Kanon se acercó hacia la entrada de las catacumbas, donde pacientemente le estaba esperando Marin. Al alcanzarla, una amplia sonrisa estaba dibujada en su rostro, y seguidamente apoyó su gran mano sobre el hombro de la joven, y mirándola directamente a los ojos la hizo partícipe de sus supusestos descubrimientos.
- Creo que tenías razón, el chico de la taquilla...- se detuvo un momento para dirigir la vista hacia donde se encontraba la garita, volviéndola a enfocar a Marin con rapidez - el chico...creo que es él.
- ¿Cómo? ¿estás seguro? - preguntó ella, entre sorprendida y emocionada - Pero ¿cómo lo sabes?
- No, no estoy seguro...sólo lo intuyo. Pero he encendido mi cosmos menos de un segundo, y creo que él lo ha notado.
- ¡¿Que has hecho qué?!
- Shhhh...- la silenció Kanon - no puede sospechar nada acerca de nosotros, es imposible. Sólo digo que ha reaccionado mirándome fugazmante cuando lo he hecho. Eso es todo. Como si hubiera notado algo en el ambiente. Creo que es una señal - sentenció finalmente.
- Y...y ahora...¿qué debemos hacer? - preguntó Marin, notando como cierto nerviosismo se iba apoderando de ella.
- Propongo que hagamos la visita a las catacumbas, y cuando salgamos, esperamos que el muchacho acabe el trabajo y le seguimos. A ver qué nos ofrece - dijo Kanon, rebosante de emoción, empezando a andar hacia el acceso a la historia más tétrica de París.
La visita les llevó una hora más o menos, una hora durante la que se sumergieron en la penumbra, se perdieron entre túneles y galerías repletas de huesos y cráneos, colocados todos ordenadamente, incluso formando figuras macabras. Había huesos por todas partes, provenientes de cementerios que habían existido en el SXVIII, incluso antes, e indudablemente ese parecía ser el lugar perfecto para el despertar del futuro defensor de Cáncer. En ningún lugar podría haber más almas atrapadas entre los dos mundos que allí.
Cuando salieron ya había anochecido y esperaron a cierta distancia que el chico abandonara su lugar de trabajo. Poco tiempo después observaron como salía de la taquilla, cerrándola concienzudamente, despidiéndose de sus compañeros con la misma apatía con la que había atendido a Kanon. Pudieron apreciar que era un muchacho bastante alto, aunque delgado y desgarbado. Rápidamente cubrió su cabeza con la capucha de su sudadera negra, guardando las manos en sus bolsillos y echando a andar rápidamente, con la cabeza completamente gacha. Llevaba colgada de su espalda una mochila negra, llena de parches de grupos de rock y heavy, y de sus vaqueros ajustados, también negros, colgaba una cadena que parecía estar unida a algún objeto que guardaba en el bolsillo. Kanon y Marin empezaron a seguirle manteniendo una distancia de seguridad. El chaval iba a buen paso por la acera, pero de repente cruzó la calle corriendo, jugándose el tipo entre los coches que circulaban arriba y abajo, haciendo caso omiso de los bocinazos que su acto había propiciado. Kanon y Marin se encontraron sorprendidos por este cambio repentino de dirección, viendo imposible cruzar la calle, debido al gran tráfico que había desatado el semáforo del cruce que había a unos cincuenta metros más allá. Cuando por fin consiguieron cruzar intentaron seguir sus pasos, pero el joven simplemente se había esfumado.
- ¡Mierda! - exclamó Kanon - lo hemos perdido.
- Bueno...no es tan grave...- dijo Marin, intentando tranquilizar a Kanon - sabemos donde trabaja, así que mañana podemos volver y lo intentamos de nuevo.
- Tienes razón, pero es que lo teníamos tan cerca...
- Así tenemos tiempo para pensar cómo nos presentamos ante él. Qué le decimos...cómo se lo decimos...
Habían empezado a andar por una de las calles colindantes, sin ningún rumbo fijo, intercambiando ideas y opiniones de cómo iban a tratar con el joven. Se estaban acercando a la esquina cuando Kanon vio que el chico acabada de pisar su acera y se dirigía hacia ellos. En cualquier momento se lo iban a cruzar y si empezaban a seguirle sería demasiado evidente... Marin estaba enfrascada en sus planteamientos cuando de repente notó como Kanon la arrinconaba dentro de un oscuro portal, quedando su pequeño cuerpo atrapado entre la pared y el propio cuerpo de Kanon, que había apoyado un brazo contra la pared, protegiéndose de la visión de los posibles peatones. Marin no sabía a qué venía ésto, y notar el roce del cuerpo de Kanon sobre el suyo le aceleró la respiración en un instante. Los labios de Kanon se acercaron a su oído, podía sentir su aliento acariciarle la piel... y el rubor la atacó al momento.
- Marin...- susurró Kanon contra su oído - está a punto de pasar por nuestro lado - prosiguió, sin moverse ni un milímetro.
Marin apenas podía controlar su respiración, los escalofríos que le recorrían el espinazo eran tremendos...incómodos...deliciosos. El corazón le estaba latiendo violentamente, lo sentía retumbar con fuerza dentro de su pecho. Apenas había entendido lo que Kanon le había dicho, sólo notaba la proximidad de sus labios muy cerca...demasiado cerca. En ese momento el chico pasó por su lado, mirándoles de reojo un instante, descubriendo que era una de tantas parejas de las que van besándose por los rincones. Pasando de largo la escena. Marin había cerrado los ojos con fuerza, intentando controlar su respiración, tragándose los impulsos de rozar los labios de Kanon con los suyos propios. Cuando el chico se hubo alejado unos pasos, Kanon, totalmente ajeno a las emociones que estaba sentiendo Marin, se separó lentamente de ella, no perdiendo de vista al muchacho. No por segunda vez. Agarró a Marin por el brazo y la arrancó de ese portal, con la misma poca delicadeza que la había empujado antes dentro del mismo.
Kanon no separaba sus ojos del joven, tampoco soltaba la mano de Marin, para asegurarse que le seguía el paso. Marin no era capaz de digerir todo lo que acababa de pasar. Estaba nerviosa, tensa, furiosa con ella misma, y por supuesto, con Kanon. Si, ya, había sido una maniobra de distracción, pero las sensaciones y emociones que le habían despertado esa pantomima no le habían gustado para nada. Por un momento se había olvidado de todo y había estado a punto...a punto de...mejor ni pensarlo. La vergüenza la comía por dentro...y Kanon...pues a lo suyo, ajeno a todo. El chico se adentró en un local de copas y música, y Kanon no dudó en hacer lo mismo.
El bar estaba oscuro, bastante lleno de gente, en la mayoría jóvenes, y la música era atronadora. En esos momentos estaba sonando March of Time de Helloween, y el simple hecho de hablar o tratar de escucharse parecía imposible. Los ojos de Kanon buscaron desesperadamente la figura del chico, y por fin respiró tranquilo cuando vio que había tomado asiento en un rincón del bar, rodeado de chicos y chicas de una edad similar, con los que se saludó amigablemente. Teniéndolo ubicado y controlado se dirigió a Marin, que estaba a su lado, con un enfado monumental, hecho en el que él no reparó.
- ¿Que te parece si nos tomamos unas copas? - dijo, acercándose nuevamente a su oído, sin darle tiempo de respuesta, dirigiéndose a la barra y pidiendo un par de cervezas, sin preguntarle a Marin si le apetecía o no.
La chica de la barra, vestida completamente de negro, dejando al descubierto unos esbeltos brazos decorados con algunos tatuajes, le sirvió las cervezas al momento, sin ofrecerle vasos, mostrando su mejor sonrisa a su nuevo cliente. Kanon agarró las dos botellas con una sola mano, y fue en busca de Marin para ofrecerle la suya. Ella la agarró sin decir nada, desviando la mirada, observando el local con el ceño completamente fruncido.
- ¿Y ahora qué? - preguntó. Esperando respuesta. Dejando pasar unos segundos. Viendo que Kanon no había escuchado nada.
No tuvo otra opción que agarrarlo de la manga de la camisa, pues él ya se había librado de su chaqueta, y tirar de ella, haciendo que Kanon se acercara para que la pudiera escuchar entre tantas voces y guitarras.
- Digo que ¿y ahora qué? - dijo casi gritando - ¿qué es lo que quieres hacer? - continuó, secamente.
- Observar - respondió él, acercándose de nuevo a su oído - observarle en su ambiente y tratar de sacar algo de información.
- ¿Cómo?
- Muy fácil...ahora verás - dijo, antes de propinar un largo trago a su cerveza y de voltearse hacia la barra en busca de la camarera.
Marin lo miró de reojo mientras tomaba asiento en uno de los taburetes de la barra, bebiendo a su vez un largo trago de cerveza, de vergüenza, de indignación y de rabia. Kanon apoyó los codos sobre la barra, y con una señal llamó la atención de la camarera. Ella se acercó a él enseguida, luciendo una gran sonrisa. Marin pudo ver de refilón como Kanon se acercaba al rostro de la muchacha y le decía algo. La chica, a su vez, también se apoyó en la barra, mostrando todos sus atributos femeninos, cubiertos con una pequeña camiseta que parecía una segunda piel. Algo le estaba explicando a Kanon, acercando sus coloreados labios a su oído, dejando que el cabello de Kanon rozara su rostro. Marin desvió la mirada de inmediato, no le gustaba lo que estaba viendo, sentía que su pecho ardía de rabia. Y se odiaba por ello.
- ¿Oye, conoces al chico de la esquina, el que acaba de entrar? - le había preguntado Kanon.
- ¿Quién? ¿Vincent? - había respondido ella, ubicando al chico. Reconociéndolo.
- Exacto - le había contestado Kanon.
- Sí, viene casi cada día por aquí, cuando sale del trabajo. ¿Por qué lo preguntas? - había dicho ella, coqueteando.
- ¿Y qué tal es? ¿que tipo de vida lleva? - había seguido Kanon.
- Si que estás interesado en él...- dijo en su oído, sonriendo pícaramente.
- Es que quizás le puedo ofrecer trabajo, pero necesito saber si el trabajo sería adecuado para él antes de proponérselo.
- Sí...es buen chico. Lo que le pasa es que desde que su padre y su hermano murieron este verano pasado en un accidente de tráfico se encuentra un poco...¿como te podría decir?...cabreado con el mundo - sentenció, sin abandonar su coqueta sonrisa.
- Gracias, me has sido de gran ayuda - le dijo Kanon, guiñándole un ojo antes de girarse e ir al encuentro de Marin.
Marin casi había apurado toda su cerveza, intentando diluir con ella la rabia que le ardía en el pecho. Kanon se acercó a ella, hablándole otra vez al oído, dejando que sus mechones de cabello azul rozaran sus sonrojadísimas mejillas.
- Creo que todas las piezas encajarán muy rápido. Y todo gracias a ti.
Continuará
