¡Hola a todos! Pido disculpas por mi pequeño retraso en esta nueva entrega. Aquí cae otro capi. Espero que os guste :).
Vincent seguía arrodillado, sin impedir que sus lágrimas bañaran su pálido rostro, intentando recuperar el ritmo de su respiración poco a poco. Marin se había arrodillado frente a él, observándolo con ternura, sintiendo un cómo le nacían unas ansias de protección hacia aquel ser que ahora se encontraba tan perdido, desvalido. Tan solo.
- ¿Quienes demonios sois?...¿Qué quereís de mí?...¿Por qué me habéis hecho esto?...¿Por qué?...- preguntaba Vincent, esperando encontrar respuestas. Unas respuestas que no sabía si su mente racional sería capaz de aceptar.
Marin buscó sus claros ojos azules, obligándole a mirarla.
- Nosotros somos como tú...- dijo suavemente - también tenemos en nuestro interior un cosmos que arde hasta el infinito, un poder que nos ha sido otorgado por fuerzas divinas, para proteger el mundo y su belleza de todo mal que sea capaz de arrebatarle la humanidad que en él habita. - prosiguió, viendo como la mirada que le devolvía Vincent era de total incomprensión. - Sé que cuesta de creer lo que te estoy diciendo...pero tú has sido uno de los elegidos...y si vienes con nosotros, puedes tener una familia. Una nueva familia que te acogerá, que te entenderá...Con nosotros no volverás a sentirte solo, y podrás aprender a dominar tu naciente fuerza. Sin vergüenza, sin temor...La constelación de Cáncer te ha elegido, te ha dado todo su poder...las estrellas de Cáncer viven dentro de tí.
Vincent desvió su mirada un momento, perdiéndose en la infinita oscuridad que les rodeaba, intentando asimilar algo que le parecía simplemente imposible e hilarante.
- ¿Y por qué yo...? - preguntó, volviendo a mirar a Marin, encontrando sus dulces ojos, sintiendo una calma que nada tenía que ver con lo que le había inspirado Kanon.
- Me temo que no tengo respuesta a tu pregunta - respondió Marin, esbozando una cálida sonrisa. - Ninguno de nosotros sabe en realidad por qué hemos sido elegidos. Sólo que lo hemos sido. El poder que tenemos simplemente nace dentro de nosotros. Y nuestras vidas están destinadas a servir a la divinidad de Athena, la diosa de la guerra, la justicia y la luz en la tierra. Vivimos para dedicarnos a cumplir sus dictados, que no son otros que la protección de la Tierra y de todos los millones de personas que la habitan. Nuestra misión es impedir que cualquier amenaza que provenga de otros mundos, otras divinidades, acabe con la Tierra tal y como la conocemos.
La incomprensión de Vincent era cada vez mayor. En vez de aclarar sus dudas, las palabras de Marin las aumentaban más y más. Dioses, divinidades, Athena...proteger el mundo...todo esto le resultaba, como poco, una broma de mal gusto. Pero alguna explicación debía haber para justificar lo que su cuerpo y alma estaban experimentando...quizás debía empezar a creer...quizás debía liberarse de su mente racional y empezar a ver más allá de los límites que la sociedad le había impuesto...Alzó una de sus manos, y vio aparecer sobre su palma dos almas que revoloteaban encima de ella. Las almas de su padre y de su hermano. Le acariciaban la mano, el rostro...le secaban las lágrimas con su energía, jugaban con sus cabellos...le decían que debía creer...que debía encontrar su camino...que confiara en aquellas dos personas salidas de la nada...que él era especial, y ellos lo sabían.
- Y tu amigo...¿qué le he hecho? - preguntó con temor...- yo no quería hacerle daño...pero me ha provocado...¡ha jugado conmigo!...y ahora no sé qué le he hecho...
- No te preocupes, seguro que está bien - respondió Marin, deseando creerse sus propias palabras. - Lo que ha hecho contigo ha sido para que despertara tu poder - le explicó, con calma - sé que no tiene buenas maneras...pero en el fondo es un buen hombre. Créeme.
Marin intentaba transmitir calma y serenidad, pero su corazón estaba inquieto...Kanon había desaparecido, y empezaba a preocuparse. No quería perderle, necesitaba que volviera, no podía imaginarse que hubiera sucumbido tan fácilmente al ataque que había salido de Vincent. Aunque lo que más le asustaba era que Kanon no se había defendido en ningún momento, no se había protegido de ninguna manera...había sido un inconsciente. Y en su interior, Marin le maldecía...porqué le necesitaba. Porqué en el fondo de su ser, ansiaba su presencia y proximidad como nunca hubiera imaginado hacerlo.
Al mismo tiempo que todo esto transcurría en medio de la soledad del cementerio Père-Lachaise, Kanon estaba librando su propia batalla. Las almas que había despertado el cosmos de Vincent lo arrastraron a las mismas puertas del Yomotsu. La energía de las almas había chamuscado su camisa y su piel había sufrido algunas quemaduras leves. Por suerte no había atravesado el paso definitivo que delimitaba el mundo de los muertos con el de los vivos. En ese caso su situación hubiera sido más crítica, y no pudo evitar echarse a reír al verse transportado a ese escenario. Realmente el poder de Vincent era impresionante. Lo había mandado al inframundo de un plumazo sin siquiera ser consciente de lo que hacía. No quería ni imaginarse lo poderoso que llegaría a ser una vez hubiera aprendido a controlar todas las técnicas de un signo que puede ser terriblemente cruel. Y demoledor. Kanon no cabía en sí de satisfacción por los resultados conseguidos. Pero iba siendo hora de volver al mundo de los vivos. Hacía pocos meses que había pisado esas tierras dominadas por Hades, y en realidad, no tenía muchas ganas de pasearse por allí de nuevo. Su lugar todavía estaba en el mundo de los vivos y no tenía ninguna intención de desaprovecharlo. Así que sin dudarlo hizo uso de su cosmos y de todo su poder para abrir una dimensión que lo llevara de vuelta donde debía estar. Aunque sabía que su vuelta no sería plácida precisamente. Todavía tendría que lidiar con Vincent. Y con Marin. Se sentía un poco mal por la manera en que los había tratado a ambos, pero había sido necesario. Y esperaba que lo entendieran.
Marin y Vincent aún permanecían arrodillados, uno frente al otro, digeriendo todo lo acontecido. Marin estaba intentando hacer entender a Vincent demasiadas cosas sin sentido para el muchacho cuando sintió una sensación que le desenfrenó el corazón de nuevo. El cosmos de Kanon estaba emergiendo a su alrededor, y los dos alzaron la vista al notarlo. Kanon no tardó en aparecer, a través de una puerta dimensional que dejó entrever el infinito universo por un instante. Al pisar la tierra la puerta se cerró detrás de su abrumadora presencia. Su aspecto era desastroso. Su ropa estaba hecha trizas, y sus cabellos estaban enredados salvajemente, propinándole un aspecto que a Marin le pareció simplemente delicioso. Marin se levantó enseguida que sus ojos se posaron sobre la figura de Kanon, y se aproximó hacia él con rapidez y decisión. Su mente le empujaba a reprocharle todo lo que había hecho, la manera en que había jugado con Vincent y como se había desecho de ella en su intento de detenerle. Su corazón, en cambio, le demandaba estrecharle entre sus brazos. Kanon se quedó quieto, esperando que los pasos de Marin se acercaran a él, viendo como su rostro estaba contraído por una maraña de emociones indescifrables.
- ¡¿Cómo has podido ser tan agresivo e inconsciente?! - le gritó Marin, con el ceño fruncido, fingiendo estar encolerizada con él, propinándole un empujón.
Kanon aceptó la reacción sin decir nada. Pero su actitud le resultaba sumamente divertida. Y no pudo evitar que una risilla se escapara de sus labios. Al ver eso, Marin se enfurismó de verdad, y volvió a propinarle otro empujón.
- ¡¿De qué te ríes ahora?! ¿¡Te resulta gracioso?! ¡Has actuado como un salvaje! - le gritó. Pero Kanon seguía riéndose.
- Marin...cuando te enfadas...¡eres simplemente adorable! - soltó él riéndose abiertamente.
Y esas palabras desarmaron a Marin por completo, que sucumbió a los dictados de su corazón y le abrazó con todas las fuerzas que pudo.
- Eres un imbécil - le dijo, con el rostro hundido en su pecho - creía que te había perdido...
Kanon pasó sus brazos alrededor de la espalda de Marin, acariciándola levemente, apartándola de él poco a poco para mirarle directamente a los ojos. Unos ojos que no podían reprimir la alegría de saberle de vuelta.
- Bueno...Vincent me ha mandado de viaje...pero he sabido encontrar el camino de vuelta - dijo, observando a Marin por un instante, para seguidamente dirigir su mirada hacia Vincent, aún arrodillado en el suelo, con el ceño contraído, devolviéndole una fría mirada, medio oculta por sus mechones de cabello negro.
Kanon se soltó con toda la delicadeza de la que fue capaz, que no era mucha, del agarre de Marin, y se dirigió hacia donde estaba Vincent, que involuntariamente se recogió sobre sí mismo al ver que se acercaba hacia él. No le iba a perdonar fácilmente lo que Kanon le había hecho...y no sabía a qué atenerse en ese momento. Pero Kanon no parecía amenazante...y se sorprendió cuando vio que le tendía una mano para ayudarle a levantarse. Vincent se lo pensó unos segundos antes de aceptar el gesto, pero finalmente alzó su mano para encontrarse con la de Kanon, que con fuerza y seguridad le ayudó a ponerse en pie rápidamente. Vincent no dijo nada, solo miraba a Kanon fijamente, y podía ver que sus facciones ahora estaban relajadas...y sus ojos le devolvían una mirada amable...Ese tipo...ese tipo no paraba de desconcertarle.
- Espero que algún día me perdones por lo que hecho con tu mente - dijo con sinceridad y calma - pero debía hacerlo para que fueras consciente de lo especial e importante que eres. Y que estamos aquí para ayudarte - sentenció sonriendo levemente.
Vincent simplemente asintió, mirándole por debajo de sus cejas, observándole detenidamente.
- No esperes que seamos amigos tan fácilmente - dijo con dureza - has jugado con mi mente, me has hecho creer cosas abobinables...y no te voy a perdonar...ensuciar mis recuerdos...has sido despreciable. Cruel.- continuó, tratando de respirar calmadamente - dudo mucho que sepas lo que se arrastra en la consciencia cuando uno se convierte en asesino de su propia familia - dijo con frialdad, mirándole fijamente y percibiendo, por un segundo, una traza de dolor cruzar su mirada.
Esas palabras, pronunciadas desde la más profunda inocencia e ignorancia hirieron a Kanon. Aunque no dio muestras de ello. ¿Cómo no iba a saberlo, si su alma recordaba cada día y cada noche cómo su puño había atravesado el corazón de su hermano doscientos años atrás? ¿Cómo podía olvidar que en esta vida había sido su hermano el que había intentado acabar con él? Pero todo eso ahora eran detalles que carecían de importancia.
- No seremos amigos. No soy persona de tener amigos, así que no tienes de qué preocuparte. - replicó Kanon, tratando de quitar hierro al asunto - pero aún hay muchas cosas que no sabes y tenemos que esclarecerte. Estoy convencido que la confusión te carcome...así que si nos llevas al bar donde fuiste anoche te contamos todo lo que necesitas saber. Seguro que con una cerveza todo nos va a sentar mucho mejor.
Kanon le sonrió maliciosamente al momento que sacaba sus inseparables cigarrillos y se prendía uno con rapidez. Seguidamente miró a Marin y le guiñó un ojo, al momento que se daba media vuelta y empezaba a andar.
- ¿Venís o qué? - preguntó divertido, echándoles una rápida ojeada. Continuando con su paso.
Vincent miró a Marin como si esperara alguna señal de lo que debían hacer, y Marin asintió, sorniéndole, dándole a entender que ya no había nada que temer.
Ambos empezaron a seguir los pasos de Kanon, que iba dejando una estela de humo en su camino, pero Marin se detuvo, dándose media vuelta y dirigiéndose de nuevo al panteón de la familia de Vincent. Kanon también se detuvo al notar el cosmos de Marin impregnar el lugar, y con sorpresa descubrió que Marin había hecho crecer un jardín de rosas alrededor del panteón y del ángel que custodiaba el descanso de los dos cuerpos que yacían allí. Vincent observó la escena impresionado...era simplemente hermoso lo que Marin había hecho...Kanon sonrió para sí mismo al tiempo que volvía a recuperar su paso, dejándoles a ambos un poco atrás.
- Unas hermosas almas se merecen un hermoso jardín - dijo Marin con dulzura, alcanzado a Vincent, que se había quedado paralizado por la tierna escena que acababa de presenciar - estas rosas nunca se marchitarán - añadió Marin, sonriendo al muchacho, cuyos ojos se habían humedecido de nuevo.
- Gracias...gracias Marin... - balbuceó con timidez - ha sido un gesto...precioso...
Marin asintió levemente, sorniendo con calidez.
- ¿Vamos? - dijo, recobrando su camino.
- Vamos...- respondió Vincent, con voz apenas audible, echando a andar él también.
Dándose vuelta para observar ese jardín escarlata una vez más.
Empezando a creer en lo increíble.
Continuará
