– ¿Qué haces aquí, desgraciado?–inquirió Kurenai incorporándose y encarando al chico quien no retrocedió ni un ápice.

– He venido a hablar con Hinata.

– ¿Co–como me has encontrado? –murmuró la chica poniéndose en pie lentamente, presa del pánico.

– Ahora te lo explicaré. Pero necesito hablar contigo. A solas –añadió mirando al matrimonio.

Asuma no dijo nada, pero Kurenai echaba chispas.

– Si, seguro. ¿Para que, ¿eh? ¿Para acabar de joderle la vida? ¿Quién sabe lo que le harás si os dejo solos? –espetó poniéndose delante de Hinata.

– Señora… –murmuró Naruto con gesto grave. – Acepto cualquier cosa, pero no se atreva a insinuar que le pondría una mano encima a Hinata. Jamás le haría daño.

– ¿Ah no? ¿Y que llevas haciendo durante tres años, desgraciado?

– Eso es de lo que he venido a hablar con ella. Hinata, por favor –suplicó mirando a la chica– Dame cinco minutos. Tan solo cinco minutos. Si después de que hablemos nada cambia te… Te prometo que yo también solicitaré el divorcio –sentenció. Kurenai bufó.

– Déjate de mentiras. Ya es suficiente. ¿No ves lo que le has hecho? No eres más que…

– Dejadnos a solas, por favor.

La voz de Hinata detuvo la sarta de insultos que Kurenai pretendía escupirle al rubio para hacer que se girase incrédula hacia la chica.

– Hinata… ¿Estás segura, cielo? Yo…

– Si. Lo estoy.

– Está bien. Hay… Ya sabes. Hay un intercomunicador. Por si sucede cualquier problema, ya sabes, que conecta con el piso de abajo. No dudes en usarlo y vendremos corriendo – aseguró la mujer en tanto que fulminaba a Naruto con la mirada.

Asuma la tomó de la mano y miró de soslayo a Hinata. Esta solo asintió con la cabeza. Instantes después se quedaban solos.

– ¿Cómo has sabido que estaba aquí? – preguntó de nuevo Hinata, antes de que Naruto pudiese abrir la boca.

– Este lugar es el sitio de las fotos. Las que me enviaron hace tres años. No me fue difícil imaginar que vendrías aquí – explicó Naruto en tanto que Hinata parpadeaba atolondrada.

– Claro. Porque soy una puta que ha venido a consolarse nada más saber que su marido no le concederá el divorcio. Por supuesto – soltó con acritud.

– No. Claro que no. Porque aquí viven las dos únicas personas en las que confías. Y que regenten un local de alterne no es un impedimento para que los quieras tanto como ellos a ti – explicó Naruto con la voz tomada, en tanto que la boca de Hinata se abría formando una circunferencia perfecta.

– Tú… Pero…

– Por esto – respondió Naruto a su pregunta no formulada, sacando un pequeño libro del interior de su chaqueta. Hinata se llevó las manos a la boca ahogando un chillido.

– Mi diario – susurró entrecortadamente.


6 de Junio 2009

"Papá se horrorizaría si llegase a saber de mi amistad con Kurenai. Por más que intentase explicarle que ella no es una proxeneta no me creería. Reconozco que, al principio, yo también tuve mis dudas. Pero tras tu muerte y encontrar tus viejos diarios quise conocer a esa persona a quien tanto apreciabas y de la que siempre lamentaste perder su amistad al casarte con papá. Kurenai me presentó a las chicas y chicos que trabajan con ella. Evidentemente no es su vida soñada, pero son felices de estar bajo el cuidado de Kurenai y su marido, Asuma. Nadie está ahí obligado, y todos tienen sus pasaportes en regla y contratos de trabajo. Evidentemente como camareros, bailarines etc etc. Todos me han dicho que Kurenai es buena. A pesar de ser su negocio si ve una oportunidad para alguno de salir de eso les empuja a tomarla. Les ayuda como buenamente puede. Trabajan con quien quieren, no les obligan a hacer nada que no deseen.

Quiero seguir conociéndola. Echo tanto de menos a mamá… Y aunque ella es irremplazable, ayer, cuando Kurenai me preparó un chocolate caliente y me empezó a preguntar acerca de las clases, si me gustaba algún chico… No sé. Sentí un calorcito en el corazón. Muy parecido a cuando me abrazabas antes de dormir.

14 de Septiembre 2010

Kurenai insiste en que tendría que echarme un novio. Que ya estoy en edad. Asuma solo niega con la cabeza y dice que aún soy muy joven. Son como una familia para mí. De mamá he escrito mucho aquí. No tanto de papá. Él… Bueno. Creo que me quiere. Pero tener que escribir "creo" denota que no lo demuestra mucho. El sólo piensa en la empresa, en los negocios, en que nuestro estatus se mantenga en lo más alto. A pesar de llevar tanto tiempo visitando a Asuma y Kurenai papá sigue sin saberlo. Tampoco Hanabi ni Neji. No puedo arriesgarme a que nadie lo sepa. Si papá se entera… Me da igual lo que podría pasarme, pero me da miedo lo que podría hacerles a Kurenai y Asuma con todo el poder que tiene.

¡Ah! Lo cierto es que no fui del todo sincera con Kurenai… Si hay una persona que me gusta. Pero no se lo he dicho porque insistiría en que me acercase a él y lo conociese y se que no tengo posibilidades. Jamás reparará en mi. Es el hijo de un importante empresario, amigo de papá, así que le conozco desde hace tiempo, aunque apenas hemos llegado a hablar. Sólo a ti te diré su nombre, mamá, aunque seguro que ya lo sabías: Naruto. Naruto Namikaze.

10 de Noviembre 2011

Ya te lo había mencionado antes mamá, pero lo repito de nuevo: ¡Voy a casarme con Naruto! Creo que puedo morir de felicidad.

Pero… Kurenai y Asuma no se lo han tomado muy bien. Aunque ambos saben que estoy enamorada de él desde hace muchísimo tiempo, no creen que sea buena idea que nos comprometamos así, sin conocernos. Entiendo sus dudas, claro que si. Pero siempre he observado a Naruto desde lejos. Es bueno, mamá. Se que lo sabes. Es alegre y divertido. Espontáneo con todo el mundo. Siempre usa esa expresión… ¡Dattebayó! Te parecerá estúpido, propio de una niña, pero me encanta cuando la pronuncia. Entonces se le dibuja una expresión muy graciosa en la cara.

Se que nada puede ir mal a partir de ahora, mamá. Tu vas a estarme cuidando, ¡estoy segura dattebayó!

PD: No he podido contenerme.

13 de Agosto 2012

Hablarte de esto, mamá, me resulta sumamente vergonzoso. Pero imagino que ya lo sabes, así que…

He ido a casa de Kurenai a pedirle consejos sobre sexo. Resulta humillante, lo sé. Pero llevamos cinco meses casados y aún no hemos hecho nada. Y es culpa mía porque me pongo absolutamente nerviosa. Naruto es guapo, atractivo… Seguro que ha estado con otras chicas antes. ¿Y si le decepciono? ¿Y si no le gusto? Él lo ha intentado y me siento fatal, porque siempre le rehuyo con cualquier excusa. Pero no te imaginas el miedo que me da mamá. Al habernos casado así, sin conocernos apenas, no creo que Naruto me quiera como yo a él. Me asusta hacerlo mal y que eso haga que me desprecie. No podría soportarlo.

Kurenai se ha reído de lo lindo conmigo, pero me ha dado unos consejos muy útiles. Naruto volverá la semana que viene de Nueva York y cuando llegue olvidaré mi timidez y mis miedos. Quiero que seamos felices, como él dijo.

PD: Asuma me ha regañado al despedirnos, porque últimamente les visito poco. Desde que me he casado con Naruto la gente está mucho más pendiente de mí y temo que me descubran. Ha dicho que lo entiende pero que a ver si me doy cuenta de que para ellos yo soy más importante que cualquier otra cosa, así que debería olvidarme de tantas precauciones. Me ha hecho tan feliz que he saltado a darle un abrazo y comérmelo a besos.

29 de Septiembre 2012

Estoy completamente rota, mamá. De pronto un sin fin de cosas terribles han pasado una tras otra. A lo de la foto que esa mujer le envió a Naruto tengo que sumar los cuchicheos que he oído por ahí. Al parecer alguien me vio entrando en el local de Asuma y Kurenai. Me llaman… Me llaman puta, mamá. Susurran a mis espaldas, pero se aseguran de que pueda oírlo. Que soy una zorra bien vestida. Una ramera barata que me casé con Naruto por su dinero, pero… Que en realidad soy una viciosa. Y te juro que me muero por gritar, por callarles la boca. Pero eso pondría en peligro a Kurenai y Asuma. Papá no ha debido de enterarse. Me imagino que nadie se atreve a irle con ese cuento por temor a las represalias. Pero se desquitan conmigo.

Naruto tampoco debe saberlo… Sino supongo que me habría enfrentado. Aunque eso da igual. Después de lo de anoche…

¡Ay, mamá! Llevo dos horas intentando escribir esto porque las lágrimas no me dejan ver bien. Pero tengo que contarlo. Necesito vaciarme de alguna forma o explotaré.

Después del mensaje de esa tal Shion… No sabía que hacer. No podía arriesgarme a ir a casa de Kurenai a pedirle consejo y, si bien podía llamarla, no quería contarle lo que había visto. Quise creer que Naruto no había podido contenerse. Kurenai siempre dice que muchos de los hombres y mujeres que van a su negocio no lo hacen porque sean infieles verdaderamente, sino porque en casa no obtienen lo que necesitan. Imaginé que algo así era lo que le había pasado a Naruto.

Debes de estar horrorizada, mamá. Convertida en una mujer sumisa, que aguanta una infidelidad de su marido y no hace nada, directamente sacada de la edad media. Pero aún me aferraba a la posibilidad de ser felices juntos. Porque sentía que los ojos de Naruto no mentían ese día. Así que intenté encauzarlo todo de nuevo, como si lo de esa mujer no hubiese pasado. Hacer el amor con Naruto, y hacerle ver mis sentimientos. Después de eso… Después de eso pretendía hablarle de esa mujer. Conocer sus sentimientos hacia ella. Saber porque se había acostado con ella. Y, a partir de eso, tomar una decisión acerca de mi matrimonio con él. ¡Ojalá lo hubiese hablado primero!

Anoche se dio una fiesta. Me arreglé mejor que de costumbre. Naruto apenas me dedicó una mirada, lo mismo desde que llegó. Ignoré los comentarios viperinos y puse mi mejor sonrisa. Intenté disfrutar de lo que podría ser mi última noche de fiesta como esposa de Naruto. Él bebió mucho. Me pareció verlo coquetear con algunas chicas y me hirvió la sangre como nunca antes, mamá. Pero me contuve. Para poder ser felices juntos.

Cuando el chofer nos dejó en casa Naruto apenas podía mantenerse en pie. Por primera vez desde que llegó me acerqué a él y se apoyó en mí hasta que llegamos y lo ayudé a tumbarse en la cama.

Fui al lavabo un momento y, al volver, se había quitado los zapatos y dormía a pierna suelta. Me tumbé a su lado y le abracé. No se en que momento me dormí.

Cuando desperté Naruto me estaba besando. Todo estaba oscuro, no se bien si estaba completamente despierto. Pero me sentí más segura que nunca. Desabroché su camisa y el tironeó de los lazos de mi vestido hasta que pude sacármelo. Me besaba por todas partes, con tanta pasión… Creí que me iba a morir.

Recordé lo que Kurenai me había enseñado e hice lo mismo con él. Nos abrazamos, desnudos, besándonos sin parar. No se en que momento pasó exactamente, pero de pronto estaba dentro de mi. Fue doloroso, y tuve que aguantarme para no gritar. Naruto comenzó a ir más despacio. No toqué el cielo, como aseguran que se siente, pero fue hermoso. Le tenía entre mis brazos, dentro de mí ser. El corazón me latía sin parar y comencé a gemir sin darme cuenta. Naruto también. Aceleró y mis gemidos se volvieron gritos hasta que…

Hasta que dijo: "Shion, Shion. Hazme olvidar."

Todo se rompió en ese momento, mamá. Solté un jadeo porque me quedé sin aire al oírle decir eso y él terminó.

Se quedó dormido y yo me fui al cuarto de invitados a llorar. Lo único que se hacer últimamente.

"Olvidar" Olvidar que está casado con alguien a quien no ama. Que es una sosa, que no deja que la toquen…

Esta mañana he sido incapaz de mirarle. Se acercó a mí antes de salir para la empresa. Tenía un gesto raro. Parecía asustado. Creo que iba a tomarme de la mano, pero me di la vuelta y salí a refugiarme a la biblioteca.

Le he estado dando mil vueltas y he llegado a una conclusión. No voy a divorciarme. No hasta que él me lo pida. Para poder preguntarle, cuando lo haga, sus motivos. Y saber que responde. No voy a divorciarme porque no pienso allanarle el camino, facilitarle las cosas. Tendrá que enfrentarse a mí y decirme que no pensaba realmente que fuésemos a ser felices. Que era una vil mentira porque no tenía más opción. No creo que tarde demasiado, de todas formas.

Y supongo, mamá, que a ti no te puedo mentir. Lo que más me duele. Lo que más hace que me odie a mi misma es… Que no quiero divorciarme porque le amo.


Hinata estaba estática. Naruto lo sabía todo. Había leído su diario, sin su permiso, y lo sabía todo. Le arrebató el cuaderno de las manos, protegiéndolo entre sus brazos. Era una chorrada hacerlo a esas alturas, pero no podía creerse que su parte más privada, los anhelos y pesares de su corazón, se hubiesen visto expuestos de esa manera.

– Hinata… ¿Por qué no me lo dijiste? – preguntó Naruto con la voz rota.

– Lo has leído, ya lo sabes – contestó ella agria.

– No. No volviste a escribir nada más desde la vez que nos viste a Sakura y a mi saliendo del hotel – dijo con una mueca parecida a la molestia. – Así que no se porqué no me dijiste nada aquel día, cuando discutimos en el desayuno. ¿Por qué no me explicaste quien era el hombre de las fotografías? ¿Tu amistad con ellos?

– ¿Me habrías creído? – inquirió Hinata sarcástica.

– Tenías el diario – apuntó él.

– Tú mismo te das la respuesta. Necesitarías el diario para confiar en mí. Pero… ¿Y si nunca lo hubiese escrito? ¿Si me lo hubiese guardado todo? Yo no tendría pruebas y tú no estarías aquí ahora mismo.

– Es cierto. Pero lo hiciste, Hinata. Lo escribiste. Y eso puede servir para…

– ¿Para qué? Nada cambia estos tres años, Naruto – susurró firme, aunque sus ojos se veían infinitamente tristes. – Nada cambia que no me diste ni un voto de confianza y te acostaste con otra en la primera oportunidad. Nada cambia que… Que la primera vez que hice el amor… Mi marido susurró el nombre de otra – ahí se quebró y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. – Nada cambia que, impotente, estuve con otro hombre mientras… Mientras pensaba en ti.

– Hinata…

– Eso no lo pone en el diario, a lo mejor no me crees – masculló secándose las lágrimas de un manotazo.

– Hinata, Hinata… Dios. Lo siento tanto. Jamás me perdonaré lo que te he hecho. Como hice que te sintieses en ese momento. Algo que tenía que ser especial…– Naruto se había roto también. Estaba llorando – Pero hay algo que sé con seguridad. Nunca quise a Shion. Y no quería que me hiciese olvidarte. Bueno si, pero no como crees. Estaba cegado por el dolor. Creí que me habías engañado y ella… Ella se parece a ti – Hinata hizo una mueca de asco que, de no ser por las circunstancias, le habría hecho reír – No cómo tu crees. Físicamente. Su cara. El caso es que me recordaba a ti. Por eso me acosté con ella. Quería que me hiciese olvidar, pero no quería olvidarte. Cuando volví estaba destrozado. No sabía que hacer. ¿Crees que no pensé en el divorcio? Pero no te dije nada por los mismos motivos que tú. Porque, en realidad, no era lo que deseaba en el fondo del alma. Deseaba que fuésemos felices juntos. Nunca mentí en eso, Hinata. Pero no sabía como acercarme a ti. Estaba dolido y me habías rechazado tantas veces antes… Aquella noche recuerdo haberme despertado soñando que estaba contigo. Por eso te hice el amor. Te lo estaba haciendo a ti. Pero de pronto… Estaba borracho y me di cuenta, aunque me equivocaba, de que era imposible que fueses tú. Por eso te llamé Shion. Por eso te dije que me hicieses olvidar. Pero no quería olvidarme de ti. Sino olvidar que no estaba contigo. Que no eras tú, aunque al final resultase así. A la mañana siguiente caí en la cuenta. Estaba muy asustado pensando en como te habría podido tratar al haberme confundido de persona. Recordaba tu gemido y creí que había sido muy brusco. No pensé que fuese porque tú nunca… Dios. De haberlo sabido en ese mismo momento me habría puesto de rodillas delante de ti y te habría pedido que me matases si eso compensaba el daño que hubiese podido hacerte.

Cuando Naruto terminó de hablar ambos parecían sin fuerzas. Ya no quedaban lágrimas ni ánimos para reproches. Todo había sido un malentendido. Un terrible error que había empujado al desastre lo que podría haber sido una hermosa historia.

– Te creo – murmuró Hinata un rato después. Los ojos de Naruto resplandecieron. – Pero eso no va a cambiar lo que nos ha pasado Naruto. El daño que nos hemos hecho. No confiaste en mi y no te culpo, no me conocías. Pero ya no hay nada que podamos hacer – finalizó en un susurro desplomándose en el sofá y enterrando el rostro entre las piernas.

Tras un instante de duda Naruto tomó asiento, lentamente, a su lado.

– No quiero que nos divorciemos – le dijo quedamente mientras, despacio, pasaba una mano por el pelo de la chica. Hinata se estremeció notablemente.

– Na- Naruto… Por favor…– suplicó ella sin levantar el rostro, con la voz ahogada.

– Te quiero


Libre, por fin. El momento en que estampó su firma en el documento de divorcio sintió que un peso desaparecía de su pecho.

Había transcurrido dos semanas desde aquello y casi cuatro desde la conversación con su exmarido en casa de Kurenai.

Tres años. Habían sido necesario tres años, infidelidades y mentiras para escuchar de los labios de Naruto las palabras que siempre había deseado oír.

Sin embargo, en lugar de alegría, un sentimiento entre pena y nostalgia se apoderó de ella. Añoranza de la imagen que las palabras de Naruto le habían transmitido. Una pareja abrazada mientras dormía. Dos jóvenes desayunando juntos tras la ducha. Un hombre rubio susurrando "Hinata, Hinata" mientras hacía el amor a su esposa. Pero era una quimera. Habían sufrido demasiado, los dos. Era demasiado tarde para que un "te quiero" pudiese recomponerlo todo.

Y así se lo hizo saber a él.

Naruto estaba completamente devastado.

Hinata le entendía. Estaba pasando por la misma fase que ella cuando descubrió lo de Shion. La esperanza de poder arreglar las cosas costase lo que costase.

Asuma y Kurenai, demasiado angustiados, habían subido viendo que el tiempo pasaba y Hinata seguía allí con Naruto. Se quedaron mudos al ver a la pareja abrazada en el sofá. Pero era otra de esas imágenes que nunca conformarían su auténtica realidad. Porque en ese abrazo Hinata perdonaba a Naruto mientras él intentaba aferrarse desesperadamente a ella, negándose a perderla.

Qué injusto puede ser el destino. De tan sólo haber Naruto preguntado cuando recibió las fotos, de tan solo haber hablado Hinata cuando supo lo de Shion… Las cosas habrían sido muy diferentes. Pero habían dejado que pasasen tres años. Tres años con Naruto acostándose con su mujer para no gritar y perder la cordura. Tres años en los que Hinata perdió poco a poco su dulzura y amabilidad, para convertirse en una mujer rota por dentro. Tres años en los que se engañaron, el uno al otro. Tres años en los que habían permanecido lejos a pesar de estar tan cerca. A pesar de que en sus corazones tan sólo deseasen estar cerca.

Ambos se habían equivocado y, por muy romántica que pudiese parecer la idea de perdonarse sus errores y darse otra oportunidad, la vida no era tan sencilla.


Se encontraba tomando algo en una cafetería del centro, disfrutando de la deliciosa sensación que le proporcionaba el saberse al mando de su destino.

Más allá de la firma del divorcio, no había vuelto a ver a Naruto. La casa que habían compartido, aquella que nunca llegó a ser un hogar, se había puesto en venta junto con todo su contenido. Cada uno había ido, por separado, a recoger las pertenencias personales que deseasen quedarse.

Permitió a Naruto ir primero, pues suponía que a él le llevaría menos tiempo que a ella escoger que cosas llevarse, puesto que Hinata tenía que despedirse más profundamente de aquel lugar. Cuando hubiese cerrado la puerta de aquella casa, una parte de ella se quedaría allí dentro para morir y no regresar jamás.

Y fue, precisamente por eso, que se percató de que Naruto se había llevado consigo su álbum de bodas, mientras ella lo buscaba aún sin saber muy bien porqué.

Eso había ocurrido hacía apenas un par de días, y fue la primera prueba a su entereza a la que debió de enfrentarse. Porque en ese instante deseó llamarle, poder ver de nuevo sus ojos, permitir que la abrazase una vez más. Pero desechó la idea. Aquello sería rizar el rizo y no les haría ningún bien.

Dio un sorbo a su cerveza, entusiasmada nuevamente ante el sabor de aquella bebida que nunca había probado. La cerveza se presentaba a sus ojos como bruta y masculina, algo que la recatada esposa de Naruto Namikaze no podría ser vista ingiriendo.

Pero allí estaba, vistiendo unos tejanos y una camiseta blanca, con unos grandes lentes de sol tapando sus peculiares ojos y el pelo recogido en un moño despeinado.

Se sentía libre, por fin.

Aunque, por supuesto, aquella libertad no estaba exenta de ciertos sinsabores.

Su padre se negaba a dirigirle la palabra.

Le había prohibido la entrada en la mansión Hyuga y estaba segura de que tan solo el acuerdo de cooperación que había firmado junto a Naruto era lo único que había impedido que Hiashi la azotase hasta cansarse.

Aquello, aunque la entristecía, no constituía una de sus principales preocupaciones y eso era una muestra más de lo mucho que había cambiado en aquellos años.

La auténtica revelación de lo que había sucedido en su matrimonio si había servido para disipar un poco su rencor y la amargura que la habían invadido durante tanto tiempo, aunque un velo de tristeza infinita cubría ahora esos recuerdos.

Tampoco tenía muy claro cual sería su porvenir.

Por lo pronto, había reservado un billete solo de ida para Italia, donde pretendía pasar unas cuantas semanas. ¿Después? Quizás volvería a Japón, o quizás se dedicaría a visitar Europa. Naruto y ella se habían casado en régimen de gananciales, así que la suma que le correspondía era bastante mayor de lo que habría imaginado, por lo que no tenía preocupaciones de cara al futuro próximo.

– Disculpe…

Levantó la cabeza y, por un segundo, creyó que se desmayaría allí mismo. Delante de ella se encontraba el apuesto desconocido con el que había compartido aquel tórrido encuentro que lo había cambiado todo, aquel que parecía haber ocurrido hacía mil años.

Pero no se desmayó. Tampoco se sonrojó ni titubeó. Le lanzó una deslumbrante sonrisa y él se sentó a su lado, mirándola con la misma lujuria de la otra vez.

Sasuke Uchiha, se llamaba.


¿FIN?

Tres mil años más tarde… Aquí está el final de este fic. Un poco abrupto, quizás, porque solo he escrito en estos días desde la parte de la cafetería. Lo anterior estaba redactado desde hace años a la espera del final. Podría redactar mucho más pero no tenía sentido continuar con la historia una vez ambos estuviesen divorciados. Después de todo la historia se llama "Infieles" así que lo que puedan hacer después de haberse separado… Ya no es tela para este fanfic.

¿Podría haber una continuación? Por supuesto.

Hinata es ahora una mujer libre que seguramente se vaya con Sasuke a pasar unas "interesantes" vacaciones, aunque aún no haya sido capaz de desterrar a Naruto de su corazón. El rubio, por su parte, está presionando a Hanabi para que le diga el paradero de Hinata y poder ir a buscarla y hacer, ahora si, las cosas bien.

Sin embargo, no puedo embarcarme en la titánica tarea de escribir una segunda parte porque… ¿Cuántos años me ha tomado terminar esta?

Regresé el año pasado con el Club S y, a los pocos meses de volver, falleció mi abuela y todas mis ganas e inspiración se desvanecieron.

He decidido no ponerme fechas, tampoco preocuparme ya por si estoy publicando para la nada y ya no hay quien lea mis historias. Esto es una afición y subir el final de esta historia ha sido, realmente, por poder resolver la gran incógnita ¿"que hacía Hinata saliendo de un prostíbulo?" que tanto me preguntabais en los reviews.

Que, al respecto de eso, he decidido no cambiar lo que tenía escrito porque sino la historia ya no tendría pies ni cabeza, pero… ¿Qué coño? Vaya manera de dibujar la prostitución ¿eh? "Son todos felices porque, aunque tienen que acostarse con gente que no desean por dinero, "la madame" no les obliga a nada." En fin… Perdonadme. Con los años se va aprendiendo.

Dicho esto… Me despido.

Nunca suele ser un "hasta pronto", la verdad, pero sabed que siempre ando por aquí.

Abrazos fuertes para todos

Inuka