Capitulo29. Ruta de William.
Lo que por tanto tiempo habían anhelado.
Al siguiente día, el Sr. Haggard llevó a Susanna a Hyde Park exactamente a las seis de la tarde. Muy temprano por la mañana, Susanna recibió un mensaje de William, explicando que había arreglado su horario para salir más temprano y reunirse con ella en aquel lugar, así que después de bajar del auto y ver al shinigami esperándola en la entrada principal, le indicó al chofer que ella le llamaría para que fuera por ella.
Acto seguido, se acercó al hombre ojos verdes penetrantes, quien a diferencia de otros días se veía menos formal. Tal vez porque sostenía su saco con la mano izquierda y su actitud parecía relajada, luciendo tan solo el chaleco negro cerrado que combinaba con su traje. Ella caminó con mucha seguridad, aunque por dentro estaba avergonzada por lo que había sucedido el día anterior.
-¿Llevabas mucho tiempo esperando?
-No. Llegué un par de minutos antes para verte llegar –su rostro parecía sereno pero una chispa de alegría se asomaba por sus ojos.
-Puntualidad inglesa –ella le sonrió y miró a su alrededor- y bien… ¿por dónde empezamos?
-Hyde Park es un lugar muy grande. Sugiero que comencemos a caminar –pero antes de dar el primer paso acomodó sus gafas y señalo en tono serio- estamos buscando algún tipo de entrada subterránea, así que debemos estar atentos a ello. Puede estar en cualquier parte
En efecto, el lugar era muy grande y parecía haber mucha gente caminando por ahí, pero el parque tenía una vibra muy peculiar que hizo a Susanna olvidarse de las demás personas y se concentrara en buscar algún indicio de túneles o entradas secretas en el lugar. Los jardines eran de color verde intenso y a pesar de la hora el clima era cálido, ideal para un día de campo a la orilla de alguna de las fuentes o lagos.
Era en verdad un lugar precioso, lleno de historias y anécdotas, aunque Susanna estaba segura de que se vería todavía más místico por la noche, pero antes de reparar en ello, William la sacó de sus pensamientos.
-¿Es la primera vez que vienes? –la miró de reojo, atento a su búsqueda pero a la expectativa de la actitud de Susanna. Sabía que el incidente del día anterior la tendría por lo menos a la defensiva y él no estaba muy seguro sobre cómo comportarse o si era adecuado tocar el tema.
-Sí… -ella miró a su alrededor y por un instante que le pareció muy corto, posó su mirada en el shinigami- siempre había querido venir, pero no había tenido tiempo de hacerlo. Tú sabes, por todo lo que… prefiero no mencionar para no arruinar la tarde.
Sí, se estaba refiriendo al contrato con Sebastian y a la situación en general. Y a pesar de que sabía que estaban allí como parte de sus esfuerzos por evitar que el Ángel caído fuera invocado, prefería dejarlo en un segundo plano, limitándose a buscar túneles y disfrutar de la compañía de William.
-Entiendo –hizo una pausa y continuó caminando- es un lugar icónico en Londres. Data de 1637 y actualmente es famoso, entre otras cosas, por el Spearker's Corner, donde las personas pueden venir a dar discursos y hablar en público.
-¿De verdad? ¿cualquiera?
-Siempre y cuando no se considere que el discurso viola la ley –ajustó sus gafas- de vez en cuando hay oradores muy talentosos.
-¿Sueles venir a escucharlos?
-Sólo lo he hecho en un par de ocasiones, pero lo he visto en muchos cinematic records.
-Oh… -Susanna no pudo evitar reír un poco al considerar todas las cosas que William habría visto a través de los dichosos cinematic records.
-¿Qué es tan gracioso? –él no comprendió lo que ocurría.
-Nada, sólo que… me parece curioso que sepas tantas cosas y que en realidad no las hayas presenciado de primera mano. Es como si me contaras la reseña de alguna película.
-Esa es una forma muy peculiar de describirlo… -dijo arqueando una ceja, pero le gustaba verla reír.
Continuaron caminando por el parque, todavía sin encontrar indicios de alguna entrada subterránea y poco a poco, el parque comenzó a verse más concurrido. Había mucha gente caminando por el lugar, todos dirigiéndose a una dirección en concreto.
-¿Qué hay por allí? –ella trató de ver por qué se congregaba tanta gente.
-Nada en especial… -William miró a su alrededor, buscando algún indicio que pudiese decirle de qué se trataba- tal vez sea algún tipo de manifestación o… movimiento social.
-Creo que… no se trata de nada tan serio como eso –ella lo miró con incredulidad después de leer un anuncio- parece que hay un concierto.
-Oh… no recordaba que de vez en cuando hacen ese tipo de eventos aquí.
-No lo dudo… ya me había dado cuenta que la música no es tu punto fuerte… -Susanna habló con tono serio y William la miró muy sorprendido e incluso un poco ofendido, hasta que ella comenzó a reír y le acarició el brazo de manera casual- ¡es una broma, Will! No te tomes las cosas tan en serio… además… -volvió a leer el anuncio- será un buen concierto ¡es Ed Sheeran!... y creo que el destino quiere que lo escuchemos –le guiñó el ojo- empieza en hora y media.
-¿Quieres que vayamos? –su actitud cambió y aunque parecía ser solemne, había mucha amabilidad en su tono de voz y empatía en sus ojos.
-¿Por qué no continuamos con nuestro trabajo y…. después escuchamos el concierto en algún lugar cercano?
-Eso me gustaría –apenas se asomó una sonrisita en la comisura de sus labios y siguió caminando junto a Susanna.
El sitio donde se llevaría a cabo el concierto estaba, por supuesto, descartado para buscar entradas secretas y a decir verdad, los planos del parque no parecían prestarse a ese tipo de accesos, ya que era un área verde y demasiado concurrida, por lo que era muy poco probable que Demian Janssens-Guillot decidiera usar el parque como entrada hacia los túneles.
Tanto William como Susanna estaban al tanto de ello, pero ninguno hizo comentario alguno, esperando poder continuar con su caminata; algo que en otras circunstancias no habrían podido hacer sin ser molestados o interrumpidos, así que ambos lo aprovecharon al máximo, charlando y disfrutando de su mutua compañía.
Él estaba fascinado con las anécdotas que Susanna le contaba sobre su vida antes de llegar al Reino Unido, sus impresiones al llegar y el cómo pasaba su tiempo libre antes de que todo aquello sucediera. Tenía una genuina curiosidad por saber más sobre ella y le hacía preguntas sobre su país natal y comenzó a imaginar cómo habrían sido las cosas si la hubiese conocido en otras circunstancias.
Poco a poco el sol se fue ocultando y la gente comenzó a desaparecer; o bien se habían marchado a sus casa o estaban en el concierto. Cualquiera que fuese la razón, la atmósfera entre los dos cambió un poco y de pronto el shinigami se animó decir.
-Escucha, Susanna… hace un par de días recibí el cinematic record de tu padre. Fue enviado desde la oficina de tu país y al estar a cargo de la investigación del ángel caído, el enlace y… de ti, debo hacer un informe sobre todo el material que encuentre y esté relacionado contigo.
-Oh… -la expresión de la chica se volvió seria, como si sus pies volviesen a pisar tierra después de haber estado volando por mucho tiempo y el aterrizaje hubiese sido muy abrupto.
-Yo... –miro hacia el suelo y luego directamente a los ojos de la chica- lo archivé en cuanto lo tuve en mis manos. No lo revisé… no pude hacerlo…
Por un segundo pareció que él estaba a punto de decir algo más, pero las palabras se ahogaron en su garganta y ella comprendió por qué. La forma en la que él la estaba mirando se lo decía y de inmediato se sorprendió, sintió un poco de tristeza al pensar que se trataba de la historia de vida de su padre y curiosidad por las razones detrás de tal omisión por parte de William, pero más que otra cosa, sintió gratitud hacia él.
Revisar el cinematic record de su padre era parte de su trabajo y él no lo había hecho. Sabía cuán diligente y estricto era con respecto a los asuntos laborales, sin embargo, había pasado por alto aquel detalle… ¿por qué?
-¿Por qué hiciste eso?
-No lo consideré correcto –dijo de manera seca- no al saber que tu aparecerías ahí y que… habría situaciones privadas que preferirías que yo no supiera –terminó de explicar, aunque omitió el cuán tentador había sido el revisarlo. No sólo porque fuese parte de su trabajo, y eso era una razón de gran peso, sino porque quería saber más sobre ella, sobre su pasado y el por qué era como era en la actualidad; qué clase de niñez había tenido y sobre todo, sus momentos de alegría y dicha, pero prefería escucharlo de sus propias palabras, tal como lo había estado haciendo unos minutos antes.
Hubo silencio por un instante y de pronto ella tocó su hombro y lo acarició con firmeza, pero ternura y lo miró a los ojos con un par de lágrimas formándose en los suyos, diciéndole mucho más de lo que sus palabras podrían hacerlo.
-En verdad te lo agradezco. Significa mucho para mí –él se volvió a quedar sin palabras.
Hubo un momento de silencio entre los dos y parecía que ambos caminaban sin rumbo fijo. Las luces del parque ya estaban encendidas y a lo lejos se escuchaba el murmullo de las personas del concierto y el agua de las fuentes corriendo. La ausencia de palabras, lejos de hacer incómodo el momento, los invitó a reflexionar sobre la situación. Para él eso era algo totalmente nuevo. Nunca se había sentido así junto a alguien, mucho menos con una mujer y de pronto logró comprender muchas situaciones que con anterioridad había observado en cinematic records; recuerdos que eran variados pero que contenían la misma intensión y sentimiento sin importar la época. Esas ansias por estar más tiempo junto a Susanna y el impulso por tocarla…. un deseo que constantemente reprimía; por fin comprendió lo que era enamorarse de alguien. Y sin embargo, no sabía qué hacer al respecto.
En otra época habría sido más fácil. Habría bastado con una nota que le informara de sus intenciones por cortejarla o simplemente una serie de encuentros y caminatas previamente programadas y con un chaperón… claro, eso habría sido más fácil para él, pero al mismo tiempo pensó que aquello le habría quitado la oportunidad de conocerla más a fondo o pasar tiempo a solas con ella, a pesar de dejarlo en una situación en donde no sabía cómo actuar. Cualquier cosa que intentara imitar de los cinematic records sería demasiado extraña para él. EI simplemente no haría algo así
El shinigami se debatía sobre qué hacer cuando Susanna lo interrumpió con una voz alegre.
-¡Ya va a comenzar el concierto! –señaló hacia el escenario.
-Es verdad… ¿por qué no nos sentamos? –dijo mirando hacia una banca de metal que había a unos metros de ellos. Ella asintió y mientras se acercaban a esta, el sonido de una guitarra proveniente del escenario alcanzó sus oídos- se escucha muy bien –dijo William sorprendido.
-Tienes razón- ambos se sentaron y ella lo miró- y creo que disfrutaré más el concierto aquí –le volvió a sonreír.
Ninguno de los dos habló durante las siguientes tres canciones. Era un momento casi perfecto en donde no hacían falta las palabras y ambos disfrutaban de su cercanía. Además, la música de Ed Sheeran era lenta y calmada, ideal para relajarse y pasar un rato a solas.
-En verdad lamento lo que sucedió ayer… -ella rompió el silencio. Se trataba de algo que debía expresar, pero eso no lo hacía más fácil
-Está en el pasado, no tiene caso que te angusties por ello -sus ojos seguían viendo hacia el estanque que estaba frente a ellos y ella se sitió agradecida, ya que se sentía un poco avergonzada por su reacción, pero al ver que él continuaba con una actitud serena decidió hablar de algo más ameno.
-Eso me recuerda… la paloma mensajera de ayer se comportaba de manera extraña –ella comentó de manera casual y William la miró como si acabara de recordar algo.
-Entonces lo notaste… -dijo algo serio- esa paloma es… un caso muy particular –ella lo miró con atención, esperando a que continuara- los shinigamis tenemos oficinas por todo el mundo. Cada una con su propio personal, pero en ocasiones hay transferencias. Esa paloma fue enviada desde la oficina de Madrid. De ahí su nombre, Chema –Susanna se sorprendió y alzó las cejas- sí, es algo que no ocurre a menudo, pero en este caso fue lo que pasó. Llegó a penas unos meses y venía con una particularidad única…
-¿A qué te refieres? –de pronto el shinigami se tensó y volteó hacia el otro lado, como si se tratara de algo con lo que no se sentía muy cómodo.
-Chema cree que es un pato… -hubo silencio por un instante y de pronto Susanna soltó una sonora carcajada- estoy hablando en serio –la miró como si estuviese ofendido.
-¡No puedo con esto! -ella siguió riendo y de pronto la tensión abandonó a William, quien apenas esbozo una sonrisa. Le gradaba verla reír de esa manera tan natural y tan suya. Le parecía refrescante y placentero.
Una hora y media después la música se detuvo. El concierto había sido grandioso. El cantante era excelente y todo se acentuaba más por la compañía mutua entre Susanna y William, y de pronto ella se animó a decir.
-¿Sabes algo?... –dijo con una mirada pícara- los dones que he absorbido, junto con los de la familia Serafer me han permitido desarrollar ciertas habilidades –William la escuchó con atención- por ejemplo la clarividencia y…
-Susanna… -se ajustó los lentes con solemnidad y dijo- debo recordarte que esos dones pasados de generación en generación no pueden ser usados por el sexo femenino y…
-Apuesto a que puedo leerte la mano.
-¿Leer mi mano? –se quedó anonadado.
-Claro, mira –y entonces tomó su mano izquierda; había tenido que inventarse una excusa para tomarlo de la mano- eh… no puedo hacerlo si tienes el guante puesto –se quejó y acto seguido Will se lo quito- bien, tiene que ser la mano izquierda, porque es la que representa tu presente y tu futuro. Esta línea de abajo es la de la vida…
Señaló el centro de su mano, mientras sentía su dorso en la suya propia. Su temperatura era más baja que la de ella y para entonces Susanna ya era consciente de ello, pero el primer contacto nunca fallaba en sorprenderla. A él le gustaba sentir su piel cálida tocándolo e incluso con todos los años de práctica, hizo un gran esfuerzo por mantener una expresión neutral, sin mostrar emociones, pero era difícil, ya que el dedo de Susanna le hacía cosquillas en la palma de su mano.
-Tienes una línea de vida muy larga –de pronto lo vio con preocupación y se dio cuenta de que eso significaba que aún le restaban muchos años de condena y redención, así que decidió omitir las implicaciones de su comentario- esta línea de la vida se junta con la de la mente. Como era de esperarse, es muy pronunciada. Eso quiere decir que eres reflexivo y antepones la lógica a todo… vaya, eso lo habría podido decir incluso sin leerte la mano –bromeó- y esta línea de aquí arriba es la línea del amor… veamos si hay algo para ti en un futuro cercano…
William la miró con atención y casi fascinación mientras ella explicaba, disfrutando de cada cambio en su expresión y el cómo se iluminaban sus ojos cuando lo veían. Era una sensación nueva para él y no sabía qué hacer con ella, pero la disfrutaba. Cuando Susanna terminó, él se quedó pensativo. De pronto sus miradas se volvieron demasiado intensas y él no supo cómo reaccionar, así que comenzó a balbucear un poco.
-Yo… yo... he estado estudiando e investigando sobre… hechizos e invocaciones. He estado buscando pistas o algo que pueda ayudarnos a evitar el Enlace y… en un cinematic record encontré algo interesante.
-¿Qué encontraste? –preguntó con mucho interés
-Por desgracia nada significativo, pero… -bajó la mirada por un instante y luego la miró con cierta emoción por compartir su hallazgo- ¿me creerías si te digo que puedo mostrarte un pequeño fragmento del pasado?
-¿Del pasado? –ella se sorprendió bastante y mil ideas se le cruzaron por la mente- ¿Cómo una película?
-No exactamente –de pronto su gesto se volvió serio- no puedo mostrarte un ciematic record –se ajustó las gafas- eso sería en contra de las reglas y no sólo eso. Además de la penalización por tal falta, hay un sinfín de documentos y papeles que firmar si eso sucede y… -de pronto notó que comenzaba a alejarse del tema- pero podría mostrarte una memoria…
-¿Una memoria tuya? –él asintió mientras la veía con un particular gesto en sus ojos, algo que ella sólo pudo describir como esperanza–Will…. ¡me encantaría! –le sonrió ampliamente. Sabía lo que eso significaba.
Susanna sabía que el él no recordaba mucho sobre su vida mortal. Tal vez había escogido olvidarlo, o era parte de ser un shinigami, así que pensó que los pocos recuerdos que le quedaban debían ser de lo más valioso para él y el que decidiera compartirlos con ella la conmovió muchísimo.
-Está bien. Cierra los ojos –la voz de William era calmada- respira hondo- le indicó y esperó a que ella estuviese relajada y de pronto, puso su mano izquierda sobe la frente de Susanna.
Por un breve instante ella sintió la piel fría del shinigami sobre su frente, pero antes de poder reparar en ello sintió un repentino mareo, como si hubiese un remolino a su alrededor y la sensación de caer hacia el vacío la inundó. Había sentido lo mismo con anterioridad, en aquella ocasión cuando Sebastian le había mostrado el pasado de su familia. Recordó la angustia que sintió, pero la voz de William la calmó enseguida.
-No temas. Lo que sientes ahora es tu mente viajando hacia otra dimensión. El mareo que sentiste antes es tu conciencia dejando tu cuerpo físico, pero descuida, no dejaré que te pase nada. Tu y yo seguimos sentados en Hyde Park, es tan sólo tu mente la que está en otra dimensión.
-…Entiendo… he estado aquí antes –ella explicó.
-Oh… -había cierta decepción en su timbre de voz y comenzó a imaginarse las circunstancias en las que ella habría hecho eso, pero de inmediato dio un alto a sus pensamientos. Lo que estaba a punto de hacer requería un alto nivel de concentración- relájate, la sensación pasará pronto y podrás ver lo que quiero mostrarte.
Susanna se vio envuelta en una profunda oscuridad en la que no podía ver ni siquiera su propio cuerpo, pero se sentía segura y acompañada. William no parecía estar dentro de su mente como Sebastian lo hizo, pero al mismo tiempo eso los limitaría un poco, ya que el shinigami sería el único que pudiese comunicarse de manera verbal.
La sensación de incomodidad desapareció muy rápido y de pronto vio a lo lejos un árbol seco. Poco a poco la imagen se hizo más clara y más árboles aparecieron en el horizonte. El cielo estaba nublado y parecía haber hielo en los bordes del sendero que se extendía hasta donde sus ojos podían ver. No había casas alrededor, pero cuando volteó a su derecha vio que un riachuelo pasaba por ahí. Todo era tan claro y nítido que hasta podía distinguir la diminuta capa de hielo que apenas se dibujaba sobre el agua.
Iba caminando por ese sendero y miraba hacia el cielo mientras sentía que su mano izquierda sostenía una especie de maletín. Quiso saber de qué se trataba, pero su cabeza no parecía responder a la orden de voltear y de pronto sintió un suave jalón en su brazo derecho. Entonces volteó a ver de qué se trataba y se encontró con una linda chica de aproximadamente dieciséis años con un bonito vestido amarillo y una capa verde para cubrirse del frío. De inmediato sintió su rostro sonreír y fue entonces que se dio cuenta de que estaba viendo todo desde los ojos de William.
La el cabello castaño de la chica estaba cubierto por la capa que llevaba, pero un par de mechones se asomaban y enmarcaban las pecas en su rostro. Sus ojos claros parecían estar enfadados, pero su expresión decía lo contrario y entonces ella habló.
-¡Apresúrate, William! Quiero llegar a casa antes de que se oculte el sol y haga más frío… entiendo que tienes una fijación por quedarte en la intemperie por mucho tiempo, pero yo no, así que será mejor que me lleves a casa lo más rápido que puedas.
-¿Cuál es la prisa, Natalie? ¿acaso esperas a alguien? –otra vez sintió una sonrisa formándose en sus labios.
-No seas bobo, es sólo que no me gusta esta época del año. Comienza a hacer frío y de seguro no tarda en nevar –ella miró hacia el cielo y después hacia el hielo en el riachuelo.
-Pero si el invierno es precioso. Además es probable que sea el último que pasemos juntos –sintió un nudo en la garganta, pero no lo demostró de ninguna manera.
-¿A qué te refieres? –la expresión de la chica mostró lo mucho que se sorprendió al escuchar tal comentario.
-Es de esperarse. El próximo año cumplirás diecisiete y es la edad idónea para que una chica como tú se case. Además, en las últimas dos semanas Edward Denton me ha preguntado al menos unas cuatro veces por ti, sin mencionar las frecuentes visitas del hijo de los Linnington.
-¿Y crees que nuestro padre dará su consentimiento tan fácilmente?
-Tal vez lo haga una vez que se dé cuenta de la forma en la que miras a Edward… -sonrió otra vez y miró a la chica sonrojándose un poco.
-Deja de molestarme, o le diré a mamá.
-Lo siento, hermanita, pero no lo haré hasta que me digas qué te ha hecho el invierno para que lo odies tanto. Es una estación tan bella y….
-¡Fría!
-En efecto, pero incluso el frío puede ser agradable si o concibes de otra manera. ¿Qué tal con algo de música?
-¿Con música, dices? –la chica parecía estar confundida y el movió su brazo para que lo soltara y dio unos cuantos pasos hacia su izquierda para acercarse a una cerca. Después puso el maletín en el suelo. Era un estuche de violín.
William lo abrió y tomó el instrumento y el arco, mirando cómo la joven lo miraba con cierta confusión. Después miró a su alrededor y señaló hacia el cielo, donde una nube gris se acercaba, prometiendo una tormenta de nieve.
-Así es, habrá mucho frío, las calles estarán cubiertas de nieve y este camino por el que andamos desaparecerá por completo, haciendo casi imposible que los caballos pasen. Es probable que pasemos casi todo el invierno encerrados en casa, junto a la chimenea y bebiendo cosas té o quizás un poco del licor para mantenernos calientes. La familia estará reunida y mientras tanto, los ríos de congelarán poco a poco. Los árboles serán sus únicos testigos y las heladas se encargarán de definir el panorama por un par de meses. Es como si toda la acción se llevara a cabo afuera de las casas y nosotros sólo lo podremos ver desde nuestras ventanas.
-A menos que quieras congelarte –ella le sonrió y se acercó un poco- ¿para qué has sacado el violín?
-Quiero que imagines todo lo que te acabo de describir mientras toco una melodía.
La chica asintió y William acomodó su capa de terciopelo oscuro de modo que no le estorbara para tocar el instrumento, dejando ver parte del saco azul marino que llevaba puesto. Era tal y como Susanna los había visto en películas del siglo XVIII, pero antes de poder reparar en el año en el que se encontraban, se distrajo con el movimiento que hizo para quitarse los guantes de piel que llevaba puestos, dejando ver sus manos desnudas, algo que pocas veces había visto.
Susanna se sintió casi hipnotizada por los precisos movimientos de sus manos cuando se dispuso a comenzar a tocar el violín.
La mirada de William se fijó en las cuerdas y con un ágil movimiento de su brazo derecho, comenzó a mover el arco para entonar las primeras notas. Al principio fue suave el sonido, repetitivo y un poco monótono, pero después fue aumentando de intensidad y ella reconoció la melodía: era el Invierno de Vivaldi, interpretado con gran habilidad por el entonces joven muchacho, del que sólo podía ver sus manos y parte de sus brazos.
Al ser capaz de compartir su memoria, sentía el intenso frío en su piel, las cuerdas apretándose por debajo de sus yemas y cómo su cuerpo comenzaba a sentirse más cálido con cada nota que tocaba, acelerando el ritmo en el momento exacto para hacer sonar la melodía. Su corazón se aceleró y cuando volteó a ver a su hermana pequeña, esta tenía los ojos cerrados, tratando de imaginar el paisaje que él le había descrito momentos antes.
Cuanto aceleró el ritmo de las notas otra vez, el mismo cerró los ojos por breves instantes, imaginándose el agua dejando de correr por su cauce debido al intenso frío y después abrió los ojos para mirar a su alrededor: los primeros copos de nieve de la tarde y el sendero por donde estaban caminando hacía unos minutos empezó a pitarse de blanco. Otra sonrisa se formó en sus labios y al tocar las últimas notas, sintió como el aire se le iba de los pulmones, como si hubiese llegado al clímax de la pieza y el vibratto final hiciera que sus emociones se desbordaran.
William parpadeó un par de veces para fijar sus ojos en el rostro de su hermana y de repente todo comenzó a nublarse y cuando Susanna abrió los ojos se encontró en Hyde Park, con los ojos verdes del shinigami fijos en ella, a la expectativa de su reacción.
Al principio pareció estar un poco desubicada y mareada, así que William la cubrió con su saco y después de un momento ella pareció estar mucho mejor, de vuelta a la realidad. Ambos se miraron por un momento, hasta que Susanna comenzó a hablar.
-Eso ha sido… extraordinario –no supo qué decir además de eso. Parecía ser un recuerdo muy importante para él, y el haberlo compartido con ella hacía todavía más especiales las acciones de William –no sabía que tocabas el violín.
-En realidad ya no sé cómo hacerlo –bajó la mirada y sus hombros parecieron tensarse un poco- por lo visto solía hacerlo en mi vida anterior, pero es poco lo que recuerdo de mi vida como humano –su voz pareció sonar nostálgica, pero su rostro permaneció impasible.
-Te lo agradezco –ella sonrió y sitió el impulso de tomarlo de la mano, pero no lo hizo. Tal vez por temor al cómo reaccionaría, o por vergüenza, así que se limitó a mirarlo con ternura- de verdad me encantó que me hayas mostrado eso. Además el Invierno de Vivaldi es una de mis piezas favoritas.
-Lo sé… -le sonrió de manera tímida y miro hacia el cielo, esperando ver las estrellas sobre ellos.
Minutos más tarde, Susana contactó al Sr. Haggard para que fuera por ella y regresó a casa, no sin antes ponerse de acuerdo con William para reunirse al día siguiente y trazar el plan para detener a Demian.
El siguiente día los tres shinigamis se reunieron con Susanna y Sebastian al medio día. Desde que pusieron un pie dentro de la casa, los tres pudieron notar que había una vibra extraña entre la chica y su mayordomo. Ella parecía ignorarlo, en la medida de lo posible, mientras el trataba de llamar su atención. Ninguno dijo nada al respecto, pero William sabía muy bien el por qué actuaban así.
Una vez en el estudio, Ronald desenrolló un mapa de la ciudad y lo puso sobre el escritorio. Los túneles subterráneos habían sido previamente marcados por el joven shinigami, quien esperaba ansioso porque su jefe comenzara a hablar, pero William parecía estar conversando animadamente con Susanna. No fue hasta que Sebastian aclaró su garganta de manera discreta que ambos parecieron concentrarse en la reunión.
-¿Will, podrías decirnos qué encontraron? –Susanna preguntó con curiosidad.
-De acuerdo a nuestras observaciones, tal parece que el sótano del Stamford Bridge está conectado con el metro de la ciudad. Ronald se encargó de confirmarlo el día de ayer –miró al chico rubio junto a él, indicándole que debía explicar lo que encontró.
-Hace un par de semanas se hicieron obras de mantenimiento en el sótano del estadio, y casualmente el sistema de riego auxiliar se conectó a una tubería que para a un lado del metro. Eso quiere decir que hay un túnel que pasa casi por debajo del estadio y por el que se puede tener acceso a este. Eso no puede ser una coincidencia –entonces señaló al mapa- el ritual para traer al ángel debe hacerse lo más cerca posible del estadio, que es la fuente principal de energía.
-¿Estás diciendo que usarán los túneles del metro para llegar ahí? –preguntó Sebastian para confirmar sus sospechas.
-En realidad no sabemos cómo es el ritual, ni cuánto tiempo les lleve, pero su culminación será el día del partido. Es entonces cuando debemos atacar y terminar con su numerito –Grell sonrió con cierta picardía. En definitiva disfrutaría arruinar los planes de Demian.
-Lo que necesitamos es determinar las rutas de acceso y salida –hizo una pausa y miró a la chica- el día de ayer, Susanna y yo fuimos a Hyde Park en busca de posibles accesos pero… no encontramos ninguno. Lo mismo sucedió con la escuela. No había rastro de alguna entrada subterránea, lo cual nos deja con menos opciones.
-Sugiero que usemos estas dos rutas –Ronald volvió a señalar el mapa y con su dedo índice recorrió los túneles que había marcado- hay una entrada por el metro y otra por el cementerio de Brompton. Ambas hacen una intersección con el túnel que va a dar al estadio.
-Ya veo… ¿de qué tamaño son los túneles? –la chica cruzó los brazos y miro al joven shinigami con mucha atención.
-Bastante amplios, diría yo. Caben de tres a cuatro personas y cada cierto tiempo se hace mantenimiento a las tuberías. Para eso se necesita maquinaria, así que son los suficientemente espaciosos como para que entre un camión.
-Ronald tiene razón y eso es razón suficiente para sospechar que el ritual se llevará a cabo allí. Sugiero que utilicemos ambos túneles para entrar –William explicó con mucha seriedad- podríamos dividirnos en tres grupos. Uno que entre por el metro, otro por el cementerio y otro que esté en el estadio, así tendríamos todos los flancos cubiertos y ese sujeto no podrá escapar.
-Suena bien. Me ofrezco para ir al estadio y… -ella comenzó a hablar, pero las voces alarmadas de William y Sebastian la interrumpieron.
-¡Ni pensarlo! –el mayordomo habló por primera vez desde que empezó la reunión.
-Absolutamente no… -ambos se miraron con recelo por un segundo y después William explicó- si no podemos detener el ritual, todas las personas dentro del estadio pueden morir y sus alma servirían como sacrificio –de repente la miró a los ojos como nunca antes; con una fría autoridad que servía como máscara para su mortificación al pensar que ella pudiese morir- no voy a permitir que desperdicies así tu vida. Eres demasiado importante para… -desvió su mirada hacia el mapa para no evidenciar lo que intentaba callar-… para detener el Enlace y no podemos arriesgarnos a que te suceda algo.
-Will… -Susanna no supo qué decir. Estaba impactada por lo que acababa de escuchar.
-Es verdad, señorita. Me temo que no le puedo permitir que arriesgue su vida de esa forma –el demonio parecía más serio que de costumbre.
-¿O sea que me van a dejar fuera de esto…?
-No… -William suspiró- es necesario que vayas con nosotros. Sólo tú puedes detener esto, pero te pido que no estés en el estadio.
-…entiendo… -por un instante se sintió culpable al no poder hacer algo más, pero sabía que un humano no tendría posibilidad contra un ángel caído.
-Sugiero que sea Ronald el que esté en el estadio. Él ya visitó el lugar y conoce la ubicación exacta del túnel –indico Grell
-Bien, entonces… Sebastian, encárgate de conseguir un boleto para el partido –el mayordomo asintió- ahora sólo falta dividirnos en dos grupos y plantear nuestro plan de acción -Susanna se sentó en la silla del escritorio y una mirada sombría apareció en su rostro.
Pasaron casi dos horas en lo que formulaban el plan y discutían posibles formas para detener el ritual, pero cuando la reunión terminó, ya tenían una idea de cómo solucionarían todo y el rol que cada uno tendría el día del evento.
El día anterior al partido y el supuesto intento de traer al ángel caído, Susanna caminaba por el jardín. Había decidido pasar el día tranquila, sin preocupaciones, ya que era posible que esa fuera su última oportunidad de hacerlo. Durante todo el día evitó pensar que su contrato con el demonio podría estar a punto de acabar y se distrajo con todo lo que pudo encontrar a su alcance.
Ya no estaba tan enfadada con Sebastian, pero seguía manteniendo su distancia y sobre todo, evitaba tocar el tema del término del contrato, así que tan sólo le encargó que preparara su comida favorita para ese día, un par de cocteles para pasar la tarde y después lo envió a dejar preparados todos los documentos necesarios para que AstraZeneca tuviera un nuevo director general y no hubiese problemas si ella llegase a faltar.
Pasó la tarde en el jardín disfrutando de la bella imagen de las coloridas flores y una vez que el sol se puso, caminó junto al estanque para reflexionar un poco. La luna se veía hermosa y brillante, invitándola a permanecer quieta mientras la observaba. Había algo místico en cómo se veía aquella noche, gris y atractiva ante los ojos de Susanna, quien de pronto sintió una presencia familiar cerca de ella y volteó con mucha sorpresa para ver a aquel individuo.
-William, no esperaba verte aquí hoy.
-Buenas noches, Susanna… -el tono de formalidad lo hizo parecer distante mientras acomodaba sus gafas- los altos mandos decidieron que no debía salir tarde el día de hoy, considerando nuestras actividades de mañana… así que no les importó que se juntaran las pilas de trabajo y me mandaron a casa –dijo con un poco de disgusto- pero antes quise pasar a ver cómo estabas.
-Te lo agradezco –ella le sonrió mientras se paraba junto a él en el pequeño puentecillo del estanque. Sabía que el shinigami era exageradamente diligente, pero esta vez su disgusto no era causado por eso; el trabajo era sólo un distractor ante la amenaza que enfrentaban y un escudo para esconderse de sus preocupaciones y angustias.
-Supuse que estarías ansiosa.
-Sólo un poco –sonrió para sí misma, reconfortada al saber que no era la única- pero esto es algo que debo cumplir y no es momento de dudar. Además tengo que honrar mi parte del trato- de inmediato William se tensó y su gesto se endureció en señal de desaprobación. Aquello era lo último que quería pensar en aquel momento y comenzó a sentirse un poco fatigado.
-Quisiera no traer a colación cualquier tema que tenga que ver con esa… aberración –eso último lo dijo con cierto asco.
-Tienes razón, no quisiera que salieras del estrés de tu trabajo sólo para encontrarte con temas… molestos- parecía que ella se estaba divirtiendo con las reacciones del shinigami, quien de manera inconsciente se mostraba fácil de leer.
-Te lo agradezco –dijo relajándose un poco mientras se recargaba en el barandal del puente, poniendo un gesto pensativo. Se preguntaba con qué clase de ritual se toparían el día siguiente, sabiendo que las dificultades no serían pocas y que la vida de todos correría peligro.
- Vamos, William deberías relajarte un poco. Ya saliste de la oficina y la noche es muy linda. Ignora por un momento el trabajo pendiente y lo que pueda suceder mañana. Después de todo, si regresas al despacho te volverán a mandar a casa. Mañana será un día importante, pero estamos en el ahora –ambos miraron hacia el cielo pero él seguía tan serio como siempre. Su mente procesaba demasiadas cosas al mismo tiempo y Susanna suspiró en un intento de parecer harta- tendré que pensar en algo que te relaje… –dijo con una sonrisa pícara que él no vio porque estaba observando el reflejo de la luna en el estanque, tratando de vaciar su cabeza del torbellino de pensamientos que lo inundaban.
Sabía que el día siguiente podría ser decisivo no sólo para ellos, sino para el resto del universo… incluso si lo ignoraban. Ya habían trazado el plan, pero no podía evitar pensar en todo lo que podría resultar mal y las consecuencias que ello tendría. Eso sin mencionar su preocupación por el provenir de Susanna y el continuo impulso de estar cerca de ella. Mientras tanto, la chica se acercó a él despacio y con la firme intención de darle un amigable beso en la mejilla, pero al sentir su cercanía William volteó la cabeza y ella terminó besándolo en la comisura de los labios.
Ella se sonrojó de inmediato y abrió los ojos sorprendida. Las pupilas de William se dilataron en sus ojos verdes pero no se alejó ni un milímetro. Miró a la chica con detenimiento, estudiando su rostro como nunca lo había hecho antes y manteniendo una serenidad casi abrumadora. Susanna por su parte esperó algún tipo de reproche o que él se alejara, pero no sucedió y su sorpresa fue más cuando observó que los ojos del shinigami parecían ser más brillantes que de costumbre cuando se fijaron en sus labios. Ella recorrió su rostro con la mirada, preguntándose qué pasaría después y no pudo evitar notar que él parecía haberse relajado. Su mente estaba ahora en otro lugar.
Al menos logró su cometido, pero ahora él se acercaba más a su rostro, sin quitar la mirada de sus labios; no lo había hecho ni por un instante y el sinfín de pensamientos que lo perturbaban parecieron desaparecer a cuentagotas por cada instante que sus ojos la veían… que sus labios lo convencían de hacer lo que estaba a punto de hacer. La suave respiración del shinigami le hacía cosquillas en la mejilla y dejó escapar una leve sonrisa al sentirlo. Después cerró los ojos y esperó a que William se acercara por completo, rozando sus labios con suavidad, como si estuviera pidiendo permiso y después de un tortuoso instante que a Susanna le pareció eterno, la besó.
Fue un beso lento, sin prisas y profundo. El corazón de Susanna se aceleró y continuó besándolo mientras recorría su pecho con su mano derecha. Él se las ingenió para quitarse uno de los guantes negros y acarició el rostro de la chica con suavidad, alejándose de ella poco a poco y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios mientras su gesto se suavizaba todavía más.
-Hacía tiempo que quería hacer esto pero… no encontraba el momento adecuado –el afirmó.
-Más vale tarde que nunca… además, por fin te ves relajado.
-¿lo crees? Yo todavía me siento un poco tenso- y entonces se acercó para besarla nuevamente.
Y así pasaron casi dos horas, entre discretos besos y breves caricias, olvidándose de lo que pasaría al día siguiente. Unas merecidas vacaciones en medio de la tormenta que se avecinaba, pero ambos disfrutaban el momento, sintiéndose más vivos que nunca y por fin haciendo lo que por tanto tiempo habían anhelado…
Notas de la autora:
¡Por fin se besaron! Sé que llevó un poco de tiempo pero era necesario para la trama y los personajes… espero que este capítulo les haya gustado tanto como a mí. Me tomó más tiempos que el acostumbrado subirlo, pero creo que valió la pena. Fue un capítulo más o menos ligero y un preámbulo para lo que sigue, que será muy intenso… muajajaja
Nuevamente, para los seguidores de la banda sonora del fanfic, está el invierno de Vivaldi y thinking outloud the Ed Sheeran.. aunque básicamente cualquiera de sus canciones podría ser adecuada, ya que estaban escuchando su concierto.
¡Saludos y nos leemos a próxima actualización!
