Bueno, parece que ésto llega a su fin. La verdad es que se me ha hecho más largo de lo que creía en un principio. Gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí y a todos los reviews recibidos. Aquí tenemos el último capi, creo que algo flojo en comparación con otros pero espero que igualmente os guste :).
Finalmente habían llegado a Grecia. El viaje había transcurrido sin más accidentes remarcables, y cuando por fin obtuvieron sus equipajes Kanon salió como alma que lleva el diablo en busca de una vía de escape que le permitiera dar cuenta de uno de sus deseados y necesitados cigarrillos. Marin y Vincent se unieron a él al cabo de unos minutos. Kanon les estaba esperando, y cuando les vio llegar recogió su bolsa, se la colgó del hombro y aguantando el cigarrillo entre sus dientes habló.
- Ya estoy harto de aviones, trenes, autobuses...¡al diablo con todo! Nos plantaremos en el Santuario en un santiamén. ¿Listos?
Antes que Marin y Vincent pudieran reaccionar, o formalizar una respuesta a las palabras de Kanon, se encontraron envueltos en un torbellino de energía que en un segundo los llevó directamente a la parte inferior del Santuario de Athena. Vincent se quedó tremendamente sorprendido ante el despliegue de poder que acababa de presenciar, y eso no había sido nada comparado con todo lo que Kanon era capaz de hacer. Marin simplemente suspiró con resignación.
- ¿No podías tener un poco más de paciencia y hacer las cosas como hace todo el mundo, no? - dijo, mirando a Kanon, reprochándole su acción con una divertida sonrisa.
- Marin...no somos como todo el mundo...y lo sabes- replicó él, levantando las cejas.
Vincent había enmudecido más de lo normal. Sus ojos no tenían tiempo de recorrer todo lo que se mostraba ante sí. Eso era...de ensueño. Se fijó en las grandes escalinatas que iban enlazando una especie de templo con otro, ascendiendo hasta casi tocar el cielo. Pudo divisar algo parecido a un ruedo de lucha, donde vio gente entrenándose en artes marciales...Se dio media vuelta y pudo divisar a lo lejos, un pequeño pueblo cercano al mar. Un tranquilo y azulísimo mar. Estaba sumido en su admiración cuando unos estruendosos gritos lo sacaron de sus pensamientos.
- ¡Kanon! ¡Marin!
Se volvió a girar y descubrió a un chavalín que bajaba por las escaleras corriendo como si le fuera la vida en ello, con una expresión de enorme alegría en su rostro y una vitalidad fuera de lo común.
Kiki, sin pensarlo, se abalanzó sobre Marin para propinarle un fuerte abrazo, como si haciera meses que no la veía, cuando en realidad no había pasado ni una semana entera.
- ¡Kiki! - exclamó Marin con sincera alegría, respondiendo al abrazo del muchacho.
- ¿Cómo ha ido todo? ¿Cómo estáis? ¿Es tan bonito París como se ve en las guías? ¿Quién es él? ¿El nuevo caballero de Cáncer? - Las preguntas eran tantas y querían salir tan rápido de sus labios que se trababan entre ellas.
Vincent quedó atónito ante la efusividad de Kiki, de su tremenda energía que le dejó paralizado mientras veía que el chico se acercaba con determinación hacia él.
- Mi nombre es Kiki, y yo soy el futuro Caballero de Aries - dijo, tendiéndole la mano, mirándole con una gran sonrisa.
- Yo...yo me llamo Vincent...- respondió con cautela, devolviéndole el gesto y estrechando su aún infantil mano, fijándose en unos extraños detalles que lucía el rostro de Kiki en lugar de las normales cejas de todo el mundo.
- ¡Tú eres el nuevo Caballero de Cáncer! No sabes cómo está resonando tu armadura ahora mismo ¡ya te ha reconocido! ¡Ven, que te la enseño! - exclamó Kiki, agarrando a Vincent de la mano e intentando tirar de él. Topándose con la mano de Kanon contra su pecho, deteniéndole en su avance.
- ¡Ya basta, Kiki! Deja respirar al muchacho...¡que acabamos de llegar! - dijo Kanon, suspirando ante la aplastante vitalidad de Kiki - Ya me encargo yo de enseñarle su templo.- dijo, con la habitual rudeza que hablaba siempre con Kiki.
- Lo siento...- se disculó Kiki por lo bajo - ...es que me alegro tanto que hayáis vuelto...- continuó, mirando a Kanon con la sonrisa más inocente que pudo encontrar. - ¿Contigo también es así de desagradable? - preguntó de sopetón a Vincent, que simplemente tragó saliva en respuesta.
Una fuerte colleja hizo trastabillar a Kiki, que enseguida se llevó una mano al cogote, frotándolo para hacerse pasar el dolor.
- Pensaba que unos días en París le habrían relajado un poco...- murmuró Kiki, observando a Marin con fingida inocencia, que a su vez le devolvió la mirada con unas terribles ganas de reprocharle unas cuantas cosas.
Kanon también escuchó estas palabras, y clavó una fría mirada al chaval, que bajó la vista.
- Kiki...no hace ni cinco minutos que acabamos de llegar y ya estás acabando conmigo...- dijo, suspirando profundamente.
- Kanon...¿no crees que es toda la infinita cafeína que corre por tus venas la que está acabando contigo mismo? - dijo Marin en denfesa de Kiki, que sonrió al saberse con alguien de su parte - Y tú no te rías...- continuó Marin, acercándose a Kiki, agarrándolo por la manga de su camiseta, arrastrándolo unos pasos más allá - que tú y yo también tenemos que hablar...- Kiki palideció al momento, guardando silencio. - La jugarreta que me hiciste con el hotel...- dijo, vistiendo su rostro de fría seriedad - ...eso...fue muy malvado por tu parte...- Kiki tragó saliva, sin atreverse a afrontar la mirada de Marin, que se lo estaba pasando en grande haciendo sufrir un poco al chaval - Ya me lo pagarás algún día...- sentenció, soltándole de su agarre, echándole una última mirada de desaprobación.
- ¿Tan...tan mal fue...? - preguntó Kiki, temiendo la respuesta.
- Fue horrible. Insoportable. Fue lo peor que me pudiste hacer. - dijo Marin, tragándose las inmensas ganas de echarse a reír sin parar viendo la descomposición del rostro de Kiki.
- Lo siento...creí que...
- ¿Qué creíste? - le cortó Marin.
- Nada... sólo que quizás os haríais amigos...lo siento...de verdad. - dijo Kiki, con un sincero arrepentimiento.
- Bueno...digamos que la sangre no ha llegado al río - respondió Marin, acercándose al rostro de Kiki, mostrándole por fin una sincera sonrisa. Una sonrisa que tranquilizó al muchacho, al menos un poco.
Kanon se disponía a acompañar a Vincent a su nueva casa, la cuarta del Santuario. Quería presentarle la armadura, ver cómo reaccionaba el oro en presencia de su cosmos, saber qué clase de emociones y poder le nacían dentro una vez la armadura le cubriese. Para presentarle al resto de los caballeros del Santuario ya habría tiempo.
Marin no sabía muy bien como actuar en ese momento y optó por comportarse igual que lo había hecho siempre en el Santuario. No mostró ningún tipo de acercamiento hacia Kanon, aunque deseaba profundamente percibir alguna señal por su parte, algo que le indicara que no tenían por qué alejarse. Perdiendo un poco la esperanza en ello.
- Me voy a Piscis. Vosotros tenéis mucho que hacer y hablar hoy. No os quiero molestar. Yo aprovecharé para descansar un poco - dijo, acercándose a Kanon y Vincent. - Espero que te sientas bienvenido y a gusto en tu nuevo hogar - continuó dirigiéndose a Vincent, que respondió con un leve asentimiento, esbozando una sonrisa. - Mi casa es la última, allá arriba. Cualquier cosa que pueda hacer por ti no dudes en visitarme - concluyó, sonriendo dulcemente.
Vincent asintió de nuevo, pronunciando un tímido Gracias y disponiéndose a seguir a Kanon hacia su nueva casa. Marin también se disponía a empezar su ascenso, acompañada por Kiki que gustosamente cargaba con su equipaje, cuando notó que Kanon la agarraba por el brazo y la atraía hacia él.
- No necesitas permiso para entrar en Géminis. Simplemente...entra. Cuando quieras.- le susurró Kanon, soltando su agarre rápidamente.
Marin no dijo nada, aunque sus ojos brillaron de alegría por haber escuchado esas palabras. Las miradas de ambos se cruzaron durante un instante, y el siempre vivo y perspicaz Kiki pudo observar un destello de camaradería entre los dos que pensaba que nunca iba a ver. Y sonrió inmensamente para sus adentros. Su pequeño plan había funcionado. Y parecía que muy bien. Había conseguido que dos almas torturadas y solitarias por fin encontraran algo de sosiego en su mútua compañía. Fingiendo no haber reparado en ese detalle, empezó a hablar de nuevo, con su inagotable energía y alegría.
- Marin, ¡tienes que contarme cómo ha ido el viaje! - exclamó Kiki, caminando escalinata arriba, al lado de Marin - Kanon no me va a contar nada...y yo quiero saber cómo hicisteis para encontrar a Vincent, cómo fue, ¡todo!
- Está bien, está bien...te contaré como pasó todo. En realidad no fue muy difícil. Yo pensaba que costaría más...
La conversación de Marin y Kiki se fue perdiendo en la brisa a medida que iban avanzando hacia Piscis.
Kanon acompañó a Vincent al templo de Cáncer. Y allí estaba el cangrejo dorado. Resonando con fuerza e intensidad. Vincent no cabía en sí de asombro...¿así que esa maravilla sería su armadura?. Sintió como su propio corazón palpitaba al mismo ritmo de la resonancia de la armadura, y no pudo evitar acercarse a ella y rozarla con sus dedos. Sintiendo como una inmensa corriente de energía atravesaba su cuerpo y su mente. Viéndose de repente dominando otro mundo. Sabiéndose a gusto en él.
Amo y señor de un mundo de muerte.
Dueño de sus almas.
FIN
Deciros que tengo ganas de seguir contando historias que se me pasan por la mente. Creo que ahora me iré un poco atrás en el tiempo. ¡Gracias a todos los que me seguís!
¡Saludos!
