Si hubiera habido alguien pasando justo fuera del bar, habría podido oír risas. Muchas risas. Y bastante estruendosas, la verdad, porque la gente todopoderosa no se ríe de forma normal, que es malo para su imagen. Aunque tampoco es que nadie se atreviera a pasar por ahí, porque cuando gente con poderes sobrenaturales se junta con alcohol, lo más sabio es alejarse corriendo del lugar, alertar a tus vecinos y esconderte bajo una manta. Ahí lo dejo por si alguna vez os pasa.

Y es que los Valar no habían aguantado ni cinco minutos sin reírse a carcajada limpia. En cuanto vieron en su televisión a Ana sentarse e ir leyendo poco o poco la nota que le habían mandado, alguien gritó:

- ¡Fijaos en su cara! ¡JAJAJAJAJAJAJA!

Y a partir de ahí se desató el descontrol. Se ve que les hacía falta un poco de entretenimiento urgente a los pobres, que con nada se les contenta. En cuanto al resto, y puede ser que la razón se encuentre en que estaban bastante más sobrios, no habían reaccionado demasiado. Bilbo y Frodo se interesaron por el tema en cuanto reconocieron la puerta de Bolsón Cerrado, que para algo había sido su casa, y en ese momento estaban luchando por alcanzar un buen puesto frente a la tele. Tarea nada fácil, visto que había pocos asientos y muchos espectadores. Se desató una pequeña batalla campal, porque los enanos son muy amigos de solucionar estos temas con un poco de violencia amistosa, y aunque aún no pillaban del todo en qué lío se habían metido exactamente, tampoco había nada mejor que hacer, visto que su creador seguía respirando en su bolsa ahí al fondo y aquello no parecía mucho una especie de juicio final. Además una buena refriega nunca se deja pasar, que mantiene el tono muscular. Así que entre codazos, pisotones, y hasta algún que otro arriesgado tirón de barba, los allí presentes lograron acomodarse. Bilbo, Balin y Gandalf usaron su derecho ancestral de respeto a los mayores para conseguir cada uno un mullido sillón individual bien situado, aunque es posible que Gandalf apoyara sus argumentos con su vara alguna que otra vez. Para remarcar bien su contundencia, no porque en el fondo le gustara aporrear gente y hacerse el loco, qué va. El resto se tuvieron que pelear por el único sofá que quedaba disponible, ya que Manwë y Varda seguían ocupando el suyo y nadie quería hacer de sujetavelas a una parejita tan acaramelada. Así, Bofur, Nori y Ori fueron los más rápidos en asentar sus nobles posaderas y ya nadie los consiguió mover de allí, mientras que el resto de enanos más Frodo y Sam tuvieron que contentarse con sentarse encima de un cojín en el suelo y sacar la lengua a los demás, en el gesto universal del buen perdedor, claro. Por supuesto, las excepciones a esto las podemos encontrar en Fili, Kili, y Dwalin, que se había unido a la causa de convencer a Thorin de que el suicidio no era la solución a sus problemas (con relativo éxito, pues lo más que habían conseguido es que Thorin se sentara en un taburete a mirar al infinito con cara de estar sufriendo un trauma irreparable). Y en Gloin, quien seguía teniendo una charla muy seria con su hijo y ya iba por la parte de "no te puedes fiar de los elfos, hijo, que no tienen barba y dicen que les gusta hacerle cosas indecentes a los árboles y a las lechugas…".

Aulë estaba teniendo un momento especial. Así con cursiva para que veáis lo especial que era. Y es que sin comerlo ni beberlo se encontraba rodeado por varios de los descendientes de sus más queridas creaciones, ahí vivitos y coleando y liándola parda en general, honrando su propósito. Para que os hagáis una idea, era una sensación como si a un niño le cobran vida todos sus juguetes de repente y puede interactuar con ellos. Así que le embargó la emoción, y para no manifestarla y mantener su imagen de tipo duro al final tuvo que salirse del bar discretamente. Aunque igual esa fachada quedó arruinada por los grititos de emoción que se podían oír de vez en cuando, pero en fin, nadie ha querido comentárselo. Mientras, el resto de los Valar habían observado toda la pelea con más risas si cabe, apoyando cada cuál a quién le parecía mejor (o poniendo zancadillas, en el caso de Melkor, él es así). Pero pronto se dieron cuenta de que los gritos de Ana no tardarían mucho en atraer la atención de los ocupantes de Bolsón Cerrado, y ahí sí que iba a empezar la diversión de verdad. Así que Manwë se hizo oír por encima del tumulto general:

- ¡Callaos ya, cagoentó! ¡Que va a empezar la fiesta!

Se ve que de tanto ver la tele se le habían pegado algunas vulgaridades del lenguaje, que se dejaban ver en momentos como éste. O quizá el muchacho venía así de casa y Tolkien lo embelleció un poco en sus relatos. Nunca lo sabremos.

El caso es que se hizo el silencio, ayudado por alguna que otra colleja a mano abierta por parte de Manwë, y los allí presentes pudieron asistir a la siguiente parte del espectáculo.


- ¡¿PERO QUÉ CLASE DE BROMA ES ÉSTA?!

Ana no lo pudo evitar, tendía a perder la cabeza y gritar como una posesa en situaciones de estrés. Y ésta estaba siendo una situación muy estresante, pero que muy mucho. Por lo que ella sabía, una de dos: o alguien la había drogado y estaba viendo cosas muy raras, o una panda de locos muy frikis la habían secuestrado y la habían metido en una especie de juego de rol de lo más bizarro en contra de su voluntad (lo que por otra parte no estaba tan lejos de la realidad, pero eso ella no lo sabía). Igual no eran las opciones más lógicas, pero en esos momentos Ana no estaba muy por la labor de pensar con claridad, y además en el fondo siempre había tenido una vena para el melodrama.

Así que hizo lo único que se le ocurrió hacer, que fue seguir gritando:

- ¡SÓLO FUE UNA VEZ! ¡Y NI SIQUIERA PASÓ EN UNA HISTORIA DEL HOBBIT! ¡Y DE TODAS MANERAS LO BORRÉ! ¡Y YA HE MADURADO! ¡# *^# €#*!

Muy normal todo, claro que sí. Pero hay que reconocer que después de haber soltado semejante improperio (censurado por vuestro bien), se sintió un poquito mejor. No reparó en el hecho de que gritarle cosas y discutir con el aire no le hacía ningún bien a su salud mental. Luego intentó respirar hondo, varias veces, a ver si se calmaba, como le habían enseñado en una clase de meditación que tomó hace tiempo para aprender a manejar su estrés con algo más efectivo que los gritos. "Inspira. Todo va a salir bien, Ana. Espira. Inspira. Seguro que hay una explicación racional para esto, Ana. Espira. Inspira. La puerta se está abriendo, Ana. Espira. Inspira. Ese señor es muy bajito, Ana. Espira. Inspira. Igual deberías pensar en huir o atacar o algo, Ana. Espira."

- Erm… buenas noches, señorita. ¿Se encuentra usted bien? ¿Puedo ayudarla en algo? Me pareció oírla gritar hace unos momentos…

Igual deberíais saber que Ana sólo fue a una clase de meditación. Luego se aburrió, y prefirió dedicar su tiempo a algo más violento que le permitiera de verdad soltar todo el estrés que llevara dentro. Desde siempre había sido un poco bruta, la pobre. Así que se apuntó a kick-boxing, lo cual quizá explique lo que hizo a continuación. En su mente, ese señor tan bajito tenía respuestas, y había que sacárselas.

Podría haber preguntado amablemente. Si lo hubiera hecho, quizá podrían haber discutido el tema tranquilamente al amor de un buen fuego y una taza de té, porque ya se sabe que los hobbits son muy educados. En definitiva, podría haber reaccionado como una persona cuerda. Pero en su lugar prefirió hacerle un placaje digno de un portero de discoteca especialmente bestia al pobre Bilbo.

- ¿Quién eres tú, y qué estoy haciendo aquí, eehhh? ¡Seguro que me habéis secuestrado, cabrones! ¡Uaaaaaaggggggh!

Queda claro que Ana nunca llegó a ser una experta en tener el estrés bajo control, y el kick-boxing tampoco la había ayudado mucho. Aunque no os penséis que iba por la vida tirando por los suelos a la gente cada vez que se estresaba, nooooo. Como mucho lo pensaba, pero la acción en sí misma estaba reservada para el top ten de situaciones estresantes. Y para ella, esta situación se acababa de llevar la medalla de oro con diferencia.

En cuanto al pobre Bilbo, como es lógico el hecho de que una muchacha de la Gente Grande, desconocida y con un atuendo cuestionable, se abalanzara sobre él sin miramientos y lo echara por tierra había sido demasiado. Así que, como no podía ser de otra manera, sin más ni más se desmayó.


En este punto, los enanos del bar se habían unido ya al júbilo generalizado (y por supuesto, ya habían empezado a regar sus gargantas con alcohol, qué clase de gente serían si no).

- JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, Biiiilbo. ¡Te han atacado y te has desmayado! ¡Como una damisela en apuros! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!- chillaba un coro de voces, entre risas, codazos, y mucho señalar a la pantalla.

- ¡Ahem! ¡Yo no me desmayo tan fácilmente! ¡Esto no tiene ninguna gracia! ¡Que me enfrenté a Smaug en mis tiempos, por favor!- intentaba defenderse Bilbo, que empezaba a sentirse indignadísimo. Estaba quedando fatal, y encima delante de Frodo, que lo había criado casi como a un hijo. Empezaba a sospechar que después de que todo este lío acabara ya no iba a tener el respeto de nadie.

- Claro que sí, tío Bilbo, claro que sí, lo que tú digas. Aunque me pregunto por qué nunca me habías contado estos detalles, tío...- dijo Frodo, intentando contener las risillas que intentaban escapársele.

- ¡Porque no pasaron, maldita sea! ¡Esto es algún tipo de brujería! ¡O una maldición, más bien!

De fondo se seguían oyendo las risas de los enanos, particularmente de Fili y Kili, que acababan de unirse a la fiesta después de dejar a su tío por perdido y no podían dejar de notar lo mucho que había cambiado Bilbo:

- Ay, Bilbo, qué mal te sienta la vejez.

- Has engordado, y mucho, señor hobbit.

- Y esas arrugas, ¿ves esas arrugas, Kili?

- Las veo, Fili. Vaya desgracia, con lo buen mozo que era cuando le conocim…¡AU!

Bilbo se había hartado y había empezado a propinar bastonazos a los dos jóvenes enanos, cosa completamente lógica, si se piensa. Que vale que fuera un hobbit bien educado y todo un Bolsón, sí, pero su parte más Tuk estaba harta de que le difamaran de esa manera. "Malditos enanos desagradecidos, para esto les ayudo yo en sus aventuras con dragones, bah", pensaba.

El peligro inminente de un bastonazo bien dado acalló un poco a los enanos, y a algunos les permitió pararse a pensar un poquito más detenidamente en la situación:

- Pero, un momento. ¡El señor Bolsón tiene razón, esas cosas no pasaron! No sé vosotros, pero yo no recuerdo a ninguna mujer interrumpiendo nuestra reunión. ¿Y cómo puede ser que nuestro saqueador esté aquí, pero a la vez le estemos viendo en ese aparato?- preguntaba Balin, y con razón. Siempre había sido más de pensar que sus compañeros.

- ¡Eso, eso!

- ¡No tiene sentido!

- ¡Que alguien lo explique!

- ¿Nadie se pregunta qué ha querido decir esa chica con "cabrones"? ¿Acaso el señor Bilbo criaba cabras muy grandes?- preguntó tímidamente Ori, inocente de él. Pero todo el mundo estaba demasiado ocupado voceando sus dudas existenciales como para dignarse a hacerle caso.

- A ver, a veeer, que no cunda el pánico. En realidad es muy sencillo. Pensad que la chica en cuestión ha caído en una especie de… cómo llamarlo… realidad alternativa. Y ahí puede pasar cualquier cosa. De hecho, estad atentos, porque los poderes de la "Maldición Mary Sue", o MMS como a mí me gusta llamarla, no han hecho más que empezar…

Hay que reconocer que a Manwë le quedó bien ese discursito. Incluso metió un cierto tonillo apocalíptico a su voz hacia el final, para más dramatismo. Pero los enanos no se dejan impresionar fácilmente:

- Eso no tiene sentido.

- ¿Me estás diciendo que puede haber otro yo por ahí?

- ¿Y si la barba del otro yo es más grandiosa e imponente que la mía?

- ¡Eso, eso! ¿Cómo podríamos seguir adelante con esa vergüenza?

Todos reaccionaron con horror ante esa posibilidad, así que queda claro y meridiano que un enano tiene muy ordenadas sus prioridades. Entre ellas, no se solía encontrar la de darle vueltas a un tema durante mucho tiempo. Sin embargo, siempre suele haber alguna excepción a la regla, en este caso en la forma de Dori:

- ¿Pero es que nadie piensa en las consecuencias? ¡Se cambiaría todo lo que pasó después! ¡Podría ser desastroso!

- Sssssshhh- intentó acallarle Varda, aún bajo los efectos del alcohol a juzgar por lo mucho que seguía arrastrando las palabras.

- Pero…

- Sssssshhh.

- ¡Pero es que…!

- Ssssshhh. Naaaada. No te preeeocuuuupes. A quién le impoooorta.

- ¡Pero el destino del mundo está en juego! ¡Y…!

- Caaaalla. Eso no es problema nueeestro. Como mucho es problema de las versionesh alternativas de nosoootros.

- ¿Y ya está? ¿Acabáis de crear una realidad paralela en la que probablemente todo se vaya al traste, sin despeinaros? ¿Y sólo para vuestra diversión? ¿Y os da igual? ¡¿Pero qué clase de locura es esta?!

- Efectiiiivameeente. Reláaaajate y atiende, que al final nos vamosh a perder lo que pase.

- ¡PERO ESO ES…! ¡AAAGHHH!

Y es que no cabían las palabras para expresar tanta indignación. Dori, viendo que era el único preocupado por estos temas, se echó las manos a la cabeza y se le oyó murmurar algo como "¡Estamos en manos de perturbados!". Sin embargo, viendo que no tenía nada que hacer, y puesto que estaba bastante seguro de que estaba muerto y total, ya no le podía pasar nada peor, acabó por rendirse y regar sus preocupaciones con un poco más de alcohol. Eso sí, se sirvió un Martini porque él era un enano con clase.

Mientras tanto, los enanos en la pantalla habían empezado a acudir a ver qué era toda esa conmoción. Sus versiones reales no podrían haberse imaginado nunca la sorpresa que se les venía encima.

- Ehem… Kili, ¿por qué ahí eres moreno? ¡¿Y POR QUÉ NO TIENES BARBA?!

- ¡NO LO SÉ, HERMANO, NO LO SÉ! ¡ES UNA DESGRACIA!- gimió el jovenzuelo, agachando la cabeza para que nadie viera cómo se le humedecían los ojillos. Y es que perder la barba, en esta o en cualquier otra realidad, es una tragedia para cualquier enano que se precie, casi al nivel de congeniar con elfos, fijaos lo que os digo. Terrible.

Todos los compañeros que tenía cerca le intentaron mostrar su solidaridad a base de palmaditas en la espalda, bien fuerte. Que si no se disloca el hombro es que no hay suficiente sentimiento detrás del gesto. Pero se quedaron congelados de la sorpresa de nuevo cuando vieron a alguien más aparecer en pantalla. Y es que, llegando a la escena con su calma y majestuosidad características, apareció Thorin. O una versión remarcablemente más joven y, por qué no decirlo, arrebatadoramente atractiva del rey enano.

- ¿Y ése quién es?

- Pueeees… por descarte, tiene que ser Thorin.

- ¿Eh? ¿Pero cómo? ¡Si es el más viejo de nosotros!

- No entiendo nada.

- ¡Pero mirad, tiene la misma cara de siempre, la de héroe trágico atormentado!

- ¡Es verdad! ¡En eso son igualitos!

Los enanos se giraron hacia la barra para ver a su líder, y comprobar cómo efectivamente el de la pantalla y él tenían la misma expresión, como de pensar profunda y dramáticamente en cosas de vital importancia. Continuamente. Seguramente no les habría impresionado tanto saber que la mayor parte del tiempo lo que pasaba habitualmente por la cabeza de su líder eran pensamientos de la altura intelectual de "Mierda, se me ha metido una china en la bota y me da pereza sacarla" o "Creo que me dejé mi mejor par de calzones en Erebor". Y es que por muy majestuoso que seas no se puede estar todo el rato dándole vueltas a cosas graves, aunque tampoco es que se lo desmintiera a los demás. Que había una imagen que mantener al fin y al cabo.

El caso es que Thorin, al sentir todas las miradas clavadas en él, salió a medias de su ensimismamiento actual. Cuando se vio a sí mismo tan rejuvenecido le fue apareciendo una sonrisilla en la cara, y Dwalin, que era el que estaba más cerca, le pudo oír decirse por lo bajini:

- Debo admitir que hice desmayarse a una o dos buenas damas enanas en mis tiempos…

"Eso sería porque de joven sudabas como un cochino al más mínimo ejercicio, so atontado" pensó Dwalin, pero no se lo dijo. Y no porque fuera su rey y le respetara mucho, sino porque era su amigo y ahora que parecía que iban a estar juntos hasta después de la muerte, no era un buen momento para andar rompiendo amistades duraderas. Puro instinto de preservación, vaya.

En definitiva, y viendo que la única presencia femenina que podía acosar e intentar llevarse tras un arbusto a su otro yo parecía bastante más interesada en poner a Bilbo en íntimo conocimiento con el suelo, empezó a relajarse un poco. Viéndole más animado, le hicieron un sitio en el sofá, y sin el texto indecente delante y con el apoyo de sus compañeros (a base de palmaditas disloca-hombros y mucha, mucha cerveza, por supuesto), pudo empezar a olvidarse de la experiencia traumática que acababa de vivir. Aunque visto en retrospectiva, no le iba a durar el contento mucho tiempo al pobre, pero en fin, dejemos eso para luego.

- ¿Y por qué él sale ahí más joven y yo no, eh? ¡Que parezco vuestro abuelo sacándoos de excursión!- exclamó de pronto Balin, indignadísimo.

Esa simple pregunta le daba pie a Melkor para meterse con una nueva víctima, así que sin pensárselo dos veces se lanzó a la explicación:

- A ver, chaval, muy fácil. Parece que la maldición ésta ha hecho que esa realidad paralela se parezca a las películas. Aquí al colega Thorin se le necesita hecho un mocetón para atraer el ojo de las féminas, pero a ti, que no tienes ninguna fan loca que te quiera hacer hijos, pues no.

- ¡Pero yo soy más joven y debería…!

- Que no.

- ¡Pero…!

- Que nadie te quiere.

Porque sí, porque Melkor es así, un villano cruel y sin límites. En su rincón, Sauron casi se desvanece del gusto al ver a su churri mostrar tanta maldad infundada junta, porque ese era el tipo de cosas que mantenían la llama de su relación. Una esclavización por aquí, una dominación mundial por allá, todo muy afrodisíaco, ya se sabe. Mientras, los demás recién llegados se estaban preguntando qué narices es una película, y qué clase de criatura al servicio del Enemigo es una fan. Legolas, que ya llevaba por allí un tiempecito y además había sufrido en sus carnes los efectos de ambas cosas, negó con la cabeza y, con un tonillo que dejaba entrever un profundo trauma psicológico, dijo:

- Mejor no queráis saberlo.

La alegría de la huerta, el muchacho. Mientras tanto, en la pantalla Ana estaba empezando a darse cuenta de que había dejado al hobbit inconsciente y de que había un montón de enanos rodeándola. Las miradas de perturbada mental y peligrosa que lanzaba a su alrededor fueron suficientes para atraer la atención de todos los congregados frente a la tele, algunos con miedo y otros con la esperanza de ver más violencia gratuita (coff coff no quiero señalar a nadie pero Melkor y Sauron coff coff).


Ana empezaba a notar una cierta tensión en el ambiente. Así pensándolo, se dio cuenta de que acababa de atacar a un señor que había resultado ser bastante inofensivo, a lo loco, sin más. Y ahora había otro montón de señores, bajitos también pero muy notablemente fornidos, a los que parecía que no era buena idea enfrentarse. Así que, optando por la diplomacia, se levantó leeeentamente y sin movimientos bruscos, puso su mejor sonrisa de oreja a oreja y preguntó:

- Hola, amables señores. ¿Alguien podría decirme quiénes sois vosotros y qué estoy haciendo aquí?

Si no hubiera habido encantamientos extraños de por medio, probablemente los enanos habrían visto simplemente a una mujer desconocida ataviada de forma extravagante, que seguramente no estuviera en su sano juicio a juzgar por la forma en que estaba sonriéndoles, que parecía que se iba a desencajar la mandíbula. Entonces, indudablemente habrían optado por el tratamiento más gentil y sensato en estos casos. O lo que es lo mismo, dejarla inconsciente de un buen golpe en la cabeza con el mango del hacha y abandonarla en alguna zanja, para que no molestara ni se inmiscuyera en su misión secreta. Porque los enanos son así, gente con tacto. Y seguramente, esa habría sido la opción más sabia y que más dolores de cabeza habría evitado.

Pero para su desgracia, al estar cerca de Ana a la Compañía ya le estaba afectando la maldición. Así que en lugar de un peligro potencial vieron a una exótica damisela en apuros, evidentemente desorientada y en necesidad urgente de su caballerosa ayuda. Pues tal es el poder de una Sue y lo que las hace tan temibles.

Así fue como, en contra de todo sentido común, Balin hizo de portavoz y los presentó:

- Somos la Compañía de Thorin Escudo de Roble, aquí reunidos para discutir un importante cometido. A su servicio, señorita.

Es verdad que alguna sospecha tenía, porque le sonaba de algo todo lo que estaba viendo, pero simplemente no se lo podía creer del todo y una respuesta así la sacó un poquitín de sus casillas:

- Já, claaaro, sí, y yo soy Sissí Emperatriz, no te jode, anda ya…

- Qué forma de hablar tan exótica y encantadora, señorita Sissí. Permítanos que la ayudemos a levantarse del suelo, y por favor siéntese y póngase cómoda. Tiene aspecto de haber pasado por algo terrible, señorita.

- ¿Quiere una taza de té? Seguro que le hará bien.

- Ori, vete a ver si queda algo de comida para la señorita.

- ¡Voy!

Así, sin saber muy bien cómo, la mal hablada de Ana se encontró siendo dirigida a un cómodo sofá por un montón de enanos de lo más solícitos, bajo la atenta mirada de Thorin (ya que obviamente hacer algo más que mirar intensamente no es digno de su rango). Mientras, dejaban a Bilbo olvidado en medio de su recibidor, ahí desplomado cual saco de patatas. Qué considerados. Sin embargo, Ana estaba bastante aturullada por tantas atenciones y no podía más que preguntarse que qué clase de droga se habría tomado toda esa gente. Tampoco podía dejar de preguntarse porqué narices la estarían mirando todos con ojitos tiernos. Pero sobre todo, dudaba sobre si en serio alguien acababa de decir algo que sonaba como "Es hermosa hasta sin barba", y si debía sentirse halagada u ofendida por ello.


Nota de la autora: hacer que los enanos vayan viendo lo que han hecho con ellos en las películas me abre taaaantas posibilidades para la risa que no me he podido resistir, así que sí, podéis considerar que los del bar son los personajes de los libros (con alguna que otra licencia artística que me tomo con ellos XD) y los que ven por la pantalla, sus versiones de película. Van a salir todos escaldados, para su desgracia y nuestra risa :D

Así que eso, aquí os traigo un nuevo capítulo, espero que os haya hecho reír. Comentadme lo que os ha parecido, a qué personajes queréis ver ridiculizados, o el secreto de la existencia en un bonito y sano review. Y sentíos libres de recomendar esta historia a amigos, familiares, conocidos, e incluso a gente aleatoria por la calle. Que ese puede ser el inicio de una hermosa amistad ;D