Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sin a su creador, Takehiko Inoue.
Un Amor Pendiente
Capítulo #10: El ejército de los reprobados
―¡Ya llegué!― la entusiasta voz de la muchacha invadió la vivienda a la cual ingresaba.
― Hola hija ¿Cómo estás?―saludó cariñosamente su madre.
― Muy bien―contestó sonriente.
― Vaya Emi, te ves radiante― comentó Sendoh sentado en un sillón― ¿Qué te ocurrió?― agregó curioso.
― Hola hermano. No es nada, solamente me siento bien― contestó sin dejar de sonreír.
― Pues no te creo. Estos últimos días has estado muy callada, y de pronto cambias, es extraño―rebatió suspicaz. Emi rió divertida.
― Que dices Akirah, yo siempre he estado bien. Bueno nos vemos, iré a estudiar―dijo ahora mientras subía unas escaleras que conducían a las habitaciones.
― Pero Emi, debes cenar― expresó la madre.
― No tengo hambre, hasta mañana― respondió la mayor de los Sendoh mientras desaparecía por el pasillo hasta su habitación.
La madre y Sendoh, se miraron no entendiendo nada.
Al día siguiente, en Shohoku, las clases habían llegado a su final. Y los miembros del equipo de básquetbol fueron integrándose rápidamente a las dependencias deportivas para llevar a cabo el cotidiano entrenamiento. Un inconscientemente entusiasta Mitsui, al ingresar al gimnasio, saludó a sus compañeros con desconocido buen humor.
―¿Qué le ocurre al superior Mitsui? Jamás nos había saludado a todos ― comentó Yasuda a sus compañeros de primero.
― Es un sujeto muy extraño. Ayer lo saludé y me ignoró por completo y hoy actúa como si nada. No puede jugar así con este hombre tan talentoso― manifestó con un dejo de rencor, Sakuragi.
― Ya no digas tonterías Hanamichi. Quizás tenía algún problema, y ya lo solucionó―opinó Miyagi.
― ¡Que tenga problemas no significa que deba ignorar a este talentoso!― exclamó fuera de sí el pelirrojo.
― Vaya Hanamichi, a caso no recuerdas que cuando perdimos contra Kainan tu no tomabas en cuenta a nadie y llorabas como una niña― se burló el moreno-
― ¡No es necesario que me recuerdes eso!― expresó furibundo y ruborizado el número mientras empuñaba sus manos.
En aquel instante, ingresó el capitán del equipo, quien al instante reunió a los muchachos.
― Bueno, vamos a jugar un partido, los alumnos de primero contra los de segundo y tercero―indicó.
― ¡Sí!― exclamaron todos en unisón resonando con mayor exaltación la voz del número catorce del equipo.
― Vaya Mitsuito, hoy te vez muy animado. Espero que al fin juegues bien, porque en las últimas semanas has estado jugando como un niño de primaria― provocó Hanamichi.
― ¡Qué dices! Tú eres el único que juega como niño, eres un estúpido― respondió ofendido.
― ¡Cómo le dices eso ha este genio!
―Estúpido― intervino Rukawa que observaba la discusión con desdén.
― Qué dijiste maldito zorro dormilón ¡Ya verás!―un golpe en su colorada cabeza, acabó de forma imprevista sus manifestaciones.
― ¡Ya cállate y concéntrate en el partido!―ordenó Akagi, el dueño de aquel puño castigador.
― ¡Gorila!― exclamó Hanamichi con lágrimas de dolor en sus ojos, a la vez que una voz automáticamente reconocida para él. lo saca completamente de su enojo.
― ¡Vamos Sakuragi tú puedes!― animó la hermana menor del capitán, pareciendo ignorar las discusiones protagonbizadas por el muchacho.
― Haruko― susurró el pelirrojo mientras que miraba embobado a la chica.
Comenzó el partido y Hanamichi junto a Rukawa no se daban tregua, ambos intentaban liderar en su equipo. Pleito generado por el innato individualismo de Rukawa y el deseo exacerbado de Sakuragi por resaltar y realizar una gran clavada. Debido a las jugadas tan ambiciosas de ambos, lograron poner en ventaja a su equipo quedando 22 a 12 a favor de los de primero. Pero en el otro equipo Mitsui, que no perdía sus ánimos comenzó a anotar canastas de tres puntos cambiando radicalmente la situación.
― El partido a terminado, ha ganado el equipo de los alumnos de segundo y tercer año 60 contra 53― sentenció Ayako.
―¡Bien!― celebraron los del equipo veterano.
―Maldición. tendré que hacer cincuenta lagartijas― refunfuñaba, Hanamichi.
―Es tu culpa― musitó Rukawa.
―¡Qué dices maldito Rukawa, ya verás!― contestó ofendido el diez.
― ¿Qué te pareció eso Sakuragi? Ahora dime ¿Quién juega como niño de primaria? ― expresó sarcásticamente Mitsui mientras reía.
―¡Mitsui!―gritó Hanamichi sonrojado por la humillación.
― Haz tus flexiones― murmuró Akagi mientras lo golpeaba en la cabeza.
― Pero por qué me golpeas gorila―lloriqueó.
Los ganadores del partido se fueron los primeros en abandonar el gimnasio para ingresar a los camarines. Mitsui que tomaba la misma ruta que sus compañeros, fue repentinamente interceptado por Ryota, quien sin mayor preámbulo inició el diálogo.
― Mitsui hoy te vez mejor, acaso ya tomaste ¿alguna medida?― preguntó muy interesado.
―Sí―contestó con un dejo de suspicacia.
El accidental e incipiente rol de confidente que se otorgaba el muchacho, que hace unos meses había inspirado la mayor bestialidad en su ser, le resultaba extraño. ¿Cómo era posible que pudiera sentir real interés en algo tan "trivial" que le ocurría a él? ¡Sus consejos le habían ayudado? Sí. ¿Pero eso significaba necesariamente que debía contarle todo lo que ocurriría de ahora en adelante? Claro que no. Eso sería absurdo.
El sendero que había tomado la vida de Mitsui tras su lesión había hecho que su relación con sus amigos se volviera distante emocionalmente. O más distante de lo que ya era. Protegerse de una banda rival, golpear a algún enemigo, beber, fumar y surcar adrenalínicamente el camino por las calles de Kanagawa sobre una moto, muchas veces huyendo de la policía o de otra pandilla y celebrar la victoria tras burlar a sus perseguidores. Eso era para Hisashi Mitsui las actividades entre amigos. Quizás si su lesión nunca hubiera ocurrido, pensaría distinto, pero la realidad es otra.
―Entonces ¿qué decidiste?― inquirió Ryota.
Mitsui estuvo a escasos instantes de rugir un "eso no es asunto tuyo". Sintiéndose avergonzado de haber bajado la guardia con Miyagi hace algunos días y haberle contado su acontecer emocional. Sin embargo, al levantar la mirada y reconocer un genuino y esperanzado intereses en el muchacho, limitó sus pensamiento solo a eso. Ahora veía con mayor rareza a su compañero de equipo. Sí. Aparentemente era un idiota rudo, con una gran habilidad para pelear. Sí, sus dientes sabían por experiencia propia de aquello. Como basquetbolista, no tenía nada que decir. Pero emocionalmente, parecía ser otra persona. Ahora que lo pensaba, ya había sido testigo de lo embobado que se mostraba en cuanto veía a Ayako y de su padecer al no ser correspondido en sus sentimientos. Quizás era eso, en su felicidad veía proyectada la posibilidad de su propio triunfo en algún momento. La expectación de Ryota no desaparecía. Mitsui, a pesar insistir en lo absurdo que le parecía contarle sobre su vida personal, sintió que ya había iniciado con ello aquella noche en e l parque, y que ya no tenía remedio.
―Ayer terminé con Akari― musitó no del todo convencido― Y como no hubo entrenamiento, fui a buscar a Emi― añadió sonriendo casi imperceptiblemente al recordar los sucesos.
―¿Y en qué quedaste con ella?―preguntó entusiasta el chico del pendiente, esperando recibir mayores detalles sobre la situación.
―Pues, le pedí que fuera mi novia― respondió receloso.
―¡Y qué te respondió!
―Pues me dijo que si, Emi es mi novia― contestó con fastidio, no le agradaba lo inquisitivo que se tornaba Miyagi.
―Vaya amigo te felicito, espero que sean muy felices juntos― expresó emocionado Ryota― "Que bueno que al menos un amigo pueda estar con la chica que quiere"―pensaba ahora mirando el cielo con lagrimas infantiles en los ojos al recordar nuevamente a Ayako.
Mientras tanto Ayako hacía sonar su silbato para dar inicio a las flexiones de brazos de los alumnos de primer año. Todos iban haciendo sus flexiones al mismo tiempo, menos Sakuragi que haciendo gala de su "sobrenatural" agilidad, con la clara intención de lucirse delante de Haruko hacía rápidamente sus flexiones intercambiando los brazos.
―¡Hanamichi Sakuragi!―exclamó la mánager mientras golpeaba con el abanico la cabeza del pelirrojo.
―Ay Ayako, por qué me pegas― alareó el número diez mientras quedaba tendido en el suelo tras perder el equilibrio por el golpe de la chica.
―Debes tomar el mismo ritmo de los demás, ya deja de lucirte―reprendió la muchacha de cabello rizado.
―¡Y por qué todos no toman mi ritmo!… Ah, pero eso es imposible, esa capacidad sólo de gente talentosa como yo― reflexionó con presunción mientras miraba el cielo pensativo.
― Eres un súper idiota― musitó Rukawa mientras hacía tranquilamente sus flexiones.
― Cállate maldito zorro apestoso― se defendió el pelirrojo sacado repentinamente de sus sueños.
― Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta― terminaron los chicos que se dejaron caer rendidos al suelo.
― Son unos débiles se cansan rápidamente― se burlaba Hanamichi mientras miraba como todos estaban agotados en el suelo.
― Ya hemos terminado― anunció Akagi que estaba mirando a los chicos junto a Ayako.
― Si, nos vemos. Hasta mañana Gori, adiós―dijo el pelirrojo risueño mientras emprendía el camino hacia los camarines.
― A dónde crees que vas― pronunció Akagi provocando que el chico se detuviera sin mirar atrás.
― Pues a cambiarme ropa para irme a casa― contestó Hanamichi con sigilo aún de espaldas.
― Tú te quedas, tienes que hacer tu entrenamiento básico― indicó el número cuatro.
―¡Qué dices Gorila! Este genio ya no necesita hacer esos tontos entrenamientos básicos― se opuso enfadado.
― ¡Tonto!― exclamó molesto Akagi― Aún no mejoras lo básico así que debes seguir con tus entrenamientos. Y si te quedan tantas energías como presumías hace un rato, no tendrás problema― argumentó.
―¡Maldito Gorila, me las pagarás!― refunfuñó mientras empuñaba una mano.
Las clases habían concluido, y aquel pelirrojo caminaba a paso lento y temeroso por las dependencias de Shohoku. Había llegado la hora del entrenamiento, y debía dirigirse al gimnasio. De improviso un vehemente viento, que agitaba con furia los árboles del patio y hacía desfilar con premura a las nubes grises que se adueñaban del cielo, parecía anunciar el pronto arribo de una tempestad; lo mismo que sentía Hanamichi que estaba ocurrir con su vida.
A pesar de su lento andar no pudo evitar su destino, llegando así al gimnasio. El encuentro con su capitán era lo que más le preocupaba, pues conociendo el carácter del líder del equipo, sabía que las buenas nuevas que debía entregarle, lo harían indignar.
Su alivio fue conmovedor al ver a un solitario Miyagi en la cancha haciendo un pequeño calentamiento. Este no había notado su presencia, por lo que no descontinuó sus ejercicios. Sakuragi, que veía en aquel muchacho a un gran aliado, no dudo en acercarse a él para comentarle su problema.
―Hey, Ryota― susurró.
―Hola, Hanamichi ¿Qué ocurre?― saludó extrañado el moreno, al advertir una extraña timidez en su amigo.
―Es que, necesito que me ayudes― dijo angustiado.
―Por qué, en qué lío te metiste ahora Hanamichi― manifestó con incipiente molestia poniendo sus manos en su cintura el moreno.
―Pues, hoy me entregaron mis exámenes finales. Y si reprobaba cuatro, no podía ir al campeonato nacional, pero he reprobado siete materias― explicó mientras comenzaba a sudar, Miyagi quedó instantáneamente paralizado ante las palabras de su amigo.
Pronto, comenzaron a asomar lágrimas en los ojos de Ryota, quien conmovido abrazó al pelirrojo.
―Y yo he reprobado cinco― confesó desconsolado y más desesperado que Hanamichi.
Rukawa, que ingresaba ahora al gimnasio, vio con extrañeza la escena que presenciaba, pero su instinto le hizo creer que podía tratarse de aliados.
―Y ahora que les pasa― inquirió ocultando su curiosidad.
―Hemos reprobado más de cuatro materias y no podremos ir al campeonato nacional― contestó aún llorando desconsolado Miyagi.
―Ah, es eso― masculló Rukawa sin sorprenderse.
―Por qué lo dices así ¿Acaso también reprobaste tus materias?―preguntó Ryota mientras se cercaba Mitsui.
― Sólo seis― musitó evasivo el número once.
―Demonios, estamos perdidos― pronunció desalentado Mitsui, quien se sumaba a la conversación.
―Mitsuito, no me digas que, tú también reprobaste― inquirió curioso, Hanamichi.
―No tantas, nada más cinco materias― dijo Mitsui intentando restar importancia a su situación.
―¡Y ahora como se lo diremos al gorila!― exclamó desesperado Sakuragi mientras imaginaba al capitán que los azotaba por su mal rendimiento académico.
―Qué dices Hanamichi. Es mejor que el capitán Akagi no se entere, porque…― rebatía Ryota cuando era interrumpido por el capitán que aparecía inesperadamente por la espalda del chico del pendiente.
―¿De qué es mejor que no me entere?― inquirió el capitán causando el espanto de los cuatro reprobados del equipo.
―De nada― contestaron con premura Hanamichi y Ryota.
―No me mientan sé que algo ocurre, será mejor que me lo digan de inmediato― manifestó amenazante, Akagi.
―De verdad, no es nada―insistieron en coro más nerviosos ahora.
―¡Digan la verdad!― prorrumpió ahora perdiendo la paciencia.
―Verás Gori, tú no tienes de que preocuparte. Solamente platicábamos que hemos reprobado más de cuatro materias y que no podremos ir al campeonato nacional…― explicó sonriendo falsamente, Hanamichi, mientras abrazaba amistosamente al capitán fingiendo tranquilidad.
―¡Qué estás diciendo!― exclamó Akagi fuera de sí.
―Señor, lo lamentamos mucho― expresó acobardado Ryota.
―Yo también― dijeron Mitsui y Rukawa de mala gana.
―Que están haciendo, no tienen porque disculparse, son unos tontos― opinó Hanamichi fatuamente.
―Y díganme ¿Cuántas materias han reprobado? ¿Miyagi?― interrogó Akagi.
―¡Cinco Señor!― respondió apresuradamente el aludido.
―Mitsui―continuó el capitán.
―También cinco Akagi.
―¿Rukawa?
―Seis.
―¿Y tú Sakuragi?
―Pues tan sólo siete materias― respondió mientras reía nervioso el pelirrojo.
―¡Siete!― exclamó en coro el resto del equipo que observaba espontánea reunión.
―Estamos perdidos― balbuceó un resignado Kogure― Akagi, quizás tú podrías ayudarlos. Los profesores te consideran buen estudiante, podrías hablar con ellos para que les den una segunda oportunidad― reflexionó ahora el sub capitán, más entusiasta.
―Cuatro ojos tiene razón Gorila. Quizás si hablas con ellos y les regalas algunas de tus preciadas bananas nos den una segunda oportunidad.
―Ya cállate― gruó el número cuatro dándole un golpe en la cabeza.
―Súper-idiota― musitó Rukawa.
―¡Rukawa no tienes ni un derecho a tratarme así, tú reprobaste seis materias!―protestó molesto Sakuragi.
―Ya Hanamichi, es mejor que no te pelees, ahora debemos ver como salimos de esta― reprendió vacilante el chico del pendiente.
―Sí, pero Rukawa empezó― se defendió infantilmente.
―Y qué dices Akagi ¿hablarás con los profesores?― preguntó Kogure.
―Veré que puedo hacer― contestó resignado el capitán.
―¡Bien!― exclamaron Miyagi y Sakuragi felices, pues una luz de esperanza asomaba en su tragedia.
―¡Pero deben comprometerse a que se pondrán a estudiar, me oyeron!― amenazó en una irritada exclamación el capitán.
―¡Sí!― dijeron al unísono atemorizados por la vehemencia de Akagi.
―Mañana a primera hora iré con ustedes a hablar con los profesores, deben llegar temprano.
―Sí.
MUCHAS GRACIAS POR LEER
