Capítulo 32. Ultimum spiritum

Desde la seis y media de la tarde del siguiente día, Susanna tomó un baño y comenzó con la, relativamente frustrante tarea de buscar algo que ponerse para su cita con Will. Llevaba tiempo de conocerlo y, por azares del destino, ya había salido con él un par de veces, pero no podía evitar pensar que era la primera cita que tenía con él, así que quería verse bien y se sentía nerviosa por la anticipación de encontrarse con él.

Finalmente, se decidió por un atuendo casual que constaba de unos pantalones de cuero oscuros, una blusa gris sin mangas y un saco ligero con detalles en blanco y negro. Sus zapatos eran unos botines que combinaban con el pantalón y un poco de tacón; algo cómodo, pero que le diera un par de centímetros extra. Como era costumbre, se puso una mascada negra para ocultar el sello del contrato con Sebastian, pero debajo de ella, llevaba el dije con la piedra que había pertenecido a su madre. Un pequeño objeto para la buena suerte.

Se maquilló discretamente, lo necesario para cubrir el moretón en su pómulo, el cual ya casi desaparecía, y se alació el cabello para que estuviese mejor acomodado que de costumbre y después cogió su bolsa y bajó las escaleras de su casa con un poco de prisa, buscando a Thomas, pero en cuanto puso un pie en la sala, su mayordomo apareció frente a ella.

-Luce muy bien, señorita ¿a dónde iremos? –sonrió con inocencia.

-Eh… Sebastian yo… saldré con William –de pronto cambió su tono de voz por uno con más autoridad- Thomas me llevará, no hace falta que vayas tú. Tampoco quiero que me sigas o que mágicamente aparezcas y nos interrumpas. Quédate en la casa, es una orden.

-Entendido –asintió e hizo una pequeña reverencia, pero después la miró con cierta malicia- pero recuerde que, si su vida corre peligro, no tendré más remedio que…

-Sólo vamos a cenar, no es como que vayamos a saltar por paracaídas. Además, si mi vida corriera peligro, él lo sabría inmediatamente –sonrió- te veré mañana -caminó hacia la cocina para buscar al chofer.

-¿Piensa llegar hasta mañana? –Sebastian la siguió y preguntó con insistencia.

-¡No! –dijo con un poco de pena- pero… llegaré en la noche y… no es necesario que me esperes.

-Como usted desee.

De pronto, Thomas se asomó por la puerta de en frente. Había estacionado el lujoso auto en la entrada de la casa, resplandeciente y listo para salir de paseo. Aunque al principio le parecía excesivo, Susanna ya se había acostumbrado a los lujos que su abuelo le había heredado, y ese Rolls Royce no era la excepción.

-¿Nos vamos ya, señorita?

-Sí, Thomas –ella sonrió y caminó hacia la entrada, donde el chofer la esperaba vestido para la ocasión.

-Cuídese, señorita –murmuró Sebastian mientras la veía salir y entrar al automóvil, con aire de resignación y desilusión.

El camino hacia St. Thomas Street fue relativamente largo: unos 45 minutos, que era lo que usualmente tardaban en ir desde la residencia hasta cualquier parte de la ciudad, pero a la chica le dio la impresión de que pasó mucho más tiempo y con insistencia veía su teléfono celular para ver la hora.

-Thomas, estoy pensando que tal vez salimos demasiado temprano.

-No se preocupe, si llegamos antes de las nueve, puedo dar un pequeño desvío para que llegue a la hora exacta, o elegantemente tarde por unos cinco minutos –le sonrió por el retrovisor y Susanna se tranquilizó.

-Te lo agradezco –sonrió y miró el papel con la nota de Will- ¿qué tipo de lugar es al que vamos?

-¿The Shard? Es un lugar muy popular en la ciudad, con restaurantes, oficinas, un mirador. Es un rascacielos emblemático en Londres. Sin duda, el señor Spears escogió un excelente lugar para impresionarla. Serán muy afortunados si consiguen una mesa junto a la ventana; las reservaciones son muy difíciles de conseguir en esos lugares.

Susanna se sorprendió por el comentario de Thomas y miró por la ventana, disfrutando del viaje y las calles de la ciudad, las cuales veía con ojos diferentes; relajada, para variar.

Cuando se aproximaron al edificio, Thomas le indicó a la chica que estaban a punto de llegar y ella se asomó para ver el enorme rascacielos que estaba frente a ellos, impresionada por su arquitectura y, por supuesto, por la altura, pero de pronto se distrajo con la voz del chofer.

-Parece que el señor Spears ya llegó –Susanna se angustió por un momento, pero antes de que pudiera decir algo, Thomas agregó- descuide, estamos justo a tiempo, es sólo que él es muy preciso con la puntualidad.

-Ya lo creo…

William estaba de pie junto a una de las tres entradas al edificio, con una postura rígida y actitud seria que lo hacía ver como un miembro de la guardia real. Llevaba un traje negro y corbata del mismo color; el uniforme de los shinigamis, pero esta vez no llevaba el saco, por lo que se veía un poco más relajado y casual que de costumbre, aunque igualmente apuesto. Con un calmado movimiento, tomó su reloj de uno de los bolsillos del chaleco y consultó la hora: las nueve en punto.

De pronto, volteó a su izquierda y reconoció el auto gris de Susanna, que se aproximaba para estacionarse frente al edificio. Sus ojos parecieron sonreír y caminó para acercarse a él.

-Thomas… ¿me veo bien? Creo que mi cabello no…–Susanna intentó verse en el espejo del retrovisor.

-Se ve muy guapa, señorita. Descuide. ¿Desea que pase por usted a alguna hora en específica, o prefiere contactarme por teléfono?

-Yo te llamo. De todas formas, no creo que terminemos muy tarde.

-Como usted diga –sonrió y la miró por el retrovisor- relájese un poco- entonces, Thomas salió del auto, caminando para abrir la puerta de Susanna, y se dio cuenta de que William ya estaba a un costado del auto, observándolo.

-Hola, Thomas… ¿te importa si…?

-Buenas noches, señor Spears. Adelante –sonrió y vio cómo el shinigami abría la puerta del lado de Susanna, quien no se había percatado de ello, ya que estaba asegurándose de que sus aretes estuviesen bien puestos.

-Buenas noches, señorita Serafer –el Supervisor habló con voz formal mientras extendía su mano para que la chica bajara del auto y la miraba de una manera muy particular.

-Will… -tomó su mano, notando que no llevaba los guantes de cuero puestos. Después, cerró la puerta y volvió a mirar a la chica.

-Me preocupaba que hubieses decidido no venir, después del rotundo cambio de planes de esta tarde. Te ofrezco mis más sinceras disculpas.

-Oh, vamos Will, no tienes que ser tan formal –ella rio y miró a Thomas –te llamo más tarde.

-Que se divierta, señorita.

Después de eso, William le ofreció su brazo y ella lo tomó con firmeza, sonriendo por inercia mientras el shinigami la guiaba hacia la entrada del edificio.

-¿Tienes hambre?

-Sí, pero antes me gustaría saber más sobre este lugar –entraron y caminaron hacia el elevador.

-The Shard es el edificio más alto de Londres... en realidad, de todo el Reino Unido y solía serlo de toda Europa hasta hace poco. Aunque es propiedad del Estado de Qatar, se ha convertido en uno de los símbolos de la capital inglesa.

Cuando la puerta del ascensor de abrió en el piso 32, Susanna se quedó impactada por el lugar; parecía ser muy moderno y elegante, con acabados de piedra color marrón, pero eso era sólo el pasillo de entrada, en donde una chica con vestido negro y una gran sonrisa los esperaba.

-Muy buenas noches, bienvenidos a Oblix. ¿Tienen reservación?

-Sí, a nombre de William T. Spears –la chica revisó la tablet que llevaba en la mano y miró la hora por inercia, mirando al shinigami con cierta sorpresa.

-Justo a tiempo, señor Spears. Su reservación es para las 9:07. Por aquí –sonrió y caminó hacia el interior del restaurante.

-Que precisión la tuya –Susanna le susurró a su acompañante y este asintió.

-Es… un hábito que todo shinigami tiene- él dijo con cierto orgullo y luego puso su mano en la espalda baja de Susanna para indicarle que debían seguir a la hostess.

El restaurante estaba lleno, pero no había mucho ruido o murmullo entre los comensales. Además, había una banda de jazz que tocaba música suavemente, haciendo el ambiente ideal para una cita.

Una vez que la hostess les indicó cuál era su mesa, William jaló la silla de Susanna para que se sentara y él ocupó la silla frente a ella. Por un momento, ella se quedó sin palabras, ya que su mesa estaba junto a la ventana y la vista de la ciudad por la noche era preciosa. Luces por todos lados y el río Támesis se extendía, pasando por el puente de Londres.

El contraste de la ciudad iluminada con el cielo apenas estrellado, le hizo pensar a Susanna que estaba dentro de un sueño, o una película; le era difícil creer que estaba allí, con Will.

-Me alegro de que disfrutes las vista –dijo satisfecho.

-¡Es hermosa! –ella habló con un hilo de voz y luego miró a su acompañante- ¿cómo conseguiste reservación aquí? Thomas me dijo que era muy difícil de…

-Tengo algunas conexiones –parecía orgulloso al decirlo, además de contento por haber logrado impresionar a la chica, pero disimulándolo un poco mientras acomodaba sus gafas- supe de este lugar gracias a algunos cinematic records, aunque es la primera vez que vengo.

-¿Sabes? Creo que necesitas salir más.

- Tal vez tengas razón. Y no me importaría hacerlo si fuera contigo.

Ella se sonrojó un poco y le sonrió con timidez, pero de pronto un mesero se acercó para ofrecerles el menú y un par de bebidas.

La cena fue tranquila, ambos conversaban casualmente y William disfrutaba el verla hablar, el descubrir cosas nuevas sobre ella y notar el cómo sus ojos se iluminaban cuando contaba anécdotas de su vida antes de llegar al Reino Unido. Todo parecía tan lejano.

Aunque sólo sonrió un par de veces, la expresión de William parecía relajada y sus ojos seguían los movimientos de Susanna, como fueran lo más interesante del mundo. Hacía muchísimos años que no sentía esa paz y serenidad, mucho menos esa alegría, tanto que incluso la comida le sabía deliciosa y el vino exquisito mientras pasaba por su garganta.

-En verdad agradezco que me invitaras hoy… -ya habían terminado de cenar, pero continuaban charlando y bebiendo vino.

-No tienes nada que agradecer –discretamente tomó la mano de Susanna y acarició su dorso- había querido tener una cita formal contigo hace tiempo, pero por obvias razones, no había sido posible.

-Entiendo y... espero que esta no sea la última.

-Por supuesto que no –sonrió con suavidad y miró hacia la ventana, admirando la hermosa postal frente a ellos- ¿te… gustaría dar una caminata nocturna?

-Suena bien.

Un par de minutos después, Susanna tomó su saco y ambos salieron del restaurante, caminando con serenidad hacia el ascensor y antes de abandonar el restaurante, la chica se despidió silenciosamente de la impresionante vista del lugar.

Cuando llegaron al lobby del edificio, William miró a Susanna y con un sutil movimiento tomó su saco y se paró detrás de ella para ayudarle a ponérselo.

-Está fresco y no quisiera que te enfermaras.

-Gracias –ella sonrió y después lo miró, arqueando una ceja- lo dice el que no trae su saco puesto.

-Tienes razón, pero nosotros los shinigamis, a pesar de tener la capacidad de sentir frío o calor, no podemos enfermarnos.

-Vaya, que conveniente…

-Podría decirse que sí, un poco -comenzaron a caminar y William volvió a ofrecerle su brazo para que ella lo sostuviera y salieron del lugar, con dirección a St Thomas Street.

-A ver si entiendo bien. De acuerdo a lo que me has dicho y he observado, los shinigamis pueden: sentir frío, calor, tal vez un poco de dolor, también duermen, comen…

-Básicamente, todas las funciones fisiológicas –la voz de William era serena mientras caminaba junto a Susanna, mirando de reojo a su alrededor, en busca de cualquier tipo de amenaza, pero pronto volvió a relajarse y prestó más atención a la conversación.

-Oh… te refieres a que también…

-¿También? –volteó a ver a Susanna, encontrándose con una mirada traviesa, y entonces comprendió- oh.. eh…pues… en realidad… -de pronto, William se puso nervioso.

-Oh, vamos Will… no te pongas así. Sólo me preguntaba si también iban al baño –ella bromeó, ganándose una mirada de reproche por parte del shinigami-pero evidentemente tu pensaste en algo más –él se sonrojó un poco y, después de reír un poco, Susanna lo jaló del hombro para que se pusiera a su altura y le dio un tierno beso en la mejilla, esperando que volviera a relajarse.

-Al menos encuentras graciosas mis deficiencias fisiológicas –dijo con seriedad, dejando a la chica confundida por un momento, pero de pronto comprendió a lo que en verdad se refería y se sorprendió muchísimo.

-Quieres decir que… no puedes… -sintió el brazo de William tensándose, mientras este volteaba hacia el río. Sin duda habría tocado una fibra sensible- Will, disculpa. Yo no tenía idea de… -de pronto él la miró con una mirada traviesa y una sonrisa en los labios- ¡Will! –le dio un pequeño golpe en el brazo.

-No sólo tu puedes bromear –dijo intentando esconder su sonrisa y ella rio, abrazándose más a él- lo cierto es que, siendo la muerte misma, sería ilógico que un shinigami pudiese crear o engendrar vida –su tono se volvió serio al decir eso último y después añadió- pero no por falta de intentos –se acomodó los lentes.

Un par de minutos después llegaron a la mitad del río Támesis en la calle de Borough High, en donde se recargaron en el barandal para descansar un poco y mirar la bonita vista frente a ellos. A lo lejos podía verse el puente de Londres y las luces de los edificios en las orillas del río iluminaban todo, dando la impresión de que el río era un sendero.

Era de noche, pero no hacía mucho frío. La temperatura era ideal para estar fuera de casa, gracias a que el verano aún estaba lejos de terminar.

Ambos permanecieron en silencio por un momento y William volvió a observarla con detenimiento, recorriendo su rostro con los ojos, repasando cada una de sus líneas y curvas, hasta que ella lo miró der reojo, consciente de su mirada sobre ella. Le mostró una sonrisa traviesa.

-¿Te gusta lo que ves?

-Sí, mucho.

Ella rio apenada y bajó su mirada. Estaba segura de que, si se encontraba con los ojos del shinigami, se sonrojaría muchísimo. No pudo evitar pensar que su acompañante se comportaba cada vez con menos timidez. Sin embargo, William aún conservaba un aire serio y sereno en su porte.

-Disculpa si te hago sentir incómoda, no es esa mi intención. Todo lo contrario, yo… -hizo una pausa- quizás el vino me está haciendo efecto.

-Descuida, no me incomodas. Disfruto estar contigo –por fin lo miró a los ojos y sonrió.

La mirada del shinigami era dulce y serena mientras la veía. Sus ojos parecían acariciar a Susanna y ella sentía su corazón acelerándose. Aunque la expresión en el rostro de William era solemne, sus ojos contaban una historia diferente y de repente, habló con voz suave.

-¿Puedo besarte?

-No tienes que preguntar –ella sonrió y dio un paso hacia el frente, para acercarse más a él.

William se acercó a ella con lentitud, disfrutando cada segundo antes del anticipado momento y con suavidad acarició la mejilla izquierda de Susanna, cerrando poco a poco el espacio entre ellos hasta que por fin sus labios se rozaron, apenas tocándose y el shinigami tomó la mano derecha de la chica, acariciándola mientras comenzaba a besarla con ternura, pero la forma en la que sostenía su mano, le dio a la chica una placentera sensación de intimidad que nunca había tenido y comenzó a besarlo con más vehemencia, a lo que él contestó haciendo lo mismo, sorpresivamente con gran habilidad.

-Will… si sigues besándome así, creo que me dará un ataque al corazón –ella intentó recuperar el aire.

-En ese caso –se acercó a su oreja para susurrarle- me alegro de haber quitado tu nombre de la lista de personas por morir –hizo una pausa y rozó sus labios sobre su mejilla. Ella pudo sentir una pequeña sonrisa en su boca. La acarició y sus dedos recorrieron su rostro, bajando un poco hacia el cuello- creo que… tal vez eso ha sido lo menos romántico que has escuchado en tu vida…

Susanna rio y lo abrazó, acercándose más a él para volver a besarlo, esta vez con lentitud y agradeciendo que no hubiese nadie más alrededor de ellos. El contacto con sus labios era embriagante y se dejó llevar por el momento, sintiendo su piel erizándose mientras sentía como él movía su mascada para acariciar su cuello, haciéndolo como si se tratara de algo muy delicado.

Los dedos de William se sentían un poco fríos sobre su piel; su temperatura corporal era más baja que la de un humano, pero no tanto como para incomodarla, sino que le causaban una placentera sensación por donde sus yemas alcanzaban a rozar. De pronto, tocó la cadena que Susanna traía puesta y sintió curiosidad por verla, sin embargo, eso podría esperar un poco. Al menos a que su beso terminara.

Permanecieron abrazados por un momento, ambos tranquilos y sin preocupaciones externas, para variar. Los dos, deseando que el momento durara varias horas, sin embargo, sólo lo hizo un par de minutos y tan pronto el shinigami se separó de ella, recordó el dije de Susanna.

Sus ojos se posaron en la piedra azul y, antes de tocarla, pidió permiso con la mirada, a lo que la chica asintió y pronto sintió otra vez la cercanía del shinigami y el exquisito aroma de su loción.

Por su parte, William observó la piedra y la inscripción que esta tenía.

"Mi último aliento"

De inmediato miró a Susanna con asombro, por lo que acababa de ver. Nunca pensó que la chica tuviese algo así en su posesión y eso no solo le quitaba un gran peso de encima, sino que lo dejaba más tranquilo, ya que sus posibilidades para deshacerse del ángel aumentaban muchísimo.

Al principio, Susanna no comprendió el por qué había reaccionado así, pero William le explicó lo que había encontrado aquella tarde en la biblioteca de los shinigamis y que el grabado en el dije significaba ultimum spiritum en latín; una frase que podría ser la clave para derrotar al ángel.

A pesar de que en los documentos que encontró, no se hablaba de una espada como la que mencionaba la frase de Richard Serafer, sí descubrió un ritual que hablaba de un instrumento especial, que a través de un ritual específico sería capaz de convertirse en un arma mucho más poderosa que un death scythe y que, muy probablemente se tratase de la espada que estaban buscando.

Susanna se quedó anonadada por lo que William le acababa de decir. En ese momento pensó que en verdad tenían oportunidades de deshacerse del ángel y detener el enlace final; que no todo estaba perdido.

-Sebastian me regaló este dije –desabrochó la cadena y la sostuvo en su mano derecha, observándolo- fue un regalo de mi padre para mi madre.

-¿Y él no sabía nada al respecto? –el shinigami adoptó una actitud seria, comenzando a dudar de los planes del demonio.

-No lo creo. De haberlo hecho… -se dio cuenta de lo que William intentaba decir y se apresuró a explicar- estoy segura de que no sabe lo que significa. Yo le pregunté y… no me puede mentir… además, si hubiese querido ayudar al ángel, lo habría traído él mismo. Él está de nuestro lado y…

-Entiendo –miró hacia el río y respiró profundamente- es sólo que me parece demasiada coincidencia que él tuviese esta piedra. ¿Cuándo te la dio?

-El día de mi fiesta de cumpleaños –William la miró por un instante, considerando todo lo que ella le acababa de decir.

-Mañana en la reunión debemos decidir qué hacer… -su voz era seria y un poco ausente, como si su mente estuviese en otro lugar, quizás recordando todo lo que había leído esa tarde, o lo que la piedra pudiese llegar a hacer y un momento después, miró a Susanna, como si de pronto hubiese recordado en dónde y con quién estaba- honestamente…. –acomodó sus gafas- no entiendo cómo puedes confiar tanto en ese… infrahumano…

-Sucede que… -le mostró la marca en su cuello- tenemos un contrato y, si él lo rompe, no obtendrá lo que quiere y…

-Lo sé… sé perfectamente lo que quiere… -parecía un poco disgustado- y, aunque esté en completo desacuerdo, mis manos están atadas –de pronto, su voz se volvió más grave- por ahora...

-Will… -ella lo miró con angustia, pero su expresión cambió rápidamente por una más traviesa- no me digas que tienes celos.

-¿Celos? –dijo como si acabara de escuchar una blasfemia- Susanna, honestamente… -su rostro serio indicaba que estaba a punto de darle una larga y detallada explicación de cómo era imposible que se sintiera celoso, pero notó que la chica comenzó a reír y su expresión se suavizó- aunque no me agrade la idea de que pase todo el día contigo, supongo que...

-Con que es eso… -lo interrumpió- entonces te lo compensaré –sonrió y le dio un beso en la comisura de los labios.

-Me temo que –adoptó una actitud seria y rodeó su cintura- eso no será suficiente, señorita –la miró fijamente y la tomó de la barbilla- pero nos vamos acercando…

Entre besos y caricias, pasaron los minutos y la media noche los alcanzó. Ambos miraban el río frente a ellos y Susanna recargó su cabeza en el hombro de William, quien sentía una gran paz.

-Tal vez sea hora de regresar a casa. Mañana será un día intenso –ella dijo de repente y él asintió.

Un par de minutos después, la chica pudo ver como Thomas se acercaba con el auto y miró al shinigami, sonriendo con dulzura mientras sus ojos se encontraban, deseando secretamente que la velada no terminara.

Después de estacionar el auto, Thomas se dio cuenda de que William había abierto la puerta trasera, por lo que optó por no bajar y darles un momento más antes de que su cita terminara.

-Muchas gracias por la velada, señorita Serafer –tomó la mano de Susanna y le dio un beso mientras hacía contacto visual.

-Gracias a ti, por la invitación. La pasé muy bien- tenía una sonrisa de oreja a oreja.

-Te veo mañana –y entonces se alejó de ella, dando un paso hacia atrás.

-Will –ella se acercó a él y le susurró- ¿no vas a darme el beso de las buenas noches?

-Si así lo quieres –se inclinó un poco, notando cómo Susanna cerraba los ojos, y entonces giró un poco la cabeza y besó su mejilla con delicadeza- buenas noches.

La chica se sorprendió, pero no supo que decir. Le había gustado el beso, aunque no era lo que esperaba y con una sonrisa de resignación, se dio la vuelta para entrar en el auto, pero en cuanto se dio la vuelta, William la tomó de la cintura y la atrajo hacia él, dándole un beso en la boca y acariciando su cabello. Susanna no supo qué hacer, pero un instante después correspondió el beso. Cuando se separaron, él le mostró una mirada muy dulce y con suavidad dijo.

-Que duermas bien

-Tu también –y entonces entró al auto y el shinigami cerró la puerta.

Mientras el auto andaba, miró la silueta del shinigami haciéndose cada vez más pequeña al tiempo que se alejaban del lugar y sonrió, recordando la perfecta velada que pasó con William.

Ya de regreso en casa y tras responder evasivamente al insistente interrogatorio que Sebastian le hizo respecto a sus actividades durante la cita, Susanna se preparó para dormir, y antes de meterse a la cama, escuchó a una paloma mensajera pegando en la ventana. Llevaba una nota atada a su pata y no hizo falta poner mucho esfuerzo en adivinar de quién era el mensaje.

"Querida Susanna:

Te agradezco mucho por la maravillosa velada que me permitiste compartir contigo. Confío en que lo hayas pasado bien y podamos repetirlo. Espero con ansias verte mañana.

Dulces sueños.

William T. Spears."

Al día siguiente, Susanna despertó poco a poco, abriendo los ojos y lentamente enfocado la vista, para encontrarse con una silueta junto a su cama. Era un sujeto al que conocía bien y que todas las mañanas iba a despertarla, sin embargo, esta vez no parecía tener intenciones de hacerlo, ya que estaba muy entretenido con la nota que encontró en la mesita de noche, sin embargo, la chica no se dio cuenta de ello, ya que continuaba adormilada, hasta que, con una voz casual su mayordomo habló.

-Nunca imaginé que el señor Spears fuera tan detallista.

-¿Qué dices? –Susanna estaba confundida, pero en cuanto reconoció la nota que Sebastian tenía en sus manos, se apresuró a levantarse de la cama y arrebatársela- ¡esto es privado!

-Mil disculpas señorita –hizo una pequeña reverencia y sonrió angelicalmente- estaba a simple vista y supuse que era un papel sin importancia.

-Pues no lo es –dijo con cierto disgusto y mirando al mayordomo con indignación.

-En vista de que ya ha despertado, iré a preparar el desayuno –la chica asintió y antes de que el mayordomo saliera del cuarto, lo escuchó decir- me pregunto si su cita de ayer fue tan placentera como cuando salimos en Estocolmo…

Susanna se quedó helada por un momento, pero cuando volteó a ver a Sebastian, él ya se había ido. En realidad, el mayordomo había dejado de ser tan insistente al querer acercarse a ella, pero de vez en cuanto hacía comentarios que la sorprendían con la defensa baja. Sin embargo, por más tentador que el demonio pudiese mostrarse, ella ya había tomado una decisión.

Poco antes del mediodía, los shinigamis llegaron a la residencia Serafer y Susanna los esperaba con ansias. Sentía una mezcla de emociones por ver a William y ansiedad por saber más sobre el dije de sus padres. Cuando llegaron, los observó desde el barandal de las escaleras, esperando a que subieran para entrar al estudio.

Ronald y Grell parecían estar de buen humor y daba la impresión de que eso se debía a no haber tenido que trabajar horas extras el día anterior. Por otro lado, a pesar de mostrarse tan estoico como siempre, por primera vez, William no parecía tener la espalda contracturada por el estrés, lo cual ya era mucho decir, considerando las constantes presiones de su trabajo.

Susanna los recibió con una sonrisa y les indicó que entraran al estudio para comenzar con la reunión. Los shinigamis se sentaron en los sillones del lugar y ella se recargó en el escritorio, mientras que Sebastian permaneció a su lado.

William estaba ansioso por saber más sobre el dije de la chica y esperaba que el demonio compartiera más información al respecto, para terminar de armar el rompecabezas que Richard Serafer les dejó.

-El día de ayer estuve investigando en la biblioteca de los shinigamis y encontré algo que podría sernos de utilidad –William habló con seriedad- Congregati septem adducebunt illum. Dum Deus sit mortus, tantum gladius et diablus praebalebunt adversus eum… es el mensaje que dejó el abuelo de Susanna.

-Los siete reunidos lo traerán. Mientras dios esté muerto, sólo la espada y el diablo podrán contra él –la voz de Sebastian sonó más ronca que de costumbre, como si estuviese diciendo una maldición.

-Esa debe ser la clave. En los cinematic records y documentos antiguos que consulté ayer, encontré algo que me pareció curioso: Ultimum Spiritum, son palabras que se mencionaban más de una vez y no es coincidencia que sean la traducción en latín de lo que dice en el dije de Susanna…

Con gran precisión, como si se tratara de una cátedra universitaria, William explicó lo que había encontrado y les contó sobre el ritual, sin embargo, no pudo decir muchos detalles al respecto, ya que estaba escrito en un lenguaje antiguo y que llevaría tiempo descifrar.

Mientras tanto, Sebastian parecía genuinamente sorprendido por lo que en verdad era el dije de Susanna. Nunca imaginó que significara algo más que un objeto con valor emocional, e internamente se reprimió por no haberlo previsto.

-¿Entonces, esa piedra puede convertirse en un arma? –Grell exclamó- ¿de dónde la sacaste? –miró a Susanna.

-Sebastian me regaló este dije –le dio la cadena al pelirrojo para que lo observara y volvió a recargarse en el escritorio- era de mi madre, fue un regalo de mi padre.

Aún sin decir palabra alguna, Sebastian caminó hacia donde estaba Grell y tomó el dije de para observarlo con atención y después, con una sonrisa pícara por fin habló.

-Y pensar que todo el tiempo estuvo frente a mí. Richard, no dejas de sorprenderme… -los demás se voltearon a ver confundidos, mientras el demonio parecía hablar para sí mismo- esta piedra es parte del legado familiar. Cuando el padre de Susanna huyó de la casa, esto fue parte de lo que se llevó, aunque me pregunto si lo habrá hecho a propósito o fue producto de la casualidad…

-¿A qué te refieres? –Susanna lo miró con curiosidad.

-De acuerdo a lo que me dijo su abuelo, tras irse de la casa, sólo hubo tres objetos que desaparecieron: un reloj Patek Philippe antiguo, una pintura original de Anders Zorn y esta piedra. Todos eran objetos de valor que el muchacho pudo haber vendido para subsistir mientras se asentaba en algún lugar. Eso fue lo que supuse y, aunque Richard mencionó alguna vez que le habría gustado saber qué ocurrió con ellos, nunca insistió mucho al respecto. No cabe duda que su abuelo nunca confió completamente en mí…

-Y sus razones habrá tenido –William dijo con voz seria, como si fuese algo obvio y ganándose una mirada fulminante por parte de Sebastian y una muy divertida por parte de Ronald- ¿y cómo encontraste la piedra?

-Cuando busqué al heredero de Richard Serafer, rastreé por todos lados, hasta dar con los padres de Susanna. Poco antes de enterarme que habían muerto, investigué esta piedra para saber de qué clase de joya era. Al principio pensé que se trataba de un zafiro, pero después me di cuenta de que era una pieza única, pero nunca consideré que pudiese tratarse de algo más.

-¿Qué habríamos hecho si no la hubieses encontrado? –Susanna sonó mortificada. Si la piedra era necesaria para conseguir el arma contra el ángel, su destino habría estado sellado si Sebastian no la hubiese conservado.

-Es por eso que me pregunto si Uriel Serafer, el padre de Susanna, se llevó la piedra por casualidad, o si sabía de qué se trataba –el demonio se paró junto a la ventana, con actitud pensativa.

-Entonces ¿con esta piedra y un ritual, podríamos obtener la espada para deshacernos del ángel caído? –preguntó Ronald después de unos momentos de silencio.

-Y si no es así, al menos es el primer paso para conseguir el arma –William acomodó su gafas- debo regresar a la biblioteca para reunir información sobre el ritual. Pude localizar algunos textos que explicaban cómo debía hacerse, pero… me temo que están en una lengua antigua y nos tomará tiempo traducirlo.

-Estoy de acuerdo en que debemos apresurarnos, sin embargo –Grell parecía angustiado su voz fue persuasiva- no sabemos cuándo planee el ángel caído hacer el Enlace Final.

-Con más razón aún, deberíamos apresurarnos para hacer la traducción y el ritual –exclamó Ronald con ansiedad.

-¿Creen que podamos deducir la fecha del Enlace Final si nos basamos en la numerología? –de pronto habló Susanna.

-Tiene razón, señorita –Sebastian sonrió- si pudimos anticipar el día en que harían el ritual para traer al ángel, podríamos hacerlo con esta fecha.

-Esa parece ser nuestra mejor alternativa-Grell habló con seriedad y miró a los demás- ¿o alguien tiene otra idea? –todos guardaron silencio y de pronto, William se levantó de su asiento y se acercó al escritorio.

-Este era el libro que consulté aquella vez –era un texto antiguo y de pasta dura hecha de cuero negro y el shinigami miró a Susanna antes de tomarlo, como pidiendo permiso y ella asintió. Después lo abrió y comenzó a buscar en las páginas, mientras se recargaba en el escritorio junto a la chica- sugiero que comencemos por el día de mañana, 8 de agosto… la suma de la fecha daría 6… -pasó las hojas del libro con gran velocidad- este número significa amor incondicional, armonía, familia… dudo mucho que sea este.

-Mejor busquemos un número con un significado que pueda serle útil al ángel –Ronald parecía un poco más animado, y se sentó al borde del sillón.

-Y debe ser un número que tenga algo de especial… -Sebastian habló en voz baja y William lo miró con seriedad mientras consideraba lo que acababa de escuchar, así que rápidamente buscó el número 9.

-El 9 significa eternidad, fe, karma, humanitarismo… tampoco es este –gruñó, pero enseguida su rostro cambió y parecía haberse sorprendido mucho- sin embargo, el 10 es un número interesante, ya que es la unión entre el 1, que simboliza comienzo, creación y ambición por el poder, dando a entender que creamos nuestras propias realidades, mientras que el 0 es el número de Dios y de las energías universales –miró a todos- creo que este es el número que buscamos.

-Bien, ahora sólo resta ver qué fechas próximas dan como resultado el 10 –Susanna parecía aliviada, pero fue interrumpida por Grell, quien había estado anotando un par de cosas en una libreta.

-Esto no puede der bueno… -todos lo miraron, esperando lo peor- el 12 de agosto suma 10… tendríamos 5 días.

De pronto, la angustia pareció invadirlos a todos en el estudio. Si el 12 de agosto era la fecha marcada, el tiempo estaba punto de venírseles encima, ya que tendrían apenas 5 días para pensar en cómo detener al ángel. El descubrir la fecha era sólo el primer paso y, por lo visto, el más fácil.

-¿Creen que sea tan pronto? –Ronald miró a William con angustia, esperando a que su jefe dijera algo remotamente reconfortante.

- ¿Qué otra fecha da como resultado el número 10? –Sebastian continuaba serio, pero su actitud parecía distante, como si estuviera enfocado en otra cosa.

-La próxima fecha es el 21 de agosto –Susanna se apresuró a decir, mirando al demonio con atención. Tal vez él sabía algo que ellos no.

-Ambas fechas suman 10 y no hay ningún evento sobresaliente en esos días –Sebastian comenzó a explicar, mientras caminaba por el estudio, dando la impresión de que pensaba en voz alta- sin embargo, el 21 de agosto es viernes, un día simbólico para muchas culturas: el día de Venus, para las culturas latinas; el día de Frigg para las escandinavas y… tomando en cuenta que, hasta ahora, la información que hemos encontrado, nos indica que el elemento femenino es de gran importancia, me parece que el viernes es el día indicado –miró a los shinigamis y después a Susanna- la familia Serafer es de origen escandinavo y las pistas que Richard Serafer dejó, están influenciadas por la mitología escandinava, en donde Frigg es la diosa de la fertilidad y la maternidad. Ambos son elementos que se atribuyen al sexo femenino por lo que…

-Tiene sentido… -Susanna dijo pensativa y después miró a los shinigamis- no sé ustedes, pero creo que esa es razón suficiente para pensar que será el 21 de agosto.

-Si asumimos que es el 21 de agosto, nos arriesgamos a que el 12 suceda el enlace y estemos desprevenidos –William habló con severidad, utilizando el tono de supervisor que muchas veces había puesto a temblar a Grell y a Ronald, pero después de una pausa continuó- no obstante, sin duda, el miércoles posee menor simbolismo que el viernes, sin mencionar que da inicio el Shabat, considerado como día de descanso y qué mejor forma de tomar desprevenido al enemigo, que cuando descansa –ajustó sus lentes y con voz serena añadió- estoy dispuesto a asumir el riesgo.

De pronto, Abby llamó a la puerta del estudio. Buscaba a Susanna para que atendiera una llamada urgente. Se trataba de una decisión que debía tomar respecto a la empresa farmacéutica, ya que, tras lo sucedido en el Stamford Bridge, la bolsa de valores y las acciones eran demasiado volátiles y ella tendría que tomar las medidas pertinentes para que la empresa no resultara afectada.

-Debo tomar la llamada. En seguida regreso –antes de levantarse del escritorio miró a William con cierta complicidad.

El Supervisor asintió y la miró mientras caminaba hacia la puerta, su mirada un poco más suave que de costumbre mientras lo hacía y cuando se dio cuenta de que Ronald lo miraba con una gran sonrisa, se aclaró la garganta y volvió a hojear el libro que tenía en las manos. Un momento después, el demonio comenzó a hablar con seriedad.

-Aprovecharé esta oportunidad para hablar con ustedes a solas…- el mayordomo estaba muy serio- hay algo que me inquieta sobre lo que dijo Demian antes de morir… -de pronto, Sebastian cruzó los brazos y miró hacia la ventana, con una actitud meditativa- esas palabras… Bene ha elohim… hijo de dios en hebreo. Así fue como se les conoció a los ángeles caídos en el libro de Enoc.

-¿Acaso no es eso a lo que nos enfrentamos? no me parece que haya nada inusual en sus palabras –William parecía no darle importancia, y continuó revisando el libro de numerología, sin embargo, a Grell le llamó la atención la actitud de Sebastian y se interesó por lo que tenía que decir.

-En eso tienes razón, pero… ¿conocen la historia? –su rostro se volvió sombrío mientras miraba a los shinigamis de reojo.

-Sólo un poco… nunca fui una persona religiosa –comento Ronald de manera casual, recargándose en el asiento del sillón.

- No es coincidencia que a los ángeles caídos se les llame hijos de dios. Alguna vez lo fueron… -un escalofrío recorrió su espalda al recordarlo- antes de ser desterrados a un lugar parecido al infierno…

-¿Quieres decir que… son como tú, Sebas- chan? –pregunto Grell con curiosidad y cierta confusión.

-No. Yo soy un demonio, no un ángel caído. Creí que ya habíamos dejado eso en claro –dijo con cierto hartazgo- los ángeles caídos fueron aquellos que pecaron y despertaron la ira de dios, al haber tomado como esposas a mujeres humanas. La unión entre ángeles o demonios con humanos está… prohibida... pero ese no fue su único pecado, ya que ellos compartieron secretos celestiales con los humanos. Algo así como Prometeo. Pero además, engendraron hijos híbridos… gigantes, que fueron eliminados tras el...

-El diluvio universal –dijo William. Ahora recordaba la historia y se imaginaba a lo que Sebastian quería llegar, por lo que cerró el libro y se puso de pie, en una postura rígida que mostraba anticipación- y prácticamente desaparecieron. Pero ¿qué sucedió con los ángeles caídos?

-Como ya dije, fueron desterrados y… es precisamente de allí de donde salió ese bastardo –suspiró- comienzo a dudar que el juntar todas las dimensiones sea su única meta.

Todos parecieron estar muy tensos, en especial William, comenzó a pensar en todas las posibilidades. Sintió cómo los músculos de su espalda se tensaban ante la incertidumbre de cómo deshacerse del ángel. A pesar de tener indicios de cómo conseguir el arma, no sabía a ciencia cierta si el ritual con la piedra sería lo único que necesitarían.

Un par de minutos después, Susanna regresó al estudio.

-Disculpen, era urgente que arreglara ese asunto, además pienso anunciar algunas modificaciones en la junta directiva en un par de días y… -notó la tensión en el ambiente de inmediato su semblante cambió- ¿qué sucede? –temió por lo que podrían haber encontrado durante su ausencia.

-No es nada… tan sólo suposiciones –William habló con solemnidad- por ahora, será mejor regresar a nuestra dimensión y comenzar con las traducciones del ritual. Entre más rápido terminemos con eso, más rápido podremos deshacernos del ángel caído.

-Está bien ¿necesitan ayuda con…? –Susanna fue interrumpida.

-Por el momento no, pero si surge algo, me pondré en contacto contigo –sus ojos parecían amables y Susanna le sonrió. Había algo en su actitud que le la calmaba, pero de pronto, se sorprendió al sentir a alguien recargándose en su hombro de manera casual.

-Descuida, sólo es cosa de tiempo para que consigamos esa espada –Ronald le sonrió a la chica- entre los tres, terminaremos pronto con la traducción –miró a Grell y a su jefe.

-Si no hay otro asunto que tratar, sugiero que demos por terminada la reunión –William miró a Sebastian de reojo, quien había permanecido en silencio.

-Nada por el momento. Esperaremos ansiosos por esa traducción –el mayordomo contestó con amabilidad- lo acompaño a la puerta –parecía tener un poco de prisa por que se marcharan.

De regreso en la dimensión de los shinigamis, William solicitó una audiencia con los altos mandos para informales sobre sus avances y solicitar autorización para que Grell y Ronald le ayudaran con la traducción del ritual.

Los altos mandos accedieron a sus peticiones. A decir verdad, a esas alturas, las decisiones de William eran su mejor oportunidad para resolver todo el lío del enlace final, por lo que el autorizar que dos de sus mejores agentes tuviesen accesos a esos documentos, parecía ser poca cosa. Sin embargo, el único que tendría acceso a la sección restringida, sería William, quien debía ir allí y hacer una copia de los escritos para traducirlos.

Una vez de regreso en su oficina, llamó a Grell y a Ronald para comenzar con la traducción. Sin duda, les esperaba una jornada larga.

Al día siguiente, Susanna se encontraba en las nuevas oficinas de AstraZeneca, supervisando los últimos detalles para que comenzara a funcionar y hablando con la agencia de catering para la fiesta de inauguración. Un evento social de esa naturaleza, era la última de sus preocupaciones, pero durante la inauguración, planeaba hacer algunos anuncios con respecto al manejo de la compañía y algunas modificaciones en la junta directiva.

Al terminar con eso, subió a la que sería su oficina, ubicada en el décimo octavo piso del edificio nuevo. Era un lugar elegante, con un bonito escritorio y libreros de caoba. Frente a éstos, había una amplia sala de cuero negro y las paredes estaban decoradas con cuadros de pinturas clásicas. Junto a uno de los libreros había un minibar y los vidrios estaban polarizados desde fuera. Por insistencia de Sebastian, también estaban blindados, pero no por eso dejaban de mostrar una hermosa vista de la ciudad, que se podría apreciar todavía más desde el balcón.

Susanna estaba sentada en la silla del escritorio, terminando de firmar unos papeles y sintiendo cada vez más ansias por lo que sucedería en los próximos días. Sebastian intentaba animarla un poco, ofreciéndole una bebida fría, que la chica aceptó con gusto y un par de minutos después, vio como una paloma se acercaba al balcón. Era uno de los mensajeros especiales de William, esperando a que abrieran la puerta para entrar y cumplir con su trabajo.

La chica le indicó al mayordomo que dejara pasar a la paloma blanca y abrió la nota que tenía atada en la pata.

"Querida Susanna:

Desde el día de ayer, hemos estado traduciendo el ritual para conseguir el arma, sin embargo, aún nos falta mucho para terminar y, aunque confío en que estará listo para mañana por la mañana, hay algo que debo consultar contigo. Se trata de algo que requiere el ritual, pero que, dada la naturaleza del asunto, me gustaría hablarlo personalmente contigo. ¿Puedo verte en un par de horas?

Quedo al pendiente de tu respuesta.

Con cariño, William T. Spears."

En cuanto terminó de leer el mensaje, Susanna miró a Sebastian, quien la miraba con expectativa, conteniendo sus deseos por leer el contenido de la nota.

-Aún no terminan con la traducción, pero… William quiere hablar conmigo. Parece que es sobre algo que se necesita para el ritual y que –leyó en voz alta la nota- dada la naturaleza del asunto, me gustaría hablarlo personalmente contigo…. ¿qué podrá ser?

-Vaya –acarició su barbilla, preguntándose qué es lo que podría hacer falta para el ritual- debe ser algo delicado, como para que no haya podido escribirlo en un papel. Tal vez sea algo… -Susanna lo miró fijamente- …ilegal…

-¿Ilegal? –arqueó una ceja- lo dudo mucho, aunque… incluso si se tratara de eso, no creo que tengas problemas para conseguirlo.

-Por supuesto. Después de todo… soy un mayordomo endemoniadamente hábil.

-Le diré que vaya a la casa a las seis de la tarde –la chica sonrió ante los encantos de su mayordomo y se dispuso a escribir la nota de respuesta.

A las 6:00 en punto, el Supervisor de la división de Gestión y Envío de los shinigamis llamó a la puerta de la residencia Serafer, en donde el mayordomo lo recibió con formalidad, inmediatamente notando el aire de intranquilidad que William tenía. Sin duda, se trataba de algo importante, pero antes de poder decir palabra alguna, Susanna se acercó a la puerta.

-Hola, Will –sonrió ampliamente.

-Buenas tardes Susanna –saludó con formalidad- espero no haberte importunado.

-Para nada. ¿Qué fue lo que encontraste?

Su corazón palpitaba rápido ante la anticipación de lo que el shinigami le diría y no pudo evitar notar las pronunciadas ojeras debajo de sus ojos verdes, señal de que no había dormido bien, o tal vez ni siquiera había conciliado el sueño desde el día anterior en la reunión. William le indicó que se trataba de un asunto que sería mejor hablar en privado, por lo que los tres subieron al estudio.

El Supervisor se sentó en uno de los sillones y Susanna junto a él, mientras que Sebastian se mantuvo de pie junto a la chica.

-Tenemos cinco documentos que datan de fechas diferentes. Todos ellos parecen tener las instrucciones del ritual, sin embargo, nos encontramos traduciéndolos palabra por palabra, para asegurarnos de que sea el mismo contenido.

-Eso suena como una tarea muy difícil –la chica frunció el ceño y acarició su brazo de manera instintiva. Sentía deseos por acariciar el rostro de William, pero la presencia de su mayordomo le parecía un poco incómoda como para hacerlo- ¿necesitan ayuda? Tal vez entre los libros viejos que hay en la casa haya algo que…

-En realidad, la traducción sólo es cuestión de tiempo, pero localizamos un fragmento que se repite en todos los papiros, y ese es el motivo de mi visita… -hizo una pausa y adoptó una actitud fría, casi distante- pero antes, quisiera subrayar que en ningún momento pretendo faltarte al respeto y no preguntaría esto si no fuera estrictamente necesario–Sebastian arqueó una ceja, preguntándose el porqué del comentario- encontramos un elemento común en las cinco traducciones. Se trata de las características de la persona que deberá efectuar el ritual –miró a la chica a los ojos, ajustándose las gafas de manera compulsiva y Susanna de inmediato se sintió intimidada, ya que la actitud del supervisor se volvió rígida y severa- debe ser una mujer. No se especifica la edad o características físicas, pero los textos son claros al decir que debe estar en un momento específico del ciclo femenino. Concretamente, debe estar en el segundo día de su periodo…

William continuó mirándola por unos instantes, tiempo suficiente para que Susanna se quedara sin palabras y se le subieran los colores por todo lo que implicaban sus palabras. Nunca esperó que se tratara de tal cosa y, aunque no le parecía descabellado, se preguntó por qué debía ser tan específica la fecha.

-Eso es demasiado específico –Sebastian habló con voz suave.

-Debe ser ese día por lo que representa: mientras la ovulación simboliza el inicio de algo, o bien la fertilidad en su forma más pura… - William se puso de pie y comenzó a explicar de manera detallada, pero el mayordomo lo interrumpió.

-Esto simboliza destrucción… -el demonio lo interrumpió- en otras palabras, representa el fin…

-Así es… el texto es claro cuando lo explica. Después de todo, estamos creando un arma y se requiere un sacrificio con sangre –de pronto, sus ojos verdes se volvieron muy serios y miró a la chica con determinación- el ritual debe hacerse en la fecha exacta de tu segundo día.

Por un momento, Susanna se sintió extrañamente observada por los dos hombres en el estudio y, al sentirse avergonzada por compartir información tan íntima, intentó evitar contacto visual, así que se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana, buscando en su bolsillo su teléfono celular, abriéndolo en la aplicación especializada en esos asuntos, pero antes de que esta cargara completamente, sintió como Sebastian se acercó a ella por la espalda.

-Debe ser en un par de días. Me atrevería a decir que… en cuatro –su voz era suave, como si estuviese hablando de un asunto cualquiera y Susana lo miró con un gesto que oscilaba entre la sorpresa y el horror.

Por su parte, William se mostró notablemente irritado y se paró junto a él, con una actitud protectora hacia la chica. Parecía que estaba a punto de fulminar al demonio con la mirada.

-No quiero ni imaginarme cómo es que tienes esa información. No cabe duda que las perversiones de una creatura vil como tú no tienen límites –el shinigami habló con repugnancia hacia Sebastian, quien parecía disfrutar de la escena- Susanna no…

-Ya se lo había dicho antes, señorita –ignoró a William por un momento y se dirigió a su ama- cualquier cambio en usted no pasa desapercibido para mí, incluso si es hormonal… -y entonces señaló la pantalla del teléfono, la cual marcaba la misma fecha que él acababa de decir.

-A veces me das miedo –alcanzó a decir la chica y después le dio el teléfono al Supervisor y volvió a sentarse en el sillón. Por alguna razón, quería mantener un poco de distancia.

-Gracias -tomó el aparato con cierta reserva y lo observó- la fecha tentativa para hacer el ritual será el 12 de agosto –William tomó un bolígrafo y una pequeña libreta que llevaba en su saco y anotó algo- muy bien, me parece una aproximación oportuna, considerando que existe la posibilidad de que el enlace se haga ese día.

-Pero hay otra cosa –Sebastian le arrebató el teléfono a William. Sin duda buscaba irritarlo- parece que… -miró la pantalla y se acercó más a Susanna, inclinándose junto a ella para que mirara el calendario- el día que tenemos previsto para el enlace es el 21 de agosto y ese mismo día…–miró a William a los ojos, pero esta vez parecía más serio, como si intentara decirle algo con su mirada- coincide con su ovulación…

El Supervisor se quedó sin palabras por un instante. Procesaba la información con gran rapidez, gracias a las numerosas tazas de café que había bebido durante el día. Había demasiadas implicaciones en todo ello y cada vez era más evidente que todo parecía estar calculado a la perfección, pero de pronto, una aguda exclamación lo sacó de sus conjeturas.

-¡Hey! –Susanna volvió a levantarse del sillón y parecía un poco incómoda- por si no lo han notado, aquí sigo y no me parece muy lindo que de pronto, todos parezcan estar enterados de mi ciclo menstrual ¿qué clase de ritual es este?

-Lo lamento mucho, Susanna –dijo William, considerando lo incómoda que debía sentirse la chica y se acercó a ella con cierta precaución, ya que no quería invadir su espacio personal, pero al mismo tiempo quería tratar de consolarla- supongo que ahora entiendes el porqué de esta reunión. Era un asunto que debía tratarse en privado y… espero no haberte hecho sentir incómoda.

-Está bien –ella suspiró y se relajó un poco- es necesario para hacer el ritual ¿no?

-Así es –se acercó un poco más, pero se frenó en cuanto sintió la presencia del demonio junto a él y entonces ajustó sus anteojos y dio con formalidad- creo que… debo irme –Susanna lo miró con cierta decepción. Esperaba pasar un momento más con el shinigami, pero sabía que tenía trabajo que hacer, así que desistió de tal idea.

-Deja que te acompañe a la puerta –el asintió siguió a Susanna mientras caminaba hacia las escaleras y después hacia la puerta, pero de pronto, ambos notaron que el mayordomo los seguía y con un gesto de hartazgo, Susanna volteó- ¿en qué quedamos con respecto a la privacidad?

-Oh, disculpe señorita, pensé que sería… -se detuvo en cuanto noto la mirada irritada de la chica- estaré en la cocina supervisando los preparativos de la cena –por fin se resignó y los dejó solos.

Anticipando que Sebastian continuaría cerca, Susanna salió de la casa junto con William, dispuesta a preguntarle por su día, pero él se le adelantó.

-Disculpa por la situación bochornosa, no quería importunarte.

-Era necesario –miró hacia el piso con timidez al recordar lo que acababa de pasar.

-Te aseguro que el ritual no implica más cosas que atenten en contra de tu privacidad –se acercó a ella.

-Y aunque lo hiciera, esto es algo que debo cumplir –lo miró a los ojos y notó lo cansado que parecía- ¿estás bien? Pareces estar agotado… -acarició su rostro con ternura.

-Descuida. Es sólo que no puedo descansar, sabiendo que la traducción no está terminada.

-Supongo que no has dormido nada… -el silencio de William lo dijo todo- espero que terminen pronto.

-Lo haremos –él habló con formalidad- por suerte, hay una enorme dotación de café en la oficina –Susanna rio con el comentario, aunque parecía que el shinigami estaba hablando en serio.

-Está bien y… antes de que te vayas, quizás te haga falta un poco de motivación –sonrió y lo jaló por la solapa del saco y le dio un beso en la mejilla- el resto será, cuando esté terminada la traducción.

-Me parece adecuado –no sonrió, pero estuvo a punto de hacerlo y tomó con suavidad la mano de la chica para darle un pequeño beso en el dorso- buenas noches, Susanna.

-Te veré después –y de pronto, el shinigami desapareció con un zumbido.

El siguiente día por la tarde, la traducción quedó terminada. Los tres shinigamis pasaron casi tres días completos trabajando en ello, y aunque Grell y Ronald se turnaban para regresar a sus casas y dormir, William durmió unas escasas 6 horas durante ese tiempo, y cuando lo hacía, era en el sillón de su oficina, así que nunca se alejó realmente del trabajo.

En cuanto tuvieron en sus manos la traducción, William visitó la residencia Serafer para explicar los detalles del ritual y entregarles una lista de lo que necesitarían para hacerlo. Su actitud era seria, ya que el ritual requería ciertas acciones que no aprobaba del todo y, aunque sabía que no correrían muchos riesgos, se preocupó al ver la actitud que adoptó Susanna, quien tras enterarse de cómo sería, se puso tensa y pensativa, retirándose a su cuarto sin decir palabra alguna, más que asentir con la cabeza y despedirse fríamente del Supervisor.

Por supuesto, el mayordomo se dio cuenta de ello, y en cuanto intentó reconfortarla, ella le ordenó conseguir lo necesario para el rito, alejándolo, por lo que el demonio, con la ayuda de Abby y Thomas, pasó los dos días buscando por todo Londres lo que necesitarían.

En cambio, en la dimensión de los shinigamis, a pesar de haber terminado con la traducción, la tarea no terminaría ahí; al menos no para Will, quien se empeñó en buscar cinematic records que mostraran rituales similares al que debían hacer, con el fin de estar preparado ante cualquier suceso inesperado. Logró encontrar un par de archivos con prácticas paganas similares, todos ellos antiquísimos y, aunque no se trataban del mismo ritual, tenían cosas en común. En ese punto, lo más importante era asegurarse de no cometer error alguno, así que cualquier referencia sería útil.

En muchos de los cinematics con ritos, los participantes habían fallecido a consecuencia de la canalización energética, o simplemente porque se habían desangrado; en algunos, las personas eran deliberadamente sacrificadas, y en muchos otros, había daños psicológicos severos, entre otras afecciones mentales para los involucrados. Lo cierto era que, en ocasiones se lograba completar el rito, en otras no…

La noche anterior al ritual, William pensó en Susanna y la angustia que debía estar sintiendo, pero tras haber visto su actitud el día anterior, pensó que lo mejor sería darle espacio para que ordenara sus pensamientos, así se limitó a enviarle una sencilla nota con palabras de ánimo.

El ritual se haría en la residencia Serafer, exactamente a las 7:42 de la tarde, el momento exacto en el que los últimos rayos de sol pegaban en el cielo. Los shinigamis llegaron desde el mediodía, para encargarse de dejar todo listo antes de la hora indicada y también, en caso de que el ángel caído decidiera hacer el enlace en ese día. Si eso sucedía, deberían adelantarse y completar el rito para tener lista el arma que utilizarían para detenerlo.

Era poco probable que el ritual transformara la piedra en una espada, por lo que dedujeron que esta debía ser incrustada o introducida al momento de la forja del arma, así que Sebastian consiguió una real y funcional, hecha de una aleación vanguardista de acero, que lograba combinar el diseño clásico de una espada tradicional, con una empuñadura elegante con detalles en color negro y madera, la cual estaba desmontada y lista para que la piedra fuera incrustada en la empuñadura. Al término del ritual, el demonio sería el encargado de preparar el arma.

En cuanto Grell, Ronald y William llegaron a la residencia, Sebastian los llevó al jardín trasero, donde Susanna los esperaba. Estaba sentada junto al a mesa del jardín. Cuando los vio caminando hacia ella, les sonrió de manera nerviosa. Tenía miedo.

-Hola Susanna ¿cómo estás? ¿lista para patear el trasero de ese ángel? –preguntó Ronald con la intensión de aligerar el ambiente, pero lo cierto era que todos parecían estar muy tensos. Incluso él mismo tenía unas marcadas ojeras.

-Me da terror el sólo pensar lo que podría ocurrir… -miró a los shinigamis con una mirada que rayaba entre el sarcasmo y la amargura- no es que desconfíe de sus habilidades, claro… pero tengo miedo. No quisiera que algo saliera mal.

-Querida, deja todo en nuestras manos. El procedimiento es muy claro y no es complicado. Además, Sebas-chan es quien hará el ritual, así que no debes temer –Grell intentó calmarla y después miró con ojos de adoración al mayordomo- el hace todo bien, ¿no es así? –se abalanzó sobre él, pero el demonio fue más rápido y logró moverse a tiempo, haciendo que el shinigami perdiera el equilibrio y cayera.

-Honestamente… -William se acomodó las gafas- no es momento para estar jugando, Sutcliff…

- Eh… -Ronald miró con cierta lástima a Grell, quien acababa de recibir un golpe por parte del supervisor y después se acercó a Susanna para decirle en voz baja- de cualquier modo, el jefe no dejará que te ocurra algo. Puedes estar segura –le guiñó el ojo y se sentó junto a ella.

-Será mejor asegurarnos de que todo esté en orden –William se aclaró la garganta y apareció un folder con una lista.

-Tenemos todo lo que había en la lista que Grell nos dio–de pronto apareció Sebastian detrás de la chica- tenemos el mercurio, carbonato de amonio y Caput mortuum –el Supervisor asintió con seriedad mientras les indicaba a sus subordinados que inspeccionaran las sustancias.

-En seguida vuelvo –la chica se apresuró a ir hacia su cuarto, dejando a los cuatro sujetos ocupados con los preparativos, sin embargo, tanto Sebastian como William se dieron cuenta de que en realidad no se sentía cómoda, pero se limitaron a seguirla con la mirada.

-Cuatro cálices de plata, ocho velas color índigo –el supervisor miró al demonio- y… supongo que el estanque será donde…

-Sí –él contestó con frialdad- allí haremos el ritual. Hoy por la mañana me aseguré que fuese llenado con agua destilada –miró hacia el estanque, que estaba tapado por cubierta especial.

-Bien –William continuó con actitud solemne- y confío en que hayas memorizado esas líneas en arameo…

-Por supuesto –Sebastian lo miró y sonrió de manera soberbia, mostrándole sus ojos de demonio por un instante, intentando hacerlo perder la compostura- y los instrumentos de emergencia también están listos…

Un par de minutos después, William tomó una brújula y les explicó a Grell y a Ronald en dónde debían estar puestas las velas. Cada una representaba un punto cardinal de la rosa de los vientos.

Cuando por fin Susanna volvió a salir al jardín, sus nervios se habían calmado un poco, pero sus manos aún sudaban y tenía una aversión natural a lo que ocurriría. De pronto, escuchó la voz del mayordomo cerca el estanque.

-Comenzaremos con el ritual cerca de las 7:30. Puede llevarnos hasta una hora. Se trata de una antigua ceremonia cuyos detalles no necesitan saber. Durante ese tiempo quiero que permanezcan dentro de la casa –el demonio los miró con autoridad y severidad- pueden observar todo desde la ventana, pero por ningún motivo deben salir, sin importar lo que vean o piensen que están viendo, no salgan de la casa. Esta indicación es absoluta -la mirada del demonio logró intimidarlos y Thomas se tensó un poco al adivinar en lo que consistiría el ritual, pero no dijo nada y se limitó a observar a los shinigamis trabajando.

-Sebastian, no tienes que sonar tan amenazador –se escuchó la voz de Susanna aproximándose- estoy segura de que con una simple indicación entenderán lo importante que es.

-Señorita ¿podemos ayudarla en algo más? –Abby preguntó con un poco de ansiedad.

-Gracias, por ahora tenemos todo bajo control –la chica sonrió al mirarla- pero…un poco de té y bocadillos para nuestros invitados no estaría mal -Abby sonrió y caminó hacia la cocina, dejando atrás a Thomas, que continuaba mirando a los shinigamis con sospechas.

Ya todo estaba casi listo y después de echar un último vistazo, William se acercó discretamente a Susanna.

-¿Puedo hablar contigo? –ella asintió y siguió al shinigami, quien caminó hacia el interior de la casa.

(Yiruma- Lord, hold my hand)

Una vez en la sala, William se detuvo y volteó a ver a Susanna. Por un instante, mantuvo una expresión severa y sus ojos verdes se clavaron en los de ella, que lo miraban con desconcierto.

-No dejaré que algo malo te suceda. Te lo prometo –él dijo con firmeza, como si estuviese dando una orden, pero sus palabras significaban mucho más.

Por un segundo, Susanna se quedó sin palabras y cuando reaccionó, se acercó a él para abrazarlo y comenzó a llorar, tratando de decir entre sollozos que tenía miedo por lo que ocurriría. Por su parte, William acariciaba su espalda, intentando calmarla, pero sin decir nada. A decir verdad, no sabía qué decir, pero quería estar cerca de ella.

Cuando por fin Susanna logró calmarse, miró al shinigami con los ojos rojos y avergonzada. No quería mostrarse débil ante él, pero antes de que pudiese decir algo, escuchó su voz.

-¿Estás mejor? –ella asintió- estaba preocupado por ti y pensé en venir a verte el día de ayer pero… supuse que querrías estar sola, así que te envié un mensaje, aunque en realidad quería darte esto. William se separó de ella y tomó del bolsillo de su saco una cadena con un dije, en cuyo interior había con una pequeña flor de color lila -dado que ya no podrás usar el dije de tus padres, pensé que te gustaría cambiarlo por este.

Susanna se quedó boquiabierta por el detalle que el shinigami había tenido y tomó el dije en sus manos, observando la flor que había dentro de este. Parecía estar encapsulada y en medio de sus pétalos color lila, tenía unas pequeñas marcas de color rojo. Sin duda, era una flor real, pero ¿cómo podría tener ese tamaño?

-Es una astromelia -él habló con suavidad- cuando terminemos el ritual, te hablaré de su significado –Susanna sonrió, conmovida por sus palabras y le dio un suave beso en los labios para después volverlo a abrazar, y un momento después- además, preferiría que usaras un dije que te regalé yo y no uno que te haya dado esa… alimaña que tienes por mayordomo.

La chica no pudo evitar reírse por su comentario. Sin duda, ya se sentía mucho más tranquila.

A las 7:34 en punto, Susanna entró al estanque del jardín, y Sebastian la siguió, hincándose para poder sumergir la mitad de su cuerpo, mientras ella se ponía en cuclillas. No debía sumergirse hasta que las sustancias estuviesen disueltas. Mientras tanto, Thomas y Abby observaban con atención desde la cocina. Habían recibido indicaciones de no salir, pero podían observar a través de la ventana. No porque interfirieran con el ritual, sino porque muy probablemente Sebastian o los shinigamis tuvieran que hacer uso de sus habilidades sobrenaturales y su verdadera identidad podría evidenciarse.

En cuando William dio la indicación, tras observar su reloj con detenimiento, Ronald encendió las velas alrededor del estanque y en sentido contrario a las manecillas del reloj, mientras Grell vaciaba los cálices con las sustancias químicas en el estanque. Después, el Supervisor utilizó su death scythe para disolverlas y Grell volvió a llenar los cálices de plata, esta vez con el agua que acababa de adoptar un tono rojizo.

-En cuanto esté lista.

La voz de Sebastian retumbó en los oídos de Susanna, como si fuese un eco y las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojos. Tenía miedo por lo que podría suceder y con fuerza agarró la piedra azul, utilizando sus dos manos para sostenerla sobre su pecho y se recostó sobre los brazos de su mayordomo, para que este la sumergiera por completo mientras comenzaba a recitar palabras en arameo.

La luz del sol desaparecía poco a poco y los shinigamis observaron la escena, sorprendidos por lo que sucedía con el agua, que poco a poco iba adquiriendo una tonalidad más oscura, volviéndose morada y un poco turbia. Después, comenzó a burbujear y los ojos de Sebastian mostraron su verdadera forma, brillante y terriblemente amenazadores, pues las palabras que salían de su boca eran un rito de sacrificio y él lo sabía bien.

Grell observó todo con una extraña fascinación, especialmente por los ojos del demonio, que siempre había considerado atractivos y peligrosos. Lo que sucedía con el agua de los cálices también le resultó intrigante, ya que parecía estar hirviendo y evaporándose poco a poco.

El aire comenzó a abandonar los pulmones de la chica, quien comenzaba a sentirse impaciente al saber qué era lo que seguía y cuando su corazón empezó a acelerarse, Sebastian soltó el mercurio que hasta entonces había sostenido en su mano izquierda y lo depositó sobre el vientre de la chica, adoptando una forma de media luna que después se convirtió en un rombo perfecto.

Instintivamente, Susanna se aferró al brazo de Sebastian cuando sintió la falta de oxígeno, pero este ejercía sobre ella una fuerza tal, que le fue imposible moverlo ni un milímetro. Tan solo, movió un poco la mano para que no soltara la piedra. Ella comenzó a patalear y a soltar gritos mudos ante la horrible sensación del agua llenando sus pulmones. Alzó sus piernas y comenzó a patear, en un inútil intento por zafarse del demonio, quien la veía fijamente, con los ojos brillantes. Sus colmillos afilados se asomaban cada vez que su boca se abría para pronunciar las palabras rituales.

Ronald volteó hacia la cocina, en donde Thomas y Abby observaban todo, ambos con expresiones idénticas de preocupación y en cuanto notó que ambos pretendían salir de la cocina para ayudar a Susanna, corrió hacia ellos para cerrar la puerta e impedirles el paso. Era imprescindible que nadie interrumpiera el ritual.

El ambiente se tornó frío y una ráfaga de aire sacudió las ramas de los árboles del jardín. Todo era cada vez más difícil de ver, ya que las únicas luces eran las de las velas alrededor del estanque. La chica de cabellos rubios gritaba para que Ronald los dejara salir y por un instante, cuando miró hacia donde estaba William, creyó ver algo extraño en sus ojos, que parecían brillar en tonos verdes y amarillos, observando todo con frialdad. Abby tuvo la impresión de que no era humano; ninguna persona normal podría estar presenciando tal escena y permanecer tan tranquilo.

El supervisor miraba toda escena con estoica paciencia, pero apretando su death scythe tan fuerte como podía. Sentía una extraña aprehensión por el resultado del ritual. Su mano derecha estaba prácticamente blanca por ello y rodeó el estanque para tener un mejor ángulo de lo que ocurría, ya que un ligero brillo azul parecía salir de la mano de Susanna y sin pensarlo dos veces, apareció un folder con su expediente y comenzó a leerlo.

Poco a poco, las fuerzas fueron abandonando a Susanna y de pronto, dejó de moverse. Sus ojos estaban en blanco y súbitamente, el agua dejó de burbujear, permaneciendo casi inmóvil. Sólo una última burbuja salió de la boca de Susanna: Ultimum spiritum; mi último aliento…

Notas de la autora:

Hola a todos. Una gran disculpa por tardarme tanto en actualizar. Han sido unos meses bastante tortuosos y además estoy haciéndome bolas con la tesis y batallando con mis asesores, así que he sido un desastre todo, pero finalmente aquí está la actualización. Espero que les guste. Ahora terminó con una escena muy intensa… aunque comenzó con algo muy romántico y la cita entre Will y Susanna terminó con la chica ahogándose… demasiado intenso el capítulo.

Para los que estén interesados en la banda sonora de la historia, para la escena de la cita, utilicé deeper conversation de Yuna. Para la escena en la sala con el dije, Lord, hold my hand de Yiruma y finalmente, para la escena del ritual, Jen Titus O' Death. Espero les guste y nos leemos próximamente.