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Nuevo Amor.
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Lo peor de terminar una relación, ya sea de forma brusca, o de esa forma constante en la que ambas partes se aburren y dejan que el desagrado por la otra persona los consuma, es que resulta imposible desprenderse de las dudas. Siempre te preguntaras que hubiera sucedido si se hubiera resuelto antes el problema, o como se encaminara tu vida ahora que perdiste a ese alguien significativo, y no duermes pensando en esto. La respuesta fue siempre la misma, esa que nos dieron cuando tuvimos el primer desamor en nuestra adolescencia, o cuando un ser amado muere. El tiempo cura todas las heridas. Sean por el motivo que sean hechas, uno se acostumbra al dolor, hasta que este se transforma en un compañero, y ya no nos afecta.
Debo decir, que esperar a que la herida sane, es tedioso. En el día me encuentro bien, converso y paseo por la mansión. Pero en las noches el sufrimiento vuelve, quedándome a flor de piel. Y estas han sido muy solitarias, ayudan a que el corazón no olvide. Este recuerda los abrazos, los besos antes de dormir, algún desayuno en la cama, y todo lo que ya no vendrá. Todo lo que se perdió, o en algún caso, todo lo que echaron a perder.
Eso es lo que causa sufrimiento. Perder un amor y que cada noche lo recuerdes en la soledad de la habitación.
Para distraerme converso con Ciel, es un poco tirante la relación nuestra, pero hago lo posible por no enojarme y gritarle. Converso con los chicos y también me paso horas en la biblioteca, hay muchos libros interesantes y que nunca había visto. Hoy la mañana es hermosa, primaveral, el sol es suave pero suficiente como para dejarte aletargado si te sientas en donde este ilumina. Encontré un libro de Oscar Wilde, me gusta mucho el autor así que me puse a leerlo. Me senté junto a la ventana y me hundí de lleno en mi lectura, no sé cuánto tiempo estuve así, pero llego Ciel a la biblioteca diciendo que mas me valía que bajara a comer, que era demasiado delgada como para saltarme tantas comidas. Eso era verdad, no estaba comiendo bien, y tampoco me daba hambre, pero no podía obligarme a comer porque me daban nauseas. Era sorprendente que Ciel se preocupara por mi salud.
- Apresúrate, ya está la mesa servida.
- Déjame marcar la página, listo. Vamos a comer.
- Oh, necesito tu ayuda. Tu sabrás responderme seguramente.- metió su mano en el bolsillo y saco algo, que pude ver porque iba arreglando mi brazo entablillado.
- Dime ¿Qué es?
- Cuéntame sobre esto—Levanto su mano y me mostro un objeto, que lamentablemente, conocía muy bien. Los medallones de Undertaker.
No llores. No llores. No llores.- Solo sé que fueron personas importantes para él, nunca hablamos sobre ellos. Más bien, nunca contesto mis preguntas. ¿Por qué te interesan? Muy bien Angelique, mantente fuerte.
- Pensé que tendría alguna pista sobre su paradero si investigaba esto. ¿Reconoces algún nombre?
- Estos tres , Angélica Strand, Ángela Landvik y Ángel Smith.- los medallones más viejos y mas lindos fueron de mis antepasados.
- Dime quienes fueron.
- Estos dos, Angélica y Ángela fueron esposas suyas, primero Angélica y luego Ángela, por ultimo Ángel que fue un hijo ilegitimo.
- ¿No reconoces ningún otro? Casualmente tu te llamas Angelique.
- No, nunca quiso decirme. Si te preocupa mi nombre, dile a mis padres que ellos fueron quienes eligieron llamarme asi.
- Bien, sentémonos y comamos antes de que se enfríe.
- La comida de hoy es sopa de calabaza con un toque de jengibre como entrada, para el primer plato hay ensalada de vegetales frescos con aderezo, el segundo plato consiste en pastel de riñón y ciruelas, y como postre, pastel de frutas con crema.
- Amo las ensaladas, son el mejor invento del hombre.
- Señorita Angelique, permítame decirle algunos detalles que deje pasar por su condición. Una dama no se sienta a la mesa halagando su comida, y usa una servilleta en su regazo. Tampoco se sienta en la cabecera y espera a que se le asigne un lugar, generalmente en el centro de la mesa. Se dan bocados pequeños y no se usan las manos, y no se sirve la comida con los cubiertos del plato, se usan los del recipiente. Los cubiertos se usan de afuera hacia adentro. Los tenedores van a la izquierda del plato a menos que se usen en solitario, en tal caso van a la derecha, como sucede aquí.
- ¡Oye! Conozco las reglas de etiqueta en su mayor parte. Primero usare la cuchara para la sopa, luego el tenedor de la derecha para la ensalada, y de ultimo el tenedor de la izquierda que se acompaña con el cuchillo.
- Muy bien, aunque su comportamiento es muy inaceptable.
- Si si, ¿Podemos empezar? Quieren que me alimente, pero cuando lo voy a hacer, ponen trabas. Ni ustedes se entienden.
- Parece que alguien no necesita de tus indicaciones, ¿Eh, Sebastián?
- Así parece joven amo, tengan buen provecho.
- Para ser lo que es, lo hace bien, pensé que sería más espeluznante vivir con esa cosa. Hasta es caballeroso y sabe de etiqueta. Te ataste a un buen ejemplar.- Ambos me miraron frunciendo el ceño, lo cual me hizo reír un poco.
- Dedícate a comer, se notan tus huesos. En la tarde deberemos atender un asunto, así que luego del almuerzo apróntate para ir a la cuidad.
Al ser zurda temporalmente, nadie me dijo nada por usar con la mano incorrecta los cubiertos, aunque notaba como Sebastián entrecerraba los ojos al ver que "las reglas de etiqueta" eran violadas. Era muy divertido hacer eso.
Luego del almuerzo subí a ponerme un vestido más elegante, y me dirigí a la entrada de la mansión, donde me esperaban Ciel y Sebastián junto al carruaje.
- ¿A dónde vamos?- Sebastián debió ayudarme a subir, ya que aun moviendo el brazo izquierdo, no podía hacer fuerza con él.
- Tienes asuntos pendientes, y cuanto antes los resuelvas, mas pronto estarás libre de problemas innecesarios.- Ciel me contesto rápida y secamente.
- ¿Cómo?
- En la carta especificaba que la tienda es de tu propiedad, así que iremos y tomaremos esos papeles. Si quieres le pondremos un cartel de venta.
La tienda. Nunca se me paso por la mente que era mía, y que mis pertenecías seguían allí. Era un paso muy amargo, pero el enano llevaba la razón, debía deshacerme de ataduras innecesarias. La solución era morderse la lengua, y acabar rápido con la tarea.
Cuando bajamos del carruaje me quede en blanco, no podía caminar hacia la puerta, pero no encontraba el movimiento para dirigirme al carruaje. Sebastián me tomo de la cintura y me empujo hacia la puerta.
- Vamos mi lady, cuanto antes lo haga, menos sufrirá.
- Cállate bastardo, estarás regocijándote con mis sentimientos.
- No lo puedo evitar, soy un infierno de mayordomo.
- Te olvidas de "Basura" imbécil.
Respire hondo y me encamine hacia la puerta. La abrí y no mire dentro, simplemente baje la cabeza y camine rápido hacia la escalera. Evite mirar por los pasillos, las habitaciones, si no de seguro largaba el llanto. No observar era una buena solución.
Fui hasta la que era mi habitación y agarre mis maletas y mis guitarras. Todo estaba empacado desde el día anterior al viaje en el barco. Se me erizaba la piel de estar allí, y casi me desmayo cuando note que faltaban mis botas, las busque por todos lados, cuando recordé que estaban en la habitación de Undertaker. Las había dejado allí una noche.
Baje al otro piso y le pedí a Sebastián que fuera por ellas, y que me ayudara con las maletas. Ciel estaba leyendo los papeles de propiedad de la tienda.
- Sus maletas son muy curiosas, y tienen una movilidad excelente, el invento del mango y las ruedas es muy práctico. No reconozco estas.
- Son guitarras, ¿Podrías ver en el resto de las habitaciones? No quiero dejar nada. Y antes de irnos, pon un cartel de venta, con la indicación de dirigirse a la mansión por consultas, por favor.
Sebastián miro por todas las habitaciones, la sala, la cocina, pero no había nada. Todo estaba en las maletas. Eran dos grandes valijas, las guitarras, y mi morral con mi laptop, teléfono y auriculares, también mis documentos y algún maquillaje.
También se colgó un cartel de venta en la puerta de la tienda, en donde se indicaba el buen estado del edificio, y que por consultas debían dirigirse a la mansión Phantomhive.
En el carruaje revise mi maleta y empecé a sacar ropa que no quería volver a usar. Entre ellos mi pijama y la campera grande con capucha, me traían, y me traerían malos recuerdos.
- ¿Qué haces?
- Cuando veníamos vi que habían unos niños viviendo en la calle, y quiero darles la ropa que no use. No tirare cosas que les servirán a otros. ¡Sebastián, cuando pases por el callejón donde estaban los niños durmiendo, frena el carruaje!
- Como ordene, mi lady.- sabía que me escucharía aunque hubiera susurrado la frase.
Cuando freno el carruaje, deje la pila de ropa doblada cerca de la puerta y me baje, luego la tome y fui donde estaban los niños. Estos estaban acostados sobre periódicos, y se tapaban con una manta llena de agujeros y mugre. Casi lloro de ver dos niños pequeños en esa situación.
- Niños… niños despierten, tengo algo para ustedes. Miren, es ropa.- los niños me miraban con miedo, como si los hubieran maltratado muchas veces. – Es para ustedes, miren que abrigada que es. Yo ya no la uso, y no tengo a quien dársela. Hay pijamas, buzos y camperas. Lamento que no haya pantalones.
- Muchas gracias señorita, es la primera vez que alguien nos regala algo.
- ¿Cómo se llaman?
- Yo soy Andrew, y él es mi hermanito Tobías.- dos niños, entre diez y doce años tendría el mayor, y el pequeño tendría siete u ocho, con pelo negro y ojos azules relumbrantes. Parecían pequeños hobbits con sus rulitos oscuros y esos ojos enormes.
- Yo soy Angelique, les dejare unas monedas y se compran algo de comida, ¿Si? Y cuiden de que no se les lleven la ropa, quiero que se la pongan ahora mismo, así no pasan frio en la noche. Otro día los veo, adiós.
- Adiós señorita Angelique, y muchas gracias, cuidaremos muy bien la ropa.
Por lo menos la ropa estaría siendo usada por alguien que la necesita, nunca me gusto acumular ropa que no uso. Siempre la regale o la lleve a casas de ayuda a indigentes.
- ¿Por qué hiciste eso?- me pregunto Ciel, cuando ya iba en marcha el carruaje.
- Esa ropa era la favorita de Undertaker.- me miro con asombro, como si le hubiera dicho algo imposible de creer.- Si, aunque te parezca raro, el usaba esa campera y me quitaba mi pijama para usarlo él. Porque era de su talle y tenía calaveras. Basta Angelique, debes ser fuerte, ya han pasado tres días, distráete y no pienses en el.
- Como sea, todavía me debes explicaciones.
- Cuando lleguemos a la mansión, no me siento bien.
Pase la tarde sentada debajo de un árbol, llorando. No podía evitar sentirme como la peor piltrafa en el mundo, pero también sentía enojo. Me enojaba que él hubiera tomado decisiones que nos concernían a ambos, por su parte. Él decidió que yo estaría mejor sin él, ¿Qué persona enamorada, decide alejar a su ser amado? Ninguna. Únicamente el decidía hacer eso. Espero que este sufriendo y arrepintiéndose de haber hecho esto, no quiera ser la única que sufra.
- Angie, vamos dentro.- Maylene venía con su paso relajado, debería de haber terminado las tareas.- Tienes la cara hinchada, te traje un pañuelo porque adivine que estarías llorando.- me ofreció el pañuelo y se sentó a mi lado.- ¿Cómo estuvo el viaje a la cuidad?
- ¡Ay Maylene!- me tire a abrazarla, no pude aguantar el llanto.- ¡Me duele mucho! ¡Apenas si pude mantenerme firme cuando fui por mis cosas! Es muy injusto esto, el no decide por mí.
- Ya ya… yo también sufrí por amor, pero el tiempo te cura. Es la respuesta que todos te darán, pero es muy cierto, al pasar el tiempo aprendes a levantarte de nuevo y seguir. Te haces fuerte a ese veneno.
- Duele mucho… aquí, parece que me están abriendo el pecho. Pero si lo pienso en calma, me doy cuenta de que le deseo lo peor, me gustaría que estuviera destrozándose por dentro al igual que yo. Quiero que sufra como lo hago yo… aunque suene cruel decirlo.
- Basta, no te tortures pensando en eso. Vamos dentro, es hora de la merienda, y si quieres en la noche podemos tomar té en tu balcón, tal vez un té de manzanilla te haría bien en estos momentos.
Me sentí mal todo el día, no pude merendar porque el olor de un pocillo con miel me dio asco, y me quito el apetito. Fui a la biblioteca y leí hasta la noche, cuando Ciel me llamo para hablar de algunos asuntos, y luego tome un té en mi habitación con Maylene.
Me dormí bastante rápido, y no recuerdo haber tenido algún sueño.
Al otro día Ciel partió hacia la escuela, pero no supo que Sebastián ya se encontraba allá, salió unos minutos antes muy apresurado dejando instrucciones para cumplir durante su ausencia. Empezaba la diversión.
Los chicos estaban ocupados con sus tareas, limpiando, cocinando, ordenando el jardín o lavando ropa. Tanaka tomaba te en calma.
Yo me puse un vestido más elegante… tonterías victorianas y la maldita etiqueta, y me fui a la cuidad a ver a los niños del callejón, Andrew y Tobías. Llevándome una canasta con frutas, pan y queso.
No entendía algo de lo que sucedía, notaba una falta, un espacio vacío. No sabía decir que era lo que extrañaba, aparte de cierto hombre, pero me sentía muy rara dentro de mí misma, como una desconocida en mi propio cuerpo. Al diablo, hay dos niños en la cuidad que estarán esperando por mí, ellos si me necesitan.
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La tienda fue vendida tres días después de poner el cartel de venta, el comprador era un hombre que venía en busca de trabajo, y podía pagar el moderado precio que le puse al edificio. Se fue muy contento con las llaves de la casa. Y los artículos fúnebres habían sido vendidos a un local al otro lado de Londres. En este momento tenía dos bolsas con una cantidad bastante buena de monedas, las cuales ahorraría para irme a una casa propia más a futuro.
Hace una semana que el enano guardián y su demonio están en la escuela. Alguna que otra noche Sebastián ha dado una vuelta por la mansión para controlar que todo estuviera bien, aunque al haber pocas cosas para llevar a cabo, los chicos no podían hacer ningún desastre. También ha contado que está actuando como profesor supervisor, y me dijo que la respuesta de Ciel era positiva. Por primera vez en dos semanas logre una sonrisa verdadera.
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- Ah, señorita Angelique, el joven amo me ha ordenado que le dijera que la respuesta a su pedido era un sí, pero que usted será la responsable de esos niños, deberá educarlos, cuidarlos y mantenerlos a raya.
- ¿¡En serio!? ¡Dile que no notara que esos niños son de la calle! Hare mi mayor esfuerzo en educarlos, aunque será fácil, son inteligentes. Dale las gracias, dile que me hace muy feliz que me haya permitido traerlos, y dile también que le planteare una situación, en cuanto este de regreso en la mansión.
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Estuve esperando por esa respuesta tres días, y al fin la obtuve.
Al otro día de que hable con el demonio, me levante temprano y llame al cochero, Tim, que casi me mata por levantarlo a las siete de la mañana, cuando podía dormir hasta las nueve. Púdrete Tim, tengo un asunto urgente y no puedo montar un caballo. Me llevo hasta la cuidad, específicamente a un callejón en donde dos niños dormían.
Baje como un rayo y los llame, se despertaron y me miraron con esos ojazos azules y algo entrecerrados, llenos de sorpresa y confusión.
- ¿Qué sucede? Es temprano…- Me dijo Andrew frotándose los ojos. Tobías se había dormido de nuevo.
- ¡Obtuve permiso para que vivan conmigo! ¿Qué dicen? Es una mansión, pero hay juegos, camas grandes ¡Y pueden tener todos los dulces que quieran!
- ¿En serio? ¿No es una mentira?
- Claro que no Andrew, no bromearía con algo así. Hable con el amo de la mansión y dijo que sí, que ustedes pueden vivir allí. Yo seré su niñera, ¡Deberé cuidarlos y educarlos!
- ¡Entonces sí! Toby despierta… hey, arriba, la señorita Angelique está aquí.
- Mmmhm ¿Qué?
- Soy yo Toby, ustedes se mudaran a la mansión en donde vivo, yo los cuidare, y te enseñare a leer y escribir. También hay muchos dulces y juguetes.
- ¿¡Podemos Andy!? ¡Di que si, por favor!
- Claro tonto, te desperté para decirte que nos vamos ya.
Yo no cabía en mi misma de felicidad, esos niños se había ganado mi corazón desde el primer momento. Eran huérfanos, pero Andrew pudo recibir educación y sabe leer y escribir correctamente, pero el más pequeño, Tobías, no pudo recibir mucha enseñanza debido a la muerte de sus padres.
Cuando llegamos a la mansión, sus ojitos brillaban y miraban todo el lugar. Yo me sentía rebosante de alegría, algo se sentía tibio en mi pecho. Lleve a los niños a la cocina y les presente a todos. Finny quedo encantado con los niños, se puso colorado y con los ojos brillantes, feliz de tener niños pequeños a quienes cuidar. Maylene reacciono igual que yo, maternalmente, los abrazo, les hablo y les dijo que ella sería como una tía. Bard los hizo reír con un saludo militar, y Snake los asusto con sus serpientes, pero se recuperaron rápido al ver que estas se subían a sus hombros para restregar sus cabezas contra las mejillas de ellos, a forma de saludo. Tanaka se inclino un poco y siguió bebiendo te.
Después de las presentaciones, los lleve a mi habitación y les indique que dormirían allí, hasta que arregláramos una habitación para ellos. Se notaba en su mirada que estaba demasiado abrumado, aparte de felices. Era demasiado para un solo día, pero estarían mejor que durmiendo en un callejón. Los deje mirando por el balcón y llene la tina para que se dieran un baño. Lamentablemente lo necesitaban con urgencia. Cuando vieron el agua retrocedieron unos pasos, pero los mire con gracia y les ordene meterse dentro, que luego tendríamos el desayuno. Al decir esto no dudaron, se quitaron las ropas, que eran las que yo les di, y tuve que ayudarlos a meterse dentro de la bañera. Son algo pequeños, Andrew tiene la edad de Ciel, trece años, y es una cabeza más alto, Tobías tiene siete años, es una cabeza más baja que Ciel. Son muy educados y bastante inteligentes para haber pasado tres años durmiendo en las calles. Se apellidan Wadlow.
Les puse ropa que Sebastián me había indicado que podía tomar de Ciel, y bajamos a comer. Parecían otros con ropas nuevas y con la piel blanca y brillante. De grandes serian muy lindos.
El desayuno lo tomaron con demasiadas ganas, comieron pastel de chocolate, fruta, pastel de crema y frutillas, scones de queso, pan con mantequilla y un poco de salmón ahumado, y toda esa comida logro bajar por el esófago gracias a una taza de té con leche. Todos los mirábamos con estrellas en los ojos, el único niño en la mansión era el jefe, así que con Toby y Andy nos divertiríamos mucho.
El primer día fue de enseñarles la mansión y decirle donde jugar y donde no, que podían tocar y que no, donde tenían permiso de estar y donde no. Explicarles como saludar, como debían llamar la atención de alguien, como dirigirse a un adulto, como sostener los cubiertos. Aunque asimilaron todo rápidamente, en la noche recordaron por si solos como sostener los tenedores y como se usarían los cubiertos, a pesar de que solo estábamos utilizando tenedor y cuchillo.
Los tuve que obligar a bañarse otra vez, estuvieron jugando y corriendo en el jardín, y no se acostarían sucios. Si teníamos suerte, no lo harían nunca más. No metimos en mi cama, dejando a Toby en el medio, y se durmieron ellos primero. Yo me quede pensando un rato en los cambios que llegarían a mi vida, se escribía una historia nueva y completamente distinta a la anterior. Ahora si podía dar amor incondicional que estos niños no lo rechazarían ni lo despreciarían. Después de todo, el desamor se cura con amor.
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Hello otra vez, espero les haya gustado, al final decidí nombrar, y más adelante entrara un capitulo con la escuela Weston, que será importante, y mucho mas adelante ese capítulo será revelador de cositas lindas :D
Los dos niños me parecieron lindos, los agregue porque pienso que Angie merece encarrilar su amor maternal hacia algún lado, y la excusa de llevarles la ropa no deseada me pareció buena forma de hacerlos entrar. Si no les gustan, lo lamento, puedo cambiar la redacción pero mis niños serán parte de la trama. Si si si y solo si!
Bien… se reciben quejas aquí debajo. Bye bye miau.
