Un extraño sueño
Un telescopio. Ese fue el regalo que le dieron sus padres. Mientras otros pedían juguetes u otras elegantes ropas de seda, Akari era más que feliz con esto, un telescopio.
Antes pregunte que eran las estrellas para Akari, pues bien, es muy simple; ¡Es la materialización de la esperanza! Ver el cielo y apreciar la belleza natural que estos astros ofrecen no tiene precedentes. Las estrellas en esta época como en 1000 mil años atrás se ven con una luz especial; de las pocas cosas que se han mantenido prácticamente intactas en la visión de las personas, o más importante, en la de los niños. No es lo mismo crear un sentimiento a partir de algo y que este se pueda transmitir, no como idéntico, pero sí especial. Akari aún no conocía la definición de esperanza, nunca la pensó, nadie le dijo su significado, y aun así era lo que más apreciaba.
No desperdicio un momento más; se lanzó como un tigre cazando a su presa en dirección a su artilugio. Mientras tanto, sus padres solo podían observar a su hija con completa alegra, complacidos y satisfechos de haber acertado rotundamente en el regalo de este año; pero la euforia no es eterna, llega a ser tanta efímera para todos. Los padres de Akari estos momentos debían de ser preciados; Akari los necesitara.
— ¡Esto es increíble! Vengan a ver — Dijo Akari aun con el ojo puesto en la lentilla.
La noche se pasó rápido a los ojos de la niña, explicando a diestra y siniestra todos los cuerpos celestes, descubriendo diferentes aspectos como como puntos de diferentes colores; entendió rápidamente que esos puntos no eran más que planetas lejanos. Solo le confundía que no viera a Marte siendo que era el planeta más cercano junto a Venus y en su lugar vio a Júpiter, reconociéndose por el color y por una pequeña mancha en la zona inferior del planeta; era una duda que consultará después.
Era la segunda vez que le pasaba el día de hoy, pero las horas se sintieron minutos. En un abrir y cerrar de ojos ya era bastante tarde, y eso solo porque sus padres fueron permisivos en dejarla más tiempo del que debería, pero todo tiene un límite. Inmediatamente Akari se separó del telescopio, hizo un puchero para que pudiera seguir mirando, pero sus padres no lo permitieron. Poco a poco, sus pucheros se tornaron en palabras casi inaudibles, y esas palabras solo se transformaron en balbuceos; su cuerpo cada vez más y más abandonaba su cuerpo, hasta que por fin se quedó dormida.
Su madre le dio un beso en la mejilla mientras su padre solo le revolvió el cabello, ambos susurraron "buenas noches" para no despertarla y se retiraron. Tan pronto se retiraron, ambas sonrisas que acompañaron a la niña en todo momento, se desvanecieron.
— Tenemos que hablar — Dijo Tadao, el padre de Akari. Hombre de voz grave, algo corpulento, pero de un tamaño promedio, una nariz pequeña y poco profunda que heredó su hija y labios francamente finos, ojos cafés y pelo negro
— Eres un egoísta — Lya le recriminaba. Estaba atónita, 'cómo alguien puede ser tan egoísta' pensó.
— No lo entiendes — Respondió.
— ¿Que no entiendo? El hecho de este "suicidio" en el que te has metido; pero no solo te has metido a ti, ¿por lo menos has pensado en lo que nos pasara a mi o a Akari?... No, replanteo la pregunta ¡¿Has pensado en Akari en algún momento?! — Su voz se alzaba cada vez más, el silencio funerario de hace unos momentos voló en el pasado. Tadao la silenció, poniendo su dedo índice en su boca para callarla. Lya quería replicar, pero no lo hizo, pues Tadao señalaba la habitación de Akari, no quería despertar a su hija y que viera este alboroto.
— Se que estas molesta, lo entiendo, pero esto tiene solución —
— ¿así? ¿Y esa gran solución cuál es? —
— Un último trabajo — Era el colmo, quería darle una cachetada en esa mejilla por lo idiota de la idea. Su mera "misión" ya había condenado el destino de su familia. — Si logro llegar a salvo de este trabajo, todo volverá a la normalidad; de hecho será mejor que antes; nuestra familia será recompensada con un ingreso mejor y podremos pasar el resto de nuestras vidas felices sin preocuparnos de nada —
— ¿Y si fallas? — Lya no sonaba convencida solo con esos sueños, pues eran lo que son, sueños. Hasta que fueran hechos estaría seguro de sus palabras, pero no esto es de alto riesgo.
— No fallare — respondió tajante.
— ¿Y si fallas? — Reitero
— No fallare —
— ¿Y si fallas? — Por tercera vez, pero esta vez no obtuvo una terca respuesta inmediata. Tadao bajó la vista, no quería verla a los ojos, pero tenía que hacerlo.
— Si fallo... Si fallo... Estamos condenados — En ese momento Lya hubiera gritado, reclamando toda la basura que estaba pasando por sus oídos, lo estaba a punto de hacer; solo una fuerza mística lo interpuso, y se llamaba 'la seguridad mental de Akari'. No quería que Akari sintiera que sus padres pelean, ella sabe lo que se siente, que tus padres peleen sin razón, que te preguntes si esto es tu culpa o tienes alguna responsabilidad en el asunto. De la forma más paciente que pudo, se levantó del tatami, fue a su habitación y empezó a recoger sus cosas; Tadao la escucho desde la distancia.
— No puedes — Dijo. Lya simplemente ignoró sus palabras, siguió empacando sus cosas; la única preocupación en su mente era explicarle a Akari por qué van a dejar a su padre, pero le vendría algo en mente.
— Te he dicho, que no puedes —
— ¡Cállate! — Chillo, a un solo decibel de cambiar a un verdadero grito. Tadao la siguió observando por un rato y se acercó a ella — ¡No me toques! —
— Calla y escucha —
— ¡QUE TE... — No pudo continuar; en el momento en que Tadao soltaba cada palabra sus ojos se cristalizaron más y su respiración se volvía cortante. Cuando terminó su "secreto" sintió que la fuerza de sus pies y sus manos se desvanecieron de golpe. Estaba en shock, sin poder procesar lo que acababa de escuchar
— Este trabajo no es la única esperanza para mí, es para toda la familia — La frialdad de la voz solo hizo helar aún más la sangre de Lya. No sabía si reír histéricamente, llorar desconsoladamente o gritar y llamar a la policía, pero no podía, especialmente lo último.
— Eres un imbécil, un gran hijo de puta — Es lo único que alcanzo a decir, aun atónita y arrodillada en el suelo de su vestier — Mataste a nuestra familia. Mataste a nuestra familia, que te pese toda la conciencia que le queda a esa cabeza; mataste a toda nuestra familia —
— No si esto resulta —
— Ni me importa como resulte esto. Solo querías poder y ser un vago por el resto de tus días... Y nosotras... y... ¡Nos mataste! ¿Qué le diré a Akari? —
— No pasará. Por mi vida que no permitiré eso —
— Eres un hijo de puta desconsiderado, oíste. Eres...Eres...Eres...E. . . — No se levantó del suelo, y su mirada ya no mostraba algún signo de emoción, excepto una parte, sus ojos. Era un hecho, no podía escapar y si su "esposo" fallaba en su cometido no sólo condenará su propia vida. Solo pensaba en Akari en esos momentos, condenandose por los errores que cometió al estar con este hombre. En ese momento incluso pensó en dejar a Akari en adopción y que sus padres lidiaran con este gigantesco problema en el que se han envuelto, pero ni siquiera esa era una opción.
El "secreto" que dejó su esposo destruyó toda la esperanza que tenía; no, esa era una gran mentira, nunca tuvo esperanza en su vida. Akari, es lo único que pensaba y cómo protegerla. Se levantó del suelo; Tadao estaba parado con los brazos cruzados; se notaba un poco de lágrimas en sus ojos, lágrimas silenciosas que ella no escuchó caer, pero eso no le importaba, no le importaba su lástima, no sentía pena y sería deshonroso que lo sintiera, para mantener el poco orgullo que le quedaba.
El resto de la noche no se pasaron más palabras. Tadao volvió a la sala principal a estudiar lo que parecían unos planos de una estructura local mientras que Lya intentaba conciliar el sueño, pero no podía, no pudo dormir en toda la noche.
Tras esa noche, la familia Kibo digamos que se "desmorono". La misión que tenía el padre de Akari fue efectuada y obligado a abandonar a su familia antes de lo previsto.
— ¿En serio te tienes que ir? — Dijo Akari con los ojos cristalizados. Ella no frecuentaba ver a su padre por su trabajo y no duró más de 24 horas hasta que tuvo que volver a irse.
— Lo siento, pero no puedo quedarme por mucho tiempo. Solo pude venir por tu cumpleaños —
— Pero prometiste que te quedarías por lo menos dos días — Y era cierto, eso solo llevo a una mayor desilusión
— De verdad lo siento, pero se presentaron unos... "Factores" que me obligaron a retomar mi puesto — Enfatizó en la palabra y dio una breve mirada a la madre de la niña que lo seguía mirando de forma impasible.
Le fue algo difícil soltar a su hija, estaba como chicle pegada a su gran mano, impidiendo el avance. Se lo estaba poniendo duro pero solo fue un pequeño jalón sutil para retirarla.
— Volveré en unos meses — 'Si es que todo sale bien'.
— Solo... Asegúrate de volver — No dijo nada más Lya y se dispuso a agarrar a Akari entre brazos y cerrar la puerta, dejando en la calle a Tadao que se quedó mirando la casa por unos instantes solo para emprender su rumbo.
— Okāsan, ¿Tu y Otōsan se están peleando? — La pregunta obviamente descolocó a Lya. En cierto punto, le aterraba la perspicacia de su hija. Se enteraba de todo a su alrededor en segundos; no tenía idea de donde adquirió esa habilidad, y, en cierto punto, era bastante contraproducente para mantener secretos
— So-Solo... Solo me enoja la situación, no debería abandonarte de esta manera —
— ¿y de ti? —
— No importa — Dijo, solo para agarrar a Akari y brindarle un abrazo; la estrujaba como un oso de felpa a un niño pobre — No importa —
— ¡M-Mama, me estrujas! — Chilló la niña.
El tiempo pasó lento para todos, fueron dos meses desde el cumpleaños de Akari y su padre no regresaba. El problema no estaba ahí, es que tampoco se supo su paradero. Akari le pidió a su madre de todas las maneras posibles que se comunicara con el trabajo de su padre, pero la respuesta es siempre la misma: 'Lo siento mi cielo, pero eso es imposible. Sabes que el trabajo no permite el contacto ni siquiera de nosotras'; llegados a un punto parecía disco rayado.
Pero, no hay que perder la esperanza; más bien, deberíamos concentrarnos en el lado positivo.
Desde el día de su cumpleaños, Akari visitaba el local de Miyu de forma diaria. Todos los días, después de la escuela iba a la tienda a pasar tiempo con la anciana o jugar con la espada (actividad que no le gustaba a su madre y se lo recordaba, pero no metió mano dura en el asunto). Miyu estaba siempre al margen de sus visitas diarias; de hecho, hasta cierto punto la complace de sobremanera.
Desde el principio la anciana le vio el talento a la niña, talento que no lo iba a desperdiciar. Aunque no pudiera enseñarle de forma adecuada, le empezó a mostrar posturas y conceptos básicos de la esgrima en su estadía; le enseñaba libros, le corregía la posición del cuerpo todo el tiempo y le daba consejos e historias para tener referencias al futuro.
Por su parte, Akari lo veía más como un juego que tenía con la señora. En cierto punto, se quejaba de lo estricto que podía ser Miyu cuando se refiere a maniobrar una espada; la señora, por su parte, simplemente se excusaba de la pasión que le transmitía la espada la hacía recordar a su juventud y solo quería que fuera la mejor versión de sí misma. Akari le creía, que a diferencia de su madre que muchas de las preguntas que le hacía eran vacías y mentiras (en especial cuando el tema central era su padre), podía saber que, en mayor o menor medida, Miyu decía la verdad.
Fue un mes de práctica y práctica, la mayor parte de improvisación, pero sin perder la elegancia. Un día, uno de los contados clientes de Miyu se presentó en una de las sesiones de "inconsciencia" de la niña, viéndola bailar como la espada era una extensión de su cuerpo. El cliente estaba maravillado de sus movimientos, era un verdadero espectáculo.
— Wow, la chiquilla es buena —
— Tienes razón —
— ¿Quién le enseñó? —
— Podría decir que yo, pero solo le he dado una guía de lo que está haciendo. De hecho, esto es improvisación de ella —
— Increíble. Solo digo, parece ver un show de baile. Solo digo, si esa niña tuviera su propio espectáculo le iría bien —
— Hum... — A raíz de esta conversación, la anciana maquinó una idea no tan descabellada y beneficiosa para todos.
Los fines de semana, frecuentes en la visita de Akari, le dio una interesante idea.
— Akari, se me ocurrió una fantástica idea. Qué te parece si utilizas el entrenamiento de otra manera —
— ¿Otra manera? — Espeto la pequeña
— Tienes que reconocer que tus movimientos son atractivos a simple vista. Qué te parece si todos los fines de semana montamos un show para que puedas mostrar ese talento que tienes —
— ¡¿De verdad?! — Experto con una gran sonrisa y ojos ilusionados.
— De verdad. Podría buscar en mi almacén una espada de madera para aficionados y tu puedas presentar tu show; Debe estar desgastada, pero es mucho mejor a usar un palo como práctico —
— ¡Gracias, Gracias, Gracias! — Se abalanzó sobre la señora, olvidando por completo a quien se abalanzaba. Miyu pudo recuperar el equilibrio por poco pero no le preocupo en lo absoluto, no podía cuando veía esa tierna sonrisa tallada en su rostro; una lástima que no la muestre tan seguido.
Desde ese día, Akari practicó más de lo que cualquiera imagino; no se limitaba en el lugar. Para ella dejó de ser tanto un juego (lo era, claro está) para pasar a algo impactante, un espectáculo en todo el sentido de la palabra.
El rumor de una niña espadachín se corrió como humo por todo el pueblo, llamando la atención de propios y extraños. Era algo no visto que una niña de tan solo 7 años manejara la espada como una profesional y se tenía que confirmar con los ojos. Ver la cara de estupefacción y asombro de los clientes al ver su habilidad; algo que no llamaría de sobremanera la atención era apreciado de una forma hermosa.
Miyu también estaba más que complacida, pues en una parte le llenaba de orgullo ver a su "nieta" ser halagada por múltiples elogios... Y también por la tienda. Desde que Akari empezó con los espectáculos, la tienda se volvió más concurrida; aun manteniendo la esencia arcaica que tanto caracteriza la venta de señoras con elementos de una generación pasada, pero también decir que si fuera por todas las personas que se interesaron por el show se haría con un dinero importante (no se crean una exagerada cifra, pues rondaba entre las 50 a 70 personas estando todos los interesados).
Akari vivía una vida de rosas, lo tenía todo y más; tal vez la espina de su padre y el estar peleado con su madre era algo negativo, también la falta de amigos de su edad, que ya no frecuentaba jugar tanto con ellos, pero eso no le importo en el momento e ignorar lo feliz que se sentía por las cosas que le pasaban. Todo era bien, tan bien, que se veía a kilómetros la desgracia.
Fue una noche como cualquiera. Akari se quedó otra vez en vela jugando con su telescopio; por fin pudo visualizar a Marte y comparar la distancia con Júpiter. Se notaba que era un poquito, pero por muy poco más grande que Júpiter, pero no de una forma escandalosa; también hay que tener en cuenta su diferencia de tamaños.
La verdad la única desventaja de quedarse en vela (que era todos los días) era las quejas reiterativas de su madre. Si no usaba el telescopio era por practicar con un palo de escoba su esgrima; era bastante seguido y puede que su madre ya empiece a pensar en un posible castigo; solo rezara que su intuición fallara por una vez en su vida.
No había notado lo cansada que estaba; en el momento en que puso su cara en la almohada su cuerpo cayó inconsciente en un profundo sueño.
El sueño era algo extraño: Akari despertó en un lugar extraño; analizando en retrospectiva el lugar parecía ser la habitación de un hospital, pero no lo era como tal. Vio su alrededor, nada fuera de lugar; reloj de pared, ventanas grandes sin alguna persiana que impidiera la potente luz del sol que resplandecía a lo alto y cortinas que impedían la visualización de las camas de otros pacientes.
'debe ser un sueño... Pero qué sueño más extraño' Pensó. Sin perder más el tiempo se dispuso a moverse cuando de pronto, todo su cuerpo le dolía, pero no era un dolor ordinario. Akari no sabía cómo llamar a esta clase de dolor, es el más intenso que había sentido nunca. Intento gritar de dolor, pero lo único que consiguió fue escupir sangre, restregándose por toda su cama. Solo fue un movimiento, el más ligero de estos y la puso en un punto en el que quería gemir de puro dolor (pero ni eso podía hacer, o esto sería peor). No sabía qué hacer, solo podía concentrarse en una tortura que se autoimpone su propio cuerpo sin razón aparente. '¡E-Es-To UN SUE... ¡NYAHH!' No pensaba con claridad.
No lo había notado, pero vio a una persona. Solo sabía que había una persona ahí, que se notaba agitada. Con el rabillo del ojo pudo observar haciendo una serie de procedimientos; parecía que le iba inyectar una droga. No le importo en lo absoluto, solo chillaba desde adentro desconsoladamente para calmar su penuria. La extraña silueta se la introdujo, apenas si se sintió; pero valió completamente la pena, pues su cuerpo, y por consiguiente su sufrimiento, se hacían cada vez más y más pequeño; todo su cuerpo se entumece y solamente se sumergió de nuevo a un mundo de fantasía.
Recobro la memoria, despertando en un lugar diferente a un hospital. Se detuvo por un momento, no quería hacer el mínimo, pues tenía en su recuerdo el dolor sufrido por el mínimo movimiento. Se sintió tan real, fue una tortura total. Ya no estaba segura si estaba despierta, literalmente era el sueño de un sueño; solo el hecho de pensarlo es bastante alocado.
— Qué extraño — murmuró para sí misma.
— Miau— Akari salto del sobresalto en lo que parecido el maullido de un gato. Giro frenéticamente su cabeza para encontrar al animal; ni fue hasta que el mismo animal se posó sobre sus pies que pudo verlo.
El gato era interesante: era un gato negro, tenía unos ojos amarillos de ondulación profunda y sus bigotes eran apenas visibles por lo blanco que eran; eso es interesante, sin embargo, lo que de verdad le llamó la atención fue el hecho que estaba empapado.
— Pobrecito, debió de mojarse en la lluvia... De mi mente — dijo Akari para sí misma, recordando que este no era un gato normal, era un de su propia fantasía.
A pesar que el gato estaba derramando lo que parecían litros de agua por su cuerpo, no se sentía que el traje de hospital en el que venía vestida Akari se sintiera mojada.
Retiro al gato. Para su desgracia, vio que el gato si la había mojado por todo el kimono que traía puesto (sabrá Kami el porqué del kimono, cosas del sueño). Intentó secarse con las manos, pero fue en vano, el agua estaba bastante profunda.
Akari intentó buscar al gato, pero no lo encontró por ningún lado; no fue hasta que escuchó el maullido desde arriba que lo localizó.
— ¡AUGH! ¡Gato malo! — Chillo. El gato se posó sobre su cabeza, cuando la niña elevo la vista, el gato se aferró al pelo de Akari. Lo peor no era eso, es que continuaba mojado y volvía nada a Akari. El agua caía como una cascada desde su cabeza, pasando por su rostro cubierto de agua y terminando por su kimono arruinado.
— Gracias, gato — Dijo sarcásticamente. No entendía el significado de esto, pues aún seguía siendo un sueño. Por fin pudo agarrar al gato del cuerpo; puso sus manos al frente y lo observó. El gato volvió a maullar, simpatizaba con Akari. De pronto, el gato empezó a llorar; ¿en qué momento empezó a llorar? Lo hizo tan natural como sonreír, pero eso la perturbó; no por ver a un gato llorando, es que parecía humano.
Sus ojos... Esos ojos cafés profundos reflejados es su... Un momento, ¿los ojos del gato no eran amarillos?
Una bruma rodeo el lugar, no se pudo ver nada durante un tiempo. El escenario cambió, y era oscuridad, nada más que oscuridad, excepto por algo. El único elemento que se mostraba era un espejo con un poco de luz; era lo suficiente para poder ser distinguido. Akari se acercó cada vez más y más; temerosa de lo nuevo que podría ofrecer este catastrófico sueño.
Llegó al espejo, pero lo que vio no era su cara. Era una chica, una adolescente bastante joven, debía de tener menos de 15 años. Llevaba una especie rara de gokuran, apoyada con lo que parece una chaqueta degradada de color turquesa y morado. Llevaba la funda de una espada en el lado izquierdo de su uniforme, además de usar unas zapatillas blancas sobre unas sandalias negro con las cintas grisáceas. Estaba algo pálida y sus ojos... Eran enternecedores, pero daban miedo; ocultaban una falsa inocencia que perturbaba la espina dorsal; tampoco ayudaba el hecho de tener unas pequeñas orejeras sobre ellos. Su cabello era corto, de color castaño suelto lo que pareció gracioso, pues llevaba lo que parecía ser un haori de estilo mariposa en el lado derecho posterior de su cabello.
Era interesante a la vista, en cierto modo era bonita a los ojos de Akari. Se acercó aún más al espejo, el reflejo también; levantó su mano para saludar, el espejo también, además de dibujarle una pequeña sonrisa en el rostro; pero, esa misma sonrisa, esa sonrisa la siente Akari en su cara. Pone su mano sobre el reflejo y este la imita.
'Pues claro, es un espejo' Pensó. La miró aún más, le atraía bastante. Se rasco la cabeza, tenía sus dudas, pero pensó que solo era un resultado del sueño. Siguió repitiendo movimientos y muecas al espejo, siempre mirándola; le resultaba extraño que esa extraña chica hiciera todo lo que ella hacía.
La siguió observando, y la vio, y la vio... Y la vio aún más. 'Y si... En verdad soy yo' Mientras más lo pensaba, más le hacía sentido ese pensamiento. La forma de su rostro, el color de ojos y cabello, el usar una espada, ¿esa era la imagen que ella quería tener cuando creciera? Tal vez con algunos detalles, nunca fue fanática de las mariposas, pero tampoco se veía del todo feo.
Se quedó observando por lo que parecían ser horas. Cada detalle, cada accesorio que traía consigo; le enamoraba esa versión.
'Cuando sea grande, tal vez pueda usar algo como eso en mis espectáculos. Tal vez dormir más, pero Okāsan también las tiene. Tal vez esas ojeras se adquieren con la edad... Tal vez. Miyu- Bāchan también las tiene, pero ella tiene arrugas como esa por toda su cara' Se dijo a sus propios pensamientos.
De un momento a otro, en un parpadeo, el espejo desapareció; y con él, la luz. Estaba completamente oscuro. Akari abrió más los ojos, estaba sorprendida por lo que acababa de pasar y no podía ver nada. Cerró los ojos, cuando intento abrirlos de nuevo, se sentía pesado, muy pesado. Su cuerpo estaba entumecido y estaba muy cansada.
Abrió los ojos, estaba en su habitación. 'E-Estoy despierta', se pellizcó el brazo para confirmarlo.
— ¡Aich! Duele — Sí, sin duda estaba despierta, pero no volvería a hacer eso de nuevo. En un rápido pensamiento, fue a mirarse en un espejo; ya no estaba esa extraña chica (para su desilusión). Dio un fuerte suspiro de resignación y se dirigió a su cama, pero de pronto escuchó unos murmullos en la sala. No sabía qué hora era, pero tenía la sensación que no era específicamente temprano.
Los murmullos eran inaudibles, no podía saber de qué se trataba la conversación y eso le generó curiosidad. Iba a abrir la puerta, pero un extraño escalofrío recorrió su espalda. De un momento a otro, sintió vacío y miedo. Tragó saliva, pues su curiosidad era mayor al miedo que sentía.
Ese miedo producido era su instinto, gritando desesperadamente que se abstuviera de ir, porque lo único que podía sentir su instinto solo se podía definir con una palabra: Muerte.
Uno quiere ser constantes en esta vida pero el colegio no deja. Esos profesores son unos vagos, nos ponen a hacer como tres escritos filosóficos por dia y nos tenemos que tragar esa mierda; se aprovechan de la cuarentena. En fin, esa es una de las razones por las que actualizo despues de mucho tiempo. Este capítulo lo iba a subir el sabado pero... ¡La casa de papel estaba re-chimba!
Si lo comparas con el otro cap, este quedo algo corto. Espero que sean de mas o menos esta longitud, asi podre ser más activo e intentar subir un capitulo semanal o cuando se me salen del tronco de abajo.
En fin, espero que esten sanos todos y cada uno de los que lee esto. Como ya dije, intentaré ser más activo en mi escritura.
Dejenme reviews, likes, recomendaciones, sugerencias, lo que sea que eso motiva muchisimo.
Hasta la próxima
