-La historia y los personajes no me pertenecen en lo absoluto sino que son de la completa autoria de Masashi Kishimoto más la narración y/o utilización de los hechos son de mi absoluta responsabilidad para la dramatización, sentido y cronologización de la historia :3 Esta historia tiene lugar tras el capitulo 468 de Naruto Shippuden, tras la batalla de Indra y Ashura. Les sugiero oír "Dance of Dragons" de Ramin Djawadi para Indra Otsutsuki, "Reflection" de Christina Aguilera para Sanavber, y "Tears of an Angel" de RyanDan para las escenas de ambos juntos.
Llevar a cabo una buena acción sin esperar recibir nada a cambio era lo mejor que podía existir en el mundo, y como una mujer criada en un mundo de adversidades, Sanavber sentía que no podía ser egoísta; tenía un don, el don de la medicina y lo usaba para ayudar a tantos como pudiera, tenía la costumbre de recorrer largas distanciasl, cruzando amplios bosques y caminos agrestes solo para visitar a personas pobres y necesitadas que vivían solas o no tenían quien los apoyara, y simplemente pasaba un par de horas al día con ellos, en ocasiones ayudándolos en sus quehaceres, curando sus enfermedades y haciéndoles chequeos para ver en que podía ayudar. Su padre le había enseñado que hacer una buena acción solo por ayudar y sin esperar que se le retribuyera nada, abría las puertas hacia la otra vida, y aunque Sanavber se consideraba una persona sin particular importancia en el mundo, prefería dedicar su tiempo a ayudar a otros antes que perderlo en sí misma, sin importar que su clan no compartiera en lo absoluto su perspectiva. Con una sonrisa y volteando en el umbral a ver a la adorable anciana que acababa de atender, Sanavber se sintió plena ante la sonrisa que aquella mujer tenía en el rostro; vivía sola con su pequeña nieta de siete años y ambas tenían síntomas de un tipo de peste que Sanavber ya había visto en muchos antes, y les había aplicado la cura para que no empeoraran, algo provechoso ya que ni la mujer ni su pequeña nieta parecían estar en riesgo, en tanto siguieran todas sus indicaciones.
-Aquí tiene— tendió Sanavber, extrayendo un pequeño frasco del interior de su kimono.
-Muchas gracias, no sé cómo pagarle— se lamentó la anciana con un deje de vergüenza.
-No es necesario, solo necesito que siga mis instrucciones— tranquilizó la joven con una amable sonrisa, —bébalo cada mañana y se sentirá mejor— instruyó sino hacer desaparecer su sonrisa, más con tono serio, —pero en cualquier caso volveré a visitarla en una semana para asegurarme de que funciona— siempre le gustaba estar al pendiente de sus pacientes, y esta vez no era diferente.
-Y me honrara recibirla, señorita— garantizó la mujer inclinando respetuosamente la cabeza por su amabilidad, —gracias de nuevo— sonrió incapaz de devolverle su bondad.
-Por nada— volvió a sonreír Sanavber, enternecida, —nos vemos pronto— se despidió con voz dulce.
De último minuto, la pequeña nieta de la mujer apareció en el umbral, corriendo para abrazar las piernas de la joven Harunn, susurrando un apenas audible gracias y recibiendo a cambio un beso en la frente, y plena con aquella sencilla pero sincera demostración de afecto, Sanavber le dedicó una última mirada a la mujer, internándose en el bosque para retornar a su cabaña que estaba a varios kilómetros de ahí. Divagando, por un momento pensó en este extraño que ahora vivía con ella, Indra Otsutsuki, un verdadero extraño a decir verdad, vivía en su cabaña, compartían espacio y comida, pero sus interacciones habían sido mínimas, era muy callado y frió, pero Sanavber sentía el conflicto que cargaba; miedo, ira, odio, confusión y anhelo de afecto aunque se esforzase en ocultar esto último, Sanavber deseaba acercarse y ayudarlo, pero no podía si él no se lo permitía, por lo que podía decirse que estaban estancados en un puerto muerto. Eligiendo apartar la mente de sus pensamientos sin sentido y que no la llevarían a ninguna parte, Sanavber se detuvo al sentirse observada, y solo bastó que se detuviera para que de entre las penumbras del bosque aparecieran tres hombres que lentamente comenzaron a rodearla como bestias a un animal al que cazar, más eso no le daba miedo, gracias a sus instintos más salvajes podía oler licor y lujuria en ellos, sabía lo que pretendían, pero ella no era una florecilla indefensa que necesitaba protección, podía defenderse sola, más no quería empelar la fuerza, deseaba evitarlo lo más posible para no lastimar a nadie.
-Miren nada más, este debe ser nuestro día de suerte— celebró anticipadamente uno de los hombres.
-Si me disculpan, necesito continuar con mi camino— se excusó Sanavber simplemente, evitando verlos a los ojos.
-¿Por qué tan deprisa?— obstaculizó el hombre, cerrándole el paso, —podemos pasárnosla muy bien, ¿cierto, muchachos?— sugirió con una sonrisa que incomodó a Sanavber. —Eres muy bella— observó recorriéndola con la mirada como si fuese una presa.
-Se los advierto, no quiero lastimarlos— comentó ella con indiferencia, deseando evitar toda confrontación.
-¿Oyeron eso?, que buena broma— rió el hombre al igual que sus dos compañeros, —¿qué puedes hacer tú?— preguntó sin esperar respuesta alguna, jugando con sus largos cabellos azabache, cosa que desagrado a la Harunn.
Ser subestimada era algo que Sanavber detestaba, no le gustaba que otros infirieran sobre su persona y sin conocerla, más permaneció en silencio, luchando por decidir qué hacer cuando uno de los sujetos que la rodeaba se detuvo tras ella y la sujeto por los hombros, y aquello fue un inmediato detonante que la hizo voltear y tumbarlo de un solo golpe en la cara para evidente incredulidad de los otros dos sujetos que en cosa se segundos se abalanzaron contra ella, sujetándola de ambos brazos, más sin inmutarse Sanavber forcejeó contra sus captores, propinando a uno una seca patada en el estómago que lo hizo arrodillarse al perder el aliento, oportunidad en que lo remato con una patada en la nuca. Volteando a ver a su restante captor, Sanavber le sostuvo la mirada, arrodillándose lentamente, palpando el suelo hasta dar con una rama lo suficientemente gruesa y con la que lo golpeo en la cabeza, dejándolo inconsciente. Atontado por el fuerte golpe que había recibido de aquella extraña mujer, el primer captor intentó sujetarla por la espalda, mucho más envalentonado por el reto de una mujer que se resistía, más su estrategia no halagó a Sanavber sino que la hizo enfurecer todavía más, y sin necesidad de voltearse dejo que aquel sujeto la tomase por los brazos, girando el cuerpo para tumbarlo con una voltereta, golpeándolo en la cabeza con toda intención de dejarlo inconsciente más de no matarlo, ni aún en sus peores momentos ni llevada por la rabia más ciega e infernal, no disfrutaba de lastimar a otros ni mucho menos de impartir la muerte.
Dejando caer descuidadamente la rama al suelo, aún sobresaltada y excitada por el torrente de emociones que bailaban incontrolablemente dentro de su frágil cuerpo, la Harunn respiró profundamente para calmarse, feliz con la ilusión de recuperar el aliento y dejar atrás este incidente como si jamás hubiera pasado, más algo le impidió hacerlo o mejor dicho alguien, al sentir el tacto de alguien sujetándole repentinamente el brazo desde atrás, la pelea aún no parecía haber terminado y aquello solo envalentonó el caos dentro de su mente agitada, más en un impulso y naturalmente desconfiada, Sanavber extrajo del interior de la manga de su kimono un pequeño puñal que siempre llevaba consigo y que sostuvo fuertemente en su mano, volteándose para defenderse de quien sea que estuviera detrás de ella, apuntando el filo de la hoja contra el pecho de aquel individuó que le sostuvo la mirada, parpadeando confundida al reconocer de quien se trataba, pero sin saber porque estaba ahí; Indra. Sorprendido, más no lo demostró, Indra simplemente sostuvo la mirada a Sanavber quien respiró más tranquila al reconocerlo, ignorando adrede la daga que apuntaba directamente a su corazón, si no hubiera llegado a tiempo no habría creído lo que acababa de ver, como esa mujer de aspecto tan frágil había derrotado en cosa de segundos a tres hombres por si misma…estaba sin habla, pero no pensaba demostrarlo, por lo que plasmo una máscara de indiferencia ante Sanavber a pesar de que desease preguntarle si estaba bien.
-Supuse que necesitabas ayuda— comentó el Otsutsuki con su voz naturalmente fría y estoica.
Aunque no lo exteriorizara, se había preocupado por la rutina que tenía esta mujer de salir sola y recorrer largas distancias, por lo que en esta instancia la había seguido, y agradecía haberlo hecho, pero aún estaba sorprendido por lo que acababa de presenciar. Parpadeando en silencio y tragando saliva sonoramente, Sanavber no supo que hacer o pensar bajo la intensa mirada ónix del Otsutsuki que apenas y le había dirigido la palabra un par de veces desde que se conocían, pero ya que continuaban viviendo juntos de forma indefinida, no le quedaba otra alternativa que confiar, al menos sabía que él no iba a hacerle daño, o eso quería creer.
De regreso en la cabaña y sentada sobre su cama, Sanavber abrió ligeramente su kimono para examinar los moretones que cubrían su hombro derecho, apenas y había sentido el momento en que uno de esos sujetos la había tomado del hombro y ni siquiera había reparado en la fuerza del agarre que había quedado impreso en su piel, más los moretones desaparecerían en solo unos días, ya se había enfrentado a cosas mucho peores. Irrumpiendo en sus pensamientos, Indra volvió a entrar en la cabaña, haciéndola sonrojar mientras hacía amague de acomodarse el kimono, más no pudo hacerlo ya que él le tendió un vaso con agua que aceptó con una ligera sonrisa a modo de agradecimiento, y en su distracción Indra se sentó a su lado para examinar personalmente sus moretones. En otra situación, Sanavber se habría ofendido, no era correcto que un hombre invadiera su espació y la tocara de esa forma por muy preocupado que estuviera, pero lo dejaría pasar porque esta era la primera vez desde que se conocían que él estaba siendo amable y demostraba sus sentimientos, algo que ella había anhelado ver. Indra no podía explicar lo que sentía como para romper con las distancias y acercarse a Sanavber, estudiando bajo su tacto los moretones que aquel hombre había dejado sobre su piel al sujetarla lo suficientemente fuerte como para dejar una marca…saber que alguien la había atacado, que alguien había intentado lastimarla provocaba en él un sentimiento extraño y único, porque no deseaba que nadie la tocara ni lastimara, no lo toleraría.
-¿Estás bien?— consultó Indra solo para estar seguro, sin apartar sus ojos de ella.
-Si, gracias— contestó Sanavber con un hilo de voz, superando su impresión, —esos maleantes no me hicieron nada, no los dejé— se jactó con inevitable orgullo.
-Lo note— asintió el Otsutsuki, apartándose lo suficiente como para que ella se acomodara el kimono, —¿dónde aprendiste a pelear así? Por lo general las mujeres no saben defenderse— nunca había conocido a una mujer que pudiera pelear, no así.
-Entonces soy una autentica rareza, bueno, más de lo que ya lo soy— obvió la Harunn con una infantil risa que lo hizo entornar los ojos. —Cuando vives sola es mejor que aprendas a sobrevivir, o te asesinaran mientras duermes— confesó intentando creer que podía ser honesta y que él no la juzgaría por eso.
Sentando en silenció frente a Sanavber, Indra sencillamente arqueo una ceja mientras estudiaba a la peculiar mujer delante de él, ¿qué clase de mujer era? Jamás había conocido a alguien que fuera capaz de defenderse y mucho menos de pelear de aquella forma, hasta el día de hoy para él las mujeres eran seres…inferiores que no podían pelear y que necesitaban ser protegidas, pero esta mujer era lo opuesto, no quería reconocerlo pero por un momento casi se había quedado boquiabierto, ni siquiera había pensado en ayudarla en su batalla sino que se había reservado a observar porque ella lo tenía todo controlado, pero no iba a asumirlo. Sanavber mantuvo la sonrisa en su rostro mientras observaba a Indra quien estaba claramente sorprendido por su forma de expresarse, más ella estaba acostumbrada a que otros la menospreciaran o dudaran de sus capacidades, era la única mujer de su familia y sus padres habían muerto, ¿si ella no sabía pelear quien lo haría por ella? No era bien visto que las mujeres supieran pelear o defenderse, se creía que la mujer que lo hacía perdía su honor ya que no era propio de su género luchar como hombre, porque no lo era, una mujer traía honor al casarse y ser recatada, pudorosa y refinada, pero a Sanavber nunca le había gustado que le dijeran que hacer, ella vivía a su manera y seguía sus propios deseos, no los de quienes la rodeaban, sabía pelear y defenderse y nada ni nadie la haría dejar de ser quien era, su fuerza y fuego interior estaba más allá de su género, y quería demostrarlo.
-Te haré una propuesta— planteó Sanavber tras tan prolongado silencio, —quiero que tú y yo peleemos, ¿qué dices?— sugirió desafiante.
-Imposible— negó Indra de inmediato y sin siquiera detenerse a considerarlo.
-¿Qué?, ¿por qué no?— cuestionó la Harunn con incredulidad, decepcionada por su negativa.
-No peleo con mujeres, no es divertido— obvió el Otsutsuki encogiéndose de hombros con aparente superioridad.
-Oh, ¿crees que soy débil?— más bien afirmó ella sin dejarse ofender, —¿acaso no viste como derrote a esos sujetos?— recordó por si eso no le resultaba suficiente.
-Simple suerte— desestimó él sin dejarse impresionar, porque pelear con ebrios no era lo mismo que pelear con él.
-En mi experiencia, la palabra suerte no es una buena descripción— se defendió Sanavber con orgullo. —Quiero pelear contigo, y no te estoy pidiendo permiso— estableció seriamente ya que ninguna persona podía rechazar un duelo, era indigno.
Levantándose de la cama en silencio y sin esperar a que el Otsutsuki diera su aprobación o no, Sanavber se acercó a uno de los rincones donde reposaba un pesado baúl de madera que abrió sin que Indra pudiera ver que contenía, hasta que ella sostuvo entre sus manos dos elegantes fundas de color negro, las reconoció como fundas de espadas y más cuando la Harunn desenfundó una para tendérsela, anudando la otra al fajín de su kimono. Aun sentando sobre la cama, sosteniéndole largamente la mirada a Sanavber, interiormente impresionado por su temeridad, Indra descendió lentamente la mirada hacia la espada que Sanavber le tendía, debatiendo interiormente si debería pelear con una mujer, pero si ella quería una pelea, le daría una…
De pie junto al frente al otro, separados por varios metros de distancia que los permitían estudiarse entre sí, Indra analizó de arriba abajo a Sanavber mientras sostenía la espada desenfundada en su mano derecha, por inercia deseaba ser quien diera el primer golpe, pero no sabía si eso era correcto o si debía ser más suave ya que ella era una mujer...y la forma en que vestía no ayudaba mucho, ¿cómo es que ella pretendía pelear en igualdad de condiciones vistiendo un kimono tan largo?, ¿cómo podría estar a su nivel? Cuando Indra comenzó a considerar que esta pelea era un error, Sanavber desenfundó lentamente la espada que permanecía atada al fajín que cerraba su kimono, disfrutando del filoso sonido de la hoja contra la funda, eliminando lentamente la distancia entre ambos, rodeando a Indra, pateando con ligero desafío la falda de su kimono para que no le estorbase al pelear, aunque sabía que no lo haría, nunca vestía de forma alguna que pudiera incomodarle, tanto que de hecho usaba cortas botas de cuero bajo el kimono en lugar de zapatos propios de una mujer. Divertida por el ápice de duda que veía en los ojos del Otsutsuki sobre si atacarla o no, Sanavber disimulo lo más posible la ligera sonrisa que esbozaron sus labios antes de acelerar sus pasos para convertirlos en un trote y de un salto propinar la primera estocada a Indra quien alcanzó a defenderse y bloquear el golpe con la hoja de su espada, sosteniéndole la mirada entre sorprendido y claramente intrigado por su valor, correspondiendo a la sonrisa de arrogancia que veía en los labios de ella.
-¿Aún crees que soy solo una mujer?— preguntó Sanavber con desafió, incapaz de contener su sonrisa.
Confiada, con la hoja de su espada contra la del Otsutsuki, Sanavber alzó una de mis piernas para intentar golpearlo, más Indra la bloqueó de inmediato, sosteniendo la espada con una sola mano y el muslo de ella con la otra, sorprendiéndose al percatarse de que bajo el kimono vestía una especie de mayas; el kimono era solo una imagen, debajo no vestía como una mujer sino como un guerrero. Una mujer guerrera…que termino más extraño, Indra había oído varias veces en su infancia que dentro del mismo clan Otsutsuki existían mujeres que eran capaces de pelear y defenderse, pero no estaban al nivel de los hombres porque su género no lo permitía, porque las mujeres no eran capaces de pelear sino que eran criaturas vulnerables que necesitaban protección, además no era correcto que lo hicieran, no era femenino…sin embargo, Indra lo pudo evitar centrar su mirada en Sanavber, desde la elegancia de su presencia hasta el brillo de salvajismo en su mirada, no se vía menos femenina solo por empuñar una espada y defenderse, ni por ponerse a su nivel, ¿qué clase de mujer era Sanavber Harunn? Zafándose del agarre del Otsutsuki, la Harunn apartó su espada de la de él, maniobrando la empuñadura en su mano para hacer girar la hoja sobre su propio eje a modo de reto, invitándolo a seguir peleando y ante lo que Indra no dudó esta vez en verla como su igual, chocando su espada contra la de ella en una danza gemela, ambos atacándose y defendiendo su espacio, no viendo a la persona que tenían delante como hombre y mujer sino como un adversario.
Era una suerte que el claro en que se encontraran fuera tan amplió y a la vez remoto, porque nadie podía ver la batalla que estaban sosteniendo, chocando las hojas de sus espadas, acercando y alejándose como hacían los depredadores al enfrentarse. Indra no recordaba cuando había sido la última vez—exceptuando a su hermano Ashura, claro—en que había peleado en serio contra alguien, no había grandes guerreros que fueran capaces de ponerse a su nivel, pero esta mujer si, peleaba mejor que muchos de aquellos a quienes se había enfrentado o que lo había intentado, y no se rindió ni aun cuando el Otsutsuki entrelazo su espada contra la de ella, quitándosela de las manos y enterrándola sobre la tierra, pero esto no desarmo ni derrotó a Sanavber quien desanudo la funda del fajín de su kimono, utilizándola como escudo al enfrentarse a él, defendiendo su espació cada vez que el Otsutsuki dirigía la espada en su dirección. La Harunn sonrió al ver una brecha en la defensa del Otsutsuki, aprovechándola y logrando propinarle una seca patada en el abdomen, quitándole el aliento, y cuando él volvió a acercarse Sanavber no solo volvió a proteger su espacio sino que también le asesto un nuevo golpe, esta vez a la altura de la clavícula, muy cerca del mentón y la tráquea, sabiendo por experiencia lo incomodo que eso se sentía, deseando desesperarlo y hacer que peleara en serio, que deseara herirla, entonces sabría que estaba peleando con un verdadero guerrero y no solo con un hombre que la veía como un entretenimiento, no su igual.
A causa del frenesí en su interior, Indra dirigió el filo de la espada en dirección a Sanavber, dándose cuenta demasiado tarde de la fuerza impresa en el golpe, más lejos de preocuparse por ello, la Harunn soltó la funda que había aferrado entre sus manos y se dejó caer al suelo, separando las piernas y con una simple voltereta en el suelo arqueo la espalda para evitar el golpe, rodeando al Otsutsuki con sus piernas, envolviendo sus manos alrededor de su brazo en una certera llave ante la que encontró incierta resistencia a causa de la impresión. No era solo una mujer, era una guerrera, y con un seco movimiento envolvió sus piernas a las caderas del Otsutsuki, haciéndolo caer de rodillas y le dobló el brazo con todas sus fuerzas hasta hacer que soltara la espalda, más eso no le resultó suficiente, sino que además se sentó encima de él, disfrutando de estar arriba y saberse victoriosa en una imagen degradante para alguien como Indra Otsutsuki que no perdía nunca y que no aceptaba la derrota. Dándole a entender que la batalla había terminado, Indra se resignó, haciendo que ella se levantara con confianza, ocasión que él aprovecho para halarla del brazo y hacerla quedar bajo su cuerpo, agitada y con las mejillas sonrosadas; había sido una maniobra muy inteligente de su parte, astuta como debía ser una mujer, pero la inteligencia no era la única habilidad necesaria para sobrevivir, y lo demostró él al levantarse del suelo, observando con aparente orgullo a la derrotada mujer quien únicamente esbozo una sonrisa al encontrar su mirada con la suya.
-Te lo dije, solo suerte— obvió el Otsutsuki desde su aparente lugar como vencedor.
-No lo creo, yo gané— negó la Harunn con confianza y sin hacer desaparecer su sonrisa.
Entre intrigado y claramente divertido por la actitud de Sanavber, quien era incapaz de rendirse, Indra únicamente negó en silencio, tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse, más lejos de ver aquello como un gesto amable, Sanavber envolvió una de sus piernas alrededor de los tobillos del Otsutsuki con todas sus fuerzas, haciéndolo tambalear y caer exactamente a su lado, haciéndola sonreír; yo ganó, se jacto la Harunn en silencio, aunque por el suspiro que Indra emitió, él parecía haberle leído la mente. Esta mujer era un verdadero enigma para él, siempre le habían inculcado que las mujeres eran criaturas débiles que necesitaban protección ya que no podían luchar por sí mismas, pero Sanavber era completamente lo opuesto, era elegante y femenina como se suponía que debía ser una mujer pero tenía una fuerza abismal, la suficiente para derribarlo con un solo movimiento pese a estar tumbada sobre el suelo, e Indra sabía que tal vez debería sentir herido su orgullo por ser derrotado por una mujer, pero lejos de ello se sentía extrañamente feliz, le alegraba haber encontrado a una persona capaz de vencerlo. Levantándose del suelo sin necesidad de ayuda, Sanavber dejó libre una melodiosa carcajada, volteando a ver a Indra con una radiante sonrisa; una regla importante de la guerra era que tu enemigo no estaba realmente derrotado en tanto viviera, y si bien Sanavber no disfrutaba de matar, nunca dejaba que sus adversarios quedaran en pie, y eso es lo que había hecho con Indra, lo había derribado para ganar.
-Bien, lo acepto— suspiró Indra, pero sin frustración ni orgullo sino reconocimiento, —me equivoque— no se lo estaba diciendo a una mujer sino a su igual, una guerrera.
-Dulce victoria— murmuró Sanavber ahogando una cantarina risa, —así me doy por satisfecha— declaró al saberse vencedora.
Aún tumbado sobre el suelo, deteniéndose para recuperar el aliento y apoyándose en el suelo con ambos brazos, Indra mantuvo el ceño fruncido de forma analítica mientras estudiaba con la mirada a la peculiar rareza de cabello azabache y ojos esmeralda, por un momento esa luminosa e inocente sonrisa que hacía brillar sus llamativos ojos consiguió hacer que se olvidara de lo frustrante que era perder, esa sonrisa consiguió espantar todas sus preocupaciones. De pie y con una sonrisa arrogante, Sanavber le sostuvo la mirada a Indra quien simplemente esbozo una sonrisa ladina bajo su mirada, como si la reconociera o al menos así es como la Harunn lo sintió, y algo más, se veía feliz, esta era la primera vez en que lo veía sonreír y ella misma sonrió aún más con solo verlo, porque esa sonrisa por muy sencilla que fuera le parecía lo más hermoso que había visto y era más valiosa para ella que su victoria.
Había ganado, pero esa sonrisa había logrado desarmarla.
Aceptar una derrota no era en lo absoluto algo fácil como se tendía a creer, de hecho, era un proceso sumamente complicado ya que no solo se trataba de aceptar que la otra persona había ganado y el individuo en cuestión había perdido, sino que se trataba de crear un balance, reconociendo que esa otra persona era más fuerte en determinado aspecto, que era mejor, y solo entonces se podía aceptar la derrota, cuando se comprendía que aún había más por aprender, y sin importar que no estuviera acostumbrado a perder, Indra aceptó que había subestimado a Sanavber, ambos sentados en silencio uno junto al otro frente a un simple riachuelo, el Otsutsuki terminando de lavarse las manos y limpiarse el sudor de la batalla en tanto la Harunn simplemente se refrescaba el cabello y mejillas, bebiendo un poco el agua dulce que fluía tan cerca de ambos, protegidos por la espesura de aquel bosque y que parecía no tener fin. Con una permanente sonrisa en el rostro y deslizando finos hilos de agua en forma de gotas contra su largo cabello azabache, Sanavber volteo a ver a Indra, disfrutando de poder pasar tiempo con él y no como completos desconocidos sino como…¿amigos?, ¿iguales? Era muy difícil para ella darle un nombre a su vínculo, no podía explicarlo pero algo había cambiado desde el momento en que esos sujetos la habían atacado hacía ya varias horas, algo había motivado a Indra a acercarse a ella y dirigirle la palabra, más que eso, volver de sus interacciones una relación, pero a la cual aún no podía darle nombre.
-Diste una gran pelea— reconoció Indra, rompiendo con el silencio. —Eres una mujer fuera de lo común— notó sin apartar sus ojos de tan particular mujer.
-¿Y eso por qué?, ¿por qué sigues pensando que estoy loca?— preguntó Sanavber con un deje de mofa, aunque no le importaba que él la considerara loca.
-En parte— asintió el Otsutsuki, siguiéndole la corriente, —pero lo digo porque jamás conocí a una mujer que pudiera pelear, no como un hombre— había oído que era posible, pero no lo había creído hasta verlo con sus propios ojos, —estás llena de sorpresas— añadió con genuina admiración aunque con claras reservas.
-Viniendo de ti, lo tomó como un cumplido— bromeó Sanavber, riendo al verlo esbozar una sonrisa ladina. —Tenía cinco años cuando mi madre murió, y mi padre se quedó solo para criarme, no teníamos parientes ni muchos amigos, y yo no tenía hermanos o hermanas, pero nunca necesite de nadie más, mi padre fue suficiente— él había sido padre pero también madre para ella, protegiéndola y forjándola al mismo tiempo. —Apenas cumplí siete años, él mismo me enseñó a pelear, a sostener un arma y a crear distintos tipos de venenos— le había brindado la educación y conocimientos de un hombre, por eso no tenía miedo de luchar sus propias batallas con fuerza y espada.
-¿De él aprendiste a curar a otros?— inquirió el Otsutsuki ya que sus conocimientos en medicina superaban a cualquier persona que hubiera visto antes.
-No, lo hice de una antigua amiga de mi madre, mi padre murió cuando tenía doce años y ella me cuido y educo hasta que murió, hace dos años— aclaró la Harunn con una pisca de melancolía, extrañando a tan noble e importante mujer en su vida.
-Así que estás sola— afirmó el en voz baja, sin intención de ofenderla sino al contrario.
-Tan sola como tú— comparó ella con una sonrisa y tras escucharlo a la perfección.
No sabía cómo vivían esas otras personas que estaban rodeados de amigos o familia, porque pese a formar parte de un clan familiar muy numeroso, Sanavber prefería vivir sola y siguiendo sus propias reglas, sin tener que hacer lo que otros le decían y porque le gustaba están en contacto con los humanos normales, le gustaba vivir de forma humilde y ayudar a otros, claro que en consecuencia su existencia era más bien solitaria o lo había sido desde que su padre había muerto cuando había sido una niña, al igual que su madre, pero ellos le habían dado la base suficiente para poder sobrevivir por su cuenta y defenderse de cualquier enemigo, justo como Indra, pero esta era la primera vez en que pasaba tanto tiempo con alguien que no la veía solo como a una mujer sino como su igual. Desde el comienzo, Indra había sentido algo muy extraño por esta mujer, podían llamarlo loco o lo que quisieran, pero sentía que podía confiar en ella, sentía que no tenía por qué ocultarle nada, sentía que podía ser él mismo aunque hubiera crecido pensando que si hacía eso podía morir al exponer su debilidad, pero ella era diferente de cualquier persona que hubiera conocido, podía ver la sinceridad en sus ojos cada vez que encontraba su mirada con la suya, alguien con unos ojos como los de ella no podía ser falsa, no podía ocultar nada y él elegía confiar por completo, pero al mismo tiempo que sentía que podía confiar en ella, sentía que había algo más, algo que ella no le estaba diciendo, existía una extraña tensión entre ambos y no solo porque fueran un hombre y una mujer.
-Intento entenderte, como tú intentas entenderme a mí, pero no lo consigo— confesó Indra, sintiendo que podía ser transparente con ella. —Desde que te dije mi nombre, siento una tensión entre nosotros— y no una tensión física sino emocional, como si ella ocultara algo.
-No sucede nada— contestó Sanavber de inmediato, —es solo que es raro vivir con alguien más luego de tantos años sola— aclaró intentando convencerse de eso.
-No, hay más que eso— insistió el Otsutsuki, pudiendo ver que ella quería evitar el tema. —¿Cuál es tu verdad?— preguntó directamente, esperando por su respuesta.
-No fui del todo sincera contigo, no es la primera vez que nos vemos— confesó la Harunn por fin, bajando la mirada al percibir la impresión que causaban sus palabras. —Cuando dije que acostumbró a conocer el nombre de a quienes ayudo, en parte fue mentira, pero si lo dije fue porque…me parecía haberte visto antes, y así fue— con incertidumbre, alzó la mirada para encontrar sus ojos con los pozos ónix del Otsutsuki.
-¿Dónde me viste?, ¿cuándo?— preguntó él frunciendo el ceño, ocultando lo mejor posible su sorpresa.
-Era una niña, tenía doce años— respondió ella con una tenue sonrisa. —Me interné en el bosque y entonces te vi, estabas entrenando, por tu cuenta cuando llegó otro muchacho, parecía ser tu hermano, te marchaste con él, pero grave ese recuerdo en mi memoria, y el color de tus ojos— explicó viéndolo fruncir el ceño ante su alusión, pero ella prefirió no ahondar en el tema. —Fueron unos minutos, pero lo recuerdo como si sucediera ahora mismo, y pase mucho tiempo esperando poder volver a verte, hasta hoy— sonaba tonto y hasta soñador, pero era la verdad, su verdad.
Aun podía recordarlo, apenas y había sido una niña de doce años que poco sabía de la vida, su padre había muerto recientemente y en aquellos días se había dedicado a vagar por el bosque, disfrutando de la naturaleza para olvidar su dolor, y en medio de uno de sus recorridos había visto a un muchacho de su edad, a Indra, entrenando, había deseado acercarse y hablarle pero su timidez se lo había impedido...cuando otro muchacho había llegado a buscarlo descubrió su nombre; Indra, después de ese día había vuelto a visitar las inmediaciones el bosque solo con la esperanza de volver a verlo, pero él nunca había vuelto o no para que pudiera verlo, y Sanavber lo había llevado en su corazón como un recuerdo, había sentido algo diferente en él y ese sentir no había cambiado aunque ahora el muchacho fuera un hombre. Sorprendido por las palabras que acaba de escuchar, Indra contempló el silencio el sereno rostro de Sanavber, intentando descifrar si mentía o si estaba ocultando algo, si no era sincera, pero por primera vez desde que la conocía sentía que la tensión entre ambos ya no era tan grande, como si un peso invisible hubiera desaparecido, y analizando sus brillantes ojos esmeralda se dio cuenta de que no había una pisca de maldad en ellos, podía palpar su sinceridad y eso lo abrumó, tanto que tuvo que bajar la mirada...nunca había creído que alguien pudiera preocuparse tanto por él sin conocerlo, sin haber hablado con él siquiera, pero esta mujer si lo había hecho, ¿Por qué? no podía encontrar una respuesta.
-Cuando te vi, aún sin reconocerte, supe que debía ayudarte— habló Sanavber en medio del silencio, encontrando su mirada con la suya, —me lo dijo mi corazón— añadió en apenas un susurró pero que él consiguió escuchar.
Estaba siendo muy impetuosa y emocional, lo sabía, probablemente no debería ser tan sincera y decirle aquello que llevaba callando desde que él había dicho su nombre hacia tantos días, semanas, pero no podía callar a su corazón, no quería causarle problemas ni confundirlo, quizás debería marcar las distancias y decirle a Indra que se fuera, debía alejarse de ella, no era una mujer que podía decidir sobre su vida como otras si podían, acarreaba un gran peligro consigo por el clan al que pertenecía y lo que era en realidad, y lo último que deseaba era traerle problemas a Indra, se alejaría si eso evitaba tal destino y si él se lo pedía, porque solo quería que estuviera a salvo y fuera feliz. Contemplando el rostro de Sanavber, sus labios, el sonrojo en sus mejillas y el brillo inocente en sus ojos esmeralda, Indra no pensó y simplemente hizo lo que su corazón le estaba pidiendo, acunando suavemente el rostro de ella entre sus manos e inclinándose para unir sus labios con los de Sanavber que jadeo a causa de la sorpresa, invitándolo a profundizar el beso mientras deslizaba sus dedos entre sus sedosos y largos cabellos azabaches. No tenía idea de lo que estaba haciendo, jamás había sentido necesidad de saciar un impulso como este y tampoco nunca antes había sentido algo así, por lo que simplemente cerró los ojos y disfruto de aquella sensación que nunca antes se había permitido y que no se comparó con nada en cuanto Sanavber supero la sorpresa y le correspondió dulcemente, aferrando sus manos a su hombros y su pecho, no alejándose sino que acercándose más. No sabía que los besos podían sentirse así…
Removiéndose inquieto sobre la improvisada cama en que intentaba dormir, Indra suspiro sonoramente, contemplando el techo de la cabaña, abriendo y cerrando los ojos una y otra vez, intentando conciliar el sueño sin éxito alguno; las palabras de Sanavber resonaban contra su cabeza una y otra vez, ¿acaso había mentido?, ¿cómo era posible que lo hubiera visto hacía ya tantos años? Claro, desde cierto punto de vista ella no tenía por qué mentir, él mismo no tendría por qué haberse dado cuenta de que alguien lo había visto desde lejos…pero los sentimientos que Sanavber decía tener lo dejaban entre la espada y la pared, ¿qué se suponía que hiciera ahora con lo que estaba sintiendo? Desde el primer momento había considero a Sanavber como una mujer fuera de lo común por su nobleza, luego al verla pelear como ninguna otra persona a quien hubiera conocido y ahora resulta que ella estaba enamorada de él o eso le daba a entender, ¿qué debía hacer?, ¿qué debía sentir? Estaba más confundido de lo que nunca antes lo había estado, y que su cama estuviera a solo unos pasos de distancia de la de Sanavber quien dormía profundamente no ayudaba a que aclarara sus ideas. Desde siempre, mantener el control de sus sentimientos había sido algo primordial y relativamente fácil de hacer, solo tenía que evitar formar vínculos con el resto de las personas que lo rodeaban, alejándose, pero era la primera vez en su vida que estaba tan cerca de una mujer que lejos de alejarse, intentaba acercarse más, y estaba entrando en su corazón como nunca había imaginado que pasaría.
Necesitando aclarar sus ideas, Indra se levantó con sigilo de la cama, teniendo cuidado de no despertar a Sanavber quien solamente se removió sobre su cama entre sueños, sin advertir lo que él pretendía, apoyando su cabeza contra la almohada y sin dejar de dormir, con una expresión permanentemente serena y que no hacía sino confundirlo más y más, haciéndolo apartar la mirada mientras abría la puerta y se alejaba de esa visión, cerrándola tras de sí. A solas con el quedo ambiente nocturno, Indra se sentó en el umbral que daba con el patio y jardín, intentando aclarar su mente, azorada por ideas completamente contradictorias. No podía explicar lo que sentía, él mismo no alcanzaba a comprender que sentía realmente por Sanavber ni que lo había motivado a besarla, solo sabía que era impropio de su parte comportarse así con una mujer tan amable y que le había tendido la mano desinteresadamente, pero cuando había oído a Sanavber decir lo que significaba para ella, saber que ella había llevado su recuerdo como un tesoro en su corazón por tantos años lo abrumaba enormemente, nunca había significado tanto para nadie, ni aún para su hermano o su padre, pero tampoco había conocido a alguien tan amable y bondadosa como Sanavber Harunn, ella incluso usaba sus conocimientos en medicinas y hiervas para ayudar a todos aquellos que eran pobres o no podían pagar un tratamiento, nunca había experimentado ni presenciado una bondad así, ni sabía que podía existir, pero Sanavber era una rareza, alguien verdaderamente única.
No sabía que pensar, la herida en su corazón seguía abierta y sangrando, el odio aún latía en su corazón, con aún más fuerza cada vez que respiraba, eso no había cambiado en lo absoluto, pero de alguna forma extraña e imposible de entender, Sanavber lo estaba haciendo sentir que todas las heridas podían sanar, que si bien hoy todo parecía imposible de olvidar o perdonar, pronto todo este dolor sería solo un recuerdo. ¿Era posible? Había estado solo desde siempre, en el fondo siempre había existido un vacío en su vida ya sea que hubiera deseado asumirlo o no, pero un vacío que lenta y extraordinariamente Sanavber estaba llenando, no sabía como ni podía explicarlo, pero en solo cosa de días esta extraña y particular mujer de ojos esmeralda había alcanzado el lugar más importante en su vida, porque no tenía nada más, estaba completamente solo en el mundo, incluso su familia le había dado la espalda, sin embargo ella le estaba ofreciendo un futuro nuevo, una vida nueva, un renacimiento. Todo era muy confuso para él, era la primera vez que tenía sentimientos como estos por una mujer, nunca antes se había permitido demostrar debilidad, porque sabía que moriría si lo hacía, su existencia se había centrado en el miedo a la perdida y aún sentía ese mismo miedo, pero no con la intensidad de antes, porque Sanavber era diferente, junto a ella no tenía que temer a nada ni a nadie, y le agradaba sentirse así, estaba en paz, por primera vez en tantos años sentía verdadera paz estando junto a ella, ¿qué saldría de todo esto? No podía decirlo, pero quería averiguar qué pasaría entre ambos.
Suspirando profundamente, aún inmensamente confundido y perdido sobre que debería hacer con el torrente de ideas y sentimientos contradictorios que intentaban adueñarse de su juicio y poder de decisión, Indra alzó la mirada hacia el sereno firmamento nocturno repleto de estrellas tan numerosas como las preguntas que rodaban su mente, mismas estrellas que Sanavber aseguraba poder leer como algún tipo de astróloga, nunca había oído de algo así, ¿era posible?, ¿el futuro podía estar escrito en las estrellas? No sabía qué futuro le aguardaba, pero ya no sentía miedo, por primera vez su corazón estaba en calma y deseaba que continuara siendo así. Aún muy confundido sobre que se suponía que debería hacer, pero sintiéndose lo suficientemente tranquilo como para dormir o eso intentaría hacer, Indra se levantó y regresó al interior de la cabaña con idéntico sigilo con el que había salido, observando a Sanavber quien aún dormía profundamente, ajena al intensó debate que estaba viviendo por su causa. Indra se inclinó y apartó cuidadosamente uno de los largos cabellos azabaches de ella que ocultaba parte de su rostro lozano y perfectamente sereno, adornado por una ligera sonrisa que creció entre sueños. Dirigiéndole una última mirada a Sanavber, Indra lentamente se recostó sobre su improvisada cama, muy cerca de ella y desde donde podía contemplarla día y noche, más pronto y antes de que se diera cuenta se encontró cerrando los ojos y logrando conciliar el sueño que tanto necesitaba, apoyando la cabeza contra la almohada.
Podría acostumbrarse a esta nueva realidad, y deseaba hacerlo, todo gracias a Sanavber.
Los días pasaban con rapidez, y haciendo a un lado su confusión y las decenas de ideas que daban vueltas en su cabeza, Indra había logrado encontrar el equilibrio, disfrutando de su tiempo junto a Sanavber, apoyándola en todo cuanto necesitara, olvidándose por completo de cualquier emoción conflictiva…hasta hoy, Sanavber le había contado todo o gran parte de su historia, de quienes habían sido sus padres y de cómo había vivido hasta antes de conocerlo, y naturalmente ella deseaba conocer su pasado y oír su historia, pero su historia no era tan serena como la que Sanavber le había relatado. Recordaba muy poco de su pasado o su infancia, todo había terminado demasiado pronto, ni siquiera podía recordar el rostro de su madre, solo recordaba que un día al azar y cuando aún había sido un niño pequeño, había tomado conciencia de las responsabilidades que le esperaban, y desde entonces se había olvidado de la inocencia y había dejado atrás la despreocupación, todo lo que había conocido era la guerra, la ira, el miedo y la incertidumbre, había hecho todo lo posible por encontrar equilibrio y paz, ¿y para qué? su padre y su hermano le habían dado la espalda y se sentía perdido, solo de no ser por Sanavber, y por ella es que se prometía no aceptar ni olvidar esa traición, permanecería consciente hasta el final y aprendería del mal que otros le habían hecho para no volver a sufrir. Sentados uno frente al otro, descansando de su reciente sesión de entrenamiento con espadas, el Otsutsuki y la Harunn se observaron largamente entre sí, en completo silencio.
-¿Y no puedes volver?— preguntó Sanavber finalmente, siendo la primera en romper tan incómodo silencio y ante lo que Indra solo negó para sí. —Es normal sentir ira y odio, somos humanos, pero son tu familia— añadió intentando serle de ayuda a pesar de su propio desconocimiento del tema, —a veces hay que saber valorar lo que se tiene, o puedes perderlo y lamentarlo después— ella a diario desearía tener a sus padres consigo, pero no podía volver el tiempo atrás.
-Quisiera ser tan optimista— confesó Indra secamente, admirando su inocencia, —pero dejé de tener familia cuando mi padre y mi hermano me dieron la espalda, ignorando todo lo que había hecho como si no fuera nada, ¿qué familia hace eso?— si Ashura hubiera vivido eso, él no lo habría dejado solo, no le habría dado la espalda. —Siempre viví junto a mi padre y mi hermano, ni siquiera recuerdo a mi madre. El Ninshu era una bendición, sin embargo nadie me dijo que habría un precio, no creerías la tortura que viví, vi morir a muchas personas; amigos, aliados…— la guerra había sido su mentora y lo había forjado con ira, crudeza y frialdad.
A diario, por las noches, se había despertado agitado y asustado por pesadillas que lejos de ser solo imágenes eran la realidad; lo perseguía toda la muerte que había causado, toda la sangre con la cual había tenido que manchar sus manos, pero no pesaban sus acciones sobre su conciencia si es que esa era la cuestión, lo que lo hería profundamente era el hecho de que ni su padre ni su hermano hubieran tomado en cuenta su sacrificio, que lo hubieran abandonado a su suerte y decidido todo sin hacerlo participe, porque eso habían hecho, lo habían traicionado, no existía otra definición para tan funesta acción, le pesaba haber perdido su inocencia y bondad solo por el deseo desinteresado de proteger a otros, a su familia, pero ahora ya no tenía familia ni pasado al cual asirse, solo tenía dolor y resentimiento en el corazón, y un vació que Sanavber estaba llenando lentamente. Con un deje de vergüenza por hablar de lo que no sabía y profundizar en un tema que claramente era doloroso para Indra, Sanavber simplemente bajo la mirada mientras lo escuchaba atentamente, en el fondo curiosa por saber más de este hombre a quien anhelaba conocer y leer como a un libro, pero a la vez conmovida por el pesar y melancolía que podía palpar en su voz así como en sus palabras, era evidente que cargaba con un dolor muy grande y aquello fue suficiente para hacerla sentir culpable ya que anteriormente había creído que lidiaba con un hombre cruel, y lo era, pero ocultaba una herida muy grande en su corazón y que aún no sanaba.
-Mi alma cambió para siempre, y el temor al fracaso y la derrota se apoderaron de mí, desde entonces no puedo cerrar los ojos, si lo hago siento que el mundo entero solo espera que cometa un error, en cada momento, para destruirme— explicó Indra, apartando su mirada de ella, temiendo que viera su miedo e incertidumbre. —No he olvidado nada de lo que viví, Sanavber, y no lo haré, no voy a dejar de recordar todo lo que me paso, para no pasar por lo mismo otra vez, no puedo olvidar, no lo consigo— no quería ser presa del pasado y los recuerdos, pero ya era muy tarde para retroceder.
-No sé qué decirte, Indra, nadie debería vivir algo como lo que tu viviste— contestó Sanavber con un hilo de voz y un nudo en la garganta, —pero sí sé que no tienes por qué estar solo— difirió entrelazando una de sus manos con la de él, que alzó la mirada sorprendido por su acción. —No sé si te sirva de consuelo, pero yo no voy a darte la espalda, jamás seria tu enemiga— no sabía porque se lo decía, solo sabía que necesitaba que él lo supiera, porque no quería que estuviera solo, nunca.
Una parte de él quería hacerlo, quería olvidar todo lo que había vivido, todo lo que había tenido que hacer y como había destruido su propia inocencia con la esperanza de proteger a su hermano, había creído que si obtenía el ninshu podría decidir qué pasaría en el futuro y así controlar su destino, protegiendo a los que amaba, pero su padre y su hermano no habían hecho sino darle la espalda como nunca había pensado que harían, y ahora estaba solo, no tenía un lugar a donde ir, no tenía nadie que se preocupara por él, solo Sanavber, y por ella es que se había olvidado por completo del miedo, la ira y el odio, o al menos lo suficiente para sentirse en paz. Con lágrimas en los ojos, conmovida y angustiada al mismo tiempo, sintiendo al carga de Indra como propia al escuchar el dolor en su voz y ver la desolación en su mirada, Sanavber ahogó un sollozo contra su labios, eliminando lentamente al distancia entre ambos y depositando un amoroso beso sobre la frente del Otsutsuki, envolviendo sus brazos a su alrededor en un protector abrazo que inevitablemente lo sorprendió, porque sin darse cuenta eso era lo que necesitaba, necesitaba que alguien estuviera ahí para él y lo hiciera olvidarse de todo, y Sanavber era esa persona. Torpe y desconfiado, Indra lentamente envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Sanavber para corresponder a su abrazo, apoyando su cabeza contra su hombro, sintiéndose en paz mientras esta hermosa y única mujer lloraba en silencio, lloraba por él, estaba dispuesta a compartir su dolor y llevar su carga, ¿quién hacía eso?
Solo Sanavber podía hacer que se olvidara de todo.
El sol se había ocultado hace horas, era solo una noche más como cualquier otra y sin embargo Sanavber había encontrado algo que hacer como la mujer ocupada que era, de pie en el centro del jardín fuera de su cabaña y con la vista fija en el firmamento nocturno plagado de estrellas que parecían titilar y danzar bajo su mirada. La astrología era una ciencia como cualquier otra, estrellas, constelaciones, cometas y demás, el cielo era un plano en completo movimiento y que Sanavber intentaba plasmar en su cuaderno de notas, leyendo las señales impresas en el cielo y estudiando lo que decían las estrellas, lo que ya había sucedido y lo que estaba por venir; se aproximaba una luna roja dentro de dos semanas y eso significaba cambio, nuevos tiempos estaban por venir, ¿buenos?, era difícil saberlo, solo algunos grandes hombres o mujeres alcanzaban la victoria y el poder tras una luna roja, ¿quién tendría esa suerte?, eso estaba por verse. Varios pasos detrás de ella y con las manos cruzadas solemnemente tras la espalda, Indra no se esforzaba por intentar entender lo que Sanavber podía ver en las estrellas, reservándose a permanecer junto a ella en el jardín y observando la compleja ciencia que estaba realizando. ¿Qué había entre ambos? era difícil decirlo, Indra no tenía claro sus sentimientos, pero se había comprometido a proteger a Sanavber, a permanecer junto a ella y ayudarla en todo, pero no porque ella lo necesitara, de hecho podía defenderse por si misma y se lo había dejado muy claro a Indra, pero él simplemente quería estar cerca de ella.
-¿Qué dicen las estrellas?— preguntó Indra con aparente curiosidad mientras contemplaba la espalda de ella.
-Auguran buenos tiempos, prosperidad y mucha alegría, tanta que dura mil vidas— contestó Sanavber, volteando a verlo con una luminosa sonrisa. —Y también dicen que nunca más estarás solo, porque nunca te dejare— aclaró acortando la distancia entre ambos.
En parte eso era verdad, no necesitaba leer las estrellas de Indra para saber qué sucedería con él en el futuro, con solo leer las suyas ya veía un vínculo que parecía durar la vida entera e incluso más, como si el simple hecho de conocerse hubiera sido algo predestinado desde el comienzo, pero lo único que importaba para Sanavber es que de alguna forma mágica ambos forjarían un camino juntos, no podía expresar que pasaría pero según las estrellas era algo bueno. En su más temprana infancia, su madre le había enseñado a leer las estrellas, le había enseñado que las cosas que tenían lugar en el cielo repercutían en la tierra, y no había un solo día en que Sanavber dudara de ello, sabía que el alma y la vida de las personas estaban sujetas a algo más grande y que escapaba de su entendimiento, más Indra no estaba tan seguro, no era el tipo de persona que creía en supersticiones o misticismos, sino que era el tipo de persona que creía que uno mismo forjaba su destino y escribía lo que sucedería a futuro, pero quería creer en las palabras de Sanavber, eran demasiado tentadoras como para ignorarlas, si el presente ya de por si era impagable y maravilloso, ¿qué más podría pedir que tenerla incondicionalmente a su lado en el futuro? Tanto si era lo que decían las estrellas como si era una promesa de Sanavber quien mantuvo una radiante sonrisa iluminando su rostro, sin apartar sus ojos de los de él, Indra eligió confiar y creerle, no tenía ninguna razón para desconfiar de ella desde que la había conocido hasta el día de hoy, y dudaba que eso fuera a cambiar.
-¿Lo dicen las estrellas o lo dices tú?— inquirió el Otsutsuki, arqueando una ceja ante sus palabras.
-¿Crees que miento?— desafió la Harunn, fingiéndose ofendida por su desconfianza.
-Nunca pensaría eso— negó él ligeramente divertido. —Por primera vez en mucho tiempo, soy feliz, ahora, aquí, contigo, no necesito nada más— confesó seriamente, viendo sorpresa y alegría en los brillantes ojos esmeralda de ella que sonrió aún más. —Entremos, ya es tarde— sugirió ante el frió aire nocturno.
Asintiendo en silencio, aferrando su cuaderno y hojas llenas de anotaciones contra su pecho, Sanavber volvió el rostro hacia Indra quien entrelazó distraídamente una de sus manos con la de ella mientras se dirigían al interior de la cabaña en completo silencio, pero no cualquier silencio sino que su silencio, sin saber que dentro del bosque que rodeaba aquel claro y en las sombras, alguien observaba la escena apretando fuertemente los puños. Sanavber estaba cometiendo una locura, le estaba entregando su corazón a un humano, y tendría que pagar el precio, su clan se lo recordaría…
PD: Saludos, mis amores, ¡Hola! Estoy feliz delirantemente, si bien hace unos días recibi una noticia que me oprimió el corazón, he tenido una lluvía de ideas y eso me permitió actualizar esta historia antes de lo previsto ya que estaba pronosticado que lo hiciera el viernes y no esta noche, siendo la 1:11 en mi país :3 la próxima semana volveré a actualizar "A Través de las Estrellas", el 26 de Septiembre por mis cumpleaños iniciare la nueva historia "La Reina de los Vampiros" y por ultimo volveré a actualizar "Cazadores de Sombras":3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a Velbeth Castro (dedicándole la historia como agradecimiento por sus palabras, ya que hice esta historia para honrar a este inexplorado personaje), a mi queridisima amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Inspiraciones y Referencias: si bien me inspire en lo que el anime de Naruto Shippuden nos mostro sobre Indra Otsutsuki, su padre y su hermano, este fic será mayormente de ficción proveniente de mi, ya que a falta de mayor información o detalles he de crear la propia, y durante el arco de los Otsutsuki no se vio jamás a la madre de Indra ni Ashura, por lo que tal vez murió cuando ambos aún eran muy pequeños, por eso Indra menciona no recordar a su madre. Todas las menciones hacia Sanavber como una mujer guerrera están tomadas de la gran heroína china Mulan así como de algunas tribus nómadas de guerreros que en sus filas tenían a mujeres que peleaban igual de bien que cualquier hombre de la época, además la forma e pelear con espadas durante las escenas entre Indra y Sanavber esta inspirada en la tradicional lucha con espadas de los guerreros samurái de Japón, con ligeras inspiraciones griegas y chinas en lo referente a la lucha cuerpo a cuerpo. Durante los siglos XII y XIV era de lo más común practicar astronomía o astrología, ya que se pensaba que muchas de las cosas que tenían lugar en el firmamento se aplicaban a la vida terrenal y aún se cree, por lo que en esta versión Sanavber es tanto medico como astrologa, y esta ultima habilidad tendrá gran importancia en las próximas generaciones del clan Uchiha.
Igualdad & Romance: uno de los pilares que siempre he considerado importante en la relación de Sasuke y Sakura, y que se mantiene hasta el presente es la igualdad entre ambos, ya que cuando muchas Kunoichis de su tiempo han renunciado a sus carreras y se han dedicado a ser madres y amas de casa, Sakura continua siendo una ninja medico y encima de todo es la directora del hospital al mismo tiempo que Sasuke continua siendo el ninja más poderoso después de Naruto y permanece activo de forma permanente, y según se vio en "Sasuke Retsuden" ambos son un gran equipo si de batallas se trata, y este componente de su relación será algo que desarrollare entre Indra y Sanavber, ya que al representar a Sanavber como una mujer guerrera haré de ella una figura importante en la creación del clan Uchiha, porque Indra no la vera solo como su esposa sino que como su igual, una guerrera capaz de vencerlo si de habilidad se trata. Sanavber sera la primera de muchas mujeres guerreras que tendrán su lugar de honor dentro del Clan Uchiha, a ella la seguira su hija Seina quien liderara el clan durante mucho tiempo, además de Naori la hija de Izuna y sobrina de Madara, porque he decidido que en este poderoso clan guerrero no pueden haber solo hombres sino también mujeres, a pesar de que muchas de ellas en los tiempos más cercanos al presente que conocemos deberán abandonar sus carreras en pro de una vida personal y familiar.
Fantasia & Viaje entre Épocas: quiero hacer un experimento como el de mi fic "Lady Haruno: Flor de Cerezo" que es una adaptación del anime "La Rosa de Versalles", ¿se animan a una adaptación?-diferente por supuesto-de "Inuyasha"? Estoy planeando escribir un libro inspirado en este anime que marco mi infancia y quería saber si les gustaría que hiciera una adaptación libre a mi estilo, pero solo de fantasia y ficción,con muy poco realismo a diferencia de otras de mis historias, ¿se animan?, ¿les gusta la idea? Estaré esperando ansiosamente sus opiniones como siempre, por lo que sean tan críticos como quieran, eso siempre me ayuda mucho.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
