Capítulo 28. Ruta de Sebastian.

Por una cabeza.

Susanna continuó con los preparativos para la fiesta de inauguración mientras Sebastian tenía otros planes, que si bien iban de acuerdo a las órdenes de la chica sobre agregar lecciones de baile a su itinerario, contemplaban una idea diferente respecto al asunto. Las cosas se harían según los deseos del demonio y aunque no era necesariamente algo malo o perverso, a ella se vería metida en un par de aprietos.

Mientras tanto, en otro lugar de Londres, en el estadio de Stamford Bridge, para ser exactos, un grupo de aficionados se reunía en la entrada del lugar. Todos parecían estar ansiosos de conocer la casa de su equipo favorito y mientras una atractiva chica, quien era la guía les daba la bienvenida, Ronald Knox, vestido con uso pantalones de mezclilla y la playera del Chelsea sonreía ampliamente mirando a su alrededor.

-En situaciones así, el trabajo puede ser muy divertido… -y después caminó junto con el resto del grupo, quienes se dirigían a la primera parada del tour.

El estadio era enorme y tenía varias entradas, por lo que sería difícil adivinar por cuál entraría Demian, si es que tenía planeado hacerlo por una de ellas. La tienda oficial del equipo también era muy grande y estaba conectada a un gran almacén donde los uniformes, balones y mercancía oficial estaban guardados.

El shinigami de cabello rubio no tuvo mucho éxito encontrando una salida discreta hacia el almacén, pero el día del partido habría demasiada gente como para notar que alguien entraba a la bodega. De inmediato tomó nota de ello.

Después de la tienda, la guía los llevó hacia el salón de trofeos, donde estaba exhibidas todas las copas, medallas y galardones del equipo. En ese mismo lugar, vieron un video sobre la historia del equipo y el estadio. Mientras el resto del grupo veía el video con atención, Ronald aprovechó para lanzarle sonrisas y miradas coquetas a la guía, a quien parecía haberle agradado el muchacho.

La siguiente parada fueron los vestidores, en donde estaban los lockers de los jugadores. Cada uno tenía su nombre y fotografía, y el shinigami aprovechó para tomar un par de fotografías. Al salir al estadio, todos se emocionaron mucho y la guía les permitió tomarse fotografías en la banca, tiempo que el infiltrado aprovechó para echar un vistazo a las demás entradas al estadio.

Todas parecían estar vigiladas por cámaras de seguridad y aquellos lugares que no tenían cámaras, seguramente estarían ocupados por medios de comunicación, así que sería muy difícil pasar desapercibido y al mismo tiempo, causar un gran alboroto sería pan comido.

La siguiente parte del tour los llevaría hacia las gradas, con capacidad para 40,000 espectadores. Era una cantidad impresionante de personas, y el sólo pensar que estas podrían ser sacrificadas para traer al ángel le causaba escalofríos al chico, quien seguía tomado nota de todo lo que observaba. En definitiva eso sería como buscar una aguja en un pajar en especial porque no sabían si el tal Demian entraría al estadio o no.

Al terminar el tour, la guía se despidió del grupo con mucha amabilidad y cuando todos se fueron, Ronald se acercó a ella con una gran sonrisa y actitud de galán, a lo que ella contestó con una sonrisa pícara.

-Hola…¿Anne, verdad?

-Vaya, recordaste mi nombre.

-Por supuesto, cómo podría olvidarme del nombre de una chica tan linda como tú. Mi nombre es Ronald –sonrió ampliamente.

-Muy bien, Ronald ¿qué puedo hacer por ti?

-Pues verás… -se acercó a ella y le habló en voz baja- desde hace muchos años soy un gran admirador del equipo… creo que es un poco obvio ¿no? –rio un poco al ver su playera- y creo que tienes un gran carisma para dar tours. Me gustó mucho como hablabas sobre la historia del lugar, y en especial cuánto conoces del equipo, y me preguntaba si, de pura casualidad no habrá alguna versión extendida del tour…

-¿A qué te refieres? –ella alzó la ceja, pero parecía estar intrigada por el chico frente a ella.

-Me refiero a que… tal vez conozcas las entrañas de este estadio ¿no? lo que hay debajo de todo esto… tal vez un lugar más… -se acercó a la oreja de la chica le susurró con voz seductora- …privado… -al instante la chica se sonrojó y sonrió con amplitud mientras lo veía con ojos traviesos.

-Por supuesto… ven conmigo –y entonces caminó junto con él hacia una puerta que parecía estar escondida y que daba directamente hacia el nivel subterráneo del estado.

Una vez abajo, él usó sus ojos y sentidos de shinigami para mirar a su alrededor, mirando cada rincón por el que podría haber otra entrada o sitio para hacer un ritual de ocultismo y pasar desapercibido.

-Wow… ¿hay gente que venga por aquí? –preguntó intentando sonar lo más casual que pudo.

-Descuida. Sólo vienen los de mantenimiento dos veces al día… por la mañana, para programar los aspersores del pasto y por las noches para encender las luces cuando se necesita…. Nadie nos va a interrumpir –le guiñó el ojo mientras caminaba frente a él, adentrándose más en el sótano, que parecía estar más iluminado.

-¿Qué hay por ahí? –él preguntó cuando sus ojos percibieron un pasillo aparentemente clausurado por cintas amarillas.

-Oh… no es nada. Hace un par de semanas repararon unas grietas en las paredes e instalaron un sistema de riego auxiliar… bastante impresionante… se conecta a una de las grandes tuberías que pasan por aquí cerca.

-No me digas… -de inmediato sonrió: había encontrado la entrada perfecta, pero antes de reparar más en el asunto, sintió cómo la chica se acercaba a él y lo abrazaba por el cuello, a lo cual él respondió rodeando su cintura y atrayéndola hacia él, listo para una intensa sesión de besos…

Esa misma tarde, cuando Susanna hubo terminado con sus pendientes y había decidido parte de la organización del evento, decidió relajarse un poco en el balón de su habitación, acompañada claro de un vaso de whiskey en las rocas.

Sus ojos miraban el hermoso jardín lleno de flores y poco a poco se cerraban, pero antes de hacerlo, Sebastian la despertó.

-¿Está lista para las lecciones de baile, señorita?

-¡Es verdad! Será mejor que me cambie de ropa y…

-Está bien. Cuando termine, todo está dispuesto en el estudio del primer piso.

Dicho esto, Sebastian salió de su habitación bajó las escaleras, dejando a Susanna para que se pusiera algo más cómodo.

La chica abrió el closet y eligió unos pantalones deportivos que le llegaban a las pantorrillas y una playera del mismo estilo sin mangas, así como unos tennis. Nunca había tomado clases de baile, así que pensó que sería lo mismo que aerobics o una sesión de gimnasio.

Cuando estuvo lista, se amarró el cabello en una coleta y bajo hacia el estudio del primer piso, donde Sebastian había preparado todo; el sillón y el escritorio habían sido movidos a la cochera y el lugar lucia mucho más espacioso, además la duela lo hacían ideal para las lecciones de baile.

Después de su asombro al ver la remodelación del lugar, Susanna miró a su alrededor, notando que estaba sola con el mayordomo, quien la esperaba con gran solemnidad. Había dejado su saco sobre una silla en uno de los rincones y parecía estar listo para apretar el botón de "play" en el estéreo.

-¿Tú vas a ser el maestro? –el demonio asintió, pero ella no le permitió que dijera nada- ¿por qué no lo vi venir? –suspiro en tono de derrota y se acercó a él, cruzando los brazos mientras se posicionaba en el centro del lugar- espero que al menos seas un buen instructor.

-Descuide señorita, me siento confiado al decirle que soy su mejor opción. Siglos atrás solía entretenerme asistiendo a los bailes de la aristocracia austriaca y años después a innumerables eventos con la propia reina Victoria y bailes de la nobleza de Inglaterra –sonrió con amabilidad e hizo la música comenzar.

-Está bien. Deja esas historias para otro día y….- Susanna no pudo terminar porque sitió la mano de Sebastian en su cintura, atrayéndola hacia el mientras tomaba su mano izquierda para ponerla en posición.

Cuando sus manos se juntaron, ambos pudieron sentir la cercanía del otro casi encontrándose, sólo separados por la delgada tela de los guantes del mayordomo. Estaban muy cerca; más que de costumbre, sin embargo, Sebastian mantuvo una distancia profesional que le permitió tomarla por sorpresa con lo que acababa de hacer y al mismo tiempo comenzar a bailar.

-¿Lista? –ella se quedó sin palabras y sólo pudo asentir.

La melodía era suave tranquila; Vals Sentimental de Tchaikovzky. Algo sencillo de bailar, y mucho más con Sebastian, quien sabía guiarla bien mientras danzaban con pasos firmes por el estudio. Poco a poco la pieza musical se fue volviendo ligeramente más rápido, como si las notas musicales tuvieran vida propia y hubiesen comenzado a estallar en esa emotiva reunión.

Susanna sintió que sus manos comenzaban a sudar, pero no supo distinguir si fue por el efecto de la música en ella, o por tener a Sebastian tan cerca, cayendo en la tentación de dejarse embelesar con sus ojos casi rojos fijos en los de ella. Su mirada era firme y segura, pero no mostraba arrogancia. Tan sólo parecía como si le fuese natural el ser tan encantador y eso, lejos de molestarle, la hacía sentirse más atraída a él, de una forma que le fue difícil explicar. Era como si de repente sus emociones tuvieran sentido y su cuerpo se moviera solo, dejándose llevar con los suaves movimientos de su mayordomo, quien la sostenía con delicadez por la cintura.

A decir verdad, él no se esperaba que fuera tan fácil bailar con ella. Parecía que no le costaba trabajo alguno, pero tal vez sólo sería por el tipo de música… o quizás consecuencia de algo más. Algo que ya había notado desde hacía tiempo y que sólo lo motivó a sonreír de singular manera.

Sebastian aún tenía los ojos fijos en los de ella y el ritmo de la música parecía ser todo lo que había a su alrededor. Sólo estaban ellos dos, los compases y sus suaves movimientos.

-Mantenga la barbilla hacia arriba y… vamos a girar –de repente dijo, trayendo a Susanna de vuelta a la realidad- cualquier hombre que se haga respetar deberá marcarle el momento para dar la vuelta. Sólo siéntalo –dijo con una pequeña sonrisa la notar que las vueltas le costaban un poco de trabajo.

Y así continuaron el baile, hasta que el vals dejó de sonar y dio lugar a que otra pieza comenzara a sonar. Sebastian se detuvo y se separó un poco de ella, soltándola.

-Me parece que no tiene problemas con el vals, que es la música más común para los bailes elegantes.

-…Gracias… aunque nunca lo había hecho –ella sonrió y se quedó pensativa.

-Tal vez sea herencia de familia –él tocó su barbilla- los bailes lentos no son lo que necesita aprender… probablemente haya música de Bossa Nova, jazz, algo como lo que acabamos de escuchar, e incluso Glenn Miller.

-Creo que es una buena variedad… aunque el jazz siempre se me ha hecho algo… sensual –dijo como si estuviera hablando con ella misma- no sé cómo explicarlo -a lo que él contestó arqueando ligeramente la ceja.

-El jazz es una mezcla interesante de sonidos, pero no puedo decir que sea mi estilo favorito. Y, disculpe que lo diga, pero… es de la música más alejada a la sensualidad que he escuchado…

-¿Qué? –ella dijo como si la acabase de ofender- ¿acaso estás sordo? –él la miró con cierto reproche- el blues, entonces.

-Señorita, me preocupan sus gustos musicales… -de repente sonrió con picardía-… y más aún su concepto de sensualidad.

-Oh, créeme, ese no tiene nada de malo –cruzó los brazos mientras reía y le daba la despalda.

-¿Ah no?... en ese caso, cambiemos la lección por algo… diferente.

Sebastian caminó hacia el estéreo y tomó un CD de la pila que había junto al aparato. Después se quitó los guantes con mucha tranquilidad y con un suave movimiento los aventó hacia una silla. Mientras ponía el disco, volteó a ver a Susanna, quien lo miraba con una sonrisa incrédula. En cuando él presionó el botón de play, una ráfaga de aire se sintió en el lugar y enseguida él apareció frente a ella, tomándola por la cintura.

-¿Qué…?

-Sólo sígame… –le dijo casi susurrando en su oído, con voz grave y seductora.

En cuanto Susanna escuchó el sonido del acordeón y el primer compás marcado por un violín y un piano, supo que la idea de su mayordomo respecto a baile sensual era el tango.

Despacio las manos de Sebastian comenzaron a subir por su cintura y ella sintió cómo la intensidad de la música iba de acuerdo a los movimientos del demonio. Era una melodía que había escuchado antes, en algún lugar… pero no estaba segura de dónde. Parecía ser una canción bastante conocida; una melodía profunda y conmovedora que la sacó de sí por un instante, llenando su pecho con miles de emociones y expectativas.

De pronto la música se volvió un poco más rápida y marcada, y cuando vio el fuego con el que los ojos del demonio la miraban, supo que debía estar lista para lo inesperado.

Una de las manos de Sebastian se quedó a la mitad de la espalda de Susanna y la otra siguió recorriéndola hasta llegar a su omóplato, siguiendo la línea hacia su brazo, el cual rozó con un dedo mientras lo movía hacia arriba para que ella lo rodease por el cuello, juntando su frente con la de ella y acercándose peligrosamente. Sin embargo, antes de que ella tocara la nuca del demonio, él tomó su mano con firmeza y sin dejar que sus dedos se entrelazaran. En lugar de eso, sus palmas se juntaron y fue entonces que él dio un paso hacia adelante, comenzando finalmente con el baile.

Susanna no sabía bien qué es lo que estaba haciendo y la mayoría de sus movimientos parecían estar guiados por Sebastian. Estaba casi segura de que él era quien hacía que sus piernas se movieran por inercia, ayudado por su brazo derecho que sostenía gran parte de su peso.

Los pasos de Sebastian eran rápidos y avanzaban atravesando el estudio hasta que él repente se detuvo y sus rostros estuvieron muy cerca. El corazón de Susanna dio un vuelco y por un momento dejo de respirar, a la expectativa de lo que el demonio haría. Antes de que sus labios se rozaran, él le dio la vuelta con un movimiento rápido y ella pudo sentir su respiración en el cuello mientras el rodeaba otra vez su cintura y recorría su torso, deteniéndose justo abajo del busto.

Después la tomó del brazo y volvió a darle la vuelta, dando largos pasos hacia el frente y los lados, como si la estuviese obligado a retroceder mientras él se acercaba más a ella. Sabía bien que en un principio ella huiría de él, así que lo aprovechó para acercarse más y hacer que ella diera pasos más largos.

El marcado ritmo de la música les indicaba cuando tenían que cambiar de movimiento y con cada uno, Susanna se aferraba más a la espalda de Sebastian, tal vez por miedo a resbalarse, o porque quería tenerlo cerca y averiguar si su corazón latía tan fuerte como el de ella. En uno de esos compases, él puso su pierna entre las de ella, abriéndolas despacio mientras que con un rápido movimiento puso la mano de la chica en su cuello para que se sostuviera mientras la inclinaba hacia atrás.

Él la sostenía por la cintura y con su otro brazo tocaba el muslo de Susanna, lamentando profundamente el que no trajera puesta una falda. Con mucha suavidad fue recorriendo su pierna hasta llegar a la pantorrilla. Ella soltó un leve gemido y satisfecho, hizo que ella lo rodeara por la cintura mientras la inclinaba aún más. Un movimiento reflejo hizo que ella lo apretara con la pierna por temor a caerse y una sugestiva imagen apareció en su cabeza, alentada por el contacto de la mano de Sebastian, otra vez recorriendo su muslo con toda la delicadeza que el momento le permitía.

Cuando volvieron a enderezarse, retomaron los primeros pasos; la música se desaceleró por unos breves instantes y cuando volvió a acelerarse, él le dio la vuelta y tomó sus brazos, alzándolos sobre su cabeza mientras disfrutaba del contacto entre su piel y la de ella. Después tomó ambos brazos y los sostuvo a la altura de su cadera, entrelazados y haciendo que ella se inclinara un poco. El cuello de la chica estaba al descubierto mientras su cabeza de movía a un lado y él aprovechó para darle un suave beso en la marca del contrato.

De inmediato, la piel de Susanna se erizó y una descarga eléctrica recorrió cada rincón de su cuerpo, encendiendo algo dentro de ella. El pequeño instante que duraron los labios de Sebastian sobre ella fue suficiente para hacer que se perdiera entre tantas sensaciones placenteras, entre ellas algo que la hizo sentirse más unida a él.

Poco después, él la guio para que girara y nuevamente con su pierna entre las de ella, la inclinó hacia atrás mientras la música terminaba con dos marcados sonidos del piano. Esta vez sus rostros estaban demasiado cerca y Susanna pudo sentir la respiración del demonio sobre su mejilla, casi extasiada por su cercanía mezclada con el aroma de su loción. Su corazón palpitaba fuerte y sintió unas tremendas ganas por besarlo. Sabía que él también tenía grandes ansias por hacer lo mismo, pero no se acercaba más a ella. Tan sólo se mantuvo en esa misma posición; inclinado sobre ella y sosteniéndola por la cintura, esperando a que ella diera el primer paso. Dios sabe que él se encargaría de dar los siguientes…

Por una milésima de segundo, ella se acercó hacia él y antes de que la distancia entre sus labios desapareciera ella se arrepintió y con un hilo de voz dijo.

-Suéltame, por favor –tragó saliva, reponiéndose de las abrumadoras sensaciones que él le había causado.

-Me temo que si la suelto se caerá al piso, señorita… -su sonrisa era ligeramente malévola y sus rostros aún seguían muy cerca el uno del otro.

-Sabes a lo que me refiero –y entonces con una mano empujó el pecho de Sebastian hasta que el la enderezó y se separaron- suficientes lecciones por hoy…

La voz de Susanna era seria y no se atrevió a mirarlo a los ojos. Sabía que no podría contenerse si lo hiciera y el en seguida se daría cuenta de lo sonrojada que estaba, así que abrió la puerta y corrió hacia su cuarto, donde pasaría el resto de la tarde evitándolo y tal vez fantaseando con lo que podría haber pasado si lo hubiese besado.

La gran biblioteca de la dimensión de los shinigamis lucía tan solitaria y silenciosa como siempre; pocos eran los que frecuentaban el edificio, y los que lo hacían era con el fin de hacer algún tipo de indagación o investigación especial, tal y como lo hacían en ese momento el Supervisor Spears y Grell Sutcliff. Habían pasado los últimos dos días revisando cinematic records en busca de alguna pista que les dijera dónde se llevaría a cabo el ritual para traer al ángel caído.

Los criterios de búsqueda giraban en torno a recientes obras de mantenimiento y construcciones en Londres. No era una tarea fácil ni entretenida. A decir verdad era un trabajo bastante tedioso y aburrido, pero era necesario para saber dónde ocurriría todo. En el último año se habían hecho alrededor de treinta obras subterráneas en la ciudad, mismas que variaban desde mantenimiento a alcantarillas hasta ampliaciones en las vías del metro.

De acuerdo a su última reunión con Susanna y Sebastian, eso sucedería cerca del Stamford Bridge y gran parte de su investigación dependía de las habilidades de Ronald para infiltrarse en aquel lugar, pero desde el medio día no sabían nada de él. Eso no tenía muy contento a William, quien se encontraba revisando el cinematic record de uno de los empleados del ayuntamiento mientras Grell traía otra pila de libros.

De repente escucharon la puerta abriéndose y cuando voltearon, Ronald entró al lugar con una gran sonrisa, aún vestido con ropas casuales. Llevaba en la mano dos rollos de papel alargados.

-Asumiré que la razón por la que aún llevas ese atuendo es que viniste lo más pronto posible –William lo miró con severidad y desaprobación.

-¡Por supuesto!... vine en cuanto pude y encontré algo en el estadio.

-Cuéntanos –Grell se recargó en el barandal que estaba frente a los libreros y miró a su compañero con atención.

-El estadio tiene miles de entradas e incluso hay un almacén detrás de la tienda oficial, pero dudo mucho que el ritual se lleva a cabo ahí; pondría en riesgo a quien sea que haga la invocación. Las entradas, aunque son muchas y muy amplias, no permitirán que los espectadores evacúen el lugar en menos de media hora, así que el lugar es ideal para el ritual. La pregunta es ¿en dónde?...

-Eso es precisamente lo que tenías que investigar… -William parecía perder la paciencia.

-¡Exacto! –de repente sonrió el joven shinigami- con ayuda de mis habilidades especiales, pude observar que en el sótano del lugar, mismo que convenientemente es poco recurrido, se han hecho arreglos en las últimas semanas.

-¿Qué tipo de arreglos? –preguntó Grell.

-Según me dijeron, las paredes y el piso recibieron mantenimiento y una tubería se conectó a uno de los túneles del metro. Entonces me di a la tarea de buscar el plano del metro… -tomó uno de los rollos de papel que tenía en la mano y lo estiro sobre el piso- eh… disculpen, este no es… -dijo al notar que el que había tomado era un poster de los jugadores del Chelsea y apresurándose a tomar el mapa, ignorando la severa mirada de su jefe- este es… -cuando el plano estuvo en el piso señaló con un bolígrafo los puntos de intersección del metro y el estadio- la tubería llega hasta el metro. Es un tubo grande que requiere mantenimiento cada cierto tiempo, por lo que es un túnel amplio donde se puede meter maquinaria y alrededor de tres personas pueden caminar sin problemas.

-Es posible que el ritual se lleve a cabo ahí… -observó William con cierto aire de alivio. Estaba cansado de revisar los cinematic records sin una pista clara.

-Podríamos entrar por el metro. Hay mucha gente por ahí, así que nadie notaría que entramos en el túnel…

-En realidad revisé la estación y… hay muchos policías, pero noté otra cosa interesante. Miren –señaló otro túnel que se alejaba un poco de la estación, pero también tenía una intersección con el estadio- aquí hay otro túnel que va a dar al parque Hyde, atro a la _universiadad de oratoria ¡?_ y otro al cementerio de Brompton.

-¿El cementerio de Brompton? –dijo William como si acabara de comprender algo-un momento…. –y de repente se levantó de su asiento y caminó hacia el otro lado de la biblioteca, dejando a los otros dos shinigamis muy confundidos. Un par de minutos después, regresó con un cinematic record- recuerdo haber recolectado un alma durante la II Guerra Mundial. Era de un párroco que ayudaba a los huérfanos de la guerra –caminó hacia ellos y la película comenzó a brillar, mostrando a un hombre de edad madura apresurando a un grupo de niños para que entraran a un mausoleo- durante la guerra se adecuaron varios túneles para protegerse de los bombardeos enemigos. Uno de ellos está justo debajo del cementerio Brompton y la entrada está justo aquí –señaló la construcción- señores, creo que tenemos nuestra ruta de entrada. Ahora sólo tendremos que trazar el plan –dijo con orgullo en su voz.

-¡Excelente! –exclamó Ronald con una gran sonrisa.

-Me parece muy bien, pero tengo una pregunta… -el pelirrojo miró al shinigami más joven- ¿por qué tienes un chupetón en el cuello? –de inmediato Ronald se puso muy pálido y William ajustó sus gafas con el death scythe, esperando con escepticismo la explicación del muchacho.

Notas de la autora.

¡Lo sé! Soy muy mala por poner una escena tan provocativa y que no pase nada… no lo pude evitar. Para ser sincera, la escena del baile es de mis favoritas y me divertí mucho escribiéndola. Para los seguidores de la banda sonora, la primera canción es el vals sentimental de Tchaikovzky. El tango es Por una cabeza (como el título del capítulo) y les recomiendo la versión de Nicola Benedetti. ¡Es excelente!

Les prometo que para la próxima su sucederá algo… de hecho el próximo capítulo es muy emocionante y entretenido. Lo ideal para antes de un giro inesperado. Ñaca ñaca…