Marin había estado observando la escena con consternación. No le gustaba nada la actitud que había tomado Kanon, no entendía por qué tenía que hacer sufrir a ese chico en la forma que lo estaba haciendo. Eso le parecía...cruel. Pero no hizo nada para intervenir. Sabía sobradamente que cualquier acción o palabra que pudiera emprender enfurecería a Kanon sin medida. Así que no tuvo otra opción que reprimir sus ganas de detener los acontecimientos, y se limitó a ser una observadora en la distancia. Aunque no pudo evitar sobresaltarse cuando vio a Kanon caer de repente contra el suelo. Por un momento había sentido un tímido cosmos asomar por el cuerpo del muchacho, pero esa débil señal se esfumó tan rápido como lo fue Kanon en ponerse en pie de nuevo.

Kanon se levantó con calma, limpiándose la sangre que había quedado en su mano contra la camisa, clavando su incisiva mirada sobre Vincent, que parecía completamente sorprendido por lo que acababa de pasar. Las miradas de ambos se encontraron, se aguantaron...hasta que finalmente fue el muchacho que la apartó de Kanon, visiblemente desconcertado, nervioso. Furioso.

- Oye, tío. No sé quién eres...tampoco me importa...no quiero pelear contigo...- dijo Vincent, tratando de controlar su respiración, intentando aparentar calma - ¡¿Por qué no te metes en tus asuntos y me dejas a mí con los míos?!

- Mi nombre es Kanon, y me temo que voy a ser tu peor pesadilla - dijo, en un tono sarcástico, acercándose de nuevo al muchacho, pareciendo divertirse con la situación - Y por tu desgracia, tus asuntos me conciernen - sentenció con una ácida sonrisa.

La mirada de incomprensión de Vincent era desgarradora. Una gota de sudor descendía por su sien, y no pudo hacer otra cosa que tragar saliva a duras penas viendo como Kanon se iba aproximando a él más y más.

- De verdad, tío...no te entiendo...si tú no te quieres ir, pues no te vayas. Yo sí - dijo con voz nerviosa, agarrando su mochila del suelo, disponiéndose a abandonar el lugar pasando por al lado de Kanon.

- Tú no te vas a ir a ningún lado - sentenció Kanon, extendiendo su brazo para apoyar su mano contra el pecho de Vincent, impidiendo su avance.

- ¿Y qué? ¿Me lo vas a impedir? ¡Vete a buscar pelea a otro lado, maldito bastardo!

Kanon encendió su cosmos, Marin cerró los ojos para no ver lo que pudiera pasar, y Vincent salió disparado hacia atrás, golpeándose la espalda contra el panteón de su familia.

- ¿Cómo...cómo mierda has hecho esto...? - masculló, doliéndose por el terrible golpe, mirando a Kanon con una rabia cada vez más creciente - ¡¿Qué carajo eres?!

- Escúchame bien, muchacho - dijo Kanon, avanzando hacia él, agachándose para quedar a la altura de su vista, la cuál estaba medio oculta por sus mechones de cabello más oscuro que la noche - No soy nada que tú no puedas ser.

Una risilla de burla nerviosa asomó a los labios de Vincent, que seguía medio tumbado, con la espalda contra la fría piedra.

- ¡Venga ya! Encima estás colocado...

Kanon no hizo caso de ese último comentario, no podía culpar su incredulidad...debía tratar de comprenderle, aunque fuera sólo un poco. Respiró hondo antes de intentar hacerle entender qué era lo que le estaba naciendo en su interior.

- Hay personas en este mundo que por diversas razones albergan lo que se llama el cosmos del universo en su interior. Ese cosmos se traduce en poseer una fuerza inigualable y unas habilidades para desarrollar unas técnicas de combate que pueden ser muy distintas dependiendo de cada uno. Y tú...- dijo Kanon, dándole pequeños golpecitos con el dedo índice en el pecho - tú posees esta fuerza dentro tuyo, pero aún no ha despertado.

Vincent empezó a reírse sin parar, con esa risa que intenta ocultar el temor frente a algo desconocido. No podía ser verdad lo que estaba escuchando. Le parecía simplemente hilarante. Como salido de cualquiera de las historias que leía en sus cómics.

- Y ahora me vas a decir que tú eres como los Vengadores, que reclutas a todo tipo de gente rara para combatir el mal - dijo, sin parar de reírse - ¡No me jodas, tío!

La respiración de Kanon se estaba volviendo pesada, se estaba acelerando por momentos. La actitud del chaval le había empezando a agotar su paciencia. La poca que siempre había tenido. Kanon volvió a encender su cosmos, mirando fíjamente a Vincent, con el ceño fruncido, destilando una frialdad aplastante. Al notarlo, Vincent palideció aún más de lo que ya normalmente era, tragando saliva con esfuerzo, notando una creciente y amenazante energía a su alrededor.

- ¿La notas, verdad? - dijo Kanon con dureza - Sé que sientes la energía de mi cosmos...ya la sentiste ayer...- continuó Kanon - y te aterroriza saber que es muy parecida a la energía que te atraviesa a veces y que no tienes ni idea de lo que significa.

Vincent seguía en silencio, la risa se había esfumado de su rostro, y de repente recordó que Kanon le había comprado unas entradas a las Catacumbas...y que fue entonces que sintió por primera vez esa extraña energía proveniente de otro ser...y luego en el bar...sí, también lo notó allí...

- ¿Qué...qué quieres de mí? - preguntó, sucumbiendo a su temor.

- Quiero que desates esta energía por completo...ya lo estás haciendo...Sé que juegas con las almas, y ¿qué te crees que te permite hacerlo? El cosmos...el cosmos te otorga el don de hacer maravillas que el resto de los mortales no pueden...te hace dueño y señor de mundos que para la gente normal sólo existen en su imaginación.

Vincent quería creerse todo lo que ese extraño hombre le estaba contando, pero su mente educada en la racionalidad le impedía creer en sus palabras. Ansiaba saberse comprendido, pero al mismo tiempo le aterraba esa posibilidad. Sentía que estaba perdiendo la cordura, y su única defensa frente a eso fue volver a usar la burla, el desprecio frente a lo ignorado.

- ¡Y ahora me dirás que tú juegas con las estrellas! - soltó Vincent, con desdén.

- Y con las dimensiones. No quieras ponerme a prueba - dijo Kanon con severidad - y también puedo jugar con tu mente a voluntad...- continuó, clavando aún más su fría mirada en aquellos ojos celestiales que nada tenían que ver con el mundo de oscuridad que empezaba a pertenecerles. - Y creo que no tengo más remedio que urgar un poco en ella para que así despiertes de una maldita vez - añadió, alzando su mano, rozando con ella la frente de Vincent, que estaba paralizado por el terror y la incredulidad.

Marin, al ver lo que Kanon se disponía a hacer, salió de su retiro, decidida a impedir que Vincent fuera atacado por una de las técnicas mentales de Géminis. Eso estaba llegando demasiado lejos, no había necesidad de forzar la situación de esa manera...

- ¡Kanon, no! - gritó con desesperación, acercándose a Kanon, agarrándole del brazo.

- ¡Suéltame, Marin! ¡No te metas en ésto!

- ¡No lo hagas, por favor! ¡Podrías matar...! - sus palabras fueron interrumpidas por un fuerte golpe del cosmos de Kanon, que la lanzó unos cuantos metros lejos de ellos.

- ¡He dicho que no te metas! - replicó él, furioso, mirando de reojo la figura de Marin al suelo, sintiéndose mal al momento...y no permitiéndose sentir culpabilidad por lo que acababa de hacer.

Volvió a mirar a Vincent, que estaba completamente empapado en un frío sudor, incapaz de zafarse de sus garras.

- Vamos a ver qué recuerdos te han llevado hasta aquí...y cómo los puedo manipular para que te liberes de una puta vez...- dijo, concentrando su cosmos, disponiéndose a atacar a Vincent con El puño de ilusión diabólico.- ¡Genma Ken!

Vincent cerró los ojos con fuerza, sintiendo como su cabeza y todo su cuerpo eran atravesados por una oleada de energía imparable. Y de repente se sumió en la oscuridad. Una oscuridad más densa que la de los propios infiernos.

Empezaron a aparecer los recuerdos, esos que él mismo se había encargado de enterrar en lo más profundo de su memoria. Y de su corazón. Vió el coche de su hermano mayor. Vio como su hermano y su padre subían al coche. Se vió a él tomar asiento en la parte delantera. Estaban felices, sonrientes...acababan de salir de un restaurante donde habían celebrado su cumpleaños. Sus recién estrenados dieciocho años. Recordó como el coche iba tomando velocidad. Una excesiva velocidad. Y recordó como la velocidad se volvió incontrolable. Y la curva...la maldita curva que se llevó la vida de sus dos seres más queridos. La fatal curva que sus inexpertas manos al volante no supieron controlar.

Continuará