Gracias Krista por tus palabras :). Y gracias Yaz por tus críticas de cada capítulo, no sabes con qué ganas las espero. A todos los que habéis llegado hasta aquí os dejo otro capi, espero que lo disfrutéis :).

Marin era incapaz de relajarse e intentar disfrutar del momento mientras seguían observando al muchacho. Tenía la mente turbada por todas las emociones contradictorias que la estaban avasallando, y no pudo evitar pensar en Aioria y en todo lo que había sentido por él. Aioria había sido un hombre noble, que siempre le había inspirado protección, afecto y respeto. Un inmenso respeto. La nobleza de su corazón era tan grande como lo había sido su poder. Y Marin se había enamorado perdidamente de toda esa combinación de cualidades. Después de poder aceptar su muerte, se prometió a ella misma no volver a flaquear por este tipo de emociones, no volverse a rendir a ese tipo de amor. Y en ese momento se odiaba profundamente por permitir que la presencia de Kanon, y más aún su proximidad, hicieran trastabillar sin consideración alguna todas las promesas que se había hecho una y otra vez. Pero Kanon no era Aioria...Aioria le había proporcionado seguridad, comprensión, una profunda y sólida amistad. En cambio, Kanon le proporcionaba una turbación que no había sentido nunca antes. Le despertaba un fuego que no sabía cuánto tiempo sería capaz de aplacar. Y después de la escena que habían vivido antes de adentrarse en el bar, Marin había empezado a temerse a ella misma.

- Salgo a fuera cinco minutos - le dijo Kanon al oído, mostrándole el paquete de tabaco - tú no pierdas de vista a nuestro chico. Por cierto...su nombre es Vincent.

Marin simplemente asintió, observando de refilón al chaval, comprobando que seguía allí, sin ninguna intención aparente de moverse, dando cuenta también de una cerveza. Lo que le llamó la atención fue su comportamiento apagado. Todos sus compañeros estaban charlando y riendo animadamente. Él estaba allí, rodeado de gente, pero parecía sentirse completamente solo. De vez en cuando esbozaba alguna sonrisa, o participaba en la charla, pero sólo para aportar palabras sueltas, para sumirse otra vez, rápidamente, en sus pensamientos. Unos pensamientos que parecían estar muy lejos de ese lugar. Marin se sobresaltó cuando notó un dedo que le proporcionaba unos golpecitos en su hombro. Se giró levemente y se encontró con la risueña camarera apoyada en la barra, como segundos antes había hecho con Kanon.

- ¡Menuda suerte tienes, chica! - le dijo la camarera - Ya me dirás cuál es el secreto para conseguir semejante hombre - continuó, hablando al oído de Marin, sonriendo abiertamente.

Marin no sabía qué decir, únicamente esbozó una timida sonrisa acompañándola con un leve encogimiento de hombros, dando gracias a la oscuridad del local, que ayudaba a disimular el terrible sonrojo que últimamente no la abandonaba. En ese preciso instante Kanon volvió a entrar, pasando entre la gente que cada vez llenaba más el local. Las estridentes guitarras de HammerFall habían dejado paso a HIM y su gran The Kiss of Dawn, que ahora eran los encargados de hacer sonar los altavoces del bar. Cuando Kanon alcanzó la barra hizo una señal a la camarera, pidiendo dos cervezas más, agradeciéndolas con otro guiño de ojo. Era evidente que Kanon se encontraba como pez en el agua en ese ambiente. Marin le contó que el chico estaba como sumido en otro mundo, aparte de todo, y que eso le extrañó. Kanon le propuso ponerlo a prueba de nuevo, y Marin se sintió terriblemente nerviosa al instante. Eso era jugar con fuego y fuera de lugar.

- No te preocupes, será sólo un instante. Si vuelve a reaccionar, es que hemos dado con él sin ninguna duda - dijo Kanon, con sus ojos puestos en el chico, comprobando que ellos dos estaban fuera de su rango de visión.

Kanon encendió su cosmos un segundo y lo apagó de inmediato. Marin apenas lo había notado. Pero Vincent salió de su estupor por un momento, levantando la vista, recorriendo con ella el local, en busca de algo que ni él mismo sabía qué era.

- Está completamente perdido - afirmó Kanon, apoyando la espalda en la barra, dejando decansar los codos sobre ella, sin dejar de sostener la botella de cerveza, que iba apurando poco a poco - seguramente el cosmos ha despertado dentro de él hace relativamente poco, y no debe tener ni idea de lo que le está ocurriendo. Me temo que no será fácil lo que nos espera. Tendremos que ser duros con él - afirmó Kanon, con esa frialdad que tanto detestaba Marin.

- ¿Cómo de duros? - preguntó Marin, con miedo a saber la respuesta.

- Lo suficiente para bajarlo a sus infiernos y conseguir que su cosmos explote completamente - respondió Kanon, con convicción - tendremos que descubrir cuáles son sus puntos más débiles, más frágiles, y estrujarlos hasta que libere el poder que ha nacido dentro de él.

Marin palideció de golpe al escuchar las intenciones de Kanon. No le gustaba la idea, y temía imaginarse cómo diablos lo iba a hacer. Miró a Vincent a través de la penumbra del bar. Observó su figura abatida, triste. Y en ese preciso instante empezó a temer por él.

- ¿Y...y cuando lo piensas hacer? - dijo Marin, con temor en su voz.

- Mañana - contestó Kanon con seriedad - mañana haremos lo mismo que hoy. Le seguiremos cuando abandone su lugar de trabajo y lo apartaremos a un lugar seguro para poder mantener una charla con él - añadió antes de dar otro sorbo a su cerveza.

Marin no dijo nada más durante todo el rato que estuvieron en el bar. Su mente no paraba de darle vueltas a las palabras e ideas de Kanon. No le gustaban. Simplemente no le gustaban en absoluto. Habían pasado largo rato en silencio, dejando que las estridentes guitarras y las rápidas baterías hablaran por ellos. De vez en cuando Kanon miraba a Marin, la observaba con atención, y notaba que su mente estaba trabajando demasiado. Sabía que no le había gustado su propuesta, pero para él no había una opción mejor. En ese momento Marin parecía tan abatida como lo estaba su objetivo, al que no quitaba el ojo de encima, observándolo con tristeza. Y Kanon no le quitaba el ojo a ella. La penumbra del bar le confería un aspecto místico. El color cobrizo de su cabello se reflejaba exquisitamente con las ráfagas de las luces que iban bañando el local, y su cuerpo, de aspecto frágil y esbelto, aunque más fuerte de lo que podría parecer, le llamaba poderosamente la atención. Intentaba borrar esos pensamientos una y otra vez, pero no podía obviar que había tenido tentaciones de sucumbir a sus deseos. Marin era muy joven, apenas debía rozar los veinte años, y él...él ya hacía tiempo que había cruzado esa línea...Apuró lo que quedaba de su cerveza de un solo trago, bebiéndose con él todos esos pensamientos tan impropios de alguien que siempre había actuado por impulsos, de alguien que nunca, en sus veintiocho años de vida había dejado que el afecto entrara en ella. Quizás eso era sólo una protección que se había impuesto a sí mismo...si no hay afecto, no hay dolor. Y su alma ya había sufrido demasiado, doscientos años atrás, por haber confiado en exceso en los buenos sentimientos.

Abandonaron el bar en silencio, dejando a Vincent todavía en él, completamente ajeno a algo que inminentemente iba a cambiar su vida de un plumazo. Llegaron a las puertas del hotel sumidos aún en el mismo silencio. Kanon estaba fumándose otro de sus cigarrillos, el último de la noche, apurándolo al máximo y lanzando la colilla lejos de ellos. Quería hacer tiempo para que Marin subiera a la habitación con calma. Pero ella no entró. Se quedó a su lado, y fue su suave voz la que rompió el pesado silencio que había embargado a ambos.

- No estoy de acuerdo con lo que piensas hacer - dijo con firmeza, mirando fijamente a Kanon, encarándose a él con convicción.

- No sabes lo que voy a hacer - contestó él secamente, limpiando sus pulmones del humo al mismo tiempo que hablaba.

- No quiero que destroces por dentro a una persona que ni siquiera sabemos con certeza si es la que estamos buscando - sentenció Marin, conteniendo la rabia en su voz.

- ¡Es él, Marin! ¡Estoy convencido! - exclamó Kanon, arrinconando a Marin contra la pared - ¡No puedes ser tan blanda! ¡Hay que hundirlo para que resurja con toda la fuerza que tiene presa en su interior!

- ¡Pues no cuentes conmigo para hacerlo! ¡No pienso hundir a nadie! - gritó, tratando de apartarle de un empujón. Fallando en el intento.

- ¡Maldita sea, Marin! ¡Te necesito a mi lado en ésto! - replicó él, agarrando a Marin por los hombros, obligándola a mirarle - ¡No puedo hacerlo solo! ¿Es que no te das cuenta?

- ¡No! ¡No sé qué pinto yo aquí...! - exclamó Marin, notando como sus ojos empezaban a humedecerse - Yo no te voy a ayudar a herirle...ni hablar...¡no lo haré!

- Marin...escúchame...- dijo Kanon, intentando tranquilizarse, sin dejar de apoyar las manos sobre sus hombros - Yo le bajaré a los infiernos...yo haré que vea el dolor cara a cara...yo le arrastraré a sus más profundos miedos, para que así su poder se libere...y tú, tú estarás allí para sacarlo de ellos...para que, entre todo su sufrimiento y desesperación, encuentre un alma amable dispuesta a arroparle, a brindarle afecto y comprensión, a hacerle saber que no va a estar solo nunca más...como hiciste conmigo, después de descubrir toda la oscuridad que alberga mi alma - dijo Kanon, suavizando el tono de su voz, mirando dentro de los húmedos ojos de Marin.

Y Marin no pudo soportarlo más. Su cuerpo seguía estando preso entre la pared y Kanon, y las emociones que la embargaban eran demasiado intensas y contradictorias...La rabia...la incomprensión...el odio que en esos momentos sentía por Kanon...los escalofríos que no cesaban de recorrer su espinazo...el deseo...Sin pensarlo alzó sus manos, atrapando entre ellas el rostro de Kanon, buscando rozar con sus labios los de aquél hombre que la perturbaba sin consideración alguna...

Encontrándolos...

Y por fin...saboreándolos...

Continuará