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Somebody Mix My Medicine.
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- ¡Vamos Angelina! ¡Gira tu cuerpo cuando estés arriba, no antes! ¡Tú sabes de esto! Cuida tu pie en la caída, no queremos que se lesione otra vez.
Ensayo. Primer ensayo del segundo acto de Giselle. Nos ocupamos únicamente del primer acto en las dos primeras semanas, ya que la escena de la locura de Giselle tuvo complicaciones.
- Las manos livianas Angelina. Estas muerta, no puedes verte forzada.
- ¡Eso... Intento!
Maldita vieja, no piensa que pase casi dos meses sin bailar.
- ¡Lo veo pero no es suficiente! Solo mantén las manos en una onda, tú puedes.
Debía incentivar a Albretch a levantarse para que siguiera bailando, imitando los pasos de Mirtha, la reina de las willis. Un salto, un medio giro rápido del torso y al piso.
Me concentraba mucho en mi pie, en no torcerlo, debía ver por mis manos, notaba como se endurecían cuando saltaba y eso no podía suceder.
- Te falta impulso al saltar y tu cuerpo lo compensa tensando las manos. Impúlsate con la pierna que levantas.
Intente saltar como ella me lo decía, un salto que había hecho muchas veces pero que mi cuerpo no estaba asimilando. Debía dar un medio giro al tiempo que saltaba, levantando una pierna para dar el impulso hacia atrás.
- ¿Así está mejor?- El problema era que debía hacerlo hacia la derecha, luego hacia la izquierda y de nuevo hacia la derecha.
- Si Angelina, sigue ensayándolo.
Mierda.
Salte hasta que se acalambraron mis piernas pero de eso se trata, de que el movimiento salga tan perfecto y natural, que no se note el esfuerzo que conlleva realizarlo.
Pararse de puntas es difícil y doloroso para muchas, sin embargo nadie lo nota. Girar requiere equilibrio, así como muchos movimientos. Mantener un arabesque se ve lindo pero te acalambra la pierna.
Por eso muchas niñas sueñan con bailar ballet y pararse de "puntitas", pero cuando llegan a la clase y les dicen que hasta dentro de muchos años no usaran ese tipo de zapatillas, lloran y gritan y abandonan las clases. A mí me paso esto mismo.
A fin de cuentas, mostramos una danza bella y lo más perfecta posible, para que la gente preste atención solamente a los pies.
¿Para qué prestar atención a las manos y actitud de la bailarina?
- Tus manos vuelven a estar tensas. Te lo permito en el giro, antes y después no. Sé que puedes Angelina.
- ¡Solo... Déjeme en... Paz!
- ¿Sabes qué? Dejaremos esto para mañana. Se corta aquí ya que no haremos ningún progreso. Iván excelentes tus pies pero cuídalos al caer de los saltos, no quedan en posición y podrías lastimarte. Angelina... Eres increíble, con todo este tiempo sin ensayos sigues haciéndolo bien, ten paciencia, solo son tus manos que debes corregir y las expresiones, recuerda que debes tener la cabeza gacha. Giselle es un fantasma en este acto. Hasta mañana chicos.
- Adiós Ann.
- Adiós señora.
Nadie mira a la bailarina porque el atractivo radica en las piernas y pies. Cualquiera puede lograr la suavidad de las manos, las expresiones faciales, pero el tono de las piernas, su apertura y los pies con su empeine pronunciado, no se logran tan fácilmente.
Caminamos con Iván hasta los bancos y guardamos nuestras cosas. Calentadores, botellas de agua, zapatillas, remeras y algún otro artículo, como las vendas para mi tobillo. Debo cuidarlo, tengo las piernas algo débiles aun y no quiero una mala caída.
- ¿Dónde vives? Yo estoy en motocicleta, puedo llevarte.
- Por la 29, entre la 5 y 6. Igual camino, son unas calles de aquí.
- No, yo vivo por la 4. No me queda trasmano llevarte. Aparte ya es tarde, solo no comentes a nadie de aquí, ya sabes de mi mujer y eso.- Me miro con sus ojos oscuros casi suplicándome. ¿Cómo le digo que me importa un pepino su mujer?
- Si, no soy amiga de nadie aquí. No te preocupes.
- Entonces vamos, la deje en el estacionamiento a la vuelta de aquí.
Me sostuvo la puerta con una sonrisa, que para mi mente cansada y confundida, fue picara.
Me mordí el labio y lo seguí, sintiendo como mi cuerpo me pedía lanzarme sobre él.
En las calles había poca gente y mucha niebla, la maldita niebla inglesa. Te humedece la ropa y nosotros que tenemos el cuerpo caliente, nos deja el pecho un poco sentido.
- Aquí Angie, es aquella. No tengo un casco para prestarte, si quieres usa el mío.
- No, póntelo tú. No hay problema, aparte no me gustan los cascos, el encierro, es asqueroso.
- Haha está bien, abrígate.
- Si señor~... ¿Algo más?- No pude evitar el ronroneo en mi voz, tenerlo así, con un pantalón de jean y una campera de cuero, es muy tentador.
- Si... Sujétate fuerte.- Creo que noto el tono de mi voz.
Arranco el vehículo y me subí, apretando la cintura de su campera.
A medida que avanzábamos entre las calles casi vacías de autos, me apretaba más contra él. En parte por el impulso de la motocicleta y en parte a propósito.
Cuando acelero luego de doblar una esquina, lo abracé por reflejo, sentí que me caía.
- ¿¡Estas bien!?- Su voz salió amortiguada por el casco.
- ¡Si, tranquillo!
Movió un poco la cabeza y siguió concentrado en el camino.
Siendo un poco atrevida, apoye la cabeza en su espalda, el viento me estaba congelando la cara. Igualmente afloje mis brazos en su cintura, si el me recalco que tenía mujer, no lo presionare. Intentare que caiga solito en mis manos.
- ¿Aquí está bien?- Ya estábamos en el cruce de la 5 y la 29.
- Si, aprovecho y paso por el mercado de allí.
- Bien, descansa para mañana.
- Igual tú. Oye... Discúlpame por recostarme en tus hombros, se me estaba helando la cara.- Inocente en la calle. Zorra entre cuatro paredes.
- Lo imagine, no me molesta. Ah... ¿Tú tienes una funda de dedo que me prestes? Solo por mañana.
- Si claro, tengo una caja sin abrir. Hasta mañana.
Le di un beso en la mejilla, con el corazón a mil.
- Hasta mañana.
Enfile hacia el mercado de la señora Larsen, aun no cerraba. Mi cara ardía de vergüenza, de deseo, de emoción. Realmente me gusta ese hombre.
Compre unas frutas y seguí hacia el apartamento.
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Para mi mala suerte, en el apartamento estaban los chicos y algunas personas más, Adam y John, precisamente. Habían quedado en mirar unas películas y yo no sabía nada. Se habían hecho amigos durante el trascurso del mes.
- ¿Por qué aquí y no en su casa?- Le pregunte a Alex.
- Se rompió el sillón, no preguntes como. No tenemos un lugar cómodo y Chris ofreció este bello trono.
- Si... Seguro. Iré a bañarme.
- ¡Vuelve de buen humor, preciosa!
- ¡Púdrete Daniel!
Adam estaba en mi sillón y me miraba de forma estúpida mientras tomaba una cerveza y John era John, con una paleta en la boca. Estaba sentado en un posa brazo del sofá y me miraba como si nada. Era la primera vez que lo veía desde el problema en el blakie, hace tres semanas. Le di una mirada y seguí mi camino.
El baño me relajo el cuerpo, tanto que me empezó a doler todo en el momento en que salí de la ducha. Mientras me enjabonaba, se me erizaba la piel pensando en Iván. Por dios, no voy a sobrevivir hasta el estreno si sigo así.
Como pude me puse un pantalón deportivo, una remera, me unte aceite de oliva en ambos pies y me enfunde unos calcetines. Mi rodilla derecha tenía todo tipo de moretones, ya que en una parte del primer acto, al terminar los fouetté, tengo que arrodillarme en una especie de reverencia.
Duelen.
Me peine y salí hacia el living.
Habían elegido mirar Blair Witch, la primera de todas y la mejor, a mi gusto.
- ¿Estas más tranquila?
- No estoy molesta Chris, me duele todo. Adam ese es mi sillón, pásate para este.
- Compártelo, siéntate conmigo.- Dijo palmeando el asiento.
- No hay chance. Muévete.
Haciendo trompa se cambió de lugar, al lado de Chris.
Me gusta este sillón porque la forma me permite apoyar las piernas en el respaldo sin que me molesten o se adormezcan.
Es mi rutina nocturna de pies. Agua tibia, un poco de crema o aceite y ponerlos en alto.
- ¿Cómo está tu pie?
¿John me hablo?
Tire mi cabeza hacia atrás, curvando un poco mi espalda y lo mire.
- Así.- Me saque los calcetines y les mostré mis desechos pies.
Las fundas se me habían resbalado y me hice una herida encima de la articulación de los dedos, que ya tenían durezas hace años. Un pulgar tenía la uña morada, aun no estaba mal del todo. Los dedos pequeños tenían una ampolla a cada lado y todos los dedos estaban algo hinchados y rojos.
Los dos meses que pase en casa me hicieron perder un poco la forma de los pies.
- Me refería a tu tobillo. Imagino que aun esta débil.
- A~h eso. Esta mejor, lo mantengo vendado. Aunque el problema ahora es esa uña negra y la rodilla.
- ¿Quieren palomitas?- Corto Chris yendo a la cocina.
- Yo no tengo hambre.
- Yo si quiero.
- ¡Yo también!- Alex y Dan aman las palomitas, a mí me molesta cuando se pegan en las muelas.
- No sería mala idea, hace tiempo que no cómo.
- Si son dulces, me apunto.
La única amargada que no comería seria yo, típico. No me molestaba, estaba entretenida moviendo los pies y mirando la película.
Dan estaba tirado en el puff delante mío, Alex y Chris en el sofá, Adam en el otro sillón y John en el posa brazo del sofá, desparramado con los pies en el respaldo de mi sillón.
Apenas estuvieron las palomitas, Chris dejo el recipiente sobre la mesa y los cuatro chicos lo atacaron. Chris y yo miramos en silencio la emoción que tenían de comer palomitas, parecían niños.
Al rato de estar la película, Adam se revolvió en el sillón y nos habló.
- Chicos ¿No les molesta si fumo aquí?
- Depende.- Le dijo Dan.
- ¿Depende de si te convido...?
- ¡Exacto! ¿Qué tienes ahí? Mmmm... Lo huelo.
- Es fresca y de la buena. Me sentía de antojo de algo natural.
- Pues bien, menos Angie todos queremos. Si quieres te damos unas monedas y compras mas.- Hablo Chris, tomando un trago de cerveza.
- No, yo tengo una planta. ¿Tú quieres John?
- Si es de tu planta si, la otra era una mierda. ¿Quién te la había vendido?
Los chicos rompieron en risas. Es extraño escucharlo hablar así, hasta yo me reí.
- Mike Foster, un niño pijo de las oficinas, el de lentes verdes.
- Ah sí~... Decirle "niño pijo" es poco. Bueno, mueve las manos y convida.
- Eh chicos, si todos van a fumar eso, yo me voy de aquí.
- ¿Tu no fumas Angie? Seleccione cada hoja, cada flor, especialmente para ti.- Me dijo Adam mostrándome sus hierbas en una bolsita.
- No Adam, me meterían a un manicomio si consumo alguna droga. Alex préstame tus llaves, yo dormiré allá y quédense aquí ustedes, ahogándose en humo.
- Nope, hoy romperás ese límite. Nunca probaste marihuana así que lo harás hoy, pasivamente.
- Daniel, dame las llaves.
Yo ya estaba enderezándome en el sillón, juntando paciencia para no noquearlo con el jarrón de Chris que tenía al lado.
- No, te quedas aquí.
- ¡Daniel sabes que me hace mal!
- La cocaína te hace mal, no seas cobarde.
- ¡Dame las llaves! ¡Sabes que puedo entrar igual! ¡Dámelas y quedemos bien!
- No Angie.
- Vas a arrepentirte.
Un poco renga me fui a mi habitación y cerré de un portazo. Estaban todos riéndose y dándole aliento a Daniel hasta que le dije eso último, ahí quedaron en silencio al ver que hablaba en serio.
Los odio cuando intentan convencerme de drogarme, si tan solo supieran como me sentí cuando tome cocaína... De seguro dejan de insistirme.
Vamos a relajarnos, tengo mucho lugar y tiempo aun.
Mi habitación es la más grande, le dije a Chris apenas nos mudamos que quería poner una barra y tener un buen espacio para practicar algún paso que se me dificultara.
Una pared es espejo y la barra, luego las paredes son azul oscuro y mis muebles son negros. Un armario para mi ropa y otro más pequeño para mis cosas de ballet.
Puse música suave y calenté un poco las piernas, quería practicar el salto de Giselle.
Pierna, manos suave~s, medio giro, pierna, salto y medio giro, manos suaves.
- No, no, no. No lo hago bien... Ahora entiendo un poco donde corregir... Vamos de nuevo.
Hacia los saltos y razonaba frente al espejo los errores que cometía. Mañana ensayaría con Iván y lo haría perfectamente. No quiero cometer errores.
El humo de la marihuana se estaba colando por debajo de la puerta, era muy fuerte.
Los chicos siempre fumaron esa planta pero a mí me provoca alucinaciones, muy malas. Siento como todo se vuelve brillante y los sonidos se apagan totalmente. Todo lo que haya soñado se vuelve realidad y mis miedos, aparecen delante de mí, materializados en esa visión. Eso me provoca la marihuana, la que fume hace años sin que los chicos sepan.
Tome aire y salí a decirle a los chicos que abrieran las ventanas, me estaba ahogando el olor.
La casa parecía que se incendiara, el humo era tan denso que probablemente no vería mi mano frente a mis ojos. Para mí que no fumo era demasiado.
- A~gh ¿Pueden abrir las ventanas? Mi habitación se está llenando de humo.
- ¡Pues abre TU ventana! Ahahahahahaha.
Christina estaba pasada de cuerda. Estaban comiendo palomitas con demasiado caramelo encima.
Alex estaba tirado en el sillón con las piernas en el respaldo y la cabeza colgando del asiento. Dan estaba sentado en el suelo al lado de las palomitas y John acostado sobre el posa brazo de mi sillón y los pies colgando del otro lado. Adam no se veía.
- Ábrelas tú...- Apenas se escuchó la voz de John.
- ¡Bien!
Cuando cruce la puerta de la cocina, una silueta negra me lleno la cara del humo hediondo.
Lo malo es que sufro los efectos de la droga y los efectos sobre mi poder. Debo soportar dobles síntomas.
- ¡Imbécil! ¡Bastante humo tengo como para que me lo eches en la cara, idiota!
- Ya Angie, calma... Esta rico. Solo huele.
Mi cabeza se está yendo...
- Vete a la mierda Adam...
Me apoye en la pared mientras veía los colores claros de las paredes, volverse luminosos como el sol. Todo se inclinó hacia algún lado, sentía como me movía en sentido contrario para mantenerme estable.
Intente caminar hacia mi habitación pero el piso gelatinoso me impedía hacerlo bien. Caí de bruces, causándome un dolor agudo en las muñecas al apoyarlas en el suelo.
En la psicodelia que era el piso, unas imágenes se veían pasar.
Dos personas de pelo claro en la nieve. Una hombre de pelo claro y una muchacha de pelo chocolate en un mercado paseando. El mismo hombre de pelo claro y un niño. El hombre y una mujer de pelo negro.
¿Quién mierda son ellos...? Rasque el piso intentando llegar a ellos pero solo se dispersaban como el humo, cambiando a otra imagen.
Levante mi cabeza y vi como las bocas de los chicos se movían pero no los oigo, no sé qué dicen, no sé qué intentan hacer conmigo tampoco.
Mire al suelo, esperando ver algo mas pero solo eran colores que me mareaban.
Dan me tomo de los brazos y me ayudo a levantarme de ese piso y me guio al sofá.
Todos me hablaban pero no se oía ningún sonido. Todo estaba mudo.
Chris me sacudía, Alex me ofrecía agua, Dan y Alex se desesperaban y John me miraba fijo a los ojos.
Yo los miraba intentando decirles que tuvieran cuidado con el suelo pero no lograba hablar.
Todo comenzó a cambiar. La casa se volvía de madera, Chris y Alex tenían pelo negro, Dan tenia pelo claro, Adam estaba teñido de rojo y John tenia pelo más largo.
Mi cabeza giraba aún más, un remolino comenzó a formarse en la pared y una niebla roja se escurría de él.
Ver esa niebla avanzando hacia mí me provoco un pánico indescriptible. Se veía letal, peligrosa, como una serpiente esperando clavar los colmillos en su presa. Eso era la niebla, el depredador.
Me caí del sillón y me arrastre lejos de la nube roja, empujando a los chicos en el proceso, viendo como el depredador me seguía avanzando entre los pies de los demás.
Me arrastre hasta mi habitación a tropezones, sosteniéndome de las paredes y caí en un hueco donde todo estaba oscuro. Mi habitación era un pozo pero allí, apenas audible había algunos sonidos.
Una... Una... ¿Una motosierra? Y algo más, un susurro rasposo.
Sangre.
Sangre.
La intensidad subía de a poco, como si se acercara a mí. El terror que ya corría en mis venas aumento la velocidad.
Sangre.
Aumento hasta ser un grito que taladro mis oídos.
Quería gritar que parara, que era suficiente pero ningún sonido salía de mi boca, todo estaba oscuro y la niebla roja subía por mis piernas.
¡Sangre!
Un dolor me atravesó el costado y la niebla se cerró sobre mí, borrando todo rastro de luz y enviándome a algún lugar dentro de mi mente.
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- Le digo que no, está muy descompuesta. Si, comió pollo en mal estado. Si claro, apenas llegue el médico le pido el certificado. Bien, si, si claro. Chau.
Mi cabeza estaba en una prensa. Cada palabra, cada brillo, sonido o color me mareaba y aturdía.
- Chris...
- Angie despertaste. ¿Cómo te sientes?
- Habla suave... La jaqueca me está matando.
- Disculpa lo de anoche... Nos asustamos mucho cuando te vimos gritando y tropezándote.
- No recuerdo mucho ahora... Sé que el piso se movía y que había una niebla roja.
- Si, gritaste que te atraparía y te lanzaste al suelo desde el sillón. Nos empujaste fuerte, yo caí al suelo y John sobre la mesa, rompió un vaso y se hizo una herida en el brazo.
- Deberé pedirle disculpas...- Quería enderezarme pero no podía, era doloroso.
Le escribiré a John para darle unas disculpas.
- Si, fue un corte profundo pero dejo de sangrar bastante rápido. Te traeré el móvil.- Fue hasta el living y volvió con mi teléfono.- Te preparare algo de comer, el número de John lo agrego Alex anoche en tu agenda.
Busque el contacto, y le envié un audio por WhatsApp.
~ John ¿Cómo estas...? E~h quería disculparme por lo de anoche, Chris me dijo que te di un empujón y te cortaste el brazo... Como sea, disculpa...~
Enviado y recibido. Apenas podía mirar la pantalla con el brillo al mínimo.
~ Por lo menos estas viva. Es un corte pequeño, no te preocupes. No quería grabar un audio pero estamos en una-¡Mándale un beso a la chica más linda!- Te manda saludos Adam... En fin, tenemos un calcinado que investigar, bye bye.~
Un calcinado... Pobre tipo haha.
Dormiré otro poco, no tengo ganas de levantarme ni de comer.
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- Angie... Preciosa despierta.
- Déjame~ Daniel...
- Ya es de noche, debes comer algo.
- ¿Eh? ¿Qué hora es...?
- Son las ocho preciosa, levántate.
- Ok... Alcánzame una campera de allí... Hace frio.
- El medico vendrá en unos minutos. Debes tener un certificado para la compañía.
- Mierda... Está bien.
Daniel se fue haciendo menos ruido que el normal.
Cuando salí de mi habitación la luz me cegó por un momento, dándome una puntada en la cabeza.
Me pare en la puerta con una mano delante de los ojos, intentando acostumbrarme. Cuando sucedió, seguí camino al sillón, mi sillón.
Alex estaba jugando con su PlayStation, apenas me vio.
- Hola Angie... Muere de una vez... ¿Cómo estás? ¡Muérete!
- Oye... ¿Se quedaran a vivir aquí? No sé si quieren traer también sus camas...
- Estoy esperando al "medico".
- ¿Que fue ese tono?
- Ya verás. Mira, tu desayuno-almuerzo-cena.
Dan traía una bandeja con tostadas, mermelada, te con leche, ensalada cesar y un licuado de frutas. Me relamí los labios cuando vi la bandeja, un talento oculto de Dan es que cocina bien. Parece que no supiera hacer ni pasta pero se le da bien lo culinario.
- Gracias lindo, vamos a ver qué tan rico esta.
Me abalancé sobre él te y las tostadas y me propuse devorar todo lo que había allí.
Ya estaba comiendo la ensalada cuando tocaron a la puerta.
- Mierda... ¡Pasa! Toma las municiones... ¡Agarra las putas municiones! Control de porquería.
- Alex es un juego... Si no volvieras a gritar así te lo agradezco, sino te tirare con el tenedor por la cabeza...
- Y no dudo que lo harías, ¿Cómo va?
¿Ah? Pensé que no había entrado nadie.
- Eres muy sigiloso ¿Sabes? ¿Qué haces aquí?
- Soy el medico que te trae un certificado.- Dijo mirando la pantalla que Alex jugaba.
- Tú eres forense... No quiero un certificado tuyo.
- Hahaha no, solamente puedo conseguir otras libretas de médicos y copiar sus firmas. Dime que quieres y lo anotare.- Ya estaban arreglando la partida para jugar de a dos.
- Chris les dijo que comí pollo en mal estado y estaba en cama...
- Eso será... Mmhm por allí debe haber una puerta... Ahora anoto eso.
- ¿Cuantos días serán...?- No me contestaron ninguno de los dos.- ¿John?
- Espera un segundo...
- John cúbreme en esa esquina.
- Adelante... No veo nada.
- John...
- Quiero encontrar municiones para un rifle y no sé dónde están...
- Me pareció ver una caja cerca de la puerta principal.
La pantalla de la televisión comenzó a tener interferencia.
- ¿Y eso? Todos los cables están en su lugar, ¿No Alex?
- ¿Puedes hacer el maldito papel?
- Deja que lleguemos al punto para poder guardar.
Ya está, presione un poco más y la tv se apagó. Los chicos quedaron estáticos viendo la pantalla.
- Quiero el papel, no estoy de mucha paciencia querido...
Alex supo enseguida que fui yo quien apago la tv. John me miro con el ceño fruncido.
- ¿Por qué hiciste eso?
- Quiero mi certificado... tengo un trabajo al que volver.- Alex me miro nuevamente con preocupación, él no sabía que John estaba al tanto de mi poder.- Él ya sabe, no te preocupes.
- Ah sí, tuve una demostración de sus habilidades. Dime que le dijeron a tu superior.
- Supuestamente estoy enferma por comer pollo en mal estado.
- Me~h son dos o tres días. No creo que decir que la marihuana no es tu fuerte, sea conveniente.
- No toques ese tema.
- No, no. Aquí tienes, firmado por James Andersen haha.
- Angie, enciende la tv... Vamo~s.
- Bien. Solo porque tengo mi certificado. Aa~h ahora me cambiaron de bailarín y no lo desaprovechare. Ni un solo día de ensayo.
- Ah... ¿Sí?- John desvio sus ojos hacia mi por unos segundos, en los que capte una sensacion extraña.
- Sip, ahora tengo al más lindo y no al stalker. Es mu~y bueno bailando.
- Que bien... Alex tengo un juego muy bueno para recomendarte, otro día te lo presto.- John se levantó y agarro su chaqueta de cuero. Lo mire extrañada un momento, me pareció ver un cambio de humor por allí.
- Si claro, escríbeme cuando estés en la vuelta.
- Adiós chicos.
- Bye~.
- Adiós.
- Alex, ¿Chris hacia doble turno hoy?
- Si, por eso estamos aquí cuidándote.
- Ah. Iré a dormir, adiós lindo. ¿Dónde está Dan?
- Dándose una ducha, pero creo que se durmio allí, descansa Angie.
Me dormí rápidamente, con Iván acaparando mis pensamientos pero en un rincón se coló el rostro de John cuando se despidió, era muy expresivo para alguien tan reservado como él.
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Fin! No tengo mucho mas que decir! Espero les haya gustado.
