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Dulce Tentación.
Capítulo II: Interacción
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Gintoki detestaba madrugar, no veía diferencia entre las doce del día y las siete de la mañana para una persona normal. Entre bostezos como era costumbre desde que inició el período escolar, subía las escaleras sin apuró, en la mano derecha llevaba una taza con leche de fresa, sin prestarle demasiada importancia a que llevaba un retraso de al menos quince minutos. Haciéndose el desentendido con respecto a la hora, entró al salón de clases donde le esperaban los chicos de la 3° G, continúo con su labor aunque primero debía beber algo de leche, pues necesitaba calcio para mantenerse en forma y aguantar el resto del día.
Antes de que pudiera empezar con la lección, la puerta se abrió, dejando ver a la guapa rubia que ingresaba a la sala. El maestro desde su lugar sonrió automáticamente, recordando la pasada noche del sábado en el cumpleaños de Sakamoto, el festejado le comentó a Gintoki que tenía una muy buena oportunidad con la rubia pues se había mostrado bastante cercana, pero lo que desconocía Tatsuma, es que Tsukuyo y Gintoki, se habían besado cuando salieron al jardín a fumar, aunque sus movimientos eran guiados mayormente por el alcohol…
Sakata al ver a su amiga no fue el único que tembló en su silla.
—¡Hasta que te dignaste a llegar! —soltó, enojada.
—Tuve un pequeño inconveniente —intento excusarse— ¿Qué pasa? —preguntó haciéndose el tonto, con la errada idea que estaba molesta por no llamarla.
—¡Tus chicos se metieron en problemas! Están con la directora, necesitan tu firma para la suspensión.
—¡Son las 8:15 de la mañana! ¿Cómo se metieron en problemas tan rápido…?
Enojado, dejo su lugar en el escritorio saliendo del salón con aura asesina.
En la oficina se encontró a Okita y Kagura peligrosamente cerca, en medio de ellos estaba Hijikata, los últimos dos estaban bañados en tempera de colores.
—¡SAKATA! ¡AL FIN TE DIGNASTE A LLEGAR, VAGO IRRESPONSABLE! —gritó, la directora tan fuerte que el malestar en su garganta debió ser apaciguado con un gran sorbo de agua.
—¿Qué pasa? —preguntó, con una muy mal disimulada indiferencia.
—Estos niños se pelaron en plena clase de arte, rompieron dos ventanas y por si fuera poco se arrojaron pintura causando un desastre ¡Espero que las paredes puedan limpiarse o, los haré lamerlas hasta que se queden sin saliva!
—Entiendo que este par este aquí —dijo señalando a Sougo y Kagura— pero y ¿Mayora? Hasta ahora es el más cuerdo del todo el grupo.
—Estaba trabajando cuando estos descerebrados me saltaron encima —se defendió.
—Todo es culpa de la China —agregó el "Sádico"— el globo con pintura iba directo a Hijikata, no es mi culpa que la idiota se travesara en el camino.
El profesor miro a Kagura, quien tenía el cabello, rostro y parte de su uniforme manchado de verde. Hijikata parecía vomito de unicornio, al estar cubierto de todo tipo de colores. Okita por su parte, simplemente tenía una que otra salpicadura, tras usar a su "compañero" como escudo humano.
—Sádico, cuando te agarre…
—¡SILENCIO! No quiero escucharlos en un buen rato. Gintoki firma los malditos papeles —sin discutir accedió a la petición de Otose.
A Toushirou se le permitió retomar las clases, a diferencia de él, sus compañeros fueron suspendidos por dos días; Sakata debió permanecer con los ellos, hasta que fueran retirados por alguno de sus padres. Sougo se fue a los veinte minutos, en cambio Kagura llevaba casi tres cuartos de hora esperando.
—¿Cuánto falta para que llegue? —preguntó fastidiado mirando su reloj de muñeca.
—Su turno termina a las nueve y la distancia es de al menos unos cuarenta minutos —contestó sin mirarle.
—Recuerdo haberte dicho que no le siguieras el juego…
—Un idiota que parecía saber de lo que hablaba, me dijo que si alguien me molestaba debía devolvérselo al doble —contestó con tal tranquilidad que hizo enojar a su profesor.
—Sí, no. No me refería a que TÚ lo hicieras. Como sea, al menos tendré un día extra de paz con ustedes fuera.
—M-A-D-A-O —pronunció, mirando la pared como había hecho hasta ahora.
—Tengo veinticinco años, niña respétame soy tu profesor —respondió mordiéndose el interior de la mejilla, si no fuera por la edad calzaría a la perfección con la descripción. Esa chiquilla le ponía de los nervios, Okita le agrada un poco más ya que tenían algunas cosas en común. No se imaginaba que ese detalle lo llevaría al borde de un abismo.
La pelirroja no estaba de acuerdo en perder más palabras con el permanentado, por lo que simplemente decidió ignorarlo. El primer receso comenzó, y su padre aun no venía por ella aunque llegó Tsukuyo para hacerles compañía o mejor dicho a Sakata, llevándole una caja individual de su adorada leche de fresa. No paso mucho tiempo, para que un hombre calvo casi se fuera de espalda al ver a su adorada niña bañada en pintura verde.
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El jueves desde muy temprano se observaba el cielo gris, a pesar de que la lluvia amenazaba en caer se contuvo hasta el final de la jornada escolar. Gintoki en sus casi cuatro semanas haciendo clase, no había tenido un día tan relajado como el de hoy, sin la "China y el Sádico" (como ellos se llamaban mutuamente) las cosas eran demasiado tranquilas, tanto que hasta tuvo tiempo de aburrirse. Con la idea de finalizar un día perfecto, fue a una pequeña cafetería por un parfait de chocolate; tomó su lugar en una mesa junto a la ventana, bajó el nudo de su corbata, dejó el resto de sus cosas en la silla contigua. La camarera no tardo en llevarle su orden, la que fue gustosamente recibida con una sonrisa infantil. Tres bocados fueron suficientes para llevarlo hasta el cielo, pero unas simples palabras lo hicieron caer desde lo más alto.
—Jefe. No imaginaba encontrarlo solo, creí que era más del tipo que comía helado sobre su chica.
—No estamos en la preparatoria, finjamos no conocernos —respondió, echándose una cucharada a la boca.
—Uh. Todos los idiotas se reúnen en el mismo lugar.
El mayor se golpeó la frente con la palma de la mano tras reconocer la voz de la chica, con terror dirigió su mirada al muchacho.
—¿Dónde está el encargado? No sabía que dejaban entrar animales…
—¿A quién le dices animal, bastardo? —automáticamente perdió los estribos, le fastidiaba la voz de Sougo y más aún que la insulte con tanta tranquilidad. Dispuesta a pelear, depositó el paquete que llevaba en las manos sobre la mesa.
—¡PAREN! Vayan a sacarse las ganas al baño o detrás de un callejón, y terminen con sus tonterías de adolescentes tsundere —dijo moviendo la cuchara que tenía en la mano.
—Me ofende, no soy un zoofílico.
—¡Tú eres maldito perro chihuahua con cara de niña!
Los gritos de la chica atraían las disgustosas miradas de los clientes. El maestro al notar que el encargado les mando una fiera mirada, supo debía tomar cartas en el asunto, o los echarían a patadas del local a los tres. Aquella ridícula discusión sobre quién era el animal más inútil se tornaba más absurda a cada segundo. Soltó un suspiro al escuchar "los lobos devoramos cerdas como tú" "No soy un cerda, en cambio tu eres un hipopótamo" esa fue la frase que derramó el agua del vaso. Siendo Kagura la más explosiva, decidió ir por ella, tomándola por los hombros la guio hasta la puerta, prácticamente sacándola del local, aunque se detuvo al percatarse que había empezado a llover torrencialmente.
Segundos más tarde, Okita paso junto a ellos.
—Jefe, no se preocupe ya me voy pero de todas formas debería ponerle una correa al pasearla, tengo unas cuantas ¿si quiere le puedo dar una?
—¡CÁLLATE DE UNA MALDITA VEZ!
—No me digas jefe y lárgate de una vez, no quiero problemas o que me veten de aquí, y tú deja de gritar —finalizó, dirigiéndose a la muchacha de ojos azules.
Un mal presentimiento cobro lugar en el cuerpo de Gintoki, al ver la sonrisa inocente en el rostro de su alumno, dejando en segundo plano a la pelirroja, corrió a la mesa donde reposaba su amado postre, el que había sido bautizado con una espesa capa de salsa tabasco (originalmente había sido comprada para fastidiar al adicto a la mayonesa).
—¿Sigues molesta por la suspensión? —preguntó, escuchando la risa de la joven a su espalda, ella también podía tener su lado sádico.
—No, dormí hasta tarde.
—¿Por qué sigues aquí? —prenguntó aun mirando su postre.
—Está lloviendo…
—Llévate mi paraguas —fingió amabilidad con la intención de poder sacársela de encima.
—No quiero las cosas de un vago irresponsable, la directora tenía razón con eso.
Conteniéndose para no actuar de forma imprudente, cerró los ojos rogando al cielo por un poco de paciencia. Un estornudo fue suficiente para que cambiara de opinión, su consciencia no le permitía dejarla sola, era su deber como profesor y también por el hecho de conocerla.
—Vámonos —dijo sin más tomando sus pertenencias.
Para suerte de ambos, la casa de Kagura estaba en el camino de regreso al departamento de Gintoki. Fue extraño para ellos poder charlar trivialidades como personas civilizadas. El de permanente natural se dio cuenta que ella no era el problema ni su testarudez, sino más bien Okita, quien siempre lograba llevarla al límite con sus ácidos comentarios.
—No me gusta deberle favores a nadie —dijo la estudiante, revisando el interior de la bolsa que llevaba en las manos. Recién para ese entonces el mayor, noto que la bolsa tenía la marca de la cafetería donde estuvieron minutos atrás. Kagura sacó un pastelillo decorado con una fresa, ofreciéndoselo sin mirarlo. Con una sonrisa acepto, no lo iba a rechazar, jamás rechazaba un postre y menos si era gratis. Vio un tierno rubor en las mejillas de la joven Yato, y por primera vez se percató de sus atractivos ojos azul cielo.
—Gracias, hasta mañana.
La despedida no fue la gran cosa, al llegar a su hogar alzó una ceja al ver el caos en el que vivía, sin darle mayor importancia se acomodó en el sofá, pensando en que su parfait se arruinó pero al menos ganó un pastelillo. Lo observo unos segundos, se sintió extraño al pensar que esa chica era linda, ese simple pensamiento podría mandarlo a la cárcel, era una menor de edad y tampoco es que el fuera una especie de pedófilo, podía estar bastante seguro de ello, pues le gustaban las mujeres pechugonas y fáciles. Se obligó a dejar esos pensamientos raros viendo televisión esperando que eso lo ayudara a conciliar el sueño.
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Por primera vez en mucho tiempo, despertó antes de que su alarma marcara las 7 a.m. Fue un acontecimiento para todos ver a Sakata Gintoki llegar temprano, los demás profesores no podían creerlo, mucho menos la estresada anciana que juraba que alguna desgracia ya sea, un terremoto, huracán o inclusive un meteorito sacudirían a la institución. Fastidiado porque todos se burlaban de él, más aún porque el único día que llegaba puntual no tenía clases hasta el segundo período. Pasó media hora en la sala de maestros, dónde se dedicó a revisar algunos exámenes. Al aburrirse fue a dar una vuelta al salón de su grupo, además era extraño que no lo llamaran por algún "incidente". Desde la ventanilla de la puerta, observó que Suichiro estaba recostado sobre la mesa completamente dormido, el lugar de Kagura estaba vació, pero sus pertenecías seguían ahí, seguramente estaba castigada.
Regresó al salón de maestros con la idea de continuar su trabajo, estaba cortando papel cuando torpemente se hirió el índice izquierdo, a pesar de ser un flojo por naturaleza debía ir a la enfermería. Necesitaba antiséptico y una bandita adhesiva. Tampoco requería mucho esfuerzo caminar hacia allá, era la puerta contigua a la sala de profesores.
Más distraído de lo normal tomó el botiquín de primeros auxilios, tenía lo necesario para la curación, compensado el hecho de que no hubiese nadie atendiendo. No entendió como, pero la caja se resbaló de sus manos, cada objeto en el interior de este, se esparcieron por el suelo. Entre maldiciones e insultos se agachó para a recogerlos pero la cinta adhesiva rodo hasta la camilla, se sorprendió al encontrarse con Kagura descansando, con las mejillas totalmente coloradas.
—No hagas tanto ruido —se quejó, sin abrir los ojos.
—L-lo siento ¿estás bien? —preguntó, acercándose a la cama, no esperaba que ella le respondiera pues la pregunta de por si fue estúpida. Sin pedir permiso puso su mano derecha sobre la frente de ella, sintiendo la fiebre. Los ojos de la pelirroja se encontraron con los de él, ninguno dijo nada.
El de cabello plateado se alejó, regresando al mesón donde dejo el dichoso botiquín, cortó un poco de tela, la que humedeció, y sin perder tiempo buscó entre los cajones alguna medicina encontrando una caja de aspirinas.
La chica tomó la píldora sin muchas ganas por el creciente malestar, y la tela pudo refrescarla.
—Había escuchado que los idiotas no se enfermaban.
—¿Por qué crees que tienes tan buena salud?
Sonrió ante el perspicaz contrataque.
—Dame el número de tu papá, le diré que venga a retirarte.
Kagura con movimientos torpes buscó el número en la agenda de su celular. El profesor inmediatamente hizo la llamada informándole del problema al tutor de la joven, quien se comprometió en llegar en la próxima media hora. Gintoki arrastró una silla junto a la cama para cuidarla, preocupándose de que la tela siempre este húmeda mientras ella dormía. La situación no cambió hasta que se presentó el padre de la pelirroja.
¡Hola! Actualización a casi dos meses de su publicación xDDD Mejor tarde que nunca (?)
Primero que nada muchas gracias por sus lindos reviews me hacen el día :') y respondiendo a sus dudas. Sí, es un Ginkagu! aunque originalmente había pensado en un Hijikagu pero eso no es relevante xD
En fin Espero que el capítulo haya sido de su agrado y no se olviden de comentar... :B
Saluditos (*3*)l
