Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Jazz, balas y champagne

Por St. Yukiona.

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Canal street blues.

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Tararea la canción que suena en la radio que él mismo llevó, está concentrado en eso y en nada más.

—¿King Oliver? —cuestiona Viktor mientras que llega donde Yuuri limpia sus zapatos. El moreno le responde con una sonrisa que marca confirmación a sus palabras.

—King Oliver —resuelve a los segundos sin dejar su labor pero alza la mirada nuevamente cuando ve de reojo la botella que le acercan. Yuuri la toma y le da un sorbo pero enseguida lo escupe frunciendo el ceño—. ¿Qué es? —cuestiona asqueado y un poco intoxicado.

Viktor se sorprende ante la reacción y suelta una carcajada tomando la botella que le ha ofrecido.

—Es vodka.

—Casi no tomo, pero he tomado vodka, y eso no es vodka, te lo puedo asegurar —acusa el japonés.

—Oh Katsuki... no puedes decir eso —se ríe Viktor sentándose a lado de Yuuri mientras lo ve trabajar—. Es Vodka ruso.

—Todo el vodka es ruso, Viktor.

—No, Katsuki no digas eso... rompes mi corazón —exagera el albino y Yuuri se ríe negando—. No todo el vodka es ruso... es como decir, todas las prostitutas son japonesas...

Yuuri deja de trabajar una vez más y el ruso se da cuenta que entró en un terreno minado y alza las manos buscando como enmendar la metida de pata.

—Quiero decir, ya sabes...

—Las geishas no son prostitutas —bufa Yuuri mientras vuelve a trabajar—. Las mujeres que tú ves en el Izakaya de la 35 west y la avenida Archer sólo son mujeres que se ponen kimono, un poco de pintura y sueltan un par de palabras en japonés no son japonesas... son hijas de americanos de ascendencia japonesa... —susurra volviendo a su labor.

Viktor bufa.

—Todos estos años he vivido engañado —murmura ofendido y Yuuri se ríe mientras deja su zapato junto al otro. Ahora están limpios mira a Viktor que le vuelve ofrecer licor. Lo acepta.

Llevan alrededor de dos semanas trabajando juntos, y Yuuri se ha acostumbrado a tener que contener las ganas de devolver el estómago cada vez que los presuntos criminales quieren pasarse de listo, titubear le haría perder la cabeza, así que prefiere amarrarse la tripa y fingir una actitud que no le corresponde. Viktor es bastante amable pese a su actitud avasallante y extrovertida, es una mechita que a la menor provocación está listo para atacar. Resalta mucho y llama la atención a cualquier lugar al que va, Yuuri siempre ha preferido pasar desapercibido pero se ha dado cuenta que trabajando para Yakov, pasar desapercibido no será una opción.

El grupo se integra en su casi totalidad por extranjeros o repatriados: Leo es el único americano pero tiene raíces latinas y de vez en cuando suelta algún improperio en otro idioma, después está Chris y JJ, Leo es el más joven pero no por eso menos temerario, Otabek también es joven pero no lo aparenta y Chris es algunos años mayor que Yuuri. Entre ellos se llevan bien a pesar que JJ es bastante escandaloso, incluso más que los otros, todos hacen un buen equipo incluso fuera de la oficina, los cuatro (Viktor, Leo, Chris y JJ) se van a beber, a veces invitan a Yuuri pero él se niega rotundamente. Sin embargo Viktor procura siempre integrarlo a la conversación. Chris pertenecía al cuerpo de policía general de Chicago y al igual que JJ, ninguno de los dos dudaron en aceptar la propuesta del Departamento de Tesoro, porque era un trabajo mejor remunerado y con menos riesgos aunque a veces parecía todo lo contrario, sobre todo cuando entraban pateando puertas y amenazando gente. "¿No tienes miedo que alguno de ellos saque un arma y te mate?", preguntó Yuuri un día a Leo, el muchachito le respondió muy resuelto: "Sólo debo ser más rápido que él en disparar". Se notaba a leguas que el entrenamiento recibido en la academia era diferente al que se recibía en la universidad.

—Yuuri —canturrea Chris sentándose en la banca. Están en uno de los deposito del edificio, el sitio que convirtieron en área de descanso para la pequeñita cuadrilla de averiguaciones del Departamento de Tesoro—. ¿Es cierto que fuiste a la universidad, verdad?

El aludido asiente mirando al atractivo sueco.

—Oh... qué maravilla... siempre quise ir a la universidad... —confiesa Chris.

—Pero eres tan idiota como una mula —molesta JJ a su compañero que también ha llegado y Chris solo le levanta el dedo medio como respuesta.

—¿Y por qué no lo intentaste? —pregunta curioso Yuuri, Viktor sigue bebiendo de su botella de vodka, la cual deja entre Yuuri y él.

—Porque soy idiota como una mula —respondió Chris y todos ríen.

—Y si sabías que eras idiota cómo una mula... ¿por qué querías ir a la universidad? —pregunta ahora Leo que acomoda su ropa en el casillero que les han designado.

—Oh porque en las universidades hay dormitorios... ¿cierto, Yuuri? —el aludido asiente una vez más pero no le gusta el rumbo que toma la conversación—. Y bueno, muchos chicos, solos, en un dormitorio... alcohol, fiestas... pero bueno, me quedó el consuelo de estar en la academia —juega con sus cejas y Viktor al igual que Leo fruncen el ceño porque no quieren más detalles.

—Eres un degenerado, enfermo y degenerado —repudia JJ sacándose la camisa para ponerse una limpia—. Mi padre tiene un rancho, quedarme a vivir ahí y trabajar en el rancho hubiera sido genial pero... Sussie Lee una de las vecinas, llevó de vacaciones a su sobrina Isabella Yang... Isabella vive aquí en Chicago y... —suspira enamorado—. Estoy juntando dinero para casarnos en agosto —comenta ilusionado mientras le muestra la fotografía de su prometida a Viktor, Leo y Yuuri que parecen curiosos. Chris la conoce, niega.

—Isabella me cae demasiado bien como para que se vuelva en la esclava de un idiota como tú —sentencia y empiezan a discutir ambos.

—Yo entré a la academia por su programa de educación —interviene Leo sonriendo con debilidad—. Mi madre es domestica para unas personas en el River North —Yuuri alza la mirada—. Viví con ellos desde que nací, me ofrecieron un trabajo como su chófer, porque no puedo pagar los estudios para ser mayordomo y ser mozo no es como que mi sueño... así que el patrón de mi madre me ofreció expedirme una recomendación para ingresar a la academia y... estoy feliz aquí —cuenta con ilusión.

Viktor guarda silencio y da otro sorbo a su bebida.

—¿Y tú, Viktor? —cuestiona Chris—. ¿Por qué estás en esta pocilga del infierno?

El ruso mira al sueco, después a Yuuri y al resto de los presentes. Está por abrir la boca pero la cierra de inmediato cuando la puerta es abierta de golpe.

—¿Qué hacen? Muevan esos traseros —ordena Yakov mientras los apremia. Yuuri se calza los zapatos recién lustrados. Hala el elegante saco del perchero y se acomoda el sombrero para salir con sus compañeros cogiendo de paso el arma, las tienen acomodadas junto a la puerta, con la otra mano coge el folder café oscuro que el Inspector le está entregando, y lo empieza a leer guiando sus pasos hacia el ascensor. Enarca la ceja. Tiene un mal presentimiento pero prefiere no decir nada. Hay buen ambiente en el grupo, JJ sigue molestando a Chris y Leo se ríe, Viktor conversa con Yakov un par de cosas y al abrirse las puertas está Celestino frente a ellos con un papel.

—¡Yakov! Ya te dije que tú y tu grupito de mafiosos deben de parar actividades, es anti... —Yakov coge el documento que Celestino zangolotea frente a la cara del ruso, éste la rompe y la tira sobre su cabeza. Yuuri ve las hojas volar y suspira caminando.

—Me importa mierda —responde Yakov sin dejar de caminar.

—¡Yakov! ¡Te estoy hablando! —rezonga Celestino siguiéndole—. El juez ha di-

Yakov empuja a Yuuri para se dé prisa y se lo entrega a Viktor para que no huya, y Viktor toma del brazo al japones para que siga andando mientras el ruso mayor sigue discutiendo con el italiano.

—Dile al juez que me lama el culo, hemos capturado a más hampones de los que se ha hecho en años... ¿Crees que esos criminales de cuello blanco pagaran sus crímenes pidiéndoles que por favor paguen sus impuestos con papelitos llenos de mierda burocrática? —pregunta Yakov y es lo último que escucha Yuuri antes de ser subido al auto. Yuuri suspira acongojado mientras acomoda el arma entre sus piernas, y vuelve a leer sin decir nada más.

A los pocos minutos llega Yakov con el rostro rojo y evidentemente furioso.

—Esos idiotas, me hacen enojar con sus burocracias de mierda... —masculla encendiendo el auto y avanzando por las congestionadas calles de Chicago.

"¿No te da miedo que alguien saque un arma y te disparé?"

Yuuri suspira porque en aquel entonces tuvo que haber escuchado mejor a Leo, aunque era varios años menor, lo tuvo que haber escuchado: Ser más rápido y disparar primero. Una cosa era patearle en la cara a alguien o incluso en los testículos pero otra era dispararle. Él no estaba capacitado para herir o matar a otro ser humano, iba incluso contra sus principios. Pero ahí estaba con una herida de bala en su hombro y aunque Viktor lo había movido justo a tiempo, pudo haber sido peor, ahora tenía una gran anécdota que contar: Incautamos bienes de Al Capone. ¿Cuántos contadores podrían decir eso? Y durante la redada me dispararon. Estaba seguro que era poca la gente que tendría las pelotas de contarlo, y de hecho, si a él se lo preguntaba diría que él mismo se había disparado.

—¿Estás bien, ninja cuatro ojos? —pregunta Yakov mirando a Yuuri que está sentado en la camilla de la enfermería, asiente suavemente con la cabeza.

Dolía como los mil demonios pero no estaba muerto. Así que sí, estaba muy bien. Vivo, y eso era estar de maravilla.

—De acuerdo, tómate una o dos semanas mientras te curas —le dice el ruso y Yuuri se sonroja. Porque una herida de bala no sana en una o dos semanas, además, el trauma que iba a quedar... ¿Quién se haría cargo de ello? Detrás de une scritorio eso no hubiera ocurrido pero... Yakov no lo dejaría volver a la oficina, se lo había dicho unas diez veces e incluso un anciano ya ocupaba su antiguo escritorio. Suspira larmanete antes de mirar hacia sus zapatos que están manchados de sangre y tierra.

—Ni el trabajo que te costó limpiarlos esta mañana... —susurra Viktor entrando.

Yuuri sonríe. Viktor es gracioso y amable.

—Pensé que te habrías ido a festejar con los otros, fue un duro golpe... y probablemente nos masacren muy pronto cuando el gran jefe se entere —comenta Yuuri tratando de ser chistoso pero no le sale, porque esa es una trágica y verdadera realidad. Aún así Viktor se ríe y Yuuri se ríe con él.

—Cualquier cosa es mejor que morir a manos de extremistas —cuenta Viktor y Yuuri le mira en silencio, no responde nada.

Una enfermera entra en silencio con algo entre sus manos, observa a Viktor y luego a Yuuri, sonríe tímitamente para acercarse y extender lo que parece ser un suéter tejido color caqui.

—Fue lo único que pude encontrar —susurra la chica y Yuuri agradece mientras se lo empieza a poner, pero es complicado, tiene el brazo inmóvil contra su pecho, así que la enfermera corre a asistirlo. Viktor se hace a un lado observando toda la acción, toda la interacción. Yuuri se vuelve a poner los lentes cuando su brazo libre quedó dentro de la manga. La enfermera se mueve aun costado y le extiende una hoja con una bolsita de cartón.

—Dentro está el medicamento que debe de tomar, y aquí están las indicaciones, te espero pasado mañana para valorar el avance —dice la enfermera y Yuuri asiente recogiendo la bolsa junto con la hoja, sale sin darle mayor importancia a la chica. Viktor se despide cortésmente, sintiendo un poco de pena por ella y no puede evitar soltar una suave carcajada palmeando la espalda de Yuuri.

—De verdad eres un chico bastante inusual... —murmura Nikiforov y Yuuri no entiende a qué se refiere.

Afuera los espera Yakov que ha hecho todo el papeleo, se despide de sus dos empleados y Yuuri sonríe a Viktor.

—Supongo que tendré que tomar un taxi o el transporte —dice Yuuri.

Viktor se queda pensativo.

—No te dejaré ir así, además... Yakov me deja a mí el auto cuando él se va a ver con... su asunto... —desvía la mirada y Yuuri no entiende pero asiente.

—¿No será mucha molestia?

Viktor niega, Yuuri tiene ganas de resistirse pero suspira y accede a subir al auto para ir hacia su hogar.

—¿Hacia dónde nos dirigimos? —pregunta Viktor encendiendo el Ford.

—Es como si fuéramos a la alcaldía, pero... pasando el canal —lo último lo dice en un hilo de voz mientras el ruso hace el mapa mental de la ciudad, sabe dónde está la alcaldía, pero pasando la alcaldía, mira de reojo a Yuuri.

—¿Vives en River North?

Hay un silencio breve antes de una afirmación.

... o ... o ... o ... o ... o ...

El silencio dura todo el camino mientras que siguen avanzando. El paisaje cambia consecutivamente mientras que el auto circula. Cuando cruzan el puente la atmósfera se siente totalmente distinta. Yuuri no puede evitar suspirar, está por llegar a casa. Son las seis de la tarde así que la mayoría de los negocios tienen sus aparadores encendidos. Tiendas de ropa de lujo, restaurantes a los cuáles solo se pueden ir bajo reservación y otros comercios que ofrecen su servicio para la acaudalada clientela que residen en aquella zona. Yuuri da algunas indicaciones. Vive en una de las calles laterales a la avenida principal. En una de las casas que están en fila sobre una hermosa acera decorada con árboles que pintan sus hojas del color del otoño. Hay un oficial de policía caminando y vigilando todo. Yuuri baja primero después de que Viktor se estacioné en un espacio vacío frente a una de las fachadas blancas con los marcos de las ventanas, las puertas y cenefas negras. Yuuri saca del bolsillo de su pantalón su llave pero no la tiene con él. Recuerda que la dejó en el edificio del Departamento, suspira y toca el timbre suplicando porque la señora Mei esté todavía ahí, y sonríe aliviado cuando escucha sus pasos acercarse gira su mirada y ve a Viktor aún en el auto, el ruso sigue viendo al rededor con un toque de sorpresa e incredulidad.

—¿No quieres bajar? —pregunta Yuuri y Viktor se lo piensa un poco.

Pronto los dos esperan frente a la puerta y Yuuri tuerce los labios.

—Sé lo que estás pensando —murmura Yuuri—. Y agradecería que no lo comentes con los otros chicos...

—Eres el primer tipo rico que se averguenza de serlo...

Yuuri se ríe, sí, Viktor es muy gracioso y carismático.

—Yo no soy el rico, lo son mis padres... —infiere con voz suave—. Y esto... lo estoy pagando, no creas que es gratis... —explica.

—¿Cuánto dinero te pagan a ti? —pregunta ofendido Viktor y Yuuri vuelve a reír. Ha empezado a sudar.

La puerta se abre y una mujer asiática, pequeña y de lentes les observa.

—¡Yuuri! ¡¿Qué te ha pasado?! —interroga asustada mientras lo hace entrar guiándolo a la sala. Yuuri trata de explicarlo pero Mei corre de un lado a otro. Viktor piensa que es la madre de Yuuri pero se distrae viendo el interior del hogar. Las paredes están pintadas de un tono verde y los muebles son blancos. Se respira la elegancia y la exclusividad en todo el lugar, avanza un poco hasta una pared donde hay algunas fotografías y en ellas aparecen diferentes personas, todas vestidas con trajes extraños. Reconoce a Yuuri en algunas fotografías. También está colgado el diploma expedido por Harvard pero nota que la parte inferior parece estar manchado. Se acerca más para ver si no es un efecto de la luz y la sombra pero en realidad está manchado.

—Cuando me lo dieron mis compañeros decidieron que se vería mejor adornado con mierda... —susurra Yuuri detrás de Viktor—. Así que me arrojaron con todo y toga a un charco de lodo y estiércol que prepararon especialmente para mí... —murmura. Viktor vuelve su mirada a Yuuri quien contempla con él el diploma—. Uno de esos imbéciles jugara para senador en unos cinco años más... su papá pertenece a la cámara alta... —después le sonrió al ruso—. ¿Quieres cenar? Hay katsudon.

Viktor no sabe que responder y niega.

—No quisiera importunar a tu madre...

—¿Mi ma- —pregunta y escucha a la señora Mei en la cocina, el japonés se ríe negando—. Ella es la mujer que me ayuda con la limpieza de la casa... no es mi madre, mi madre vive en New York con mi padre... —dice sonriendo—. ¿De dónde sacas que es mi madre? Ella es china y yo soy japonés —quiere sonar indignado pero no le sale pues se da cuenta que Viktor se sonroja, y alivia el ambiente tomándolo del brazo, para arrastrarlo como puede a su cocina donde dos tazones de humeante katsudon los esperan. Yuuri le comenta a la señora Mei el desacierto de Viktor y ella parece más ofendida, Yuuri se ríe y Viktor solo se sonroja más.

Yuuri le explica a Viktor como usar los palillos y se divierte el japonés viendo fallar al ruso. Le explica varias veces hasta que mejor le da un tenedor. Duran un rato discutiendo, Mei enciende la radio y están dando Canal Street Blues. Es una buena canción. Es King Oliver. Viktor sonríe.

La comida, y la compañía es deliciosa.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.