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Dulce Tentación.
Capítulo III: Rumores.
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Sábado por la noche se traducía para Gintoki como: alcohol, diversión y más alcohol, con algo de suerte puede que le cayera alguna chica; lo que más agradecía de su nuevo empleo fue encontrar a su hermano de otra madre, un tipo despreocupado, amante de los juegos y alcohol, ese era Sakamoto. Cuando iniciaba el fin de semana, hacían pequeñas reuniones en casa de Tatsuma, donde incluían a: Zenzou, Katsura, y el infaltable Matsudaira.
Los cinco hombres jugaban cartas, mientras se llenaban de whisky barato ya que aún no les pagaban el salario.
—Una chica del primer año me coquetea —rompió el silencio Hattori, luego de mostrar sus cartas ganando la partida.
—Eso va a terminar cuando sepa de tus hemorroides —comentó con sorna Gintoki, tras perder los billetes que apostó.
Las carcajadas no se hicieron esperar y menos si el objeto de burla era algo tan "privado".
—No sería tan malo si estuviera cursara su último año y fuera fin del semestre —agregó Zura algo mareado.
—A ti te gustan las casadas ¿De dónde salió ese consejo? —preguntó sorprendido el dueño de casa.
—¿Qué les pasa idiotas? Eso es cárcel segura —comentó indignado el más viejo— hijos de puta. Mi hija tiene esa edad así que cuidado con lo que dicen.
—Nadie aquí está hablando de sexo —se defendió Katsura.
—Lo acabas de decir idiota, además quien querría a una niña, si puedes tener una mujer llena de experiencia, una que sabe dónde y cómo tocar.
—¿Viejo te estás excitando? —preguntó indiferente Sakata, ingiriendo un largo sorbo de alcohol.
—No me vengas con eso, ustedes son un montón de enfermos si miran a esas niñas.
—Oye nadie está hablando de eso. Solo dije que una chica me coquetea y quería consejos para aclarar el tema. No quiero ser despedido por algún falso rumor.
El más nuevo del grupo, inspeccionó con sus ojos color vino el panorama, los distintos puntos de vista, y una partida perdida. No tuvo la oportunidad de mover ni una sola carta, no se refería precisamente al juego con sus colegas.
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Un nuevo lunes había llegado y como siempre se le hizo tarde, podía escuchar la bocina de un auto fuera de su edificio. Tsukky, se había apiadado de su alma luego de que le contara sobre su "pequeño accidente" (chocó con un poste), como resultado de la "noche de chicos".
En la escuela, no tardaron en esparcirse rumores diciendo que Gintoki y Tsukuyo eran pareja, luego de que llegaran juntos. Al de cabello rizado no le molestaban, la rubia era muy de su gusto y ya había probado sus labios con anterioridad, estaba seguro que con algo de tiempo podría llegar más lejos.
La primera clase era con su grupo, perspicaces comentarios no paraban de inundar el salón, los que el maestro se dedicó a desmentir con desgano. Sachan a diferencia de la gran mayoría, mostraba abiertamente su desagrado, por otro lado, un par de ojos azules observaban con indiferencia la escena.
No hubo mayores novedades durante la mañana.
La necesidad de un cigarrillo lo estaba desgarrando, el problema es que no se podía fumar al interior del edificio. La azotea era una muy buena opción si es que nadie lo veía, con el sigiló propio de un felino llegó a su destino, aunque no esperaba toparse con Kagura, la muchacha estaba sentada, observando el cielo pérdida en sus pensamientos.
—Oye…
Al no recibir respuesta decidió acercarse, tocó su hombro izquierdo provocándole un sobresaltó.
—¡Sádico imbécil! —chilló levantándose, mientras se quitaba los auriculares.
—¿Esperas a Okita? —preguntó un tanto confundido, por lo que tenía entendido no se soportaban.
—¿Qué quieres? No he hecho nada malo para que me castiguen —resopló, guardando sus audífonos.
—Como sea, tú y tu novio pueden ir a besuquearse a otra parte. Voy a estar ocupado —dijo, con seriedad.
—No es mi novio, llegue primero, y espera a llegar a tu casa para hacer esas guarradas, eres asqueroso. No se te debería permitir ser educador —finalizó, indignada sin mirarle.
Una vena comenzó a marcarse en la frente del hombre, esa chiquilla era tan molesta cuando quería.
—¡Necesito un maldito cigarrillo! ¡Hazme el favor de desaparecer! ¿Quieres? —subió el tono de voz.
—Pregúntale a Mayora por los mejores lugares, ya nadie viene aquí.
Sin ganas de hablar, sacó un cigarrillo del bolsillo de su camisa, no le importo que Kagura estuviera ahí, si esperaba un minuto más se convertiría en un jodido psicópata.
—A la mierda con todo, lo necesito —sin más encendió el tabaco— ¿enserio esperas a Okita? —preguntó con desdén, tras exhalar el humo.
—¿No deberías estar con tu novia? —contraatacó.
El contacto visual entre ellos se volvió intenso, el mayor no tenía las palabras adecuadas para contestar. Tsukuyo no era su novia, ni si quiera podía estar seguro si ella tenía algo de interés en él, lo lógico era decir la verdad o podía sacarle provecho al chisme, obligándose a olvidar que en algún momento pensó que el azul es un color atractivo.
La puerta se abrió de golpe, como resultado ambos redirigieron la vista. Sougo con extrañeza alzó una ceja ante el cuadro poco común. Por unos momentos quiso asesinar a Sakata, por interrumpir en el momento que había citado a la China, inclusive se había tomado las molestias de echar por el retrete los cigarrillos de Mayora, así "nadie" los molestaría.
—¿Qué hace aquí? —se dirigió al mayor, con su característico tono aburrido.
—Imbécil, hasta que te apareces ¿Qué demonios quieres? —antes de darse cuenta se estaba acercando con recelo al recién llegado.
—Jefe, puede pedirle al bastardo de Hijikata mejores lugares para fumar.
—¡DEJA DE IGNORARME! —gritó histérica, con la intención de golpearlo.
—No voy a dejar solos sabiendo que estamos en el sexto piso y una caída de varios metros —le dio calada a su cigarrillo— hay mejores lugares como: la bodega de deportes.
—Siempre está cerrada —respondió el muchacho.
—Pensé que eras más listo —negó con la cabeza— ¿Viste la ventanilla cerca del ducto de ventilación?
—¡ESTOY AQUÍ PAR DE IDIOTAS! ESO NO VA A PASAR NI EN SUEÑOS —gritó, más histérica que antes.
—Oh China, supongo que ya no puedo empujarte si el jefe esta de testigo —comentó desanimado caminando hacia la salida con el ceño fruncido, gesto que pasó totalmente desapercibido.
Los muchachos se conocieron el primer año de preparatoria, lo interesante es que siempre lograban quedar en el mismo salón, dada esa razón Sougo quería cambiar la relación de odio-amor por uno más adulto, estaba cansado de que esa bestia lo tratara como un saco de boxeo, además al terminar el período escolar irían a universidad distintas y no volvería a verla ¿Por qué no sacarle provecho a ello?
Una disimulada sonrisa se dibujó en los labios del hombre, en el instante en el que Okita desapareció de su campo visual. No podía negar que disfruto "interrumpir" a la parejita, tenía un haz bajo la manga, estaba dispuesto a fumarse toda la cajetilla si era necesario.
Dio la última calada al cigarrillo antes de apagarlo y retirarse sin decir nada.
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En la sala de maestros le esperaba su almuerzo y el resto de sus colegas.
—Si te consiguieras una novia empezarías a comer mejor —comenzó a reír Sakamoto, viendo el triste almuerzo de Gintoki, arroz blanco acompañado de más arroz blanco.
—Si tuviera novia, estaría tan ocupado en las noches que no podría llegar a trabajar.
—Tu mano debe estar haciendo un muy buen trabajo nocturno, por algo siempre llegas tarde ¿no? —añadió la rubia, de fondo solo se escucharon carcajadas, y el silenció mortal por parte "del blanco de la broma".
—Podría conseguir una cuando yo quisiera.
—¿Hace cuánto que no… ya sabes? —preguntó, Matsudaira.
—¿Cherry boy? —continuó, Tatsuma.
—Tengo veinticinco años. ¿Qué les hace pensar eso? —preguntó, irritadamente ofendido.
—Apuesto diez billetes a que no te atreves a darle un beso a Tsukky, aquí y ahora —dijo Katsura, teniendo en cuenta todo el chisme de fondo.
—Yo apuesto catorce billetes a que Tsukky no se deja —continúo Mutsu, detrás de la apuesta todos querían ayudarlos a dar de una vez el maldito primer paso.
Cada vez que había dinero de por medio el permanentado no se media en actuar, con una sonrisa ladina observó a todos sus compañeros aceptando abiertamente el reto. Se paró de su silla, tomó la mano su colega obligándola a levantarse, no dudo en atraerla a su cuerpo sosteniéndole por la cintura, sin importarle que lo golpeará, no la dejaría escapar ¡Necesitaba dinero!.
Tsukuyo no opuso resistencia en ningún momento, aprovechando la situación unieron sus labios una vez más, por unos segundos pareció que estaban solos.
Desde el otro lado de la puerta, tocaban insistentemente para que alguno de los maestros abriera, ignorando el llamado ya que todos los ojos estaban en la pareja. La puerta se abrió con la cara de Okita, luego de que Kagura lo empujara. Los chicos observaron el romántico cuadro, el que Sakata rompió tras ver al muchacho en el suelo.
—¿Qué demonios hicieron ahora? —preguntó, fastidiado.
—Nada —respondió Kagura con toda seriedad.
—El día que nos suspendieron entregaron los temas para el informe,veníamos a pedirlo. —Respondió Okita.
—Chicos esperen un momento y se los entrego enseguida —dijo la rubia nerviosa, revisando una carpeta que tenía sobre la mesa.
Kagura no dijo, ni cruzó miradas con nadie, se limitó a recibir la hoja con su tema con los puntos a seguir. Sougo por su parte salió con ella, fue bastante incómodo interrumpir a sus maestros en lo que sea que hayan estado.
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Las clases de la tarde continuaron su ritmo normal, excepto por cierta pelirroja que sentía un malestar extraño, no era hambre, ni ansias, era algo que no entendía. De lo que sí, podía estar segura es que esa sensación no le agradaba.
Al sonar la campana que anunciaba la salida. Kagura espero que su odiado compañero de clases saliera primero para luego ir tras él.
—Oye sádico —lo llamó, cuando estuvieron en la entrada del edificio.
—China… —se volteó cansado.
—¿Qué querías decirme? —preguntó, con interés.
—Nada, pero fue raro que el jefe estuviera ahí.
—Sádico, última vez ¿qué querías?
—Ya dije, nada ¿esperabas algo más?
Quienes conocían a Kagura podían pensar que era torpe e ingenua, sin saber que en los más profundo de su ser se escondía un mente brillante. Detuvo a Okita con una doble intención, con el único que podía arriesgarse irónicamente era con el "Sádico", no dudaba que él pudiera hacer un contraataque que terminara avergonzándola frente a toda la escuela, de todas formas valía la pena arriesgarse.
No tuvo que esperar demasiado para que él apareciera, cruzaron una mirada, siendo una clara señal para proseguir. Sus blancas manos, aprisionaron el rostro de Sougo, en segundos sus labios se unieron en un beso, extraño, incómodo y sugerente, uno que daría para hablar por un buen tiempo. Kagura le demostró a su profesor que la interrupción en la azotea no le afectaba, se separó de Okita dándole un empujón, y se fue lo más rápido que pudo, sin darle tiempo al muchacho para reaccionar.
Okita Sougo estaba sorprendido ¿acaso la China sabía lo que iba a decirle? Al sentirse observado miró a su costado izquierdo. Sakata Gintoki a una escasa distancia lo veía inexpresivo.
Hola! Admito que no le puse mucho empeño al toque humor y es algo corto, pero es Miércoles de Gintama y el cuerpo lo sabe ¡tenía que actualizar!
Espero que les haya gustado ¡No se olviden de comentar...!
Saluditos Bye!
