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Dulce Tentación.
Chapter VII: Rencores pasados.
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Las cosas no habían salido tan bien como Gintoki esperaba, su licencia médica acabó y retomó sus clases habituales, aunque su carta de renuncia no sería validada hasta encontrar un nuevo reemplazo y debía trabajar tres meses antes de marcharse según asuntos legales. No había hecho contacto visual con Kagura de ninguna manera posible, evitaba mirar a ese sector del salón e incluso al pasar la lista de asistencia evitó levantar la cabeza y, siendo más obvio aún pidió a uno de sus alumnos que repartiera el test de orientación vocacional.
Kagura por su parte se mostraba indiferente, ni si quiera estaba atenta a la clase o al cuestionario sobre su mesa; no tenía el más mínimo interés en saber que carreras tenía más oportunidad según sus respuestas, ni tampoco a que universidad asistiría o simplemente tenía el corazón roto y no sabía cómo sobrellevar la situación. En más de una ocasión quiso acusarlo y destrozar todo lo que lo rodeaba a Sakata Gintoki, pero significaba hacerse de una mala fama como la "puta de Sakata". Definitivamente no quería eso.
—Hijikata, recoge las pruebas —ordenó el profesor.
El joven de oscuros cabellos paso por el salón recolectando las hojas y al llegar junto a Kagura pudo ver la prueba en blanco. Esa chica parecía que gustaba de molestar a Gintoki últimamente, aunque sin decir nada tomó el papel y los llevó hasta el mesón del maestro.
Sakata debía llevar los cuestionarios con la directora para que ella los enviase a la institución responsable de entregar los resultados a los alumnos; Gintoki quiso patear la pared al ver la página en blanco de la pelirroja, él debía hacerse cargo de sus alumnos y no podía fallar en algo tan simple luego de mostrar su renuncia.
—Kagura —la llamó— ve a hablar con la directora y lleva el cuestionario.
—¿Por qué? ¿Es una falta no querer responder unas tontas preguntas?
—Es una orientación para escoger una carrera universitaria. Es importante responderlo.
—¿En su caso funcionó?
Sougo estaba atento a la discusión y olfateaba que había algo fuera de lo común, la pelirroja podía ser odiosa, pero en esta ocasión actuaba extraño, si lo pensaba con más calma llevaba días portándose de una manera atípica de ella.
La molestia en el rostro del educador dejo helados a todos en el aula, menos a la chica de cabello bermellón, quien parecía dispuesta a fastidiarlo.
—¡Ve con la directora! —sentenció con un tono grave, uno que nadie más había escuchado antes.
Kagura dio un fuerte portazo a sus espaldas y un muy enojado profesor se desquitó con el resto de sus alumnos dando trabajos extras, no era nada ético cuando se enojaba más de la cuenta. Sabía que esa chiquilla era una peligrosa bomba de tiempo, si tenía que deshacerse de los rumores lo mejor sería empezar a salir con alguien y no había mejor opción que la preciosa Tsukuyo.
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Sougo espero a que terminará una de las tantas clases que consideraba aburridas, para él lo único divertido era deporte y ver a las animadoras practicando sus rutinas. Durante el receso buscó a su enemiga quería unir cabos sueltos y prefería preguntarle directamente algunas cosas, al final de cuentas era la única chica con la que más hablaba exceptuando a Soyo.
Como esperaba la encontró cuando salía de la oficina de Otose.
—China —soltó con cierta ansiedad apenas la vio.
—Oh el idiota cara de niña.
—Has fastidiado bastante a ricitos y te has portado rara.
—¿No te he dado tus palizas diarias y las extrañas? No sabía que eras un masoquista encubierto.
—Soyo habló conmigo pensando que te había hecho algo malo, ella me agrada no la preocupes con tus estupideces.
En el primer año Kagura hubiera estado feliz con tan solo saludarlo, aunque no logro hacerlo porque los nervios la consumían, por lo mismo no veía una razón aparente para que terminaran siendo enemigos, quería saber que había de malo en ella y por primera vez iba preguntar esas razones.
—Sad-Sougo —se autocorrigió, el joven extrañado la miró con duda— ¿Por qué ese día fuiste insultarme?
—Siempre lo hago —contestó con su habitual monotonía, sospechando vagamente a que se refería.
—Me refiero a la primera vez que hablamos justo después de la clase de deportes.
El muchacho sonrió con incomodidad, lo recordaba con lujo de detalles y eso significaba una patada directa a su orgullo. Podría acordarse de las palabras exactas que usó Urara cuando le contó como la "China" lo difamaba en los vestidores de mujeres. Al igual que Okita, la pelirroja podía recordar su fugaz enamoramiento por el muchacho que se lucía en cada clase de deportes, al que observaba de lejos y de vez en cuando sus miradas se encontraban provocando que sus mejillas terminaran decoradas con un leve rubor, no esperaba que de pronto él apareciera para insultarla frente a todos en el patio, pero ninguno sabía lo volátiles que eran los rumores y las malas intenciones disfrazadas. Urara se encargó personalmente de que no llegarán a llevarse bien.
—No se que te pasa, pero no molestes con tus tonterías a la princesita.
—Entonces no debiste venir a buscarme.
—¿Responder esa prueba te volvió más estúpida?
—Dime —exigió acorralándolo contra la pared.
—No te hagas la inocente —respondió enviándole una peligrosa mirada.
—Chihuahua ¿quieres ir a matemáticas o saltarte las clases? —preguntó dejándole una invitación abierta a seguirla.
La respuesta era más que obvia, ella no estaba bien y se daba cuenta. Soyo lo apoyó totalmente cuando le habló sobre su beso con Kagura, pero cometió el error de apresurarse y exigirle más a la "salvaje China", se conformaba pensando que si la tuvo una vez podría ganársela nuevamente, era posible que recuperen algo de tiempo perdido invertido en sus peleas.
Llegaron a la azotea sin decir ni una sola palabra en todo el camino. Okita cerró la puerta a sus espaldas observado detenidamente el andar de Kagura, ella se detuvo a contemplar el cielo azul, el silencio seguía presente. Okita ya no aguantaba la incomodidad de la situación, quería ver a la histérica que lo molía a golpes cuando podía.
—No respondiste.
—¿¡Vas a seguir con eso!? ¡Te pareció poco esparcir esos rumores!
Extrañada se giró sobre sus talones para verlo a la cara y exigir una clara explicación.
—¿De qué demonios estás hablando? ¡Tu amiga sabía que me gustabas, me lo fue a preguntar directamente!
Okita no espero que su cuerpo lo traicionará abismalmente, no pareció darse cuenta del momento en el que la abrazo. No era propio de él, ni de ella haberlo aceptado.
La pelirroja correspondió el gesto, pudo sentir el aroma de su colonia y aún así no pudo sentir nada, no se comparaba con la ola de emociones que sintió al estar cerca de Gintoki. Su compañero de clase no le provocaba nada, entonces se dio cuenta que seguía comparándolo con su profesor, porque no importaba que le haya destrozado el corazón seguía siendo alguien que le hacía sentir, aunque eso fuese nada más que rabia.
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La jornada escolar acabó con normalidad; en la sala de maestros Gintoki esperaba con nerviosismo a que Tsukuyo terminará de guardar sus cosas para invitarla a salir. La rubia aceptó gustosamente ir a cenar con él, se despidieron de sus colegas yéndose juntos ante la mirada atenta de Sakamoto, mientras charlaban llegaron a la entrada de la escuela y por el rabillo del ojo el permanentado vio cabello bermellón, quería deshacerse de ella y hacerle notar que si lo intentaba difamar ya tenía su comodín bajo la manga. Sin dudarlo sostuvo la mano de la rubia deteniendo su andar, acortó la distancia entre ellos sin dejar de observar el color amatista de sus ojos. La rubia se dejó llevar al sentir el tacto cálido y familiar sobre sus labios, no era la primera vez que se besaban y tampoco sería la última.
Soyo vio como Kagura quedo pasmada ante la inusual escena.
—Es el día de las parejas Okita y tú, y ahora Tsukuyo con Sakata. Escuché que llevaban saliendo un tiempo.
Soyo no imaginaba que sus palabras eran puñales para su mejor amiga, la pelirroja tomó a su amiga de la mano obligándola a correr con ella hasta el parque más cercano donde rompió en lágrimas, quería contarle todo sin importarle que las cosas pasarán a mayores. La Yato sin pensarlo abrazo a su amiga escondiendo su rostro en el hombro de ella. Soyo respondió el gesto confundida y tratando de calmarla acarició su cabello.
—¿Kagura que pasa? ¿Okita te hizo algo? Si es así te juro que lo mato, sin importar nada.
—Él no fue, es solo que… —entre sollozos se alejó para secarse las lágrimas— había un chico, nos besamos y después dijo que ya no quería nada. Fue solo un beso y puede que no importará, pero lo que duele fue todo el tiempo que me hizo creer que le gustaba y ahora supe que tiene novia.
—¿Quién fue?
—Es de otra escuela, vi a la chica pasar por fuera cuando estabas hablando del idiota permanentado por eso salí corriendo —mintió.
La chica de cabellos oscuros secó las lágrimas de su amiga proporcionándole el consuelo adecuado, más tarde la llevó casa, pero no sin antes comprarle su snack favorito.
Fue un capítulo diferente,más de Kagura que de Gin.
Espero les gustará saluditos
