Capítulo 26
El verdadero él. (Sebastian)
Al siguiente día, Sebastian elaboró un plan que aseguraría que Susanna se distrajera. Eso era justamente lo que hacía mucha falta y pensó que una buena idea sería llevarla al "Victoria and Albert Museum"; ¿qué mejor lugar para ser guía turístico? El demonio había vivido durante esa época y sabía mejor que nadie cómo era en realidad la Reina Victoria, sin mencionar las innumerables anécdotas que tenía, mismas que la chica sin duda disfrutaría.
Al principio, Susanna se mostró renuente a salir, pero un par de trucos por parte del demonio la animaron a hacerlo. Su estado de ánimo había mejorado significativamente, haciéndola un poco más susceptible a los gestos de decepción y tristeza que el mayordomo le mostró para poner en práctica la psicología inversa, mezclada con la atracción física que sabía que ella sentía hacia él. A Susanna, le gustara aceptarlo o no, se había encariñado y acostumbrado a él y Sebastian sabía qué botones presionar para persuadirla en caso de ser necesario. Este era uno de esos momentos.
Por otro lado, ella todavía recordaba aquella "cita" que tuvo con él en Estocolmo, y aunque esta vez no sería lo mismo, disfrutaba cada vez más de la compañía de Sebastian. Llevaba ya un tiempo sintiendo culpa y remordimiento porque se interesaba en él de una manera que distaba mucho de lo que era el contrato original que habían hecho, pero sólo por ese día se olvidaría de ellos y dejaría que la guiara por las amplias galerías del lugar. Sin pensar en las consecuencias. Después de lo que había pasado esa sería la mejor manera de darse un respiro.
Sebastian se aseguró de que fueran sólo ellos dos y para ello les dio el día libre al resto de los empleados, de modo que él fungiría como conductor, mayordomo e incluso chef, si ella lo requería; la tendría sola para él.
El ambiente londinense nunca dejaba de sorprender a Susanna. Era muy diferente a lo que estuvo acostumbrada toda su vida, y durante todo el tiempo que había vivido en Inglaterra, habían sido pocas las ocasiones en las que había visitado la ciudad por placer y no por negocios, independientemente de la naturaleza de estos, así que se alegró de haberse dejado convencer por su mayordomo y conocer más el lugar.
Al entrar al museo, Susanna admiró lo alto de los techos y cómo la preciosa arquitectura victoriana la invitaba a imaginarse otros tiempos y su corazón comenzó a latir con fuerza. Respiró hondo y se adentró más en el edificio seguida por el demonio, quien la observaba muy de cerca con una diminuta sonrisa en los labios. El lugar parecía tener mucho eco y se escuchaban voces provenientes de todos lados, pero el lugar no estaba tan concurrido como de costumbre.
Mientras caminaban por el museo, ella no supo qué le resultaba más fascinante: las preciosas exhibiciones de objetos cotidianos de la era victoriana, acentuados por la belleza de los cuadros a su alrededor, o los cambios en el rostro de Sebastian mientras explicaba con gran entusiasmo lo que había tras las vitrinas. Parecía tener una historia para cada objeto; muchos de ellos de uso cotidiano e incluso juró que un par de ellos pertenecieron a su antiguo amo, cosa que le causó risa ante la ironía.
Ella disfrutaba escucharlo hablar con su aterciopelada voz, llena de conocimientos y su peculiar acento. Además la forma en la que acomodó el cabello detrás de su oreja y los lentes meramente ornamentales que llevaba puestos, lograban su cometido por parecer un guía turístico muy letrado en historia, sin mencionar lo apuesto que lucía.
Por supuesto, Sebastian notó las miradas de la chica, que de vez en cuando eran un poco más que indiscretas, todo parte de su esquema para que ella cayera en sus redes. Ese día no haría nada al respecto, dándole confianza para que continuara haciéndolo y sólo le sonrió con coquetería un par de veces y de vez en cuando sostenía su mirada de manera seductora; ambos en una especie de batalla por ver quién cedería primero: ella luchando por no sonrojarse de más ni dejarse llevar y él por alimentar sus pensamientos.
Al final del día, el ánimo de Susanna estaba notablemente mejor y todos en la casa lo notaron cuando regresó riéndose con Sebastian mientras él le contaba de la vez en que tuvo que infiltrarse en un circo para conseguir información de cierto individuo peligroso. Por supuesto omitió las partes en donde aparecía William con ese ridículo traje amarillo y morado; no quería que ella pensara en el shinigami.
El siguiente día, el mayordomo tuvo una excelente idea, que además de creativa, le ayudaría a Susanna a distraerse mucho, además de que la haría pasar un buen rato con él. Después del desayuno, él entró al estudio con una gran sonrisa y la miró por unos instantes, disfrutando de la imagen de la chica sentada en la silla mientras escuchaba música con los ojos cerrados.
-Señorita… he preparado algo especial para el día de hoy, pero debe venir conmigo al jardín.
-¿Qué es? –las palabras del mayordomo lograron intrigarla.
-Es una sorpresa, pero estoy seguro de que le gustará. Venga conmigo.
Dicho y hecho, bajaron hacia el jardín, donde había una mesa dispuesta con un mantel de plástico y dos montones de arcilla, y frente a esta un busto de mármol que tenía el rostro de un rey griego.
-Pensé que un poco de arte la animaría y la escultura es, a mi parecer, el mejor método para producirlo… es tangible y de buen gusto. ¿Qué opina?
-Yo… -ella se impresionó, y la amable mirada del demonio la dejó casi sin palabras-… creo que es una buena idea.
Y después de sonreírle, se sentó en una de las sillas y esperó a que Sebastian comenzara con la clase. Estaba sentado junto a ella, pero le daba indicaciones sobre cómo moldear la arcilla y sobre todo cómo hacer para que las formas se mantuviesen firmes.
De pronto, él se levantó y se paró detrás de ella para darle más indicaciones, casi rodeándola con los brazos y la chica de inmediato comenzó a reír… una risa que pronto se convirtió en carcajada.
-¿Sucede algo? –el arqueó una ceja y la miró con cierto reproche. Pensó que su acercamiento tendría un efecto muy diferente.
-No, nada… es sólo que… -le ganó la risa y no pudo seguir hablando, así que el mayordomo tuvo que esperar a que ella se tranquilizara para obtener su explicación. No tenía idea de lo que sucedía- Sebastian, por favor… espero que no pretendas hacer una escena como la de ghost –y continuó riendo.
-No tengo idea de qué me habla…. –dijo con un poco de hartazgo, pero por dentro disfrutaba de su risa.
-Es una película que… -soltó otra carcajada- ¡en verdad no tienes idea!… está bien, olvídalo. No pienso torturarte con películas cursis pero… por favor, quédate en tu asiento.
Esperó a que el demonio regresara a su silla y después él continuó con la explicación, un poco frustrado por el fracaso de su acercamiento y su evidente ignorancia en temas de cultura popular. Sus "estudios" y observaciones sobre la naturaleza humana no habían incluido películas de Hollywood.
Una vez que ambos volvieron a concentrarse, continuaron con la actividad. Era una escultura relativamente sencilla, a excepción del rostro que parecía reusarse a quedar bien puesto por las manos de Susanna. La arcilla se sentí fresca al contacto con la piel de la chica, agradable por el contraste con el calor veraniego. Su rostro era el de completa concentración mientras intentaba moldear la barbilla de la escultura.
Mientras tanto, Sebastian intentaba mostrarle cómo hacerlo, pero como era de esperarse, su escultura estaba quedando casi igual a la original y él parecía no hacer el menor esfuerzo, pero eso no frustró a Susanna. Sabía que le gustaba lucirse y sólo sonrió un poco al verlo.
Minutos más tarde ella seguía teniendo problemas, pero esta vez con la forma de los ojos, que le quedaban chuecos cada vez que los formaba y al ver esto, el mayordomo se inclinó un poco hacia ella y comenzó a explicar con una voz muy suave.
-Las esculturas son como las personas. Ninguna es igual a la otra, y ni siquiera sus rostros son simétricos. Parece que usted trata de hacer los ojos iguales, como si fuera uno copia del otro, pero esa no es la forma que tienen –señaló el busto original- si se fija bien, el ojo derecho está un poco inclinado hacia afuera y el izquierdo es más pequeño que el otro. Esas pequeñas imperfecciones son lo que lo hace atractivo e interesante. Además, el contraste con la nariz y la frente amplia los acentúa más.
Mientras le explicaba, sus ojos humanos parecían brillar como si estuviese sintiendo algo… tal vez pasión o algo parecido que nacía de su apreciación del arte y el compartirlo con alguien. La manera en que gesticulaba y el cómo explicaba todo no sólo lo hacía más atractivo y apuesto, sino que mostraba que, pese a ser un demonio, había algo más allí dentro. Algo que no dejaba ver, al menos no a cualquiera, y que lejos de ser la maldad pura o la más absoluta perversión, era una amabilidad tangible; honesta.
Compartía su conocimiento con Susanna y lo hacía con mucha paciencia, sin el afán de inflar su ego y con la sola intención de ayudarla para que ella lo hiciera bien. Y ante tal imagen, ella se dio cuenta de que era una faceta de él que nunca había visto. Nunca creyó que existiera, y le quedó claro que ese demonio no era ni siquiera un poco parecido a los paradigmas religiosos o históricos que le habían enseñado a temerle. En ocasiones lo hacía, y sabía que podía ser terrorífico, perverso, cruel e incluso despiadado, pero eso no era todo. No con ella.
La miraba de una manera especial en la que ella misma podía sentirse a gusto, haciendo a su corazón palpitar con emoción y expectativa, y al menos durante ese día, ella se permitiría verlo como era… no como había pensado que era; lo vería como alguien a quien podría llegar a querer muchísimo… si no es que ya lo hacía.
-Otro truco que le podría servir es el usar un palillo para delinear lo que quiere formar y quitar el exceso de arcilla. Así… ¿lo ve? Así es mucho más fácil y… ¿me está escuchando? –dijo al notar que ella lo estaba mirando fijamente, con los ojos perdidos en su rostro y la mente muy lejos.
-Sí… -desvió la mirada y sacudió ligeramente la cabeza, como obligándose a regresar al presente- es que…. Me di cuenta de algo.
-¿De qué? –el preguntó con mucha curiosidad e intriga.
-De que… -pensó durante un instante- esto de la escultura no es tan difícil como parece –le sonrió y volvió a ponerle atención a la arcilla.
Cuando terminaron con las esculturas, Sebastian llevó una pequeña cubeta para que se limpiaran las manos y ella de inmediato comenzó a quitar los restos de arcilla de sus dedos, pero a pesar de parecer estar por completo concentrada, comenzó a hablar sinceramente.
-No he sido yo estos últimos días. Supongo que los has notado ¿no? -preguntó por inercia; sabía la respuesta de antemano.
-Ni el más mínimo detalle en usted pasa desapercibido por mí –las manos de Sebastian ya estaban limpias y se disponía a ponerse los guantes blancos.
-Me imagino. Pero… -dudó un poco antes de hablar. No quería que lo que iba a decir se escuchara como si se sintiera insegura- ¿en algún momento pensaste en cancelar el contrato?... ¿mi alma cambió?
-En ningún momento pensé en ello–el demonio se apresuró a decir, más serio que de costumbre. Sus ojos eran penetrantes mientras se clavaban en los de Susanna- Sí, su alma cambió un poco, y eso era de esperarse. Pero como le dije hace tiempo… su alma: pura, inocente, despiadada o como la maldad más profunda, me parece exquisita –su mirada fue todavía más intensa, haciendo que ella sintiera un escalofrío que no era de temor ni de angustia. Fue algo diferente que terminó por quitarle el aliento por un segundo y aquello no le desagradó ni un poco- … y si me lo preguntara, diría que ahora es mucho más atractiva para mí.
Ella sonrió un poco y continuó lavándose las manos, pensando en lo que él acababa de decir y su actitud de hacía unos minutos. Supo entonces que nada era estático en esta vida; todo cambiaba por diferentes razones y junto con los cambios, también hay gratas sorpresas. También se preguntó si era parte de un destino ya escrito, o si era consecuencia de las decisiones pasadas… fuese lo que fuese, al menos durante ese momento, podría sobrellevarlo y aceptarlo.
Un par de horas después, mientras Sebastian le servía el té en su despacho, Susanna cambió radicalmente su expresión, como si acabara de darse cuenta de algo, y rápido le preguntó.
-Espera… ¿lo que dijiste era en serio?... ¿notas todo? –el asintió- ¿y sí me corto las uñas? –el volvió a asentir con la cabeza- ¿mi estado de ánimo?... ¿si tengo sueño?...
-Cualquier cambio en su actitud o lenguaje corporal. También cambios físicos y hasta… hormonales… -esta vez sus ojos parecieron ser algo traviesos y retadores, abriéndose un poco más para después entrecerrarse un poco.
-Ok. Es hora de terminar con esta conversación…
Un día después, Susanna se sintió lo suficientemente fuerte para continuar con las investigaciones. No podía postergarlo más, y a pesar del temor que había en su interior, decidió que era hora de ponerle fin a todo aquello.
El tema de la numerología y campos energéticos le era por completo desconocido para ella, pero según lo que Crawford le dijo, era parte fundamental en el enlace. Había muchísimas cosas que debían tenerse en consideración para traer al ángel caído, incluidas fechas, constelaciones, números, ingredientes… en fin, y por si eso fuera poco, los requerimientos para el enlace eran aún más, o al menos eso suponía la chica.
Recordó que en una de sus visitas al sótano encontró un par de libros al respecto, así que optó por irlos a buscar. Después de desayunar se dirigió hacia allí, pero antes de hacerlo notó que Sebastian parecía más sonriente que de costumbre y por su mente pasó que eso no podía significar nada bueno.
-¿Sucede algo? –dijo mientras salía de su cuarto, después de lavarse los dientes y alistarse para el resto del día. Sebastian estaba recargado en la pared junto a la puerta de su habitación.
-Oh, nada señorita… es sólo que ha vuelto a ser la de antes, o una versión mejorada. Tal vez más interesante -se acercó un poco, caminando hacia ella mientras la observaba de pies a cabeza- me atrevería a decir que… fascinante, para un demonio como yo –le dijo casi susurrando, ya que su rostro estaba muy cerca del de la chica y sus ojos decían casi lo mismo que sus palabras pero con más picardía.
-Me alegro de que no hayas perdido el interés –Susanna se atrevió a decir. En parte por curiosidad, y también porque no le había desagradado el cumplido; no todos los días se reciben halagos así por parte de un hombre apuesto… ni de un tentador demonio.
-¡En absoluto! –no es movió de donde estaba y sus ojos le sonreían mientras recorría su rostro sin la menor intención de ser discreto- ¿quisiera comprobarlo?
-Tenemos trabajo que hacer –ella se alejó de él casi de inmediato, bajando las escaleras con prisa y recordándose lo impráctico de la situación, pero con una gran sonrisa en los labios.
Sebastian la siguió hasta el sótano, donde los libros estaban almacenados y sostuvo una linterna para que la chica pudiese leer los títulos. Algunos de ellos estaban en latín, otros en inglés e incluso había tomo en francés y español. Además se ser cruel y despiadada, la inquisición dejó un legado de información muy útil para quienes sabían utilizarla… un arma de doble filo. Pero Susanna no reparó mucho en ello y se concentró en su búsqueda, ayudada de las traducciones de su mayordomo, quien por alguna razón parecía causarle escalofríos con su mirada.
Después de tomar unos siete volúmenes sobre demonología, dos sobre rituales energéticos y con los diarios de su abuelo a la mano, fueron hacia el estudio. Los ojos de la chica reflejaban lo determinada que estaba a dar con la fecha en el que Demian haría el ritual. No quería perder más tiempo, y entre más pronto, mejores oportunidades para impedirlo tendría. Sin embargo, los planes del mayordomo parecían ser un poco diferentes. Su actitud era inusual y hacía un par de horas que comenzó a hacerla demasiado consciente de sí misma, poniéndola nerviosa y al límite de su autocontrol.
-Según Crawford, necesitan a mucha gente… o mejor dicho, muchas almas para hacer el ritual. Pero eso es sólo el primer paso. Si tan sólo supiéramos cómo es el ritual… ¿estás seguro de que en los diarios de mi abuelo no dice…? –no terminó la frase porque en cuanto volteó a ver al mayordomo, notó como la observaba y sus ojos le decían miles de cosas que la hacían sonrojarse y se regocijaban en ello.
-¿Sí? –él fingió inocencia mientras se recargaba en el respaldo del sillón donde estaba sentado.
-No hay nada más sobre…-volvió a distraerse- sobre… sobre algo que sea –volvió en sí y terminó la frase después de mirarlo con severidad- ¡carajo! …. algo que nos pueda ayudar. ¿algún tipo de fecha cabalística?
-No, me temo que esto no tiene nada que ver con la Cábala, señorita… o al menos no como usted podría pensarlo.
-No estás siendo de mucha ayuda, ¿sabes? –se levantó del sillón y caminó hacia su escritorio, quitándose la chamarra y dejándola sobre la silla. De repente sintió un incómodo bochorno. Llevaba una blusa sin mangas que de inmediato la hizo sentir más fresca, además era verano y el clima era muy agradable.
Después tomó uno de los libros sobre numerología y comenzó a leer, esperando comprender algo sobre cómo funcionaba y si los mismos principios aplicaban en diferentes culturas. Era, en efecto, un tema por demás denso y tedioso, por no decir confuso para cualquier persona iletrada en cuestiones matemáticas y de ocultismo; sendas para las cuales Susanna sólo tenía conocimientos básicos. Conforme avanzaba su lectura y caminaba alrededor del estudio, le surgían más dudas y ocasionalmente le preguntaba al demonio sobre aquello, pero algo le decía que él estaba haciendo todo lo posible para obstaculizar la tarea, dando contestaciones vagas o confusas y contradictorias.
Tras un suspiro de desesperación, Susana aventó su libro y tomó el diario de su abuelo para leerlo otra vez. Tenía la esperanza de encontrar algo nuevo o quizás algún acertijo que hubiese pasado por alto. Estaba muy concentrada y no se dio cuenta de que Sebastian se había levantado de su asiento para acercarse a ella.
-Por lo menos estamos seguros de que el ritual se llevará a cabo en el Reino Unido –ella usó un tono de conformidad, como si le estuviese viendo el lado positivo a la situación, pero de improviso, sintió la voz de Sebastian vibrando junto a su oreja, con un tono profundo y casi hipnotizante.
-Y sin embargo, es un territorio muy amplio. Podría estar en Escocia, cerca de las Tierras Altas, en algún punto elevado y apuntando al norte -puso la palma de su mano izquierda sobre el hombro de la chica, y con la otra mano sostenía su cintura con firmeza. En algún momento en el que ella no se dio cuenta, Sebastian se había quitado los guantes- si fuese en Inglaterra hay un sinfín de lugares para canalizar energías. Hyde park... Stonehenge... o quizás Pluckle... –mientras hablaba, rozaba con las yemas de sus dedos el brazo de Susanna, recorriendo poquito a poco su piel desde el hombro hasta el codo y parte del antebrazo, todavía susurrándole al oído y disfrutando los escalofríos que le ocasionaba y podía ver en su nuca, gracias a sus ojos de demonio- o quizás más al sur. En Gales, donde se han gestado leyendas en las que el diablo construye un puente cerca de Ceredigion. Un excelente lugar para invocar seres de otras dimensiones… -su mano logró bajar hasta sus costillas y siguió el recorrido, bajando por su cintura y después al inicio de su pierna- he estado allí antes –por un instante, Susanna agradeció el traer pantalones, ya que si hubiese vestido falda habría sido imposible no gemir ante el tacto de su mayordomo, quien con mucha lentitud acariciaba su muslo y la atraía más hacia ella -la Torre Scrabo también esconde muchos secretos y no me extrañaría que fuera propicia para hacer rituales antiguos, especialmente por la posición geográfica de Irlanda del Norte.
Su tono de voz era suave y encantador. Lograba que ella se desconectara de la realidad, dejándose llevar por la placentera sensación de las caricias de Sebastian, su aliento rozando su nuca y el embelesador aroma de su loción, que la envolvía mientras cerraba los ojos para enfocarse sólo en sentir. Pronto, Sebastian volvió a subir su mano derecha hacia el brazo de la chica, volviendo a recorrer el mismo camino que había trazado antes y con delicadeza movió su cabello, dejando al descubierto la marca del contrato. Después se acercó un poco, sus labios casi rozando aquel punto y….
-Suficiente… -reunió todas sus fuerzas para alejarse de él y tener cierta entereza en su voz- enseguida vuelvo –y caminó hacia el baño para lavarse la cara y refrescarse un poco, además de poner un poco de distancia entre ella y Sebastian.
Susanna parecía haberse topado con un pared, y Sebastian hacía todo más difícil con su actitud… sentía como si sus ojos no se apartaran de su figura y su continua sonrisa y comentarios en doble sentido no la dejaban concentrarse como quería. Todo sería más fácil si su mente no estuviera tentándola constantemente con la idea de seguirle el juego, pero muy por dentro tenía la firme convicción de que era sólo eso: un juego, mismo que no sería ni oportuno ni adecuado en su situación actual. ¡Por Dios! Se enfrentaba a la mayor catástrofe en miles de años y un amor platónico era lo que menos necesitaba.
Después de pensarlo un rato, optó por frenar al mayordomo con otros métodos, así que tomó el silbato que William le dio y decidió enviarle un mensaje. No quería quedarse sola con el mayordomo y además, debía consultar con los shinigamis para llegar al fondo de todo aquello; la numerología no era lo suyo y Sebastian no cooperaba en lo más mínimo.
Cuando regresó al estudio, se encontró con que el demonio continuaba ahí, ojeando uno de los libros, pero no se veía del todo concentrado y al notar esto, ella dijo con tono firme
-Acabo de contactar a los shinigamis para que nos ayuden un poco –de inmediato los ojos del demonio parecieron entristecerse, pero ella no le creyó. Sabía que era otro de sus trucos para hacerla sentir culpable- no me veas de esa manera, porque bien sabes que necesitamos… -no terminó su frase porque Sebastian tomó su mano y la besó con delicadeza, diciendo.
-Señorita, me apena mucho que no ser de ayudarla… tal vez si me diera un par de horas más podía descifrar todo aquello y… tal vez… -poco a poco se acercó más a ella con su mirada seductora, tomándola por la cintura y por un segundo ella estuvo a punto de darse por vencida, hasta que vio esa sonrisa burlona en el rostro del demonio y entonces lo empujó poniendo sus manos sobre su pecho y quejándose.
-¡Déjame en paz! –se alejó de él, poniendo un gesto de desagrado mientras intentaba calmar los rápidos latidos de su corazón- suficiente por hoy….no quiero que te me acerques tanto, ni que me susurres al oído, ni que me toques ni mucho menos que pongas tu rostro tan cerca del mío… es más, intenta no dirigirme la palabra. Es una orden –aclaró antes de que el otro pudiera rebatirla.
-Como usted ordene… -dijo, todavía con una sonrisa y resignándose, aunque después de un instante dijo algo en voz baja, pero con suficiente volumen como para que ella lo escuchara- pero creo que usted lo disfrutaba tanto como yo…
Ella hizo caso omiso de sus palabras y se sentó en el escritorio, donde pretendió leer más sobre numerología, aunque sólo en apariencia, ya que su mente estaba en otro lado.
Casi treinta minutos después William, Ronald y Grell aparecieron en la puerta de entrada y Susanna los recibió con una sonrisa de alivio.
-Me alegro de que hayan llegado. Tenemos información nueva y… necesitamos descifrarla.
-¡Manos a la obra! –dijo Ronald animado y casi de inmediato, Grell pasó corriendo junto a él, abalanzándose sobre el mayordomo.
-¡Sebas chan! ¡Tenía tantas ganas de verte! – terminó de decir antes de estrellarse con un muro, gracias a que su blanco se movió en el momento adecuado.
La chica observó la escena con cierto humor, y después vio como subían las escaleras, Sebastian regañando a Grell y Ronald comentando sobre lo doloroso que debió haber sido el golpe, y justo detrás de ella, William observaba con detenimiento a Susanna hasta que ella volteó para encararlo.
-¿Cómo estás? –preguntó con voz serena.
-Mejor, gracias… creo que… entre otras cosas, Sebastian me ha ayudado mucho a salir de aquello y… -de pronto, notó la mirada de desacuerdo en el shinigami- es tiempo de seguir adelante, o el enlace se llevará a cabo. No puedo permitirlo.
-Estoy de acuerdo contigo… pero antes quisiera asegurarme de que en realidad estés bien –se acercó un poco a ella, aproximando su rostro un poco más y mirándola a los ojos con preocupación en su mirada, y un poco de ternura.
-S..sí, estoy… bien –por un momento se sintió un poco consternada por la cercanía del shinigami y sintió un leve impulso por alejarse, pero una voz sonó detrás de ellos…
Notas de la autora.
¡Hola a todos!
Me divertí mucho escribiendo este capítulo, aunque me costó trabajo imaginar a Sebastian haciendo algo diferente y creativo, pero creo no quedó nada mal. En especial me encantó la parte en donde habla sobre las diferentes locaciones en el Reino Unido y al mismo tiempo toca a Susanna, como si fuera una metáfora o estuviese trazando el mapa. ¿Qué opinan?
Por otro lado (y para aquellos que me han preguntado sobre la "banda sonora" del fic), específicamente cuando están trabajando con arcilla, y Susanna comienza a ver a Sebastian con diferentes ojos, imaginé que la escena tendría como canción de fondo "Breath again" de Sara Bareilles. Así que si pueden leer esa escena (o todo el capítulo xD) mientras la escuchan sería interesante.
Este capítulo ha sido más romántico que los anteriores, o al menos algo comienza a suceder entre los dos. El siguiente será un poco más denso, pero espero que les guste. Espérenlo.
¡Saludos!
