Capítulo 29. Ruta de Sebastian.
La luna, el único testigo.
El siguiente día los tres shinigamis se reunieron con Susanna y Sebastian al medio día. Era de suma importancia que establecieran un plan de acción para detener a Demian Janssens-Guillot, así que en cuanto entraron al estudio de la chica, comenzaron a hablar del tema, sin embargo desde el momento en que pusieron un pie dentro del a casa, William se dio cuenta de que había algo diferente en Susanna. Su actitud había cambiado un poco, y a pesar de verse un más relajada, no pudo evitar pensar que se veía más bien despreocupada, eso sin mencionar su actitud con Sebastian, a quien miraba de manera distinta y con más frecuencia. Además parecía estar más al pendiente de ella que de costumbre.
El mapa estaba sobre el escritorio y los túneles habían sido previamente marcados por Ronald, quien esperaba ansioso porque su jefe comenzara a hablar, pero William parecía estar más pensativo que de costumbre y el joven shinigami se pudo imaginar el por qué en cuanto vio que éste miraba a Susanna con insistencia cuando los demás estaban distraídos.
-¿Will? –Susanna preguntó con curiosidad al ver que el shinigami no hablaba.
-Oh, sí; disculpa –dijo por fin saliendo de sus pensamientos- de acuerdo a nuestras observaciones, tal parece que el sótano del Stamford Bridge está conectado con el metro de la ciudad. Ronald se encargó de confirmarlo el día de ayer –miró al chico rubio junto a él, indicándole que debía explicar lo que encontró.
-Hace un par de semanas se hicieron obras de mantenimiento en el sótano del estadio, y casualmente el sistema de riego auxiliar se conectó a una tubería que para a un lado del metro. Eso quiere decir que hay un túnel que pasa casi por debajo del estadio y por el que se puede tener acceso a este. Eso no puede ser una coincidencia –entonces señaló al mapa- el ritual para traer al ángel debe hacerse lo más cerca posible del estadio, que es la fuente principal de energía.
-¿Estás diciendo que usarán los túneles del metro para llegar ahí? –preguntó Sebastian para confirmar sus sospechas.
-En realidad no sabemos cómo es el ritual, ni cuánto tiempo les lleve, pero su culminación será el día del partido. Es entonces cuando debemos atacar y terminar con su numerito –Grell sonrió con cierta picardía. En definitiva disfrutaría arruinar los planes de Demian.
-¡Exacto! y para eso tenemos dos rutas –Ronald volvió a señalar el mapa y con su dedo índice recorrió los túneles que había marcado- hay una entrada por el metro y otra por el cementerio de Bromton. Ambas hacen una intersección con el túnel que va a dar al estadio.
-Ya veo… ¿de qué tamaño son los túneles? –la chica cruzó los brazos y miro al shinigami con mucha atención.
-Bastante amplios, diría yo. Caben de tres a cuatro personas y cada cierto tiempo se hace mantenimiento a las tuberías. Para eso se necesita maquinaria, así que son los suficientemente espaciosos como para que entre un camión.
-Ronald tiene razón y eso es razón suficiente para sospechar que el ritual se llevará a cabo allí. Sugiero que utilicemos ambos túneles para entrar –William explicó con mucha seriedad- podríamos dividirnos en tres grupos. Uno que entre por el metro, otro por el cementerio y otro que esté en el estadio, así tendríamos todos los flancos cubiertos y ese sujeto no podrá escapar.
-Suena bien. Me ofrezco para ir al estadio y… -ella comenzó a hablar, pero las voces alarmadas de William y Sebastian la interrumpieron.
-¡Ni pensarlo!
-Absolutamente no… -ambos se miraron con recelo por un segundo y después William explicó- si no podemos detener el ritual, todas las personas dentro del estadio pueden morir y sus alma servirían como sacrificio –de repente la miró a los ojos como nunca antes; con una fría autoridad que servía como máscara para su mortificación al pensar que ella pudiese morir- no voy a permitir que desperdicies así tu vida.
-Will… -Susanna no supo qué decir. Estaba impactada por lo que acababa de escuchar.
-Es verdad, señorita. Me temo que no le puedo permitir que arriesgue su vida de esa forma –el demonio parecía más serio que de costumbre.
-¿O sea que me van a dejar fuera de esto…?
-No… -William suspiró- es necesario que vayas con nosotros. Sólo tú puedes detener esto, pero te pido que no estés en el estadio.
-…entiendo… -por un instante se sintió culpable al no poder hacer algo más, pero sabía que un humano no tendría posibilidad contra un ángel caído.
-Sugiero que sea Ronald el que esté en el estadio. Ayer visitó el lugar y conoce la ubicación exacta del túnel.
-Bien, entonces… Sebastian, encárgate de conseguir un boleto para el partido –el mayordomo asintió- ahora sólo falta dividirnos en dos grupos y plantear nuestro plan de acción -Susanna se sentó en la silla del escritorio y una mirada sombría apareció en su rostro.
Pasaron casi dos horas en lo que formulaban el plan y discutían posibles formas para detener el ritual, pero cuando la reunión terminó, ya tenían una idea de cómo solucionarían todo y el rol que cada uno tendría el día del evento.
Eran casi las ocho de la noche cuando Susanna estaba en la sala del a casa. Miraba las fotos de sus antepasados como si cada uno le contara una historia diferente. Le resultaba irónico que ninguno parecía juzgarla con severidad tras esos ojos fijos en ella; al contrario, Susanna sentía como si todas esas imágenes le dieran aliento para seguir.
Disfrutaba en silencio de su soledad cuando sintió una mirada penetrante detrás de ella. Despacio volteó la cabeza para ver de quién se trataba, aunque por dentro sabía muy bien quién era. Primero miró hacia el piso, como sintiendo timidez de verlo a los ojos, pero se trataba de algo por completo diferente.
La imagen de sus zapatos negros perfectamente lustrados le provocó una sonrisa. La excelencia con la que el demonio aparentaba ser un mayordomo no dejaba de sorprenderla. Su pantalón estaba perfectamente planchado y hecho a su medida; ajustado sólo en los lugares indicados. La elegancia del saco hacia juego con la corbata bien acomodada y su atractivo rostro parecía esperar con paciencia y agrado a que ella terminara de mirarlo con tanto escrutinio.
-¿Tiene algo en mente, señorita?
-Sólo estoy un poco pensativa. Es todo –ella le sonrió y después de soltar un ligero suspiro caminó hacia su estudio.
Susanna sabía que él la seguiría, pero no perdía nada con intentar alejarse de él. Hasta el momento, el día había sido llevadero y la visita de los shinigamis la distrajo significativamente de ese pensamiento que la perseguía con insistencia y que ella se rehusaba a enfrentar.
Se sentó en la silla del escritorio y recargó su rostro en la palma de su mano, esperando a que Sebastian entrara por la puerta. No tardó mucho en hacerlo y ella le mostró una sonrisa cansada.
-La noto un poco estresada, señorita… o tal vez la palabra más indicada podría ser… ¿nerviosa? –la miró con ojos persuasivos que casi podían ver a través de ella.
-¿Nerviosa? No, para nada –huyó de su mirada y volteó hacia la ventana- sólo un poco cansada y abrumada.
-Debería relajarse un poco –los pasos de Sebastian se escucharon mientras se acercaba a uno de los libreros del estudio y después de escoger cuidadosamente un libro, lo tomó y volvió a hablar- ¿qué le parece un poco de lectura?
-Dudo poder concentrarme en este momento –ella dijo con desinterés.
-Descuide. Le leeré algo interesante –y mientras pasaba las hojas en busca de la página indicada dijo- espero que se le dé bien eso del lenguaje metafórico y las imágenes literarias, ya que este texto está lleno de ellas.
Susanna arqueó una ceja y lo miró con curiosidad hasta que él puso una expresión seria y modulando la voz para que sonara más grave que de costumbre, comenzó a decir.
"Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones,
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro"
Después de decir eso último, Sebastian notó la mirada de fascinación de la chica sobre él y una sonrisa encantadora apareció en sus labios. El sonido de su voz la tenía casi embelesada.
-O tal vez la señorita prefiera algo como esto… –se acercó un poco más al escritorio mientras buscaba otra página y recitó:
"Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!
Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos... Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.
Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!
Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas..."
Mientras Sebastian hablaba Susanna sintió su pulso acelerándose y se dejó llevar por el momento, cayendo en la tentación de pensar que hablaba de ella, pero cuando mencionó lo de su alma estuvo segura de que así era.
Había algo diferente en su voz… no, en todo su ser. Una actitud que lejos de ser amenazadora, parecía igual de peligrosa que su faceta de demonio con ojos brillantes y felinos, y eso junto con su voz diciendo tales palabras, dándoles un significado único, era más mucho más fascinante que cualquier cosas que la chica hubiese visto antes.
Y tras ser consciente de ello, Susanna reunió todas sus fuerzas de voluntad para detenerlo.
-¡Suficiente! Ya me cansé de tus juegos mentales. Me voy –se paró del escritorio y caminó hacia la puerta con paso decidido, dejando al mayordomo frustrado al no haber logrado su cometido; siempre hay una primera vez para todo…
-Discúlpeme, quizás fue demasiado empalagos –se apresuró a buscar otra hoja.
-No es eso… yo… ¡Ash! Haces las cosas más complicadas. Voy a salir –entró a su cuarto, se acomodó el cabello, se maquilló un poco y tomó una chamarra para protegerse del frío de la noche y bajó las escaleras.
-¿Y a dónde iremos, señorita? si es que me permite preguntarlo –de repente apareció Sebastian detrás de ella.
-¿Iremos? –su voz sonaba indignada-No lo creo. Yo voy a salir esta noche y por ninguna razón quiero que vayas conmigo ¿entendido? Es una orden. Me voy a llevar el auto, no necesito ningún chofer –abrió la puerta y justo antes de salir de la casa le dijo- ah, y no me esperes despierto. Puedes tomarte la noche libre, si quieres… y antes de que me cuestiones, te aclaro que es una orden.
-Si me permite decirlo, a pesar de que sea una orden, no puedo dejar que su vida corra peligro, eso iría contra las reglas del contrato, así que… -Sebastian parecía tener toda la paciencia del mundo.
-Descuida, si mi vida corre peligro lo sabrás de inmediato y aparecerás por arte de magia –señaló la marca del contrato en su cuello- Además… –dijo con una sonrisa pícara, intentando hacer que su mayordomo se frustrara aún más; a esas alturas, sabía el efecto que podía tener en él- en cuanto aparezca algún shinigami sabré que es tiempo de regresar a casa… aunque si es William el que aparece… no me molestaría tomarme un par de tragos con él –le guiñó el ojo antes de salir y entró al garaje, dejando a Sebastian con un gesto enfurruñado y relativa impotencia ante la situación.
Instantes después y tras ver salir el automóvil que casi no utilizaban por "razones de seguridad"; un bentley azul que Susanna había insistido en adquirir unos meses antes para cualquier eventualidad, el demonio supo que ella hablaba en serio y entonces su rostro se ilumino y una sonrisa que dejó ver sus colmillos se dibujó en su rostro.
-Si la señorita me ha ordenado que no vaya con ella, no puedo hacer nada. Pero si aprovecho mi tiempo libre y por casualidad me la encuentro, no tendrá nada de malo…
Un par de horas después, Susanna se encontraba en un concurrido bar de Londres. Estaba sentada en la barra disfrutando de la música y de ver a las personas divirtiéndose, aunque ella estaba ahí por otras razones. Quería despejar su mente un poco, pero también quería probarle a Sebastian que no la tenía comiendo de la palma de su mano; que no era el dueño de sus pensamientos, ni que sentía algo por él y mucho menos que ella se entregaría a él. Ahora sabía exactamente lo que tramaba, pero su razonamiento le decía que estaba mal… si tan sólo él no hiciera las cosas tan difíciles…
De repente, un muchacho de cabello castaño llamó su atención. Parecía tener casi la misma edad que ella y se veía muy sonriente. Tenía los ojos color miel y el cabello cuidadosamente despeinado, logrando un look casual y juvenil.
Iba con un par de amigos y cuando volteó, Susanna le sonrió con amabilidad. Eso de coquetear no se le daba, pero el par de whiskeys que había bebido estaban ayudando mucho. No lo miró con insistencia, pero de vez en cuando sus miradas se cruzaban y ella acomodaba su cabello o sonreía.
El muchacho sonrió un par de veces, pero después de varios minutos ella desistió, ya que pensó que él no estaba interesado y optó por buscar otra víctima. Desde que llegó al bar su principal objetivo fue encontrar a un muchacho agradable con quien conversar un rato, coquetear y ver dónde la noche los llevaba, tal vez hasta el día siguiente… no tenía mayor problema con ello, o al menos era lo que se quería demostrar a ella misma.
Recorrió el lugar con la mirada, buscando a otro chico que le inspirara confianza y encontró a un par de ellos, pero de repente una voz de hombre la interrumpió.
-Disculpa ¿me puedo sentar? –el muchacho con el que había estado coqueteando por fin se había acercado y en cuanto Susanna lo reconoció, sonrió con amplitud.
-¡Claro! Creí que venías acompañado…
-Vine con unos amigos pero estoy seguro de que la compañía femenina será mucho más amena –sonrió y unos hoyuelos se formaron en sus mejillas- me llamo Andrew.
-Mucho gusto Andrew, me llamo Susanna – estrechó su mano y comenzaron a charlar animadamente.
Flirteaban el uno con el otro y él hacía reír a Susanna con facilidad. Hacía tiempo que ella no hablaba así con nadie; no de manera tan casual y despreocupada, sin que demonios, runas, ángeles caídos o rituales oscuros fueran el tema de conversación, así que la presencia de Andrew le pareció refrescante, además de que disfrutaba ser el centro de atención del simpático muchacho.
Durante ese momento a ella no le importó si él era un don juan que tenía a una chica diferente para salir cada día de la semana o que sólo le interesara tener una anécdota más sobre un acostón; ella no era una perita en dulce y había asesinado a sangre fría a tres personas. Todos llevaban máscaras. Era inevitable, sin embargo por esa noche a Susanna no le importaba nada.
Ambos seguían conversando cuando alguien más en el fondo del bar llamó la atención de la chica. Era un hombre que vestía por completo de negro, con pantalones de vestir ajustados y una sencilla camisa con los dos botones de arriba desabrochados, dándole un toque informal adecuado para el bar. Se sabía apuesto y desde luego, las chicas a su alrededor lo notaron, sin embargo cuando su mirada se topó con la de Susanna, una sonrisa cínica apareció en su rostro.
-No puede ser… -dijo en voz baja.
-¿Qué dijiste? –preguntó Andrew un poco confundido.
-Eh… nada, es sólo que creí ver a alguien que conozco… -dijo un poco contrariada. Había sido clara al decirle a Sebastian que se tomara la noche libre y no podía ser casualidad el que estuviese allí, observándola.
-¿Ah sí?... –el muchacho volteó- ¿dónde?
-Por ahí atrás… pero no estoy segura… -se quedó un poco seria- ¿me permites?... regreso en un momento, voy al tocador –Andrew asintió y la siguió con la mirada mientras pasaba junto a él. Estaba seguro que esa sería su noche de suerte, sólo sería cosa de esperar un poco.
Mientras tanto, Susanna camino hacia el baño, lanzándole una mirada casi letal a Sebastian, quien se apresuró para acercarse a ella e interceptarla antes de que entrara al baño.
-¿Qué no me entendiste cuando dije que tenías la noche libre? –intentó sonar lo más arrogante que pudo.
-Por supuesto, señorita. Agradezco mucho que me haya dado la noche, y pensé en venir a este bar ¿no le parece curioso? Tal vez pensemos más parecido de lo que usted cree –sonrió con picardía y ojos coquetos- o quizás es el destino.
-Por favor… no vayas a interferir. Es una orden –y sin esperar a que él respondiera, ella entró al baño y dio un portazo.
Cuando salió, regresó hacia donde estaba Andrew esperándola y continuaron la plática, sólo que esta vez parecía que la música tenía un volumen más alto y eso sólo podía significar una cosa: el ambiente de club nocturno acababa de comenzar.
El muchacho aprovechó tal cosa muy bien y se acercó más a ella, hablándole al oído cada vez que quería decirle algo
-Te invito otro trago ¿qué dices? –acarició su mano con lentitud y le sonrió coquetamente.
-Está bien… –ella lo tomó del cuello para acercarlo a ella y que la escuchara mejor, mientras sus ojos veían como Sebastian conversaba muy amistosamente con dos chicas- … pero sólo si me dejas invitarte a otro lugar después.
-A donde tú quieras –él sonrió y llamó al mesero para que les llevara dos tragos más.
Casi una hora después, Susanna continuaba con Andrew. Cada vez estaban más cerca, con la excusa de que la música tenía un volumen muy alto, pero ella sabía bien lo que estaba haciendo y no le desagradó que el muchacho le acariciara la espalda de vez en cuando. Además, ella lo alentaba mientras se reía de sus chistes, pero constantemente sus ojos volteaban a ver hacia la mesa donde estaba Sebastian acompañado de dos chicas evidentemente interesadas en él.
-¿Y bien? Dijiste que querías ir a otro lado –dijo el muchacho de manera casual.
-Sí, eso dije… -contestó después de ver cómo Sebastian alzaba su vaso, pretendiendo beber y brindar con ella desde lejos, mostrándole sus ojos de demonio- ¿nos vamos? –miró a su acompañante a los ojos y sonrió pícaramente.
-Vamos –el volteó a ver a uno de sus amigos, haciendo una seña para que le diera las llaves del auto, pero ella lo detuvo.
-Descuida, yo traigo auto –le guiñó el ojo y camino hacia la salida, tomando a Andrew de la mano.
Una vez fuera del bar, ella le dio el boleto al valet parking y en cuestión de minutos un precioso Bentley de color azul apareció frente a ellos. Ella camino hacia el asiento del conductor, sonriendo con satisfacción tras ves el rostro de asombro de Andrew.
-Wow… ¿es tuyo?
-Un pequeño capricho de cumpleaños –había algo de cinismo en su voz y después entró al auto, esperando a que el muchacho hiciera lo mismo- ¿listo?
-Sí… ¿a dónde vamos?
-Ahora lo verás –y entonces pisó el acelerador a fondo y se dirigió a las nuevas oficinas de AstraZeneca –digamos que a un lugar donde no nos van a molestar.
Algunos minutos después llegaron a su destino y tras dejar el auto en el estacionamiento, subieron al elevador. Andrew parecía estar muy divertido con la situación y miraba a su alrededor. El edificio estaba vacío y sólo había un par de guardias de seguridad que saludaron a Susanna con algo de formalidad y antes de que él preguntara algo, ella aclaró.
-Es… la oficina de mi padre. Es nuevo el lugar, así que no nos van a molestar.
-Oh, entiendo. ¿Y qué más hay aquí?
-Son sólo oficinas que todavía no terminan de ser amuebladas, con excepción de esta… –de pronto la puerta del elevador se abrió y frente a sus ojos apareció una bonita oficina con un bonito escritorio y libreros de caoba. Frente a éstos, una amplia sala de cuero negro y las paredes decoradas con cuadros de pinturas clásicas. Era un lugar elegante, y cuando Susanna encendió una de las luces, se mostró más amplio de lo que aparentaba. En el fondo había un pequeño servibar y junto a éste, un balcón que daba hacia una vista increíble de Londres por la noche.
Los cristales estaban polarizados, y eso daba la sensación de estar aislados. Muy conveniente para las intenciones de ambos chicos.
-Supongo que esta es la oficina de tu papá…
-Digamos que… sí… -ella sonrió y miró hacia el piso, y de pronto notó que el muchacho se acercó hacia la ventana- es una bonita vista ¿no?
-Vaya que sí… -la miro mientras ella se paraba junto a él- me alegro de haber venido contigo.
-¿Ah sí? ¿Qué tanto? –la mirada de Susanna era traviesa y se acercó un poco a él.
-Digamos que… -él la tomó por la cintura y la atrajo hacia él, su mano derecha en su espalda baja y la otra jugueteando con su blusa mientras acercaba su rostro al de ella- …mucho…
Y sin esperar más, la besó de manera sensual y ella contestó tocando su pecho y empujándolo hacia uno de los sillones. El más grande, con el espacio suficiente para lo que ella tenía en mente y cuando toparon con la orilla, Andrew se sentó esperando a que ella hiciera lo mismo junto a él, pero en vez de ello, ella se sentó en su regazo y le dio otro beso.
Andrew aprovecho esto para acariciar su espalda y dejar que una de sus manos tocara sus glúteos y ella gimió un poco. Estaba dispuesta a hacerlo, a pesar de sentirse extraña mientras lo besaba. Después se separó de él y sus ojos mostraron cierta duda y él lo notó.
-¿Estás bien?
En realidad no lo estaba. Había sentido algo desagradable mientras lo besaba y por su mente se cruzó la idea de que podría besar en los labios a alguien por quien sintiera algo, pero eso fue interrumpido por una sensación placentera y un suspiro saliendo de su boca al sentir los labios del muchacho sobre su sensible piel y ella gimió en voz baja, cerrando los ojos y dejándose llevar. Él continuó bajado con su boca desde el cuello de Susanna hacia su hombro mientras desabrochaba su blusa.
Por un instante sitió una leve intoxicación, producto del alcohol que había consumido antes y el contacto de los dedos del chico sobre su piel ahora descubierta le produjo placer. Susanna comenzó a desabotonar la camisa del muchacho, sin embargo cuando iba a comenzar con el tercer botón, el acarició sus piernas y la imagen de Sebastian apareció en su mente.
El rostro sonriente y encantador de su mayordomo permaneció en su cabeza por varios segundos y los recuerdos de aquella noche en Suecia fueron demasiado para ella.
Andrew estaba listo para desabrochar su sostén cuando ella se levantó y lo interrumpió, dejándolo con una expresión de confusión que hizo sentir remordimiento a Susanna.
-Yo… lo siento pero…
-Creí que tú también lo querías… -y de repente él rio para sí mismo- fue demasiado fácil para ser cierto… –suspiró y se abrochó la camisa.
-Yo también lo creí pero… -de pronto se puso muy seria- creo que deberías marcharte.
-Está bien… hasta luego –se levantó del sillón y se dirigió al elevador. Cuando la puerta se cerró tras él, Susanna se volvió a abotonar la blusa y cerró los puños a manera de frustración.
Se sentía desilusionada y con ganas de llorar. Estaba segura de que podía hacerlo, pero al final no resultó y reprimió las lágrimas formándose en sus ojos. Caminó al servibar y tomó una botella de whiskey que tenía guardada y le dio dos grandes tragos, tratando de enjuagarse la boca y los labios de los besos de aquel chico; besos vacíos y mentirosos que sólo intentaban desmentir su verdadera realidad. Unas nauseas terribles la invadieron.
Caminó hacia una de las pantallas de seguridad y vio cómo Andrew salía del edificio. Un momento después, Susanna sitió una presencia acercándose y sus manos comenzaron a sudar.
-Es inútil querer evitarlo –una voz masculina se escuchó detrás de ella; suave y ronca al contacto con los oídos de la chica. Era la misma voz que había estado escuchando durante los últimos meses, todos los días. La misma a la que se había acostumbrado y que echaba de menos cuando no sonaba. Pero ¿estaba lista para confrontarlo? –parece que no quiere creerme, pero… -ella lo sintió acercándose- ¿podría decirme qué sucedió hace unos minutos, mientras besaba a aquel muchacho, y se forzaba a acariciarlo, luchando con todas sus fuerzas porque no le causara repulsión?
-Detente –se alejó de él y se paró junto a la ventana, intentando distraerse con las luces de la ciudad, pero enseguida él estuvo junto a ella y ésta vez le habló con más informalidad.
-No era él a quien querías besar –ya no era el mayordomo, sino el demonio quien intentaba acercarse a ella y convencerla de algo que ella había estado evitando- y cuando estuviste a punto de quitarle la ropa… te detuviste porque no era el objeto de tu deseo –la tomó del brazo y la volteó para que lo viera a los ojos, brillantes y demoniacos clavados en ella, atrapándola en su embrujo embelesador- ¿a qué le tienes miedo?...
-A ti….- dijo secamente, intentando ocultar sus emociones, que parecían estar a punto de explotar y de repente él tomó un mechón de su pelo y lo besó para después acomodarlo detrás de su oreja- no puedo…
-¿Confiar en mí? –rio un poco y se acercó más a ella, sosteniéndola de la cintura con una mano y tocando su mejilla con su otra mano desnuda. Podía sentir la calidez de la piel de Susanna en contacto con sus dedos- ya lo haces… confías en mí desde hace mucho tiempo y aunque me he sabido ganar tu confianza, tú lo hiciste por voluntad propia. Sé que sientes algo por mí. He observado a los humanos demasiado tiempo para saberlo.
-No tienes idea de… ¡eres un demonio!
-¿Y sólo por eso crees que mis intenciones no son buenas? El bien y el mal son relativos, ya deberías saberlo. Pero debes saber que, aunque para los paradigmas humanos soy el mal encarnado; un ser que sólo busca hacer el mal por sus motivos egoístas, en esta ocasión sólo tienes razón en algo…. –guardó silencio mientras ella lo veía con intriga- mis motivos son egoístas…. Desde un principio sabes que deseo tu alma, pero también te quiero a ti y a todo tu ser; tu mortalidad e inmortalidad… conmigo.
-Sebastian…
-Eres muy valiente, Susanna. Eso es parte de lo que me gusta de ti. Pero la pregunta es… ¿hasta cuándo te atreverás a aceptar tus sentimientos por mí? –y entonces él se acercó poco a poco, mirando los labios de la chica con esos ojos rosados brillantes, ahora viendo directamente a su presa, pero había algo más ahí. Aquello era algo que ella había visto en distintas ocasiones. Ese algo no la asustaba, por el contrario. Parecía reconfortarla y hacerla perder la cabeza. Sólo era cuestión de acercarse un poco más él para terminar con esa tortura de desearlo y no poderlo tener. Estaba cansada de librar la misma batalla todos los días y sabía que tarde o temprano sucedería, pero…. ¿sería ahora?
Justo en ese mismo momento, en el techo de un edificio aledaño, alguien los observaba. Llevaba ahí un par de minutos. Lo suficiente para darse una idea general de la situación a pesar de no escuchar lo que estaban diciendo.
Era un individuo que vestía un traje negro impecable y cuyo rostro mostraba su sorpresa y descontento ante la situación. Sus ojos verdes detrás de las gafas que se acomodaba de manera compulsiva, mostraron tristeza y entonces sostuvo su death scythe con fuerza, intentando controlar sus emociones.
Un breve instante después, William ya no se sintió capaz de ver la escena ni un instante más, así que giró su arma con increíble destreza y se dio la vuelta dando unos cuantos pasos hacia el frente para después saltar desde la cima del edificio y desaparecer rápidamente con dirección a la dimensión de los shinigamis.
Los labios de Sebastian estaba casi rosando los de Susanna, pero él no se movió más. Sería ella quien diera el último paso y cambiara las cosas para siempre. Él había tenido paciencia con ella, había sabido ganársela y ni siquiera estando tan cerca de su meta parecía apresurar las cosas: continuaba inmóvil y esperando su respuesta. Estaba tan cerca que podía saborearla, tan a su alcance… de repente ella también miró su boca y se relajó, dejando que sus brazos se movieran casi como si tuviesen vida propia y por última vez sintió la posible salvación de su alma escapándose, esta vez para no regresar más.
Susanna sintió cómo la fuerza se le iba de las piernas, pero los brazos de Sebastian la sostenían con firmeza y no la dejarían caer. Un escalofrío la recorrió y en un abrir y cerrar de ojos ella cerró el espacio entre los dos y lo besó con todas las ganas que había tenido de hacerlo desde hacía hace mucho tiempo.
Ese primer beso fue suave y gentil. Los labios del demonio le transmitían calor, lejos de lo frío que ella pudo haberlo imaginado. ¿Cómo las tinieblas podrían ser tan cálidas?
El contacto con sus labios no fue brusco, como ella lo anticipaba, pero poco a poco subía de intensidad mientras se movían con urgencia mesurada. Él trataba de controlarse y no dejarse llevar. Era bueno en ello; llevaba siglos de experiencia, pero esto era diferente. Nuevo.
Susanna sabía a la esencia pura de su alma y sus labios mantenían el sabor a whiskey que acababa de beber. Una mezcla que él nunca había probado y encontraba fascinante.
El beso se volvió más intenso y después de que él volteara un poco su rostro y la sostuviera con más fuerza en sus brazos, con el cuidado suficiente para no romper su humana fragilidad, la volvió a besar con más efusión, esta vez saboreando más los primeros momentos de su victoria; de sus grandes anhelos.
No era por completo suya y así le gustaba. El tiempo de espera, además de valer la pena, lo hizo más placentero y ella sintió un peso levantándose de sus hombros. El negarlo por tanto tiempo la tenía exhausta y sus sentimientos se desbordaban.
Y sólo con ese beso, concluyó la noche para los dos, con la luna como el único testigo de lo que había sucedido.
Notas de la autora.
¿Qué les pareció? Fue una espera larga, pero valió la pena ¿no? Ya había demasiada tensión entre ellos, así que era justo y necesario que sucediera algo así. Quise agregar poemas para hacerlo más… conmovedor, pero quisiera saber su opinión al respecto. Este capítulo fue romántico, una especie de preparación para lo que viene, así que… agárrense, porque ahí viene lo más emocionante jejeje.
¡Saludos!
