No soy dueña de estos personajes. Disney lo es.

3: Guerra psicológica

–Hey, ¿estás lista para ir a casa? –Dijo David, chasqueando los dedos frente la cara de Emma.

Emma parpadeó. –¿Eh? –Su mente estaba a millones de kilómetros de distancia... Bueno, no. Más bien a decenas de metros de distancia, en el Ayuntamiento. Regina estaba embarazada.

–¿Estás lista para ir a casa? –repitió David.

Emma sacudió la cabeza. –Nah. Iré a ver a Regina.

David frunció el ceño. –Estás pasando mucho tiempo con ella.

–No. Me invitó a cenar y sabes que puedo pasar tiempo con el niño –no era una mentira. Regina invitó a Emma a cenar. Emma sabía que era para lanzar la bomba sobre Henry que su madre estaba embarazada.

David asintió –dile a Henry que mando saludos.

–Lo haré.

David se fue a casa y Emma suspiró, frotándose la frente. Había otras cosas que contarles a Henry y Emma se preguntó cómo tomaría las noticias. No podía imaginarlo incluso cuando estuvo en la puerta de la mansión en la calle Mifflin y Henry fue quien la dejó entrar. Henry parecía sospechoso, observándola desde el momento en que cruzó la puerta. Emma le devolvió la mirada.

–¿Qué? Tu mamá me invitó –dijo Emma cuando la ansiedad la atravesó a una velocidad vertiginosa. Sintió que una gota de sudor bajaba por la mejilla y sintió que los músculos se tensaban. ¿Por qué todos actúan como si fuera la más extraña cosa cuando paso tiempo con Regina? Salvamos la ciudad juntas e incluso tuvimos una conspiración junto con Henry nada menos. ¡No es raro!

–Lo sé, lo cual es extraño –respondió Henry, como si leyera sus pensamientos y quisiera que supiera lo equivocada que estaba. –Entiendo que ustedes dos tienen una amistad extraña y que están más cerca de lo que les di crédito, pero generalmente no se extiende a las visitas domiciliarias.

–Lo cual es una pena y un descuido que se debe corregir –dijo Regina mientras entraba a la sala de estar. Los miró con una expresión casi aburrida, lo que hizo que pareciera que estaba tratando demasiado de ser normal. –Henry, hubiera pensado que te gustaría la idea de que tu madre cenara con nosotros.

Henry frunció un poco el ceño y cuadró los hombros. –Por supuesto que estoy feliz. Es un poco raro. ¿Va a ser algo normal?

Regina miró a Emma, que se encogió de hombros causalmente. –Espero que así sea –la voz de Regina era baja, pero era prometedora.

Emma sonrió un poco y Regina hizo lo mismo. Emma quería que Regina viera, creyera y entendiera que estaba involucrada a largo plazo. Estaría ahí mientras Regina la necesitara. Incluso si Regina no la quisiera, pero la necesitara.

–Henry, ve a lavarte –Regina lo ahuyentó con un movimiento de muñeca.

Henry las miró por un largo momento, pero luego trotó a obedecer. Emma exhaló ruidosamente cuando desapareció escaleras arriba y dejó caer sus hombros. Regina la miró con una ceja arqueada.

–¡Me sentí como si estuviera sosteniendo una bomba! –siseó Emma, apretando los puños. Su camisa se pegó a partes de ella gracias a su sudor.

Regina sacudió la cabeza. –Y lo parece. Intenta no actuar tan culpable. Es mi error, no el tuyo.

La cara de Emma cambió y su tensión volvió diez veces. –¿Error? ¿Es lo que piensas? ¿Cómo te sientes? –Esperaba que ese no fuera el caso. Ningún niño necesitaba venir al mundo con un padre que sintiera que era un error.

Regina frunció el ceño y cruzó los brazos sobre el estómago. Se desplazó mientras se meneaba un poco. –Por supuesto que no. La acción fue un error, no la situación actual. Ahora, mi plan es decirle a Henry después de la cena. Por el bien de nuestra cordura, actúa como si también te estuviera diciendo.

Emma se limpió el sudor de la frente y sacudió la cabeza. –De ninguna manera. Sabes cómo es ese niño con mentiras. En el momento en que descubra que lo sabía desde el principio y no dije nada, nos odiará a las dos porque pensará que ambas le mentimos por omisión.

Con un suspiro, Regina asintió. –Es bastante cierto. Bien. Le diré y luego iremos desde allí.

–Suena justo. ¿Sabes lo que vas a decir? –Emma no tenía idea de qué decir o incluso cómo reaccionar. Esperaba que Henry tomara las cosas bien o sintió que se desmoronaría. ¡Y ni siquiera soy la que está embarazada!

Regina miró hacia otro lado y torció la boca momentáneamente. –No he llegado tan lejos. Apenas lo creo. Solo no quiero ocultárselo. Como dijiste, en el momento en que piense que le estamos mintiendo, nos odiará a las dos.

–¿Cómo crees que lo tomará?

La mandíbula de Regina se movió, pero no dijo nada. El miedo burbujeó en el estómago de Emma. Henry ya era bastante maduro. Seguramente, tomaría bien las noticias. Probablemente no le importaría ser hermano mayor. Bien, al igual que no me importa ser una hermana mayor. Bueno, no realmente, no ahora de todos modos.

Emma no tuvo la oportunidad de divagar en sus pensamientos. Henry regresó, oliendo a todo el jabón de manos del baño. Regina no hizo ningún comentario al respecto y Emma decidió ignorarlo. Fueron y tuvieron una cena bastante extraña y tensa. Emma apenas probó la comida mientras se metía trozos en la boca. Henry miró entre ellas, como si esperara que dijeran algo, pero no hizo nada para llenar el silencio más de unos minutos.

–¿Están bien? –Preguntó Henry, su voz temblaba un poco y no tenía nada que ver con la pubertad.

–Sí ¿Por qué preguntas? –respondió Regina.

Henry frunció el ceño y su frente se arrugó mientras los miraba. –Están siendo raras. Quiero decir, por lo general, hablan entre sí, incluso si es solo para molestarse entre ustedes. ¿Pasó algo? ¿Esta cena es realmente una mala disculpa?

Regina arqueó una ceja. –¿Significa que hice algo de lo que necesito disculparme?

–No –Henry sacudió la cabeza. –No como tal. Miren, esto es simplemente extraño. ¿Qué está pasando? Como dije, por lo general, ustedes al menos hablan entre sí o me preguntan cosas. Están mirando su comida y creo que Emma comió directamente de la mesa, su cara está enterrada en el plato. ¿Qué está pasando?

Emma levantó la vista, con la boca llena de chuletas de cerdo. Miró a Regina y asintió un poco. Regina sacudió la cabeza. Emma se inclinó un poco más, asintiendo más fuerte.

Regina resopló. –¿No acabamos de hacer un plan? ¿Cuál es el punto de tener un plan si no vamos seguirlo?

Emma se encogió de hombros. Realmente no habían hecho un plan. Además, incluso si lo hicieron, lo mejor aquí sería hacerlo tan pronto como tuvieran una oportunidad. Habría dicho eso, pero estaba casi segura de que Regina la destriparía si hablaba con la boca llena.

–Muy bien, es eso. ¿Qué está pasando? –Henry las miró de un lado a otro, Regina a la cabecera de la mesa y Emma frente a él. Emma rápidamente tragó su comida.

–No pasa nada –dijo Emma. –Suenas realmente sospechoso.

Henry usó su dedo índice para dibujar un círculo alrededor de la mesa. –Esto es realmente sospechoso.

–Entonces, ¿no puedo cenar contigo y tu mamá? –Preguntó Emma. Bien, el niño piensa que Regina está permanentemente molesta conmigo por lo de Robin Hood. (1)

–No es que no puedas. Es que no lo haces –dijo Henry, haciendo un movimiento cortante con ambas manos.

La declaración fue algo contundente y golpeó a Emma como un bate. Era una acusación de algo, pero no estaba segura. ¿Es mi culpa que no hagamos esto? Regina nunca la había invitado a comer casualmente y no podía simplemente forzar la entrada o terminaría en más problemas. ¿Henry quiere que Regina esté permanentemente molesta? (1)

–Suficiente –gritó Regina. Tomó una respiración profunda hasta el punto que se encogió de hombros, dirigió toda su atención a Henry y lo miró con todos el aspecto de una reina. –Hay algo.

–¿Tiene que ver con que estés enferma? –preguntó Henry, mirando a su madre, desafiándola a que le ocultara el secreto.

–Sí –respondió Regina.

Henry se estremeció y su rostro se transformó, sus ojos se abrieron, sus cejas se arquearon, con la boca abierta. Parecía haber sido golpeado con un camión. Emma extendió la mano sobre la mesa al mismo tiempo que Regina lo alcanzaba. Tomaron una mano cada una y Henry se aferró como si fuera por su vida.

–No es nada malo, Henry –dijo Regina.

–Tu mamá está bien, niño –prometió Emma.

Henry miró a Regina con ojos llorosos. Sus manos se apretaron con fuerza y temblaron. –No te estás muriendo, ¿verdad? Nadie te maldijo ni nada, ¿verdad?

–No estoy muriendo. No tengo idea si me han maldecido o no –Regina probablemente se sentía así a veces, como si toda vida hubiera sido maldecida. –Pero mi enfermedad tiene una causa.

–¿Qué pasó? –Preguntó en voz baja. Emma imaginó que así sonaba cuando era un niño pequeño. Podía recordarlo vagamente debido a los recuerdos que Regina le dio, parecía hace toda una vida.

–Estoy embarazada –respondió Regina. Fue contundente, pero un susurro.

–¿Embarazada? –Henry entrecerró los ojos como si no supiera lo que significaba la palabra.

–Tu mamá va a tener un bebé –dijo Emma.

–Sé lo que es estar embarazada –resopló Henry y luego miró a Emma como si lo hubiera perjudicado. –¿Cómo demonios estás embarazada? –Apartó sus manos para poner las suyas sobre sus oídos. –¡No, ni siquiera me lo digas! –se apartó de la mesa. –¿Qué significa incluso? ¿Por qué está pasando esto? ¿Es por Robin Hood? –Volvió la mirada hacia Regina, como si fuera una villana, como si fuera la Reina Malvada de nuevo.

–Henry –dijo Regina su nombre como una súplica, una bendición. Ahora, tenía los ojos húmedos y su labio inferior temblaba lo suficiente como para ser notado.

Emma salió de su asiento, viendo que la crisis era inminente. Simplemente no estaba segura de a quién debía ir: madre o hijo. La cara de Henry estaba roja y sus ojos brillaban, las lágrimas se preparaban para caer. La boca de Regina tembló, como si estuviera a punto de estallar. Tragó saliva y por la forma en que su garganta se movió, fue como si tragara una enorme piedra.

–El bebé es de Robin –confirmó Regina.

Henry levantó las manos y dejó escapar un ruido parecido a una bestia impía. –¿Entonces toda esa basura comenzará de nuevo? ¿Vas a tirarlo todo por él? ¿Irás a arrastrarte hacia él? ¿Tener una familia real con él? –Su voz se quebró cuando gritó y golpeó sus puños sobre la mesa, sacudiendo los platos. Las lágrimas llegaron e inundaron su rostro.

–No, Henry. ¡No! – insistió Regina, poniéndose de pie. –Nunca lo haría….

–¡Lo hiciste! –rugió Henry y pisoteó mientras rechinaba los dientes. –¡Ni siquiera me dejabas entrar en la casa! ¿Es tu sueño hecho realidad? ¿Finalmente tienes un hijo que es realmente tuyo con tu estúpida alma gemela? –La cara de Henry estaba hecha un desastre, las lágrimas caían por sus mejillas rojas como ladrillo, respiraba como si estuviera entrenando para un maratón. –¡Adelante, ten tu estúpida familia real! –Echó a correr y Regina estalló en sollozos desgarradores.

–¡Henry! –Regina extendió la mano hacia él, pero se apartó, asegurándose de correr a dónde demonios pensó que no iría. Afortunadamente, fue directo a las escaleras en lugar de a la puerta principal.

–Regina, déjalo ir –dijo Emma, acercándose a Regina. Puso su brazo alrededor de los hombros de Regina, dándole un mini abrazo para ayudarla a mantenerse unida. Para su sorpresa, Regina cayó contra ella y continuó llorando. Dos días seguidos. Deben ser las hormonas del embarazo. Si no, Emma comenzaría a buscar a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

–¡Nunca lo haría! –lloró Regina, agarrando los brazos de Emma.

–Lo sabe. Era mucho para asimilar al principio. Todavía está un poco adolorido por lo que sucedió antes.

Regina sacudió la cabeza. –No le hablé lo suficiente. Me disculpé y le expliqué que no estaba en un buen estado mental, pero no fue suficiente.

La mano de Emma se movió sin su permiso y frotó círculos reconfortantes en la espalda de Regina. –Estoy segura de que lo fue. Fue solo la noticia que lo golpeó. Quiero decir, ¿cómo lo tomaste cuando recibiste la noticia? Quiero decir, cuando recibiste la confirmación.

Regina estaba en silencio, pero la mirada en sus ojos estaba perdida. Emma no estaba segura de lo que significaba, pero decidió no presionar. Deseó haber estado allí cuando Regina recibió la llamada. Habría podido apoyar a Regina entonces.

–¿Quieres que vaya a hablar con él? –Preguntó Emma.

–No, todavía no. Tal vez debería hablar con él. Soy quien tiene esta situación y el historial de excluirlo.

–Puedes hablar con él, pero debes recordar que sé todo sobre ser el segundo hijo, él que se queda excluido.

Regina sacudió la cabeza. –Es diferente.

–Sé que lo es y puedo ayudar a prepararlo, hacer que comprenda que el bebé no está aquí para reemplazarlo. No estás teniendo al bebé porque quieres criar a un niño biológico o algo así –explicó Emma. –Espera, vas a tener el bebé, ¿verdad? Nunca realmente dijiste si lo ibas a tener o no–. No ayudó que Regina pareciera silenciada al respecto hasta ahora.

Regina se burló lo mejor que pudo con lágrimas cayendo por su rostro. –¿Le habría dicho a Henry si no planeara ir a través de eso?

–Cierto. Tiene sentido. No... –Emma no estaba segura de que quería decir. Su estómago se estremeció y por un segundo temió perder toda la cena que devoró. ¿Y si la reacción de Henry hacía que Regina cambiara de opinión? Sabía que Regina haría cualquier cosa por Henry y su felicidad, incluso si eso significaba abortar, dar al niño en adopción o dejar al bebé con Robin y no tener contacto después de eso. Ni siquiera quería imaginar a Robin criando al bebé de Regina con Marian. ¿Dejaría Marian que eso incluso sucediera?

Regina sollozo. –No, ahora ya le dije. Entiendo que este molesto, pero ¿quién en su sano juicio abortaría a un niño porque su hijo no quería que tuviera otro? Ni siquiera quiero pensar en la terapia que todos necesitaríamos si tomara esa decisión.

Emma asintió. Sonaba lo suficientemente lógico. –De todos modos, déjame sentar las bases y luego puedes hablar con él, ¿de acuerdo? Creo que es mejor para él entender que no lo estás reemplazando antes de entender por qué vas a tener un bebé y por qué eso no cambia tus circunstancias y no vas a escapar con Robin Hood.

–No lo haré. Nunca en mi vida cometería ese error dos veces –Regina parecía tratar de evitar a Robin Hood después de salvar a Marian y él decidió intentar salvar su matrimonio. –Los elefantes volarían primero.

–¿Ni siquiera con plumas mágicas? (?)

Regina le dio una dura mirada, pero no tenía su destello habitual. –No, ni siquiera con plumas no mágicas o un asesinato cuestionable de cuervos.

–Por supuesto que mencionarías el asesinato –Emma sonrió brevemente. –Entonces, ¿no es tu alma gemela y no debería estar pendiente de Dumbo? ¿Me odiaste por nada? –Le dio a Regina una pequeña sonrisa, esperando que las burlas cambiaran su humor.

Regina se burló. –No te odié. Solo necesitaba reexaminar mi vida, mi destino y mi decisión de que me dejaras de disgustar.

Emma se rió entre dientes. –¿Así que me odiaste?

–No. El odio hubiera implicado hacer productos horneados que contengan ingredientes mágicos.

–Oh, claro. Así es como se ve el odio. ¿Por qué es tan sabroso el odio?

Regina se rió por la nariz y se apartó de Emma. –Eres horrible.

Emma le dio una sonrisa torcida. Sonreír era tan fácil alrededor de Regina, incluso ahora durante un momento estresante, cada vez que Emma se daba cuenta, se preguntaba por qué. ¿Cuándo me comencé a sentir tan cómodo con ella? –Sabes que te gusta. Mira, démosle a Henry un minuto para que respire y nos agrupemos. Voy a comer sus chuletas de cerdo y luego ir a hablar con él.

Regina hizo mala cara y se dio una palmada juguetona en el codo. –Deja en paz su comida. Hice más que suficiente.

–Lo sé. ¿Puedo tener las sobras? Me impedirá comer donas en el almuerzo –era una buena razón, ¿verdad?

Ojos marrones se pusieron en blanco. –Bueno, si ese es el caso, ¿cómo puedo decirte que no?

Emma le dirigió a Regina una sonrisa más amplia y Regina sonrió un poco. Volvieron a sentarse, pero Regina no volvió a tocar su comida. Emma terminó todo en su plato y luego tomó la mano de Regina. Sintió la necesidad de besarla, pero se contuvo. Probablemente sería extraño y definitivamente demasiado.

–Estará bien –prometió Emma.

Regina miró al techo. –¿Y si usó este tiempo para escapar?

–Si iba a huir, lo hubiera hecho cuando estaba fuera de sí mismo. Podría haber sido una muestra de lo enojado que estaba. Podría haber azotado la puerta y todo. Necesita tiempo para proceso, pero no va a ir en contra de ti por eso. Tenemos un buen chico aquí, Regina.

Regina asintió con la cabeza. –Voy a empacar las sobras.

–E iré a ver a nuestro pequeño hombre.

Emma respiró hondo antes de subir las escaleras. Henry estaba en su habitación si la luz significaba algo. La puerta incluso estaba abierta, pero Emma tocó de todos modos.

–Vete –resopló Henry.

–¿Por qué? Vas a tener que verme eventualmente –señaló Emma. Entró completamente para verlo sentado en su ventana, mirando la noche. Su habitación estaba limpia y organizada, lo que habría sido sorprendente si su madre no fuera Regina Mills.

Henry se burló. –En realidad no. En cualquier momento, podrías decidir irte.

Emma se encogió un poco por dentro. Está molesto. No dejes que te afecte. –Henry, sabes que eso ya no es verdad.

Henry se giró para mirarla con suficiente ira. Regina se habría sentido orgullosa e hizo un movimiento brusco con la mano. –Hace solo dos meses estabas hablando de regresar a Nueva York, como si no fuera tu familia o la mía.

–Bueno, esa decisión se tomó debido al calor del momento, en un momento muy malo –cuando Emma finalmente tuvo tiempo de pensarlo, no había ninguna maldita forma de que regresara a Nueva York, por lo que sabía, se enfriaría el infierno antes de que Henry volviera con ella. Había estado tan harta de la basura mágica y el caos de Storybrooke.

Henry apretó los dientes. –¿Y qué pasa cuando llegue el próximo mal momento?

–Tu madre y yo lo golpearemos en la cara –comentó. No podía correr. No podía dejar atrás a su familia, sabía que siempre se levantaría y pelearían.

–Podría ser que mamá no sea capaz de hacer nada. Está embarazada, así que estarás sola.

Emma no había pensado en eso. Pero, sí, no había manera de que estuviera bien con Regina enfrentándose a un Chico Malo durante el embarazo. Emma estaría sola la próxima vez que apareciera algo de magia loca. Bueno, no tendría una parte del equipo.

–No es verdad. Todavía tengo a mamá y a papá. Mulan está aquí para ayudar. Tal vez Ruby dará un paso al frente y será el apoyo mágico mientras Regina está fuera de combate. Maléfica y Tinker Bell también están ahí, si lo pido amablemente. Tal vez si me pongo de rodillas y suplico, Lily incluso podría ayudar. Pero, no importa. De lo que realmente quieres hablar es del hecho de que tu madre está embarazada.

–Del estúpido bebé de Robin Hood –se burló.

–Es bastante estúpido, pero ¿realmente es por eso que estás molesto? –Preguntó Emma.

Henry gruñó y volvió a mirar hacia la ventana. –Es estúpido.

–¿Qué es estúpido? Ambos sabemos que eres mejor con palabras que esto –la forma en que hablaba demostró que la noticia lo había golpeado con fuerza y estaba confundido por dentro. Solo quiero abrazarlo, pero dudo que eso ayude.

Henry sacudió la cabeza. –Es estúpida. Después de que salvaste a Marian de morir, de ser ejecutada no menos que por ella, se enojó contigo porque Robin la dejó y volvió con su esposa. ¡Entonces, nos excluye a todos, como si fuera nuestra culpa! ¿Se da cuenta incluso de que no habría tenido a Robin en primer lugar si no hubiera ejecutado a su esposa?

–Henry –dijo Emma. No creía que fuera justo, a pesar de que era preciso en cierto sentido. Sin embargo, Regina no quería a Robin, y Henry necesitaba entender eso.

–Oh, ¿entonces ahora solo vamos a excusar su comportamiento en el Bosque Encantado porque no pasó aquí?– preguntó, agitando los brazos.

–No, no la estamos excusando. Ha sido reconocido y todos sabemos que está trabajando para ser una mejor persona. Está trabajando para hacer lo correcto y ha arriesgado su vida por muchas personas a quienes ni siquiera les agrada, así que no pretendamos que es la misma mujer del Bosque Encantado. Conocí a la Reina Malvada. Faltaba algo en sus ojos en comparación con Regina. La Reina Malvada... no tenía amor, compasión, empatía, ni siquiera conexión con otros seres humanos. Sabes que Regina no es así.

Henry frunció el ceño. –Sí, bueno, ahora está conectada con el estúpido Robin Hood. Pueden tener su estúpida familia real.

–Henry, sabes que eres la familia de Regina. Creo que estás proyectando un poco.

Hizo una mueca y la miró como si fuera pequeña, mirándola de arriba abajo. –Oh, ¿ahora eres Archie?

Emma frunció el ceño. –Sé que estás molesto, pero recuerda, soy tu madre.

–Solo por dos años.

–¡Henry! –gritó, dándole una mirada dura mientras cruzaba los brazos sobre el pecho. ¿Qué carajo? –¡Puede que estés molesto, pero no me hablarás como quieras! –Nunca pensó que tendría que decirle eso, pero se iba a poner firme (2). Después de tenerlo durante un año, entendió que cuando lo conoció, no había sido muy maternal con él. Ahora, sabía cómo ser madre, un padre y no lo dejaría actuar como un mocoso, independientemente de la situación.

Henry se estremeció. –Lo siento... –se quejó.

–Mira, sé que cuando viniste a buscarme por primera vez, querías una conexión con tu familia biológica. Ambos sabemos que sé lo que es eso. También sabemos que es cuando tus padres tienen un hijo después de ti, pero hay una gran diferencia entre lo que pasó conmigo y lo que te está pasando.

–¿Cómo puede ser diferente?

Emma suspiró y se sentó en el borde de su cama, cerca de él, pero aún con espacio entre ellos. –¿Te dije lo que pasó en Nunca Jamás?

Miró hacia otro lado y frunció los labios. –Algunas cosas, pero no muchas. Nunca Jamás parecía una pesadilla para todos nosotros.

–Maldición estoy segura que lo fue. Pero, en un punto, mi madre realmente dijo que lamentaba no haberme criado. No se arrepintió por mí. Se arrepintió por sí misma. No tuvo nada que ver con mi horrible infancia, estar separada de cualquier familia o no tener a nadie que me ayudara nunca. Todo se redujo a que no pudo criar a un bebé y luego quedó embarazada.

Henry hizo una mueca. –¿De Verdad?

–Sí, realmente. Puedes imaginar cómo me sentí. Regina no te hizo eso.

–Pero, es un bebé con su alma gemela.

–Creo que no estoy de acuerdo con que él sea su alma gemela. Es su bebé, al igual que tú eres su bebé. ¿Alguna vez Regina te ha hecho sentir que eras algo menos que su hijo? ¡Casi me mata por ti!

–Fue por su maldición.

Emma lo miró fijamente. –¿Realmente crees que todo entre nosotras fue solo por su Maldición? Era sobre ti. Tal vez comenzó con ella viéndote solo como suyo, como una posesión, pero incluso eso es algo. Tú eres la razón por la que Regina ha cambiado, evolucionado y convertido en una persona completamente nueva y mejor. Eres la razón por la que se comporta como adulta en lugar de una niña malcriada. Nunca te ha mirado como algo menos que la persona que más ama en el mundo. Te alejó dos veces por tu propia seguridad. Carajo, la primera vez, porque no confiaba en sí misma si David lo dijo bien. Está dispuesta a hacer cualquier cosa para protegerte, incluso enfrentarse a un dios... o lo que sea que fuera Peter Pan.

Henry suspiró y se pasó la mano por el cabello. –Supongo.

–Henry, tu madre nunca lo hará y nunca podrá reemplazarte. Tienes un lugar especial en su corazón. Se tragó una maldición de muerte porque tú lo pediste. Esa mujer le arrancó al loco de Peter Pan su corazón. Se convirtió en una heroína ¿por quién? No por la ciudad. No por mí. Fue por ti.

Henry la miró, la estudió, como si estuviera bebiendo y absorbiendo sus palabras. –Entonces, ¿por qué tuvo que tener un bebé?

Emma se frotó la frente. –No es algo que hizo para fastidiarte.

–Fue un embarazo accidental, ¿verdad?

Emma se sorprendió por eso y miró boquiabierta a su hijo. –¿Qué demonios sabes los embarazos por accidente? ¿Quiénes son tus amigos?

Le dio una de esas miradas de niño inteligente, como si supiera todo lo que hay que saber. –Estoy en la secundaria, Emma, y vivimos en Nueva York.

Emma levantó la boca. –Bien, lo hicimos. No fumaste mientras estábamos en Nueva York, ¿verdad?

La cara de Henry se torció. –Uh no.

–Eso es bueno. Entonces, tu mamá no me matará por completo. Tal vez solo me mutiles si dejo que piense que te dije que el bebé fue por accidente. Mira, el punto es que tu mamá no planeó esto y en realidad está realmente asustada.

Henry parpadeó. –¿Lo está?

–Henry, se está apoyando en mí. Debería decirte algo –ambos sabían que Regina no aceptaría ayuda, incluso de Emma, a menos que estuviera aterrorizada. Solo necesito que Henry piense en eso.

Sacudió la cabeza. –Sé que al principio hice que pareciera que ustedes no son cercanas, pero estoy bastante seguro de que eres la mejor amiga de mamá. Puede que no lo diga, pero se preocupa por ti, Emma.

Emma se encogió de hombros –Realmente no es una novedad para mí. Actuó como carnada para que un dios demonio me salvara, así que creo que lo entiendo. Y, estoy aquí para ayudarla. Estoy aquí para ayudarte a ti también. Si tienes algún problema con esto, entonces puedes hablar conmigo. Como dije, sé mucho sobre los bebés de reemplazo. También sé lo que es añorar una familia. Pero la cosa es que tienes una familia. El nuevo bebé es una adicción. Carajo vas a ser un gran hermano mayor.

Henry se rio entre dientes. –Mamá te matará si sigues maldiciendo enfrente de mí.

–Es por eso que no le decimos. Mira, puedes estar molesto. Son noticias que cambian la vida, pero no te enojes con tu madre. No lo estaba planeando. No lo hizo para lastimarte y no piensa dejarte. Te quiere igual que siempre. Eres su... –Emma buscó en su memoria el apodo por el que nunca llamó Henry, pero por alguna razón estaba en sus recuerdos falsos.

Henry sonrió. –Pequeño Príncipe.

–Cierto, su pequeño príncipe. Te ama, Henry, y ese siempre será el caso.

Henry inhaló profundamente. –Lo sé.

Por supuesto que lo sabía. ¿Cómo podía no notar cuánto lo amaba su madre? Sin embargo, Emma se alegró de que pudiera admitirlo. –Entonces, tienes que ir a hablar con ella. Ya está hecha un desastre por esta cosa del bebé. Que estés enojado no es bueno para ella. Además, ¿no quieres ser hermano mayor? Ambos sabemos que serás increíble en eso.

Henry sonrió. –No tienes que halagarme. Ya entendí.

Emma sonrió y Henry se puso de pie. La abrazó como agradecimiento y luego salió de la habitación. Emma lo siguió lentamente abajo. Se detuvo cerca de la cocina donde estaba Regina, enjuagando los platos. Echó un vistazo y vio que Henry abrazaba a Regina. No escuchó lo que le dijo a Regina, dándoles privacidad. Después de unos minutos, Henry trotó con pánico sus los ojos.

–Está llorando y no sé qué hacer. Me disculpé y comenzó a llorar. Un abrazo en realidad la hizo llorar más y luego dije que estaba ansioso por ser hermano mayor y lloró más. No sé qué hacer. –Mamá no llora –dijo Henry, saltando de puntillas y agitando los brazos.

Emma le dio unas palmaditas en el hombro. –Eres un buen chico, Henry Mills. Ahora voy a controlar el lio emocional de la mujer embarazada. Ah, y es posible que quieras acostumbrarte a que llore. Podría ser lo suyo.

Henry suspiró, bajando un poco la cabeza. –No tengo la edad suficiente para lidiar con estas cosas.

Emma se rió mientras se atrevía a entrar a la cocina. Regina definitivamente estaba llorando junto al fregadero. Emma se relajó, al estar cerca. Resistió el impulso de jalar a Regina para un abrazo. No estaba segura de sí su amistad había llegado a ese punto. Claro, Regina podría iniciar el contacto, pero tenía una excusa. Emma no quería hacer nada que pudiera asustar a Regina.

–¿Estás bien? –Emma preguntó.

Regina sollozó y una pequeña sonrisa pintó sus rasgos. –Está de acuerdo. No cree que no vaya dejar. Le dije que había terminado con Robin Hood, independientemente de lo que ocurriera entre él y Marian. Ya terminó.

Emma asintió y se preguntó si Henry expresó lo mismo que le dijo. No lo mencionaría. No quería pasar por ese camino de nuevo. Lo consultaría con Henry más tarde para asegurarse de que no pretendiera estar bien.

–¿Te importa si te pregunto algo personal? –Dijo Emma.

–Me has acompañado al obstetra, Emma.

–Sí, pero fue solo para sacar sangre. Tenía curiosidad por saber cuántos meses tiene el bebé –También era una forma de determinar con precisión cuándo demonios Regina se había acostado con Robin. No la juzgaba ni nada, pero la reacción de Regina al traer de vuelta a Marian siempre la había dejado perpleja. Regina hizo que pareciera que ella y Robin habían disfrutado de una larga y cómoda relación, pero cuando todo estuvo dicho y hecho, Regina ya no quería hablar de él nunca más y parecía bastante contento de mantenerse jodidamente alejado de Regina.

Regina se secó los ojos. –¿Realmente?

–Sí. A lo que me refiero es, ¿por cuánto tiempo has estado vomitando por las mañanas?

Regina sacudió la cabeza. –Pregunta lo que realmente quieres preguntar.

Emma hizo una mueca. ¿Realmente quiero preguntarle cuándo se folló a Robin y terminar arrojada al Gran Cañón? –Tal vez más tarde. En este momento, solo quiero asegurarme de que estás bien. Henry dijo que se disculpó y que está listo para ser un hermano mayor. ¿Entonces estas bien?

Regina asintió. –Estoy tan bien como lo estaré por ahora. Quería asegurarse de que no estaba planeando mudarme de repente con Robin, lo que todos sabemos que es imposible.

–Bueno, un bebé podría ser demasiado hasta para ti.

Regina negó con la cabeza. –Tengo muy pocos deseos de molestarme con las facultades de Robin. Gracias por hablar con Henry.

Emma se levantó un poco más alta. –¿Qué sigo diciendo?

–Lo sé, lo sé. No estoy sola en esto.

–No lo estás y ahora hemos agregado a Henry. Creo que es seguro decir que será fácil –Justo cuando Emma dijo eso, el color de Regina se desvaneció repentinamente de su rostro y salió corriendo. Sus náuseas matutinas decidieron convertirse también en náuseas vespertinas.

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La próxima vez: le dicen a Robin y a Marian.

(1) Dog house: Lugar figurativo cuando estas en malos términos con alguien.

(?) Alguien me podría explicar ¿a qué pluma mágica se refiere?, la wiki de OUAT me confundió, no sabía que Zelena estaba viva y con un bebé de Robín Hood, Marian también se murió. ._.

(2) Put her foot down: Ponerse firme.