Los personajes de Saint Seiya The Lost Canvas NO pertenecen.

Solo me pertenecen los OC.


Hermandad.

Asmita caminaba sin hacer ruido por la sala de Géminis, Iaksi se había quedado dormida en uno de los sillones luego de llorar. Ahora entendía eso de "siempre necesitas un hombro para llorar", la chica se había recargado en él y había dejado libre su angustia. No recordaba quien se lo había dicho, pero sabía que alguien una vez se lo había mencionado. Escucho el ruido de pasos, Manigoldo no tardó en hacer acto de presencia con su andar petulante. Observo de reojo el rostro cansado de la joven y luego a Asmita.

-Oye rubio, no agotes a la chica... Es la única santa que queda. -Amplio su sonrisa burlona- recuerda que ella es santa y tu un monje. Así que deberías de comportarte un poco. -Asmita ni se inmuto, la verdad que Manigoldo interrumpía una importante meditación.

-¿Hay una razón en especial por la que has venido a Géminis?

-Necesitaba hablar con Sísifo, tenía entendido que estaba aquí... -Se rasco en la nuca.- Pero veo que no es así... -La joven morena abrió los ojos y se sentó correctamente- Buenas noches...

-Aun es de tarde. -Informo la muchacha, antes de que Aspros entrara acompañado de Sísifo- ¿No se habían ido con el caballero de Tauro?

-Para tranquilidad de Aspros -Sísifo cerro los ojos- se quedara con la esposa de Defteros hasta que el patriarca resuelva que hacer. -Aunque es claro que ella hará lo que quiera.

-Ella no está casada con mi hermano... Solo tendrá un hijo con él- No sabía por qué, pero desde hacía varios minutos sentía envidia de su hermano. Al parecer los otros lo notaron, dado que Asmita arqueo una ceja y Manigoldo sonrió burlón.

-Así que conocieron a la doncella que apacigua al demonio -Comento el italiano burlón. -¿Esta guapa? -la cara de Aspros le dio a entender que le convenía no meterse en el tema- Sísifo, tengo que hablar algo contigo.

-¿Ahora que hizo Regulus? -Pregunto el caballero de Sagitario en tono sufrido. Todos lo miraron confundidos, pareciera que le hubieran dicho que le condenaron a muerte.

-¿Regulus? Si yo ni he visto al chico. -Manigoldo se rasco el mentón- Te venía a hablar de otra cosa... -Hizo una pausa antes de agregar por cosmos- Algo relacionado con un espíritu robado.

-Ah... -Dejo salir un suspiro- Es que desde hace semanas, todos los que vienen a buscarme es porque Regulus hizo algo.

-Todos hacemos estupideces a esa edad. -Informo la chica, mientras dejaba el sillón y pasaba entre los dos caballeros dorados.

-No pareces la clase de persona que hiciera cosas como Regulus -La chica miro burlona, pero no dijo nada al respecto.

-Es un año mayor a Regulus. -Informo Asmita, no sabiendo por que la joven podría distanciarse de esa forma de su propia edad.- No parece de las que haga incoherencias.

-¿Enserio? -Sísifo miro a caballero- Supongo que podría sugerirle a Regulus que se hagan amigos, tal vez madure de una vez.

Casa de Piscis.

La lluvia gobernaba el panorama exterior, Albafica lo miraba todo con aire ausente. Hasta que escucho el ruido de una escoba, al mirar se encontró con la criada barriendo. El caballero regreso su mirada al frente, desde el incidente de las flores y el perfume había evitado a la criada. No podía ser tan idiota, era un caballero dorado orgulloso y demás...

-Soy un idiota.

-¿Disculpe? Me dijo algo. -¿Aún estaba ahí?

-No, hablaba conmigo mismo. -Informo, sin mirar a la mujer. Esta le miro, no entendía el comportamiento del caballero... Primero le regalaba flores y un perfume, para luego evitarla.- Casandra. -El hombre se dio vuelta y le miro, iba a decirle algo... Pero de golpe no subo que decir, la mirada tímida de la chica le robo la voz- Si alguien me busca, estoy en mi despacho.

-Como desee señor. -Dijo en un tono leve, Albafica percibió el tono de desilusión en su voz.

-¡HAY! Está bien -Albafica, dijo eso en tono derrotado, se dio vuelta y le miro- No sé cómo entablar una conversación con una mujer, le he estado pidiendo consejos a mi mejor amigo... No sé cómo demonios decir que me gustas y no sé cómo hacer para... -¿Qué diablos dije? En eso noto que a la joven se le había caído la escoba. -Este... yo... veras... -Comenzó a tartamudear, no sabiendo que hacer para salvar el momento. Nunca antes en sus 23 años de vida había cometido semejante torpeza.

-Señor... -Observo el semblante sonrojado de la joven. Ella tampoco se esperaba algo así, creía que el caballero (Tan serio y reservado) diría que ella le gustaba de una forma más delicada.- Yo... -Tomo la escoba- me voy a barrer la otra entrada. -Albafica se pasó la mano por el rostro frustrado, sin duda había cometido una gran torpeza.

Casa de Cáncer.

-No, no y no... -Manigoldo reprendía a su solitario amigo, como si fueran maestro y discípulo- ¿Cómo vas a hacer algo así? De seguro espantaste a la chica. No me llamaría la atención que pidiera ser transferida a otra casa...

-Manigoldo... -Albafica le miro, había ido a buscar un consejo no un reto.

-¿Pero cómo vas a hacer algo así? -Le pregunto el otro, indignado por demás con su amigo. Su lado romántico, por que como todo buen italiano tenía un lado por demás pasional, le decía que golpeara a su amigo hasta dejarlo inconsciente por la torpeza.

-Manigoldo... -Regulus ingreso a la casa- Dice Dohko si le puedes dar los papiros que te presto. -En eso noto el rostro de Albafica- ¿Que le sucede señor Albafica? -de vez en cuando, al chico, se le escapaba el señor y cuando eso pasaba más de uno se sentía anciano.- No tiene buen semblante.

-Problemas de él -Gruño Manigoldo, mientras le entregaba los papiros que ni había leído.

-No tiene buen semblante ¿Esta seguro que no necesita ayuda?

-Regulus, por que no te vas a generar una revuelta con tus acólitos infantiles a algún lado- Gruño Albafica, en eso noto lo que había dicho y que sin duda sus palabras habían dolido.- Perdona... es que...

-Si no sabes cómo tratar con una mujer, no te la agarres conmigo. -Le gruño el chico con su orgullo ofendido, no era muy buena compañía, antes de comenzar a irse.- Inmaduro. -Escucharon que replicaba antes de irse.

-¿Qué diablos acaba de decir? -Pregunto aterrado Albafica.

Salida de Cáncer.

-¡REGULUS! -Albafica le dio alcance al chico- ¿Por qué dijiste eso?

-Te escuche hablando con Manigoldo. -El caballero de Cáncer recordó que había dejado la puerta del pasillo abierta- Te iba a sugerir algo, pero creo que mejor me voy con mis "acólitos infantiles" y si me aburro, buscare alguna chica de mi edad para pasarme de listo.

-¿Sabes que significa "pasarte de listo"?- pregunto burlón Manigoldo, ante la cara del más joven comprendió que si.- Regulus, si tu tío se entera...

-No puede decirme nada, porque él se está acostando con cinco mujeres distintas. -Los otros dos se quedaron con la boca abierta- que tenga alas, no le hace un ángel. -Se cruzó de brazos- A parte que los del siglo XX, me dijeron un par de cosas que sin duda son efectivas con las chicas -¿Que los del siglo XX habían echo que?- Solo estoy practicando con ellas -sus ojos se entornaron peligrosamente.

-Regulus... tu... -Manigoldo se sentía dolido en su orgullo- Tienes información "delicada" en tu cabeza que no compartiste con nadie...

-La he compartido... Solo que no con ustedes. -Con Dohko y los discípulos de El Cid, agrego para sus adentros. Como así también había recordado el escape que se habían pegado el chino, él y los discípulos de Capricornio a Rodorio hace dos noches. Menudo lio tendrían los cinco si alguien se enteraba de eso.

-¿Que ibas a sugerirme? -pregunto Albafica, el chico sonrió de medio lado. En Leo, Liyona soltaba esa extraña risa felina, por demás mal intencionada, frente a las criadas... Muchas se preguntaban que estaría haciendo Regulus ahora, para que el gato riera de esa forma. Más de una, susurro "me apiado de su víctima".

-Ven... -Le hizo un gesto y se apartaron de Manigoldo. Quien se moría de curiosidad de saber qué diablos le susurraba el quinto guardián al doceavo.

Casa de Acuario.

-Qué extraño que Kardia no venga... -Degel estaba preocupado, no era normal que el Escorpiano le evitara, tal vez habia sufrido una descompensacion y estaba desmayado en algún lado..

Te ha cambiado

-No... -apretó los dientes, apartando esa traicionera idea.

Regulus de Leo le da la adrenalina de lo prohibido, tu no.

-Kardia no me cambiaría, soy su mejor amigo -Cerro los ojos, peleando con esa traicionera voz que creía parte de su conciencia.

Tú no le das lo que pide, lo busca por otro lado... Tú nunca fuiste importante, no eres nada para él

-¡ESO ES MENTIRA!

Nunca fueron realmente amigos, jamás has tenido un amigo real... Todos te traicionan... Unity y Kardia, son un claro ejemplo. Solo te utilizan y luego te desechan

-Kardia es mi amigo... -apretó los dientes y cerró los ojos- es mi amigo...

Te dices eso, para negar la realidad. Kardia solo te tiene cerca por que le convienes, pero ya no... Tú nunca fuiste su amigo. Solo eres material desechable

-Kardia, jamás me utilizaría... -Abrió los ojos y se miró en el espejo en el buro- ES MENTIRA, KARDIA JAMÁS ME UTILIZARÍA...

LO HACE, TODO ESTE TIEMPO TE HA USADO.

-¡YO JAMÁS PENSARÍA ESO! ¡SAL DE MI CABEZA! -Grito, mientras sus dedos se enroscaban en el cabello y sus uñas se enterraban en su piel.- ¡DEJAD DE MENTIR! -Kardia, quien justo entraba escucho los gritos y se apresuró a ir al cuarto de su amigo, encontrándolo de rodillas en el suelo.- Kardia... es como mi hermano... es mi hermano de la vida... jamás me utilizaría... -El caballero de ojos turquesa miro a su amigo preocupado, nunca antes había sentido semejante angustia. Jamás había escuchado a Degel, llamarle hermano.

-Degel... -Se arrodillo a su lado y coloco su mano en el hombro del acuario- Degel, no le escuches... -apretó los labios antes de agregar, no estaba seguro si estaba en lo cierto.- Agashura de Serpiente, te está manipulando. Tiene que pelear contra él... Vamos amigo, yo sé que puedes hacerlo.

-Kardia... -Lagrimas caían de sus ojos, mientras las voces se arremolinaban en su cabeza- callarlas. Calla a todas esas voces... me están enloqueciendo... callarlas. -Suplico.

-Te ayudare, aunque no sé cómo, pero lo haré. -Kardia miro las lágrimas de Degel ¿Angustia o confusión?- Tu sabes que siempre puedes contar con mi locura, no importa para qué. -Limpio las lágrimas con el dorso de la mano-Alguna locura se me ocurrirá... hermano.

-Kardia. -Le miro atentamente con una clara suplica en los ojos- Ayúdame...

Templo, India.

Shukra miro con rabia la piedra, mientras una línea comenzaba a fragmentarla. No podía dejar que eso pasara.

-Puloman -el guerrero apareció arrodillado a los pies de la escalinata- traedme el corazón ardiente de Escorpio, su calor daña la piedra.

-Como lo desee, su alteza.

Casa de Acuario.

-Tranquilo Amigo... -Kardia abrazaba a Degel, las voces seguían arremolinándose en su cabeza.- Ya hermano...- Su cosmos rodeo a su amigo.- Alguna forma hay... Siempre la hay... El discípulo de Dohko, una vez me contó algo... Yo no soy de rezar, pero mi fe en ti nadie la puede contradecir. -Cerró sus ojos- Tu espíritu... aún queda algo de él en ti, entonces haremos que el resto vuelva.

-Kardia...

Casa de Géminis, al mismo tiempo.

-Octavio.- Un ronquido- Octavio- Otro ruido similar- Sal de mi cama. -Gruño Aspros, mientras sacudía suavemente al niño, este estaba dispuesto a seguir durmiendo y no ceder la cama.- Común demonio... -Movió al niño (quien siguió dormido) y se hecho también. Cerró los ojos y una punzada de celos llego de forma traicionera hasta él.

Esa sonrisa y esa mirada.

Apretó los dientes odiando a su hermano, se notaba el amor que esa mujer tenía hacia el llamado "demonio de Isla Kanon". La sonrisa tierna cuando decía su nombre, la expresión dulce en su mirada y la tristeza que la poseía al saber que nada podía hacer por él.

Su hermano, el rechazado y marginado, tenía alguien que le amaba...

Tenía a alguien que lo amaba y eso le hacía arder en cólera. Él podría tener la posición en la orden, la armadura y el poder... Pero no tenía algo tan simple como el amor genuino de una mujer. Nadie se preguntaba si estaba bien, nadie le esperaba ni se preguntaba cuando volvería.

-A demás el muy infeliz va a hacer padre. -En lo más hondo y cruel de su mente, deseo que su hermano no pudiera ver nacer a la criatura. Defteros no podía tener lo que a él se le había negado. Se levantó de la cama y apretó los dientes, estaba cometiendo otra vez el error de transitar el camino del odio y resentimiento.

Miro a Octavio, el niño se había arrimado a él en algún momento. Tal vez no tuviera a Diana... Pero tenía a Octavio, una pequeña criatura que dependía de él. Cerró los ojos y dejo salir un suspiro, para luego levantarse de la cama y salir de la habitación.

Aposentos de Defteros.

-Defteros... -Se arrodillo junto a su hermano inconsciente, este tenía una expresión de paz en el rostro... Una que nunca antes había contemplado en su vida- Hermano, si logras escucharme... Aunque no puedes dar señales de eso, quiero decirte que conocí a Keira... -Miro a su hermano y luego cerro los ojos- Entiendo por qué no me dijiste de ella y también porque no me dijiste nada. Ella es... perfecta para ti. -Sabía que, donde quiera que estuviera su mente, su hermano le escuchaba- Ella te ama, Defteros, pude verlo en sus ojos y en como habla de ti. -Abrió los ojos y le miro nuevamente- Defteros, no importa que tan duro sea... Peleare, para que puedas ser libre. Tu lugar es al lado de ella, no el santuario de Athena. Aquí jamás tendrás, la felicidad que ella te da.

Abrió los ojos sorprendido, al ver la sonrisa formarse en los labios de su hermano. Una humilde sonrisa se formó en sus labios también, donde quiera que estuviera. Defteros le había escuchado.

Continuara.