«Odio a los niños».
«Entonces este trabajo debe ser un paraíso» puede verlo hacer un puchero, repitiendo las mismas palabras en un tono despectivo.
Es imposible no acabar sonriendo, casi mordiendo sus labios para evitar reírse ahora que los menores tomaban su hora de la siesta.
«Lo estás haciendo bien» confesó, ahora que han pasado pocas semanas, y los incidentes del azabache habían sido menores, se notaba que se estaba esforzando por mantenerse empleado. «Los niños no han muerto».
«Es porque no sabes de entretenimiento».
Le ha dado un par de palmadas en la espalda, negando con la cabeza; claro que comprendía su diversión, sonaba demasiado entretenido ver a niños pelear por una insignificante paleta, pero por motivos obvios, eso no debía ocurrir. Primero por los padres, en segundo, por la audiencia que fuese más sensible al contenido con respecto a los problemas infantiles; el programa no estaba hecho para recibir demandas que perderían ante los padres preocupados.
«Hey Chef, ¿podemos comer algo mientras están dormidos?» la pregunta lo tomó por sorpresa, más cuando se recargó en su hombro. «Muero de hambre».
Quisiera decir que le sorprende esa oración, sin embargo, lo ha visto matarse de hambre, y en otras ocasiones, come la primera basura rápida que pueda pedir en el lugar. «Pensé que dirías que estabas en una dieta estricta gracias a un asesor de imagen» según lo que le ha comentado cuando va a su oficina a quejarse, como si fuera un consejero experto.
Otra vez, los quejidos son evidentes y le hacen querer burlarse por su actitud tan infantil y contradictoria a sus palabras. «Lo estoy, pero quiero una maldita hamburguesa» sus pequeños gestos se abrieron, Chris le estaba permitiendo ver nuevas expresiones que reservaba por lo general ante las cámaras.
No pudo evitar prestar mayor atención a su cara, solo para intentar adivinar cuantas veces le ha mostrado ese lado suyo.
« ¿Hay alguien ahí?»
Parpadeó cuando la mano del menor se movía a los laterales frente suyo, tratando de despertarlo de un acto que no sabe en qué momento lo consumió. Sus mejillas se tiñeron, y por momentos, creyó que su corazón estaba latiendo más rápido de lo debido.
«Deja de hacer eso» rascó su mejilla, tratando de desviar tales sensaciones a ese movimiento. «Estaba pensando si tenía lo necesario para cocinar una».
« ¿Sabes cocinar?»
« ¿Tú no?»
«Prefiero que cocinen para mí».
Rodó la mirada. «Suenas a un inútil, cara bonita».
Solo pasaron segundos para que los dos se percataran de las últimas palabras de su oración.
« ¿Soy una cara bo-».
Abruptamente puso su mano sobre su rostro, empujando el mismo con tal de que perdiese el equilibrio.
« ¿Quieres la maldita hamburguesa o no?»
Agradece que todo el incidente se haya olvidado cuando tuvieron que hacer todo un espectáculo para conseguir lo necesario para la comida "gourmet" que el menor demandaba. Lo peor del caso, es que aún está en duda de cómo es que accedió a servirle incluso en la mesa ya que ninguno de los dos poseía la altura para sentarse en una zona así.
Se siente ligeramente tonto de encontrarse en el suelo delante de una mesa a la altura ideal para las minis estrellas del programa.
«Chef» le miró, masticando la hamburguesa sin expresión alguna. «Pensé que me envenenarías».
Y ahí estaba, su sonrisa presumida.
«Eres un bastardo».
«Con cara linda».
Y no dudó en golpearlo con la espátula.
