El camino hasta el bar musical donde Vincent acostumbraba a refugiarse con sus amigos había transcurrido en silencio. Al entrar, la simpática camarera se sorprendió de verles a los tres juntos, y los observó tomar asiento en uno de los rincones más apartados, donde la atronadora música que llenaba el lugar hacía algo más posible mantener una charla. No había rastro de los amigos de Vincent, cosa que él mismo agradeció, tomando asiento con su habitual desgana. Kanon se dirigió a la barra y pidió cervezas para tres. La camarera se acercó a él con su habitual sonrisa adornando su rostro, y no pudo evitar echarse a reír al reparar en el tremendo aspecto que presentaba Kanon, que no era muy consciente que parecía vuelto de una guerra.
- Veo que la propuesta de trabajo que has hecho a Vincent no ha sido muy bien recibida por su parte - dijo riéndose - ¡Mira cómo te ha dejado! - continuó, con su encantadora risa, acercando las bebidas a Kanon.
- Sí...bueno...gajes del oficio, pero creo que al final aceptará - respondió Kanon, guiñándole el ojo al tiempo que recogía las botellas y se alejaba de la barra.
Kanon tomó asiento junto a Marin y Vincent, ofreciéndoles las cervezas, propinando un largo trago a la suya. Y empezaron a contarle todo lo que representaba el Santuario y ser caballeros de la orden de Athena. La confusión de Vincent no disminuía en absoluto, pero guardaba silencio, inentando comprender esas historias tan surrealistas. Le hablaron que todos ellos formaban parte de una espécie de ejército, con sus diferentes rangos según su fuerza, que había soldados rasos que entrenaban para llegar a ser caballeros, le hablaron de los caballeros de bronce, de plata y finalmente, de los de oro, rango al que él iba a acceder directamente. Le explicaron que ahora estaban atravesando una situación crítica y distinta a todas las que habían existido anteriormente, dado que Athena había regresado al Olimpo de los dioses y que el Santuario había quedado sumamente mermado después de la última Guerra Santa. Le explicaron que al frente de su ejército siempre había el Patriarca, normalmente un antiguo caballero dorado que por poder y sabiduría accedía a ese cargo para liderar con mano firme y mente clara a todos los caballeros bajo sus órdenes. Pero en ese momento, el papel del Patriarca era desempeñado por uno de los Caballeros Dorados, ocupando los dos puestos al mismo tiempo.
- Y el jefe actual...¿qué tal es? - preguntó inocentemente Vincent.
Marin no pudo contener una divertida sonrisa. Kanon no se inmutó frente a la pregunta del muchacho. Y fue Marin quién tomó la palabra.
- Verás...el actual "jefe" como tú dices es el también Caballero de Géminis...- dijo, intantando parecer seria y tranquila.
- Y este Caballero de Géminis...¿quién es? - continuó Vincent, echando un trago de su cerveza.
- Le tienes delante - respondió Marin, aguantándose la risa. Vincent casi se atragantó al escuchar la respuesta.
- ¡No me jodas! ¡¿Eres tú?! - preguntó, entre sorprendido y contrariado.
- Así es...- contestó Kanon, con impasible calma, dejando su botella sobre la mesa, cruzándose de brazos - ¿Alguna objeción? - añadió sintiéndose tremendamente divertido ante las expresiones de desagrado que Vincent no podía disimular. - Me temo que tú y yo tendremos que pasar largos ratos juntos. Necesitas aprender a luchar cuerpo a cuerpo, dominar las técnicas inherentes a cada signo no es suficiente...así que alguien tendrá que adiestrarte en la lucha.
Vincent seguía con el semblante contraído, observando a Kanon e intentado asimilar que no tendría otra opción que aprender a convivir con ese individuo tan...tan contradictorio.
- Nunca se me ha dado bien la lucha. No me gusta. - contestó sin ningún tipo de emoción.
- No te preocupes por esto...sé cómo inspirarte - respondió Kanon, riéndose abiertamente.
Vincent guardó silencio, con la mirada perdida entre la penumbra del local, sospesando todo lo que le habían contado hasta el momento. Valorando qué tenía ahora y qué podría llegar a tener en el futuro. En realidad, ¿qué perdía si se unía a ellos?...Nada. Absolutamente nada. Su vida había sido vacía desde el día que su padre y hermano fallecieron. Quizás cambiar su vida, su destino, pasaba por seguir a aquellas dos personas que habían aparecido en su camino. Permaneció unos instantes en silencio antes de tomar la palabra de nuevo.
- Está bien...vendré con vosotros a Grecia...No hay nada que en realidad me retenga aquí...y necesito encontrar respuestas a demasiadas cosas. Quizás vosotros sois los que me ayudaréis a conseguirlo - dijo finalmente, sin abandonar su serio semblante.
Marin sonrió asintiendo levemente, aprobando su decisión. Kanon también esbozó una sonrisa, y seguidamente tomó otro trago de su cerveza, sin desviar la mirada de Vincent.
- Me alegra que aceptes. No te arrepentirás. Además, allí encontrarás otros muchachos como tú, no tendrás que lidiar solamente conmigo.- dijo Kanon, intentado quitar presión a Vincent.
Pasaron un rato más en el local, pensando y decidiendo todo lo que deberían hacer a partir de ese momento. Lo único que les pidió Vincent fueron unos días para poder poner en orden sus pocos asuntos que le tenían amarrado a París, unos días para despedirse de sus amigos, del trabajo...no deseaba desaparecer sin más. Y Kanon le otorgó todas las facilidades para ello. No había prisa. No era necesario forzar más una situación que de por sí, ya era complicada para el muchacho. Cuando se disponían a abandonar el local, la voz de la risueña camarera detuvo a Vincent en su avance.
- Dime ¿aceptaste el trabajo que quería ofrecerte ese tipo? - le preguntó con su habitual simpatía.
- ¿Cómo lo sabes...? - replicó él, sorprendido.
- Ayer se interesó por tí, y cuando yo le pregunté a qué venía su interés me dijo que quería ofrecerte un nuevo trabajo - dijo ella, permaneciendo apoyada en la barra.
- Sí...me interesa...creo. En unos días me marcharé a Grecia con ellos - contestó Vincent con algo de timidez en su voz.
- ¡Cómo me alegro por tí! - soltó la camarera - Te vendrá bien cambiar de aires, ya decía yo que estar toda la vida envuelto de muerte no podría ser bueno para tí- continuó, sin perder su sincera sonrisa.
- Sí...tienes razón - respondió él, intentando sonreír, sin decirle que era justamente el mundo de la muerte el que le llamaba a su nuevo cometido.
Una vez fuera se despidieron con cordialidad, y quedaron en encontrarse en unos días para poner rumbo a Grecia. Al Santuario. Vincent desapareció de su vista rápidamente, y Kanon y Marin se dirigieron hacia el hotel. Ambos estaban cansados, el día había sido muy largo. Las emociones experimentadas, intensas. Al poner los pies en la habitación Marin no pudo evitar pensar en lo que allí habían vivido la noche anterior. Y su odiada timidez empezó a apoderarse de ella de nuevo. No sabía como actuar con Kanon. No se atrevía a mirarle directamente, pero sus ojos le buscaban con insistencia. Sentía unos profundos deseos de acariciar ese poderoso cuerpo otra vez...y se sentía avergonzada por ello. Esperaba encontrar en Kanon alguna señal de algo. Pero Kanon actuaba como si no hubiera pasado nada...y ésto la confundía profundamente.
Pero Marin no fue la única en recordar los momentos de desenfreno que habían compartido allí mismo. Las imágenes de su encuentro golpeaban la mente de Kanon sin cesar, haciendo emerger en él unas terribles ánsias de repetirlo. Aunque su orgullo no estaba dispuesto a dar muestras de ello. Marin era un alma pura, inocente, sin maldad. Kanon no quería mancillar esa bondad con su oscuridad. Y sentía que cuánto más se aproximara a ella, cuánto más la arrastrara a su lado, más sufriría. Las sombras y la oscuridad de Kanon eran demasiado densas para no engullir la luz de su alrededor con ellas. Intentó no pensar más en Marin, y se concentró en deshacerse de su camisa chamuscada, despegando con cuidado el tejido que había quedado adherido a sus recientes quemaduras. Esas heridas debían limpiarse y sin dudarlo se dirigió al baño para tomarse una reparadora ducha.
El silencio había mandando en la habitación desde que se adentraron en ella. Y cuando Kanon se internó en el baño Marin aprovechó para quitarse la ropa y vestirse con su liviano pijama, que le daba un aspecto un tanto infantil, pero terriblemente apetecible. Podía escuchar como el agua corría dentro del baño. Como siempre, Kanon había dejado la puerta abierta. Marin se acercó a la entrada, y con voz tímida preguntó si podía entrar para lavarse los dientes. Kanon respondió con un escuálido Claro, adelante. Y Marin entró. No quería mirar hacia la ducha, pero sus ojos la traicionaron de nuevo. Y observó como Kanon, de espaldas a ella, estaba dejando que el agua le empapara el largo cabello azul, que limpiara esas leves quemaduras que ahora adornaban parte de sus brazos y espalda. Con todos los esfuerzos del mundo, desvió la mirada de Kanon y se concentró en su tarea de asearse antes de ir a dormir. No quería ni mirarse en el espejo para no descubrir el sonrojo y la agitación que sentía en ese momento. Marin estaba deseando que Kanon dijera algo. Que haciera algo...Perdiendo la esperanza, pues Kanon seguía inmóvil, dejando que el agua se adueñara de todo su cuerpo.
Kanon había notado como Marin procedía a asearse rápidamente. No quería mirarla...si lo hacía, no sería dueño de sus actos...pero el deseo estaba siendo más fuerte que él. Nunca antes había experimentado afecto en sus encuentros anteriores. Eran pasionales, sí. Pero vacíos. Y Marin le despertaba deseo, pasión...y afecto. Y quería...necesitaba experimentarlo de nuevo. Así que cuando notó que Marin se disponía a salir del baño, se volteó y la agarró del brazo con fuerza, atrayéndola hacia él, arrastrándola bajo el agua...observando cómo su esbelto cuerpo se mostraba bajo la ropa mojada. Deseando poseerla de nuevo.
Marin se encontró sin pensarlo presa de nuevo entre los brazos de Kanon. Su expresión era de inmensa sorpresa, pero en el fondo lo había esperado. Se encontró sin salida, con su cuerpo contra la pared de la ducha, y frente a ella, Kanon y su desnudez...ese cuerpo...ese cuerpo no tenía nada que envidiar a los dioses...para ella era simplemente una obra de arte. Sus ojos no sabían dónde admirar su belleza primero...y decidieron empezar por ese rostro tan...perfecto. Los mechones de cabello azul caían pegados deliciosamente sobre su piel, escondiendo esa verde mirada...ávida de deseo. Sintió como Kanon tomaba su rostro entre sus grandes manos, y su corazón se desbocó por completo.
- Kanon...
Fue lo único que fueron capaces de pronunciar sus labios antes de ser sellados por la pasión.
Continuará
