El contrato de su abuelo.
22 de julio por la noche. Susanna estaba relajada en la terraza de su cuarto, para variar tomando una malteada de chocolate preparada especialmente por Sebastian, que se reusaba a revelarle el ingrediente secreto, aunque ella estaba segura de que debía ser algún tipo extraño de cacao y cereza… a veces la mimaba demasiado. Estaba recostada en uno de los sillones cuando escuchó unos pasos acercándose.
-¿Desea algo, señorita? mañana será un día agitado y debe descansar bien –el mayordomo le habló con un tono suave mientras se paraba junto al sillón. En los últimos días Susanna se había portado un poco distante con él; no podía evitar sospechar de las intenciones y planes del demonio, y la cosa empeoraba porque recordaba lo bien que la habían pasado en Suecia, todas las posibilidades que pasaron por su mente y… la sensación de ser parte de un esquema más grande hecho por el mismo Sebastian no la tenían nada contenta. Y sin embargo, le costaba mucho trabajo resistirse a sus encantos.
-Todavía es temprano y no tengo sueño. Todo está listo ¿verdad?
-Todo en orden, tal como lo planeamos –ambos se quedaron en silencio por un momento- está más pensativa que de costumbre ¿hay algo que la moleste? –estaba dispuesto a descubrir el por qué de su distanciamiento.
-Sebastian… ¿cómo era el contrato que hiciste con mi abuelo? ¿qué fue lo que pidió a cambio de su alma? –él no dijo nada por unos instantes. No esperaba una pregunta así ni mucho menos se imaginaba las razones tras el cuestionamiento- es sólo que todo sucedió tan… perfecto, como si hubiese estado calculado para que yo me hiciera cargo de todo este desastre y sobre todo, para que tú te apoderaras de su alma … y eventualmente de la mía.
Ante el comentario, Sebastian caminó hacia la orilla del a terraza, tocando el barandal con su mano derecha, aún sin hablar o voltear a ver a Susanna, quien estaba a la expectativa de su respuesta.
-Es normal que piense algo así. Después de todo, soy yo el que sale ganando con la situación de su familia ¿no es así? –por fin comprendía lo que pasaba.
Seguía sin voltear a verla y de repente se sentó en el barandal de manera casual, con un movimiento rápido y ágil, sin que le costara trabajo alguno mantener el equilibro y después cruzó las piernas, ladeando la cabeza con una sonrisa cínica y malévola. En ese momento, Susanna supo que no era su mayordomo, sino el demonio con quien estaba hablando
-Todo ha encajado tan bien, que pareciera como si lo hubiese planeado desde el principio… sólo era cuestión de tiempo para que tal idea se le viniera a la mente, sin embargo… -sus ojos brillaron, pero no lucían amenazadores- … no puedo evitar pensar que William tuvo algo que ver en ello. Él aprovecharía cualquier oportunidad para ponerle en contra mía y hacerle ver las intenciones de un demonio –hizo una pausa y miró al cielo por un instante. Las estrellas eran preciosas, contrastaban con la oscura noche, tal y como le gustaba al demonio: luz intentando vencer a la eterna oscuridad. Volvió a sonreírle a Susana mientras suspiraba.
-Dime las condiciones del contrato –ella sabía que él tenía razón y aunque lo había pensado con anterioridad, la plática con William le dejó muchas dudas.
-Permítame contarle una historia –la sonrisa permanecía en su rostro y sus ojos brillantes y demoniacos parecían arder mientras las memorias regresaban a él- es un relato sobre un hombre sentenciado por su destino; mucho más que ningún otro ser, pero eso no era lo que lo hacía especial… su carácter y decisiones a lo largo de su vida fueron lo que lo definieron. A él y a su alma –hizo una breve pausa, recordando los exquisitos matices de la última que saboreó. Cerró sus ojos por unos segundos y continuó- el contrato que hice con Richard Serafer consistió en que yo debía mantenerlos seguro a él y a su esposa, así como preparar el terreno para detener al ángel caído. A su muerte, yo debía buscar a su descendiente; a ese hijo o hija de Uriel, quien debía estar muy bien escondido en alguna parte del mundo.
Susanna se sorprendió al escuchar esas palabras. Aun teniendo la posibilidad, su abuelo no pidió terminar con todo ello. ¿Por qué?... la incertidumbre debió reflejarse en su rostro, ya que de inmediato, Sebastian se rio en voz baja y miró hacia el suelo por unos instantes. Un mechón de cabello cubriendo parte de su rostro, hacía que el demonio se viera peligrosamente guapo.
-Richard era un hombre de muchos secretos, y desde luego eso no hizo mi trabajo más fácil. Por supuesto, no le guardo rencor alguno por ello, yo tan sólo quería su alma y era posible que el contrato me llevara hacia otra igual de interesante, ya que sabía que tramaba algo para su descendiente, es decir, usted… -continuó la explicación de manera casual, mirando hacia el jardín, pero algo en su actitud le decía a Susanna que estaba muy al pendiente de ella- ¿sabía lo que iba a pasar? No. ¿Era una posibilidad? Sí, pero incluso para mí ha resultado ser… inesperada. Una bellísima sorpresa, si usted lo pregunta –la miró de reojo y continuó explicando- creo que él sabía que no podía terminar con el ángel, así que puso sus esperanzas en sus descendientes, deseando que fuese una mujer por todo lo que usted ya sabe.
-Y esa descendiente resulté ser yo… -ella dijo casi por inercia.
-Así es y antes de contactarla pasé mucho tiempo observándola, estudiando su comportamiento, su vida cotidiana; tratando de comprender el por qué de sus acciones. Siempre tuvo ese algo que la distinguía de los demás y no sólo por el don de su familia y cómo lidiaba con él, sino el cómo vivía de acuerdo a sus convicciones… algo tan tentador para corromper…
-Pero ya no soy la misma persona. Desde que… te conocí todo comenzó a cambiar.
-Así es y ahora lo que me tiene impresionado es la evolución de su carácter y…. –ahogó la última frase porque notó que Susanna adoptaba una actitud defensiva- como usted sabe, soy un demonio. Y lo más sensato que puede hacer es no confiar en mí, pero… - saltó del barandal y se acercó a ella, sentándose a su lado; un gesto que ella no esperaba y la tomó desprevenida. Su cercanía la ponía intranquila, pero ni por un instante pensó en moverse de allí- …pero no soy cualquier demonio y eso usted lo sabe. Lucha por no confiar en mí, cuando en el fondo sabe que ya lo hace, de no ser así, no me habría confiado los diarios de su abuelo.
-Estás atado por el contrato –ella intentó justificarse.
-Sólo hace falta un poco más para que esa pequeña parte de usted termine de confiar en mí; ese miedo a lo que pueda ocurrir- hizo una pausa y sus ojos se fijaron en los de ella; no eran ojos de demonio, sino los de su forma humana, rojos y… ¿sinceros? No eran intimidantes y Susanna fue incapaz de dejar de verlos. Había algo cautivador que la atrapaba dentro de su mirada. Sin que ella se diera cuenta, Sebastian se quitó el guante de la mano donde estaba la marca del contrato- es este momento soy por completo devoto a usted, pero mi devoción podría ser permanente y todavía más trascendental; podría ser algo más que eso. Algo que me una a usted de manera más duradera, si usted así lo desea –hubo una pausa- ese día en Suecia… podría repetirse; las veces que usted quiera…
Poco a poco, los ojos del demonio se fueron coloreando de rosado, felinos e hipnotizantes, mientras con su mano desnuda acariciaba con delicadeza el cuello de Susanna, justo donde estaba su marca. Las yemas de sus dedos enviaban impulsos eléctricos a todo el cuerpo de la chica; cálido y vibrante. Ella sintió cómo sus mejillas sonrojarse, aún sin poder despegar sus ojos de los de él, aquellos ojos que la miraban como nunca antes y le decían miles de cosas igual de intensas que las palabras que acababa de decir. Sebastian se mantuvo por completo inmóvil, excepto por sus dedos que seguían acariciándola.
Él sabía bien que nada sucedería esa noche, así que algunos instantes después, se levantó del sillón y se alejó de ella, retomando su habitual comportamiento de mayordomo, solemne y con una amable sonrisa.
-Creo que es hora de ir a dormir. Mañana será un día importante ¿desea que le prepare un té para que le ayude a conciliar el sueño?
-No, está bien –la chica respondió cuando logró salirse del trance en el que se encontraba, inducido no sólo por el efecto que el demonio tenía en ella sino por un extraño sentimiento que la inundaba y lo placentero que éste era. Despacio se levantó y entró al cuarto, caminando hacia el baño para lavarse los dientes y acostarse.
Antes de que el mayordomo saliera del cuarto, Susanna miró el libro donde había dejado la flor que William le dio, esperando que se secara y usarla como separador de libros, y de repente le preguntó a Sebastian.
- ¿Cómo se llaman esas flores que tenemos en el jardín? Esas azules cerca del estanque –su voz parecía sonar fría.
-Esas flores azules… se llaman "No me olvides" –ella se quedó sin palabras, sin poder emitir un sonido, como si estuviese congelada- ¿sucede algo? –preguntó el mayordomo con curiosidad.
-No es nada… hasta mañana –se dio la vuelta, ocultando su rostro de desconcierto y sonrojo. Esta vez sí que estaba en una enorme disyuntiva…
Al día siguiente, Susanna se despertó sin ayuda de su mayordomo. No había dormido nada bien a causa de los incesantes pensamientos que atacaban su mente; la imagen de Sebastian en el balcón y sus palabras resonando en sus oídos. Después los ojos de William y los recuerdos de sus charlas. Vaya que le gustaba complicarse la vida, pensó. Lo menos adecuado para su situación actual de vida, era precisamente lo que ocurría.
Se metió a la regadera y cuando salió del vestidor, se encontró con Sebastian, quien la esperaba con el itinerario del día y una mesita con su desayuno.
-Buen día señorita ¿durmió bien?
-Sí, gracias… -mintió
-Me alegro de escuchar eso. Me tomé la libertad de traerle el desayuno, ya que los preparativos para la fiesta están comenzando en la planta baja, y me temo que habrá mucho ruido y gente caminando que podrían importunarla.
-Buena idea –sonrió levemente- ¿tienes el vestido?
-Sí, lo he dejado sobre la cama, junto con la máscara, al igual que el otro atuendo. La fiesta comienza a las dos de la tarde, por lo que a la una comenzaremos con los preparativos.
-Excelente. Eso me da un par de horas para repasar todo…
Y así fue. A la una en punto, Susanna comenzó con los preparativos de la fiesta. La maquillista llegó puntual y para la una y media, Susanna estaba lista para ponerse su atuendo. Esta vez sería un elegante vestido color vino con tirantes sobre sus brazos y la espalda descubierta. En el cuello llevaba un ancho collar de color negro y un antifaz del mismo color del vestido y detalles en color negro, que combinaban a la perfección con su ropa. En cuanto estuvo lista, bajó las escaleras para encontrarse a un grupo de meseros, listos para comenzar con el evento y a su mayordomo vistiendo un elegante traje negro a la medida con detalles blancos en la solapa y chaleco. Su corbata era del mismo color y la camisa blanca. Su máscara era más bien un antifaz de color negro con diminutas piedras brillantes en el lado derecho y por supuesto, no podían faltar los guantes blancos. Se veía en verdad apuesto y al mismo tiempo un poco intrépido y coqueto por su habitual corte de cabello que tanto le gustaba a Susana. Eso sin mencionar que el traje hecho a la medida dejaba ver el magnífico físico que tenía.
-Luce muy hermosa, señorita –él dijo en cuanto la vio de frente.
-Gracias –sonrió con amabilidad, complacida también al ver lo guapo que él se veía y lo bien que olía su loción- todo está listo, quisiera suponer.
-Así es, Milady. Los meseros están listos, el escenario está puesto, al igual que la pantalla y en cuanto comiencen llegar los invitados podremos comenzar.
Minutos después llegaron las primeras personas, a quienes el mayordomo recibió con la mejor hospitalidad. Los invitados eran, en su mayoría, asociados de AstraZeneca, inversionistas y personas clave para que el plan funcionara. El primero de ellos, era el encargado de supervisar los asuntos aduanales del Reino Unido y la Unión Europea, quien era muy importante, ya que mantenía una relación estrecha con Aidan Crawford.
Del mismo modo, había un par de jóvenes, hijos de empresarios que muy convenientemente eran amigos de los hijos de Demian Janssens-Guillot y Ricardo Soler, y quienes a su vez habían sido invitados a la fiesta sólo para "constatar" que Susanna estuviese allí.
Por supuesto, al ser una mascarada, todos debían llevar un antifaz o una máscara, pero Susanna se encargó de retirarse la máscara en repetidas ocasiones, de modo que la gente la viera, sobre todo sus invitados especiales. De repente, uno de los principales accionistas de la empresa se acercó a la chica.
-Susanna. Por fin te encuentro.
-Señor Giggs, es un placer que haya venido a la fiesta –la chica contestó con una gran sonrisa.
-Al contrario, fue una gran idea mezclar el aniversario de la compañía con tu cumpleaños.
-Me alegro de que le haya gustado el concepto, y espere a ver el ballet en un par de minutos. Por cierto, quisiera que usted dijera un par de palabras antes de que comience el evento ¿está de acuerdo?
-¡Por supuesto! –dijo el hombre con gran alegría.
-Excelente. Venga conmigo, por favor.
Momentos después, los meseros fueron indicando a los invitados que salieran al jardín trasero, donde había una lona, un escenario dispuesto para el ballet y muchas sillas para los asistentes. En cuanto éstos estuvieron sentados, Susanna se quitó la máscara para comenzar a hablar por el micrófono…
-Damas y caballeros. Antes que nada, quisiera agradecerles por venir el día de hoy. Estamos celebrando dos fechas muy importantes para mí. La primera, es el aniversario de AstraZeneca. Desde que llegué a éste país, siguiendo los pasos de mi abuelo, he luchado por que su legado crezca cada día más y me siento muy orgullosa de ser parte de ésta gran empresa. Hoy en su 83 aniversario, me complace anunciar que seguiremos esforzándonos por hacer de la industria farmacéutica una de las más exitosas y socialmente responsables a nivel mundial. Quiero agradecer a todos los presentes por todos sus esfuerzo y apoyo durante el tiempo que han trabajada con nosotros y por eso mismo también quiero compartir con ustedes la emoción de cumplir un año más de edad, y qué mejor forma de festejarlo que con ustedes, con una mascarada. Me he asegurado de que a lo largo de la tarde, y la noche haya entretenimiento, comida, bebida y diversión para todos. Muchas gracias por asistir, y ahora los dejo con las palabras de uno de nuestros inversionistas.
El público aplaudió y ella bajó del estrado, acercándose un poco a una de las jardineras del lugar. Después, discretamente, Sebastian se acercó a ella para informarle de un pequeño asunto que requería de su atención. En ese momento, entró a la casa y sin que nadie los viera, bajaron al sótano, no sin antes avisar a Abby y a Fer que era hora de comenzar con el plan:
Mientras Susanna y Sebastian iban al boat party, escabulléndose sin que nadie los viera, Abby y Fer ocuparían su lugar en la fiesta. La temática de mascarada era parte fundamental, ya que así sus caras estarían ocultas y nadie se daría cuenta de sus identidades. Por suerte, tenían complexión parecida y con ayuda de una peluca y los accesorios necesarios, nadie se podría dar cuenta de la diferencia. El objetivo era engañar al Secretario de aduanas y a los jóvenes asistentes a la fiesta.
Además de eso, como parte de la celebración, habría un par de videos y discursos por parte de los accionistas y líderes de AstraZeneca, lo cual tardaría al menos unos 45 minutos, y después de eso, se presentaría como evento especial, el ballet de la bella durmiente, así que tendrían un poco más de tres horas para ir a deshacerse de Aidan Crawford y Ricardo Soler y regresar sin que su ausencia fuera visiblemente notable, aunque tanto Abby como Fer estaban preparados para distraer a los invitados.
En la fiesta, aunque algunos ojos curiosos siguieron los pasos de Susanna y Sebastian, ninguno notó el cambio y cuando ambos volvieron a salir de la casa, nadie sospechó nada. Abby se sentó en una de las sillas del frente, tranquila y haciendo su mejor actuación, mientras Fer permanecía detrás de las sillas del público para supervisar todo. Por su parte, el Sr. Haggard se encargaba de que nadie se acercara a la entrara del sótano, que era la ruta de escape y entrada.
Unos escasos cinto minutos de escabullirse, Sebastian y Susanna salieron por una puerta escondida que había en el fondo del jardín, detrás de los arbustos y árboles que les servirían de barrera para que nadie los viera. Justo al salir, el mayordomo tomó a la chica en brazos y saltó la cerca electrificada, a lo que ella contestó con un leve grito de sorpresa.
-¡Podrías hacer las cosas de manera más sutil! –se quejó mientras lo abrazaba del cuello para sostenerse.
-Lo lamento mucho, señorita pero debemos apresurarnos –dijo mientras corría a toda velocidad hacia el lugar donde había ocultado el auto que rentaron especialmente para la ocasión- además creo que el recorrido será de su agrado –sonrió con malicia y coquetería mientras continuaba corriendo tan rápido como podía.
-Esto y las montañas rusas están en último lugar en mi lista de cosas divertidas –intentó que su voz sonara serena, a lo que él contestó negando con la cabeza.
-Oh, pero sus pupilas dilatadas y ritmo cardiaco me dicen lo contrario, además tengo en mente un par de ideas para esa lista de cosas… divertidas- su voz era seductora y suave en los oídos de la chica, quien de inmediato intentó darle una parada para que dejara de molestarla, a lo cual él contestó con una pequeña risita- eso hace las cosas más entretenidas.
-Sebastian… -su voz fue persuasiva, pero en realidad no le molestaba del todo. El mayordomo guardó silencio el reto del trayecto. Al llegar, al auto y en cuanto Susanna estuvo de nuevo sobre tierra firme, Sebastian abrió la cajuela para sacar la maleta con la muda de ropa- yo lo hago –ella se adelantó; quería poner un poco de distancia entre ellos. Sacó la mochila con ropa y se la colgó del hombro. Después tomó el porta trajes de Sebastian y lo agarró con ambas manos para que no se le cayera.
Todo iba conforme al plan…
Notas de la autora:
Hola a todos. Espero que les haya gustado este capítulo… me gustó mucho porque Sebastian comienza habla un poco del pasado y cómo cambiaron sus planes… ¡muajajaja! Espero les haya gustado y sigan interesados en la historia.
Koisshi Saotome Ackerman: ¡Morimos de frío! Al menos donde vivo, todos andamos con bufanda, guantes y yo me caliento los pies con la secadora de pelo… en fin, así es el invierno y estos frentes fríos. Saludos a los clientes tiesos…. (eso sonó muy feo…)
Andrea Vieras: Pues ya casi te pones al corriente. Espero te siga gustando la historia, porque se va a poner más interesante, romántica y misteriosa… sobre todo con tanta incógnita que se irá revelando.
¡Saludos!
