Saint Seiya The Lost Canvas no me pertenece.


Paternidad.

Aspros estaba en el corredor de Géminis, acompañado de Octavio... Quien parecía aburrirse por demás, dado que su padre no quería jugar, no quería contarle historias, no quería cantarle una canción...

En resumida no quería hacer nada.

Escucho el ruido de pasos y su rostro se ilumino en una enorme sonrisa, al ver quien se acercaba.

-¡Señor Degel! -el caballero le hubiera devuelto la sonrisa, de no ser por la mirada helada y asesina que provino de Aspros. Kardia que llegaba con el caballero de Acuario, se dio cuenta que esa mirada era por su culpa. Él le había dicho que el niño estaba tomando como figura paterna al onceavo guardián. En cierta forma se arrepentía del gran problema en que había metido a su amigo -¿Puedo irme a jugar con Degel? -pregunto el niño, dedicándole una encantadora mirada a su padre.

-No, porque Degel ya se va. Está ocupado. -Miro fiero al francés- ¿No es así Degel?

-SSSSSSSSS... Si.- Dijo el caballero, para agarrar la mano de Kardia y casi salir corriendo de la morada.

-¡Quiero salir! -protesto el menor. Aspros le dedico una mirada helada al menor. -No quiero estar aquí... quiero a mami...

-Tu madre está muerta, ahora cállate. -Le ordeno Aspros, el niño comenzó a llorar dado que ya estaba cansado de la frialdad de su padre y todo lo que pasaba. -Llorar no hará que cambie de opinión...

Bosque. Un rato después.

Aspros caminaba con cara de mal humor, mientras el niño iba de acá para allá. Aunque limitado por la soga que su padre le había atado al cinturón, para que no se alejara más de un radio prudencial.

-Ni que fuera un perro para que lo ataras... -le llego el comentario burlón de Manigoldo, que vio al niño mirando una mariposa apoyada en un tronco.

-Si lo suelto, sale corriendo -comento antes de comenzar a juntar la cuerda y hacer que el niño volviera.- Antes de atarlo se me escapo tres veces. -Mientras Aspros hablaba con Manigoldo, la criatura comenzó a desatar el nudo.

-Ni que fuera para tanto... -Dijo el otro dejando libre una risa - Ni que se te fuera a perder el niño... -Observo que el niño ya no estaba atado a la cuerda por el cinto.- Asrpos...

-Sera posible... ¡OCTAVIO! -El niño no acudió al grito de su padre. -Mira lo que causaste Manigoldo, se me escapo de nuevo. -Comenzó a alejarse para buscar al niño.

-Ahora es mi culpa que el niño se le escape. -Hizo una mueca frustrada.- Si él no sabe ser padre, no es mi culpa.


El niño se estaba dando un festín con las bayas que había encontrado en un arbusto, su mano se quedó al alcance de otro fruto dulzón.

Lo había sentido.


-¡OCTAVIO!

-¡Mocoso! -Manigoldo ayudaba a su camarada, quien le lanzo una mirada asesina. -¡Niño!-Aspros dejo de mirarlo... -Mocoso... -susurro. -¿qué sucede? -Observo que Aspros se había tensado completamente, para luego salir corriendo hacia la dirección opuesta- Aspros... Espera.


-¿Dónde está la llave mocoso?- El niño en vano intentaba quitarse la poderosa mano que apretaba su cuello. -¿Donde la escondieron?- Raju, el demonio causante de los eclipses, apretó aún más el cuello del niño. -Ataca... caballero... -El demonio desvió sus ojos a Aspros, quien inmediatamente descendió su cosmos hasta casi extinguirlo.- Sabes que si lo haces, también dañarías al niño. Quien te haría tan blando... -comento con suma burla- Papi teme por lo que le pueda pasar a su hijito... -dijo sumamente burlón.

-Déjalo. -Gruño, justo cuando llego Manigoldo- Él no sabe nada. -El menor bajo una mano- Ignora lo que le pides...

-¡AAAGGG! -Raju soltó al niño, luego de que este le insertara el talwar justo en la desprotegida axila. El pequeño salió corriendo hacia su padre. El demonio se quitó el sable hindú y lo tiro al suelo, para luego mirar furico a los dos caballeros. -Maldito mocoso... -El cosmos dorado de Aspros no se hizo esperar.

-Ahora sí... maldito... -Los ojos de Aspros brillaron con un fuego esmeralda.- Vas a pagar por haberte atrevido a dañar a mi hijo... -Manigoldo observo el cuello del niño, las marcas en el eran muy claras.

-Estas jodido hermano... -Amplio su sonrisa- Hacedle ver las estrellas Aspros... o mejor dicho las galaxias...

-Tu ataque no me hará nada... -Cuando quiso levantar su brazo, para ejecutar su ataque, le fue imposible por la herida en su axila.- maldito mocoso...

-Jeje... Yo sí puedo levantar mis brazos... -Aspros extendió sus brazos hacia adelante dejando salir todo su poder.- ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!- El demonio hindú salió impulsado hacia atrás, mientras parte de su armadura se fracturaba ante el ataque. El hombre se levantó, al mismo tiempo que Aspros se le acercaba con paso intimidante.- Vas a lamentar haber atacado a mi hijo...

-Esto no se termina aquí... Géminis. -El ser se retiró, en un destello.

-Me recuerda a esos marinos cobardes que se retiraban antes del golpe de gracia... -Comento Manigoldo, mientras el niño corría a abrazarse a la pierna de su padre.

-No puedo caminar si te aferras a mi pierna. -Gruño, el caballero. - Creí que no podías invocar anda de tu armadura... -El menor alzo la vista, sus ojos estaban llenos de lágrimas.- No te vuelvas a ir. -Ordeno en un tono sumamente helado e indiferente.

-Quiero ir a casa... -El caballero agarro la espada del menor y la mano, de este, para llevárselo del bosque.

Casa de Géminis.

Aspros le estaba atendiendo las marcas que, el guerrero de Shukrá, le hizo en el cuello. Manigoldo observaba la seriedad del caballero, que en ningún momento le dijo una palabra de afecto al menor. Sin duda, no hay nada mejor para un niño asustado que algo de afecto. Al parecer Aspros ignoraba ese detalle.

La espada ensangrentada aguardaba a un costado, esperando que Shion se desocupara para ir a buscarla para que regresara a su lugar original.

El caballero de Géminis se hallaba sumido en sus propios pensamientos, mientras con cuidado limpiaba las marcas de uñas que habían quedado en el cuello del niño. Quería, por un lado, decirle que ya no estuviera asustado por que él (su padre) lo cuidaría. Por otro lado, quería guardar silencio y no decir nada.

¿Qué hacer? Cuando no sabes nada... Cuando no entiendes tus propios deberes.

-Voy a buscar al patriarca... -informo Manigoldo, pensando que tal vez Aspros no había dicho nada porque él estaba presente.


-Lo de la espada... -el nene miro a su progenitor- fue algo arriesgado -el menor bajo la vista, pero se sorprendió al sentir lo que hizo su padre. -Si no lo hubieras hecho y no te hubieras soltado... No sé qué hubiera hecho... -Informo, mientras le acariciaba con cuidado la cabeza- Tenía miedo de perderte... -Hizo una pausa, ignorando que Sage echaba a todos los curiosos (media orden dorada) y se iba por donde habían llegado.- No vuelvas a alejarte. -Le ordeno, y pidió, con cuidado. - No te alejes de nuevo... Pudo haberte pasado algo...

-Tenía miedo... -susurro el nene, antes de abrazarse a su padre. Aspros se quedó helado, para luego devolverle el abrazo a su hijo.- ese hombre me asusto...

-Ya... tranquilo. -con cuidado tomo al niño en brazos y comenzó a pasear por la sala, mientras lo acunaba con sumo cuidado- Ahora estas a salvo... No te pasara nada. -Para ser un mocoso que apuñalo a un adulto con una espada. Se me hace bastante raro que ahora tiemble como una hoja, pensó para sí.- Ya tranquilo -papá esta con vos, quiere decir - estoy aquí... -susurro.- Ahora estás conmigo... y nada malo te va a pasar...

-Están escuchando. -Aspros hizo una mueca y miro al niño. Ya se hacía una idea de a quienes había percibido la criatura.

-¿Viste el ataque que le lance al guerrero? -El nene negó con la cabeza. -¿No? Ven que te lo muestro... -Bajo al niño y comenzó a caminar hacia la puerta.

Casa de Cáncer. Media hora después.

-Pero que Aspros... hijo de... -Manigoldo se puso un poco de pomada, hecha de algunas plantas medicinales, en las heridas dejadas por la explosión de galaxias de Aspros.

-Pasa... -Pidió Dohko, mientras las heridas le dolían a más no poder.

-Menos mal que estaba atrás de todo... -Comento Regulus, mientras miraba divertido a todos los adultos. Aspros había salido y los había hecho volar a todos los curiosos con la explosión de galaxias. Para luego alegar, ante Sage (que bajo corriendo apenas sintió el cosmos), que le estaba demostrando su técnica su hijo.- Seguro que ninguno se dio cuenta que se refirió a Octavio como su hijo... ¿No?

-¿Enserio lo hizo? -Albafica se mantenía a una buena distancia del resto, tampoco había resultado herido. Dado que para no perder costumbre estaba atrás de todos... Incluso más atrás de Regulus.

-Sí, lo hizo. -Sage miro con reproche a toda la orden, a pesar de la respuesta de Regulus. Seguía molesto con todos los que habían espiado al tercer guardián.

- Les dije que no espiaran a Aspros... -Miro al más joven- tu aun tienes guardia. -Regulus se retiró de ahí, sin darle tiempo a agregar algo más. El leonino hacia hasta lo imposible, para evitar a Sage... Sabía que este quería una lista de todos los que participaban en las reuniones que organizaba.

Habitación, Casa de Géminis. Esa misma noche.

-¿Canción?

-No se ninguna...

-Eran lindas las estrellas... -El caballero sonrió ante esas palabras, el nene creyó que realmente eran solo estrellas. -Puedo verlas de nuevo...

-Las veras -dijo mientras arropaba a su hijo- cuando llego tu tío y resulta ser que no tiene una buena excusa, de nuevo, para explicar su ausencia... -miro al niño- Las veras de nuevo... si eso pasa.

-¡SÍ! -el nene se quedó quieto, luego de aplaudir por la emoción- ¿Cuento?

-No se ninguno... -el niño ladeo la cabeza- Bueno... creo que se uno... -Hizo memoria de algo que había escuchado contar a Kanon, a los aprendices de su hermano. -Pero solo uno.

-Sí.

Había una vez dos dragoncitos dorados que eran hermanos. Siempre estaban juntos...

-¿Cómo se llamaban...? -Aspros hizo memoria, no recordaba el nombre de los dragones. Ahora que lo pensaba, Kanon jamás había mencionado nombres.

-No tienen nombre.

-¿Por qué no? -Aspros miro al niño, le iba responder con alguna grosería moderada cuando noto algo.

-Primera vez, desde que llegaste, que me alegro de saber que llega tu tío. -Se levantó de la cama. Me salvo mi hermano de contar un cuento que ahora dudo si recuerdo bien.

-¿Puedo ir? -el nene se levantó de la cama.- Quiero ver las estrellas... -Aspros sonrió de medio lado, obviamente habría estrellas y galaxias completas estallando...

Habitación de Defteros.

-¿Qué haces? -Observo a su hermano que estaba buscando su manta más abrigada, en el arcón que descansaba a los pies de su cama.

-Se quedó con todas las mantas y me estoy muriendo de frió- Dijo antes de agarrar la manta, abrir un portal y desaparecer por este.

-¿Cómo se llamaban los dragoncitos? -pregunto Octavio, mientras miraba expectante a su padre... Quien termino contándole la fábula de la liebre y la tortuga. Esa si la sabía de memoria.

Mañana siguiente.

Lo levanto. No lo levanto. Lo levanto. No lo levanto. Lo levanto. Estaba Sísifo.

Mientras observaba a Aspros durmiendo profundamente abrazando al pequeño niño de forma protectora. Claramente luego del susto dado por el ataque en el bosque, seguramente Aspros no estaba dispuesto a arriesgarse a perder al niño de vista.

Opto por darse la vuelta y regreso por donde vino, ahora que lo pensaba. Podría ser que pudiera atrapar a alguien antes que optara por jugar a las escondidas.

Habitación de Regulus. Casa de Leo.

Sísifo ingreso al cuarto de su sobrino, encontrándole durmiendo aun. Se acercó a la cama y sacudió suavemente al muchacho.

-Liyona. -ordeno el muchacho, al poco tiempo Sísifo tenia al leoncito mordiéndole la mano. El muchacho se dio vuelta y siguió durmiendo, mientras Sísifo luchaba (y agradecía llevar el guantelete) por liberar su mano de las fauces del minino de gran tamaño.

-Regulus. –llamo.

-¿Qué? -el otro seguía durmiendo, tomo su almohada y se la puso en la cabeza. -Tío, hice guardia hasta hace una hora... ¡quiero dormir! -los ojos de Sísifo estaban en el libro que quedó al descubierto una vez la almohada fue movida. Les Cent Vingt Journées de Sodome, ou l'École du libertinage (Las 120 jornadas de Sodoma o la escuela de libertinaje)*

-¿¡QUE HACES CON ESE LIBRO!?-El chico le dedico una mirada adormilada.

-Soy curioso. -El muchacho metió el libro en su mesa de noche y volvió a dormirse- ya me fije, no está prohibido... -Sísifo no pensaba tolerar que su sobrino leyera algo tan "insalubre" como eso.

-Dame ese libro, Regulus. No es apto para tu edad.

-Ni siquiera lo empecé... -El chico se levantó y le miro de reojo- ¿Y por qué estás seguro de eso? -Para sus adentros el muchacho sonrió.

-Por qué... No es para ti.-Una sonrisa pícara se formó en los labios de Regulus.

-Tío ¿Lo leíste? -Sísifo se puso por completo rojo, ante el hecho de que claramente se había visto atrapado por su sobrino.

-¡POR SUPUESTO QUE NO! -Regulus comenzó a destornillarse de la risa, ante el sonrojo de su tío. -¡DAME ESE LIBRO NO ES PARA TI! -Ante el hecho de que su sobrino no podía dejar de reír, el mismo tomo el libro y lo arrojo al fuego para que su sobrino no pudiera leerlo. Quería dejar en claro que estaba prohibido leer.

-¡OYE! No era mío -El menor se cruzó de brazos y miro molesto a su tío.- Ni siquiera sé si podré conseguir otro para reponerlo...-Sísifo se contuvo la necesidad de preguntar quién había sido, el idiota, que le concedió un libro así a un chico tan joven.- ¿Enserio leíste el libro?

-¡NO! -Sísifo estaba rojo, termino retirándose dado que la vergüenza le estaba dominando. Se había olvidado por completo lo que le iba a decir a su sobrino.

Casa de Virgo.

-¿Sísifo? -Asmita sentía el cosmos turbado del caballero, le tocaba montar guardia doble, mientras ingresaba a su morada- ¿Que sucede?

-Nada... -se apresuró a decir, agradeciendo que su camarada fuera ciego. -No me pasa nada... Solo estoy dando un paseo... -Se apresuró a decir.

-Este cree que aparte de ciego, soy idiota. -Comenzó a dirigirse a su lugar habitual de meditación- Sí, claro, "pasear"... Para mí que se mandó alguna. Si este solo salió a deambular, yo soy un espectro de Hades.

Casa de Sagitario.

Abrió el baúl, quito todo lo que había y se encontró con lo que más temía.

-¡REGULUS Y LA...! -Se levantó, se fue afuera y miro al cielo- ¿¡TENÍAN QUE TENER UN HIJO QUE, APARTE DE CURIOSO, ES LADRÓN!? -Luego de arrojar el libro al fuego, noto que este era muy parecido al libro (que hacia un tiempo) Kardia le había regalado para un cumpleaños.- ¿QUE TE HICE ILIAS? ¿TAN MALO FUI DE ADOLESCENTE PARA QUE ME CASTIGARAS DE ESA FORMA? -Pregunto mirando el cielo- TE DIJE QUE TE LO CUIDABA... PERO ESTO YA ES CARGADA. -Juraría que había escuchado risas en la brisa que acaricio su rostro- YO NO TE LO CUIDO MÁS... -Señalo al cielo- SI EMBARAZA A ALGUIEN YO NO PIENSO DAR LA CARA ¿ME ESCUCHASTE?

-¿A quién le hablas? -el caballero se dio vuelta y se encontró con Kardia, que le miraba como si creyera que había perdido un tornillo.- Tu no te habrás fumado esa hierba rara que hay en las colonias de Asia... ¿No?

-¿Que hierba? -el caballero le miro perdido. Se sentía muy abochornado por el hecho de que, el chismoso de Kardia, lo pillara en su monologo.

-Ninguna... -Se apresuró a decir el otro- Sigue gritándole al viento... -casi se va corriendo de ahí. Sísifo miro al cielo de nuevo.

-Te lo juro Ilias, si Regulus embaraza alguna chica y me vienen a pedir explicaciones -miro molesto al cielo- No sé cómo mierda haces, pero vienes a dar la cara. Yo me pienso lavar las manos si eso pasa... -otra vez juraría que escucho risas, parecía que su hermano (si es que se trataba de su hermano) se reía de sus momentáneas desgracias- a ver si le pones un alto a tu hijo, porque se va a mandar una y yo no lo voy a ayudar. ¿Me escuchaste? Ya mucho tengo con que me quiera, el patriarca, achacar la de armar una revolución ideológica- tomo un poco de aire- No sé cómo vas a hacer, pero si tu hijo sigue así yo le voy a meter una patada en el... -el viento se llevó la última palabra.

Continuara.


*Nota: el libro del marqués de Sade. Fue escrito en el siglo XVIII. Aunque su publicación fue mucho tiempo después... Podemos suponer que había algún que otro ejemplar dando vueltas por ese siglo.