Capítulo 30. Desaparecidos. (Ruta de Sebastian)

El día del partido, Susanna despertó con mucha pereza. Había tenido problemas para dormir el día anterior y deseaba permanecer en la cama por más tiempo, pero el ruido que Sebastian hacía mientras preparaba el baño era justo el adecuado para mantenerla despierta y fue entonces que sintió desconcierto: desde aquel beso con el demonio, este se había encargado de despertarla por las mañanas hablándole con voz suave mientras jugueteaba con su cabello, o le acariciaba el rostro, observando cómo poco a poco abría los ojos; algo que la hiciera saber que anhelaba su cercanía y tocarla en cada oportunidad que se le presentaba.

Sin embargo, ese día fue diferente. Sebastian había regresado a la vieja costumbre de entrar sigilosamente a su cuarto y encender la luz del vestidor y el baño, haciendo un poco de ruido para que ella despertara poco a poco. Cuando Susanna abrió los ojos, volteó a ver a su alrededor, como si buscara algo que no encontró y después se levantó de la cama un poco confundida.

-Buenos días, señorita. El baño está listo –el mayordomo salió del baño con una amable sonrisa en el rostro y una actitud cordial, pero a pesar de que a ella no le desagradaba, no pudo evitar sentirse un poco decepcionada.

-Buenos días, Sebastian –bajo la mirada y suspiró mientras caminaba hacia el baño, pero antes de llegar escuchó la puerta cerrándose y sintió como el mayordomo aparecía justo frente a ella, susurrándole.

-¿Ocurre algo? pareces un poco pensativa… –sus labios casi rosaban la oreja de Susanna, quien sintió de inmediato un escalofrío por su espalda - ¿esperabas despertar de otra manera? –casi se podía escuchar la risa en su voz.

-Eres un pesado –ella bromeó mientras lo empujaba y fruncía el ceño.

-Hoy es el gran día –Sebastian sonrió- no quería distraerte –acarició su mano derecha y con la izquierda tomó su barbilla para que lo mirara a la cara.

-Ahora resulta que te preocupas por no distraerme. Bien sabes que de cualquier modo lo voy a hacer si te pones así frente a mí –se acercó a él y antes de besarlo agachó la cabeza y dijo en un susurro- además, es probable que para mañana nuestro contrato haya concluido…

-No pienses en eso –entonces él la besó con calma y la mente de la chica se puso en blanco por un instante. No importaba cuántas veces lo besara, el efecto siempre era el mismo- además… -volvió a acercarse a su oído, asegurándose de que ella se estremeciera- quiero disfrutar esto un poco más… y planeo que lo hagamos juntos. No temas, estaremos juntos mucho más tiempo del que piensas…

-Debería tenerte miedo…

-No hay razón para hacerlo –y entonces la volvió a besar con suavidad, tranquilizándola y entonces ella supo que Sebastian tramaba algo… algo que no era necesariamente malo, pero que no le era posible predecir. El demonio estaba lleno de sorpresas.

Un momento después ella se forzó a alejarse de él y continuar su camino para tomar un baño, pero antes de poder hacerlo, sintió la mano de su mayordomo comando la suya, deteniéndola.

-No olvides esto… -le dio una mascada para que se cubriera la marca del contrato.

-…Gracias… -dijo después de mirarlo por una fracción de segundo. Debía guardar el secreto del a verdadera identidad de Sebastian.

Algunas horas después, tres shinigamis aparecieron en la puerta de la residencia Serafer, listos y dispuestos a comenzar con el plan. Ronald vestía un par de jeans y una camiseta del Chelsea; un atuendo muy parecido al que usó cuando fue a visitar el estadio. Por su parte, los otro dos shinigamis llevaban sus respectivos acostumbrados trajes en negro y rojo.

En cuanto entraron, se dirigieron al estudio de la planta baja, donde Abby, Fer y el Sr. Haggard ya los esperaban junto con Susana, quien le había indicado a Sebastian que los recibiera en la puerta.

-Bien, cada uno tome un auricular por favor –dijo Fer tomando uno y colocándolo en su oreja- todos tienen un pequeño botón justo en donde se acomoda atrás de la oreja. Úsenlo para encenderlo en cuanto nos separemos. Por supuesto, tienen un micrófono integrado y todo lo que digan lo escucharán los demás.

-Así que cuiden su vocabulario –interrumpió Susanna con un poco de humor, pero el mensaje era para los shinigamis y Sebastian, quienes eran más proclives a decir algo que pudiese revelar sus verdaderas identidades.

-El canal está configurado de tal manera que será muy difícil encontrar sin una antena o una radio adecuada, ya que lo que vamos a hacer no es precisamente… legal… -miró a todos con un poco de angustia en su expresión- será mejor tener cuidado con lo que decimos.

-Descuida Fer. Si algo sale mal y nos descubren yo asumiré toda la culpa y Sebastian se encargará de esconderlos y enviarlos lejos para que nada les suceda –la chica explicó. Desde la primera vez que se aventuraron en aquella bodega con Schneider, Sebastian había preparado un juego de pasaportes e identificaciones falsas para que los empleados huyeran del país sin ningún problema. Era una batalla que Susanna iba a librar sola y aunque apreciaba su ayuda, no dejaría que ellos resultaran perjudicados.

-Señorita… -de pronto la voz de Abby, quien había permanecido en silencio hasta el momento, se escuchó y lo hizo con gran determinación y seriedad- pase lo que pase, nosotros estamos con usted. No la dejaremos sola. Tenemos una deuda con su abuelo y con usted…

-Esas personas deben pagar por lo que le han hecho a usted y a su familia… -de pronto la mirada de Fer pareció ser más sincera y emotiva que de costumbre- y creo que hablo por los tres cuando digo que haremos esto por convicción propia –y de pronto Thomas sonrió y puso su mano sobre el hombro de Susanna, quien lo miró sorprendida.

-Así es. Además, hay un par de cosas que su abuelo me encargó decirle cuando todo acabe, así que este plan debe salir bien –la chica no supo qué decir al respecto y sólo asintió. Instantes después, Sebastian aclaró su garganta y continuó explicando le plan o, mejor dicho, repasándolo.

-El equipo 1 tendrá a Ronald, Grell, el Sr. Spears, Abby y Fer, quien conducirá el auto al estadio Stamford Bridge, donde dejarán a Ronald y los demás dejarán el auto en algún lugar cercano y caminarán hacia el metro. Mientras tanto, el Sr. Haggard, la señorita Susanna y yo iremos al cementerio de Brompton y pondremos en marcha el plan. Recuerden que, a la primera indicación de abortar el plan, lo haremos. No queremos que alguien más salga herido y esperamos que algo violento ocurra en esos túneles.

-En efecto –William por fin habló- además es muy importante que no abandonen sus puestos… por nada del mundo… -miró con severidad a todos los presentes- no sólo pondrán su vida en peligro, sino la de los demás también. Contamos una ruta de escape por ambas entradas al túnel y lo último que necesitamos es quedarnos sin una.

-¿Preguntas? –Susanna preguntó mientras sentía ansias y nerviosismos invadiéndola. No le desagradaría un trago en esos momentos. Todos negaron con la cabeza y ella continuó- entonces en marcha y… mucha suerte.

-Señorita… -habló Fer antes de que ella saliera- no olvide llevar esto… podría ser necesaria –le dio una pistola con funda para que la pudiese llevar en el pantalón de mezclilla y ella asintió.

Una pequeñísima sonrisa apareció en los labios de la chica y por fin salieron del estudio y la residencia. Cada uno sabía bien qué hacer, pero el riesgo de que los planes de Demian hubiesen sido malinterpretados era latente y Susanna no se podía quitar la preocupación de la mente.

Antes de subir al auto, William tocó levemente el hombro de Susanna para llamar su atención; un breve toque para indicarle que quería hablar con ella y tal vez para sentir un poco de su cercanía. Al instante, Sebastian se dio cuenta de ello y volteó a ver al shingami con sus ojos de demonio, amenazantes y a punto de atacar. La chica supo que no sería suficiente el mirarlo de manera persuasiva para que se calmara, así que optó por hacer algo más directo.

-Espérame en el auto, Sebastian… quiero hablar con el señor Spears… es una orden –dijo con voz firme, lo cual le hizo ganarse una mirada de disgusto por parte de su mayordomo.

Esperó un momento a que todos estuviesen cerca de los autos y después volteó a ver al shinigami, quien continuaba viendo hacia donde estaba el demonio. No perdieron contacto visual ni por un momento y algo dentro de Susanna le dijo que, si no fuese porque había demasiados testigos, hubiese habido algún tipo de enfrentamiento.

La mirada del Supervisor cambio radicalmente cuando se enfocó en la chica. Pasó de ser severa y fría, a cálida y preocupada. Sabía que esa reacción por parte del demonio era un indicador de que algo había cambiado; nunca antes se había mostrado tan hostil ni posesivo con la chica, y eso sólo podía ser consecuencia de aquel beso que tuvo la mala fortuna de presenciar. Sin embargo, mantenía una diminuta esperanza de que hubiese sido una artimaña más del demonio.

-Susanna… ¿te encuentras bien?

-Claro… yo… -sonrió, pero él la interrumpió.

-No son pocas las implicaciones de lo que haremos hoy; no es algo que deba tomarse a la ligera. Cualquier error podría… resultar en un caos y… -de pronto dejo de hablar y suspiró. Lo último que quería era sermonearla, pero esa actitud era su único escudo para esconder sus sentimientos- me refiero a que debes estar preocupada. Tal vez sea mucha presión para ti y… sólo quería asegurarme de que estés bien –acomodó sus gafas.

-Will…-sus palabras la tomaron desprevenida y algo dentro de ella se suavizó, junto con su expresión, mostrándole una dulce sonrisa- estaré bien. Sé que será difícil, pero los tengo a ustedes para ayudarme y eso es más de lo que puedo pedir –hubo una pausa- gracias –le volvió a sonreír y el asintió con la cabeza, viendo cómo se daba la vuelta y caminaba hacia el auto.

Sintió presión en su pecho y una terrible frustración que pudo ocultar bien gracias a sus años de práctica para reprimir cualquier tipo de emoción y después de mirar al cielo por un instante, caminó hacia el auto, listo para afrontar lo que les deparara el destino. Entre más rápido terminaran con ese asunto, más rápido podría ir a casa y olvidarse de todo, al menos por un rato.

Se dividieron en dos autos; Fer, Abby y los shinigamis en uno, con dirección al Stamford Bridge y el Sr. Haggard con Sebastian y Susanna con dirección al cementerio.

El camino hacia el cementerio pareció ser más largo de lo que en realidad fue. A pesar de aparentar lo contrario, la chica tenía un mal presentimiento y sentía gran temor. Ésta podría ser su última oportunidad de detener el Enlace y no sabía a qué se enfrentarían, pero de pronto Sebastian la tomó con suavidad de la mano. Una caricia tibia y reconfortante, como si él supiera exactamente lo que le preocupaba y quisiera hacerla sentir mejor… y funcionó cuando ella lo miró y este sonrió con seguridad, transmitiéndole el valor que ella necesitaba en esos momentos.

Fue un poco difícil aproximarse al Stamford Bridge, debido a que muchos aficionados ya comenzaban a llegar e invadían las calles con sus automóviles, al grado de que varios optaron por caminar hacia su destino en lugar de esperar a que el coche pudiese avanzar. Era un partido importante: los cuartos de final de la Premier League y la rivalidad entre ambos equipos era grande, cosa que aumentaba los fanatismos y exaltaba los ánimos de la afición.

-No es necesario que me dejen a la puerta del estadio. Puedo caminar –dijo Ronald enrollándose en el cuello su bufanda azul del Chelsea- además, no quiero que lleguen tarde a sus puestos.

-¿Estás seguro? Creo que todavía puedo avanzar un poco más –señaló Fer mientras se asomaba por la ventana tratando de ver hasta donde llegaba el embotellamiento.

-Descuida –abrió la puerta y antes de salir miró a todos- que tengan suerte. Nos vemos en un par de horas –guiñó el ojo y caminó hacia su destino.

-Etapa uno, concluida –dijo Grell mientras se relajaba en su asiento, pero notó la singular expresión que su jefe tenía en el rostro- ¿ocurre algo, Will?

-Nada… –dijo sin mayor emoción y después de un instante continuó- tan sólo que ese hombre no se irá sin dar una buena pelea… y sabes lo que eso puede significar.

Durante el resto del camino hubo silencio y una vez que dejaron el auto estacionado a un par de calles de la estación del metro, todos se dirigieron a sus puestos. Cada uno disimulando como si no se conocieran para no levantar ni la más mínima sospecha.

Una vez dentro de la estación, se dirigieron al túnel señalado en el mapa. Abby pretendía esperar a una amiga, mientras Fer hacía lo mismo del otro lado de los rieles. En el camino compró un periódico y se sentó en una banca para pasar desapercibido. Mientras tanto, Grell y William parecieron haber desaparecido, pero era tan sólo la habilidad de los shinigamis para ser invisibles a los ojos humanos y cuando estuvieron dentro del túnel señalado en el mapa, caminaron despacio y con precaución en caso de encontrarse con alguna trampa.

-¿Crees que haya demonios?

-Grell Sutcliff… -William lo miró con severidad- te recuerdo que pueden escucharnos.

-No seas bobo, Will, querido… primero debes encender el auricular –le guiñó el ojo y continuó caminado mientras veía de reojo cómo su jefe se aseguraba de que el aparato estuviese apagado.

-Honestamente… no veo la necesidad de un aparato como estos… y los demonios que puedan aparecer son la menor de mis preocupaciones. El ángel es el que me preocupa –terminó de decir y encendió su auricular, pero aún no se escuchaba nada. Por su parte, Grell decidió esperar un poco para encenderlo.

Mientras tanto, el Sr. Haggard terminaba de estacionar el auto cerca de la entrada del cementerio Brompton. Había un par de personas cerca de allí y a lo lejos parecía haber un funeral, así que Susanna y Sebastian caminaron de manera casual, como si fuesen a visitar alguna tumba y, tras asegurarse de que nadie los estuviese mirando, entraron a la cripta que los llevaría a los túneles y encendieron sus auriculares.

Una vez dentro, Susanna sintió un escalofrío. Las sombras que solía ver en lugares oscuros la observaban con detenimiento, juzgándola y congelando su sangre, dejándola casi inmóvil. De pronto, Sebastian acarició su cabello y se acercó a ella por detrás, mientras encendía una linterna.

-Es normal que tengas miedo, querida, pero…

-¿Pe… perdón? –ella exclamó sorprendida.

-Oh, mil disculpas. No era mi intención menospreciar tu valentía, yo sólo… -el demonio explicó mientras su rostro mostraba una expresión casi angelical.

-No, no me refiero a eso. ¿Cómo me llamaste?

-Querida… -eso último lo dijo susurrando en su oído, muy cerca de donde estaba el auricular.

-Seb… -la interrumpió.

-O tal vez prefieras que… -tomó su mano y la besó- te llame de alguna otra manera más… -de pronto, William se aclaró la garganta de manera discreta, y desde el otro lado del auricular, habló.

-Tenemos un trabajo que hacer. Sugiero que te concentres, Michaellis.

-Vaya, vaya, parece que alguien está celoso… -dijo Sebastian con una sonrisa en su rostro.

-¿Celoso de qué? –de pronto Grell encendió su audífono- ¿están hablando de mí, Sebas-Chan?

-¿Celoso, yo? No seas ridículo. ¿Cómo podría estar celoso de una alimaña como tú?

-Es demasiado obvio, señor Spears. Después de todo, Susanna y yo…

-¡Sigamos con el plan! –interrumpió la chica- no es momento para este tipo de pláticas –no quería ni imaginarse la batalla campal que podría desatarse si seguían discutiendo.

Por suerte, Ronald tenía experiencia con ese tipo de cosas e intentó hacer el ambiente un poco más ameno; la tensión era demasiada, y no sólo por la interacción entre la chica y el demonio.

-Aquí Ronald, cambio.

-¿De verdad tienes que fingir que estás en una película de acción? –Susanna bromeó.

-Hey, no todos los días puedo usar estas cosas… -de pronto se escuchó el bullicio del estadio.

-Wow, parece que hay un gran ambiente ahí.

-¡Sí! Está a punto de comenzar el partido y…

-¿Es acaso mucho pedir, un poco de concentración de su parte? –la voz grave de Will se escuchó- ¿hay algo inusual por el estadio?

-Nada, señor. Todo parece estar en orden, pero aún no doy el recorrido completo –su voz se escuchaba un poco agitada. Parecía tener algunos problemas para caminar entre la gente.

-Aquí tampoco hay nada inusual. No hay mucha gente en el metro –comentó Fer mientras le daba la vuelta a la página del periódico.

-Si vemos algo extraño les avisaremos –dijo Susanna y continuó caminando junto a Sebastian.

Nadie habría podido imaginarse lo que ese mausoleo ocultaba, mucho menos las profundidades a las que sus escaleras conducían. Las escaleras no habían sido usadas por más de cincuenta años, aunque el lugar no tenía comparación con la cueva de Suecia; el hecho de ser un cementerio y haber albergado a gente durante la II Guerra Mundial hacía el lugar todavía más lúgubre. Daba la sensación de emitir tristeza y desesperación emanando de sus paredes, sin mencionar la baja temperatura que se sentía.

Susana pudo observar más sombras pasando por allí; era de esperarse en un lugar así, pero no por eso dejaban de atemorizarla. No le extrañaría que una de ellas intentara atacarla, pero la constante presencia del demonio la hacía sentirse segura. Además, como si le hubiese leído la mente, volteó a verla y se le acercó, dándole un silencioso y reconfortante beso en la frente para calmarla.

De pronto se sintió como si un aire tibio los rodeara y los ojos de Sebastian brillaron de inmediato, poniéndose más alerta a lo que pudiese pasar. Los dos permanecieron inmóviles por un segundo y ninguno de los dos dijo algo, pero Susanna supo que algo estaba a punto de suceder. Sin embargo, antes de que pudiese pensar más, escuchó un par de voces por su auricular.

-¿Sentiste eso, Will? –Grell preguntó con seriedad.

-Sí... –hubo un instante de silencio- pero no parece haber nada cerca –se escuchó su death scythe desplegándose.

-Nosotros también lo sentimos –añadió Sebastian- avancen con precaución, esto me parece familiar –y al decir eso último los shinigamis y Susana supieron que se refería a algún tipo de actividad demoniaca.

Cada quien continuó caminando por su ruta hasta que de pronto se sitió una especie de temblor o un estremecimiento en la tierra que hizo gritar y exclamar a todos. Sin embargo, ni Ronald, ni Fer o Abby parecieron sentirlo, pero por lo que escucharon en sus audífonos supieron que algo sucedía.

Sebastian tomó a Susanna en brazos y corrió hacia el otro extremo del túnel, intentando llegar al otro lado mientras la protegía, pero de pronto escuchó un fuerte zumbido en sus oídos y un terrible mareo que lo desconcertó durante varios segundos. El demonio perdió el balance y sus piernas parecían no responderle, pero volvió en sí cuando escuchó los gritos de la chica.

Al parecer habían caído a una especie de agujero sobrenatural; no era normal que Sebastian se sitiera así, y esas sensaciones sólo podían significar una cosa: algo malo estaba sucediendo. Estaban cayendo y su gran impresión se asomaba por su rostro. Sus ojos demoniacos le permitieron ver el borde de aquel abismo. Nunca había sentido algo así, pero sabía con exactitud hacia dónde irían a dar si continuaban cayendo, así que sin pensarlo mucho arrojó a Susanna hacia la superficie, usando gran fuerza para que ella lograra alcanzar la superficie.

-¡No debes caer, Susanna! –fue lo que atinó a decir para advertir a la chica y salvarla, mientras ella lograba sostenerse de un tubo del techo del túnel.

Mientras tanto, William y Grell pasaban por una situación similar, pero fueron incapaces de reaccionar a tiempo, ya que el abismo parecía tener un efecto más fuerte en ellos, arrastrándolos hacia el fondo.

Por varios segundos lo único que se escuchó en los auriculares fueron gritos de horror y lamentos que horrorizaron a los que escuchaban. Ronald gritó con todas sus fuerzas preguntando qué sucedía pero nadie contestó. Los gritos de terror contrastaban con los de júbilo en el estadio y tanto Abby como Fer se quedaron viendo con incertidumbre y temor...

De pronto hubo silencio y todos pensaron lo peor, hasta que Susanna hizo una exclamación de dolor, como si estuviese herida y sin perder el tiempo, Fer aventó el periódico al suelo y corrió hacia el túnel en busca de la chica, ignorando deliberadamente los gritos y protestas de Abby por que no lo hiciera.

William había sido muy claro al decirles que no debían abandonar sus puestos, pero esta era una situación especial; ni él, Grell o Sebastian parecían estar conscientes, ya que no se escuchaban ruidos provenientes de sus auriculares, así que el muchacho pensó lo peor y se apresuró a buscar a Susanna, quien todavía parecía estar con vida.

Corrió lo más rápido que pudo y tomó la linterna que llevaba en el bolsillo para no caer. Estaba seguro de que había una especie de agujero muy profundo allí, o algo que atacó y dejó, por lo menos, inconscientes a los otros tres hombres.

Por su parte, Ronald llamaba a los shinigamis, esperando en vano a que contestaran. Sabía que no debía moverse de sitio; no sin antes ver lo que podría suceder y asegurarse de que todas esas almas pudiesen ser recolectadas. Pasaron un par de minutos y el joven shinigami parecía estar muy angustiado. Debía darse prisa, pero no le era fácil hacer su trabajo sabiendo que algo grave les pudo haber pasado a los demás. Algo que de seguro estaría relacionado con Janssens-Guillot.

De pronto la voz de Susanna se escuchó.

-¿Alguien me puede oír? –de inmediato contestaron y le preguntaron qué había sucedido- no lo sé… de pronto caímos. Fue como un terremoto y fue como si la tierra se abriera… Sebastian… él trató de salvarme y… no lo veo por ningún lado… -parecía que su voz estaba a punto de cortarse y aguantó las lágrimas para preguntar- ¿qué pasó con William y Grell? ¿están bien?

-Tampoco sabemos nada de ellos. Voy en camino. Continúa caminando en la ruta marcada y eventualmente nos encontraremos –Fer dijo mientras corría y entraba por una puerta que parecía ser un atajo hacia donde Susanna se encontraba.

Mientras tanto en un lugar desconocido y oscuro, William y Grell se recuperaban de la estrepitosa caída que acababan de sufrir. En cuanto se incorporaron miraron a su alrededor con curiosidad. Estaban en una especie de ciudad antigua y en ruinas, con un cielo oscuro, entre rojo y naranja y donde parecía haber truenos insonoros y estructuras flotando como si estuviesen pendiendo de una cuerda invisible.

Los pisos estaban adoquinados y estaban rodeados por lo que parecían ser edificios viejos medio destruidos. Caminaron un poco, en busca un indicativo de dónde estaban o una salida. No parecía haber personas cerca y la temperatura era cálida, incluso bochornosa, a pesar de la evidente falta de sol. El aire era pesado; difícil de respirar y ambos shinigamis tuvieron un mal presentimiento.

Había manchas oscuras de diferentes tamaños y tonalidades en los pilares que se erguían a lo largo de la callejuela. Ninguno de los dos quiso averiguar de qué se trataba y se mantuvieron alejados de las paredes. A pesar de ser un sitio con un silencio casi sepulcral, a lo lejos se escuchaban golpes y gritos que les ponían los pelos de punta. Ninguno de los dos reconoció el lugar, pero no podía ser la dimensión humana.

-La arquitectura parece ser de otro país… quizás algo de Europa del Este, pero dudo mucho que estemos ahí… la atmósfera es… diferente -William sostuvo su death scythe con fuerza- esto parece…

-¿Una dimensión demoniaca? –se escuchó una voz detrás de ellos- sí… me siento como en casa.

-¡Sebas-chan! –exclamó Grell, aliviado de ver un rostro conocido.

-Pero no sé cómo logramos llegar aquí –el demonio miró a su alrededor- me pregunto si…

-Un portal... –gruñó William, volviendo a mirar a su alrededor, en busca de señales de otro portal cercano; algo que pudiera sacarlos de allí.

-Se requeriría un gran poder para hacer un portal de tal magnitud. O mejor dicho ¡dos! -exclamo Grell- parece que lo mismo que nos ocurrió a Will y a mí le ocurrió a Sebas-chan.

-Fue como si la tierra se abriera y yo no pude… -el demonio fue incapaz de terminar la oración y una expresión de pesar y frustración apareció en su rostro.

-¿Qué sucedió con Susanna? –el shinigami de cabello oscuro intentó sonar lo más tranquilo que pudo, considerando las implicaciones- no hay manera de que ella sobreviva aquí… -sus palabras fueron indicativo de que, incluso él tenía problemas para mantenerse bien en esa dimensión demoniaca.

-Estoy al tanto de eso y en cuanto me di cuenta de que estábamos siendo transportados hacia aquí, me encargué de que permaneciera en el túnel, segura y fuera del alcance del portal –Sebastian explicó con seriedad- nunca permitiría que algo le sucediera –lo miró con una seriedad casi amenazante. Fue hasta ese momento William se fijó que los ojos del demonio permanecían brillantes y rosados, como lo eran en realidad y no disfrazados como se mostraba ante las personas.

-…Comprendo… -por fin dijo William después de observar la intensidad en la mirada del demonio, misma que parecía tener algo diferente; ni su habitual expresión de burla ni antagonismo estaban presentes y por fin entendió el por qué. Había tratado de evitar pensar en ello, pero ahora tendría que enfrentarlo: ese beso entre Sebastian y Susanna, significó mucho más de lo que pudo haber imaginado. El demonio parecía estar en verdad preocupado por la chica, y no sólo por el contrato.

En ese momento no supo qué le resultaba más molesto: la creciente pesadez dentro de su pecho, junto con el nudo en su estómago causado por la frustración, o el sofoco que le causaba estar en aquel lugar.

-¿Alguna idea de cómo salir de aquí? Les recuerdo que tenemos una misión que cumplir, además en cualquier momento pueden aparecer demonios –de repente la expresión de Grell cambió- ¡espero que sean tan apuestos como Sebas-chan! –brincó de emoción, pero algo en él parecía haber cambiado. No se veía tan energético como siempre.

-Y si no salen pronto de aquí, ésta dimensión hará estragos con ustedes –el demonio miró a los dos shinigamis- imagino que ya se habrán dado cuenta de que están perdiendo fuerza.

-¿Qué insinúas, engendro de Satán? -–de inmediato William lo amenazó con su death scythe.

-Descuida –apartó las pinzas con un lento movimiento- recuerda que estamos del mismo lado. Además, necesito de su ayuda para salir de aquí. No sabemos qué es lo que trama el señor Janssens-Guillot y Susanna puede no tener mucho tiempo –ambos shinigamis asintieron- síganme.

Cuando Fer se encontró a Susanna, su expresión de angustia desapareció de inmediato. Desde que escuchó aquellos gritos sospechó lo peor, pero al ver que sólo tenía un par de raspones que sangraban ligeramente por sus jeans rasgados, confirmó que nada malo había sucedido. Sin embargo, no había señal de Sebastian por ningún lado. Tampoco encontró a Grell o a William en el túnel.

-Señorita, me alegro de que esté bien.

-No me pasó nada, pero… Sebastian parece haber caído en un agujero y… lo peor es que no hay aberturas ni grietas en el suelo por ningún lado… -dijo con preocupación- y creo que lo mismo le sucedió a los shini… digo, a Grell y a Will. Además, perdí la pistola. Seguro que se cayó junto con Sebastian.

-No sabemos qué pasó, ni en qué condición se encuentran pero… debemos terminar con lo que empezamos. Yo la ayudaré a acabar con ese sujeto.

-Fer no… -temía por lo que pudiese pasarle. Después de todo, su enemigo no era del todo normal… tenía ayuda sobrenatural.

-No diga eso… sabe que soy más que capaz de hacerlo. No por nada estuve en el MI7 –sonrió un poco Susanna se sintió reconfortada.

-Gracias, Fer.

Y ambos continuaron su camino hacia la intersección donde el ritual debía llevarse a cabo. Aún faltaban casi dos kilómetros de recorrido y la chica tuvo tiempo para pensar en alguna excusa para explicarle a Fer lo que sucedía allí. Por otro lado, sabía que Sebastian y los shinigamis estaban bien… o al menos seguían con vida. Si algo les hubiese sucedido, la marca del contrato habría desaparecido y todavía la sentía en su cuello. Tibia y presente como desde el primer momento en que se hizo consciente de ella.

Caminaron durante unos minutos y de pronto se escuchó un ruido por los auriculares, como si hubiera una gran multitud del otro lado. Era Ronald que había encendido el micrófono.

-¿Están todos bien? ¿qué pasó?

-No lo sabemos, pero el plan continúa en pie. Estoy bien y Fer viene caminado conmigo. Vamos hacia la intersección.

-Al menos esa es una buena noticia… -la voz de Ronald sonaba un poco triste- por aquí no hay nada inusual y la seguridad es impresionante. Si algo llegase a ocurrir, esto será un verdadero caos…

-Lo evitaremos… -contestó Fer y después cada quien siguió con lo suyo, concentrados en buscar alguna pista o algo que les dijera lo que sucedería después.

Por un par de minutos nadie hablo y sólo se escuchaba el murmullo del estadio por lo auriculares, pero de pronto Ronald escuchó un fuerte golpe desde el otro lado.

Fer y Susanna caminaban por el túnel, pero una sigilosa sombra apareció detrás de ellos y los golpeó en la cabeza con un ancho madero, dejándolos inconscientes y a su merced.

El sujeto que lo hizo, los ató de los pies y los arrastro hacia donde se encontraba la intersección. No estaba muy lejos, pero desde varios metros a lo lejos el olor a incienso comenzaba a notarse y una luz tenue indicaba que había alguien ahí.

Era un galerón grande de varios metros de alto, lo cual significaba que estaban en un lugar muy profundo.

Cuando Ronald intentó comunicarse nadie contestó; tan sólo Abby, quien estaba atenta a que nadie entrara al túnel del metro y no podía moverse de su puesto. Eso preocupó al shinigami aún más, ya que tampoco debía salir de estadio. Al menos no hasta encontrar algo.

Las cosas no marchaban nada bien…

Mientras tanto, en la dimensión demoniaca, los dos shingamis y Sebastian pasaron por una zona con un par de árboles secos y habían llegado a una especie de plazuela, rodeados por impresionantes columnas que se alzaban de manera imponente frente a ellos, dando la impresión de llegar hasta el último extremo del colorado cielo.

De pronto, el demonio dejó de caminar y sacó un libro de la chaqueta de su traje. Era el diario del abuelo de Susanna.

-Hace tiempo leí un ritual para abrir portales y aunque esté estructurado para hacerse en la dimensión humana, puedo hacer que funcione aquí.

- ¿Estás seguro de ello? Si es una dimensión demoniaca ¿no deberías poder salir a voluntad? – el supervisor lo cuestionó con severidad; no confiaba por completo en él, mucho menos sabiendo lo que había sucedido entre él y Susanna, así que lo consideró un molesto rival.

-Eso sería lo más lógico ¿no? –el demonio rio de manera burlona- sin embargo, al no ser esta mi dimensión de origen, me temo que no tengo jurisprudencia ni puedo transportarme a mi antojo. No sin los elementos necesarios.

-Y supongo que eso tiene que ver con lo que hay en ese libro –Grell señaló.

-Este diario contiene un sinfín de rituales e invocaciones que Richard Serafer encontró a lo largo de su vida. Algunos datan de hace varios siglos, otros fueron creados por los mismos hombres que comenzaron con todo este embrollo. Todos y cada uno están diseñados para ser ejecutados por un humano. Si esto cayera en las manos equivocadas, podría significar un problema como el que enfrentamos en este momento. Es por eso que Susanna me lo confió –miró al supervisor- y gracias a ello podremos salir de aquí, pero necesito su ayuda –ambos shinigamis asintieron.

-¿Qué necesitas que hagamos? –por fin contestó William con seriedad.

-Grell, necesito que vayas a uno de esos edificios en ruinas y traigas un pedazo de vidrio de las ventanas. Spears, también necesitaremos un trozo de madera, podrías usar tu death scythe para cortar uno de aquellos árboles. Mientrras tanto, yo buscaré el lugar idóneo para hacer el ritual.

-En seguida regresamos –Grell se apresuró a buscar una ventana para conseguir el vidrio

Por su parte, William caminó unos cuantos metros para cortar una rama de alguno de los árboles secos que había allí. Optó por llevar un pequeño tronco que sin mucha dificultar pudo cortar con su death scythe, sin embargo, sintió como sus fuerzas lo abandonaban poco a poco y sintió enormes deseos por salir de aquel lugar.

Una vez que regresó al punto donde Sebatian los esperaba, observó que el demonio miraba fijamente al piso, como buscando algo, tal vez el punto exacto para hacer el ritual, sin embargo, desconocía cómo podía hacerlo. Había muchas cosas que ignoraba acerca de los demonios y sus poderes.

-Grell no debe tardar… y si tu ritual funciona de verdad, deberíamos estar de vuelta en poco tiempo –dejó caer el tronco al piso.

-Lo hará… y Demian pagará por lo que ha hecho…- Sebastian parecía furioso.

-Por primera vez estoy de acuerdo contigo… -hubo silencio por un instante y de pronto William se animó a decir- y supongo que… esta vez has ganado –Sebastian lo miró con curiosidad.

-Esta dimensión te afecta demasiado… -dijo con una expresión oscura, ocultando la pequeña sonrisa que quiso asomarse en sus labios.

-No seas estúpido… -acomodó sus gafas- sabes a lo que me refiero…ella… -no terminó la frase y de inmediato se arrepintió de lo que estuvo a punto de decir, pero para su sorpresa, el demonio no contestó de manera hostil.

-Es verdad. Ella me ha escogido a mí… –William se puso tenso- sin embargo –dio un paso hacia adelante y miró al shinigami a los ojos- eso no cambia el hecho de que tu eres el único que la puede calmar y sacar de ese estado de shock cada vez que escucha esa frase en latín… -el supervisor se sorprendió al escuchar tal cosa de la boca de Sebastian- y eso es algo que yo nunca podré hacer… no puedo sentir…

-Eres un desgraciado… -le dijo casi con lástima y una amarga sonrisa apareció en su rostro. Al menos había obtenido una pequeña victoria dentro de la guerra que mantuvo con el demonio durante varios meses. De pronto Grell regresó con ellos.

-Aquí está el pedazo de vidrio –se lo dio a Sebastian- ¿qué sigue? –parecía un poco impaciente, sin duda por los efectos que la dimensión tenía en él. Estaba más intranquilo que su jefe quien, a pesar de verse un poco cansado, mantenía perfecta compostura.

-Es justo aquí –dijo golpeando en el piso con su zapato- debo trazar un pentagrama igual al sello en el cuello de Susanna.

Entonces tomó el cristal y se cortó la palma de la mano, derramando sangre justo debajo de su pie y después en el tronco de madera. La herida se cerró a los poco segundos y en cuanto desapareció por completo, hizo aparecer una llama de fuego que pronto se hizo más grande y entonces quemó el tronco hasta calcinarlo y lo utilizó para dibujar un pentagrama con siete símbolos en él. Los shinigamis lo miraron con atención, pero al mismo tiempo esperaron una explicación de su parte.

Ronald se sentía intranquilo. Era el medio tiempo del partido y la comunicación con lo demás había desaparecido. La única con la que podía hablar era con Abby, quien tampoco había notado algo extraño en el túnel ni podía enlazar llamadas con los celulares de Fer o Susanna.

Los jugadores del Manchester United entraban nuevamente al campo de juego y trotaban para hacer un segundo calentamiento. Listos para buscar la ventaja de uno o más goles. Por el momento el partido estaba empatado 1-1 y ambos equipos tenían buenas oportunidades de ganar.

Al iniciar el segundo tiempo los espectadores gritaron y ovacionaron a su equipo y pocos minutos después cayó otro gol por parte del Chelsea, haciendo que el estadio vibrara de emoción. Para entonces Ronald ya había recorrido casi todo el estadio en busca de algún indicio de que el ritual se fuese a llevar acabo allí, pero no encontró nada. Tampoco había señales de que la seguridad hubiese sido burlada o las cámaras descompuestas, entonces pensó que, si había algo, debía ser en el sótano donde las reparaciones se habían hecho y si ese era el caso, no podía hacer nada al respecto.

Al ser un shinigami no podía impedir la muerte de ninguna persona, a menos claro que esta fuese imprescindible para el desarrollo de la historia de la humanidad, lo cual no sucedía con frecuencia, quizá una o dos veces cada siglo y una de ellas había aparecido hace poco… además, su trabajo en el estadio era impedir que las almas de las personas fuesen usadas como sacrificios, en caso de que una catástrofe ocurriera.

-Rayos… Susanna, ¿dónde estás? –exclamó sin recibir respuesta alguna y entonces decidió revisar su lista de personas por morir.

Sólo quería asegurarse de que ella no estuviese allí. Fue un impulso por completo irracional, ya que ella ya había sido quitada de la lista y con más de una buena razón, pero algo dentro de él le dijo que revisara la lista, misma que era actualizada con frecuencia por los altos mandos.

Los humanos son tan impredecibles que de un momento a otro uno puede aparecer o desaparecer de las listas. De pronto, los ojos del muchacho se abrieron en señal de sorpresa y comprendió lo que estaba sucediendo.

Miró a su alrededor, como si estuviese aislado del resto de la gente eufórica y emocionada; un terrorífico silencio que sólo pareció escuchar él, hizo que su sangre se congelara y sudor frío recorriera su frente. No hizo falta mucho tiempo para que corriera a toda prisa hacia donde se encontraba la intersección del tunel.

Tenía escasamente quince minutos para llegar al fondo del túnel y evitar que algo peor ocurriera. Pensó en el peor escenario, y si ese era el caso, sería él quien debía detener a Demian Janssens-Guillot…

Casi al mismo tiempo, Susanna comenzaba a despertar. Abrió los ojos con lentitud y de inmediato un fuerte olor a incienso llenó sus fosas nasales. La visión del gran túnel era muy diferente a como la había imaginado: el lugar estaba iluminado y no parecía haber rastros de humedad. Era evidente que alguien había estado allí con frecuencia. Había dos escaleras en los extremos del túnel que se conectaban con un pasillo y un barandal de metal. Justo en medio había una caja de controles, sin embargo, toda esa visión parecía ser borrosa, como si estuviese viendo un espejismo.

Supo que no estaba soñando porque le dolía mucho la cabeza, exactamente donde había sido golpeada y cuando se aseguró de que no la estaban vigilando, alzó la cabeza para ver si podía averiguar algo más.

Todo se veía borroso por la enorme cantidad de velas que había en el piso, al parecer colocadas con detalle y cálculo. El piso estaba cubierto de algo que parecía ser arena blanca y sobre de ella se dibujaban unas líneas rojas que formaban un pentagrama con símbolos que reconocía de los diarios de su abuelo, pero antes de averiguar más se distrajo con una silueta familiar que yacía tumbada en uno de los picos del pentagrama, junto a dos hombres que estaban de espaldas hablando.

Susanna sintió un vuelco en el corazón al darse cuenta de lo que estaba sucediendo: el ritual estaba a punto de llevarse a cabo y el inconsciente Fer parecía estar ahí tirado por alguna razón específica y no hacía falta mucha imaginación o conocimiento sobre ocultismo para imaginarse lo que le sucedería y entonces Susanna se sentó, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para hacerlo, ya que el golpe la había dejado muy mareada y el incienso aumentaba la sensación.

Sus pies seguían atados al igual que sus manos, pero noto que había una venda amarrada en su brazo derecho, bajo la cual había una herida abierta; lo supo por el dolor que sentía allí. Con mucho sigilo, descubrió y tocó la marca del contrato en su cuello intentando invocar a Sebastian, pero no hubo resultado. El demonio no apareció por ningún lado, aunque sintió un ligero palpitar en las marcas de la estrella invertida y supo que él intentaba comunicarse con ella.

Por un breve instante sintió un poco de calma al saber que seguía vivo y al menos un peso se había quitado de sus hombros, pero todavía no sabía qué hacer para detener el ritual. Tampoco podía hacer mucho para salvar a Fer, sin embargo, podía ganar un poco de tiempo.

-¡Demian! –de inmediato los dos hombres voltearon a verla.

Uno era más joven que el otro, pero tenían cierto parecido físico, así que Susanna supuso que se trataban de Demian y su hijo. El hombre mayor parecía tener unos sesenta años. Tenía una piel muy blanca que contrastaba con sus amenazadores ojos oscuros. Su cabello castaño perfectamente peinado y su actitud seria le indicaban a la chica que ésta vez no sería tan fácil acabar con su objetivo. El joven muchacho no podía tener más de veintidós años y tenía la misma nariz afilada de su padre, sólo que su cabello era más rubio y parecía alborotado. Sin duda había sido él quien había noqueado a Fer y a Susanna. Sus ojos oscilantes entre el verde y el café veían a Susanna con mucha atención, como si estuviesen viendo directo a su alma, pero al mismo tiempo mostraban temor muy dentro de él.

Mientras la chica veía cómo los dos caminaba hacia ella, sintió su corazón palpitar rápidamente. No contaba con mucho tiempo y no tenía idea de lo que esos sujetos podían hacer, pero aún así, valía la pena intentar ganar tiempo.

-Me alegro de que hayas despertado. Estás justo a tiempo para ver el nacimiento de una nueva era… o mejor dicho, para ver a aquel que la traerá.

-¡El ángel caído!

-Así es... –y entonces Demian se paró frente a ella y miro a su hijo mientras hacía un gesto con la cabeza, indicándole que la levantara.

Con un violento movimiento, el hijo de Demian puso a Susanna de pie y la sostuvo por el brazo con mucha fuerza. Susanna sintió dolor y se quejó mientras veía con odio al muchacho.

-Ten más cuidado, Seth, no queremos que esté muy dañada para nuestro invitado especial.

-Lo lamento, padre –contestó el muchacho y dejó de apretar el brazo de la chica, pero todavía la sostenía con firmeza.

-Sin embargo… -Demian se acercó a ella y la miró a los ojos estudiándola por un par de segundos y después le dio un fuerte golpe en el rostro- eso es por mis fallecidos colegas… y por las inmensas pérdidas que me has hecho tener. ¿Tienes idea de lo que cuesta comprar a las autoridades portuarias de la Unión Europea? ¿o cuánto invertí en guardias y mercenarios mientras te dedicabas a cazarnos uno por uno? ¿y qué tal el trabajo que cuesta fabricar la nitroglicerina especial?

-Debió costarte lo que te costó y más…–ella lo miró con odio- lo hará

-¿Me estás amenazando? –dijo con incredulidad- no creo que estés en posición de hacerlo… ese demonio que tienes como mayordomo no te puede ayudar ahora. Mucho menos tus amigos shinigamis. Ellos son débiles…

-No sabes lo que…

-¡Silencio! –gritó y la chica se sintió muy intimidada- ¿puedes creerlo? –Demian miró a Seth- un demonio como mayordomo… es evidente que te iba a traicionar.

-Él no me ha… -Demian la volvió a golpear para que guardara silencio. Esta vez logró abrirle el labio y hacer que su nariz sangrara.

-Si no lo ha hecho, es porque tiene otros planes en mente… y además eso no importa ahora. Todos están muy lejos. Los he… mandado muy lejos.

-Fuiste tú entonces… ¿qué hiciste con ellos? –ella ya lo sabía; no podía ser una coincidencia que William, Grell y Sebastian hubiese desaparecido al mismo tiempo. Poco a poco la marca del contrato se sintió más caliente en su cuello. Casi le dolía, pero aquello le dio esperanzas.

-Veamos… -rio un poco para sí y caminó hacia el pentagrama mientras veía su reloj- Reznik tenía telepatía. Tu familia posee el don de la visión… pueden ver aquello que un simple mortal no. Schneider podía invocar demonios y otras creaturas. Ricardo Soler tenía la proyección astral y Aidan Crawford atmosferokiesis… yo tengo el don de aparecer portales. Es algo que he desarrollado con el paso del tiempo y de generación en generación. Esperamos tanto tiempo para hacer el enlace final, a que nuestros poderes fueran lo suficientemente fuertes y ahora ha llegado el momento… Cada uno de esos dones son necesarios para traer al ángel porque nos hacen tener algo en común con él y al mismo tiempo nos hacen capaces de generar una entrada para que él llegue.

-Pero eso es inútil. Yo he absorbido todos sus…

-¡Exacto! Y con eso me has hecho el trabajo más fácil. Cinco son multitud ¿sabes?... –guardó silencio por un momento mientras tomaba una jeringa del bolsillo de su pantalón e inyectaba su contenido a Fer.

-¡No! ¡Espera! –Susanna trató de zafarse.

-¡Quieta! –exclamó Seth mientras la apretaba más del brazo.

- Oh, descuida. No está muerto… aún –caminó hacia el centro del pentagrama y la miró con ojos de burla y una sonrisa cínica en su rostro- y por cierto… sabía que no ibas a cooperar conmigo, así que me tomé la libertad de usar un poco de tu sangre para trazar el pentagrama, así tengo la esencia de todos los dones que nos ha dado el ángel caído en un solo lugar. Aunque… es posible que en un momento necesite un poco más.

Y dicho eso les dio la espalda a Seth y a Susanna, y comenzó a decir algo en arameo antiguo. El ritual había comenzado…

Mientras eso sucedía, en todas las puertas de entrada al Stamford Bridge y sobre los techos del mismo, aparecieron individuos vestidos con trajes negros, cada uno una afilada arma con forma de instrumentos de jardinería, listos para entrar en acción en el momento exacto…

El oscuro cielo del a dimensión demoniaca parecía estar inquieto. Con más frecuencia aparecían relámpagos y cada vez eran más sonoros. El aire se volvía más denso y ambos shinigamis experimentaban un malestar que nunca antes habían sentido.

-El pentagrama debe ser dibujado con madera recién quemada, bañada en sangre de demonio –de pronto se escuchó un tronido en el cielo y todos miraron hacia arriba- eso significa que está funcionando. La frontera entre esta dimensión y la humana se está debilitando en este punto. Debemos darnos prisa.

Mientras trazaba el pentagrama, recitaba algo ininteligible en voz baja y después tomó el vidrio entre sus manos y una luz morada apareció a su alrededor, convirtiendo el vidrio en un espejo que puso en el centro del pentagrama.

-Los espejos son portales naturales… -después se puso en una de las puntas de la estrella y le indicó a los shinigamis que hicieran lo mismo en otros dos picos- pase lo que pase… -miró hacia un lado, notando que un par de demonios tipo D se acercaban a ellos- deben concentrarse. Entre más lo hagan, más rápido podremos salir de aquí. Piensen sólo en la palabra "Micaloz"

Los shinigamis se miraron con curiosidad y después asintieron e hicieron su mejor esfuerzo, pero fue difícil ya que los demonios estaban a punto de atacarlos. Se acercaban peligrosamente y a gran velocidad.

Sebastian volvió a decir un par de palabras en un idioma desconocido, como si fuese un mantra y el cielo se estremeció, esta vez con un sonido punzante que causaba escalofríos.

En ese mismo momento, Fer emitió un grito de dolor que se quedaría clavado en la mente de Susanna por el resto de su vida. No era un grito normal; era casi agonizante y brutal, como si estuvieran arrancándole los brazos y las piernas al mismo tiempo y el no pudiera hacer nada al respecto. Su mirada parecía perdida, como si no pudiese enfocar bien o se hubiese quedado ciego.

Los ojos de Susanna se llenaron de lágrimas y luchó por desamarrarse, pero fue inútil. Tan sólo estaba logrando que la cuerda rasgara su piel. Una gran impotencia la invadió y los gritos de Fer le recordaron su propio secuestro. La marca de su contrato con Sebastian le dolía cada vez más y el túnel comenzó a llenarse de bruma y aire frío.

-¡Ah! –de repente Seth se quejó y cayó inconsciente en el suelo.

-¡Susanna! ¿estás bien? –era el joven shinigami, quien había llegado justo a tiempo.

-¡Ronald tenemos que ayudar a Fer! –dijo mientras él desamarraba las cuerdas para que la chica se pudiera mover.

-Susanna yo… -la miró con un poco de arrepentimiento en los ojos- no puedo hacer nada… -sacó un cuchillo de su bolsillo y por fin la desató. Bajó la mirada y después de un instante se animó a decir– vine a recolectar su alma y… me temo que no puedo salvarlo. Iría en contra de las reglas…

-¡No! –y de inmediato corrió hacia donde estaba Fer y trató de encontrarle el pulso.

Demian seguía con el ritual y ni siquiera Susanna acercándose a Fer lo sacó de su estado de trance, así que la chica aprovecho para mover al joven de aquel pentagrama y lo recargó en una pared. Su pulso era débil y estaba sudando tras la agonía a la que se había enfrentado. Muy despacio y con mucho trabajo abrió los ojos y con la visión aún borrosa miró a la chica.

-Señorita Susanna…

-Fer, no digas nada… yo… -de pronto comenzó a llorar- ¡lo siento mucho! ¡Perdóname! No debí traerte conmigo… nada de esto…

-No diga eso… -él le acarició la cabeza con dulzura y usando las últimas fuerzas que le quedaban- sabía a lo que me arriesgaba y… espero al menos haber sido de ayuda… -sonrió con nostalgia- cuando vuelva a ver a su abuelo le diré lo orgulloso que debería estar de su nieta y… lo agradecido que estoy todo lo que hizo por mí –ella fue incapaz de decir algo y miró cómo poco a poco la piel de Fer se fue volviendo más pálida y le costaba más trabajo respirar- ellos no pueden ganar… confíe en… su… fortaleza… no… no se rinda.

Y de pronto el brazo de Fer que aún estaba sobre la cabeza de Susanna se desplomó y cayó al suelo, como si de pronto todas las fuerzas se le hubieran ido. Su rubio cabello caía sobre su frente empapada en sudor y sus ojos ya no reflejaban emoción alguna. Se había ido.

-¡No, Fer! ¡no me dejes así! –ella lloró y Ronald la tomo del hombro mientras se agachaba junto a ella y le cerraba los ojos a Fer.

-Está bien, Susanna… fue muy rápido –y entonces apareció su podadora y comenzó a recolectar el cinematic record. Sin embargo, poco después de haber comenzado, algo pareció jalar la película. Como si una fuerza invisible no lo dejara recolectar su alma; el cinematic record estaba siendo sustraído -¿Pero qué rayos?

De pronto Demian vio a su hijo inconsciente en el piso y corrió hacia ellos, golpeando a Ronald con fuerza sobrehumana. Sus ojos eran ahora por completo negros y se veía aterrador, como si estuviese poseído por algo o alguien. Susanna se levantó y trató de llegar hacia donde estaba el shinigami, quien había sufrido un duro golpe y se estaba recuperando, pero antes de que pudiera hacerlo, el hombre la sostuvo con fuerza y la arrastró hacia el centro del pentagrama.

El shinigami se tambaleó un poco, pero logró recuperar el balance y se lanzó sobre el cinematic record que estaba siendo succionado adentro de un portal. Llegó justo a tiempo para terminar de recolectarlo y cuando lo hizo, se dio la vuelta para atacar a Demian, pero este anticipó sus movimientos y usó a Susanna como escudo, haciendo que Ronald se desviara y tirara un par de velas que derramaron cera sobre el pentagrama, deshaciendo uno de los símbolos que estaban escritos. Esto no pareció notarlo el hombre que sostenía a Susanna, y comenzó a decir más palabras en un idioma antiguo. La chica intentó zafarse, pero no tuvo éxito y el dolor que sentía en la marca del contrato comenzó a volverse insoportable.

De pronto, Demian tomó un cuchillo e hizo un profundo corte en la mano de Susanna y gotas de sangre cayeron en el centro de la estrella. La atmósfera del lugar cambió. Hubo un silencio casi total, en el que se escuchó el frío aire silbando por los túneles cercanos y desde la caja de controles en las escaleras provino un sonido muy molesto. Era como una alarma que sonaba muy agudo haciendo eco por todo el lugar.

-Es hora… -dijo Demian después de reír maléficamente y acto seguido, un estruendoso sonido se pudo escuchar a lo lejos, acompañado de un ligero temblor.

Ronald y Susanna se voltearon a ver con los ojos muy abiertos, casi incrédulos de lo que acababa de suceder. El shinigami ya tenía sus sospechas, pero pensó que aún tendría tiempo para impedir lo peor: el sonido había sido de una bomba devastadora en el Stamford Bridge.

Por un instante, la chica se quedó atónita al imaginarse cuántas personas habrían muerto en la explosión, pero antes de considerarlo por más tiempo, sintió cómo Demian la tiraba al suelo, dejándola casi inmóvil cuando se colocó sobre ella.

Ronald se apresuró a atacar a Janssens-Guillot y logró derribarlo, pero antes de poder acorralarlo, otro ligero temblor se sintió y el piso comenzó a abrirse.

-¡Es otro portal! –gritó Susanna mientras gateaba para alejarse de la estrella. El portal se estaba abriendo en uno de los extremos del gran túnel, cerca de Demian y Ronald y en cuanto vio lo que estaba saliendo de ahí, lanzó un grito de terror.

Eran demonios tipo D, que tan rápido como pudieron se abalanzaron sobre Susanna y Seth.

-¡Oh no, otra vez no! -el shinigami se quitó el saco, ahora roto tras haber atacado a Demian. Después tomó la podadora y atacó a uno de los demonios. No debía permitir que consumieran almas.

Logró ahuyentar a uno de ellos, pero eran cuatro en total y era muy difícil mantenerlos a todos alejados. Por su parte, Demian caminó hacia Susanna y la volvió a llevar hacia el pentagrama. Ella lo golpeó y se lamentó por haber perdido su pistola; el sujeto era muy fuerte y eso debía ser resultado del ritual que había hecho hacía unos minutos.

El hombre recitó un conjuro y otro ligero temblor sacudió el piso. La chica comenzó a pensar que todo estaba perdido, pero la marca del contrato comenzó a arderle de manera insoportable y el piso volvió a abrirse, mostrando una profunda y terrible oscuridad que parecía no terminar.

-¡Esto tiene que ser una broma! –Se quejó Ronald, quien seguía peleando contra los demonios y recibía un par de golpes al hacerlo. Por suerte, esta vez no tenían a lanza de Gungnir.

Cuando el portal estuvo abierto, un par de cuchillos se enterraron en el brazo de Janssens-Guillot mientras Sebastian salía de ahí a toda velocidad.

-¡Susana! –gritó el mayordomo con preocupación y urgencia. Acto seguido, Grell y William salieron del portal, aunque iban acompañados de más demonios.

-Honestamente… no podemos desaparecer ni una hora porque los demonios comienzan a salir de todos lados.

-¡Señor! ¡sempai! Llegan justo a tiempo para… -dijo mientras golpeaba en la cabeza a uno de los demonios- mandar a estas aberraciones a donde pertenecen.

-Ronald, creí que estabas en el estadio… menos mal que también desobedeces órdenes-Grell sonrió al ver al joven shinigami- a juzgar por lo que veo –miró a su alrededor- pudo haber sido mucho peor y Susanna podría estar muerta –encendió su cierra eléctrica y corrió hacia los demonios para atacarlos.

La situación en el estadio era mucho peor. Había decenas de muertos en el piso, junto con lo que quedaba de la construcción. Los lamentos y gritos de desesperación de las personas sepultadas se podían escuchar en todos lados y a lo se oía el sonido de sirenas de ambulancias aproximándose.

Los shinigamis comenzaron con el arduo trabajo de recolectar las almas de las personas que habían muerto de inmediato, pero sabían que en cuestión de minutos, el número se incrementaría enormemente.

En cuanto Sebastian estuvo cerca de Demian, lo pateó y lo mandó hacia la cima de una de las escaleras de metal y ayudó a Susanna a levantarse.

-Sebastian… ¿estás bien? –lo miró con atención en busca de alguna herida, pero parecía no haberle pasado nada.

-Susanna… soy yo el que debería preguntar eso… -le acarició la mejilla y tomo un pañuelo para limpiar las manchas de sangre de su rostro. Después se hincó ceremoniosamente- señorita, espero pueda disculparme por no cuidar de usted apropiadamente. Le prometo que no volverá a pasar –al ver tal imagen, Susanna se sorprendió mucho y acarició su cabeza con ternura.

-Lo sé… también estaba preocupada por ti -le sonrió y Sebastian la miro sorprendido.

-Es usted tan gentil… -tomó su mano y se levantó mientras la sostenía-no sé qué sería capaz de hacer si no te hubiese podido volver a ver por culpa de ese malnacido… -de pronto su expresión tranquila y cálida cambió por una más maliciosa y sus ojos de demonio brillaron aún más. No había adoptado su habitual tono rojizo desde que salió del portal – pero, por el momento tenemos otras cosas que hacer…

Entonces Sebastian volteó para buscar a Demian, quien parecía estar haciendo otro encantamiento, pero el mayordomo no lo pudo detener, ya que vio que uno de los demonios se acercaba peligrosamente a Susanna y la tomó en brazos para alejarla.

Los shinigamis continuaban batallando con los demonios tipo D, pero de repente cinco de los seis se alejaron y desaparecieron por el tunel que llevaba al estadio. Ronald estuvo a punto de ir tras ellos, pero William lo detuvo.

-No hace falta… -Grell y Ronald lo miraron casi anonadados- explotó una bomba en el estadio ¿no es así? –Ronald asintió con curiosidad- supuse que algo así pasaría –William ajustó sus lentes- así que tomé precauciones e hice algunos arreglos. Alguien más se encargará del asunto…

-Oh, Will, querido… piensas en todo –dijo Grell con voz chillona.

-Es mi trabajo… -se ajustó las gafas y se abalanzó sobre uno de los demonios, atravesándole el pecho con su death sycthe con una gran velocidad. La dimensión demoniaca lo había debilitado y apenas comenzaba a reponerse, sin embargo, su fuerza y habilidad le permitieron liquidar a aquel demonio en poco tiempo, como si no implicase un gran esfuerzo. Al ser el Supervisor de la División de Gestión y Envío, debía ser un individuo con cualidades excepcionales.

Después de eso, Sebastian brincó hacia donde estaban los shinigamis y dejó que Susanna se pusiera de pie.

-¿Están bien? –les preguntó.

-Estamos bien, pero… -William caminó hacia ellos y miró a la chica con cierto pesar- parece que tuviste algunos problemas –su voz era suave y luchó con todas sus fuerzas para no acercarse más a ella y abrazarla. Sabía bien que era muy tarde para eso.

-Gajes del oficio… -sonrió con timidez y volteó a ver a Demian, quien seguía en las escaleras, de rodillas y con los ojos muy negros. Su expresión había cambiado y era como si estuviese a punto de sufrir un ataque.

De inmediato los shinigamis y Sebastian se prepararon para atacarlo, pero el agudo oído del demonio reconoció algo en el otro lado del túnel.

-Parece que ese tubo que lleva el suministro de agua está a punto de romperse. Si lo hace, todo se inundará y seremos arrastrados por el agua.

-Debe haber sido la explosión –explicó Ronald mirando hacia el túnel que daba hacia el estadio, intentando ver algo a lo lejos- ¿cuánto tiempo tenemos?

-Tal vez un par de minutos –dijo el mayordomo muy pensativo.

-¡Pero Demian! –exclamó Susanna y todos voltearon a verse como si estuviesen tramando algo y acto seguido se abalanzaron contra el hombre, quien se acababa de poner de pie y había tomado el cuchillo para cortarse las venas.

De pronto, Demian brincó hacia el suelo, cayendo justo en el centro de la estrella invertida y en cuanto lo hizo otro terremoto pareció sacudir todo; el más fuerte hasta entonces, y poco a poco el cuerpo de Janssens-Guillot fue desapareciendo, como si el piso lo estuviese absorbiendo.

En ese momento, Seth despertó de su estado inconsciente y pudo ver cómo su padre desaparecía. Sin embargo, no hizo ruido alguno y se puso de pie tan sigilosamente como pudo y se alejó de ahí.

Cuando el cuerpo desapareció por completo, una niebla dorada apareció y se dirigió a Susana. Era el poder de Demian, mismo que sería absorbido por Susanna. Esta vez la chica se sintió un poco mareada y de pronto sintió como si algo la estuviese llamando.

-¿Ocurre algo? –Grell se dio cuenta y se acercó a ella.

-No, sólo… estoy un poco mareada… creo que… -miró hacia el pentagrama del piso y vio como una luz roja salí del centro- no puede ser…

Todos estaban muy sorprendidos. Sólo podía tratarse de algo y ninguno pudo decir palabra alguna hasta que vieron una silueta salir del suelo.

Al principio parecía ser sólo una sombra, pero poco a poco se fue volviendo una imagen más clara y lo primero que puso distinguirse fueron un par de alas negras, desplegándose lentamente en el aire.

El ángel caído había llegado…

Ninguno de los presentes pudo decir palabra alguna y se limitaron a observar aquel mítico ser. Parecía tener forma humana, sólo que con alas negras. Era un hombre alto y pálido, de casi uno noventa de estatura y en cuanto estuvo de pie en medio de la estrella invertida, contempló a todos con una sonrisa burlona, estudiándolos con una mirada que parecía ser de hielo puro.

Su rostro era extraordinariamente atractivo, después de todo se trataba de un ángel… uno que había caído de la gracia de Dios hacía milenios y parte de su penitencia podía verse en su ojo izquierdo, que era rojo e inyectado de sangre. Debajo de este había unas marcas oscuras que llegaban hasta sus pómulos. Una imagen sobrenatural que parecía haber salido del mismo infierno y en contraste, su ojo derecho era del más puro color azul claro y brillante, como si estuviese lleno de luz.

Su mirada se clavó de inmediato en Susanna, quien no se atrevió a mirarlo y dio un paso hacia atrás, temiendo por su vida y una vez más el mareo la invadió y tomó a Sebastian por el brazo para no caer. El demonio se había acercado a ella de forma protectora en cuanto apareció el ángel caído.

Ronald sostuvo su death scythe tan fuerte como pudo, intentando ocultar el temor que sentía, mientras Grell parecía haber adoptado una actitud seria y mucho más amenazadora de lo que había mostrado antes. Encendió la cierra y sus ojos brillaron, listo para atacar, pero William hizo un ademán para que se detuviera. Su duro y serio semblante observó a su contrincante, tratando de adivinar qué era lo que tramaba, pero sólo una cosa era certera: debían ser precavidos, ya que no se trataba de cualquier ser sobrenatural.

De pronto, Sebastian se puso frente a Susanna y sus ojos brillaron más demoniacos que nunca y un aura negra apareció alrededor de él. Estaba listo para lo que fuera, pero sabía que una pelea en serio con esa creatura pondría en riesgo la vida de su ama, además de que destruiría por completo el túnel. Por otro lado, no tenían mucho tiempo antes de que el lugar se inundara, así que su prioridad sería sacar de allí a la chica.

Por su parte, el ángel caído se limitó a verlos y ladear la cabeza con curiosidad tras ver su comportamiento. Parecía estar relajado y tranquilo mientras pasó su mano por su oscuro cabello y volvió a mirar a Susanna.

-Así que tú eres la pieza final… -su voz era ronca y varonil- para ser sincero esperaba algo más… -la miró de arriba abajo- mundano y dispuesto. Esperaba a un sacrificio más –y al ver la expresión de terror y confusión de la chica rio- supongo que eso no importa tanto. Tienes lo que necesito.

-No des un paso… -William lo amenazó con su death scythe y miró a Sebastian de reojo, como si intentara decirle algo.

-¿Un shinigami va a intentar detenerme?... –rio burlonamente- ¿lo haces por detenerme? ¿o por proteger a esa chica? –de pronto, William usó su death sythe para atacar al ángel caído, quien con un movimiento rápido y agraciado lo esquivó. Sin embargo, logró hacer un pequeño corte en su brazo- que astucia… tal vez me entretenga un poco con ustedes y… -miró a Susanna- por supuesto que contigo también –le guiñó el ojo y ella sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

-Sé cuán tentador puede ser, pero…No puedo permitirte ponerle ni un dedo encima- dijo Sebastian con actitud arrogante y amenazadora. Había comprendido lo que William había querido decirle; debían distraer al ángel y huir.

-Vaya, un demonio… me voy a divertir con ustedes, pero… no será este día –y señaló al túnel que daba al estado y de su dedo índice salió un halo de energía. El agua estaba punto de inundar el lugar y antes de irse volando, les sonrió- …pronto…

Cuando el ángel desapareció la tensión pareció irse, pero fue reemplazada por notable preocupación.

-Debemos salir de aquí cuanto antes–Sebastian se acercó a Susanna para cargarla y correr hacia la salida.

-Espera… -volteó a ver al cadáver que yacía en el piso- Fer… -la voz de Susanna se cortó

-Oh… -y entonces Sebastian miró hacia el suelo, deteniéndose a pensar sobre la muerte del muchacho por un instante. Después miró a los shinigamis.

- Yo me encargo de llevar al muchacho –dijo William mientras se aproximaba a Susanna- iremos por el túnel que lleva al cementerio y después...

-¡Abby! -exclamó Susanna recordando que algo podría pasarle a la otra chica. Entonces William miró al pelirrojo y asintió con la cabeza.

-Parece que… -Grell revisó su lista de personas por morir- no hay problema. No está en la lista.

-Yo iré por ella –Ronald sonrió- ¿nos vamos? –entonces Sebastian y William asintieron.

En cuestión de segundos William tomó el cuerpo de Fer y lo cargó sobre su espalda. Después corrió junto con Grell hacia uno de los túneles mientras Sebastian se apresuraba para tomar a Susanna en brazos y sacarla de ahí.

Notas de la autora.

Este capítulo ha sido más largo de lo que pensé y, por eso mismo, tardé más de lo usual en actualizar. Adelanto que… ya quedan pocos capítulos para terminar y cada vez esto se pondrá más cardiaco, además de que nos acercamos al capítulo lemon… muajajaja!

Quiero aprovechar para agradecer a mis dos compañeros del a maestría, Aldo y Xavier, por ser gran parte de mi inspiración para escribir a Sebastian y a Will… cada que comienzan a pelearse y discutir, saco mi libreta y anoto nuevas ideas para los argumentos entre el demonio y el shinigami…

Koisshi Saotome Ackerman: ¡sí, por fin sucedió! Ahora la historia se voverá cursi… jaja ok no, tampoco tanto, le agrega más emoción... espero. Maldito demonio, es encantador… cuídate mucho, y… no te vayas a dar en la torre otra vez, ni a tu cel y ¡suerte en la maestría!

Nuevamente, muchas gracias por seguir leyendo el fic. Hasta la próxima.