Bueno, se podría decir que en el Capítulo 8 queda cerrada una etapa de esta historia. Quizás la más dramática. Pero me apetece continuar con ella, ir en busca de nuevos y originales personajes, que es posible que no tengan el encanto de todos los que ya conocemos, aunque intentaré hacerlo interesante. Esta parte también será menos dramática, con más humor (no sé qué tal se me dará eso) ¿y con algo de romanticismo? No sé, ya veremos cómo evoluciona la cosa. Daros las gracias a todos los que hayáis llegado hasta aquí con ganas de continuar, y gracias también a todos los reviews de guests, que no puedo responder personalmente. Espero que sigáis disfrutando la lectura, igual que yo lo hago escribiendo.
PARTE 2
En busca de Cáncer
Hacía días que Marin se había unido a Kanon en sus tareas de descifrar la localización que determinaban las estrellas de la constelación de Cáncer. Después de estudios, suposiciones, comprobaciones noche tras noche, Marin casi podía asegurar que el destino que albergaba al nuevo defensor de Cáncer se encontraba en Francia. Más concretamente, en París. Kanon había intentado persuadir en serio que Marin le acompañase en el viaje, pero ella se escudaba en excusas de falsa responsabilidad, defendiéndose alegando que debía concentrarse en sus entrenamientos, que necesitaba perfeccionar un sinfín de técnicas, que no era buena idea su participación en esa misión...Pero la realidad era otra. La presencia de Kanon le resultaba simplemente abrumadora, y esa sensación la incomodaba bastante. Y no sabía, o no se atrevía, a descifrar por qué.
Durante esos días, Kiki se había sumido muy enérgicamente en la tarea de forjar una digna máscara para la guardiana de Piscis. Y los resultados que había obtenido eran simplemente asombrosos. La máscara dejaba completamente al descubierto los ojos de Marin, y tenía un sistema de filtración y purificación del aire que no tenía nada que envidiar a la más avanzada tecnología. En cuánto supo que Kanon se disponía a marcharse a París para localizar al nuevo heredero de Cáncer, se había ofrecido a hacerse cargo de todo. La reserva de los billetes de avión, del hotel, de conseguir las mejores guías turísticas, las recomendaciones de los mejores restaurantes, y un sinfín de detalles más no se escaparon de la atención del más joven de los caballeros dorados.
Kanon estaba sumamente agradecido a todos los esfuerzos que hacía Kiki, el cual se desenvolvía mejor que nadie con el uso de los ordenadores y de internet. Aunque su efusivo carácter casi agotó la paciencia de Kanon, que era incapaz de hacerle entender que no se trataba de un viaje de turismo y placer. Que era una misión. Y muy importante.
- Pero no sabes los días que tardarás en dar con la persona que buscas, quizás estás semanas, y ¿qué vas a hacer? ¡pues conocer la ciudad! – le dijo, presa de una gran emoción, presentándose en Géminis cargado de información de París.
- Cualquiera diría que eres tú el que se va a Francia…- respondió Kanon, resignándose ante tal ímpetu, guardando todas las guías y mapas que el joven le ofrecía…- Kiki…¿y el billete?...dijiste que también me lo traías, y aquí no está…- dijo sin mirarle, revisando todos los papeles que iba guardando en la bolsa que estaba preparando. Al no obtener respuesta alguna, se dio vuelta y se descubrió completamente solo. No pudo evitar soltar un gruñido de desesperación – este muchacho…este muchacho un día acabará conmigo…- refunfuñó mientras cerraba la bolsa con rabia.
Sus pasos se dirigieron con decisión hacia la entrada de su templo, esperando dar con Kiki y reclamarle lo más importante que le faltaba, el maldito billete de avión. Aunque, pensándolo bien, tampoco era imprescindible. Con sus poderes podría llegar perfectamente a la ciudad sin necesidad de usar transportes habituales, pero aquí también se había topado de bruces con Kiki y sus ansias de organización, insistiéndole sin respiro que debía vivir cómo un humano, que no se sentía tan mal, que lo debía intentar…y viajar en avión era un buen comienzo para ello. Así que debía conseguir el condenado billete, aunque tuviera que bajar a Aries para tenerlo en sus manos. Estaba a punto de poner pie en la escalinata de bajada cuando la voz de Marin le detuvo en seco.
- Kanon…¿dónde vas con tanta prisa? – preguntó su dulce voz.
- ¡A buscar el maldito billete de avión! Seguro que Kiki se lo ha olvidado en Aries – respondió él, secamente, sintiendo como su paciencia ya casi había desaparecido del todo.
- Espera…no hace falta que vayas…- dijo Marin tímidamente, manteniéndose en pie a la entrada de Géminis, sosteniendo en su mano unos papeles – lo tengo yo.
- ¿Tú? – preguntó Kanon sorprendido, al momento que deshacía sus pasos para acercarse a Marin.
- Sí…hace un rato que Kiki se ha presentado en Piscis y me ha dado tu billete – dijo, bajando la mirada, escondiéndola entre su castaño flequillo – y otro para mí – añadió con timidez.
- Vaya, veo que tú también has caído en los trueques de nuestro joven caballero de Aries – dijo, riéndose abiertamente – ahora comprenderás lo irritante que puede llegar a ser cuándo se lo propone – añadió, sin perder la sonrisa – Bueno, ahora no tienes más opción que acompañarme, como te lo había pedido desde un principio.
- Lo sé…sé que te había dicho que sí, pero creía…sigo creyendo que esta no es una misión para mí…¿qué puedo hacer yo en este caso? No sabría ni por dónde empezar…- dijo, ruborizándose levemente.
- ¿Y te crees que yo lo sé? No tengo la menor idea. Y por supuesto que es una misión para ti. Imagínate que nos encontramos con un sujeto como Kiki…¡es que lo mando a otra dimensión sin pensármelo dos veces! – dijo Kanon en un tono relajado, incluso divertido.
A decir verdad, después de los tensos momentos que pasaron Marin y Kanon, de los duros intercambios de palabras que habían vivido, Kanon se encontraba más relajado, más amable…más cercano. Parecía que, al fin, se había liberado un poco de todo el sufrimiento que había llevado como un lastre toda su vida.
- Aquí están los billetes – dijo Marin, tendiéndole la mano con los papeles.
- Guárdalos tú, ya que mañana por la mañana nos tenemos que volver a encontrar, confío en que los lleves tú.
A una prudente distancia del lugar, Kiki estaba escondido sin perder detalle de todo lo que acontecía en la entrada de la Tercera Casa, y una pícara sonrisa había tomado posesión de su todavía infantil rostro.
El avión salía a las ocho de la mañana del aeropuerto de Atenas, y el vuelo les llevaría unas tres horas. Habían facturado las maletas, y estaban a la espera que obtener el permiso para embarcar, momento que Kanon aprovechó para escaparse unos minutos a la zona destinada a los fumadores. Marin lo observaba desde lejos, metido en esa sala dónde diversos hombres y mujeres aplacaban sus nervios y necesidad de nicotina antes de sufrir una impuesta abstinencia. Y le parecía tan humano como cualquiera de los mortales. Le resultaba graciosos, e incluso emocionante, poderse mezclar con total naturalidad con el resto de la población, pasando completamente desapercibidos, vestidos con sus ropas normales, viviendo momentos y situaciones incluso rutinarias. Eso era lo que ella había pedido con tanta insistencia…poder seguir haciendo una vida normal, disfrutando cada pequeño momento que ésta pudiera ofrecer. Y para Marin, observar cómo Kanon tenía que enjaularse, junto con todo tipo de gente común, para poder devorar uno de sus cigarrillos, eso…eso le resultaba un regalo de los dioses.
Una vez abrieron las puertas y pasaron el último control de documentación, accedieron al avión directamente, buscaron los asientos que les habían designado, discutieron para decidir quién se quedaba con el lado de la ventana, guardaron sus mochilas en la parte superior, las tuvieron que volver a bajar para sacar los dispositivos de música, Kanon las volvió a subir, se sentó en su asiento de nuevo, para seguidamente volverse a levantar para sacar una de las guías de París que Marin quería leer durante el vuelo. Kanon volvió a subir la mochila, cerrando la parte de arriba de un golpe, sentándose por enésima vez en su asiento del pasillo.
- ¿Seguro que no te hace falta nada más? - dijo Kanon, refunfuñando al momento que se abrochaba el cinturón de seguridad, algo que le pareció bastante ridículo.
- Eso es todo - respondió Marin, esquivando su mirada como de costumbre, riéndose para sus adentros viendo lo exasperado que estaba Kanon por tenerse que comportar siguiendo unas normas de conducta a las que no estaba acostumbrado.
Les quedaban tres horas de vuelo por delante, las cuales Kanon había decidido pasar escuchando música a un volumen que iba más allá de sus auriculares y fingiendo dormir. Marin abrió la guía en una página al azar, empapándose de todo lo que esa espléndida ciudad les podría ofrecer. Deseando poder conocerla, aunque fuera sólo un poco.
Continuará
