Marin se había quedado sin habla ante la repentina aparición de Kanon. Todas las palabras que había confeccionado en su mente para exponérselas en cuanto le viera se habían desvanecido por completo. Quería disculparse, pero no sabía cómo hacer frente al visiblemente débil hombre que tenía ante sí. También necesitaba reclamar un respeto que creía que había perdido, pero se sentía incapaz de demandarlo. La proximidad de Kanon le resultaba simplemente abrumadora. Y las palabras que había compartido con Kiki no cesaban de rondarle la cabeza. ¿Era en realidad un ser tan perdido como Kiki había afirmado momentos antes? ¿En verdad la soledad que siempre le rodeaba había sido impuesta por el Santuario, por la institución que ella tanto respetaba? Poco a poco Marin fue relajando su postura, estirando las piernas, liberándolas un poco del agarre de sus brazos, pero sus ojos seguían negándose a enfocar a Kanon.

Permanecieron en silencio unos instantes, hasta que la grave voz de Kanon se atrevió a rasgarlo.

- Marin…te debo unas disculpas – dijo Kanon, con tono serio pero no severo. Su mirada, cansada y ojerosa, se posó sobre la figura de la guerrera, esperando unas palabras, un gesto…algo en respuesta.

- Las acepto…- respondió ella, con una tímida voz – y yo…yo también te pido perdón por mi acto de inconsciencia...y por mis palabras – prosiguió mirando, por fin, a Kanon ligeramente, pero lo suficiente para percatarse del mal aspecto que lucía el caballero. Vio lo que una pequeña exposición al veneno de sus rosas podía ocasionar, y esta constatación hizo que se reafirmara en su intención de negarse a hacerse inmune al veneno de Piscis – no tuve consciencia del riesgo que habías corrido hasta que Kiki me abrió los ojos, y me avergüenzo por ello. Eso ha sido muy egoísta por mi parte – añadió, desviando la mirada al frente de nuevo.

- No te tortures más por esto, Marin. Está bien. No te vas a librar de mí tan fácilmente – dijo Kanon, esbozando una sonrisa, intentando hacer uso del humor para relajar el ambiente.

Los labios de Marin también se vistieron con una ligera sonrisa, sólo por un momento, para seguidamente volver a lucir la tristeza que últimamente la acompañaba. No sabía que más decir, ni cómo hacerlo. No estaba segura a partir de qué punto la conversación con Kiki había tenido a Kanon como testigo, y se sentía como si hubiera arrebatado parte de una intimidad que Kanon no estaba dispuesto a compartir. Y no entendía por qué.

El silencio se estaba volviendo pesado, incómodo, y fue Kanon quién lo rompió por segunda vez.

- Sé que todos vosotros habéis perdido mucho en esta última guerra contra Hades. Y yo no he sabido valorarlo. No estoy acostumbrado a lidiar con este tipo de emociones. Pero ahora estamos todos en el mismo barco. Un barco que tengo que guiar, y del que no deseo que se baje nadie...No puedo hacerlo solo. Os necesito. A todos– dijo mirando nuevamente a Marin, esperando encontrar sus ojos, aunque fuera sólo una vez – Y... no os voy a traicionar – sentenció.

Al escuchar estas últimas palabras, Marin giró levemente su rostro, armándose de valor para afrontar su mirada. Y mantenerla.

- Has escuchado la conversación con Kiki. Entera. ¿Verdad? – preguntó con un hilillo de voz.

- Así es. Y, aunque me de rabia admitirlo, el muchacho te ha contado la verdad. Sí…fui un traidor. Tuve la oportunidad de luchar en el ejército de Poseidón, y no la desaproveché. Me hice con la armadura del Dragón Marino, desperté al espíritu del Dios de los Mares...me enfrenté al Santuario. A Athena. Pero Athena, con su infinita bondad, hizo que fuera consciente del gran error que había cometido...y me perdonó. Me dio una oportunidad...la que nunca antes había tenido. No puedo cambiar el pasado, pero puedo intentar hacer lo correcto en el futuro. Y el día que me llegue el juicio final, los dioses decidirán. Hasta que no se acerque ese momento, mi lugar está aquí. Con vosotros. Sin engaños ni traiciones. Y…necesito que confiéis en mí.

Marin únicamente asintió con la cabeza, rompiendo el contacto con la profunda mirada de Kanon, para respirar hondamente antes de afrontar lo que más terror le daba. Su inquebrantable decisión de renunciar a hacerse inmune al veneno de Piscis. Después de unos instantes, volvió a mirarle, decidida. Como lo había hecho justo después de volver de su inconsciencia.

- Kanon…- se detuvo para volver a respirar hondo antes de proseguir – no me voy a hacer inmune a Piscis – la expresión de Kanon, que se había mantenido serena hasta el momento, se mudó de inmediato en algo parecido a la incomprensión, pero no interrumpió a la joven en su exposición – no estoy dispuesta a dejar que el veneno entre en mi sangre, que contamine cada una de las células de mi cuerpo. No quiero perder lo único bello que nos queda a los guerreros…la proximidad con nuestros iguales. No quiero volverme nociva…no deseo que mi contacto con la gente que amo obre como lo han hecho mis rosas en ti…- Kanon únicamente tragó saliva mientras fruncía el ceño en una expresión de desacuerdo ante las palabras de Marin – somos caballeros de Athena…no sabemos cuándo vamos a morir. Pero mientras no llegue ese momento, deseo tener una vida plena. Es lo único que pido. Siempre he vaciado mi alma entera en cada batalla que he librado, y entregaré mi vida sin vacilar en cuánto sea necesario. Pero quiero haber vivido – sus bellos ojos empezaron a nublarse de lágrimas – he perdido mucho sin siquiera haberlo experimentado intensamente, y no voy a permitir que mi vida sea vacía para el resto de mis días – sentenció, tragando el nudo que se le había formado en su garganta.

- Y…¿Cómo piensas hacerlo, Marin? – inquirió Kanon, atrapado entre la curiosidad y la consternación que le provocaron esas afirmaciones.

- Haré lo que he hecho durante todos mis días como guerrera. Usaré mi máscara - afirmó con una seguridad impecable.

- ¡Eso ni hablar! – exclamó Kanon, poniéndose en pie súbitamente, notando como la furia lo invadía de nuevo - ¡Usar una máscara es una humillación! ¡Una aberración! ¡¿Cómo te puedes rebajar a eso voluntariamente?! – la respiración de Kanon se había agitado violentamente, y con rabia se pasó las manos por sus cabellos, bajándolas rápidamente, soltando un gruñido - ¡Mierda, Marin! ¡¿Por qué?! – espetó, mirándola con decepción.

- ¡Es mi decisión! – replicó ella, levantándose a su vez, encarándose a él como lo había hecho antes, en Piscis - ¡¿Qué problema tienes con ello?! – continuó, secándose las lágrimas bruscamente.

- ¡No quiero que uses una asquerosa máscara! – dijo, agarrándola por los hombros, mirándola con cierta desesperación.

- ¡¿Pero por qué?! – gritó ella, deshaciéndose de su agarre - ¿Qué pasa contigo? ¡No te entiendo! ¡¿Qué quieres?! ¡¿Qué problema tienes con las máscaras!? ¡Tú nunca has tenido que esconder tu rostro! ¡ Esto es asunto mío, no tuyo!

Estas palabras llegaron hasta lo más profundo del alma de Kanon, estrujándola sin consideración. Haciéndola añicos.

- Me dijiste que no te conocía…¡y tienes razón! ¡¿Quién eres, Kanon?! – Marin soltó todas estas palabras sin apenas respirar.

Él le había dado la espalda, apretando la mandíbula con fuerza, respirando agitadamente, pensando inevitablemente en alguien que lo había estado acompañando en sus sueños y pesadillas desde hacía un tiempo. Y su recuerdo le resultó demasiado doloroso. Sentía que le había fallado. Estrepitosamente.

De manera incompresible Marin se acercó a él, agarrándolo por el brazo y obligándole a mirarla. Todas las preguntas y dudas que tenía acerca de Kanon se estaban escapando de sus labios sin orden ni control.

- ¡¿Qué fuiste a hacer a la isla Kanon?! ¡¿Qué diablos te pasó allí?! ¡¿Por qué Ikki es el único que puede acceder a ti?...¡¿Por qué tu negación a que use mi máscara para mi propio bien?!...¿por qué?...necesito conocerte…para poder confiar en ti…- dijo Marin como en un ruego, soltando lentamente el brazo de Kanon, que permanecía inmóvil, apretando los dientes con fuerza, respirando descontroladamente, escondiendo sus cansados ojos tras sus azules mechones.

Quizás había llegado el momento de afrontar el pasado, de compartirlo…de superarlo…

- ¿De verdad estás segura de querer conocer todo lo que hice y por qué lo hice? - dijo Kanon mirándola por el rabillo del ojo. Ella únicamente asintió con una segura inclinación de cabeza - Está bien…pero es posible que no te guste nada lo que estás a punto de descubrir - continuó Kanon, al momento que empezaba a dirigir sus pasos hacia el lugar donde descansaban todos los caballeros que habían servido al Santuario desde tiempos inmemoriales - Sígueme…

Continuará