Capítulo 24. Daño colateral

Al día siguiente, Susanna despertó muy temprano. Estaba ansiosa por interrogar a Aidan Crawford y saber el paradero de Demian Janssens-Guillot. Estaba consciente de que el final se acercaba, pero eso no le impediría acabar con sus enemigos. Sin embargo, sentía un nudo en el estómago al pensar que su vida terminaría pronto.

El clima era espantoso esa mañana. Había una gran tormenta y el sol ni siquiera se asomaba por los bordes de las brumosas nubes. Los relámpagos caían de manera periódica, recordándole a Susanna lo vulnerable que era y qué tipo de individuo estaba encerrado en su sótano. Tan rápido como pudo se metió a bañar y se vistió apresuradamente. Al salir del vestidor se encontró con Sebastian, quien la esperaba con una amplia sonrisa.

-Muy buenos días señorita. Le he preparado waffles para desayunar. También un poco de jugo y…

-Sebastian… tenemos que –su expresión mostraba la urgencia que tenía por comenzar con el interrogatorio.

-Entiendo que quiera hablar a ese sujeto cuanto antes, pero debe tomarlo con calma. No sabemos qué trucos tenga bajo la manga… aparte de controlar el clima –miró hacia la ventana- Además el desayuno es la comida más importante del día –volvió a sonreír.

-Está bien –y entonces Susanna bajo las escaleras y fue al desayunador para comer un poco, aunque a regañadientes.

Varios minutos después, cuando la chica estuvo frente a la puerta del sótano, esta se abrió y la asustó un poco, pero la sensación pasó cuando vio a mayordomo saliendo del lugar con una sonrisa muy singular y una jeringa en la mano. Ella arqueó una ceja como esperando una explicación, a lo que él respondió.

-Supuse que un ligero calmante haría que el señor Crawford esté un poco más dispuesto a cooperar.

-¡Excelente idea!... –ella se sorprendió y volteó hacia arriba, como tratando de escuchar algo- incluso la lluvia se calmó un poco –sonrió y entró al lugar, pero antes de entrar Sebastian la detuvo por el brazo, atrayéndola hacia él.

-Tenga cuidado –le susurró.

-Lo haré... –ella lo miró a los ojos intentando ignorar lo penetrantes y seductores que eran, y finalmente se alejó de él para entrar al sótano y bajar las escaleras.

Era un lugar oscuro al que había entrado muchas veces y los libros que estaban allí habían sido llevados al estudio de la planta baja, adecuando el lugar para tener captivo a Aidan Crawford, quien se encontraba atado a una silla. Su rostro tenía una pinta somnolienta que sólo podía haber sido causada por la droga que el demonio le había inyectado.

Haciendo el mayor ruido posible, Susanna cerró la puerta tras ella y se paró frente a él. Su actitud era imponente y todo el miedo que sintió antes de llegar con él se transformó en odio y rencor, todo aquello que se había guardado durante tanto tiempo por fin encontró salida cuando lo golpeó en medio del rostro tan fuerte como pudo.

De inmediato salió sangre de la nariz de aquel hombre, manchando un poco más su camisa. El traje que llevaba parecía ser muy elegante, pero después de todo lo que había sucedido el día anterior, estaba roto y sucio y su rostro se veía demacrado. Sus ojos miraron con ira a Susanna y su cabello rubio, ahora alborotado le hizo pensar a la chica que estaba lidiando con un humano como cualquier otro, sólo que con un talento especial para modificar el clima.

-No sabes cuántas ganas tenía de golpearte… pero creo que dejaré las patadas para más tarde -ella dijo con satisfacción.

-Haz lo que quieras, pero no obtendrás información.

-Ya veremos. Creo que podría persuadirte con las herramientas adecuadas –ella se alejó del hombre para recargarse en la pared- ¿te intimida mi mayordomo?... ¿tanto como para tratar de comprarlo?

-¿Cómo puedes decir que esa cosa es tu mayordomo?... después de todo lo que has hecho, creí que serías más inteligente –dijo un poco molesto, como si la estuviese regañando- los demonios son volubles… creaturas en las que no se puede confiar.

-Qué extraño que puedas decir eso sin morderte la lengua… ¿tienes idea de lo que Schneider hacía?... –ella se alteró- ¿o de las consecuencias que tendría el enlace? Si le temes a Sebastian, no puedo imaginar cómo estarás cuando haya demonios, almas en pena y creaturas sobrenaturales rondando con libertad por todos lados.

-Vaya, vaya…. Así que pretendes ser una heroína –él se burló y miro hacia el suelo, como si estuviese asimilando las cosas- quieres detener el enlace final y salvar al mundo. Que conmovedor.

-Sí. Quiero impedir que le enlace se lleve a cabo, pero no por obtener victorias morales… eso se perdió desde hace mucho tiempo… -dijo con nostalgia y por unos momentos hubo silencio- he vendido mi alma a un demonio para acabar con ustedes… uno por uno, tal como ustedes fueron cazado a mi familia, sin importarles nada y con los métodos más crueles que pudieron imaginar –sus ojos se llenaron de lágrimas y se acercó a Aidan Crawford para jalarlo del cabello y gritarle- ¿tienes idea de lo que me hicieron?... ¿de lo que estuvieron a punto de hacerme? Yo no iba a pasar por todo eso… y entonces vendí mi alma y ahora estoy a dos pasos de terminar con el trato.

-Tú debías estar muerta…

-Sí, lo sé. Tal vez soy un muerto viviente –exclamó con hartazgo- pero quiero que me digas algo: para traer al ángel necesitan cumplir ciertas condiciones ¿no es así?... la primera son esos "dones" –usó un tono burlón- como ustedes los llaman… la telepatía de Ivan Reznik, las invocaciones de Schneider, que por cierto me causaron muchas molestias en la pierna, una espantosa herida a mi mayordomo y otra a… alguien más… –después de decir eso el hombre rio- ¿de qué te ríes?

-Nunca creímos que esto fuese a ocurrir –volteó hacia un lado, con una mirada melancólica- todo debió ser muy diferente. Nunca debiste estar rodeada de demonios ni shinigamis. Nunca se nos cruzó por la mente que pudieses ser una amenaza para nosotros –dijo como si estuviese reflexionando- ya te dije que debiste haber muerto junto con tus padres. Nos costó mucho dinero y tiempo el encontrarlos, así que espero haya valido la pena ese secuestro… -su voz volvió a ser burlona y aquello enojó a la chica todavía más.

-¡Silencio! –lo volvió a golpear y después de acercó a él y en voz baja le dijo- lo vas a lamentar… juro que lo harás…

Entonces ella salió del cuarto y subió las escaleras tan rápido como pudo mientras las lágrimas se ahogaban en su garganta, ardiendo como nunca por la impotencia al no poder matarlo de inmediato. Necesitaba mantenerlo vivo hasta que le diera la información que necesitaba y eso era precisamente lo que conseguiría por otros medios. Por el momento necesitaba alejarse de él y controlar sus emociones.

Al salir del lugar, se encontró con el mayordomo, quien seguramente había escuchado toda la conversación y estaba dispuesto a tomar cartas en el asunto.

-¿Se encuentra bien? Sabe que puedo obtener la información que busca en un par de minutos…

-No es necesario, gracias -por un instante cruzó por la mente de su mente dejar que Sebastian hiciera el trabajo sucio pero no quería depender más de él, así que decidió tomar un par de bolsas de plástico de la alacena, una pala del jardín y regresó al sótano bajo la sorprendida mirada del mayordomo.

En cuanto estuvo dentro de aquel cuarto, aventó las bolsas al suelo y tomó la pala para clavársela a Aidan Crawford en el pie derecho y entonces el hombre gritó de dolor. Aquello se repitió un par de veces más.

-Dime…telepatía, invocaciones, la visión sobrenatural de mi familia, las proyecciones astrales de Soler y, después tú que controlas el clima… ahora soy yo quien lo tiene… así que será mejor que me digas para qué los necesitan.

-No… tú no puedes… -se quejó del dolor- tú no puedes usarlos. Las mujeres no pueden utilizar los dones.

-Gracias por confirmarlo… mientras yo viva, no tendrán lo que necesitan.

-Pero si tú murieras, todos los dones se irían con Demian… y por fin probaríamos que Dios no existe… quizás ese mayordomo tuyo se nos una al final…

-Quisieras… - las intenciones de Sebastian habían sido aclaradas hacía tiempo. Si hubiese querido llevar a cabo el enlace, ya lo habría hecho, y si embargo seguía con ella, mostrándole la fidelidad que tanto le profesaba. Además, sus corazonadas le decían que podía confiar en él y por si fuera poco, los shinigamis también le creían, así que los intentos de Crawford por hacerla dudar eran inútiles.

-¿Qué poder tiene Janssens-Guillot? –ella preguntó de repente.

-Eso lo descubrirás tú cuando lo encuentres… pero será sin mi ayuda. Morir no me asusta. Desde el momento en el que desperté aquí, atado a esta silla, supe que pronto moriría y el darte información no cambiará las cosas.

-En eso tienes razón, pero de ti depende que tan rápida sea tu muerte… podría pedirle a Sebastian que acabe contigo –y entonces el rostro Aidan mostró terror- eres un cobarde… y un idiota. ¿Estás consciente de lo que el enlace significa?

-Demian nos ofreció protección… y nuestros dones se multiplicarían una vez que el enlace se concretara. No puedes detenerlo. Es inevitable… todo está calculado, incluso el más mínimo error o equivocación. Tú eres parte de ello, incluso a pesar de que no deberías estar aquí, ni ese demonio ni esos shinigami... Es un esquema que lleva planeándose más de un siglo. Ya deberías saberlo. Este plan es a prueba de errores.

-¡Dime cómo detenerlo! –se acercó a él y le sacudió el hombro.

-No puedo… Ya todo está hecho. Sólo es cuestión de esperar e ir al lugar preciso. La numerología siempre ha sido nuestra amiga y si crees que traer la lanza de Odín es poco, espera a ver lo que podemos hacer con un poco de energía. Es un ritual planeado desde hace mucho, y las prácticas ya han sido muchas. En cada desastre natural; terremoto, inundación o tsunami, practicábamos la canalización y el ritual, pero siempre nos faltaba algo… eso último que lo completaría –después su voz se convirtió en un susurro- …pronto… todo será más rápido de lo que crees.

Susanna se quedó muy pensativa después de escuchar las palabras de Aidan Crawford. Lejos de dar con el paradero de Demian, había escuchado lo que más temía: el enlace sería inevitable… al menos lo seria si todo continuaba. Por un momento se sintió más impotente de lo que se había sentido en las últimas semanas y la idea de que todo había sido en vano apareció en su mente.

Sus manos se envolvieron en puños y con fuerza golpeó una de las paredes y se preguntó qué era lo que faltaba para hacer el ritual del Enlace. Algo debía hacer falta, de lo contrario ya se habría hecho. Ambos guardaron silencio por varios minutos; quizás una hora en la que Susanna pensó en todas las posibilidades y el significado detrás de las palabras de Crawford, hasta que…

En contraste con la campiña inglesa, la dimensión de los de los shinigamis permanecía soleada e impasible. En ese lugar todo parecía ser constante y estático. El cambio de estación era casi el único indicio que el tiempo pasaba para ellos y con una mirada nostálgica, William veía cómo cambiaban de forma las nubes en el cielo. Tenía en su mano una taza de café que lo ayudaba a mantenerse despierto tras una larga jornada de trabajo el día anterior. Su mente estaba distraída, a kilómetros de su oficina. Sin darse cuenta sus pensamientos pasaron de la pila de informes que debía revisar, a los cinematic records corruptos y después a esa frase en latín que debía esconder un significado oculto.

Estaba meditabundo cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta y como arte de magia, regresó a su oficina.

-Adelante –se paró junto a su escritorio y Grell entró a su oficina

-Will, querido. Llegó esto para ti –le dio un sobre con sellos oficiales de la Asociación Internacional de shinigamis y el distintivo de cierto país- ¿esperabas una carta? –la expresión del supervisor denotaba lo sorprendido que estaba y se apresuró a tomar la carta- ¿Ocurre algo? -comenzó a leer y de pronto un gran silencio inundó la oficina-¿Will?... ¿William?

-Debo salir a hacer una recolección –su tono pareció ser más frío que de costumbre, tanto que Grell lo notó enseguida y con actitud seria lo cuestionó al respecto.

-Debe ser algo serio, como para que tú vayas a recolectar esa alma…

-No es el alma, sino las implicaciones –se ajustó los anteojos y guardó la carta en el bolsillo de su saco, pero después revisar el listado de gente por morir ese día- ¿Ronald está en su cubículo?

-¿Ronald? Supongo que sí… tenía un par de recolecciones y estaba preparando los expedientes… ¿vas a decirme que ocurre? ¡William! –dijo mientras seguía a William, quien caminaba por toda la oficina buscando algo y súbitamente, se quedó quieto y volteó a ver al pelirrojo.

-Es algo relacionado con Susanna Serafer y… todo lo que implica –entonces salió de la oficina con dirección al cubículo de Ronald.

-Si mal no recuerdo… -habló Grell para sí mismo- Ronald tenía que recolectar un alma en la residencia Serafer y… ¡Sebas-chan!... ¡Will, querido, déjame ir contigo! –corrió tras su jefe, quien ya le llevaba mucha ventaja.

Por su parte, el rubio estaba en su cubículo sentado, descansando un poco y haciendo tiempo para salir a las recolecciones, pero en cuanto vio entrar a su jefe con cara de pocos amigos, se puso de pie, alarmado y esperando una reprimenda por alguna falta al reglamento que pudo haber hecho en los últimos días.

Por sureste para él, William sólo le pidió el expediente del alma que debía recolectar en la residencia Serafer y tan rápido como llegó, se fue; sin dar oportunidad a que el joven shingiami hiciera más preguntas.

La confusión de Ronald era evidente, pero fue interrumpido por Grell, quien había llegado corriendo.

-¿Ya se fue Will?

-Acaba de irse, pero… -de pronto su actitud cambió y arqueó una ceja- ¿acaso querías ir a ver a ese demonio?

-Por supuesto que sí.

-Yo me preocuparía más por la actitud del jefe. Algo grabe debe haber pasado…

-Lo sé, todo empezó después de que recibió esa carta desde la oficina de otro país,pero no quiso decirme nada, así que… ¿a dónde vas? –vio como Ronald salía del cubículo y caminaba hacia los ascensores.

-A descubrir por qué tanto misterio… tengo una amiga en el departamento de asuntos internacionales. Voy a persuadirla de que me diga qué ocurre –le guiñó un ojo y continuó su camino.

El interrogatorio con Aidan Crawford continuaba pero Susanna no logró obtener mucha información, además seguía pensando en lo último que aquel hombre le había dicho y fue entonces que una idea había aparecido en la mente de la chica y se preguntaba si aquella era la respuesta a la interrogante más importante; si se trataba de la pieza que faltaba para traer al ángel caído.

-¡Una mujer! Eso es lo que les hacía falta. Una mujer para completarlo todo… ¿acaso tratan de usarme para completar el enlace?

-Es más complicado que eso… ¿Qué hora es?

-Las doce y media –miró la hora en su celular y lo guardó en uno de los bolsillos del pantalón- ¿tienes una cita? –preguntó con sarcasmo.

-Yo no, pero tú sí tienes una.

-Lo que me faltaba… quieres meter mierda en mi cabeza ¿no es así?... créeme, tengo experiencia con eso, así que no lo lograrás.

Y sin más comentarios, ella salió del sótano. Algo la hizo estar asqueada de ese lugar y buscó un poco de aire fresco, así que salió al jardín trasero. El clima continuaba como antes, sólo que ahora sólo había una llovizna ligera y los relámpagos habían desaparecido.

En cuanto estuvo afuera se preguntó en dónde estaría Sebastian. No lo vio por ningún lado mientras caminaba por el jardín y se suponía que debía estar afuera del cuarto donde tenían secuestrado a aquel hombre. Pero antes de que pudiese pensar más en ello escuchó un zumbido a lo lejos; para entonces Susanna ya reconocía el sonido y de inmediato volteó para buscar al causante de tal ruido.

No tardó mucho en encontrarlo y en cuanto vio quien era se acercó vistiendo una sonrisa cálida para saludarlo. Por unos segundos logró olvidarse del interrogatorio y todas las cosas malas que había pensado tras escuchar a Aidan Crawford. En ese instante sólo estaban ella, William y la lluvia.

Ver al shinigami la hizo sentirse un poco nerviosa, pero nada que se notara gracias a esa sonrisa boba que trataba de reprimir cuando estaba con él. Sin embargo esta vez fue diferente.

En cuanto vio la expresión fría y lúgubre del shinigami supo que algo estaba mal. El ver que la lluvia caía sobre su cabello perfectamente peinado y sobre su impecable atuendo de shinigami, la hacían pensar que algo malo había sucedido, pero no pudo identificar con precisión lo que era.

Él estaba de pie en el jardín, mirándola y titubeando un poco antes de caminar hacia ella. Sus ojos estaban fijos en los de la chica; su color era verde intenso, inexpresivos como la primera vez que ella los miró y sin embargo, algo no era natural en ellos, como si los estuviera forzando para que no mostraran lo que estaba pensando. En cuanto estuvo frente a ella, William bajó la mirada por un instante y se ajustó las gafas mientras volvía a mirar el rostro de la chica.

-¿Qué sucede? –ella preguntó con preocupación, esperando lo peor, pero nada la podría haber preparado para lo que estaba a punto de escuchar.

-Susanna…me contactaron desde la división de otro país… de tu ciudad natal… -él suspiró mientras veía el rostro de la chica cambiar de expresión con rapidez- me temo que…tu padre ha muerto…

-¿Qué dices? –ella exclamó, como esperando a despertar de una pesadilla; deseando que no fuera verdad- no puede ser… no…

-Están a punto de enviarme el cinematic record y…

-¡No! No puede ser… eso es imposible… tengo que… -no terminó la frase cuando corrió hacia su despacho, dispuesta a hacer una llamada que la hiciera escuchar la voz de su padre adoptivo diciéndole que todo estaba bien.

Lo único que pudo hacer William fue quedarse de pie en donde estaba, mirando como ella corría con desesperación y comprobar que era cierto. No podía sentir lástima o culpa por la muerte del señor; eso sería fatal para él, pero no pudo evitar sentirse mal por Susana. Verla así era desgarrador y eso aún no era lo peor.

Se sintió impotente y no supo qué hacer, así que decidió esperar a que ella apareciera otra vez. No tardaría mucho en hacerlo; lo sabía porque tenía un deber que hacer allí, y ella estaba estrechamente ligada a ello. La lluvia cayendo sobre su rostro le recordó en dónde estaba y bajo qué circunstancias, así que buscó refugio deba jode un árbol, cerca de la puerta que dirigía al cuarto donde Aidan Crawford esperaba su destino. Sería cuestión de minutos.

Cuando Susanna entró a la casa se topó con Sebastian, quien también tenía una expresión seria e inusual y entonces ella supo que era verdad. No hizo falta comprobarlo. El mayordomo ya parecía saberlo y cuando le explicó que acababa de recibir una llamada notificándole lo sucedido sintió un terrible agujero dentro de su pecho; una especie de vacío que tal vez no podría ser llenado nunca más.

-Parece que fueron órdenes de Demian Janssens-Guillot… yo- hizo una pausa y escogió con cuidado sus palabras—desde hacía algunas semanas me asegure que su padre tuviera una escolta, pero… eran medidas preventivas. Los guardaespaldas también fueron asesinados… fue un comando armado con…

-Entiendo… no necesito saber todos los detalles… no ahora –la voz de la chica fue silenciosa y llena de dolor, pero ella no parecía estar a punto de derrumbarse o llorar. Estaba en shock.

Desde el comedor, Fer, Abby y el Sr. Haggard observaron la escena. Fer había escuchado a Sebastian mientras hablaba por teléfono y en cuanto vio su expresión supo que no eran buenas noticias, así que corrió a avisarle a los otros dos empleados para ayudar en lo que pudieran, pero en situaciones así no había mucho más que hacer que observar y sonreír para mostrar simpatía ante la pérdida.

-Lamento mucho su… -comenzó a decir el demonio con mucha solemnidad pero ella lo interrumpió.

-No sigas… -su tono fue cortante- no digas cosas que no sientes ni pretendas algo que no eres…- y entonces caminó con paso firme hacia el sótano.

Sus oídos zumbaban y todo a su alrededor desapareció. Su objetivo era claro y estaba decidida a hacerlo. Salió que de la casa y caminó hacia la entrada posterior del sótano. La lluvia continuaba como antes, empapando su ropa y su cabello, pero no por eso apresuró el paso. Era como si estuviese caminando en cámara lenta y en el trayecto ignoró la voz que la llamaba.

-Susanna…. – era William, pero ella ni siquiera lo volteó a ver. Él no podía hacer nada al respecto; sería interferir con el mundo de los vivos, pero sintió deseos por detenerla, al menos hasta que se calmara un poco.

Una vez dentro del sótano, la chica miró cómo Aidan Crawford la esperaba con una sonrisa triunfal en los labios. A pesar de estar atado y en las condiciones en las que se encontraba, tenía aires de superioridad que terminaron por enfurecer a Susanna.

-¡Todo estaba planeado!

-Te lo dije, pero no me creíste… cada movimiento y cada pequeño detalle es parte del plan. Y a cada fallo nuestro, teníamos una solución. Sucede que en esta ocasión matamos dos pájaros de un tiro.

-Estábamos hablando del enlace y…. –de pronto su tono de voz cambió y se volvió más grave- sabes lo que sigue ¿no es así?

-Sí, y sólo me arrepiento de que no pudiésemos usar a ese imbécil como sacrificio para los demonios.

-¡Espero que sufras, hijo de puta!

Y entonces lo golpeó en el rostro tan fuerte como pudo y tomó la pala, golpeándolo en el estómago con todas sus fuerzas y después lo sostuvo por la garganta, sintiendo su laringe doblándose bajo sus dedos e impidiendo que él respirara. De repente sintió unas terribles náuseas y lo soltó, pero no tenía la más mínima intención de perdonarle la vida y concederle una muerte rápida, así que tomo una de las bolsas que había llevado con anterioridad y la puso sobre la cabeza de Aidan Crawford.

De manera instintiva él intentó luchar, pero fue inútil. Estaba atado de manos y pies. Al principio la bolsa se infló con el aire que se escapaba de los pulmones de ese sujeto y pronto, el plástico se pegó a su cara mientras luchaba por respirar.

Sí, Susanna disfrutaría cada instante de la agonía de Aidan Crawford, misma que se reflejó en sus ojos. El hombre luchó con todas sus fuerzas por zafarse de las cuerdas que sostenían sus manos y unos pequeños hilos de sangre escurrieron por sus dedos. La chica sintió cierto placer al ver cómo él luchaba por su vida hasta el último aliento. Sus ojos se inyectaron de sangre y poco a poco, como si fuera una fogata, ella pudo ver cómo su vitalidad se extinguía y moría lenta y angustiosamente.

Poco después una bruma cobriza salió de su cuerpo y Susanna la absorbió; el poder era suyo, pero esta vez el asesinar a aquel hombre no le causo ninguna satisfacción… no la tendría hasta que todo terminara. Por el momento, sólo sentía un tremendo vacío en lo que quedaba de su ya condenada alma y por primera vez consideró que todo era en vano; vender su alma, asesinar a tantas personas y renunciar a la salvación, para que al final no pudiese solucionar nada, o peor aún, que su venganza le supiera a cenizas.

Instantes después, William entró al pequeño cuarto con actitud solemne y después de mirarla con cierto escrutinio, buscando dios sabe qué cosa, procedió a recolectar el alma de Aidan Crawford con su death scythe y posteriormente a colocar un sello que decía "completado" en el folder que llevaba en su mano; sin duda el expediente de aquel hombre y donde se leía claramente que la causa de muerte había sido asfixia a manos de Susanna Serafer.