio, supongo –su rostro lucía inexpresivo.

-En parte… -le mostró una sonrisa coqueta y tomo una hoja de papel del folder que había sobre la mesa- quisiera tu opinión sobre esto.

-Veamos… -tomó la hoja y la observó por un instante. Después le dio la vuelta y comenzó a leer en voz alta- Congregati septem, adducebunt illum. Dum Deus sit mortus, tantum gladius et diabolus praebalebunt adversus eum –su acento inglés desapareció de repente cuando dijo aquellas palabras y se volvió algo más pausado y reflexivo. No parecía costarle trabajo pronunciar las palabras o comprenderlas; sonaba más como a una jaculatoria enunciada por algún académico de Oxford y algo en su rostro se tornó más solemne y sereno.

-No sabía que hablabas latín. Por eso te di la traducción del otro lado de la hoja.

-Hace algunos siglos el latín era parte fundamental de la educación, así que… -puso la hoja sobre la mesa.

-Oh, entiendo –ella comenzó a imaginar en qué siglo le había tocado vivir a William y qué clase de persona era antes de ser un shinigami, pero antes de que pudiera hacer más preguntas, él continuó hablando.

-Creo que los siete son las siete familias que trajeron al ángel caído por primera vez.

-Pienso lo mismo, pero lo demás es muy confuso…

-Hace alusión a esa frase en latín… -hizo una pausa para ver la reacción de la chica; sabía que si la pronuncia ella se pondría mal y eso era la último que quería- tal vez se refiera a que mientras siga con ese objetivo, con esos medios y ritos, sólo una espada y alguien más podrá con ellos. Sé que lo que nos dijiste ayer hablaba de ti, de alguna forma, pero no creo que esto esté relacionado contigo. Es un lenguaje metafórico y me parece que las palabas gladius y diabolus son fundamentales.

-Si tan sólo entendiéramos su significado…

-Gladius... espada… en la antigua Roma los gladiadores peleaban con feroces bestias. Alguien deberá pelear con él, eso está claro, pero diabolus no tiene mucha relación. Quizás sea la eterna batalla entre el bien y el mal. En lo personal, creo que si ellos piensan que Dios está muerto, el diablo debería estarlo también. Son opuestos, como el ying y el yang; el uno va con el otro –explicó mientras limpiaba sus gafas con un pañuelo.

-Tal vez nos falta encontrar algo más…

Susanna pasó la mano por su cabello a manera de frustración. Sentía que no avanzaban nada y que a pesar de eliminar a esos sujetos, si no comprendían el trasfondo de la situación, lo mismo podría ocurrir o el ciclo se podría repetir. Por su parte, William noto la preocupación en su rostro y después de ponerse sus gafas intentó tranquilizarla.

-Estoy seguro de que encontraremos algo más. Tu abuelo solía dejar mensajes en código y era aficionado a los acertijos. Es de esperarse que sea lo mismo con esto.

-Tal vez. Es sólo que nunca estoy segura de tener todas las piezas y temo haber pasado algo por alto –tomó el diario de su abuelo y comenzó a ojearlo. De pronto encontró dos fotos de su abuela y las miró por un instante- ella sabía que algo pasaba. Sabía que Sebastian no era quien aparentaba ser, pero nunca supo qué era lo que perseguía a la familia.

-Así es –hizo una pausa y volteó a ver al estanque, ordenando sus ideas- no puedo mostrarte ningún cinematic record, pero Eleanor Serafer fue testigo de varias cosas que nos pueden ayudar. Por ella sabemos que la familia Janssens-Guillot es la que lidera a la organización. También era la única que sabía dónde estaba su hijo Uriel, pero se lo ocultó a tu abuelo por seguridad. Después de que fueron a Suecia, Richard comenzó a ser muy paranoico y esto fue la razón –señaló el diario del abuelo, mismo que tenía los encantamientos- gracias a ella, también supimos para qué usaban las almas. Antes de morir lo supo todo porque Schneider se lo dijo. Al final entendió por qué sucedieron las cosas.

-Debió ser difícil…

-Ese… adefesio mal hecho... no te dijo bajo qué circunstancias murió tu abuelo ¿no es así? –ella negó con la cabeza y William bebió su té helado antes de comenzar a narrarle lo ocurrido.

Durante los últimos años de Richard Serafer, la paranoia lo invadió y su esposa se preocupó mucho por él, en especial cuando llegó un individuo de negro que casi nunca se separaba de su lado: Sebastian. Parece que durante su viaje a Suecia aprendió cómo realizar el contrato con él y su principal tarea era cuidar de ellos, pero por desgracia, Eleanor Serafer comenzó a investigar por su cuenta y murió a manos de Janssens-Guillot, el mismo día en el que su esposo sufrió un atentado organizado por esos mismos hombres. Como era de esperarse, el demonio antepuso la seguridad de Richard y su esposa falleció ese mismo día.

Fue un evento trágico, que sólo causó acumular más amargura en Richard. Para entonces, Thomas también sospechaba lo que en verdad era Sebastian, pero no hizo nada al respecto; la confianza que tenía en su patrón era casi ciega. Poco tiempo después, siguiendo los consejos del demonio, Fer y Abby fueron contratados y entrenados para proteger a los descendientes de la familia Serafer. Por esas fechas, Sebastian sólo mostraba su presencia con el abuelo de Susanna, y cuando lo hacía, llevaba una máscara para no ser reconocido en caso de que alguien más lo viera; era obvio que tramaba algo y el día que murió Richard Serafer, todo fue disfrazado como parte de otro atentado, pero su alma fue consumida por Sebastian Michaelis.

-Parece que la situación le resultó muy conveniente a Sebastian –ella se quedó pensativa después de escuchar la explicación de William.

-Demasiado diría yo. Incluso me atrevería a decir que…

-Desde entones planeaba hacer un contrato conmigo –su tono era frío y miró hacia el piso. Sus ojos reflejaban decepción.

-Por eso no confío en los demonios… -hubo una pausa y de repente William se acercó un poco más a ella, incluso puso su brazo en el respaldo de su silla, de manera protectora- desconozco sus intenciones, pero sé que nos ayudará a evitar el enlace. Sobre lo demás, no me atrevería a abogar por él.

-Si lo dices tú, entonces debe ser verdad… lo de evitar el enlace –suspiró- de todas formas, tendré que enfrentarlo y obligarlo a decirme la verdad en algún momento. De cualquier forma, mi alma estaba condenada desde un principio – tomó el folder y unas hojas dobladas cayeron sobre la mesa. William las tomó y comenzó a leerlas- es una carta que mi abuelo envió a mi abuela hace muchos años… antes de que se casaran. Es una carta de amor –ella sonrió de manera nostálgica y William lo notó, así que decidió distraerla un poco.

-¿Por qué no caminamos un poco por el jardín? –se paró de la silla, animándola a que lo siguiera.

Y entonces el shinigami se quitó el saco y each lo puso sobre su silla; hacía demasiado calor como para traer el saco puesto. Ambos comenzaron a caminar por el jardín. A pesar de la temperatura, el clima era agradable y casi no había nubes en el cielo. El reflejo en el estanque era de un bellísimo azul claro y el aire movía el agua de modo que era casi hipnótico verlo.

Caminaron por un sendero que conducía a un prado lleno de flores mientras conversaban de temas más animados, para variar. En eso, el tema de la carta de su abuelo volvió a surgir.

-Parece que sabes más de mis abuelos que nadie. ¿Él le enviaba muchas cartas?

-Muchísimas –él miró al cielo, recordando el contenido del cinematic record- a tu abuelo le gustaban los acertijos y las cartas no eran excepción. Por cada una que enviaba, había un significado oculto y al juntar todas las cartas, se formaba un mensaje nuevo.

-Era un hombre muy detallista –sonrió al conocer una nueva faceta de su abuelo.

-Y las cosas eran muy diferentes en los años sesenta… -el comenzó a explicar y un ligero brillo apareció en sus ojos- ¡y qué decir del siglo anterior! Cortejar a una mujer era todo un proceso en el que debía cuidarse cada detalle.

-¿En verdad?... tu viviste en esa época ¿cómo era entonces?

-Viví en esa época como shinigami, pero según los cinematic records de aquel tiempo y algunas observaciones, había muchísimas tradiciones. Por ejemplo, yo no podría estar caminando junto a ti sin usar mi saco, sin importar el calor que hiciera. Las parejas caminaban por los jardines y parques, aunque necesitaban a un chaperón, pero la actividad principal, además de tomar el té, eran las caminatas.

-¿Cómo esto? –ella tenía una pequeña sonrisa en sus labios y lo miraba con ojos coquetos.

-Sí, como esto… -su voz era suave y se deleitó con la expresión en los ojos de la chica- pero para ello, había incluso que entregar una invitación escrita y una confirmación; una especie de tarjeta en la que el pretendiente solicitaba dar un paseo con la señorita, especificando la hora y el lugar. Por supuesto, si ella estaba interesada, regresaba la invitación con la confirmación.

-Demasiado aparatoso… ¿qué otra cosa hacían?

-Pues te sorprenderías al ver cuántas cosas siguen vigentes –de repente se detuvo en un arbusto y le dio la espalda- por ejemplo el regalar flores, sólo que se ponía especial atención al significado de ésta. Cada una quería decir cosas diferentes, pero sin duda regalar flores era parte del cortejar a una señorita- de repente volteó a ver a Susanna, y en su mano sostenía una pequeña flor azul, misma que le ofreció para que la tomara- como esto… –repitió las palabras que ella dijo y le sonrió.

-Will… -ella no pudo evitar sonrojarse mientras tomaba la flor y la acercaba a su nariz para olerla- ¿y ésta qué significa?

-Originalmente, parte del encanto era que la señorita en cuestión debía investigar el significado de la flor que se le daba.

-Entonces tengo tarea… -ambos sonrieron y continuaron caminado y hablando hasta que Sebastian y Grell llegaron con toda la información del lugar donde estaban Crawford y Soler.

En cuanto lo hicieron, lo primero que Susanna notó fue el gesto de sufrimiento de su mayordomo, quien caminaba junto a Grell mientras éste abrazaba efusivamente su brazo. No hacía falta mucha imaginación para adivinar cómo había sido el resto de la tarde.

-¡Hemos llegado! Will, querido ¿me extrañaste?

-En verdad no tienes llenadera… -murmuró Sebastian mientras se acercaba a la mesa del jardín.

-¿Qué averiguaron? –la chica preguntó con curiosidad.

-Será mejor que tomen asiento… -el mayordomo indicó y se dispuso a rellenar la jarra con té helado y traer más vasos. Mientras tanto, Grell comenzó a explicar con lujo de detalle los diferentes lugares que visitaron para dar con esos sujetos.

Habían visitado al menos siete locaciones diferentes; casi todas eran señuelos y en algunas incluso había trampas, pero había una oficina que les sirvió para encontrar una fábrica abandonada en las orillas del Támesis, cerca de St. Andrew's Road, donde llevaban a las personas secuestradas para realizar los sacrificios.

-Encontramos una nota en la oficina diciendo que el 23 de julio sería el siguiente. El cargamento llegaría a las cuatro de la tarde y a las cinco comenzarían con todo. Tanto Crawford como Soler estará presentes –Grell explicó.

-¡Excelente! Podríamos infiltrarnos mientras ustedes reúnen los cinematic records…

-Me temo que no será tan fácil, señorita. También visitamos esa fábrica y, aunque por el momento se encuentra abandonada, hay muchísimos elementos de seguridad resguardándola. La única forma de acceder a ella es por el río y de igual manera, requeriríamos de un permiso especial de navegación para entrar, mismo que en cuanto sea solicitado, alertará el Sr. Crawford y nuestro plan fallaría rotundamente –Sebastian estaba serio. Infiltrarse en aquella fábrica sería en verdad complicado.

-Además, ustedes están siendo vigilados –añadió Grell.

-¿Qué dices? –Susanna se sorprendió y su rostro parecía preocupado- ¿Sebastian? –lo miró esperando una explicación.

-Me temo que es cierto, señorita. Desde ayer por la noche me percaté de que había un auto estacionado afuera de la residencia. Me deshice de ellos, pero hoy que salí con Grell, otro auto estaba allí.

-Por suerte, no nos vieron salir, pero ahí siguen.

-No creo que la mejor opción sea matar a todos aquellos que los vigilan –William le dijo a Sebastian, como si lo estuviese regañando- si se deshacen de unos, pronto vendrán otros a reemplazarlos y así sucesivamente.

-Quizás se vayan si terminamos con Soler y Crawford –Susana pensó en voz alta, sin saber con exactitud qué hacer y de repente se le vino una idea a lamente- ¿23 de julio, dijiste? –Grell asintió- si mal no recuerdo…hay un evento ese día… una fiesta organizada por el hijo de uno de los empresarios más ricos del Reino Unido…. Lo leí en una revista de sociales –explicó ante la mirada confundida de todos- y convenientemente, la fiesta es en su yate privado, como un party boat.

-Pero si acudimos a esa fiesta, ellos lo sabrán. Nos están vigilando –respondió el mayordomo y se quedó pensativo, pero después de unos segundos volvió a hablar- ¿por qué no organizamos su fiesta de cumpleaños ese día?... estamos casi justo a tiempo– sonrió malévolamente y comenzaron a trazar el plan…

Notas de la autora:

Hola a todos. Espero les haya gustado el capítulo, que es mucho más ligero que el anterior, que tenía demasiadas explicaciones y fue mucho más denso. Y para aquellos y aquellas que quieran que William y Susanna se queden juntos, supongo que les habrá gustado mucho. Pero quien quiera que ella se quede con Sebastian, no se preocupen. Nuestro guapo demonio tiene muchos trucos bajo la manga y obviamente no se puede quedar atrás. Sólo esperen un poco.

Por cierto, si no recuerdan lo que significa la frase en latín, aquí está el recordatorio: Los siete reunidos lo traerán. Mientras dios esté muerto, sólo la espada y el diablo podrán contra él.

Koisshi Saotome Ackerman: ¿Cómo va la semana de trabajo mortal? Espero que bien. Aquí en tierras poblanas estamos muriéndonos de frío, y que mejor clima para escribir mientras bebo un café con piquete y termino este fic… sí, ya estoy como a tres capítulos de terminarlo… muajajaj! Claro, que este capítulo, digamos que está casi a tres cuartos del final; tal vez un poco antes. Y viene algo muuuuy bueno con Sebastian. Por supuesto, este capítulo con Will me encantó, pero es difícil ser objetiva al escribir, por desgracia. xD

¡Saludos y buen fin de semana!