Capítulo 25. Ritos funerarios
(Ruta de William)
Tras terminar con su trabajo, William fijó su mirada en la chica por un instante, esperando a que dijera algo. No tenía una idea clara sobre qué hacer. Había cumplido con su deber pero algo lo retenía en aquel lugar, y ese algo era Susanna, quien lo miró con expresión era sombría. Él respondió el gesto con cierta preocupación y clemencia por el alma torturada de la chica, misma que podría ver superficialmente gracias a sus ojos de shinigami.
Susanna sintió que su corazón estaba a punto de explotar. Unas terribles nauseas la invadieron y miles de sentimientos la inundaron. Le era imposible contener las lágrimas un minuto más y la imagen del shinigami frente a ella la incitaba a llorar, pero cuando estuvo a punto de hacerlo, otro individuo vestido de negro entró al lugar.
-Señorita ¿necesita algo? –Sebastian caminó hacia ella y la miró con curiosidad, consciente de que ella estaba a punto de enfrentar una catarsis emocional, pero no estaba dispuesto a dejar que William fuera el que la consolara, o si quiera que lo presenciara.
-Haces las cosas demasiado difíciles –lo miró con cierto reproche y después miró al shinigami, quien continuaba quieto en el mismo lugar y ella de inmediato se arrepintió de haber estado a punto de mostrarse tan vulnerable como lo estaba- quiero estar sola.
Entonces salió del sótano, dejándolos solos con el cadáver de Aidan Crawford. Ambos la siguieron con la mirada y sin intentar detenerla, pero en cuanto ella hubo salido, William miró a Sebastian con una expresión casi letal y enfadada.
-Pudiste haberla detenido… pero eso es esperar demasiado de un demonio como tú y… -de pronto fue interrumpido por el mayordomo.
-¿Y eso a ti en qué te afecta?... crees conocerla bien, pero ignoras el hecho de que en situaciones así puede ser demasiado obstinada. Si tanto te preocupaba, la hubieses detenido tú. El que asesine a una persona más o a una menos sólo le agrega una pizca de condimento a su alma y para mí…
-Siento nauseas tan sólo por escuchar tus palabras, bestia infernal-lo interrumpió- … sabes bien que no hubiese podido detenerla. Sólo puedo evitar una muerte si se trata de alguien que aporte algo magnífico a la humanidad y…
-Si ese es tu trabajo, entonces no te quejes. Limítate a cumplir con tu condena y…
-¡Cómo te atreves! –lo amenazó con su death scythe y el demonio sonrió.
-Parece que he tocado alguna fibra sensible… -se dio la vuelta- no pienso pelear contigo. Susanna se enfadaría conmigo si te hiciera algo, y eso no va de acuerdo a mis planes, así que…
-Tu sólo la estás usando y no voy a permitir que…
-Vaya, vaya, parece que alguien se ha encariñado con ella –y entonces volteó a ver al shinigami con sus ojos de demonio- que conmovedor... pero desafortunadamente para ti… -caminó hacia él con actitud retadora, mientras William usó toda su fuerza de voluntad para no atravesarle el pecho con su death scythe- no pienso permitirte que te acerques más. Aunque no voy a doblegar de ninguna manera su decisión final, usaré todos mis recursos para que ella me escoja a mí.
-¿Esperas que confíe en tu palabra?
-Haz lo que quieras. Ella me entregará su alma de manera voluntaria, no sólo porque el contrato lo marque, y no sólo eso; su completa existencia también será mía, por decisión de ella. Lo que hagas u opines no podría importarme menos, pero… -acercó su rostro al de él- ten en mente que tus prejuicios sobre mí te impiden ver la realidad –y entonces se alejó de él y salió del sótano, pero en cuanto estuvo fuera, sin que el shingiami lo escuchara, dijo- yo también me preocupo por ella… más de lo que se nota a simple vista.
Y entonces Sebastian entró a la casa y comenzó a preparar los trámites y diligencias para que no hubiese problemas con el traslado del cuerpo del padre de Susanna o sus pertenencias.
Mientras tanto, William se quedó de pie en el sótano, repitiendo en su mente las palabras que acababa de decirle el demonio. Odiaba aceptar que había algo de verdad en ello y sus acciones dejaban ver que sus intenciones iban más allá del sólo devorar el alma de Susanna, sin embargo lejos de tranquilizarlo, eso lo preocupó más y sitió un vacío en el estómago. Era una sensación relativamente nueva para él. Llevaba un par de meses familiarizándose con ella y ahora parecía comprender de dónde provenía.
Por primera vez en muchas décadas no le importó trabajar tiempo extra y decidió permanecer en la residencia Serafer por el resto de la tarde. Más tarde llenaría el informe y papeleo correspondiente a su trabajo de la tarde; no dejaría a Susanna sola en las garras de Sebastian. No ahora que entendía lo que este buscaba.
Al siguiente día, la mañana comenzó muy temprano para William, quien llegó a su oficina desde las 5 AM para tener listo el informe de la recolección del día anterior. No se trataba de un trabajo normal, ya que implicaba a uno de los sujetos con cinematic records modificados y como era de esperarse, el expediente estaba incompleto. Aquellos fragmentos que no aparecían eran los más importantes y que podrían ser de utilidad para detener el Enlace, pero eso no era lo que más le molestaba al Supervisor de la División de Gestión y Envío.
Había pasado toda la tarde anterior y parte de la noche vigilando a Susanna. Después de que asesinara a sangre fría a Aidan Crawford, ella se había encerrado en su cuarto y no volvió a salir de ahí. William sabía que no le pasaría nada grave, pero se sentía intranquilo al dejarla en ese estado y al mismo tiempo sabía que no podía hacer más por ella.
El shinigami sintió el inicio de un ligero dolor de cabeza en sus sienes, producto de no haber dormido suficiente y darle vueltas al mismo asunto una y otra vez. Recargó su cabeza en el respaldo de su silla y suspiró, casi cayendo en la tentación de aflojarse la corbata, pero no lo hizo. Debía mantener su imagen profesional, incluso en circunstancias difíciles como esa. Quizás la más difícil a la que se había enfrentado en toda su carrera, pero no pudo continuar pensando en ello, ya que escuchó que alguien llamaba a la puerta de su oficina.
-Adelante.
-¿Señor? –Ronald se asomó por la puerta- tengo una entrega para usted –esperó a que su jefe le hiciera una seña para que se acercara- acaban de enviar esto desde la oficina de asuntos internacionales y… -notó la mirada cansada de William- ¿sucedió algo ayer en la recolección?
-Nada en particular. El cinematic record está corrupto, ese demonio continúa al acecho y… -suspiró- todas las complicaciones que eran de esperarse en una situación así…
-Entiendo –Ronald se relajó un poco y jugueteó con el paquete que sostenía- apuesto que Susanna está muy afectada por la muerte de su padre –se refirió al cinematic record que estaba dentro del envío y prestó mucha atención para no perderse la reacción de su jefe- si usted quiere puedo ir a echar un vistazo. Ya sabe, sólo para asegurarme de que esté bien y…
-Ronald… -dijo con tono persuasivo pero el muchacho continuó hablando.
-O tal vez prefiera ir usted mismo. Después de todo ustedes…
-Señor Konx –esta vez alzó la voz- me parece que tiene trabajo que hacer. Deje el paquete en mi escritorio y después puede retirarse –dijo con voz fría mientras se levantaba de su silla y caminaba hacia uno de los archiveros en su oficina en busca de un expediente.
-Sí señor –el joven shinigami hizo lo que se le indicó, pero antes de salir se detuvo y dijo en voz baja- no hay nada de malo en preocuparse. Después de todo, no somos seres insensibles y pasar siglos intentando serlo sería un error. Eso sin perder de vista nuestra percepción de la muerte –el chico fue muy sensato al decir esas palabras, cosa que William no se esperaba de él.
En cuanto Ronald salió de la oficina, el supervisor volteó a ver el paquete sobre su escritorio. Era el cinematic record del padre de Susanna. Debía mirarlo y después archivarlo junto con el expediente de la chica, mismo que sostenía en sus manos, pero vaciló un poco antes de regresar a su escritorio y después de abrir el paquete lo observó con detenimiento y se dispuso a trabajar. Por primera vez en muchos años vaciló en revisar un cinematic record, como si una extraña sensación de remordimiento se apoderara de él…
Al día siguiente en la residencia Serafer, Sebastian firmaba un par de formularios para recibir un envío que constaba de cuatro cajas de cartón perfectamente selladas. Había hecho lo posible para acelerar los trámites y el envío de las pertenencias del padre de Susanna y por fin había llegado el envío. También se encargó de todos los pendientes en el país natal de la chica para que ella no tuviese que preocuparse por nada más, sin embargo eso no haría más fácil la tarea que le esperaba para esa misma tarde.
El mayordomo ordenó a Fer y Abby que metiesen las cajas en el estudio de la planta baja mientras él iba a buscar a Susana, quien continuaba encerrada en su cuarto. No había salido desde el día anterior más que para buscar una cubeta con hielos y dos botellas de whiskey.
Tocó la puerta con suavidad, en caso de que ella estuviese durmiendo, pero no fue así. Una débil voz se escuchó del otro lado de la puerta.
-¿Me permite pasar, señorita?
-Sí… -cuando el mayordomo entró al cuarto se encontró con la chica acostada en el suelo, mirando hacia el techo y lentamente volteó a verlo. Junto a ella, una de las botellas de whiskey estaba vacía y la cama estaba destendida. La imagen no era tan terrible o patética como se lo había imaginado, pero cuando vio los ojos hinchados de la chica, su expresión se suavizó un poco y se hincó junto a ella- ¿sucede algo?
-Vine a ver cómo estaba… y a decirle que hemos recibido un par de cajas con las pertenencias de su padre.
-¿En serio? –se sentó- creí que eso tardaría más.
-Me hice cargo de agilizar las cosas y… -su tono pasó de ser serio y diplomático a ser un poco más cálido- me preocupa su estado, señorita… ¿hay algo que pueda hacer? Tal vez... –acercó su rostro al de ella, pero su mirada, lejos de ser amenazadora, parecía ser amable y sincera. Sus ojos eran los de su forma humana y se clavaron en los de ella.
La chica no reaccionó. Tan sólo se dejó llevar por la mirada del demonio y no hizo esfuerzo alguno por moverse. Se sentía sin energías para pelear contra él, y algo en su mirada lo hacía todavía más difícil. Sin embargo, Sebastian se dio cuenta de lo vacíos que se veían sus ojos cuando lo miraba y ese reflejo de humanidad, tan llena de sentimientos lo hizo detenerse.
-¿No vas a hacer nada? –ella le preguntó y él guardó silencio. No se acercaba más a ella, pero tampoco se movía y después de unos instantes, volvió a hablar- en fin… veamos qué hay en esas cajas –Susanna se dispuso a levantarse, pero en un abrir y cerrar de ojos se encontró con la mano de Sebastian ayudándola a hacerlo.
Ambos bajaron al estudio del primer piso y Susanna reunió todas sus fuerzas para cruzar la puerta y comenzar con la tortuosa tarea.
La primera caja que abrió contenía un par de suéteres y anteojos que en varias ocasiones había visto a su padre usar. Decidió quedarse con unos anteojos y deshacerse de lo demás. Cada caja que abría contenía diferentes pertenencias; pipas, libros, corbatas, relojes e incluso fotografías.
Cuando encontró un portarretratos en particular, sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones y se sintió incapaz de volver a respirar. Era un retrato de ella con su padre el día en que terminó la preparatoria. Él se veía sonriente y orgulloso mientras la abrazaba.
Debió haber pasado más de un minuto viendo esa fotografía, porque Sebastian se percató de su cambio de ánimo. No se veía triste. Era algo diferente que él no pudo describir y le causaba tremenda intriga.
-¿Sucede algo? –Sebastian preguntó con curiosidad y ella lo miró de una manera muy particular. No debía olvidar que era un demonio y las emociones humanas le eran por completo extrañas e ilógicas.
-Es sólo que… -miró a su alrededor y los objetos dentro de las cajas- son las cosas de mi padre… eso es todo –sus ojos se llenaron del lágrimas y le fue imposible seguir hablando, así que se limitó a continuar separando las cosas que conservaría de las que se desharía.
-Señorita, además de haber recibido estas cajas hay algo más… hoy por la tarde debemos ir a reconocer el cuerpo de…
-Está bien –dijo con voz cortante, deseando no pensar en lo inevitable y Sebastian pareció comprender, así que no hizo más comentarios al respecto y se limitó a mirarla de reojo mientras cerraba las cajas.
Y mientras eso ocurría, desde la sombra de un árbol en el jardín William observaba la escena. Se sentía extrañamente impotente y raro al mirar lo que ocurría; ver el pesar con el que Susanna se movía, como si hasta el respirar le causara molestia. Frágil y triste como nunca, y no pudo evitar pensar que se veía hermosa dentro de esa vulnerabilidad. Su alma y esencia habían cambiado y más que nunca sintió un poderoso impulso por protegerla y tenerla cerca, pero sus manos estaban atadas. No era correcto ante los ojos de sus principios e integridad.
Por otro lado, él sabía que Susanna podía sentirlo cerca. Los dones de su familia le permitían reconocer la presencia y ver a los seres pertenecientes a otras dimensiones, y el hecho de que ella no se hubiese acercado a él era una forma de decirle que mantuviera su distancia… o al menos eso fue lo que él supuso.
El deshacerse de las cosas de su padre había sido una experiencia desgarradora, pero no se comparaba con el hecho de ir a reconocer el cuerpo, sin embargo ella se sintió incapaz de llorar. Fue un momento breve, ya que Sebastian trató de que no permanecieran ahí más de lo necesario. Sin embargo, lo peor aún estaba por venir.
Al día siguiente fue el funeral en la Iglesia de San Juan Evangelista. No había mucha gente, tan sólo algunos miembros del consejo ejecutivo de AstraZeneca, quienes por diplomacia se solidarizaban con la chica, pero en realidad los únicos cercanos a ella eran Fer, Abby y el señor Haggard. Sebastian se mantuvo junto a Susanna todo el tiempo durante la ceremonia religiosa, incluso ante las protestas de la chica, quien estaba segura de que su mayordomo ardería en llamas… pero no fue así, y en todo momento estuvo al pendiente de la chica. Había algo que la hacía verse vulnerable y a pesar de que el demonio siempre había visto a los humanos como algo frágil, ella parecía serlo mucho más en esos momentos.
Desde el inicio de la ceremonia, antes de entrar a la iglesia, Susanna notó una presencia familiar cerca de ellos, sin embargo no pudo encontrar a quien estaba buscando; el dueño de esa presencia. Tampoco reparó mucho en ello, ya estaba demasiado cansada, aunque sentía un anhelo interno por hablar con él.
Durante la misa, William observó todo desde el segundo piso de la iglesia, detrás del órgano para no ser visto por nadie. Utilizaba esa habilidad propia de los shinigamis que lo hacía invisible a los demás, pero incluso así decidió esconderse. Tal vez Susanna habría podido verlo y prefería hablar a solas con ella, no mientras estuviese ese demonio al acecho; el mismo demonio que en ese momento se mostraba muy protector con ella, cosa que molestaba todavía más al Supervisor.
El momento más difícil para la chica fue cuando el ataúd abandonó el templo para ser llevado al cementerio. La imagen de la caja saliendo de aquel frío lugar, a contraluz, le produjo escalofríos y no se atrevió a verlo por más de un instante. Bajó la mirada y notó que Sebastian, quien hasta entonces hacía estado detrás de ella, apareció a su lado, ofreciéndole su brazo para que se apoyara de él en un gesto de genuina ternura.
Ella no dudó ni un instante en tomarlo. Lo necesitaba, ya que sus piernas estaban a punto de fallarle y lo agarró con todas sus fuerzas, esforzándose por no caer. Y cuando por fin salieron de la iglesia, fuera del intenso olor a incienso y madera vieja; abandonando la pretensión de parecer fuerte, rompió a llorar.
Desde el techo de la Iglesia, todavía oculto de los ojos humanos, el shinigami observaba todo. Apretaba con fuerza su death scythe, aguantado y luchando con las ganas de acercarse a ella y consolarla pero… ¿qué le diría? No tenía idea de cómo comportarse en una situación así. Era algo nuevo para él y mientras tanto, el llanto de Susanna estaba lleno de sentimiento, dolor y desesperanza. Se notaba que no podía mantenerse en pie y de pronto los brazos de Sebastian la rodearon para que no se cayera, ayudándola a caminar.
El demonio parecía impasible y poderoso junto a ella y William apretó todavía más su death scythe. No confiaba en las "buenas" intensiones de Sebastian para con Susanna, pero él tampoco hacía algo al respecto, así que la impotencia lo invadía.
El camino desde la Iglesia de San Juan Evangelista hacia el cementerio de Kensal Green era corto; estaban a pocos minutos de distancia y Susanna deseaba nunca llegar.
Antes de bajar del auto se puso unas gafas oscuras y cuando Sebastian le abrió la puerta, volvió a ofrecerle su brazo para que se sostuviera. Sin dudarlo lo aceptó y las lágrimas continuaban cayendo por sus mejillas. El único pensamiento dentro de su mente era una súplica por que el sufrimiento parara. No deseaba estar ahí y se sentía nerviosa con cada paso que daba.
El lugar era tranquilo. No había gente cerca más que la que iba al entierro y el cortejo fúnebre avanzaba con lentitud. La tumba del padre de Susanna no estaba muy lejos de la entrada y no pasaron más de quince minutos antes de llegar al lugar indicado. La agonía de la chica estaba a punto de acabar.
Una hora y media después no había nadie en el cementerio. El único sonido era el del viento soplando y algunas hojas moviéndose por el largo camino de pavimento que recorría el lugar. El atardecer hacía que las estatuas de mármol y piedra reflejaran sombras en el pasto recién cortado del Kensal Green. Susana estaba de pie frente a la tumba de su padre, donde la tierra acababa de ser colocada y la lápida resplandecía de lo nueva que era.
Estaba en silencio, mirando la inscripción con la fecha 1950-2015. Se sentía completamente sola, y no por el hecho de ser la única persona ahí; no le quedaba nada ni nadie. Las promesas de salvación después de esta vida habían dejado de existir para ella desde hacía unos meses y su única familia acababa de fallecer. La desesperanza la inundó y un par de lágrimas rodaron por sus mejillas. Esta vez estaba segura de que no volvería a ver a su padre y la tristeza la inundó aún más. No podía decir que se trataba de un adiós para siempre, ya que ni siquiera pudo despedirse de él, y aquello no dejaba de martillarle el corazón hasta hacerlo pedazos.
De pronto el sonido de unos pasos la sacaron de sus pensamientos. Eran pisadas firmes y rítmicas que sin duda se acercaban a ella. Al voltear se llevó una gran sorpresa, ya que era la última persona que habría esperado en aquel lugar, y al mismo tiempo le parecía muy natural.
-Sabía que estarías aquí, Susanna –la voz era suave y serena, casi como un murmullo.
-Hola, William –intentó no mirarlo, no quería que notara cuánto había llorado. No estaba lista para eso- tendría que haber imaginado que venías seguido a este tipo de lugares –ella intentaba relajar el ambiente; decir algo que no la hiciera ver tan vulnerable y afectada.
-Honestamente… qué imagen tan errónea tienes de los shinigamis –dijo con indignación- nosotros estamos ahí en el momento de la muerte. Los entierros no son… -hizo una pausa reflexionando en lo que acababa de decir. Su frialdad no era precisamente lo que ella necesitaba en esos momentos- quiero decir, nuestro trabajo termina mucho antes del cementerio.
-Comprendo –la voz de la chica era seca, evitaba decir más de lo necesario, temiendo que su voz se cortara de repente.
-Esto es algo que no acostumbro decir, pero… lamento mucho tu pérdida –se acercó un poco más a ella, ahora podía ver la inscripción en la lápida y el triste rostro de Susana.
-¿Lo dices en serio? –hubo un toque de sarcasmo en su pregunta y él se sorprendió un poco, haciéndola consciente de que había sido grosero de su parte. Después de todo, él estaba siendo sensible y esa actitud era muy inusual en él- Gracias –hubo silencio por un momento- en verdad te lo agradezco, sé que estás acostumbrado a ver gente morir a diario y una más no significa gran cosa para ti.
-Si lo hiciera, no podría hacer mi trabajo bien. Podría costarme la vida –dijo con seriedad- pero lo que de verdad lamento que estés pasando por esto.
-Es extraño ¿sabes? Sé que la muerte es algo natural, pero el saber que ya no lo veré más, que su compañía se ha ido para siempre me causa un tremendo dolor. Sobre todo porque, tu sabes, si hay algo más después de esto… me lo perderé –William hizo un sonido de desaprobación mientras acomodaba sus lentes- además, los que se quedan son los que sufren. Aquellos que parten ya no sienten lo mismo que nosotros y esa desolación es lo que duele en el alma como si fuera un cuchillo… se siente… un vacío… –al final se le quebró la voz y no pudo contener las lágrimas, aunque no hizo ruido alguno.
-Toma -el shinigami le dio su pañuelo en un gesto de caballerosidad. Quería hacer algo más, pero no sabía con exactitud qué. Las palabras parecían sobrar en aquel momento, por eso se quedó en silencio, viendo hacia el atardecer y disfrutando de la excepcional calma del lugar.
-William… -después de un par de minutos, Susanna pudo hablar- ¿puedo pedirte algo?
-Desde luego –contestó de inmediato y dando un paso hacia el frente.
-¿Podrías… abrazarme? –algo en su voz parecía demasiado frágil y William lo detectó con rapidez, sin embargo se quedó atónito ante la petición de la chica y su cuerpo se puso tenso.
Ella se arrepintió enseguida de sus palabras ¿cómo podría el mismísimo Supervisor de la división de Gestión y Envío de los shinigamis acceder ante tal capricho? Y el hecho de que William no dijera nada o hiciera movimiento alguno confirmó su temor. Sin embargo él era el único al que le pediría tal cosa. Su orgullo no le permitiría hacer lo mismo con Sebastian, quien de seguro aprovecharía la oportunidad para usar alguno de sus juegos mentales y aprovecharse de la situación, como lo había hecho con anterioridad, así que en ese momento él era la persona más indicada. Además, sentía un tremendo impulso por estar cerca de él.
¡Qué idea tan estúpida! pensó Susanna mientras daba un paso hacia atrás para alejarse del lugar, pero antes de que pudiera moverse más sintió los brazos de William rodeándola y acercándola a él.
Ella se quedó atónita por unos segundos. Había desistido de su esperanza porque aquel caballero inglés la abrazara y de repente lo sintió tan cerca que su calidez la inundó. Un abrazo era justo lo que necesitaba; la cercanía y el consuelo de alguien tras esa gran pérdida que había tenido y habían pasado meses desde que había estado tan cerca de alguien de esa manera, entonces sin pensarlo también lo abrazó y comenzó a sollozar, mientras William acariciaba su cabello con lentitud, sintiendo su cuerpo relajándose con el contacto de la chica.
Ninguno de los dos supo cuánto tiempo pasó y el sol fue el único indicativo de que los minutos transcurrían. Ella ya había dejado de llorar, sintiéndose reconfortada y protegida en los brazos de William, mientras escuchaba cómo dentro de su pecho el corazón se le aceleraba un poco. Un instante después se separó de él y alzó la cabeza para mirarlo. Se sentía un poco avergonzada y sus ojos estaban rojos por el llanto, una imagen que causó en él un sentimiento de ternura y con suavidad le dio un beso en el cabello, incluso sin saber la razón de sus actos.
Susanna se sorprendió aún más, pero antes de que pudiera decir algo se escuchó el sonido de un hombre aclarándose la garganta con discreción, pero con todas las intenciones de interrumpir el momento.
-Señorita… se está haciendo de noche y pensé que podría necesitar su saco –Sebastian tenía la mirada pensativa, en contraste con su tono de voz que era amable y cordial.
-Gracias. Creo que es hora de irnos –Susanna se separó del hombre de traje negro y se acercó al mayordomo, pero volteó a mirarlo antes de dar el primer paso- muchas gracias William. Nos vemos pronto –le sonrió.
-Hasta luego –el hizo un gesto de despedida que pareció muy solemne y cuando volvió los ojos hacia Sebastian, se topó con una mirada amenazadora y enardecida por parte del demonio, cosa que le causó más satisfacción de la que ya sentía.
Poco después, Sebastian siguió a Susanna y caminaron hacia el auto, dejando atrás el cementerio y las frías lápidas que contaban la historia de un sinfín de gente enterrada en el lugar. El shinigami miró a su alrededor y suspiró, para luego regresar a su dimensión.
Notas del a autora:
Hola, muchas gracias por continuar leyendo la historia. Recuerden que el fanfic se dividió en dos: la ruta de Sebastian y la ruta de William (es básicamente lo mismo y lo que cambian son algunos detalles y la parte romántica de la historia).
Como habrán notado, estamos estrenando portada. ¡Por fin! Después de meses de buscar a un ilustrador, encontré al maravilloso Luis Antonio Zamora, quien se dio a la tarea de hacer el diseño y trabajo digital. Agradezco mucho su paciencia y creatividad, y sobre todo quisiera que conozcan su trabajo. Dejaré un link a su página de deviantart en mi perfil ;) ¡Estoy de verdad feliz con la ilustración! ¿ustedes qué opinan?
Como siempre, si tienen algún comentario, no duden en hacérmelo saber, igual si tienen alguna queja, sugerencia o si quieren contarme un chiste también es bienvenido xD
Koisshi Saotome Ackerman: ¡Perdón! No te vuelvo a abandonar tan abruptamente (además ya viene la semana rivetra…). La buena noticia es que avancé a la siguiente etapa de admisión del a maestría. Sólo falta una entrevista y ¡listo!... además eso no implica que deje de actualizar. ¿Cómo van los niños? ¿y el celular nadador?
¡Saludos!
