Los grandes problemas vienen en frasco chico (Parte II)
-Saben... Está pensando -Comenzó el hombre, mientras miraba con expresión crítica el tarro de vino que tenía enfrente.
-¿Acaso quieres que se termine el mundo? -Pregunto el que se sentaba a su izquierda- Te dije que no pensaras. -El resto de los presentes estallaron en risas.
-Era algo que seguramente le iba a interesar a todos -Gruño el hombre, mientras tiraba un poco del contenido de su petaca al vino. -Le dije al cantinero idiota que trajera sus mejores botellas.
-Claramente esto es una estafa -Replico el que se sentaba a su izquierda.
-Seguramente lo sea, me llama la atención que no te dieras cuenta. -Comento una joven albina burlona.
-Ya di en que pensabas. -Pidió una mujer rubia platino sentada frente a él, mientras un joven rubio como el sol le aplicaba tiernos besos en el cuello.
-Bajen los niveles de amor, que me harán vomitar -Gruño una de las mujeres presentes. -Afro... deja de mirar a ese chico, debe haber mejores partidos en este pueblo...
-Qué bueno que trajimos a la voz de la conciencia... -Soltó el más bajo de los que se hallaban en esa mesa sentados.- Siempre está para jodernos la diversión.
-Cállate Momo- Gruño el rubio que seguía de mimoso.- ¿Que ibas a decir Di?
-Estaba pensando, que entre todos podríamos poner una buena taberna, una que le pasara por encima a todas las existentes -Los presentes le miraron.
-Perdona, pero no entiendo la idea- informo la albina de ojos azules y expresión enternecedora.
-Sencillo Niki- El hombre de cabellera vino tinto sonrió- YO pongo el vino, tu pones el éxito, Belu se encarga de sacar a los problemáticos y darle una paliza, los tórtolos se encargan de que salgan parejas -indico al par de rubios que ya estaban a los besos- Her... se encarga de las cuentas honestamente -el estallido de risas no se hizo esperar.
-"Se encarga de las cuentas honestamente" -Momo estallo en risas, mientras los otros se limpiaban las lágrimas- Buena esa Dio...
-¿Y yo? -pregunto una rubia de aspecto sumamente coqueto.
-Pues... necesitamos algo que atraiga la atención de los hombres. -Comento Dio, dado que no se le ocurría otra función para la rubia.
-Eres una inútil Afrodita... -Comento Momo burlón.
-¿Así? Y tú que harás...
-Haré reír a todo el mundo, en las tabernas no solo se bebe también se ríe. -Comento de lo más sonriente.- Che me estoy aburriendo, vamos a recorrer el pueblito a ver si encontramos algo interesante.
-Hay sí... que estamos cerca del Santuario de Athena y ella tiene todos unos especímenes a su servicio. -Comento la alegre diosa Afrodita, antes de levantarse y comenzar a caminar hacia la puerta.
-¿A quién le toca? -pregunto con fastidio la mujer identificada como "Belu"
-A Nike. -Informo Hermes, que revisaba en la lista a quien le tocaba vigilar que Afrodita no hiciera una de las suyas. La albina dejo salir un bufido, haciendo que su flequillo se eleve un poco.
-¿por qué diablos invitamos a la inútil?
Plaza central. Pueblo de Rodorio.
-Vamos Degel, cambia esa cara, ni que te hubieran dicho que tienes que matar a alguien...- Estaba el sereno Kardia, antes de divisar a Aspros, Defteros y el niño que parecía llevar a su padre como barrilete.- Al parecer, los de esta generación saben cómo manipular a su antojo a los adultos. -Degel miro hacia un costado, atrapo el brazo de Kardia y salió corriendo hacia el callejón más cercano.
Callejón.
-¡Esta aquí! -Chillo histérico- Hoy no es mi día... Me moriré de un infarto ¡¿QUE LES HICE DIOSES?! -Kardia le miro no entendiendo.- ¡LA DIOSA AFRODITA ESTA AQUÍ! -Comenzó a sacudir a su amigo, luego de agarrarlo de la remera.- ¡SAGE ME CASTRA SI SE ENTERA!
-Degel... mi columna no es de caucho... me la vas a romper- Estaba el otro, mientras su amigo estaba meta desarticularla su columna por las sacudidas.
-¡Kardia!- Degel se puso de rodillas y aferro con fuerza la camisa de su hermano del alma- Por lo que más quieras... ayúdame a salir de este pueblo sin que me vea... -Kardia miro preocupado a su amigo, jamás su camarada se había comportado así. El francés le puso ojitos de cachorro, era tal la expresión de súplica que termino asintiendo.
- Veamos cómo diablos te saco del pueblo sin que esa mujer te vea.
Calles.
-¿Quieres uno? -el nene miro con ojitos brillantes a su padre- Elige.
Defteros miraba, con una ligera punzada de celos, a su sobrino eligiendo entre los animalitos de madera. Termino agarrándose a un ciervo. Aspros saco una moneda del monedero que llevaba, y que Defteros ignoraba que tuviera en ese momento, y pago la pieza de madera.
-Esa señora los mira. -Los dos hombres miraron hacia todos lados, aunque no vieron a que señora se refería.
Techo.
-La suerte que tenemos... -La rubia platino miro a su amor- Eros, tenemos que encontrar a la bruja de tu madre antes que se le ocurra perseguir a algún caballero de Athena.
-A la tía Athena no le va a hacer gracia, si mi madre secuestra a uno de sus caballeros. -Comento Eros, que no sacaba su mirada enamorada de su esposa.
Calles.
-Tío Sísifo. Señor El Cid- Los dos adultos se dieron vuelta y se encontraron con el león dorado- ¿Que hacen aquí?
-¿Tu qué haces aquí?
-Perdón, pero pregunte primero. -El chico sonrió burlón- Pero igual te respondo... -Sísifo tuvo que ser sujetado disimuladamente por El Cid.- Vine a buscar algo para Liyona.
-Estaba intentando distraer a tu tío de cierto problema que tiene. -Comento El Cid, tratando de hacerle entender a Regulus que era mejor que se esfumara.
-¿Cual problema? -Pregunto el muchacho preocupado.
-¡TÚ! -Regulus abrió los ojos desmesuradamente, antes que su tío agarrara al sorprendido El Cid y se lo llevara a rastras de ahí.
-Eso, sí que fue raro.
-Disculpa -El chico se dio vuelta- Por esas cosas, joven, no vio una rubia de proporciones físicas por demás llamativas.
-Eh, no. -¿Por qué le veo cara conocida? Regulus miro atentamente al hombre de cabellera vino tinto, se le hacía familiar de algún lado. -Si la vez: aléjate de ella y si puedes ver a buscarme, si no es mucha molestia.
-Eh... claro. -El chico puso cara pensativa, ante todo el asunto. -¿Que le pasara al tío para que crea que soy un problema?-comenzó a caminar por el pueblo. Su mente trataba de procesar ese monosílabo.
Casa de Virgo. Al mismo tiempo.
-¿Cómo te sientes? -Pregunto la joven, mientras le servía un poco de té al caballero dorado. -¿Estas bien?
-Cuantas veces más piensas preguntarme lo mismo. -Gruño con ligero fastidio.
-Si no te atrapaba, ahora tendrías una señal muy clara de que le diste una visita no planeada al piso.
-Solo fue un mareo -Gruño Asmita, no era común para él recibir tantas atenciones.- Tu también estabas mareada...
-Salir del plano de los espíritus, no fue algo fácil... -Admitió sin mucho rodeo.- Aun mi cosmos se niega manifestarse -comento la joven, mientras miraba perdida su mano- Gracias, de nuevo, sé que ayudarme consumió parte de tu cosmos... -Escucharon un ruido de pasos y la joven no tardo en desaparecer tras la puerta más cercana.
-Buenas tardes Asmita- Saludo el bonachón Hasgart. -¿Te encuentras bien? Luces fatigado...
-Solo estuve excediéndome un poco con los límites de mi meditación...
-Pues me parece que otra vez meditaste más de lo que comiste. -El otro sonrió de medio lado, mejor que creyera eso antes que se entera que había estado jugando con la barrera del mundo de los espíritus.- ¿Estás seguro que te encuentras bien?
-Sí, solo he estado algo mareado -Hasgart entorno los ojos- ¿Que sucede? -Aunque no podía verle la cara a su amigo, sabía que algo le pasaba al grandote.
-Los últimos días has estado muy extraño... y sé que no solo te dedicaste a meditar.
-¿A qué te refieres? -pregunto haciéndose el tonto, mientras llevaba la taza de té a sus labios.
-Conmigo no funcionan las mentiras... ¿Qué ocultas?
-Sospecho sobre la ubicación de la llave -mintió. -Me llego un comentario y comenzó a parecerme sospechoso...
-¿Que comentario?
-El tatuaje en el hijo de Aspros.
-Crees que ese tatuaje tiene algo que ver con la llave -el rubio asintió discretamente.- Te pusiste a meditar, tratando de encontrar alguna respuesta al asunto.
-Supongo que volví a exceder el límite de lo que debería ser correcto, ya no soy solo un monje y el cosmos fatiga mucho un cuerpo mal alimentado. -Si desviaba el tema para ese lado, podría sacarse de encima las sospechas del Tauro.
Florería, Rodorio.
-No señorita, me temo que no he visto a una mujer con esa descripción -Manigoldo y Albafica se quedaron helados al ver con quien hablaba Agasha.- Si le veo, le avisare.
-Muchas gracias -la mujer realizo una inclinación con la cabeza y se alejó, dejando a la menor con sus flores.
-Señor Albafica. Señor Manigoldo. Que sorpresa verles por aquí- sonrió la joven, el de Cáncer recordando el motivo por el que se hallaban ahí arrastro a Albafica a hasta el puesto.
-Agasha... Alba necesita un bonito ramo de flores para una mujer especial. -La chica abrió sorprendida sus ojos- Pero que sea algo discreto, nada que se vaya por las ramas -le guiño el ojo a la chica.
-Como desee... señor Manigoldo-Albafica estaba tan sonrojado y cohibido que no era capaz de articular una sola palabra. La chica comenzó a elegir las flores, con sumo cuidado.
-Ven, de paso vamos a comprar el perfume que te dije. -Manigoldo, sin soltar la muñeca de Albafica, comenzó a arrastrarle fuera del lugar- En breve venimos por el ramo, tomate tu tiempo Agasha. -La joven le miro y asintió.
Calles.
-¿Desde cuándo sabes tanto... de romance...?
-Yo soy todo un romántico, solo que tu no me conoces esa faceta -gruño el otro por lo bajo, evitando que su amigo le escuchara.
-Hey -los dos dorados se dieron vuelta y se encontraron con Kardia que le hacía señas. Se miraron entre ellos y luego fueron a ver que quería el bicho chismoso del santuario.
-¿Que hace una Olímpica en Rodorio? -Albafica miraba sorprendido a Degel, que estaba sentado en el suelo abrazando sus piernas. El hombre estaba tan aterrado por la advertencia de Sage que no era capaz de mover un miserable musculo.
-Tengo que llevarlo al santuario, sin que ella lo vea.
-Me pareció ver a los gemelos -Manigoldo puso cara pensativa- podríamos decirles que nos den una mano con la otra dimensión, Defteros no parecía muy feliz de andar de niñero... Su hermano y su sobrino parecían un par de críos.
-DEFTEROS ¡NO! -Degel les miro aterrado- ¿Ya se olvidaron que el muy desgraciado gusta de coleccionar información relevante, y personal de nosotros, para luego usarla cuando le conviene? -Los hombres se miraron, detalle que todos se habían estado olvidando últimamente.
-Necesitaremos ayuda de Shion o de Aspros. -Termino concluyendo Albafica, rogando para sus adentros que Defteros jamás se entera que había encargado un ramo de flores.
Florería.
-Señor Aspros. Señor Defteros- La chica miro sorprendida al niño que venía de la mano de uno de los mayores- Pequeño... -Saludo con una amable sonrisa- Si ven al señor Albafica, le dicen que ya tengo el ramo de flores que me encargo.
-Por supuesto, yo le digo- Replico de inmediato Defteros, impidiendo a su hermano decir alguna cosa.
-¿Por qué hiciste eso?
-Aspros... tu más que nadie deberías de saber que hasta la más diminuta información, puede ser útil a la hora de fastidiarle la vida a alguien -comento el gemelo, mientras su sobrino se peleaba con una mandarina la cual era incapaz de quitarle la cascara- Sera un santo, pero es incapaz de pelar una fruta.
-No le critiques, tú no se aprendiste a atar solo los cordones hasta los diez. -Le gruño el mayor, antes de sentir un tirón de su camisa.
-Le quitas la cascara papá. -Pregunto el menor con su mejor carita de suplica. Defteros no terminaba de creer cuantas expresiones para salirse con la suya tenia su sobrino.
-Claro -Defteros miro a su sobrino y luego a su hermano. En su opinión, el nene había sacado algo más a parte del aspecto físico de su padre.
Todo el tiempo su gemelo había sido por demás complaciente con el niño, ni con Sage era tan condescendiente. Al parecer, ahora seria el gemelo mayor el manipulado.
Callejón.
-Si vamos los cuatro juntos, dudo que se te acerque -Kardia miraba preocupado a Degel- tal vez solo te pareció. -El francés miro a su amigo y lentamente asintió. Otra opción no le quedaba, apenas llegaran al santuario correría a encerrarse en su biblioteca. Albafica dejo salir un suspiro aliviado, al parecer escaparía de las compras románticas.
-Ayudamos a los chicos y luego seguimos con lo que vinimos a hacer. -le gruño Manigoldo al oído. Albafica contuvo la necesidad de hacer una expresión de sufrimiento, ya mucho tenía Degel con su pequeño gran problema de falda.
Calles.
Regulus se detuvo y saco algo que brillaba de su bolsillo, era el pendiente que le había pedido que regresara en el siglo XVIII.
-Vaya, sin duda tiene que estar cerca. -Pusieron una mano en su hombro y se dio vuelta, el terror le subió por la espalda al ver que se trataba de su tutor. -Hola... Tío...
-¿De dónde sacaste eso? -pregunto el sagitario en tono helado, antes que Regulus pudiera replicar una mujer albina se les acerco.
-¿Mi pendiente? -La mujer miro sorprendida la alhaja que dejo de brillar al instante. -¿Cuándo lo perdí? -vieron que se tocaba el lóbulo de la oreja izquierda y se topaba que tenía el pendiente en su lugar. - ¿Cómo es posible que lo tengas?
-Este... -comenzó Regulus. ¿Cómo explicarle a la mismísima diosa de la victoria que ella le había dado el pendiente en el siglo XX?
-Con que ahí esta -Escucharon que gruñía la mujer, antes de ir por otra que había detenido la marcha de cuatro de sus camaradas.
-HAY... NO... Niki...-La mujer tenía un gran mechón de la diosa Afrodita en su mano, mientras Degel se escudaba tras Albafica. Si se iba a fijar en alguien, que se fijara en el Piscis. -Duele.
-¿Sera posible que cada vez que sales tienes que hacer esto? -Pregunto la mujer con una vena hinchada en la frente.- Hay veces que siento vergüenza de ser tu amiga, Venus, por todos los que habitan el Olimpo. Menos Hera -hizo una mueca- Compórtate como una dama. -Miro a los caballeros, Degel y Albafica se sentían algo identificados con la reacción de la albina- Mis disculpas por el incordial momento que mi camarada les hizo pasar, no se volverá a repetir. -Comenzó a caminar llevándose a la diosa ninfómana de los pelos.
-Qué extraño se sintió ser el que recibe las disculpas y no ser el que las da... -comento Degel.
-Ni te imaginas cuanto te entiendo en este momento... -Comento Albafica, que sentía una gota de vergüenza ajena caerle por la nuca. Él muchas veces se había visto obligado a decir esas palabras por alguna acción realizada por Manigoldo.
-De no ser que vi mi pendiente -la diosa miro a leonino, que seguía siendo escoltado por los estupefactos mayores- jamás hubiera encontrado a mi camarada, gracias. -Con que esta era la razón por la que quería que me lo llevara, pensó divertido para sus adentros Regulus. -A modo de agradecimiento, te lo obsequio. -la mujer apretó con fuerza el cabello rubio, para evitar que esta se le escapara.
-No puedo aceptar su presente, diosa Nike- Regulus le tendió el pendiente a la sorprendida deidad- creo que sería mejor que lo llevara usted, ese que tiene en la izquierda le hace falta un compañero -Sísifo y El Cid miraban boquiabiertos al chico: ¡ESTABA RENUNCIANDO A UN PRESENTE DE LA MISMÍSIMA VICTORIA!
-Si esa es tu respuesta -la mujer tomo el pendiente con la mano libre- Cuando necesites un favor de mi parte, puedes ir a pedírmelo. Yo te concederé lo que te sea necesario. -La diosa se retiró llevándose a la rubia del cabello.
-¿Que acabas de hacer? -chillo Sísifo. -Pudiste haberle pedido que hiciera algo con Shukra...
-No se me ocurrió -el chico se encogió de hombros- supongo que debo consultarlo con Athena primero... -aunque sé muy bien que le voy a pedir a Nike.
-¿Por qué le devolviste el pendiente? -pregunto al fin El Cid.
-Sencillo, si no se lo devolvía, no me lo podría dar en el siglo XX y decirme que se lo devuelva en el XVIII. -Indico con la cabeza a sus camaradas- Y ellos estarían en problemas.
Callejón.
-Nike. ¿Sabes lo difícil que es encontrar un francés con buen cuerpo en Grecia?
-Ya deja de fastidiar Afrodita. Compórtate ¿Si?
-Esta vez ganas, Nike- Juro que me acostare con ese hombre tarde o temprano, se dijo para si la diosa rubia.
Casa de Piscis, esa misma noche.
-Solo se lo das y ya.
-No sé... que decir.
-Solo le dices alguna estupidez y ya. -Manigoldo empujaba a Albafica al interior de la casa de frió mármol.
-No puedo hacerlo, Manigoldo, no puedo.
-Pudiste matar a un jueces, puedes darle un presente a una joven.
Frontera del santuario.
-¿Eso quieres?
-Sí.
-¿Estás seguro?
-Sí.
La diosa albina dejo salir un suspiro, como se notaba que quien le pedía la devolución del favor solo era un muchacho de nobles intenciones. Se masajea las sienes, a modo de desconcierto, y susurra unas palabras.
Despacho, Casa de Sagitario.
Sísifo sintió algo, por lo tanto levanto la cabeza.
Había sido algo mínimo, como una extraña sensación de calidez que le invadió por unos segundos. Cerro los ojos y reposo la cabeza en el respaldo de su cómodo sillón. Sintió una extraña sensación de nuevo, su mente estaba en blanco. No se sentía tan tranquilo desde hacía mucho tiempo. Tenía un extraño sentir de suma paz y felicidad. Viendo el lado bueno de todo lo que pasaba, podría ser que Regulus estuviera algo rebelde. ¿Pero acaso no había sido elogiado por los del siglo XX? Ese carácter rebelde, solo sería una etapa que su sobrino tenía que pasar nada más.
-Regulus sabe muy bien lo que hace... -susurro para sí.
En su mente escucho la voz de una mujer y la de su sobrino:
¿Qué es lo que deseas como devolución del favor?
Que el tío Sísifo sea feliz. Que no se preocupe por las cosas sin importancia, que disfrute la vida que nos han dado. Solo eso quiero.
Sísifo sonrió, solo su sobrino podría pedirle algo así a una diosa... A fin de cuentas, su sobrino era una persona de un corazón muy noble.
Continuara.
