Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sin a su creador, Takehiko Inoue.
Un Amor Pendiente
Capítulo #11: La última oportunidad para el ejército de los reprobados
Al día siguiente, se reunieron a primera hora el capitán Akagi, Miyagi, Mitsui, Rukawa y Sakuragi en la entrada de Shohoku.
― Ya estamos todos, vamos ― ordenó Akagi
― Sí― respondieron todos al unisón.
Se dirigieron a la sala de profesores seguidos por Ayako, Kogure, Haruko y los amigos de Sakuragi que no dejaban de burlarse del pelirrojo.
― Hanamichi eres el rey de las reprobaciones― decía Takamiya mofándose del número diez.
― ¡Cállate gordo, ya verás cuando salga de está!― amenazó Sakuragi empuñando su mano.
― ¡No los tomes en cuenta y camina!― ordenó Akagi.
Al cabo de breves instantes, estuvieron afuera de la sala que reunía a los maestros.
― Espérenme aquí un momento― indicó el capitán.
― Buenos días― saludó cortesmente Akagi a una recepcionista que estaba fuera de la sala de profesores.
― Buenos días, en qué puedo ayudarle.
― Necesito hablar con el señor Toriyama, Mazaki, Kawashima, Ezakiya, Asuhara, y también con el señor Fuwa ― expresó ahora el capitán cuidando no olvidar a ninguno de los maestros.
― Deme un momento, ya lo anuncio―contestó extrañada, tras lo cual partó a cumplir su misión.
― Gracias.
Después de un momento regresó y sonriendo amable se dirigió al capitán.
― Ya lo atenderán― anunció. Akagi tras agradecer, se dirigió a sus compañeros de equipo para esperar a los maestros.
Unos instantes más tarde, la misma recepcionista apareció para indicarle al capitán que ya podía pasar. Acto seguido, Akagi, junto a los reprobados, ingresó a la sala de profesores.
― Buenos días maestros, he venido con mis compañeros porque han reprobado sus materias y no podrán asistir al campeonato nacional, les quería pedir de la manera más atenta que los les den una oportunidad― suplicó respetuosamente, Takenori.
― Así que los jóvenes Mitsui, Miyagi y Sakuragi del equipo de basquetbol quieren una oportunidad― musitó meditabundo uno de los maestros.
― También Rukawa―dijo Akagi mientras buscaba a Rukawa entre los muchachos― Rukawa, ¿dónde se metió este chiquillo?― gruño al advertir su ausencia.
Mientras tanto fuera de la sala de profesores todos comentaban lo ocurrido, y aguardaban expectantes la decisión de los profesores.
― Espero que mi hermano pueda convencer a los maestros para que les den una oportunidad a los muchachos― decía Haruko.
― Ojalá, porque de lo contrario estaremos perdidos― comentó Ayako.
― Ahora sólo queda esperar― agregó nervioso, Kogure.
―Sí― dijeron en unísono todos.
Lo que siguiuó fue un silencio que invadió el pasillo donde aguardaban, dicho mutismo fue intermitentemente quebrantado por unos sutiles ronquidos que se oían muy de cerca, todos dirigieron su atención al lugar desde donde provenían.
―¡Rukawa que estás haciendo aquí!―exclamó espantada la chica de cabello rizado al sorprender al número once de Shohoku durmiendo profundamente en un sillón que había en el lugar.
Ahora se oyó el estruendo de una puerta que se abría violentamente, desde la cual aparecía un foribundo Akagi buscando al generador de su ira.
―¡Rukawa dónde estás!―al ver que dormía en el sofá, se acercó completamente irritadó, lo tomó entre sus manos y comienzó a sacudirlo fuertemente.
―¡Chiquillo estúpido! Yo vengo a pedirle de rodillas a los maestros que te dejen jugar en el campeonato ¡Y tú te das el lujo de dormir!― reclamaba al capitán mientras Rukawa comenzaba a salir de su estado de inconsciencia sin entender nada.
― Akagi suéltalo y regresen a la sala de profesores los deben estar esperando― recomendó Kogure intentándo calmarlo.
― Está bien, vamos― dijo Akagi empujando al chico dormilón del equipo.
― Espero que esto no perjudique en la decisión de los profesores― decía Kogure.
― Es cierto porque de lo contrario todo el esfuerzo habrá sido en vano― comentó Okuss.
― Si, no habrá servido de nada que Hanamichi se haya dedicado al básquet, el récord de rechazos se detuvo desde que ingresó al equipo― comentó Noma.
― Si, y cada vez hay menos porque apostar― agregó Takamiya.
Pasó alrededor de media hora y permanecían impacientes en los pasillos Ayako y los demás, de pronto se abre la puerta y salen Mitsui, Miyagi, Rukawa y Hanamichi seguidos por Akagi.
― Ahí vienen― anunció Yohei.
― ¡Hermano, cómo les fue!― preguntó expectante, Haruko.
― Les dieron una oportunidad. Darán exámenes especiales para aprobar sus materias, es la única chance que tendrán― explicó.
― Pues entonces tendrán que estudiar muy duro― dijo Ayako.
― Y dime Akagi ¿Cuándo deben rendir esos exámenes?― preguntó Kogure.
― Mañana― respondió estoico el capitán.
― ¡Mañana!― exclamaron todos los presentes.
― ¡Pero cómo! En tan poco tiempo no serán capaces de estudiar para los exámenes― opinó preocupado Kogure.
― No te preocupes cuatro ojos, para este genio no será nada difícil aprobar esos exámenes y podrán contar con el talentoso Sakuragi en el campeonato nacional― decía el pelirrojo soltando una gran risotada.
― Tu presencia en el campeonato es la menos importante estúpido― musitó Rukawa.
― ¡Qué dijiste Rukawa!― exclamó ofendido, Hanamichi.
― Lo que oíste― respondió el número once.
― ¡Maldito zorro me las pagarás!.
― Ya cállate― dijo Akagi irritado mientras lo golpeaba en la cabeza― Ahora vayan a sus salones y nos vemos en el entrenamiento― ordenó, Akagi, a sus compañeros de equipo.
― ¡Pero Akagi!―exclamó sorprendido Kogure―No sería mejor que estudiaran en vez de entrenar para que logren aprobar.
― No puedo dejar que dejen el entrenamiento, el campeonato nacional cada día está más cerca y no debemos descuidarnos.
― Entonces deberán estudiar toda la noche, eso no será bueno― opinó Kogure.
― Irán a mi casa a estudiar, pero no podré solo, necesito que tú y Ayako me ayuden― dijo ahora el capitán.
―Si― dijeron Ayako y Kogure en unísono.
― Así que ya oyeron cuarteto de cabezas huecas, hoy después de entrenamiento van a sus casas a avisar que se quedan en la mía ¡Y los quiero a las siete en punto allá!― exclamó furioso el capitán
―Si―exclamaron los cuatro.
Más tarde a la hora de entrenamiento, Akagi reunió al equipo.
― Comenzaremos haciendo un pequeño calentamiento para después hacer un partido de diez minutos por tiempo y terminaremos― explicó el cuatro de Shohoku.
― ¡Si capitán!― exclamaron los chicos.
― ¡Ahora a correr!― dijo el capitán.
― Rukawa espera un momento― ordenó Akagi.
Rukawa lo miró extrañado.
― ¿Qué ocurre capitán?.
― Hoy no entrenarás.
― Pero… ¿Por qué?
― Te irás a estudiar para que tengas buenos resultados― explicó.
― ¿No debía ir a su casa?― inquirió extrañado, Rukawa.
― Tú no serás capaz de estar despierto durante toda la noche. Eso me quedó más que claro hoy en la mañana― dijo recordando lo vivido durante la reunión con los profesores.
― Pero…
― Nada de peros― interrumpió el capitán― Haruko, ven― ordenó el chico a su hermana menor que veía el entrenamiento.
― Sí ¿qué ocurre hermano?― preguntó la chica mientras Sakuragi veía como la chica entraba al gimnasio, lo cuál llamó de inmediato su atención.
― Ayudarás a Rukawa a estudiar ahora. Vayan a la biblioteca para que le enseñes― ordenó el capitán.
― ¡Qué!―exclamó boquiabierta la muchacha, mientras su rostro se coloreaba de súbito.
― Lo que oyes, y ahora vayan, la tarde es corta y deben aprovecharla.
― Si hermano― obedeció tímida.
― ¡Ah… por qué Haruko se va junto con ese zorro apestoso! ¿Acaso ya se hicieron novios?― un debastado Sakuragi lloriqueaba al ver como salían juntos del gimnasio Haruko y Rukawa.
― ¡Hanamichi Sakuragi! Deja de decir tonterías y sigue con el calentamiento― ordenó la manager del equipo.
― Pero Ayako, no puedo permitir que Haruko se haga novia de ese zorro apestoso de Rukawa― decía llorando Hanamichi.
― No digas tonterías, ella sólo ayudará a estudiar a Rukawa porque no irá a la casa del capitán Akagi― explicó ahora la chica de cabello rizado.
― ¿Entonces no se harán novios?― preguntó con infantil esperanza el pelirrojo.
― Claro que no― respondió Ayako.
― ¡Gorila!¡Cómo se te ocurre dejar que Haruko esté a solas con este tonto de Rukawa!― encaró furioso ahora a Takenori.
― ¡Ya cállate! y continúa con el entrenamiento― rugió Akagi mientras golpeaba a Sakuragi en la cabeza.
― Pero porqué me pegas, Gorila― dijo Hanamichi con un chichón en la cabeza.
Mientras tanto Rukawa y Haruko se dirigieron en silencio a la biblioteca Ella completamente ruborizada y él irradiando su innata indiferencia.
― Ya hemos llegado―anunció nerviosa― Sentémonos en aquella mesa―agregó indicando una mesa desocupada.
Se dirigieron a la mesa y se sentaron frente a frente.
― Y dime Rukawa ¿Qué materias haz reprobado?― preguntó Haruko sin obtener respuesta.
El chico sacó de un bolsillo de su pantalón los exámenes reprobados y se los tiró sobre la mesa.
― Estos― pronunció, perdido en su molestia por no poder estar en el entrenamiento.
La chica los miró un momento y después de una rápida evaluación dijo:
― Bueno no están tan malos, creo que no será muy difícil de mejorar― sonrió a un Rukawa que parecía posar su atención en cualquier objeto inerte antes que ella.
Haruko, sintiendo el desaire en aquello, bajó su mirada para posarla reflexiva sobre un cuaderno.
― Ahora prepararé algunos ejercicios para que resuelvas―agregó la hermana menor del capitán que tristemente se daba cuenta de la apatía de su querido Rukawa.
Comenzó a elaborar unas pruebas para ver en qué errores estaba el chico. A pesar de la inusual proxemidad de aquel joven, decidió concentrar su atención en ayudarlo a superar esa barrera que lo alejaba de su deseo de ir al campeonato nacional. Quizás con ello lograría acabar con su indiferencia. Alrededor de diez minutos después, terminó.
― Ya, están listos, ahora comienza a resolverlos― ordenó suavemente a su acompañante ― Rukawa no te duermas― dijo al ver que el chico ya estaba durmiendo.
― ¿Eh?― balbuceó Rukawa completamente desorientado.
― Toma, aquí están tus ejercicios― dijo la chica mientras sonreía amablemente.
Rukawa que progresivamente fue abandonando su letargo, por primera vez observó en detalle a la muchacha. La ingenuidad en sus orbes azules, la candidez en sus mejillas y aquella tímida sonrisa que se dibujaba en sus labios le parecieron novedosamente encantadores. Un improvisado calor invadió su semblante, lo cuál le hizo reincorporarse sobre la silla, para evadir la mirada de la joven.
― Está bien― musitó bajando la cabeza y fingiendo ignorarla.
Después de un momento el chico le dijo a Haruko:
― Ya terminé.
― Déjame ver― susurró la chica recibiendo el examen.
Revisó minuciosamente el documento con una mirada delicada que el chico contemplaba encantado. Luego de un momento Haruko dijo:
― Está bien, pero revisa el ejercicio cuatro―ordenó repentinamente haciendo que el número once se ruborizara al ver que la chica se daba cuenta de que la miraba.
― Si― contestó con premura.
Luego de intentar corregirlo, Rukawa le dijo a Haruko.
― No entiendo
― Dime ¿qué no entiendes?― dijo suavemente la chica
― Pues esto―dijo el chico señalando una parte del ejercicio de matemáticas mientras la chica se sentaba a su lado
La chica comenzó a analizar y acercándose para explicarle mejor le dijo:
― Pues mira es muy sencillo sólo debes aplicar esta fórmula y ya está, ¿entiendes?― dijo la chica mirándolo a los ojos.
Al darse cuenta que estaban frente a frente ambos se ruborizaron y se alejaron rápidamente.
― Pues sí, me quedó claro― dijo Rukawa intentado disimular la vergüenza.
― Me alegro― dijo Haruko también intentado disimular.
Mientras tanto en el gimnasio
― Bueno eso ha sido todo por hoy, nos vemos mañana― decía el capitán
― Sí― exclamaron todos al unisón
Miyagi, Mitsui y Hanamichi partieron raudos a los camarines para ducharse y cambiarse para ir rápidamente a sus casas.
― Cabezas huecas, aquí tienen mi dirección para que lleguen a mi casa― dijo el capitán mientras les entregaba a cada uno un papel donde estaba la dirección.
― Akagi, ¿A qué hora dijiste que debemos estar allí?― preguntó Mitsui mientras veía la dirección.
― A las 7 en punto, ni un minuto después― respondió mientras se retiraba.
― Demonios, no alcanzaré a llegar tiempo, mi casa está bastante distante a la de Akagi―dijo Mitsui.
― Lo mismo digo, mi casa también está lejos, el señor Akagi me regañará― decía Miyagi espantado.
― Pues ese no es problema para mí, el talentoso Sakuragi vive a sólo cuadras del Gorila― decía el pelirrojo orgulloso― hasta tendré tiempo para cenar― pensaba ahora con una sonrisa tonta.
― Que suerte tienes― dijo Mitsui.
― Bueno ya vamos o sino no llegaremos a tiempo―dijo Miyagi.
― Si― dijo Mitsui.
Se fueron rápidamente a sus casas, Mitsui entró rápidamente pero se dio cuenta de que nuevamente no había nadie.
― Rayos, de nuevo no están en casa― dijo desilusionado.
― Bueno, iré por ropa para mañana y mis cuadernos― pensó el muchacho.
Subió rápidamente unas escaleras, entró a su habitación y tomó lo que necesitaba y bajó. De pronto se detuvo y tras una breve reflexión se dijo:
― Les dejaré una nota para que sepan que estaré donde Akagi.
Tomó una agenda que estaba al lado de un teléfono y comenzó a anotar el aviso, luego sacó la hoja dejándola sobre la mesa y dejó la agenda a lado del teléfono. De pronto miró el aparato y recordó inconscientemente a Emi y pensó:
― No he hablado con ella desde el día que nos hicimos novios, la llamaré para saber cómo está.
Comenzó a marcar el número, espero un momento y le contestaron.
― Casa de la familia Sendoh, ¿Con quién desea hablar?― contestaba una voz femenina.
― Emi, ¿eres tú?― preguntó Mitsui.
― ¡Hisashi!― exclamó la chica feliz de oír a su novio- Hola ¿cómo estás?- agregó.
― Bien, aquí extrañándote― contestó el chico― ¿Y tu?
― Bien pero te extraño muchísimo, he estado con muchos exámenes y no he podido comunicarme contigodijo la chica triste.
― Yo estoy en lo mismo, de hecho ahora debo ir a la casa de Akagi para estudiar para dar unos exámenes especiales― dijo resignado el muchacho.
― ¿Especiales?― preguntó Emi.
― Si, es que reprobé algunas materias, y no puedo jugar el campeonato nacional si he reprobado― explicó rápidamente Mitsui avergonzado.
― ¿Tú?... ¿Reprobado?, pero ¿Cómo?, si en primer año tenías excelentes calificaciones―dijo extrañada la chica.
― Bueno, eso ha cambiado un poco, pero casi nada― mintió intentando bajar el perfil de la situación.
― Espero que te vaya muy bien en esos exámenes, debes hacerlo por el campeonato nacional― dijo la chica.
― Si. Emi, pasando a otro tema, yo te llamaba para saber cuándo nos podemos ver, yo estaba pensando en mañana después de entrenamiento― dijo el número 14 de Shohoku.
La chica pensó brevemente y le dijo
― Lo lamento, mañana tengo exámenes, podría ser el fin de semana― propuso.
― Entiendo, pero está bien, nos vemos el fin de semana― dijo decepcionado el chico al escuchar la propuesta tan lejana de la chica.
― Si, ahora vete a casa de tu amigo, para que estudies bien― ordenó tiernamente la muchacha de ojos color miel.
― Está bien, adiós―dijo Mitsui.
― Hasta pronto, Hisashi― pronunció la chica.
― Emi… te quiero mucho― susurró el muchacho sonrojado.
― Yo también te quiero― correspondió dulcemente la muchacha, y colgaron el teléfono.
Mitsui un tanto más bien humorado se retiró hacia la casa de Akagi.
Mientras tanto en la biblioteca de la preparatoria Shohoku.
― Ya, hemos acabado, yo creo que con esto podrás aprobar todos tus exámenes― manifestó entusiasta, Haruko.
― Eso espero― masculló Rukawa un tanto cansado después de aquella actividad, que por lo tediosa le parecía más agotadora que un partido de básquetbol.
― Estoy segura que así será, te has esforzado mucho y tendrás tu recompensa― opinó ella sonriéndole tiernamente.
Al ver esto Rukawa se sonrojó y se paró rápidamente.
― Ya me voy, hasta mañana― musitó Rukawa de forma repentina.
― Hasta mañana, y suerte en los exámenes― dijo respondió mientras veía al chico alejarse.
Ahora en casa de Akagi; Ayako, Kogure y el capitán preparaban el material con el que ayudarían a estudiar a los muchachos. Cuando suena el timbre.
― Yo voy― anunció el capitán.
El primero en llegar fue Miyagi, que agotado por correr para llegar a tiempo le preguntó al capitán:
― ¿He llegado a tiempo?
― Si, aún faltan siete minutos― contestó el Akagi.
― Que alivio― masculló Ryota soltando un suspiro que evidenciaba su incipiente relajo.
El siguiente en llegar fue Mitsui
― Haz llegado justo a tiempo Mitsui― dijo el capitán.
― Naturalmente― expresó el chico de ojos azules.
― Sólo falta Sakuragi― comentó Kogure.
― Más le vale que llegue a tiempo, o sino ya verá― manifestó amenazante, Takenori.
― Que extraño, dijo que sería el primero en llegar porque vivía sólo a cuadras de su casa señor― expresó Ryota.
― Es un idiota― comentó Mitsui.
Pasaron diez minutos y el pelirrojo no aparecía.
― ¡Qué tiene en la cabeza ese cabeza hueca!― exclamó fuera de sí el capitán.
― Tranquilo Akagi, quizás tuvo algún problema― Kogure intentó apaciguar los ánimos de su amigo.
― No tiene justificación, ya sabe que ésta será la última oportunidad―gruñó el número cuatro.
De pronto suena nuevamente el timbre.
― Debe ser Sakuragi, anda a abrir―dijo Kogure.
― Más le vale― murmuró.
― Hola Gori, lamento la tardanza, pero se me presentó un pequeño problema― decía Sakuragi tomándose la cabeza, mientras ingresaba a la vivienda, sin esperar a ser invitado.
― Si, seguramente ese problema fue con tu cena― intervino Mitsui al ver que el chico traía arroz junto a sus labios.
― ¡Eres un idiota!, cómo se te ocurre darte el tiempo para cenar si tienes que estudiar ¡IDIOTA!― clamó aún más enfadado el capitán dándole varios golpes al pelirrojo.
― Pero no me pegues, que me puedo volver tonto― dijo el número diez.
― Pues para eso no te falta mucho― bromeó riendo, Miyagi.
― ¡Ryota no me digas eso!―exclamó Hanamichi.
― Ahora estudiemos― ordenó el capitán― Ayako, tú te encargarás de Ryota― indicó― Kogure, tú de Mitsui― continuó―Y yo de Sakuragi― informó.
― ¡Qué!, no, yo no quiero estudiar con el gorila– reclamó el pelirrojo.
–Ya deja de protestar y estudiemos– regañó el capitán.
Comenzó la jornada de estudios, y después de dos horas, el primero en obtener resultados fue Miyagi.
–Ya terminé– informó sonrojado, a Ayako, entregándole una hoja con sus respuestas.
– Que bien, estos ejercicios están muy buenos, si te lo propusieras te iría muy bien– congratuló la chica.
– Si tú fueras mi profesora todo sería distinto– dijo embobado el chico
De pronto entra Haruko y dice:
–Hermano ya llegué– saludó.
–Haruko– balbuceó el pelirrojo mirándola tontamente.
–Que bien, ¿y dime cómo te fue con Rukawa?– preguntó el capitán a su hermana.
– Pues muy bien, creo que rendirá muy bien en sus exámenes.
– Eso espero–masculló Akagi.
– Gorila déjame estudiar con Haruko, quizás si estudio con ella logre comprenderle, ella es una persona y podré entenderle, tu eres un animal, por eso no nos entendemos ¿Qué te parece?- propuso Sakuragi.
–A quién le dices animal– dijo el capitán golpeándolo en la cabeza y dando la negativa a su propuesta.
–Que malo eres–dijo el número diez llorando.
Luego Mitsui le pasó su hoja a Kogure.
–Están bien, pero olvidaste resolver los del reverso de la hoja– indicó Kogure luego de revisarlos.
– Eres un tonto Mitsui–se burló Hanamichi.
–¡Qué dijiste Sakuragi!– exclamó el chico de ojos azules.
–Lo que oíste tonto–contestó burlándose el pelirrojo.
– Ya cállate y continúa– regañó Akagi pegándole.
–Está bien, pero ya no me pegues- contestó lloriqueando.
Ya faltaban quince minutos para las doce de la noche y el encestador de triples le entregó hastiado la hoja con ejercicios a su revisor. Luego de revisarlo, Kogure le dijo al chico de ojos azules.
–Felicidades, está todo perfecto. Ahora vete a dormir para que mañana no tengas problemas a la hora de de levantarte.
– Por fin, hasta mañana– se despidió el número catorce mientras se acostaba en un sillón compartido con Miyagi.
–Ahora sólo faltas tú Sakuragi– anunció Akagi, perdiendo la paciencias por las respuestas incoherentes del pelirrojo.
–Todo sería distinto si pudiera estudiar con Haruko– formuló lastimosamente el número diez al hermano de la castaña.
– ¡Me rindo!– prorrumpió Akagi enfadado– Ya no puedo contigo, ¡Haruko!
– Si hermano– dijo la chica que bajaba las escaleras.
– Por favor ayúdale a este cabeza hueca, yo no puedo más– solicitó el capitán que ya estaba completamente irritado.
– Como tú digas hermano– contestó la chica sonriendo.
– ¡Haruko! Ahora si podré estudiar– exclamó feliz el pelirrojo tras lograr su objetivo.
– Ayako, cuida que este tonto no se pase de listo – ordenó el capitán a la manager.
– Como usted diga, capitán.
Por el resto de la noche Sakuragi estuvo estudiando muy entusiasmado, entendió todo lo que la chica le enseñaba.
Al día siguiente durante las clases los chicos se veían muy agotados, menos Rukawa que estaba descansado. Más tarde a la hora de entrenamiento, todos estaban muy nerviosos, ya que, cuatro de sus titulares se hallaban rindiendo los exámenes decisivos para participar del campeonato nacional, sin embargo, el suspenso acabó cuando Ayako apareció en el gimnasio anunciando el desenlace de aquella dificultad.
– ¡Han aprobado!– informó.
– ¡Bien!– exclamaron todos saltando de la felicidad.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO :D
